Entrevista a Quim Gutiérrez

Entrevista a Quim Gutiérrez, actor en la película “Litus”, de Dani de la Orden. El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de septiembre de 2019 en el Hotel Casa Fuster en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Quim Gutiérrez, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Marién Piniés de A Contracorriente Films, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Adrián Lastra

Entrevista a Adrián Lastra, actor en la película “Litus”, de Dani de la Orden. El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de septiembre de 2019 en el Hotel Casa Fuster en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Adrián Lastra, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Marién Piniés de A Contracorriente Films, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Litus, de Dani de la Orden

LAS CARTAS DE DESPEDIDA.

Litus  arrancó allá por el año 2012 como una obra de teatro en la pequeña y acogedora Sala Flyhard. Su éxito fue rotundo y después de dos meses llenando cambiaron al espacio del Teatre Lliure. La responsable de todo aquello fue Marta Buchaca (Barcelona, 1979) que se inició como dramaturga por el año 2005 para luego pasar a escribir y dirigir sus propias obras, historias de nuestro tiempo protagonizadas por gentes de aquí y ahora. Siete años después y adaptada por la propia Buchaca nos llega su paso al cine para sin perder su esencia del relato intimista y profundo sobre un grupo de amigos que se reencuentran un tiempo después del suicidio de Litus, con la excusa de leer unas cartas que el fallecido dejó para ellos. El director Dani de la Orden (Barcelona, 1989) que debutó con Barcelona, nit d’estiu (2013) a la que siguió su secuela Barcelona, nit d’hivern (2015) dos interesantes propuestas episódicas que nos hablaban de gente joven, relaciones íntimas y la búsqueda de la felicidad. Le siguieron El pregón (2016) vehículo destinado al tándem televisivo Buenafuente-Berto, y El mejor verano de mi vida (2018) una comedia con hechuras al servicio del humorista Leo Harlem.

En Litus, De la Orden recupera muchas de las propuestas narrativas que ya había explorado en sus dos primeras películas, aunque aquí se añade el tema del suicidio, la pérdida para todo el grupo de amigos, hablando de temas complejos como el duelo, la ausencia, todos esos espacios vacíos que ha dejado el que se fue, su relación con ellos, y sobre todo, la amistad y todas sus consecuencias, en un relato que respira su deuda con el teatro situándonos en un único espacio, la casa donde vivió Litus, con ese cuarto tal y como él lo dejó, como ese espacio convertido en un lugar difícil de encarar y aceptar al ausente, con esos dos amigos Pablo y Marcos que esperan al resto de amigos que irán llegando, creando esas tensiones emocionales que en seis meses han estado dormidas o simplemente dejadas de lado, con esa mala idea que las cosas mejor dejarlas para que no molesten ni enturbien.

Ahora ese tiempo de silencio ha llegado a su fin y deberán hablar de Litus, de su muerte, de la relación que cada uno tenía con él, de aceptar una muerte incomprensible, de conocer la verdadera naturaleza de un amigo que quizás tenía problemas y nadie los vio, o nadie se atrevió a afrontarlos con él, de poner las cartas sobre la mesa y hablar cara a cara, frente a frente, sin cortapisas, diciéndose todo a la cara, esas verdades que nadie se atreve a decir, y desenmascarar todas esas mentiras en torno a Litus y a todos los demás. Pablo mantiene el recuerdo del muerto, engañándose a sí mismo que era un tío legal y sin máscaras, en cambio, Marcos, agobiado emocionalmente porque no logra superar la ruptura con Su, ve a Litus como un tío despreocupado y guay, Laia, la novia de Litus, prefiere no hablar de él  seguir con su vida, liándose con Toni, hermano de Litus, que hablará de su hermano muerto desde una perspectiva diferente que sorprenderá a todos, Pepe, que tenía un grupo de música con el fallecido, hablará son estridencias y contando su interior y todo aquello que los unía y separaba, y finalmente, Su, la ex de Marcos, personaje que no aparecía en la obra de teatro, que aparecerá para dar testimonio de todo los sucedido en ese piso y reencontrarse con Marcos para decirse todo lo que todavía no se han dicho.

