Entrevista a Lluís Segura

Entrevista a Lluís Segura, director de la película “El club de los buenos infieles”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 21 de marzo de 2018 en los Cinemes Texas en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Segura, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Jordi Vilches

Entrevista a Jordi Vilches, actor en la película “El club de los buenos infieles” de Lluís Segura. El encuentro tuvo lugar el miércoles 21 de marzo de 2018 en los Cinemes Texas en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jordi Vilches, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Ana Asensio

Entrevista a Ana Asensio, directora de “Most Beautiful Island”, en el marco del Festival Internacional de Cine de Sitges. El encuentro tuvo lugar el jueves 5 de octubre de 2017 en el hall del Hotel Melià en Sitges.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Asensio, por su tiempo, generosidad y cariño, y a JJ Montero de ConUnPackDistribución, por su tiempo, generosidad, amabilidad y cariño.

The Fourth Kingdom, de Adán Aliaga y Àlex Lora

EL REFUGIO DE LOS DESHEREDADOS.

En un momento de la película, escuchamos la voz de un inmigrante sudamericano que nos explica que él ha visto a los extraterrestres, una extraña luz que le invadió, y piensa que quizás cayeron todos a la vez a la tierra y hablan diferentes idiomas, y entonces, resuelve diciendo que es nuestro deber entenderse. Una interesante reflexión que viene de alguien que trabaja en “Sure We can” , un gran centro de reciclaje de botellas y latas de vidrio y plásticos en pleno corazón del barrio de Brooklyn en Nueva York, donde infinidad de desplazadas por el sistema han encontrado, no solamente un espacio donde pueden trabajar en el mundo del reciclaje, canjeando sus desechos por dinero, sino también, y esto es lo importante, una esperanza en su vida y compañía, en un gigantesco espacio donde comparten trabajo, soledad y conversaciones. The fourth kindgom es una película de 14 minutos, donde sus directores Adán Aliaga (San Vicent del Raspeig, Alicante, 1969) y Àlex Lora (Barcelona, 1979) construyen una película de observación, capturando desde la intimidad y el respeto que se merecen todas las personas que trabajan en el centro del reciclaje, porque sus miradas recorren cada espacio de ese lugar, sus gentes y su funcionamiento, y cómo se acumulan los desechos formando montañas y estructuras donde las bolsas y cajas con residuos se almacenan, y también, como se convierten en compuesto que vuelve a utilizarse para realizar plásticos o latas, y así el recorrido vuelve a empezar, en un sinfín continuo que nunca se detiene.

Aliaga que debutó con La casa de mi abuela (2006) que obtuvo un gran reconocimiento internacional, a la que siguieron trabajos interesantes como Estigmas (2010) la película colectiva Kanimambo (2012) o El arca de Noe (2014), donde se ha distinguido por mostrar realidades diferentes y ajenas desde un punto de visto reflexivo y emocionante, firma por primera vez la dirección con Alex Lora, residente en Nueva York, con una filmografía en la que hay más de 20 cortos dirigidos, entre ellos Thy father’s chair (2015) en el que se detenía en la excentricidad de dos hermanos judíos ortodoxos que debían de limpiar su casa almacenada con innumerables desechos. Aliaga y Lora describen ese universo de reciclaje atrapando sus sonidos, el paisaje humano y las conversaciones de estos, y lo hacen sin inmiscuirse en el transcurso de lo que allí va sucediendo, filmando desde la observación, desde ese lugar en el que se muestra sin intervenir, sin juzgar, donde consiguen atraparnos e interesarnos por todo lo que allí vemos, y lo hacen desde un dispositivo sencillo y honesto, en el que la vida sucede.

Los diferentes personajes que se mueven por el centro, nos van revelando sus sueños, sus pasados, sus reflexiones y quiénes son, los René, Pierre, Walter, Eugene y Ana, sólo son algunos de los muchos desfavorecidos que emprendieron el sueño americano pero que se tropezaron de bruces con una realidad difícil y en ocasiones, excesivamente cruel para los más débiles. Ahora, en su presente, emprenden una vida digna y con futuro, recogiendo los desechos por la ciudad (que muy acertadamente, los directores no nos mostrarán, centrándose en exclusividad en el paisaje del centro de reciclaje) y llevándolos a ese lugar, que intercambiarán por unos cuantos dólares que les servirá para seguir tirando, y ver su vida con un poco de más luz. Aliaga y Lora nos rescatan un lugar que a simple vista se ha convertido en el refugio de los desheredados, de aquellos que no tienen nada, de aquellos que el sistema implacable y destructivo ha eliminado, los ha invisibilizado y sobre todo, estigmatizado, dejándolos desahuciados, sin nada que tener ni adónde ir. En el centro de reciclaje encuentra un espacio humanista, donde volver a ser personas, construir su identidad, y sentir que aunque sea difícil, siempre hay un camino para seguir con una vida digna.

Una película que en sus escasos 14 minutos condensa la terrible paradoja de la sociedad capitalista (lo que unos desechan sirve para que otros vivan) nos habla sobre la dignidad humana, las esperanzas y sueños también reciclados y reconvertidos en válvulas de aprovechamiento y vuelta a empezar, una especie de espacio donde reciclarse como persona, al igual que los desechos, y encarar la vida con más optimismo. También, nos habla sobre la explotación de los objetos y recursos del sistema capitalista, feroz y salvaje en su estructura, que continuamente compra y desecha, y vuelta a comprar y desechar, en un torbellino de locura y sinsentido, que aumenta considerablemente día tras día la distancia entre las clases pudientes y los más desfavorecidos, dejándoles casi sin recursos laborales para poder vivir. Aliaga y Lora arrojan luz a este colectivo de desheredados, a este grupo humano que ha encontrado en los residuos y desechos una forma de trabajo para construir una vida digna, con esperanza y en compañía, porque como explica uno de los protagonistas ahora las cosas han adquirido otro color, ahora la vida parece diferente, y se ve con ganas de vivirla.


<p><a href=”https://vimeo.com/243676359″>The Fourth Kingdom Trailer Español</a> from <a href=”https://vimeo.com/jaibofilms”>Jaibo Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Most beautiful island, de Ana Asensio

EL INFIERNO DEL SUEÑO AMERICANO.

Luciana es una española sin papeles que sobrevive con trabajos precarios en Nueva York. A través de Olga, inmigrante rusa, con la que trabaja alguna vez, acaba consiguiendo un trabajo que consiste en pasearse por una fiesta de lujo, aunque las cosas no parecen tan sencillas y además, hay gato encerrado. La puesta de largo en la dirección de largometrajes de Ana Asensio (Madrid, 1978) es una combinación magnífica y arrolladora de cine social y thriller psicológico, con el mejor aroma del cine independiente americano. Asensio dejó una carrera incipiente como actriz en la televisión en España para emprender la aventura del “american dream” y plantarse en la Gran Manzana para estudiar interpretación, aunque las cosas no salieron como esperaba y durante el último cuatrimestre del 2011, con los atentados de Nueva York en el ambiente, ella sobrevivió con trabajos precarios que la llevaron a vivir una experiencia desagradable  con uno de ellos. Toda aquella experiencia la ha plasmado en su primera película, que además de dirigir, escribe, protagoniza y coproduce, una cinta que ha levantado con el espíritu del cine combativo, resistente y la ayuda de unos colaboradores que han creído en su proyecto desde el primer momento.

Asensio, sin experiencia previa como directora, ha construido una película del aquí y ahora, una película que se desarrolla en una sola jornada, siguiendo a su protagonista, Luciana, durante un solo día, y documentando esa vida precaria, a salto de mata, con la falta de dinero acechando a cada momento, sin tregua, y sin descanso. Asensio, en la primera mitad de la cinta, nos introduce en un cine de gran efervescencia social, con los incesantes ruidos de la gran metrópoli, donde Luciana se mueve de aquí para allá, haciendo todo tipo de trabajos, a cual más miserable y desastroso, con multitud de problemas, como repartir propaganda vestida de pollo, de niñera recogiendo unos niños idiotas que la odian, sólo algunos de los empleos míseros que pululan para los más desfavorecidos, para todos aquellos que tienen que andar escondiéndose de la ley, para aquellos que vivir se ha convertido en un desagradable deambular. Luego, en la segunda mitad, y con un gran acierto del ritmo y la construcción dramática de la historia y su personaje, el ruido va cesando para penetrar en otro mundo, en esos lugares que se escapan de las miradas ajenas, esos espacios miserables y oscuros, donde siempre hay que bajar escaleras, e introducirse en lugares sin ventanas, donde la vida parece detenida, y nada ni nadie parece saber lo que ocurre entre esas paredes alejadas de la vista de todos.

Asensio logra con lo mínimo lo máximo, y seguimos con Luciana, sabiendo en todo momento lo único que ella sabe, sufriendo y angustiándonos con el personaje, su ansiedad y miedo que se van apoderando de ella a medida que va descendiendo a su infierno particular, a esa fiesta que no parece como tal, y siendo víctima, sin quererlo, todo por el maldito dinero, de un juego macabro y mortífero, para satisfacer a una minoría elitista y podrida de dinero que satisface sus deseos más oscuros y terroríficos explotando a los invisibles, a todos aquellos sin recursos que, sin saberlo, son capaces de aventurarse en juegos siniestros para seguir sobreviviendo en una ciudad aparentemente llena de luz, pero que bajo la alfombra oculta mucha oscuridad y miseria. Asensio ha logrado una película extraordinaria, que mantiene un increíble pulso narrativo, manteniéndonos en una tensión constante, con la ayuda de la crudeza y el grano que ofrece el Súper 16, obra del camarógrafo Noah Greenberg, en el que los espacios subterráneos adquieren una dimensión de constante peligro y terror, como ese sótano sin aire que respirar, en el que Luciana espera, nerviosa y muerta de miedo, su turno, con las miradas fijas en esa puerta y en los ruidos que salen de ella, mientras escuchamos esos sonidos, con espíritu vanguardista e industrial, que aún acrecienta la soledad, la angustia y el temor que recorre cada poro de su cuerpo.

La directora madrileña recoge el testigo de grandes autores como el espíritu independiente y revolucionario del cine de Cassavetes (el maestro del cine indie y referente de tantos) o los Baumbach, Anderson o Arnold, que describen con minuciosidad los detalles y la complejidad de sus personajes, explorando con precisión voyeurista los entresijos que experimentan sus criaturas en sus trabajos de carácter resistente y a contracorriente, sin olvidarnos de la película 4 meses, 3 semanas y 2 días, de Cristian Mungiu, con la que guarda muchos aspectos, tantos formales como de fondo, en el que también se describía las horribles vicisitudes que pasaban dos chicas en la Rumanía ochentera de Ceaucescu. Most beautiful island es una película excelente y con gran tensión narrativa, que alumbra la mirada de Ana Asensio como una directora a tener muy en cuenta en sus próximos trabajos, con una gran capacidad para focalizar desde la intimidad los problemas de los más desfavorecidos del primer mundo, penetrándonos en ese mundo alejado de los escaparates de grandes avenidas, de fiestas sin fin y demás excesos. Aquí se habla de aquellos que no se ven o no queremos ver, de aquellos que corren sin descanso a la caza de un mísero trabajo para seguir no se sabe dónde, aquellos que podríamos ser nosotros en algún momento de nuestras vidas.

Morir, de Fernando Franco

EL AMOR ENFERMO.

“El amor es exigente”.

Tanto el arranque como el cierre de la película, filmados en los mismos escenarios, indican de forma necesaria y ejemplar el camino tortuoso y brutal que sigue ella, Marta, la mujer de este relato, donde la trama se posará para contarnos, a través de su mirada inquieta y rota, este drama que casi podríamos hablar de drama otoñal, porque los cielos grises y nublados del norte acapararán no sólo el ambiente donde se desarrollan los acontecimientos, sino el ánimo de sus dos personajes. Porque la cinta nos cuenta un año en la vida, o podríamos añadir, la no vida, o la despedida de Luis, novio de Marta, que sufre una enfermedad terminal. Después de someternos a la existencia de Ana, la enferma de TLP que se hacía daño a ella y a todos los de su entorno, en un durísimo drama sobre las consecuencias de las depresiones y la ansiedad, en La herida (2013), interesante debut de Fernando Franco (Sevilla, 1976) como director después de una larga trayectoria como montador, en los que ha trabajado en títulos de Armendáriz, Berger, Sorogoyen o Ángel Santos, entre muchos otros.

Franco vuelve a sumergirnos en un durísimo drama de andamiaje sobrio, cocido a fuego lento, y contenido sobre dos personajes, el enfermo y su cuidadora, mientras su amor libre de ataduras y emocionante, se ve sometido a este duro camino, donde resucitarán los miedos e inseguridades, no sólo de cada uno, sino del amor que sienten. Un enfermo que se esconde de los demás, que le cuesta aceptar su enfermedad y deterioro, y una compañera, que deberá asumir la voz y la palabra del sufrimiento, mintiendo a los demás, haciendo ver que el problema que viven, no les afecta a ellos. Franco y su coguionista Coral Cruz (que firmó la adaptación de Incerta glòria) se inspiran en la novela corta de Arthur Schnitzler para envolvernos en un drama íntimo, que se desarrolla casi en la totalidad de cuatro paredes, el piso de la ciudad y la casa junto al mar de las vacaciones otoñales, donde aflorarán las mentiras, la culpa y el miedo, en unos personajes que lidian como pueden ante la adversidad de la enfermedad, ante la fractura de su vida, ante ese amor que no pueden retener y tienen que despedir.

La luz tenue y desnuda, con tonos opacos y muy suaves de Santiago Racaj ayuda a crear ese paisaje frío de dolor y silencio que se ha instalado en sus vidas, unas vidas que ya no tienen futuro ni proyectos, sino instaladas, muy a su pesar, en un continuo enfrentamiento con la enfermedad en este peculiar y doloroso descenso a los infiernos cotidiano, que casi podemos sentir y tocar, como si estuviéramos presentes en las habitaciones del piso, el hospital o esa casa junto al mar, excelentemente confeccionadas por el arte de Miguel Ángel Rebollo, que dota a las estancias de esa frialdad incómoda y automatizada que se ha quedado en estas vidas. Franco acota su película en un año, 365 días en la que seremos testigos de ese tiempo enfermo, en el que plantea su película desde la mirada observadora, el cineasta que mira y filma con detalle y tiempo su película, sin caer nunca en ningún sentimentalismo ni excesiva empatía con sus espectadores, aquí todo sucede en un tempo candente, todo sucede sin sobresaltos, como si la enfermedad hubiese contaminado no sólo su alrededor, sino a ellos mismos, como si hubiese penetrado en su espíritu y ahora tuviesen que arrastrarlo con mucha dificultad y sufrimiento.

Las contadas localizaciones exteriores de la película, enfatizan aún más si cabe, el deterioro de los personajes, sumiéndolos en un entorno agreste y rocoso, como sucede con los exteriores urbanos, donde Marta encuentra esos espacios ajenos a ella, pero necesarios para disfrutar de un leve alivio ante lo que le espera en su hogar, que además describen su interior, esa rotura del alma que debe vivir esta enfermedad que va a transformar sus vidas, y ya nada volverá a ser igual. Franco instala su cámara en esa enfermedad contada como un diario, con sus horas, minutos y segundos, donde parece que el tiempo no existe, sólo el tiempo entre inyecciones, desesperaciones y la terrible agonía, acercándose en forma y planteamientos a Elena, de Andrei Zvyagintsev o Amor, de Haneke,  sendos dramas muy sobrios de perfecta ejecución formal y emocional, donde la distancia y la prudencia emocional revisten las experiencias en emocionantes sin ser emotivas, y en capturar la intimidad, lo que queda tras la puerta, de esas frágiles vidas que se van lentamente.

La admirable composición de la pareja protagonista, que vuelven a trabajar con Franco después de La herida, unos contenidos y sobrios Marian Álvarez que vuelve a enfundarse un personaje difícil y doloroso que tiene que lidiar con un novio enfermo que no pone las cosas fáciles, sino todo lo contrario, inventarse un sufrimiento frente a los demás, y sobrevivir al que tiene en casa, y a su lado, Andrés Gertrudix como el enfermo, sacando esa decrepitud y desaliento que le exige un personaje que se oculta tras su pareja, ese amor resquebrajado, ausente y enfermo que le ayuda a no sentirse sólo, aunque esto a veces no resulte lo más apropiado. Franco lo ha vuelto a hacer, nos ha sumergido en una película compleja, que se dirige a todos nosotros, desde la sinceridad, adoptando un tono serio y ajustado, donde todo respira en su tempo, donde las cosas suceden de forma sencilla y austera, centrándonos en un amor que deviene en otra forma de amar, en otra forma de sentir, y sobre todo, en otra forma de cuidar y a pesar de todo, continuar escuchando el leve aliento de tu amor que se va perdiendo, cada día un poco más…


<p><a href=”https://vimeo.com/231870512″>MORIR_TRAILER_INTERNET_PRORESHQ_5.1_25_</a&gt; from <a href=”https://vimeo.com/kowalskifims”>Kowalski Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Maria Pérez

Entrevista a Maria Pérez, directora de “Malpartida Fluxus Village”. El encuentro tuvo lugar el viernes 19 de mayo de 2017, en el patio de la Virreina Centre de la Imatge de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria Pérez,  por su tiempo, generosidad y cariño, y al equipo de la Virreina Centre de la Imatge, por su amabilidad, paciencia, y atención.