Entrevista a Pepe Andreu y Rafa Molés

Entrevista a Pepe Andreu y Rafa Molés, directores de la película “Experimento Stuka”, en el marco del Festival DocsBarcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 25 de mayo de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pepe Andreu y Rafa Molés, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del DocsBarcelona, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Of Fathers and Sons, de Talal Derki

EL LEGADO DE LA YIHAD.

“Cuando era pequeño, mi padre me enseño a escribir mis pesadillas para impedir que volviesen. Me fui muy lejos para escapar de la injusticia y de la muerte. Desde que empezamos a construir nuevos hogares en el exilio, el yihadismo salafista ha vivido una era dorada en el hogar que dejamos. La guerra sembró semillas de odio entre vecinos y hermanos, y ahora el yihadismo salafista está recogiendo los frutos. Intentando ocultar mi inmenso miedo, me despedí de mi mujer y de mi hijo y partí hacia la tierra de los hombres que anhelan la guerra. Al norte de Siria, a la provincia de Idlib, controlada por al Qaeda, también llamada Frente al Nusra. Me presenté como fotógrafo de guerra”.

Talal Derki.

De todas las imágenes terribles de la Guerra Civil Española hay una que me aterroriza entre todas, la de unos niños jugando en una colina simulando un fusilamiento, un juego que se convierte en el fiel reflejo del contexto en el que viven, un contexto de guerra, muerte y destrucción. Aunque hayan pasado más de 80 años de esa imagen, esas imágenes se siguen produciendo, niños que viven el horror de la guerra, el horror de la muerte, que crecen en realidades horribles, donde asesinar es lo cotidiano, donde sus juegos infantiles acaban siendo un reflejo de esa realidad miserable que viven diariamente.

El arranque de la película resulta demoledor y bestial, donde observamos a unos niños jugando al fútbol en mitad de la desolación y la destrucción del paisaje, en el que ese incio nos viene a decir que hasta en los lugares más crueles de la tierra, la vida se abrirá camino y siempre habrá unos inocentes que jugarán. Talal Derki (Damasco, Siria, 1977) ha trabajado para la televisión árabe y para agencias de información tan importantes como la CNN, y ha vivido la desmembración de su tierra desde la proximidad, unos hechos que empezaron con la movilización social para acabar con el régimen de Bashar Al Asad, que después originó la guerra que todavía continúa, hechos que ya plasmó en su documental Return to Homs (2013) donde seguía durante tres años a un futbolista que era activista de todos estos movimientos políticos y sociales. Ahora, en su nueva película va más allá, y se mete en la cotidianidad del otro, de los que están en la otra línea de fuego, en la vida de Abu Osama, miembro del grupo Al-Nusra, la rama de Al-Qaeda en Siria, que lucha contra las tropas del gobierno del Al Asad, y la compañía de sus ocho hijos, cruzando el difícil frente del Norte del país, para convivir durante dos años y medio en este ambiente familiar y de guerra.

Derki se convierte en un testimonio único y brutal en el que muestra con su cámara esa cotidianidad que duele y horroriza, porque los momentos tiernos y sensibles del padre a sus hijos, se mezclan con los disparos, las incursiones bélicas y la desactivación de minas y bombas, tarea en la que el padre es un especialista. Esa cotidianidad que vemos sin artificios ni efectos, es una cotidianidad asumida dentro del ambiente de guerra, en el que los niños siguen con sus juegos a pesar de todo, juegos bélicos, juegos donde se pelean, fabrican artefactos caseros y se mueven entre las ruinas de un país que lleva más de 7 años de guerra y destrucción. El cineasta sirio filma desde la más absoluta cercanía y proximidad, sin trampa ni cartón, desde esa realidad miserable, donde la vida y la guerra se mezclan y se funden, con dos partes divididas: en la primera, somos testigos de las incursiones bélicas del padre y sus compañeros combatientes, mientras los hijos quedan más al margen, unos hijos que adoran a su padre, que se muestra tierno y sensible con ellos. En la segunda mitad, los niños cogen más protagonismo, sobre todo, dos de ellos, Osama, el mayor de 12 años, y Ayman, el que sigue, el mayor quiere seguir los pasos del padre y le vemos asistir a los entrenamientos para convertirse en un futuro soldado de la yihad (son escalofriantes el adoctrinamiento por parte de los adultos y todas las pruebas que les hacen pasar) en cambio, Ayman, desea volver a la escuela cuando la guerra se lo permita.

Derki nos habla de guerra, violencia, deshumanización y educación, sobre un padre que cree profundamente en una sociedad que vive bajo las leyes de la sharía, y educa a sus hijos bajo esa doctrina religiosa, donde su fe y sus armas son las únicas y válidas herramientas contra los infieles y enemigos que luchan contra ellos, en una guerra cruenta, compleja y demoledora, que está acabando con el país y sus habitantes. Derki ha construido una película necesaria y valiente, una cinta terrible sobre la intimidad de los radicales, sobre la guerra desde lo más profundo, y sobre todo, una película sobre la educación, ese adoctrinamiento de los padres a los hijos, al terrible legado que les dejarán en sus vidas, esas semillas de odio a los demás, a esos supuestos enemigos, pesadas huellas violentas que deberán arrastrar durante todas sus vidas, unas existencias condenadas por un destino atroz y salvaje, en el que tendrán que convivir con la muerte diariamente, en unos niños que no han conocido otra cosa que no sea la muerte, la destrucción y las armas como compañeras de juegos, unos inocentes que han crecido a través de la ignominia y el odio hacia el otro, convirtiéndose en seres abyectos y miserables donde matar es lo normal, donde matar forma parte de sus vidas, como comer, jugar o amar.

Experimento Stuka, de Pepe Andreu y Rafa Molés

REESCRIBIR LA HISTORIA.

“Matar a una persona no es fácil. Mira por dónde pasea. El sitio donde vive. Entra en su casa. Escucha su historia, sus pesares. Observa su rostro de cerca e intenta hacerlo. Intenta desgarrar su carne. Intenta vaciarla el alma. Pero, ahora, aléjate. Diluye su figura, borra su biografía. Redúcela a una nada insignificante y entonces sí, ahora sí. ¿Cuántos interruptores hay que desconectar del cerebro para matar a alguien? La falta de memoria descompone los cuerpos. El olvido. No saber, no preguntar. ¿Quién recuerda a los muertos cuando se acepta que la muerte es la única regla del juego? ¿Cuánta ignorancia hace falta para matar y seguir matando?”.

La mañana del sábado 21 de mayo de 1938, en la provincia de Castellón, en la región del Alto Maestrazgo, y más concretamente en el pueblo de Albocàsser, un pequeño pueblo dedicado a los olivos, donde la guerra civil todavía no había llegado y la cotidianidad era la tónica predominante, se levantó fuertemente golpeado cuando unos aviones de guerra, los Junkers 87ª, llamados “Stuka”, del cuerpo de élite de la aviación nazi “Legión Cóndor”,  sobrevolaron su cielo y arrojaron tres bombas pesadas en mitad del pueblo. Esta misma operación continuó en Albocàsser, y en los pueblos de Ares del Maestrat, Benassal y Vilar de Canes, pueblos ubicados en un radio de 30 kilómetros. Diez días de bombardeos que se saldaron con 38 muertos. El franquismo silenció este hecho, y en los pueblos siempre creyeron que había sido un ataque de la aviación republicana.

El tiempo pasó, el franquismo acabó, y un grupo de personas de Benassal, con la ayuda de Óscar Vives se hicieron preguntas, preguntas sobre lo ocurrido, porque no creían la versión oficial, y empezaron una ardua búsqueda que les llevó a archivos militares españoles y hasta Friburgo, donde el archivo del ejército alemán les descubrió la verdad, una verdad triste y amarga en el que explicaban que sus pequeños pueblos fueron un campo de pruebas para los nuevos aviones de guerra. El ilicitano Pepe Andreu y el castellonense Rafa Molés, que ya habían codirigido un par de documentales en que exploraban el mundo del baile desde perspectivas diferentes, en Five days to change (2014) en el que unos chicos y chicas de un colegio se preparan para bailar por primera vez, y en Sara Baras. Todas las voces (2016) donde siguen de manera íntima y personal a la extraordinaria bailaora.