De la Orden y Buchaca han construido un tragicomedia con mucho sentido y profundidad, que mantiene las buenas vibraciones que ya tenía en el teatro, a través de los diálogos, discusiones, reproches y enfrentamientos entre unos y otros, componiendo una fábula de nuestro tiempo, que nos habla desde la cercanía y la profundidad de temas como la amistad, la ausencia, el duelo, la aceptación, sobre todos esos conflictos internos y externos de los que nunca se habla, de la dificultad de expresar emociones y sobre todo, la de infinitos obstáculos que nos colocamos delante para no crecer, para seguir siendo niños emocionalmente hablando, para no asumir responsabilidades, y encontrar salidas equivocadas y mortales como hace Litus y lanzarse contra un muro y acabar con todo, de ese síndrome de Peter Pan tan habitual en la sociedad actual en la que todo va a velocidad de crucero y hay que demostrar a los demás que somos capaces de aquello y esto y olvidarnos de nuestro interior, de lo que realmente somos y queremos y sobre todo, de hacia dónde queremos llegar para encontrar nuestro lugar y sentirnos mejor con nosotros mismos.

Con ese aroma inconfundible que tenía Reencuentro, de Kasdan o Los amigos de Peter, de Branagh, en el que los amigos recordaban al compañero muerto, para bien y mal, redescubriéndolo y de frente, donde brilla una puesta en escena de gran ritmo y solidez que combina con mucha audacia y equilibrio los vaivenes emocionales que experimentan cada uno de los personajes, así como esos instantes de ligereza con esos toques de humos que suelen venir del personaje de Marcos, el más expresivo y grandilocuente, y un reparto que brilla a gran altura con las presencias tan estimulantes de Quim Gutiérrez como Toni, el portador de las cartas y con más de una sorpresa que dejará boquiabiertos al resto, Álex García, muy sobrio haciendo de Pablo, que vive obsesionado por el orden y la limpieza como vía de escape para controlarlo todo y no decir aquello que no agobia, Adrián Lastra interpreta con soltura a Marcos, el más inmaduro emocionalmente que en cambio, lo expresa todo y es poco delicado, con el síndrome del centro de atención constante, Belén Cuesta da forma a una Laia misteriosa, callada e incapaz de afrontar todo sobre Litus, Miquel Fernández es Pepe, el artista exitoso que habla de Litus con sinceridad y aplomo, dejando ver sus miedos e inseguridades, y finalmente, Marta Nieto, la testigo de todo este berenjenal emocional, que despierta de ese sueño adolescente a Marcos, y viene a calmar un poco los ánimos entre tanto tsunami emocional. Una comedia dramática sobre nuestras emociones, sobre cómo afrontamos el dolor y la pérdida del ausente, y también, de qué hacemos para enfrentar nuestros miedos, torpezas e inseguridades a los demás y a nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ariadna Seuba Serra

Entrevista a Ariadna Seuba Serra, directora de “Operació Globus”, en el marco del DocsBarcelona. El encuentro tuvo lugar el miércoles 22 de mayo de 2019 en el hall del Teatre CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ariadna Seuba Serra, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y al equipo de prensa de DocsBarcelona, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Ojos negros, de Ivet Castelo y Marta Lallana

EL PRIMER VERANO.

“Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja entrar al futuro.”

Graham Greene

Angélica vivía ajena del mundo de los adultos jugando junto a su primo Luis en La prima Angélica, de Saura. Estrella se sentía desplazada porque su padre le ocultaba el pasado en El sur, de Erice. Y finalmente, Goyita encontraba consuelo en un maduro profesor enfrentada a los prejuicios sociales en El nido, de Armiñán. Tres niñas que empezaban a ser adolescentes, que crecían rodeadas de miradas críticas, de sentimientos contradictorios, de emociones confusas y de actos huidizos, que encontraban afuera, en la escapada, el espacio que tanto ansiaban, ajenas a ese mundo de los adultos tan extraño, tan triste, tan mezquino, tan lleno de recuerdos dolorosos y tan vacío. Ese mundo raro y lleno de confusiones que experimentamos cuando estamos en una especie de tierra de nadie, en un espacio indefinible, en ese período de transición entre el niño o niña que fuimos con ese adolescente que todavía no somos, una transición crucial en nuestras vidas, cuando empezamos a ver las cosas de distinta manera, por primera vez sentimos diferente y queremos hacer otro tipo de cosas, dejamos los juegos infantiles para empezar a mirarnos más a nosotros mismos y a los demás, a jugar a ser adultos, a pesar diferente y sobre todo, todavía estamos en ese tiempo que nos entendemos tantos cambios ya sean físicos como emocionales, y los adultos nos tratan como niños, como lo que ya no somos, y todavía seguimos sin entenderlos, sin saber cómo funciona su mundo, porque el nuestro todavía arrastra esa inocencia, ese momento donde todo todavía es posible, donde la vida empieza a mostrarse frente a nosotros, nuestras miradas, cuerpos y emociones.

