El bus de la vida, de Ibon Cormenzana

CUANDO LA VIDA SE VUELVE DEL REVÉS. 

“Es recomendable reírse de todo aquello que uno no puede remediar”

Voltaire

Ya lo he mencionado en algún que otro texto, pero está bien remarcar para que no se olvide. La cinematografía francesa es muy diversa e interesante, pero en lo que refiere al cine para todos los públicos han encontrado una fórmula muy efectiva, es decir, una forma de hacer cine comercial que no sólo se queda en la anécdota y en la intención de mercantilizar como sea la película entre manos. En algunas de estas películas encontramos ese toque de distinción, una mirada humana en la que no cortan en absoluto en el abordaje de ciertos temas incómodos, ya sea enfermedad, suicidio y conflictos que, en otras producciones, serían un mar de lágrimas constante, en las francesas, la comedia ayuda a paliar temas tan duros y tristes, y no lo sólo se quedan ahí, sino que se enfrentan al lado humano de las situaciones, creando, para el que suscribe, un género en sí mismo. Dicho esto, por estos lares, nos cuesta horrores hacer un cine parecido, o nos vamos a la risa floja con rostros muy populares de la televisión, o por otro lado, un tipo de comedia profunda que no conecta con el público, salvo algunas honorables excepciones. 

La sexta película de Ibon Cormenzana (Portugalete, Vizcaya, 1972), es una de estas películas que fusiona con acierto el cine para todos los públicos con temas tan duros como el cáncer usando un tono de comedia vitalista y nada oscura. Una cinta que es una vuelta al País Vasco del director, desde su ópera prima Jaizkibel (2000), y su gran faceta como productor con casi 40 títulos para cineastas tan importantes como Pablo Berger, Rodrigo Sorogoyen, Celia Rico, entre otros. La premisa es directa y sencilla. Andrés, un músico frustrado llega a un pueblo del norte para dar clases de música como sustituto, le diagnostican cáncer, y se convierte en un viajero de un bus muy peculiar, los enfermos del pueblo que van a quimioterapia a la ciudad. Esta vez, el guion del director, basado en hechos reales, ha tenido como cómplice a Eduard Solá, que ha trabajado para Nely Reguera, Clara Roquet, Pol Rodríguez y Gemma Ferraté, en un relato que aborda muchos temas difíciles: los sueños olvidados, el miedo, el dolor, compartir como base para no estar sólo, y muchos más, siempre desde el lado humano, nada maniqueo y sobre todo, sin caer en la retahíla del positivismo y demás, mirando de frente a la tristeza y la oscuridad, pero con valentía y fuerza, mezclando las diferentes emociones y construyendo personajes de verdad, de carne y hueso. 

Un relato bien conducido, con sus montañas rusas y demás circunstancias, con un excelente equipo técnico, lleno de cómplices del director, como el cinematógrafo Albert Pascual, que ya le acompañó en Alegría, tristeza (2018) y La cima (2022), con una luz ligera y nada impositiva, que deja espacio para los personajes y los increíbles espacios naturales de la película. Paula Olatz en la música, también en La cima que, captura toda esa complejidad de las emociones por las que pasan los diferentes individuos, acompañados por temas de Rigoberta Bandini, Los chicos del maíz o uno original de Manuela Vellés y Dani Rovira, entre otros, donde la música se convierte en un espacio importantísimo para el devenir de la historia. Una edición de David Gallart, compartiendo La cima, habitual de Paco Plaza, Sílvia Munt y Leticia Dolera, entre otras, que consigue poner ese tono entre la comedia y el drama, y la ligereza, que casan también en la historia que se nos cuenta, en sus interesantes casi 99 minutos de metraje. Antes de ponernos a hablar de su buen escogido reparto, déjenme finalizar este párrafo con un actor como Dani Rovira, todo un desafío el personaje de Andrés, en un composición espejo-reflejo de la propia vida del intérprete, que padeció cáncer, en su mejor trabajo para el cine hasta la fecha, para un servidor, porque es un tipo que debe aprender tantas cosas y dejar tantos complejos, miedos y demás mierdas. Chapeau! para el bueno de Rovira. 

El resto del reparto encabezado por la maravillosa Susana Abaitua, tan natural, tan humana y tan bella como persona, es la conductora del bus, tan destartalado como vital, bien acompañada por Elena Irureta, una crack de nuestro cine, Antonio “Durán” Morris, Nagore Aramburu, Andrés Gertrudix, en la piel de un músico después de su aparición en Culpa, la anterior de Cormenzana, amancay Gaztañaga y los debutantes Pablo Scapigliati como Unai, uno de esos personajes inolvidables que se merecen una película para él, y Julen Castillo y Miriam Rubio. No dejen escapar una película como El bus de la vida, porque como les he mencionado, aunque hable de cáncer, es palabra que da tanto miedo, no es una película sólo sobre el cáncer, es también, y esto no es una broma, sobre la vida, sobre quiénes somos y qué nos gustaría ser, sobre los sueños, sobre las oportunidades, sobre quiénes son nuestros lugares o nuestro lugar, porque la vida como la enfermedad, a veces, siempre llega de golpe, sin tiempo para pensar, sin tiempo para nada, porque todo se detiene, y la vida nos muestra su lado más tenebroso, sí, pero todavía estamos vivos, y eso sería razón suficiente para seguir soñando, y sobre todo, compartirlo, porque, compartir es lo mejor, eso sí, no corran en encontrar a “la persona”, porque la persona llegará cuando menos lo esperemos, como todo en la vida. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Michel Franco

Entrevista a Michel Franco, director de la película «Memory», en el hall del Hotel Seventy en Barcelona, el viernes 14 de junio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Michel Franco, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Memory, de Michel Franco

NÁUFRAGOS SIN ISLA.  

“La cualidad del amor no depende de la persona amada, sino de nuestro estado interior”. 

Frase de “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera

En Cerrar los ojos, de Víctor Erice, había una interesante y profunda reflexión: “No sólo somos memoria, también somos emociones”. La misma reflexión se puede adoptar para Sylvia y Saul, el par de personajes que protagonizan la octava película de Michel Franco (Ciudad de México, 1979). Dos almas de New York , dos seres que arrastran sus respectivos problemas: ella quiere olvidar un pasado en el que fue alcohólica, y seguir viviendo con su hija pequeña y trabajando en una residencia. Él, que sufre demencia, lo olvida todo. Una quiere olvidar y el otro, se esfuerza por recordar. El director mexicano vuelve a enfrentarse a sus dos elementos característicos en su filmografía. Las enfermedades mentales y los conflictos familiares, siempre contados bajo un prisma de una cotidianidad muy transparente, alejándose del sentimentalismo y situando a los espectadores en esa posición de testigo privilegiado, eso sí, instado a observar y sobre todo, reflexionar sobre las actitudes y posiciones que van asumiendo los diferentes personajes. 

De los ocho títulos con Memory, ya son tres rodados en inglés con intérpretes de allá, después de las dos cintas protagonizadas por Tim Roth, Chronic (2015) y Sundown (2021), la anterior a esta, se envuelve con una extraordinaria pareja como Jessica Chastain y Peter Sarsgaard en los papeles protagonistas. El relato, tan sencillo como natural, indaga en lo más íntimo y lo transparente de los días que se van acumulando en uno de esos barrios industriales de la gran ciudad, tan alejados del turismo y de ciertas películas tan prefabricadas, aquí no hay nada de eso, todo en el cine de Franco está construido a través de los personajes, a partir de su dolor, su oscuro pasado y ese presente dificultoso, un presente confuso en el que todavía hay que seguir luchando cada día, y aportando ese plus en las relaciones que se van generando entre los diferentes individuos. La relación de esta película, muy peculiar en su origen, como suele pasar en las películas del mexicano, encuentra o quizás (des) encuentra a dos personajes que parecen haberse llamado a gritos sin saberlo, dos almas que arrastran demasiado peso de atrás, dos almas que pertenecen a ese ámbito oculto e invisible del que nadie quiere oír hablar, y Franco lo hace visible y no sólo eso, lo hace cercano y natural, y nos obliga a estar presentes.

Hablar del dolor, de la tristeza, de la depresión, de las enfermedades mentales y hacerlo de la forma que lo hace Memory tiene un mérito enorme, porque lo acerca tanto que asusta de cómo lo explica y lo expone, involucrando a cada uno de los espectadores, siendo uno más, donde la luz apagada y doméstica ayuda muchísimo. Un gran trabajo de cinematografía del francés Yves Cape, con más de tres décadas de carrera, al lado de grandes nombres como los de Dumont, Carax, Kahn, Berliner, Denis y Bonello, entre otros, en la quinta película con Franco, una unión que da unos frutos fantásticos, como la aportación en la edición del mexicano Óscar Figueroa con más de 100 títulos a sus espaldas, con directores de la talla de Alejandro Gamboa y Felipe Cazals, en el cuarto trabajo junto al cineasta mexicano, con él que vuelve a coeditar, en un sobrio y pausado montaje que consigue que la película se vea con interés y nada reiterativa en sus 103 minutos de metraje. La imagen y el montaje resultan cruciales en el cine de Franco, porque sus historias se desarrollan en pocos elementos y espacios, donde todo se posa en una verdad muy íntima, en una verdad que traspasa la pantalla, en que las emociones son muy tangibles. 

La mano de Franco con sus intérpretes se ve en cada detalle, en cada mirada y en cada gesto, tanto en cuando están en silencio como cuando hablan, desde muy adentro, sin nada de gesticulación, a partir de un estado emocional en que sus personajes deambulan como náufragos sin isla, como zombies sin muerte, como faros sin mar. Una magnífica pareja como Chastain y Sarsgaard dando vida a dos almas mutiladas, quitándose todo el oropel y neón de Hollywood y actuando y sobre todo, sintiendo cada una de sus composiciones, que no resultan nada sencillas. Dos retos mayúsculos: meterse en las existencias de dos almas en vilo, con sus problemas del pasado y del presente. Una olvidándose del alcohol que tanto daño ha hecho en su vida, y su familia, que tanto daño le ha provocado. Uno con su demencia, con sus olvidos y con su vuelta a empezar. Y van y se encuentran. Y encima se gustan y a pesar de tanta tara y obstáculo, hay están los dos, a pesar de todo, a pesar de todos. Hacía tiempo que no veíamos a dos seres con tantos problemas y que se encuentran y viven lo que viven. No podemos decir que es la película más humana de Franco, porque todas lo son y mucho, pero que tiene ese aroma de verdad y sobre todo, de amor, porque el amor, si existe, siempre aparece en las personas más insospechadas y en los lugares más oscuros y en las almas más tristes, quizás sea una ayuda para seguir sobreviviendo, o quizás, no, quizás el amor siempre está ahí, pero muchas veces, nuestras decisiones no hacen más que alejarlo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Benedetti, sesenta años con Luz, de Andrés Varela

HAGAMOS UN TRATO.  

“Hagamos un trato. Compañera, usted sabe que puede contar conmigo. No hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo. (…) Pero hagamos un trato: yo quisiera contar con usted. Es tan lindo saber que usted existe. Uno se siente vivo. Y cuando.  digo esto, quiero decir contar. Aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco”. 

Fragmento de «Hagamos un trato», de Mario Benedetti

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que escuché la voz de Mario Benedetti (1920-2006), recitando sus poemas en “El amor, las mujeres y la vida”, y el mencionado “Hagamos un trato”, que rescató una parte en la cabecera de este texto. La voz del poeta era muy íntima, cercana y transparente. Una emoción indescriptible que todavía recuerdo algunos días. Con el tiempo escuché sus poemas de la voz del gran Joan Manel Serrat, uno de los cantantes que mejor ha recitado poesía. Si no los han escuchado, hagánlo y verán que no hablo en vano, se darán cuenta que como han podido estar tanto tiempo sin conocerlo. Seguramente, si les gusta la buena poesía y la música, la escritura de Benedetti se convertirá en una compañía para esos días que todo cuesta tanto, y sobre todo, no se sentirán solos cuando la ausencia de alguien se haga demasiado presente. 

El estreno de una película como Benedetti, sesenta años con Luz, no sólo es un gran acontecimiento para la poesía y el amor, sino para todos los que la pluma del magnífico escritor ha acompañado en esos días que ustedes ya conocen. Su director es Andrés Varela (Montevideo, Uruguay, 1975), con gran experiencia en el mundo teatral, y coguionista de Mundialito (2010), y codirector junto a Sebastián Bednarik de Maracaná (2014), ambos sobre maravillosas gestas del balompié uruguayo. También dirigió, ya en solitario de El Delirio, los 100 años de la Cumparsita (2017), sobre el famoso tanto, amén de otros trabajos. Con esta película se asoma a uno de los grandes compatriotas, donde recoge los sesenta años de amor que el poeta mantuvo con Luz López, su mujer, su luz, y su todo, repasando sus primeros años, su amor, el fatídico exilio: en Argentina, Cuba y España y sus innumerables trabajos entre novelas, ensayos y poesía, una vasta literatura que abarca los 117 títulos. Todo bien documentado con un fantástico y depurado material de archivo que recoge fotografías, documentos, películas y demás found footage que aderezan con pulcritud, detalle y armonía la vida y el amor de Benedetti, sus alegrías y tristezas en una vida que pasó entre idas y venidas con su amor durante seis décadas. 

Varela sabe que tiene entre manos un material de primerísima calidad, y por eso sabe acompañarse de grandes técnicos y cómplices como los músicos Hernán González Villamil, que ya estuvo en Maracaná, que es asiduo del cineasta uruguayo Gustavo Hernández, y Anderson de Oliveira, que juntos consiguen poner ese toque, tan difícil, en la imagen y la voz de Benedetti, tan singular, tan cercana y tan de dentro. El cinematógrafo César Charlone, toda una institución en la cinematografía en el país sudamericano, con trabajos tan importantes con Fernando Meirelles en grandes títulos como Ciudad de Dios, El jardinero fiel y A ciegas, entre otros, y la reciente La uruguaya, de Ana García Blaya, consigue ese tono tan transparente y sencillo que hace de la película una experiencia muy cercana, como si nos la contarán al oído en susurros. El preciso y pausado montaje de Santiago Bednarik, otro habitual del documental uruguayo, ayuda a no sólo ver la película, sino a escucharla y sobre todo, a saborearla sin prisas con sus breves 80 minutos de metraje, con la sensación que nos deja de querer más, así que el trabajo está bien construido. 

En una película de estas características no podían faltar los testimonios de esas personas que conocieron y trataron tanto con Benedetti como con Luz como Pepe Mújica, el expresidente uruguayo, tan acertado y tan sereno en sus declaraciones y pensamientos, la actriz Nacha Guevara, que cantó algunos de sus poemas, al igual que el citado Joan Manuel Serrat, siempre tan claro, cercano y humano a la hora de hablar de otros, y sobre todo, de Benedetti, que conoció y trató con tanto cariño, como el escritor Juan Cruz, con el que trató en su etapa en Madrid, Hortensia Campanella, presidenta de la fundación del escritor, los músicos cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, el actor Héctor Alterio, que protagonizó La tregua (1974), de Sergio Renán, basada en la novela de Benedetti, y otros amigos, familiares y demás que aportan su experiencia con ellos dos, su amor, y su experiencia vital, que aportan valiosos testimonios que hacen de la película un viaje muy emocionante por el convulso siglo XX de la mano de dos personas que se conocieron, se respetaron, se acompañaron, se hablaron, se cuidaron, y se inspiraron mutuamente, y finalmente, también se amaron, que es toda esas cosas citadas y muchas más que se desconocen. Descubran la película, y se enamorarán de la poesía de Benedetti, y de la mujer que la inspiró, y si no lo conocen tendrán esa inolvidable experiencia que es ver y sentir por primera vez algo que nos acompañará el resto de nuestras vidas y más allá, porque otros cogerán el testigo de la vida y obra de Benedetti, porque poetas como él nunca morirán mientras alguien siga leyéndolos y esta película es un buen comienzo para conocerlo y descubrirlo. Permítanme finalizar con el poeta con el último párrafo de “Hagamos un trato”: “No ya para que acuda, presurosa, en mi auxilio. Sino para saber, a ciencia cierta. Que usted sabe que usted puede contar conmigo”. Queda dicho, y ya saben. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La casa, de Álex Montoya

EL DUELO Y LOS CUIDADOS. 

Cuando estaba a punto de llamarlo me acordé de que papá ya no estaba”. 

Del cómic La casa, de Paco Roca

El dibujante Paco Roca (Valencia, 1969), se ha consolidado como uno de los grandes del género con obras de la calidad de Las calles de arena, El invierno del dibujante, Los surcos del azar y Regreso al Edén, entre muchas otras. Dos de ellas, Arrugas y Memorias de un hombre en pijama han sido llevadas al cine en películas de animación, y la otra, que combinaban dibujos animados e imagen real. La casa es la tercera adaptación al cine del universo del dibujante valenciano, en la que sigue hablándonos de sus temas preferidos: la familia, el paso del tiempo, y las heridas y pequeñas alegrías de la cotidianidad, con leves dosis de humor. El film escrito por Joana M. Ortueta, de la que hemos visto su trabajo en series como Servir y proteger, y Heridas, y el propio director, nos sitúa en apenas cuatro días, que van de jueves a domingo. Un largo fin de semana en el que tres hermanos se reúnen con sus respectivos núcleos en la casa familiar donde pasaron su infancia, llena de recuerdos, de memoria, de alegría, pero también de dolor, tristeza y ausencias. 

Unos pocos días en los que a modo de despedida se reunirán, mirarán al pasado y verán su futuro en que la casa se pondrá en venta, o eso es lo que pretenden. A partir de miradas y pequeños gestos se va construyendo el tono y la forma de la historia, con grandes momentos de sensibilidad y dulzura, que tanta falta hacen a los tres hermanos, que están demasiado lejos. Tenemos a Vicente, resentido y difícil de llevar, José, el escritor que estuvo muy ausente, y Carla, la que lo cuidó y la que intenta restablecer los puentes emocionales. Y, luego los otros, sus respectivas parejas e hijos, que actúan como testigos participantes en los reproches y tensiones entre los hermanos. La película crea un espacio sensible e íntimo, alejado de las sensiblerías y condescendencias de este tipo de obras que nos tiene acostumbrados el cine más comercial y vacío.  La casa demuestra que se puede hacer una película profunda y cercana, sin caer en aspavientos llorones y en esa moralina tan facilona y estúpida. Y hace todo eso desde la humildad, heredada del universo Paco Roca, donde todo se puede tocar, se puede oler y sobre todo, abrazar, rodeados de unos personajes que podríamos ser nosotros, en otras circunstancias, pero igual de vulnerables y contradictorios y perdidos. 

Al director Álex Montoya (Valencia, 1973), con un buen puñado de cortometrajes que le han otorgado valiosos premios, y autor de dos largometrajes muy estimables, Asamblea (2019), y Lucas (2021), cine hecho con pocos recursos, pero grande en su forma, fondo y mirada a un grupo de personajes en constante huida y en encontrarse a sí mismos. Con La casa, de la que también es coproductor y comontador, sigue sumergiéndonos en esos mundos domésticos y tangibles, ahora en el interior de una casa, una casa con mucha historia, en un guion que va y vuelve, y que se mezclan presente y pasado, recuerdos y memoria en continuo movimiento y muy activa, donde los personajes viajan en el tiempo y rinden cuentas a lo que fueron, y sobre todo, a la ausencia y a los ausentes, y las huellas imborrables que les han dejado. La magnífica cinematografía de Guillem Oliver, que ya estaba en Asamblea, con esos encuadres y detalle en el plano y la composición, y esa textura de Súper 8 para rememorar el pasado, al igual que su estupendo montaje que firma Lucía Casal, que ha editado tres películas de Jaime Rosales (Hermosa juventud, Petra y Girasoles silvestres), en una película con su tiempo justo con sus 83 minutos de metraje, donde pasado y presente se convierte en un sólo tiempo, en que la casa almacena ese “tiempo” sin tiempo, un tiempo que no existe y a la vez, está tan presente y activo. 

Mención aparte tiene la maravillosa música de un grande como Fernando Velázquez que, es la mejor compañía para las imágenes, pero no acompañando sin más, sino creando ese espacio fílmico donde el tiempo, parte crucial del relato, es un ente vivo que deambula por y dentro de los diferentes personajes, creando todo el entramado y diálogo emocional con cada uno de ellos. Una composición que  sabe recoger todo ese tiempo condensando, mostrando lo invisible y buceando con respeto por las emociones de las diferentes almas tan perdidas y tristes que, en esos cuatro días se enfrentarán a demasiadas cosas, tanto con y contra ellos mismos, y los demás. Un reparto coral en el que destacan el trío de hermanos con un siempre natural y transparente David Verdaguer como José, qué fácil parece interpretar cuando lo hace este inmenso actor, junto a Óscar de la Fuente en Vicente, que recordamos como el enfadado de El buen patrón, y Lorena López como la hermana reconciliadora, que participó en Asamblea, al igual que Marta Belenguer y Jordi Aguilar, la gran presencia de Luis Callejo como el padre, ahora fantasma que está tan presente, Olivia Molina como la pareja de José, María Romanillos, la hija de Vicente, y Miguel Rellán, siempre tan bien como un amigo del pasado del padre. 

La historia de La casa, que se abre y se cierra como Pauline en la playa (1983), de Éric Rohmer, con esa puerta-verja custodia de todo un universo pasado y feliz. Una película emparentada con Las horas del verano (2008), de Olivier Assayas, en la que también había tres hermanos (dos hombres y una mujer), que se reunían en la casa familiar para llegar a un acuerdo y venderla. Dos historias con un denominador común: relatos humanos sobre las diferentes formas de afrontar el duelo y la ausencia, y sobre cómo nos cuidamos los unos con los otros, y cómo afrontamos nuestras emociones, todos nuestros infiernos interiores, y la dificultad de expresarse, cuidarnos y hacer nuestra vida sin olvidar a los nuestros, a los que están pero un día dejarán de hacerlo, y tendremos que seguir sin ellos, arrastrando recuerdos, huellas y demás pinchazos emocionales que, la mayoría de ellos, serán difíciles de llevar, porque la vida y el paso del tiempo siempre nos pone en nuestro sitio, y siempre olvidamos la vulnerabilidad de nuestras existencias, lo rápido que va todo, que pasa todo, y cómo nos olvidamos, muy frecuentemente de lo que importa y lo que no tiene tiempo, porque sucede y se va para no volver. De todo esto habla una película que me ha encantado, porque entre sus muchas miradas tiene eso que tanto me gusta ver en el cine: unos personajes tan cercanos que son como espejos en los que nos vemos muy reflejados, en muchos casos, demasiado, tanto que da miedo, de ser cómo somos, aunque, mientras sigamos aquí, tenemos tiempo para no mirarnos tanto el ombligo y mirar a los otros, porque un día ya no estarán. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Perfect Days, de Wim Wenders

CUENTO DE TOKIO. 

“Por mucho que sea típicamente japonés, este cine es, al mismo tiempo, universal. Yo he reconocido a todas las familias del mundo entero, y también a mis padres, a mi hermano y a mí mismo. Para mí, el cine nunca había estado, ni antes ni después, tan cerca de su esencia y de su objetivo: ofrecer una imagen del hombre de nuestro siglo… Una imagen útil, verdadera y válida con la que identificarse, pero, sobre todo, desde la cual se puede aprender algo de uno mismo”.

Wim Wenders en Tokio-Ga (1985) sobre el cine de Yasujiro Ozu

La relación de Wim Wenders (Düsseldorf, República Federal Alemania, 1945), con Yasujiro Ozu (1903-1963), se inició cuando el director alemán vio en New York algunas de las películas del maestro japonés, sobre todo, Cuentos de Tokio (1953), que un día llegó a ver tres veces seguidas. A partir de ese momento la figura de Ozu siempre estuvo ligada a la forma de mirar y hacer su cine. En 1985 rindió homenaje al cineasta japonés en la mencionada Tokio-Ga, magnífico documento en el que retrataba las huellas y los restos del cine de Ozu que quedaban en la citada ciudad. Así como, estupendos testimonios de algunos de los colaboradores más estrechos del cineasta. Un país al que volvió cuatro años más tarde para hacer Notebook on Cities and Clothes, otro documento sobre el diseñador japonés Yohji Yamamoto. Wenders y Tokio eran un destino que más tarde o temprano iban a volver unir sus caminos, así que una película como Perfect Days no debería sorprendernos, sino todo lo contrario, es una película, no esperada, pero sí que muy bienvenida, porque Wenders ha vuelto a mirar Japón como solía mirar en su cine que tanto reconocimiento le ha dado. 

La película está magnetizada por el espíritu de Ozu, en su eterno tema entre la lucha entre padres e hijos, o lo que es lo mismo, entre lo tradicional y la occidentalización del país, y las secuelas enormes que dejó la Segunda Guerra Mundial. Hirayama podría estar en una de las obras del japonés, porque es una persona sencilla dentro de una historia sencilla, que sigue su quehacer diario y poco más. De su protagonista, Hirayama sabemos muy poco, que pasa de los sesenta, que vive en un apartamento pequeño, y poco más. Su rutina diaria consiste en limpiar los baños públicos, que se afana con esmero y mucha dedicación. De camino al trabajo escucha rock en cassettes, en sus ratos libres hace fotos analógicas de un árbol específico a contraluz, acude a un baño público, cena en un restaurante subterráneo y lava su ropa en una lavandería. Algunos fines de semana se permite comer en un restaurante que le encanta. Y así pasa sus días, sin más o con poco, con una rutina repetitiva pero agradecida por él. Desconocemos su pasado, pero los días y la llegada de alguien de su pasado, revelará mucho más de lo que podemos ver a simple vista. Un Hirayama que está muy cerca de Kanji Watanabe, el protagonista de Ikiru (1952), de Akira Kurosawa, otro de los tótems de Wenders, tanto en su tono, su forma y su profundidad.

A partir de un guion de Takuma Takasaki, que actúa como coproductor, y el propio Wenders, entramos de lleno en la vida de Hirayama, y también en su cotidianidad, repleta de silencio y gestos. Una excelente cinematografía de Franz Lustig, que ya le acompañó en Tierra de abundancia (2004), Llamando a las puertas del cielo (2005), y en otros trabajos, en la que a partir de la luz natural y las diferentes sombras, se va construyendo los diferentes matices emocionales del protagonista, sutiles eso sí, pero reveladores si se mira con atención, porque la película revela su misterio sin estridencias ni piruetas argumentales, ni falta que le hace, dosifica su ritmo pausado y aletargado a través de los movimientos mecánicos del trabajo de Hirayama y esos momentos de parón en los que la vida mecánica deja paso a una existencia más lenta, más de detenerse y mirar a tu alrededor. Para el montaje también recurre a otro cómplice como Tom Froschhammer, que estuvo en Pina (2011), el excepcional documental filmado en 3D sobre el legado de la bailarina Pina Bausch, en un delicado y sensible trabajo que recoge esa pausa que impone la película sin alardes, en una edición tranquila y nada evidente, diríamos invisible, que condensa con audacia y sabiduría los avatares cotidianos y urbanos del protagonista, en una película que se va a los 124 minutos de metraje. 

El apartado musical merece capítulo aparte, porque el relato está construido a modo episódico que arrancan a través de temas rockeros con el The House of the Rising Sun, de los Animals, siguiendo otros cortes de Patti Smith, los Stones, Velvet Underground, Otis Redding, los Kinks, Van Morrison, y el tema de la película, el Perfect Day, de Lou Reed, que además del título, es la clave de lo que estamos viendo, al igual que las otras canciones, que dan buena cuenta de los diferentes estados emocionales por los que pasa Hirayama. Un gran reparto encabezado por Kôji Yakusho, un veterano actor con más de 70 películas en su filmografía con nombres tan prestigiosos como los de Shôhei Imamura, que fue ayudante de Ozu,  Kiyoshi Kurosawa y Hirokazu Koreeda, y películas internacionales con Rob Marshall y en Babel, de Iñarritu. Su Hirayama es pura poesía, puro amor, un tipo que parece extraterrestre en una sociedad tan deshumanizada y automatizada, con esos instantes donde la sociedad se detiene y todo parece más claro y transparente. Le acompañan la debutante Arisa Nakano, en un personaje que devolverá algo de lo perdido al protagonista, la presencia de otros veteranos como Tomokazu Miura, que mantiene un encuentro inesperado y muy interesante con Hirayama, que tiene en su haber trabajos con Kon Ichikawa, Nobuhiro Suwa y Takeshi Kitano, y Min Tanaka, con uno de esos personajes que no se olvidan fácil, que ha trabajado con Yôji Yamada, otro ayudante de Ozu, Takashi Miike, Naomi Kawase, y estuvo en los Mapas de los sonidos de Tokio, de Coixet, entre otras. 

Los últimos títulos de Wenders nos habían dejado indiferentes, nos parecían que no estaban dirigidos por el director que nos había entusiasmado con películas del calibre de Alicia en las ciudades (1974), El amigo americano (1977), París, Texas (1984), El cielo sobre Berlín (1987), Lisboa Story (1994) y Buena Vista Club Social (1999), por citar algunos de sus más de 40 obras entre ficciones y documentales, en una prolífica carrera que empezó en 1968. No sólo estamos satisfechos de una película como Perfect Days, sino que celebramos muy profundamente que exista una película como esta, porque no sólo ha hecho el mejor homenaje que podría hacerle al Yasujiro Ozu, sino que es una película muy íntima y extremadamente cercana que puede ser valorada por cualquier tipo de público, y eso es muy difícil, que devuelve al mejor Wenders, aquel que nos emocionó con sus historias de pocos personajes, perseguidos por las sombras del pasado y sobre todo, tipos que huyen sin saber adónde, y que a más tardar, deberán volver y volverse por donde vinieron, o quizás, enfrentar a aquello que un día les hizo daño, y dialogar con el espectador para que sepa de dónde viene tanto silencio y dolor. Si en Tokio-Ga, la marabunta del consumismo se había hecho, veinte años más tarde con la ciudad, y el occidentalismo que ya estaba tan presente en el cine de Ozu, en Perfect Days a pesar de ese capitalismo feroz, de consumo rápido y efímero, existen otros tipos de vida como ejemplifica la vida de Hirayama, un tipo normal dentro de la anormalidad de la sociedad, apartado de la tecnología, construyendo un mundo analógico, pero lleno de silencio, verdad y pura emoción. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sala de profesores, de Ilker Çatak

CARLA NOWAK Y EL COLEGIO. 

“Idealismo es la capacidad de ver a las personas como podrían ser si no fueran como son”

Kurt Goetz

Érase una vez una maestra llamada Carla Nowak que lleva un semestre en su nuevo destino: un colegio en el que imparte matemáticas y gimnasia. El colegio lleva un tiempo sufriendo unos misteriosos robos que ocurren en la sala de profesores. A partir de una idea que, aparentemente, es brillante, Carla descubrirá quién comete esos robos, aunque cuando lo denuncia, el colegio se sumergirá en una serie en cadena de conflictos cada vez más violentos que tienen en liza a unos alumnos solidarizados que atentan contra la maestra, un colegio sometido a su lema de “tolerancia cero”, tomando decisiones erróneas e injustas, y unos compañeros de trabajo cada vez más indignados y en su contra. La joven maestra deberá lidiar con una situación tensa in crescendo que nadie puede detener. Una situación que destapa la frágil moral y la gran diferencia entre la teoría y la práctica para resolver conflictos de compleja solución, así como la rivalidad, la incapacidad y la confusión de unos docentes que se supone capaces para encarar con dignidad y humanismo los problemas que surgen en un centro de enseñanza. 

El director Ilker Çatak (Berlín, Alemania, 1984), con su cuarto largometraje, a partir de un guion escrito junto a Johannes Duncker, con el que lleva colaborando desde sus cortometrajes y ya trabajaron en I Was, I Am, I Will Be (2019), en el que construyen un magnífico thriller situado entre las cuatro paredes de un colegio cualquiera de Alemania, a partir de un hecho que no parece de difícil resolución, pero que desembocará en una guerra interna entre la maestra, sus alumnos y la dirección del colegio. Ayuda mucho el formato 4:3 que contribuye a esa sensación de asfixia y prisión en la que va derivando la trama, en un gran trabajo de la cinematógrafa Judith Kaufmann, con casi cuarenta películas, de la que hemos visto por aquí de nacionalidad alemana como Cuatro minutos, Dos vidas, Entre mundos, 13 minutos para matar a Hitler, El orden divino y La emperatriz rebelde, entre otras, al igual que el estupendo montaje de Gesa Jäger, habitual del cineasta teutón Jakob Lass, a partir de pequeños planos secuencias cortantes que imprime agilidad, cercanía y la tensión que nos coge del pescuezo y no nos suelta en sus agobiantes 99 minutos de metraje. 

La afilada y rasgante música de Marvin Miller, en su tercera colaboración con Çatak, contribuye a la idea de lo íntimo y lo colectivo, por el que tanto se mueve la historia, donde el personaje principal se desdobla entre la firmeza y la vulnerabilidad que la hace caer con esos momentos de puro terror donde sale el grito mudo. Aunque nada de esto funcionaria sin la inmensa interpretación de Leonie Benesch, que la conocimos en La cinta blanca (2009), de Haneke, o en El profesor de persa, y otros trabajos para Thomas Berger, Uli Edel, etc… Su Carla Nowak no es un personaje, es el personaje, y lo digo así, porque su composición es digna de estudio, con un personaje que parece muy firme y directo en sus convicciones personales y profesionales, y debido a las circunstancias que se van produciendo, va limitándose y enfrentada a sí misma, a los demás, al colegio y a sus alumnos, en un alucha encarnizada en la que va perdiendo inexorablemente. Viviendo situaciones nuevas para ella, que la superan y que, además, no encuentra la forma de darles solución. Un personaje cotidiano, cercanísimo y humano, con sus ideas, sus miedos e inseguridades y sus equivocaciones, como cualquier docente que ahora mismo está en la función de su empleo. 

Le acompañan Eva Löbau, la secretaria del colegio que hemos visto en películas de Maren Ade y Quentin Tarantino, y muchos más, Michael Klammer y Rafael Stachoviak como maestros mediadores de conflictos, una confusa directora de colegio Anne-Kathrin Gummich, una compañera solidaria como Kathrin Wehlisch, y otra compañera, más crítica como Sara Bauerett, el niño Leonard Stettnisch, y los demás chavales, que hacen creíbles unos personajes que asumen una actitud de solidaridad al acusado del conflicto (madre de uno de ellos) y mucha hostilidad al colegio. Sala de profesores es una película que evidencia la importancia de los festivales de cine, en su caso, se presentó en la Berlinale del año pasado, en la sección Panorama, y a partir de ahí, sigue con un recorrido espectacular de certámenes que le ha llevado a encumbrar cotas tan impresionantes como infinidad de premios y estar entre las cinco candidatas en los Premios Oscar en la categoría de película internacional. Todo un logro para una película sencilla, sobria y social, que cogiendo un espacio tan cotidiano y cercano, construye de forma transparente, y alejada de artificios y estridencias argumentales, un excelente retrato sobre la condición humana, sobre nuestros claros y oscuridades, sobre aquello que idealizamos, el trato que damos a los demás, y sobre todo, es una cinta que habla de nosotros mismos, de cómo somos como seres humanos, y las relaciones que tenemos, cómo resolvemos nuestros conflictos y lo frágiles y vulnerables que somos ante los otros y ante nosotros mismos, ante esos espejos que nos miramos y nos juzgamos, de todo aquello que hacemos diariamente, todo aquello que somos y deseamos, que raras veces acabamos consiguiendo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Helena de Llanos

Entrevista a Helena de Llanos, directora de la película «Viaje a alguna parte», en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el viernes 29 de septiembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Helena de Llanos, por su tiempo, sabiduría, generosidad y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de aquí que me emocionó en el 2022

El año cinematográfico del 2022 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 30 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).

1.- CANTO CÓSMICO, NIÑO ELCHE, de Marc Sempere-Moya y Leire Apelllaniz

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2.- LA ABUELA, de Paco Plaza

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3.- TROS, de Pau Calpe

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4.- ELES TRANSPORTAN A MORTE, de Helena Girón y Samuel M. Delgado

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5.- ALMA ANCINA, de Alvaro Gurrea

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6.- ALCARRÀS, de Carla Simón 

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7.- LAS GENTILES, de Santi Amodeo

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8.- TENÉIS QUE VENIR A VERLA, de Jonás Trueba

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9.- RENDIR LOS MACHOS, de David Pantaleón

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10.- CANTANDO EN LAS AZOTEAS, de Enric Ribes

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11.- UNA PELÍCULA SOBRE PAREJAS, de Natalia Cabral y Oriol Estrada

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12.- EL SECRETO DEL DR. GRINBERG, de Ida Cuéllar

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# https://242peliculasdespues.com/2022/04/24/entrevista-a-ida-cuellar/

13.- PACIFICTION, de Albert Serra

# https://242peliculasdespues.com/2022/09/04/pacifiction-de-albert-serra/

# https://242peliculasdespues.com/2022/09/22/entrevista-a-ariadna-ribas/

# https://242peliculasdespues.com/2023/09/11/entrevista-a-artur-tort/

# https://242peliculasdespues.com/2023/09/17/entrevista-a-montse-triola/

# https://242peliculasdespues.com/2023/12/14/entrevista-a-albert-serra-3/

14.- DÚO, de Meritxell Colell

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# https://242peliculasdespues.com/2022/09/14/entrevista-a-meritxell-colell-3/

15.- 918 GAU, de Arantza Santesteban 

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16.- LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA, de Fernando Franco

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17.- MODELO 77, de Alberto Rodríguez

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# https://242peliculasdespues.com/2023/08/02/entrevista-a-alberto-rodriguez/

18.- EN LOS MÁRGENES, de Juan Diego Botto 

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19.- UNICORN WARS, de Alberto Vázquez

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20.- CERDITA, de Carlota Pereda

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21.- EL AGUA, de Elena López Riera

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22.- TOLYATTI ADRIFT, de Laura Sisteró

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# https://242peliculasdespues.com/2022/11/01/entrevista-a-laura-sistero/

23.- UN AÑO, UNA NOCHE, de Isaki Lacuesta

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24.- MANTÍCORA, de Carlos Vermut

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# https://242peliculasdespues.com/2022/12/12/entrevista-a-zoe-stein/

# https://242peliculasdespues.com/2022/12/10/entrevista-a-carlos-vermut-2/

25.- LA MATERNAL, de Pilar Palomero

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26.- LA VISITA Y UN JARDÍN SECRETO, de Irene M. Borrego

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27.- SURO, de Mikel Gurrea

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28.- MATADERO, de Santiago Fillol

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29.- CANCIÓN A UNA DAMA EN LA SOMBRA, de Carolina Astudillo

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30.- AS BESTAS, de Rodrigo Sorogoyen

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El cine de fuera que me emocionó en el 2022

El año cinematográfico del 2022 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 26 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).

1.- UN PEQUEÑO MUNDO, de Laura Wandel

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/03/01/un-pequeno-mundo-de-laura-wandel/

2.- EN UN MUELLE DE NORMANDÍA, de Emmanuel Carrère

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/01/28/en-un-muelle-de-normandia-de-emmanuel-carrerre/

3.- DRIVE MY CAR, de Ryûsuke Hamaguchi

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/02/06/drive-my-car-de-ryusuke-hamaguchi/

4.- LICORICE PIZZA, de Paul Thomas Anderson

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/02/13/licorice-pizza-de-paul-thomas-anderson/

5.- LA HIJA OSCURA, de Maggie Gyllenhaal

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/02/20/la-hija-oscura-de-maggie-gyllenhaal/

6.- LA PEOR PERSONA DEL MUNDO, de Joachim Trier

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/03/13/la-peor-persona-del-mundo-de-joachim-trier/

7.- UN HÉROE, de Asghar Farhadi

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/03/08/un-heroe-de-asghar-farhadi/

8.- EL ACONTECIMIENTO, de Audrey Diwan

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/03/21/el-acontecimiento-de-audrey-diwan/

9.- COMPARTIMENTO Nº 6, de Juho Kuosmanen

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/04/14/compartimento-no-6-de-juho-kuosmanen/

10.- PARÍS, DISTRITO 13, de Jacques Audiard

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/04/20/paris-distrito-13-de-jacques-audiard/

11.- JFK: Caso Revisado, de Oliver Stone

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/05/22/jfk-caso-revisado-de-oliver-stone/

12.- MEMORIA, de Apichatpong Weerasethakul

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/05/28/memoria-de-apichatpong-weerasethakul/

13.- DIARIOS DE OTSOGA, de Maureen Fazendeiro & Miguel Gomes

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/06/03/diarios-de-otsoga-de-maureen-fazendeiro-miguel-gomes/

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14.- FIRE OF LOVE, de Sara Dosa

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/08/25/fire-of-love-de-sara-dosa/

15.- SEIZE PRINTEMPS, de Suzanne Lindon 

# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2023/08/18/seize-printemps-de-suzanne-lindon/

16.- LA ISLA DE BERGMAN, de Mia Hansen-Love

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17.- BENEDICTION, de Terence Davies

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18.- EL PODER DEL PERRO, de Jane Campion

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19.- IL BUCO, de Michelangelo Frammartino

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20.- ARGENTINA, 1985, de Santiago Mitre

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21.- THE INNOCENTS, de Eskil Vogt

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22.- LA PROMESA DE HASAN, de Semith Kaplanoglu

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# https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2022/10/16/entrevista-a-semih-kaplanoglu/

23.- UTAMA, de Alejandro Loayza Grisi

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24.- QUESO DE CABRA Y TÉ CON SAL, de Byambasuren Davaa

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25.- AFTERSUN, de Charlotte Wells

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26.- EO, de Jerzy Skolimowski

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