Ahora, giran 180 grados y se adentran en un terrero completamente diferente, el de la memoria histórica, para documentar el trabajo memorístico y de investigación de un grupo de buscadores de la verdad, un grupo de personas que se hacen preguntas, que quieren conocer la verdad ocultada y silenciada. A través de ellos, de su búsqueda, de material de archivo, y de aquellos que siendo niños fueron testigos de aquel brutal ataque, nos sumergirán en una película que habla del recuerdo, del dolor, y sobre todo, de rendir homenaje a todos aquellos que perecieron ante la barbarie fascista. Andreu y Molés colocan su cámara en este tiempo y aquel, en todos los testimonios que vivieron aquello, en los de ahora, en todos los que buscan la verdad, no para remover las heridas, sino para cerrarlas, para que los muertos descansen en paz, en un documento excepcional y necesario para dar luz y verdad a todos aquellos sucesos que el franquismo silenció y contó sus mentiras. La película filma muchos testimonios y trabajos de investigación, que nos llevan a los pueblos damnificados, y a aquellos lugares donde se almacena la información que destapará la verdad y hará justicia a todos, los ausentes y los presentes, y reescribirá la historia de todos esos sucesos ocurridos en los pueblos, para que las victimas descansen en paz y sus descendientes conozcan la verdad que no conocían.

Los cineastas valencianos nos envuelven sensibilidad y sobriedad en aquellos años de la guerra, en aquellas personas que vivieron aquel tiempo, en un ejercicio valiente y extraordinario sobre la memoria, destapando un suceso que tuvo un alcance parecido al bombardeo de Guernica, pero uno es de sobra conocido, y el otro, se quedó en los abismos del olvido. Los cineastas utilizan todos los medios expresivos a su alcance para introducirnos en cada detalle y documento, como los terribles testimonios de las gentes que presenciaron las pequeñas historias de dolor y muerte que sus vecinos, amigos o familiares tuvieron que soportar, rescatando todos esos testimonios que reescriben la historia dando voz a aquellos que nunca la tuvieron, como los muñequitos que escenifican la vulnerabilidad de todos frente a la guerra, construyendo de manera sencilla y brutal ese aspecto de la barbarie cuando no existen imágenes, como realizó Rithy Panh en La imagen perdida, para documentar los campos de trabajo de Camboya. Un documento brutal y sencillo que nos sumerge en el tiempo de la memoria para dar luz a un suceso horrible que padecieron unos habitantes de cuatro pequeños pueblos de Castellón, a los que la película documenta toda su historia, y recoge a todos aquellos que conocieron el suceso, dándoles una nueva vida y sobre todo, la verdad que desconocían.


<p><a href=”https://vimeo.com/263318828″>’Experimento Stuka’ Tr&aacute;iler Oficial</a> from <a href=”https://vimeo.com/user13537382″>SUICAfilms</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Jordi Rovira y Xavier Baig

Entrevista a jordi Rovira y Xavier Baig, directores de la película “Eugenio”. El encuentro tuvo lugar el martes 2 de octubre de 2018 en la oficina de la productora REC produccions en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a jordi Rovira y Xavier Baig, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ot Burgaya de El documental del mes, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Marta Prus

Entrevista a Marta Prus, directora de la película “Over The Limit”. El encuentro tuvo lugar el viernes 7 de septiembre de 2018 en el Hotel Evenia Rosselló en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marta Prus, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mercè Amat, por su fantástica labor como traductora, y a Ot Burgaya y Salima Jirari de El Documental del Mes, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

Over The Limit, de Marta Prus

DOLOR Y GLORIA.  

“¡No eres un ser humano, eres un atleta!”

La película arranca con la mirada concentrada y seria de Margarita Mamun, una atleta de élite rusa en la disciplina de gimnasia rítmica, una mirada desprovista de cualquier expresión, una mirada fija y ausente de emoción, encerrada en su único objetivo: ser campeón olímpica. A su lado, Amina Zaripova, ex campeona mundial y su entrenadora personal, y más allá, no muy lejos de las dos, con ojo avizor, a cual mirada impertérrita de general, algo así como un “Gran Hermano”, Irina Viner, la famosa presidenta de la Federación Rusa de Gimnasia Rítmica, fabricante de grandes campeonas rusas. Durante un año, seremos testigos de los durísimos entrenamientos a los que someten a Rita, a un nivel altísimo de exigencia tanto a nivel mental como físico, como si se tratara de un soldado en régimen de acuartelamiento, una exigencia deportiva heredada de los métodos soviéticos, donde los deportistas son tratados como máquinas de trabajo, en la que no hay tiempo para las emociones, en el que cada movimiento debe ser perfecto e impecable, para conseguir ser la mejor en los diferentes campeonatos en los que participará. Rita será sometida a toda clase de insultos y desprecios por parte de Irina y Amina, situaciones que la joven atleta de 20 años aguanta estoicamente y firme, enfrascada en su objetivo.

 La puesta de largo de Marta Prus (Varsovia, Polonia, 1987) después de un tiempo de aprendizaje en el campo documental, se sitúa en el centro de la Gimnasia Rítmica, disciplina que experimentó durante 7 años en la selección de Polonia, y nos habla desde la intimidad, desde el pilar de todo, en esos espacios de entrenamientos donde se labra todo, donde se construye todo, donde se cometen errores tras otros, donde se pulen los diferentes ejercicios, donde se trabaja sin descanso para llegar a esa perfección endiablada que las llevará a los altares de los laureados. Prus enmarca su película en unos exiguos 74 minutos, donde nos habla de los entresijos de la preparación de un deportista de élite, que no trabaja para su gloria, sino la gloria de su país, de toda una nación que la mira, la observa y la juzga, cualquier error por mínimo que sea. Apenas vemos los mínimos momentos de descanso de que disfruta Rita, con las llamadas que se realiza con su novio (otro deportista de élite) y las leves visitas en casa de sus padres, donde vemos a la deportista más relajada, pero sin dejar de lado su objetivo primordial.

Prus filma con precisión y observación todos los momentos que se producen frente a su cámara, a través de una cercanía que emociona, con los mínimos detalles, sin aspavientos ni sensiblerías, tomando el pulso a cada momento, y teniendo la valentía de filmar el lado oscuro de los entrenamientos y los métodos terroríficos a los que someten a los deportistas, siendo paciente y capturando todas esas miradas y gestos que se reparten entre las entrenadoras y Rita, que asume su condición de subordinado, como un soldado obediente y callado que tiene que emplearse a nivel mental y físico de manera brutal para contentar no sólo a sus jefes, sino a su país, porque la imagen de la nación está expuesta en cada uno de sus movimientos y ejercicios. La película mantiene un ritmo pausado, pero a la que no dejan de ocurrir situaciones, cada vez más in crescendo, donde todo parece que vaya a estallar en cualquier momento, pero Rita se mantiene al igual que una estatua de piedra, tragándose todo lo que le echan, incluso cuando su padre cae gravemente enfermo, y la gimnasta sigue trabajando con la misma exigencia que se le requiere.

La cineasta polaca ha construido un retrato intimo y profundo sobre las emociones soterradas de tantos atletas rusos o soviéticos sometidos a los estrictos entrenamientos, donde no hay tiempo de respirar y sí para seguir entrenando día y noche hasta que los ejercicios provoquen la admiración de los jueces por su perfección y calidad. Una mirada hacia el deporte y los métodos que se emplean para alcanzar la gloria, una gloria solo destinada a los más fuertes, física como mentalmente, unos pocos privilegiados que deben solventar las durísimas pruebas a las que serán sometidos por sus exigentes entrenadores y preparadores, porque no todos somos capaces de enfrentarnos a nuestros propios límites e inseguridades, por mucho que nuestra pasión sea el único camino que hayamos elegido y Margarita Mamun, que esta ante su último gran competición, sabe muy bien que quizás todo no valga por un sueño, aunque ella está preparada para asumir este camino de sangre, sudor y lágrimas a la que le someten los durísimos entrenamientos de la Federación Rusa de Gimnasia Rítmica, a la que sólo le vale ganar para demostrar al mundo que sus métodos son los más eficientes.

Dolphin Man, de Lefteris Charitos

EN LA PROFUNDIDAD DEL MAR.

“El hombre que se sumerge aguantando la respiración se parece a los mamíferos marinos. Hay un delfín dormido en cada uno de nosotros”

Jacques Mayol

La película se abre con un plano general del mar, de la inmensidad del mar, de su azul radiante y transparente, de todo aquello que vemos por fuera, y también, aquello que oculta en su interior, bajo su superficie. Todo ese mundo secreto y magnífico, un mundo aparte, un mundo en otro mundo, un universo salvaje, un espacio animal y vegetal, lleno de criaturas extraordinarias, un mundo donde empezó todo, el lugar donde habitaron las primeras especies del planeta, del mismo lugar donde arrancó la evolución, de donde salió la primera criatura que más tarde acabaría en el homo sapiens. El naturista y aventurero francés Jacques Mayol (1927-2001) conocía ese mundo, fascinado por su misterio desde que era un niño en la Shanghai colonial de los años 30. El director Lefteris Charitos (Atenas, Grecia, 1969) después de una amplia experiencia como documentalista en la televisión griega, se lanza a su primera apuesta en el largometraje documental contándonos las peripecias de Jacques Mayol, y no lo hace de manera simplista o sentimental, sino de una forma humanista, dejando que los suyos, el entorno de Mayol, nos explique quién era, y los diversos testimonios consiguen hacer una radiografía, tanto personal como emocional, de uno de los precursores del buceo en apnea, esa forma de submarinismo que desafía la capacidad y los límites del ser humano, porque prescinde de la respiración artificial, y se lanza a las profundidades del mar sin más ayuda que su capacidad para no respirar.

Mayol fue el pionero de la disciplina y el primero en batir la distancia record de 100 metros de profundidad. Aunque, detrás de toda esta admiración y éxito personal, se escondía una parte muy sombría en su vida, en la que desatendió a su familia, esposa y dos hijos, distanciándose de ellos, obsesionado con su pasión del mar. Charitos nos sitúa en la Shanghai colonial, en Miami, en Las Bahamas, en la isla de Elba en Italia, en la costa de Tateyama en Japón o las islas griegas del mar Egeo, lugares donde transcurrió la vida y aventuras de Mayol, con ese físico de atleta, un deportista nato que se cuidaba, tanto físicamente como emocionalmente, practicando yoga y meditación zen, donde cuerpo y alma estaban altamente preparados para asumir los retos tan arriesgados y peligrosos que asumía cuando buceaba a esas distancias de vértigo.

La película de Charitos no sigue un orden cronológico, va dando saltos de un lugar a otro, deteniéndose en sus mayores retos, y recogiendo los testimonios de tantos colaboradores, amigos y conocidos que lo conocieron y lo trataron, construyendo una película donde conocemos y reflexionamos sobre las diferentes máscaras que tenía Mayol, desde el aventurero sin fin, una especie de Errol Flynn a la caza de tesoros, en este caso mares y océanos llenos de especies y reconocidos por su diversidad marina, o la relación con las mujeres, con ese atractivo natural y canalla que las atraía, y las amantes que tuvo, o esa familia que dejó para seguir su pasión, o ese amor frustrado por causas ajenas que lo dejó muy tocado y lo llevó a reinventarse y asumir la vida como una experiencia placentera y traumática. La película nunca se queda con una visión de Mayol, nos presenta muchos rostros, algunos muy diferentes, contradictorios y complejos, dejando salir aquella cara oculta que el propio Mayol nunca mencionaba, dejándola para su interior.

Narrada por el actor Jean-Marc Barr , que lo interpretó en la película Le Gran Bleu, de Luc Besson, en la que se narra la vida de Mayol, es una película que no sólo nos habla de la capacidad de buceo y extraordinaria personalidad de Jacques Mayol, sino que también indaga en la misión naturalista y humanista de Mayol de presentar el mar no como una inmensidad desconocida y alejada de nosotros, sino como un espacio de riquezas maravillosas, en las que las emociones se descubrían, reinterpretaban y alcanzaban su plenitud interior, en la más absoluta de las profundidades, donde el silencio se apoderaba de todo, y todo lo demás dejaba de tener sentido. Mayol nos habló de la misión de preservar la naturaleza y las especies que lo habitan, como herencia de nuestros ancestros, de nosotros mismos, y sobre todo, como un medio de conocimiento y experimentación, de ayudarlo y ayudarnos a nosotros, en el interior de un hombre que le apasionaba bucear junto a las criaturas del mar y sentirse como uno más,