Marta Lallana (Zaragoza, 1995) e Ivet Castelo (Vic, 1995) se graduaron en Comunciación Audiovisual por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y debutan con Ojos negros en el largometraje con apenas experiencia en el mundo del cine, siguiendo esa estela maravillosa que arrancó con la película de Les amigues de l’Àgata, a la que siguió Julia Ist, y se apuntó Yo la busco, proyectos surgidos en la universidad que han abierto las puertas al cine a un grandísimo talento femenino, ya que todas las películas están dirigidas por mujeres. A este magnífica terna se añaden Lallana y Castelo, en un guión escrito a cuatro manos por las propias directoras más Iván Alarcón y Sandra García, que también firman como colaboradores de dirección, para contarnos un relato/retrato centrado en Paula, una niña de 14 años de padres divorciados que es enviada por su madre Celia al pueblo materno “Ojos negros” (pueblo familiar de Lallana) en verano, un lugar que Paula solo estuvo de niña. Allí se encontrará a su tía Elba, que nunca ha salido del pueblo y arrastra un resentimiento y hostilidad a la madre de Paula y a su entorno en general, y a su abuela que esta delicada de salud.

La casa familiar se convierte en una especie de prisión emocional para Paula, debido principalmente a tantos recuerdos amontonados que todavía duelen, a tantos objetos familiares que han envejecido como los gestos de cariño de esa tía carcomida y vacía y con esa abuela que ya apenas recuerda lo que fue y lo que fueron. Paula encuentra esa libertad afuera con la aparición de Alicia, una niña de su misma edad, con la descubrirá un universo nuevo, algo muy diferente a esa realidad sombría y oscura de su existencia, como define excepcionalmente el plano inicial de la película cuando vemos el rostro de Paula compungido mientras escuchamos la discusión de sus padres in crescendo dirimiendo lo que es mejor para la niña. Alicia se convierte en esa amiga de juegos, ya no tan infantiles, en que las dos niñas juegan a ser mayores o al menos pretenderlo, corriendo por los campos, tirando piedras a la nada, hablando de sus vidas en la ciudad, bañándose en el río, jugando al amor y sintiéndose lo que todavía no son pero les encantaría ser para entenderse más y así comprender ese mundo adulto tan ajeno y extraño para ellas.

Lallana y Castelo demuestran una madurez cinematográfica fuera de lo común, sumergiéndonos con gran sutileza narrativa y composición formal que ya querrían muchos, a través de planos fijos en el interior de la casa, como ese momento de toque de campanas y vemos el rostro algo triste de Paula, como si el tiempo en el pueblo, su tiempo fuese único, se dilatase o simplemente no avanzase. O esos planos en movimiento en el exterior, donde nos muestran el contraste instalado en las vidas tanto de Paula como de Alicia, un tiempo detenido, donde el verano parece que nunca va a terminar, donde todo es posible, donde la amistad puede ir más allá, donde desconocemos que nos ocurre por dentro, donde no somos capaces de descifrar qué significado tiene aquello o más allá que sentimos, situaciones que retratan ese tiempo sin tiempo que vamos descubriendo y experimentando, donde la rasgada y penetrante música de Raül Refree, que se convierte en la mejor compañía para contarnos todos esos cambios con sutileza y cercanía, que vuelve a participar en una película después de Entre dos aguas. El fantástico buen hacer del reparto con la debutante Julia Lallana a la cabeza, hermana de una de las directoras, impresionante su registro interpretativo, que plasma con sinceridad todo ese mundo cambiante y confuso de su alrededor, bien secundada por la también debutante Alba Alcaine como Alicia, la compañera accidental, y la formidable presencia de Anna Sabaté, la única actriz profesional del elenco, vista en La vida sense la Sara Amat, clavando ese resentimiento que arrastra su personaje, con esa mirada que recuerda a la Lola Gaos de Tristana.

Las directoras noveles encuentran en el silencio y las imágenes la mejor forma de sumergirnos en el retrato de Paula su familia y amigos a través de encuadres que nos introducen en la memoria familiar y esos fantasmas que todavía pululan por las habitaciones de sus casas como esos encuadres nocturnos llenos de imposibles sombras que nos recuerdan a Tren de sombras, de Guerín, y todo ese universo familiar, que contrasta con el mundo de la infancia que tanto ha retratado Carlos Saura en su cine, como la construcción familiar a través del paso del tiempo que vimos en El jardín de las delicias, o los cambios familiares y la indefensión ante ellos que experimentaba la niña  Ana en Cría cuervos o la vuelta al pueblo y a los recuerdos familiares y a los ausentes que había en Elisa, vida mía. Tiempo, memoria, familia, infancia, vida, pueblo, verano son los elementos con los que juega la película de Lallana y Castelo, retrato que podría emparentarse con los firmados por Meritxell Colell en Con el viento, Eva Vila en Penélope y Diana Toucedo en Trinta Lumes, donde la vuelta a casa adquiere connotaciones emocionales muy profundas, donde el misterio se revela a cada mirada, gesto o paso, donde la vida y la existencia se confunden creando espacios mágicos, huidizos y atmósferas más acogedoras y más reconocibles. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/216849045″>OJOS NEGROS (Trailer) – V.O.</a> from <a href=”https://vimeo.com/user66475147″>Ojos Negros</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Alex Brendemühl

Entrevista a Alex Brendemühl, actor de la película “El creyente”, de Cédric Kahn, en el Instituto Francés en Barcelona, el miércoles 22 de mayo de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alex Brendemühl, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Fernando Lobo de Surtsey Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

La viuda, de Neil Jordan

UN BOLSO DE CUERO VERDE.

“Todos estamos solos y algunos están más solos”

Charles Bukowski

Un vagón de metro, uno más, uno cualquiera de los muchos que circulan incesantemente por una gran ciudad, y uno de esos vagones, un bolso de cuero verde olvidado en uno de los asientos, y entre los miles de viajeros diarios una joven, una chica que se llama Frances McMullen, una chica más que vive en un ático en el corazón de Manhattan junto a su adinerada amiga, hija de un magnate, trabaja como camarera en uno de esos restaurantes del Village, la zona más exclusiva de Nueva York, e intenta olvidar superar la muerte de su madre. Esa joven, y no otra, encuentra el bolso y decide devolverlo a su legítima dueña, una señora solitaria que vive en una casa envejecida en uno de esos barrios sin más, su nombre Greta Hideg. Un gesto que parece uno más, de alguien que devuelve a su dueño algo que no es suyo, aunque no será un gesto más, será el gesto. La decimonovena película en la filmografía de Neil Jordan (Sligo, Irlanda, 1950) es un atractivo y elegante thriller psicológico, una especie de tela enmarañada con aroma de fábula, como tanto les gusta al director, donde una joven demasiado introvertida se enfrentará a su peor pesadilla convertida en la enigmática y extraña Greta, una señora que parece albergar buenas intenciones pero sólo eso, quizás hay algo más y su casa, tan alejada de todo, y a la vez, cerca del centro de la ciudad, oculta demasiadas cosas.

Desde que debutase en el cine, en 1982 con el sugerente thriller Angel, la carrera de Jordan se ha mantenido cercana a lo noir, con títulos como Mona Lisa, Juego de lágrimas, Michael Collins, El fin del romance o La extraña que hay en ti, retratos de personajes que el destino obliga a enfrentarse a sus propios miedos en forma de malvados que atentan contra su apacibles y aburridas vidas. También ha coqueteado con la comedia más desmadrada como en El hotel de los fantasmas o Nunca fuimos ángeles, y también, sus cuentos infantiles de terror muy personales y profundos donde mezcla lo humanista con seres fantásticos, indagando en los conflictos sobre identidad, en trabajos como En compañía de lobos, Entrevista con el vampiro, In dreams, Ondine o Byzantium (2012) su penúltimo largo. Ahora, con guión escrito junto a Ray Wright, un especialista en el género, nos trae un thriller muy oscuro, sin fantasmas ni fantasías extravagantes, muy intimista, protagonizado por dos mujeres, lo femenino siempre presente en el cine de Jordan, sumergiéndonos en una demoledora crítica contra la sociedad que produce solitarios que pueden llegar a convertirse en monstruos despiadados para llenar esa soledad angustiosa y demente.

Greta es una señora a todas luces agradable y elegante, pero detrás de ella, lo que esconde debajo de la alfombra es terrible, “caza” a jovencitas para paliar a su soledad, incluso llegando a manipularlas y destrozarles la vida, Frances, es una de ellas, una de esas jovencitas atractivas y vitales, pero que se encuentran en un estado emocional difícil, muy a la deriva, en procesos complejos personales, sin saber muy bien a qué dedicar su existencia, y se mueven como pollos sin cabeza a la espera de algo o alguien que les saque de su oscuro ostracismo. Greta y Frances encajan en un principio, parecen gustarse y se hacen muy buenas amigas, se ayudan y se entienden, aunque lo que parece algo agradable, pronto se torcerá y adquirirá otro color, como ocurre en el cine de Jordan, que nunca nada es lo que parece, y siempre hay algo turbio y muy oscuro que esconden algunos personajes.

El cineasta irlandés maneja con audacia y oficio su relato, una trama quizás muy vista, sí, pero la elegancia y el detalle con la que la filma Jordan la hace algo diferente, centrándose no solo en el aspecto psicológico de las dos mujeres, sino en su entorno, y en los gestos y detalles que las definen, conociendo sus entornos más íntimos y externos, contándonos con ritmo pero sin prisa toda la trama que encierra la película, que en un primer tramo nos estarían contando una película con ese aire finales ochenta y noventero como Atracción fatal  o Instinto básico, en ese juego perverso de las apariencias y ocultar cómo es realmente la naturaleza de cada personaje. En el segundo tiempo, la película da un giro sorprendente y terrorífico, donde el exterior de la ciudad, y las idas y venidas por distintos lugares y situaciones, da paso al exterior, a las cuatro paredes de un lugar donde se desarrollará la película, donde la trama se parece a esas historias donde lo malvado se impone a la bondad y todo puede ocurrir y nadie está a salvo, conociendo la verdadera personalidad de los individuos de la película.

Una muy buena pareja de actrices encabezadas por el aplomo y la mirada de Isabelle Huppert, extraordinaria en su rol de ogro sin escrúpulos y muy peligroso, en un rol muy alejado de lo que nos tiene acostumbrados, aunque a veces la hemos visto metida en marañas parecidas a las órdenes de Chabrol, Haneke o Verhoeven, bien acompañada por la calidez y la sobriedad de Chlöe Grace Moretz, componiendo el alter ego perfecto como la caperucita de este cuento moderno en el que el lobo se ha disfrazado no de abuelita, pero sí de madrastra de Cenicienta.  Maika Monroe da vida a Erica Penn, la amiga y compañera de piso de Frances y esa especie de ángel de la guarda que todos en algún momento nos viene bien tener a nuestro lado, y finalmente, Stephen Rea, un viejo conocido de Jordan, que debutaron juntos y han trabajado en 11 títulos juntos, interpretando a ese detective veterano y suspicaz que acaba desafiando a la bruja malvada. Jordan muestra oficio y consigue absorbernos en su trama sencilla y eficaz, que mantiene al espectador expectante e inquietante, en esta despiadada crítica a nuestra sociedad, tan individualista y desestabilizada emocionalmente, llena de solitarios y seres con existencias muy anodinas y vacías, esperando que alguien le saque de quiénes son y así encantarse de alguna manera, encontrar algún sentido a sus vidas o lo que sea. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA