Entrevista a Aitor Merino

Entrevista a Aitor Merino, director de la película «Fantasía», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el Teatre CCCB en Barcelona, el martes 16 de noviembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Aitor Merino, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Fantasía, de Aitor Merino

RESCATARNOS DEL OLVIDO.

“Todo lo que somos lo debemos a otros”

Antonio Muñoz Molina en su libro “Volver a dónde”

De Aitor Merino (San Sebastián, 1972), conocíamos su carrera como actor, trabajando a las órdenes de grandes nombres de nuestro cine como Montxo Armendaríz, Vicente Aranda, Pilar Miró, Icíar Bollaín, Chus Gutiérrez y Manolo Matji, entre otros. En el 2007 debuta en la dirección con El pan nuestro, una película de 19 minutos sobre el drama de la inmigración. Seis años más tarde, volvía a ponerse tras las cámaras con Asier y yo (Asier eta biok), codigirgida junto a su hermana Amaia, un largometraje que indagaba en la relación del propio Aitor con su amigo del alma, Asier, que ingresó en Eta en el 2002. Una película compleja, brillante e íntima, que nos maravilló por su enrome sensibilidad y naturalidad para retratar un conflicto muy difícil. Ocho años más tarde, Aitor Merino vuelve a dirigir, ahora en solitario, una película muy íntima y cercanísima, en la que profundiza en la memoria familiar, a través de todos los que ya no están y los presentes, sus padres, Iñaki y Kontxi, un par de jubilados de Iruñea.

Todo arranca en el 2015 con la excusa de un viaje en crucero, que se llama Fantasía, en el que los cuatro miembros de la familia, padres y los dos hijos, se reúnen para celebrar las bodas de oro de los progenitores. Una parte que Merino filma como si se tratase de un vídeo doméstico, atropellado y naturalista, según van sucediendo las situaciones, abriéndonos a un universo donde la intimidad aflora a cada encuadre, donde las acciones muy divertidas en general, y alguna más seria, donde se habla del aquí y el futuro, donde los padres ya no estarán. La tremenda agitación y corredizas del viaje nos conduce por una película ágil, divertidísima y llena de vida. Esas imágenes del crucero se cruzan con otros más reposadas, las de las navidades del mismo año, donde Amaia, que vive en Ecuador no puede viajar a pasar las fechas tan señaladas, y Aitor filma a sus padres, los filma en armonía, cada uno a sus cosas, también, enfadados, que no se dirigen la palabra, y Aitor actúa como mediador del conflicto, componiendo ese maravilloso plano en el que sus propios dedos juntan a sus padres, separados por escasos metros. También, habrá otras imágenes, en la que los cuatro conviven en la casa familiar, entre bromas, diálogos, discusiones, y reflexiones.

Merino no solo habla del presente, sino también del pasado, acordándose de aquel familiar del siglo XVIII, tan lejano como presente como todos los ausentes, aquellos miembros familiares que se fueron, y que pueblan nuestros recuerdos, y físicamente están presentes en forma de fotografías, cuadros y en charlas y recuerdos, donde la memoria se vuelve omnipresente y totalmente necesaria para recordarlos y sobre todo, recordarnos a nosotros de dónde venimos y quiénes somos. Fantasía tiene ese aroma que desprendían películas como Stories We Tell (2012), de Sarah Polley, y Muchos hijos, un mono y un castillo (2017), de Gustavo Salmerón, donde se habla de pasado desde el presente, se habla de familia, de ausencias, y sobre todo, se habla en un tono de investigación y divertido. Merino hace un retrato sobre la memoria, o quizás, podríamos decir que la película es un retrato contra el olvido, porque su razón de ser es recordar a los ausentes, pero también, filmar a los presentes, a los padres, a Iñaki y Kontxi, que nos devuelven al presente a todos los que no están, y lo hace desde la sencillez, la intimidad, la honestidad, y la brillantez, sin ser condescendiente ni juzgante, solo filmar la vida, la cotidianidad, lo doméstico, desde la sinceridad y desde lo humano, con sus deseos, ilusiones, tristezas y amarguras de la existencia.

Una película hecha en familia, la real y la profesional, porque el guion lo firman Ainhoa Andraka, que también se encarga del montaje y de la producción, junto a Zuri Goikoetxea y Cristina Hergueta (los mismos productores de Asier y yo), y los dos hermanos Amaia, y Aitor, que firma la cinematografía y el sonido directo. Los cien minutos de la película pasan volando, porque hay tiempo para todo, para viajar en el “Fantasía”, echar unas risas, recordar a los otros, unos ratos de tristeza, otros, de hospital por la dolencia respiratoria del padre, otros, para echarse de menos cuando Amaia está fuera, las visitas a la abuela, y otros, para recordar y hablar de los no presentes, y todos esos espacios donde va pasando la vida, va pasando el tiempo, y los padres en sus cosas y Aitor con su cámara capturándolos para la posteridad, generando esas imágenes que tendrán un grandísimo valor cuando los filmados no estén. Fantasía no es solo un retrato sobre una familia y sus dos hijos mayores, sino que es además un profundo, sensible y magnífico documento sobre la memoria y sobre contra el olvido, porque mientras alguien nos siga recordando, los que ya no están, seguirán vivos en nuestra memoria. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Aurel

Entrevista a Aurel, director de la película «Josep», en el marco de la VIII Setmana del Cineclubisme, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el viernes 1 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Aurel, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Tariq Porter de Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Marc Ferrer y La Prohibida

Entrevista a Marc Ferrer y La Prohibida, director y actriz de la película «¡Corten!», en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Regina en Barcelona, el viernes 7 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Ferrer y La Prohibida, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Anna Prats y Gerard Cassadó de Filmin, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

¡Corten!, de Marc Ferrer

EL AMOR ES MÁS FRÍO QUE LA MUERTE.

“Todos nos utilizamos mutuamente. El amor es más frío que la muerte”.

El universo de Marc Ferrer (Sabadell, Barcelona, 1984), vive por y para el cine. Sus películas están llenas de referencias cinéfilas, desde las más profundas a las más populares, todo tiene cabida en el mundo de Ferrer, eso sí, posee una sensibilidad especial a todo aquello subgénero y oculto, a todos esos artistas en la sombra, a todo ese otro mundo, que muchas veces queda oculto. Su cine tiene infinitas ramas: el musical, con esas grandes actuaciones a ritmo de pop, sinvergonzonería y mucha pluma, esa comedia petarda y romántica, muy alocada y llena de humor irreverente, simpático y naif, esos toques de thriller, un noir de andar por casa, pero muy sugerente y con su atmósfera particular, y la gran visibilización que hace del mundo no normativo en todos sus aspectos, por donde pululan amores de todo tipo y formas, tanto gay como hetero, y demás, y finalmente, el cine, porque siempre son películas sobre el cine, tanto dentro como fuera, y donde sus personajes son amigos de Marc interpretando a otras personas muy parecidas a su propia realidad. Metrajes breves, apenas rondan la hora de duración. Un gazpacho muy de aquí, especialmente imaginativo, sorprendente y lleno de vitalidad y fiesta, y que se ríe constantemente de sí mismo, sin excepción. Un cine que te atrapa al instante o lo odias para siempre.

Desde el año 2016, Ferrer, licenciado en Comunicación Audiovisual por la UPF, no ha parado y ha despachado cada año su película de turno, ya sea largo o corto. Su opera prima Nos parecía importante (2016), a las que la han seguido La maldita primavera (2017), Puta y amada (2018), Mi odio en tu corazón (2019), Corazón rojo (2020), y ¡Corten!, que el propio Ferrer describe como un “giallo marica”, en la que su cine ha dado un gran paso, introduciendo por primera vez el género de terror, aumenta la duración de la película llegando a los 78 minutos, y pasa del digital al cine, rodando en 16 mm, que firma el cinematógrafo Nilo Zimmerman (que además de actor, ha firmado las películas de Tiger, de Aina Clotet, o Boi, de Jorge M. Fontana), consiguiendo esa textura ochentera que tanto demanda la película de Ferrer, con esa cercanía y esos primeros planos de los intérpretes, la indispensable música de Adrià Arbona, líder de los Papa Topo, que protagonizaban La maldita primavera, y autor de todas las bandas sonoras del cine de Ferrer, una score que va de los ritmos divertidos y desenfadados, a aquellos otros propios del cine giallo, con su suspense y sus lugares tenebrosos desde la cotidianidad. El arte de Erik Rodríguez Fernández, otro cómplice de Ferrer, que vuelve a hacer casi con los mínimos elementos lo máximo, llenando de colorido cada plano y encuadre de la película.

El director sabadellense no oculta sus referentes, sino todo lo contrario, los hace muy evidentes, y los muestra sin ningún tipo de pudor, como las películas de Corman, los universos de Fassbinder, y sus personajes melancólicos, tristes y perdidos, el cine giallo de Argento, en el que se menciona varias veces, incluso aparece un libro dedicado a su obra, el universo cutre de Waters y Divine, con ese aroma del cine trash, basura, y el desenfado de hacer lo que quieras con los medios escasos que tengas, el cine de Zulueta y todo lo cinéfilo que le rodea, como el vampirismo, los primeros Almodóvar y su mundo y submundo, con maricas, travestis y demás seres que pululan llenos de amor, desengaños y desilusión, con ese toque sucio, transgresor y lleno de incorrección y mucha risa y diversión. En ¡Corten!, Ferrer, que interpreta a un director de cine que hace películas de bajísimo presupuesto que no tienen nada de éxito, ha contado con un reparto nuevamente lleno de amigos como Marga Sardà, que interpreta a una deslumbrante secretaria de “Producciones Inmundas”, borde como ella sola, llena de tensión, agitadísima y sobre todo, un pedazo de descubrimiento para el cine de Ferrer, como antes lo habían sido Júlia Betrian y Zaida Carmona.

Acompañan a Sardà, los Gregorio Sanz, María Sola, Saya Solana, Paco Serrano y Álvaro Lucas, entre otros, más a La Prohibida, con la que ya había hecho videoclips, y Samantha Hudson, que se marca una de las grandes actuaciones de la película cuando interpreta el tema “Por España”. Marc Ferrer hace un cine popular, filmado con escaso presupuesto, de que más lejos de suponer un problema, él lo lleva su espacio y además de reírse de todas esas penurias económicas, saca el máximo rendimiento tanto artística como técnicamente, haciendo de sus carencias sus mejores virtudes, en el que la realidad y la ficción, o lo que es lo mismo, la vidas de Marc y sus amigos, no es más que un pretexto para mirarlas a través del cine, donde el reflejo es constante, donde cada espejo encadena las diferentes historias que pululan por sus películas, donde lo coral es una gran baza, donde cada encuadre está lleno de vida y misterio, en el que todo ocurre con una grandísima naturalidad y cercanía, sin sentimentalismos ni aspavientos, y sus defectos y errores están totalmente adaptados a la historia, y lo que pudiera parecer un obstáculo, la película lo acoge y lo adapta sin problemas, y aun más, les da una mirada diferente y muy honesta.

La omnipresente Barcelona, la ciudad-lugar de sus películas, convertida por la cámara de Marc Ferrer en un gran plató, donde visitamos esos pisos pequeños peor con glamur, esos bares de maricas, donde nacen y mueren amores y nos divertimos con esas actuaciones desenfadas de travestis y artistas de lo oculto, y las oficinas de la productora, que lugar y que cutrez, como alude uno de los personajes. Una ciudad que se la quiere y se la odia a partes iguales, porque como evidencia la frase que abre y cerrará la película, es una ciudad que atrae y repele, donde parece tranquila y también, está llena de peligros. Ojala podamos seguir viendo películas de Marc Ferrer, no solo por seguir desmenuzando esos mundos, submundos, y todo lo underground, cutre y bajo coste de su cine, como dice una de las actrices de su película: “Yo por el cine underground español hago lo que sea”, toda una sencilla y directa declaración de intenciones, porque eso sí tiene el cine de Ferrer, honestidad y diversión, y además, una equilibrada y profunda reflexión sobre las relaciones humanas y amores de ahora, con su locura, su naturaleza efímera, y sobre todo, sus caminos laberínticos, que sabes por dónde empiezan y nunca como acaban. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

El agente topo, de Maite Alberdi

EL SUPERAGENTE SERGIO.

“En cierto sentido, el trabajo del documentalista se parece al del agente espía: esperar a tener pruebas, esperar a que salgan las escenas. El detective y la documentalista observamos cómo otros viven”.

Maite Alberdi

En los años sesenta, en plena Guerra Fría, y con el auge de las películas de espías, con James Bond a la cabeza, apareció la serie estadounidense Superagente 86, ambientada en una agencia secreta del gobierno, durante cinco años, parodió y ridiculizó todo ese universo de espías, secretos y demás situaciones. El agente topo, el cuarto trabajo de Maite Alberdi (Santiago de Chile, 1983), no sitúa en el interior del Hogar San Francisco para ancianos, donde supuestamente existen malos tratos a una de las residentes. El caso se coloca en manos de Sergio, un octogenario que no tiene experiencia en este tipo de casos, pero con buena voluntad, un carisma arrollador y su discreción, se introducirá en el hogar, como uno más, y comenzarán sus pesquisas.

El universo de Alberdi se mueve entre el documento observacional, la ironía y la crítica hacia una serie de situaciones cotidianas y sociales. En su opera prima, El salvavidas (2011), retrataba a un socorrista que hacía lo imposible para no meterse en el agua, le siguió La once (2014), en la que filmaba a un grupo de señoras de más de sesenta años que mantenían la tradición de tomar el té una vez al mes. En Los niños  (2016), capturaba a un grupo de compañeros con síndrome de down que después de su estancia en el colegio, debían aventurarse a la sociedad y valerse por sí mismos. Ese mismo año, rodó el cortometraje Ya no soy de aquí, ambientado en un hogar de ancianos chileno sobre una mujer vasca que desconoce que se encuentra en Chile, que podría verse como un anticipo de lo que nos encontramos en El agente topo, que con los elementos propios del documental observacional, el film noir de espías, eso sí, muy alejado de la seriedad del género, y mucho más cerca de la comicidad y la parodia al estilo del Inspector Clouseau, la citada Superagente 86 o las tiras cómicas de Mortadelo y Filemón, donde nuestro protagonista Sergio, reclutado en un casting para tal actividad, se infiltró sin que los demás residentes supieran el motivo real.

La cineasta chilena, como demostró en sus anteriores películas, mezcla con acierto y sabiduría el documento propiamente dicho, con esa mirada crítica e íntima al funcionamiento de una residencia de ancianos, a las personas mayores que allí se encuentran, con sus problemas cotidianos, vamos descubriéndolas, como esa señora que recita poemas desde su cama, la otra que está empeñada en salir para ir con su madre, la coqueta enamorada de Sergio, la señora que está perdiendo memoria, y demás internas que van acercándose y entablando amistad con Sergio, que actúa como si fuera la cámara de la película, moviéndose por el espacio y abriéndonos ese mundo que está demasiado olvidado para la mayoría. La parte documental se fusiona a las mil maravillas con el género negro, pero extrayéndole todo la seriedad y pulcritud posible, quitándole todo el glamur impostado de muchas de esas películas, llevándolo a un marco extremadamente cotidiano, muy cercano, capturando la verdad y la comicidad en todo momento, ya que somos testigos de las indagaciones de Sergio, alguien que no conoce el lugar y además, nunca ha sido espía. Y aún, encontramos otra fusión, esta solo conocida por los espectadores, porque conocemos que hace Sergio en la residencia, y cómo interactúa con los demás mayores que se va encontrando.

Una película-documento-noir de estas características tan singulares y sorprendentes, debía tener un protagonista a la altura de lo que se cuenta, y Sergio, el abuelo octogenario, recién viudo, con ese carácter afable, humanista, y simpático, es el protagonista ideal, y aún más, cuando envía los mensajes de voz a Rómulo, su “jefe”, con esa voz agradable, y sus textos llenos de cercanía y astucia. Sergio es el hombre tranquilo de esta fábula de nuestros días, que emerge como una crítica feroz y sobrecogedora del aislamiento que sufren muchos mayores, abandonados en sus residencias por sus descendientes, que inventan otras excusas para huir de la realidad. Unos ancianos faltos de amigos, de verdaderos amigos, llenos de soledad, aislados en un espacio que los deja fuera de la sociedad y sobre todo, de los suyos, porque Alberdi no se desvía nunca de su verdadera intención, hablarnos de la humanidad de los mayores y del abandono al que son sometidos. El agente topo no es solo una película maravillosa y muy divertida, con ese humor negro tan habitual de Berlanga, que servía para hablar de los males de una sociedad deshumanizada y sin rumbo, sino que también es un drama, una tragedia en algunos momentos de cómo las sociedades occidentales tratan a sus mayores, relegándolos al olvido y la soledad, porque la película define con profundidad un mal de nuestro tiempo que desgraciadamente no tiene visos de solución. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

The Mistery of the Pink Flamingo, de Javier Polo

DEL NEGRO AL ROSA.

“Lo único que tienes y que nadie más tiene eres tú. Tu voz, tu mente, tu historia, tu visión. Así que escribe y dibuja y construye, juega, baila y vive como solo tú puedes».

Neil Gaiman

Había una vez un tipo que se hacía llamar Rigo Pex, aunque cambió el nombre para ser llamado diferente al resto, aunque vivía igual que la mayoría. Rigo Pex vivía en Valencia, era ingeniero de sonido, siempre vestía de negro, grababa y archivaba sonidos de su ciudad, y su existencia era de los más anodina y convencional. Pero, algo sucedió en la vida de Rigo Pex, algo que lo cambiará todo, su obsesión por los flamencos, que comienza a ver en cualquier lugar, tanto en su forma natural como artificial, razón que lo lleva a investigar sobre el tema, acercándose a artistas relacionados con lo rosa, el kitsch y lo diferente. Los hermanos Polo, Javier y Guillermo, de la década de los ochenta y de Godella (Valencia), se reparten las tareas de dirección y cinematografía, respectivamente, ya los habíamos conocido en Europe in 8 bits (2013), en la que investigaban la corriente de la música “chip”, generada a través de ordenadores y consolas antiguos, mostrándonos un universo de artistas obsesionados con lo retro y sus nuevos sonidos.

Después de la película corta El ascensor (2015), y trabajos varios en la publicidad y en televisión, los hermanos Polo vuelven a unir fuerzas para mostrarnos la aventura cómica, introspectiva e incierta, como son todas las aventuras, empezando por la vida, de Rigo Pex, una aventura que consistirá en un viaje, que empezará en el interior del inquieto joven, luego exterior, buscando a aquellos artistas de lo rosa y lo kitsch, y luego, cruzaremos el charco junto a él, y nos trasladaremos a Miami, Las Vegas o Baltimore, para seguir adentrándonos en un mundo excéntrico, diferente, plagado de personajes variopintos, singulares, que rompen cualquier estereotipo, seres que viven a su manera, ajenos a ese mundo encajonado, lleno de prejuicios y muerto en vida. Una travesía a partir de alguien que deja el negro y su aburrida monotonía para descubrirse y descubrir otras formas de vida, otras mentes inquietas, otras verdades, y sobre todo, a cruzar el otro lado, aquel en el que ya no quieres ser como los demás, sino como tú mismo. Guiados por la narración de Miguel Ángel Jenner, que actúa como voz de la conciencia para Rigo Pex, seremos testigos de la andadura extrañísima y honesta del susodicho.

The Mistery of Pink Flamingo es un documento que va más allá del mero retrato de una figura, para mostrarnos todo un universo de lo kitsch, de lo absurdo, de lo raro, de lo estrambótico, del mal gusto, y lleno de personajes auténticos, libres y muy transgresores, a modo de encuentro-entrevista, como el veterano cineasta John Waters, y su grandiosa Pink Flamingos (1972), una obra de arte del género “trash” o basura, repleta de transgresión, suciedad y múltiples perversiones, la productora musical Alee Willis, que nos muestra ese mundo rosa y kitsch en el que ha convertido su hogar, con su irreverencia y naturalidad, el peculiar y original universo del mal gusto rosa, dándole la vuelta a su aparente significado, que reivindica el cineasta Eduardo Casanova, con su singular Pieles (2017), llena de seres deformes y llenos de amor, el artista visual Antonyo Marest, con sus murales y su forma de interpretar el arte desde lo absurdo y lo diferente, el grupo de pop Kero Kero Bonito, con su buen rollo de música pegadiza con estética de videojuegos y rosa, influenciados por un curioso e inquietante humor.

También habrá espacio para esos personajes denominados “freaks”, o quizás, más bien, serían personas que han decidido vivir una experiencia vital a su forma y semejanza, alejados de lo calificado de normal, siendo fieles a sus sueños y deseos, como el imaginario de Cindy Lundlow, que ha llenado su casa de flamencos de todo tipo, llena de souvenirs, juguetes, y demás objetos y cachivaches relaciones con el mítico y fabuloso animal, y finalmente, Kitten Kay Sera, más conocida como “The Pink Lady of Hollywood”, una mujer que ha encontrado en lo rosa su forma de vida, con una casa solo de rosa, y una apariencia que reivindica el rosa como arma contra un mundo cada vez más estúpido y vulgar. Un montaje lleno de energía y rítmico que firma Yago Muñiz, que tiene en su haber trabajos en el campo documental con Fernando León de Aranoa, y como asistente en labores editoras en muchas películas de Julio Medem.

 Javier Polo ha construido un relato peculiar y alocado, con estética y música pop, que se mueve por varios terrenos, siempre con el toque de humor y transgresor, con ese equilibro exacto entre lo ridículo y lo humano, desde la aventura existencial, con el conocimiento del otro y lo otro, el documental honesto que muestra y retrata universos paralelos que están dentro de este, y sus mágicas criaturas que lo habitan, la comedia muy excéntrica, divertida y llena de pop, y muy hortera, pero no en el sentido peyorativo, sino todo lo contrario, haciendo bandera de lo diferente, de lo contracorriente, de lo sincero y personal, aunque sea tan diferente a lo convencional, a ser raro y no sentirse mal, a dejarse llevar por tus sueños, aunque vayan en otra dirección que el resto, a mirarse en el espejo y reconocerse, no intentar parecerse a aquel que no quieres ser, y nunca te atreviste a ser, a empezar la revolución más importante de tu vida, y es descubrir quién quieres ser, y no tener miedo a serlo, aunque para ello debas viajar al otro lado del mundo, a conocer a los seres tan extravagantes y extraños que te puedes echar a la cara, pero eso sí, personajes que un día dijeron basta y empezaron a ser esa persona que descubrieron ser, empezando a vivir, a sentir, y sobre todo, a soñar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Adán Aliaga

Entrevista a Adán Aliaga, director de la película «Fishbone», en las oficinas de la productora en Barcelona, el jueves 29 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Adán Aliaga, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Miguel Molina de Jaibo Films, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Amor en polvo, de Suso Imbernón y Juanjo Moscardó

QUE LOS ÁRBOLES NO TE IMPIDAN VER EL BOSQUE.

“El sexo sin amor es tan hueco y ridículo como el amor sin sexo”

Hunter S. Thompson

Erase una vez… Pablo y Blanca. Él, el acérrimo inconformista, apasionado de la arqueología y el eterno aspirante a esa vida que tanto se retrasa. Ella, abogada a sol y a sombra, moderna y equilibrada, y sobre todo, valiente. Son pareja y están enamorados, aunque su vida sexual no funciona, o sea, que es un auténtico desastre, monótona, aburrida y cero pasión. Blanca, siempre será ella la que dé el paso, propondrá a Pablo un intercambio de parejas, una nueva forma de revitalizar la pasión y su amor. Quedan con dos amigos solteros, Mia, amiga de Blanca, descreída en el amor y una auténtica devoradora de los sexual, atrevida y muy juguetona. Frente a ella, amigo de Pablo, está Lucas, el publicista de London City, un tipo amante de sí mismo y obsesionado con un polvo en el bosque que lo ha dejado pillado de una mujer. Así están las cosas, unos, la pareja Pablo y Blanca, listos para salir al bar donde han quedado con su intercambio, se lanzan a discutir, una discusión que irá a más, y empezarán a replantearse no solo sus relaciones sexuales, sino su relación. En el bar, ya han llegado Mia y Lucas, que empiezan a hablar, se gustan, y follan.

Los cineastas valencianos Suso Imbernón (que firma el montaje de la película), y Juanjo Moscardó (del que habíamos visto como guionista Juegos de familia, de Belén Macías)  y  después de su exitoso corto Maldita, en el que abordaban el terror desde los ojos de un niño muy fantasioso, realizan su opera prima con un guión escrito por el propio Moscardó, María Laura Garganella (guionista, entre otras, de No tengas miedo, de Armendáriz) y María Mínguez (autora de Vivir dos veces, de María Ripoll) plantean un relato de ahora, entre cuatro personajes y dos espacios, la citada casa de Pablo y Blanca, y el bar de encuentro en el que se conocen Mia y Lucas. Dos lugares en los que unos y otros, se discutirán o se amaran según el caso, en un divertido juego de apariencias y trasparencias en torno al amor en pareja y el sexo, sobre todos aquellos deseos que tenemos y no nos atrevemos porque somos fieles a nuestra pareja, y cómo no, sobre todo aquello que ocultamos a la pareja por miedo a las represalias, al fin y al cabo, a todo aquello que sentimos y deseamos y, como decía Groucho Marx, nunca nos atrevemos a llamarlo por su nombre, por miedo, inseguridad, o simplemente, porque nos cuesta soltarnos, liberarnos y, atrevernos a romper con esa idea de la pareja romántica y fiel para toda la vida.

Imbernón y Moscardó construyen un relato ágil, divertido y sincero, llegando a sus breves y contenidos 78 minutos, con ese aroma de las grandes comedias hollywodienses, o los deliciosos enredos del gran Neil Simon,  en las que no podían faltar los ingredientes mágicos como las verdades, confesiones inesperadas, mentiras, secretos, pasiones desaforadas, autoengaños, y sobre todo, revelaciones que lo cambiarán todo para siempre. Un tono que nos recuerda a esa comedia madrileña ochentera del estilo de Sé infiel y no mires con quién, de Trueba, o La vida alegre, de Colomo, donde modo jocoso y divertido, también se planteaban los juegos del amor y el sexo. O esa comedia fresca y jugosa más reciente como El otro lado de la cama, de Martínez-Lázaro o Kiki, el amor se hace, de Paco León. Una comedia alrededor del amor y el sexo, que tiene ese punto disparatado y salvaje, llenos de enredos y topetazos, para profundizar en un tema tan reflexivo como el amor en los tiempos actuales y el sexo como vehículo esencial en la pareja y en la vida social para cualquier persona.

Amor en polvo  pone sobre la mesa temas candentes y en boca de muchos que forman parte de cualquier relación de pareja como la falta de pasión, la rutina sexual, los prejuicios acerca del amor y del sexo, las ideas prefabricadas sobre lo que debe ser una relación y el sexo, y todas esas cosas e ideas que nos encierran en los autoengaños y represiones que nos imponemos. La película habla de todos estos temas y lo hace desde su modestia y sobre todo, su excelente ritmo y puntos de giro del relato en cuestión. Uno de sus elementos mejor construidos es la elección de su reparto, bien encabezado por una formidable Macarena Gómez como Mia (también como productora asociada) de la que ya conocíamos su vis cómica, pero aquí la lleva hacia otros lugares muy sorpresivos, mostrando las múltiples facetas de una actriz estupenda. A su lado, un Luis Miguel Seguí en Lucas, seductor y elegante, pero muy inseguro, que fabrica un personaje lleno de requiebros y sorpresas.

Frente a ellos, la pareja en crisis, Enrique Arce, la pareja que no defrauda, pero tampoco sorprende, enfrascado en su orden establecido, y en su cotidianidad sin grandes cambios, todo bien ordenado y establecido, el típico looser simpático, pero muy torpe y cobarde, que se lanza al vacío y se arrepiente nada más saltar, bonachón pero predecible. A su vera, Lorena López como Blanca, la auténtica revelación de la película, que ya nos había encantado en la reciente Asamblea. Una mujer auténtica, de bandera, pero no por su físico, sino por su personalidad, un carácter hecho de tiras y aflojas, de obstáculos, encandilándonos con su gesto, llenando la pantalla con esas miradas comprensivas y atizadoras que dedica a su pareja, esa vitalidad, fuerza y echa’pa lante, que es capaz de lo que sea para sacar su relación del pozo en el que se encuentra, una mujer arrolladora, llena de energía y sobre todo, maravillosa revelación de esta comedia que nos abre nuevas ventanas a nuestra perezosa y monótona vida amorosa y sobre todo, sexual. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Pullman, de Toni Bestard

LA TRASTIENDA DEL PARAÍSO.

“Si la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad”

Maria Montessori

Daren y Nadia son dos niños de padres inmigrantes que viven del turismo de Mallorca, y habitan los apartamentos Pullman, antaño un lujoso hotel, y ahora, un armatoste de cemento en el que se hacinan familias que inmigraron buscando un futuro mejor, alejado del tumultuoso turismo balear. La película describe un día de verano, un día en el que Daren, de padres africanos, y Nadie, de madre soltera de Europa del Este, deciden escaparse de casa y mirar ese otro mundo que les rodea, descubrirlo con su inocencia, con la mirada del que mira las cosas ajenas por primera vez. Después de años dedicados al cortometraje, formato que compagina con el largometraje, donde cosechó buenas críticas y premios, Toni Bestard (Mallorca, 1973) debutó en el largo con El perfecto desconocido (2011) en la que describía el viaje de Mark O’Reilly (que interpretaba el maravilloso actor irlandés Colm Meaney) llegando a la isla de Palma en una búsqueda interior de su pasado. En el 2015, codirigió, junto a Marcos Cabotá, I am your Father, en la que ponían el foco en David Prowse, el actor enfundado en el traje de Darth Vader, que fue sustituido en El retorno del Jedi, cuando se descubría su verdadero rostro. Una película que bucea en las luces y sombras del mundo del cine y las relaciones humanas.

En Pullman, basado en el cortometraje El viaje (2002) escrito por Arturo Ruiz Serrano, desde entonces estrecho colaborador, Bestard cambia los dos chavales del extrarradio de Madrid que sueñan con otros mundos y viajes increíbles, y vuelve a su casa, a sus orígenes, a mirar a sus calles y ciudades de Mallorca, a retratar ese universo ajeno al turismo y a todo, que escenifica en los niños de los apartamentos de Pullman, en relación a ese mundo del turismo masificado, a las calles llenas de neones y gentes pululando de aquí para allá. Dos mundos ajenos y alejados, dos universos muy diferentes, separados por apenas escasos metros. El cineasta mallorquín acota su película en un escasos días, y más concretamente, en una sola jornada, donde Daren y Nadia, emprenderán un viaje para conocer que hay más allá de su cotidianidad de Pullman, adentrándose en esa otra Mallorca que nunca pisa el turista, repleta de edificios abandonados donde pululan seres que viven por y para el turismo, como la travesti prostituta, el vendedor pedófilo de la playa, el payaso triste y alcohólico vendedor de globos, y el yonqui, seres del extrarradio, almas que van y vienen, que se tropiezan con un par de chavales también ajenos a esa Mallorca turística, quedando patente en las secuencias donde se cuelan en el parque, intentan robar en el centro comercial, o cuando corren atónitos en medio de los neones y el ruido que provoca la masificación turística.

Bestard atiza con fuerza ante esa destrucción de su ciudad, tanto la abandonada como la turística, retratando lo que quedó atrás y todo ese presente infernal que ha hecho del turismo el epicentro de todo, como el famoso “balconing”, donde muchos jóvenes turistas pierden su vida. Pullman aboga por la identidad, tanto física como personal, incidiendo en esas miradas inocentes de los dos chavales, tanto Daren como Nadia miran el mundo desde su ilusión de volar, de viajar, de sentir que el mundo no empieza y acaba en sus apartamentos. El relato huy del sentimentalismo o la postal turística, sumergiéndonos en un mundo donde los padres inmigrantes inculcan valores humanos a sus hijos, mientras ellos trabajan para el turismo, para que sus hijos tengan otro tipo de oportunidades que ellos jamás tuvieron. Daren y Nadia verán la ilusión y el mundo, pero también su crueldad, envidia y egoísmo, conociendo de primera mano toda la verdad, o su verdad, enfrentándose a sus miedos, sus desilusiones y su capacidad de dignidad y entereza ante tanto bullicio del turismo.

Pullman irradia el aroma de películas como El niño y su mundo (2013), de Alê Abreu, fábula animada en la que un niño descubría ese mundo repleto de máquinas y polución, o The Florida Project (2017), de Sean Baker, en el que también se reflejaba esa Florida turística con esa otra cara b, la del extrarradio, la de las familias rotas y desestructuradas, a través de dos niñas, como lo pudieran ser Daren y Nadia. Un reparto cercano y sensible encabezado por Keba Diedhou y Alba Bonnin Ostrem como Daren y Nadia, respectivamente, emanan naturalidad, destreza y armonía, bien acompañados por los adultos Monika Kowalska como la madre de Nadia y Armando Bouika como padre de Daren. Bestard ha construido una película pequeña, sencilla y humana, con una historia que destila cercanía, libertad e independencia, que retrata con dureza y aplomo esa Mallorca masificada por el turismo, y esa otra, que reivindica, la inmigrante que trabaja para el ocio y la diversión de otros, y queda relegada al ostracismo de lo que no se ve, de lo que está ahí, pero se intenta ocultar por todos los medios. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA