Las salvajes en Puente San Gil, de Antoni Ribas

ESA ESPAÑA PRIMITIVA Y SALVAJE.

“(…) España cañí y España troglodita. España anémica y España analógica. España patriotera y refranera y coplera y emigrante. España de camareros y apostadores de la quiniela. España de mantilla y cabra legionaria. España de jugadores de mus y ciclistas domingueros. España de ladrones y señoritos juerguistas y patrones de yate. España del día de la banderita y los arcos de triunfo y del mondadientes para entresacarse de las muelas los paluegos y/o restos de comida. (…)”

(De la novela Pequeñas mujeres rojas, de Marta Sanz)

La compañía de revistas de Palmira Imperio llega al pueblo de Puente San Gil, con todo el papel vendido para las tres funciones, aunque le preceden los escándalos que han sufrido en el pueblo colindante de Pozoverde, razón por la que las mojigatas defensoras de la moral interceden con las fuerzas vivas del pueblo, entre ellas las del cura, para que suspendan la función, y lo consiguen. Las mujeres de la compañía deciden salir a conocer la localidad, otras, se quedan en el teatro echando un mus. Antoni Ribas (Barcelona, 1935 – Barcelona, 2007) licenciado en derecho y económicas, arrancó en el mundo del cine desde abajo, pasando por todos los escalafones, llegando a ser ayudante de dirección de Rafael Gil, de Antoni Isasi-Isasmendi en Tierra de todos, o con Luis García Berlanga en Plácido. Las salvajes en Puente San Gil es su opera prima, basada en la obra de teatro homónima de José Martín Recuerda, basada en hechos reales, que ya tuvo problemas por su contenido cuando se estrenó en las tablas.

Ribas fundó su productora Montornés Films y en 1966 se puso manos a la obra para trasladar al cine un relato sobre la España profunda, sobre esa España oscura y negra, primitiva y salvaje, en que la llegada de las mujeres de la compañía desata el furor y la sangre contenida y represiva. Ribas arranca su película con una especie de prólogo donde vemos a Don Edelmiro, el dueño del teatro-cine del pueblo, intentando conseguir un vehículo para los artistas, conocemos a Rosa, una joven desamparada que mantiene relaciones con Juan, empleado de Edelmiro. Después de eso, donde se muestra la realidad del pueblo, pasamos a la compañía, que viaja en el tren, con sus reivindicaciones salariales y los problemas que arrastran del último pueblo donde actuaron. Mientras, están siendo acosadas por un grupo de jóvenes desde la carretera, situación que se hará más patente cuando llegan a la estación, su camino al pueblo y la llegada, con esa algarabía de muchachos, sedientos de carne fresca que apabulla a las mujeres en todo momento.

Ribas no deja títere con cabeza, atiza con fuerza a todo y todos, empezando por esa muchedumbre joven y masculina enaltecida por la mujer, una jauría impredecible y difícil de sujetar, como algunos, que van de pueblo en pueblo, intentando camelarse a alguna de las mujeres. También, recibe la iglesia, en forma de ese párroco conciliador del inicio, para luego pasar a esa autoridad represora y vencida por la moral, posicionándose a favor de la autoridad, que se interpone ante las mujeres. Y los habitantes del pueblo, como el dueño de la pensión, que se niega a hospedar a los artistas, ya que los acusa del escándalo de Pozoverde. Ribas opta por mirar y denunciar la injusticia contra las artistas,  mostrando la humanidad y la fraternidad que reina entre las mujeres artistas, con sus pequeñas rencillas, que se ven acusadas injustamente,  solo por el mero hecho de tener una vida diferente y alejada de esa terrible moral católica, se convierten en el punto de mira de los problemas que ocasionan los jóvenes, y en la excusa perfecta para mitigar las acciones de esos jóvenes delincuentes. El director barcelonés acota su película en un solo día, un sábado cualquiera o quizás un sábado en el que los vecinos de puente San Gil, sobre todo, los hombres del pueblo y colindantes, tienen toros por la tarde y revista por la noche.

Iremos conociendo la realidad de los personajes a medida que van avanzando los sucesos de forma sutil y honesta, como la citada Rosa, una mujer encerrada en cuatro paredes que aprovecha la visita de los artistas para encaramarse en su troupe y salir de ese lugar tan siniestro, o las diferentes situaciones de las artistas, como la “chica del tamouré” que será expulsada de la compañía ya que la hacen responsable de cierta desaparición de dinero de un vecino de Pozoverde, y vagará por el pueblo hasta encontrarse con un grupo de jóvenes que la adoptan como suya, u otras realidades de la compañía, que vagan por esos caminos de Dios sin más esperanza que la de sentirse artistas por unos momentos y cobrar en algún momento, y lidiar con esa algarabía de jóvenes sedientes de carne, una dura realidad que también se mostraba en películas como Luces de varieté (1950), de Federico Fellini y Alberto Lattuada, o Cómicos (1954), de Juan Antonio Bardem.

Ribas impone un fuerte ritmo a su película-retrato-denuncia, sus personajes no cesan de moverse de un lugar a otro, con ese blanco y negro enfermizo y tenue, que además resalta esa situación social, económica y cultural que se vivía en un país azotado por la miseria moral y física, donde la falta de libertades en todos los ámbitos, provocaba situaciones tremendas como las que viven las mujeres en la película, continuamente acosadas y vilipendiadas. Ribas consigue transmitir ese aroma de pérdida y tristeza tan instalada en esos pueblos de la España profunda, donde los personajes viven encerrados en su trabajo y en sus vidas tan lúgubres, sin más esperanza que el sábado de toros y revista, confundiendo los sueños con enamorar a una de las mujeres de fuera para embellecer miserablemente ese sábado. El director catalán se refleja en esos espejos de Nunca pasa nada (1963), nuevamente de Bardem, o El Extraño viaje (1964), de Fernando Fernán-Gómez, donde la llegada de los artistas alimentaba las esperanzas a muchos pueblerinos que ansiaban con abandonar el pueblo católico, pobre y miserable, en el que todo estaba ya hecho.

El ramillete de intérpretes ayuda a que la película esté viva y emane naturalidad y sinceridad, empezando por ese Don Edelmiro al que da vida Valentín Tornos (que conseguiría una popularidad enorme en la televisión de los setenta siendo don Cicuta en el Un, dos, tres… responda otra vez) le sigue Elene María Tejero como Rosa, con esa inocencia y libertad tan reprimida, y su amor del pueblo Juan al que interpreta Luis Marín, el pobre diablo que aspira a una vida mejor pero no sabe cómo,  el cura que no es otro que el insigne Adolfo Marsillach, ejemplar en ese defensor de la moral que quiere ayudar a todos, las vedette Carmen de Lirio como Asunción o Trini Alonso, la Palmira Imperio, que va a necesitar de mucha ayuda para que nada malo suceda. Rosanna Yanni como la primera artista, las alegres y divertidas, María Silva y unas jovencísimas Marisa Paredes y Teresa Hurtado, la hecha palante Vicky Lagos, y la decidida Charo Soriano, la expulsada del paraíso Nuria Torray, y Jesús Guzmán, marido de una de las chicas y defensor a ultranza, dispuesta a partirse la cara con quién sea. Ribas tuvo una carrera desigual con dramas históricos como La ciudad quemada o Victoria, de la que hizo dos secuelas, con películas más comerciales como Palabras de amor o El primer torero porno, o producciones internacionales como Dalí Tierra de cañones, entre otras. Quizás sea Las salvajes en puente San Gil, su película más conseguida, mejor realizada y más personal, lanzando esa mirada hacia esa parte oscura, tradicionalista y conservadora de un país sumido en la oscuridad y la represión. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Hogar, de Àlex y David Pastor

LA VIDA QUE TE MERECES.

“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”

Voltaire

La película arranca de forma imaginativa y arrolladora, con ese anuncio que evidencia los valores materialistas del protagonista. Empezando por su lujoso automóvil, la casa enorme con piscina, la esposa encantadora y el hijo obediente. Una vida perfecta, una vida basada en lo material. Una vida de pura apariencia. Una vida ficticia que la publicidad se encarga de imponer como norma, a través de ese ansiado tesoro que nos hará a todos bellos y felices. Una vida soñada para muchos y al alcance de muy pocos. Ante este prólogo donde conocemos el interior de la personalidad de Javier, un tipo que ha perdido su empleo y no logra colocarse de nuevo en la publicidad. Javier tendrá que dejar su lujoso piso en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, y trasladarse junto a su mujer, Marga, que se dedicará al servicio de limpieza, y su hijo, un niño acosado en el colegio. Ante este panorama, la vida de Javier se desmorona y tiene que empezar de cero. Pero, por azar, consigue la llave de su antiguo hogar y entra en él a escondidas y sueña con esa vida que ya no tiene.

La tercera película de los hermanos Àlex (Barcelona, 1981) y David Pastor (Barcelona, 1978) después de años dedicados al entretenimiento estadounidense, es un salto adelante en su filmografía, dejando de lado las aventuras de ciencia-ficción que poblaron sus dos primeras películas, Infectados (2009) filmada en EE.UU., nos hablaba de una pandemia que dejaba a los habitantes del planeta sumidos en el caos y en la supervivencia, y Los últimos días (2013) rodada en España, imaginaban una extraña enfermedad que confinaba bajo tierra a la población, mezclada con la misión de un joven que quiere reencontrarse con su novia desparecida. Dos muestras interesantes y desiguales en los que los hermanos Pastor ya trataban muchos de sus temas preferidos: el deseo, la ambición y la locura, a través de las relaciones humanas y la compleja convivencia en situaciones extremas. Javier, el protagonista de Hogar, no anda muy desencaminado de aquellos otros personajes de los Pastor, ya que debe enfrentarse a una situación hostil, ya que ha perdido todo lo que tenía y hará lo imposible por recuperarlo, utilizando todas las energías que tenga a su alcance.

Los directores barceloneses enmarcan su relato en un profundo e intenso thriller psicológico, que tiene mucho que ver con los que hace Oriol Paulo, en el que Javier vuelve al lugar que él considera que pertenece y empezará a urdir un plan diabólico para arrebatar esa vida que desea. Conocerá y entablará una relación con los nuevos inquilinos de su ex casa, el matrimonio formado por Tomás y Lara, y su pequeña hija. Javier indagará en sus puntos débiles, como la rehabilitación de Tomás para superar sus problemas con el alcohol. Javier es ese “Intruso destructor”, término que empleaban Jordi Balló y Xavier Pérez, en la La semilla inmortal, su magnífico libro sobre los temas universales del cine. Ese intruso que parece amigo y buen tipo, pero en el fondo desea lo tuyo, expulsarte de tu vida para colocarse él. Hogar tiene esa textura de thriller para también hablarnos de forma intensa y honesta sobre los inexistentes valores que emanan en la sociedad actual, donde lo material ha expulsado a lo humano, que la felicidad se ha vestido de lujo y dinero.

El guión de los Pastor avanza linealmente, como los buenos thrillers siempre desde la mirada de Javier, ese malvado protagonista, que como solía decir Hitchcock, los Pastor dejan bien claro su maldad desde el primer momento, y la película anda en la tesitura de lo conseguirá o no. Pero no solo se queda ahí, Javier encontrará piedras en el camino, bien urgidas y filmadas, como la aparición de ese jardinero que le traerá alguna que otra sorpresa al protagonista. Los Pastor enmarcan su película con una imagen sofisticada y oscura, muy inquietante, obra de Pau Castejón, filmando en esa Barcelona alejada de los lugares comunes, revistiendo de cuento de terror urbano, social y doméstico. Bien acompaña por la partitura sutil y sobria de Lucas Vidal (que al igual que hizo en otro cuento de terror íntimo como Mientras duermes, de Balagueró, atrapa desde el detalle y el horror más cercano) y el montaje suave e incisivo de Martí Roca, que vuelve a ponerse a las órdenes de los Pastor después de Los últimos días.

Una película de espejos deformantes y vidas dobles, basada en continuos reflejos de apariencias y bienestar neoliberal no debe de faltar un buen plantel de intérpretes que consigan dar vida a toda esa complejidad emocional que irradia durante la película. Hogar descansa en la extraordinaria composición de Javier Gutiérrez, un actor con una inmensa capacidad para enfundarse en los tipos más intensos y humanos, como ya demostró, entre otras, en El autor, donde su Álvaro, el escritor a la caza de un tema para su novela, podría ser un sosías muy cercano de este Javier maquiavélico, ya que, al igual que el otro, también utiliza a los demás para sus propósitos personales. A su lado, en roles más secundarios, encontramos a un correcto e interesante Mario Casas, como el tipo intentando redimirse de su adicción que encuentra un amigo en Javier que resulta que no lo es tal, y las dos magníficas mujeres de la función, Bruna Cusí, que vuelve a demostrar que necesita muy poco para enfundarse en la piel de Lara, esa mujer que tiene muchas batallas delante y quizás, no atenderá a la más importante, y Ruth Díaz, que a base de detalles y suspicacia, logra transmitir verdad en su personaje de Marga, la esposa de Javier en la sombra. Los Pastor han vuelto al largometraje con una película bien planteada y profunda, un excelente ejercicio de thriller psicológico que ahonda en el vacío de los valores de una sociedad sumida en la decadencia, totalmente desorientada y obsesionada con lo fútil y lo material. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de fuera que me emocionó en el 2019

El año cinematográfico del 2019 ha bajado el telón. Trescientos sesenta y cinco días de cine han dado mucho y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido únicamente obedece al orden de visionado por mi parte)

1.- BORDER, de Ali Abbasi

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2.- LA FAVORITA, de Yorgos Lanthimos

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3.- EL BLUES DE BEALE STREET, de Barry Jenkins

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4.- CAFARNAÚM, de Nadine Labaki

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5.- MAYA, de Mia Hansen-Love

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6.- LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE, de Bi Gan

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7.- LETO, de Kirill Serebrennikov

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8.- LA PORTUGUESA, de Rita Azevedo Gomes

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9.- AN ELEPHANT SITTING STILL, de Hu Bo

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10.- LOS HERMANOS SISTERS, de Jacques Audiard

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11.- LA CENIZA ES EL BLANCO MÁS PURO, de Jia Zhang-ke

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12.- NUESTRO TIEMPO, de Carlos Reygadas

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13.- AQUARELA, de Victor Kossakovsky

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14.- ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD, de Quentin Tarantino

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15.- HASTA SIEMPRE, HIJO MÍO, de Wang Xiaoshuai

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16.- RAY & LIZ, de Richard Billingham

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17.- AMAZING GRACE, de Sydney Pollack y Alan Elliot

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18.- RETRATO DE MUJER EN LLAMAS, de Céline Sciamma

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19.- JOKER, de Todd Phillips

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20.- PRIMERAS SOLEDADES, de Claire Simon

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21.- PARÁSITOS, de Bong Joon Ho

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22.- EL IRLANDÉS, de Martin Scorsese

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23.- EL JOVEN AHMED, de Jean-Pierre y Luc Dardenne

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24.- UNA GRAN MUJER, de Kantemir Balagov

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Presentación dvd de “Vida en sombras”, de Llorenç Llobet-Gràcia

Presentación del dvd de la película “Vida en sombras”, de Llorenç Llobet-Gràcia, con la presencia de Mariona Bruzzo (directora del Centre de Conservació i Restauració) Ferran Alberich (responsable de la Restauració de “Vida en sombras”) Elisenda Triadó (editora de Intermedio) y Jaume Pujadas (director del documental “El cor del pi negre”) en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el viernes 15 de junio de 2018

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mariona Bruzzo, Ferran alberich, Elisenda Triadó y Jaume Pujadas, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Las letras de Jordi, de Maider Fernández Iriarte

(RE) ENCONTRARSE CON EL OTRO.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos”

Thich Nhat Hanh

Todo arrancó como un proyecto en el Máster de documental de creación de la Pompeu Fabra en Barcelona, en un momento en que Maider Fernández Iriarte (Donostia, 1988) atravesaba una experiencia personal muy profunda sobre la fe, que le llevó a conocer a Jordi, un tipo de mediana edad con parálisis cerebral que le impide hablar. De aquellos encuentros nació una película, Las letras de Jordi, en la cual Maider y Jordi se comunican mediante una tabla de cartón, recubierta de plástico, en las que hay escritas las letras del abecedario. Jordi va señalando las letras y Maider las va diciendo en voz alta, en un acto íntimo, de generosidad, de abrirse al otro, y sobre todo, un acto de amor, donde el tiempo se detiene, donde la comunicación lo llena todo, donde las palabras adquieren un peso enorme, donde el diálogo se viste de paciencia y muchísima concentración.

La opera prima de Fernández Iriarte tiene mucho que ver con sus anteriores trabajos, películas cortas en las que indagaba también en la relación con el otro, los más cercanos, mediante las imágenes, donde primaba una intimidad profunda y cálida. Si bien Jordi era un desconocido al que empezó a retratar y a entender mediante su forma de comunicarse, la película aborda lo íntimo y aquello que se va construyendo mediante el encuentro con el otro, el intimísimo intercambio de palabras, el mirarse y reconocerse en el valor inmenso de las palabras, aunque no sean dichas por Jordi, pero que resuenan en el alma del otro, en ese gesto humano, podríamos decir espiritual, donde el tiempo se detiene, deja de existir, y el pequeño espacio, la habitación de Jordi en la residencia donde vive, se convierte en algo especial, en un lugar donde la comunicación vive y acerca a dos personas que hacen el esfuerzo de dialogar pese a las dificultades, de ese mágico encuentro que es comunicarse, entenderse y abrirnos al otro.

La directora vasca coloca la cámara que actúa como testigo de su encuentro con Jordi, una cámara quieta, una cámara imperceptible en casi toda la película, que está ahí, pero no intercede, no guía a los espectadores, solo capta ese instante, el del encuentro entre Jordi y Maider. Una cámara-mirada que cambiará de ángulo en las diferentes secuencias-encuentros de Jordi y Maider, casi siempre en la residencia, pero también en algún que otro instante en el domicilio de los padres de Jordi, o las secuencias del viaje a Lourdes de Jordi (como nos retrataba la película Hospitalarios) un ser vital, lleno de alegría, que ha perdido el contacto con Dios, que no sabe si volverá a recuperar, como refleja ese maravilloso instante cuando Jordi ve en su monitor La canción de Bernadette, la clásica película hollywodiense que capta la aparición de la Virgen a la joven francesa en Lourdes. O el sutil y sentido montaje obra de la cineasta Virginia García del Pino, y el sonido de Amanda Villavieja, otro nombre importantísimo en este cine de las emociones e historias profundas, dos elementos capitales en este relato-retrato que cose con pausa la película.

Aunque quizás el instante más emocionante sea cuando Maider, de vacaciones en su tierra, llama por teléfono a Jordi y en un magnífico plano quieto, asistimos a la conversación en el que escuchamos la alegría de Jordi, su entusiasmo por escuchar las palabras de Maider, donde la película trasciende su marco cinematográfico para elevarse mucho más allá, para convertirse en un canto a la vida y al amor, a consumar la importancia vital y esencial de la comunicación como el hecho fundamental con el otro, en el que la tabla de cartón, por la que se comunica Jordi, deja de ser el medio imprescindible pasando a ser un objeto ausente, porque Jordi y Maider ya han llegado a ese momento tan especial en el que las palabras dejan espacio a las emociones y a lo que nos bulle en nuestro interior, cuando nos reflejamos en el otro, nos sentimos parte del otro, en una comunicación muy emocionante y espiritual.

Fernández Iriarte ha construido una película magnífica y envolvente, a través de una sencillez expositiva y transparente, en la que reivindica y constata la comunicación como un acto de fe, de generosidad y de paciencia, a través de la voluntad de entendimiento, de verse en el otro, de detenerse, de la espera y sobre todo, de la riqueza del otro, de escucharle detenidamente, sin prisas, ni condescendencias, solo concentrando captando lo que el otro quiere explicarnos, atentos a este maravilloso instante cuando el mundo deja de existir, y estamos profundamente concentrados en aquello que viene del interior del otro, de sus palabras, de las letras de Jordi, esas letras que se convierten en otra cosa, adquiriendo todo su significado cuando Maider las entiende y captura con su cámara ese inolvidable instante donde todo adquiere su verdadero significado y valor, donde la palabra vuela hacia el otro, y el otro, la recoge y la entiende, y entiende al otro, en un gesto no solo de comunicación, sino en un gesto que tiene que ver con el hecho de vivir y amar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/315449564″>Trailer LAS LETRAS DE JORDI / JORDI’S LETTERS VOSE</a> from <a href=”https://vimeo.com/srsra”>Sr.&amp;Sra.</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Y llovieron pájaros, de Louise Archambault

EL OASIS DE LOS RESISTENTES. 

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”

(De Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes)

No es nada habitual, desgraciadamente, encontrarnos con películas que aborden los conflictos de la gente madura, en contadas ocasiones nos topamos con retratos del calado como los de En el séptimo cielo, de Andreas Dresen,  Amor, de Haneke, A propósito de Scmidt, y Nebraska, ambas de Alexander Payne, por citar algunas de las más relevantes de los últimos años. Parece ser que la última etapa de la vida no despierta inquietudes o reflexiones a los cineastas actuales. La directora Louis Archambault (Montreal, Cánada, 1970) llegó con fuerza e intensidad a nuestras pantallas con Gabrielle (2013) su segunda película, en la que abordaba de forma íntima y transparente las vicisitudes de una joven con una rara enfermedad, el “síndrome de Williams”, que luchaba contra su entorno para conseguir su libertad e independencia personal.

Su tercer trabajo, Y llovieron pájaros, basada en la novela homónima de Joelyne Saucier, vuelve a centrarse en la libertad personal e individual, pero en este caso se trata de un trío de ancianos que han dejado sus vidas y circunstancias en la sociedad y se han instalado en los bosques de Abitibi, en cabañas de madera y rodeados de un inmenso lago. Aunque la película va mucho más allá de la intención de retratar a este trío alejados de todos y todo, porque ahonda en temas como el peso del pasado, la existencia como camino de deambular o huida, en este caso el bosque, o la redención a través del arte, la pintura. Porque la vida apacible de los tres ancianos se ve alterada por la muerte de uno de ellos, y la posterior visita de una anciana que anda perdida después del fallecimiento de su esposo, y aun más, la de otra visita, una joven fotógrafa que busca al fallecido y su tremebunda historia para documentarla, la de unos incendios que asolaron la zona en el pasado.

La directora canadiense vuelve a hacer gala de una mirada exquisita y sensible a la hora de adentrarse en el paisaje natural y las interiores cotidianas de la vida en el bosque, capturando de forma reposada y suave las vidas de estos tres ancianos, hablándonos de su pasado, su presente y ese incierto futuro, en el que, entre otras cosas, se avecinan nuevos incendios y la hostilidad de las leyes y demás. Unas personas en las que la tranquilidad y la pausa se han convertido en motor de sus existencias, en el remanso de paz y recuerdos en el que viven, como si se hubiesen impermeabilizado de una sociedad desigual, injusta y deshumanizada, y hubieran encontrado esa paz buscada y alejada de tanta ingratitud y sin sentido, almacenando su memoria y guardando su dolor. Las visitas inesperadas les harán reabrir heridas pasadas y deberán enfrentarse a ellas, mirándose en ese espejo de la memoria que tenemos todos guardado en algún lugar de nuestra alma.

Archambault nos habla de la vida, de sus quehaceres diarios y también, de sus gestos cotidianos, de la amistad como forma de conciencia humana, incluso social, atreviéndose a plantear ciertos conflictos en los que el compañerismo y la fraternidad se muestran y enfrentan debido a las distintas formas de ver y experimentar las diversas situaciones que plantea la película, como la actitud ante los extraños, la despedida de la vida, o la relación con la memoria incómoda y dolorosa, también, nos habla de amor, del amor maduro, de ese amor inesperado, libre y profundo, mostrando los cuerpos mayores, con sus grietas y arrugas vitales que el tiempo ha marcado y señalado, en una de las más bellas y sentidas secuencias de amor y sexo que hemos visto en la pantalla desde En el séptimo cielo, mostrando la belleza de los cuerpos envejecidos amándose libremente y sin prejuicios. La exquisita y maravillosa luz del cinematógrafo Mathieu Laverdière, que baña con esa luz cálida y natural el bosque, la cabaña y los rostros de los ancianos, convirtiéndolos en esas figuras fantasmales, apartadas y en vías de extinción.

Una historia de esta sensibilidad y humanidad necesitaba de un gran reparto para dar vidas a estos ancianos y sus complejas circunstancias, encabezados por Andrée Lachapelle como Gertrude, Gilbert Sicotte y Rémy Girard (uno de los actores fetiche de Arcand en sus inolvidables El declive del imperio americano y Las invasiones bárbaras) dan vida a esos ancianos retirados que viven en consonancia con la naturaleza y sus recuerdos, y los jóvenes Rafaëlle, a la que interpreta Eve Landry, esa fotógrafa que viene a desenterrar ese pasado que los ancianos no quieren remover, y finalmente, Éric Robidoux como Steve, que regenta un pequeño hotel en el bosque y conoce a los ancianos, que respeta y venera. Archambault ha construido una película muy intensa y profunda sobre esas cosas que nos hacen vivir en plenitud y relacionarnos con nosotros mismos, observándonos y observando el paisaje del bosque y el lago, dejándonos llevar por su belleza y quietud, perdiéndonos en el infinito y relacionándonos con aquello que habíamos olvidado y abandonado, como una forma de vuelta a nuestros orígenes ancestrales y permitiéndonos vivir el tiempo que nos queda rodeados de la vida y el amor que nos profesamos y nos profesan sin más, tranquilos y bañándonos al amanecer desnudos, cantando viejas baladas alrededor del fuego, compartiendo una comida con amigos entre risas y confidencias, o simplemente, sentados cómodamente frente al lago, mientras asistimos atónitos a la belleza de un atardecer despidiendo un nuevo día, una nueva oportunidad, un nueva experiencia… JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jaume Plensa

Entrevista al escultor Jaume Plensa, con motivo de la “Carta blanca” que le dedica la Filmoteca de Catalunya, en la sede de la institución en Barcelona, el jueve 5 de marzo de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jaume Plensa, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Invisibles, de Gracia Querejeta

PASEANDO CON LAS AMIGAS.

“Gracia, aún no lo sabes, pero llega un día en que te vuelves invisible para los hombres”

(Mercedes Sampietro a Gracia Querejeta durante el rodaje de Cuando vuelvas a mi lado)

Tres amigas quedan todos los jueves para pasear en un parque céntrico de la ciudad donde residen. Un paseo para estirar las piernas, contarse las semanas, y hablar del tiempo, o quizás, para contarse algo más personal y profundo, para hablar de frente, de sus cosas, de sus miedos, de sus problemas, de aquello que ocultan, lo que se guardan para ellas. El noveno trabajo tras la cámara de Gracia Querejeta (Madrid, 1962) se desmarca en cierta manera de sus trabajos anteriores, no en el sentido de relatos íntimos y agrupados en entornos familiares, porque en Invisibles, sigue habiendo cercanía e intimidades, sino en el despojo de contar sus reflexiones a través de otros.

En su nueva película, la directora madrileña nos habla de sí misma, sin intermediarios, de manera clara y transparente, de todas esas cosas que le rondan el alma, a través de tres mujeres que bordean o traspasan la cincuentena, tres mujeres de su misma edad y tres mujeres con sus mismas inquietudes, miedos y problemas. Julia es una profesora de mates, que anda metida en un matrimonio largo que ya no le entusiasma, como tampoco su trabajo, además, el acoso a una alumna introvertida le inquietará y la convertirá en más esquiva de lo que es. Elsa es una ejecutiva de armas tomar, atraída por su jefe lanza el cebo para llevárselo a la cama, es de esas mujeres que todavía se siente atractiva y deseada por los hombres, aunque quizás, ya no tanto, cosa que tampoco quiere admitir. Y por último, Amelia, metida en una relación en la que tiene que lidiar con la borde de la hija de su pareja, que le hace la vida imposible y le pone mil trabas para que se acabe la relación.

En esos jueves que Querejeta acota su película, y más concretamente, en las primeras horas de los jueves, en esos par de meses, arrancando el jueves 7 de marzo, caminaremos con estas tres mujeres, conoceremos sus vidas personales e intransferibles, y paso a paso, iremos escuchándolas y descubriendo aquello que ocultan en su interior, sus días, sus problemas, sus miedos sobre el peso de la edad, a la “invisibilidad” a la que se refiere el título, los problemas laborales, los de pareja, los cambios físicos, el amor, la soledad, el sexo, o la amistad, y demás cuestiones que la película aborda desde su maravillosa transparencia, apoyado en un inmenso y sencillo guión firmado por Antonio Mercero (habitual colaborador de Querejeta) y la propia directora, con una luz natural y penetrante que realiza Juan Carlos Gómez, otro cómplice habitual de Querejeta, y el montaje armónico y suave que firma Leyre Alonso, otro nombre de la factory Querejeta.

En ese caminar de los jueves por ese parque tranquilo y alejado de todos y todo, incluso de sus propias experiencias personales, se va convirtiendo en un espejo en el que reflejar todas las miserias y preocupaciones de sus vidas con las amigas confidentes, las que siempre te escucharán y estarán, o al menos por ahora, porque también aparecerá Mara, la amiga deprimida que cambia radical de vida y también, de “amigas”. Querejeta ha construido su película más sencilla y reposada a nivel formal, peor la más ambiciosa y compleja a nivel argumental, en el que el relato empieza suave y acabe encontrando su verdadero espíritu en la palabra, convertida aquí en la pieza fundamental de la película, una palabra vehicular en la que las amigas se irán descubriendo, abriéndose y contando y contándose todo aquello que anida en lo más profundo de sus almas, con ese aroma cercano de las películas de Bergman, Altman o Woody Allen, donde a través de la palabra y el (des) encuentro vamos conociendo lo que se cuece en el espíritu de unas almas solitarias, desesperanzadas y medio alegres o medio tristes, quizás como todos a esas edades.

Y si el magnífico e intenso guión es una pieza capital en el relato, las maravillosas interpretaciones de las tres actrices es la otra mitad de este estupendo y sensible juego de espejos, confidencias e intimidades, un reparto compuesto por Adriana Ozores, Emma Suárez y Nathalie Poza, tres almas y cuerpos en estado de gracia, que brillan con luz propia en cada instante de la película, en este laberinto de emociones que conforma una película valiente, necesaria y profunda, en la que Querejeta no solo habla de sí misma, sino de todas esas mujeres invisibilizadas por una sociedad sometida y narcotizada por lo joven, lo convencional y lo lineal, dejando fuera de ese orden social neoliberal a todas aquellas personas, en este caso, mujeres que ya no reúnen los cánones establecidos, olvidándose de otros y vitales valores humanos como la experiencia, la serenidad y la capacidad de mirar la vida, sin estar atadas por el éxito materialista o la belleza física que dicta la sociedad materialista, solo caminando con las amigas, acompañadas y relacionándose con la vida con paciencia y equilibrio, caminando paso a paso. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Lila Avilés

Entrevista a Lila Avilés, directora de la película “La camarista”, en el Soho House en Barcelona, el jueves 7 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lila Aviles, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

La ola verde (Que sea ley), de Juan Solanas

LA FUERZA IMPARABLE.

“Una no nace mujer, una se hace mujer”

Simone de Beauvoir

Los pañuelos blancos que cubrían las cabezas de las abuelas de la Plaza de mayo nacieron durante la dictadura de Argentina, para protestar contra la desaparición forzada de muchos familiares o amigos.  Más de cuatro décadas después, a esos pañuelos blancos se les han unido otros de color verde, los que reivindican el derecho al aborto libre, legal y gratuito. Una marea de cientos de miles de mujeres argentinas, se lanzaron a la calle a protestar durante el 2018, cuando la ley fue aprobada por el congreso, y tres días después tenía que ser ratificada por el senado. Juan Solanas (Buenos Aires, Argentina, 1966) después de algunos trabajos en la ficción, y el documental Jack Waltzer: On the Craft of Acting (2011) sobre uno de los más famosos profesores del emblemático “Actor’s Studio”, vuelve a la realidad más directa y reivindicativa con La ola verde (Que sea ley), una película que recoge las multitudinarias manifestaciones apoyando el aborto, y además, recoge testimonios de activistas feministas legendarias, jóvenes de ahora, familiares de víctimas de abortos clandestinos, y también, la otra cara, aquellos en contra del aborto.

Un documento necesario y valiente pone rostro y cuerpo a todas aquellas mujeres que han sufrido la falta de una ley que permita el aborto, mujeres en situación de pobreza, mujeres que mueren una a la semana por este motivo, mujeres olvidadas, mujeres que se jugaron la vida, y en muchos casos la perdieron. Mujeres que son recordadas en la película, hablando de sus diferentes circunstancias, reivindicando esa memoria para seguir en pie y en la lucha, para que no cesen las protestas y finalmente, se consiga la ley. Solanas, hijo del legendario Pino Solanas (grandísimo documentalista, autor entre otras de La hora de los hornos o Memorias del saqueo, entre otras, que aparece en la película en su función de diputado defendiendo el derecho al aborto) realiza una película extraordinario y cruda, mostrando realidades que encogen el alma, ejecutando un magnífico documento político sobre una situación inhumana que lleva a la muerte a tantas mujeres, escuchándolas a través de ese cine directo, espontáneo y de guerrilla, un cine militante que pone el foco y la voz a todas aquellas mujeres que luchan con lo que tienen para hacerse notar, armando jaleo en la calle, y gritando las injusticias de un país tan vilipendiado por tantos gobernantes sin escrúpulos.

Un documento azotado por una energía maravillosa y poderosa, se detiene en todos los frentes abiertos, sin dejarse nada en el tintero, contagiada por esa fuerza de las mujeres en pie, abriendo en carnes la cuestión, dando testimonio a las dos caras, con los argumentos de unos y otros, escuchando las dos posiciones antagónicas, y va mucho más allá, porque en realidad no se trata una cuestión de vida sí o vida no, sino que en realidad estamos ante una lucha social, en el que los más privilegiados no quieren perder su status, y los de abajo, se han levantado, cansados de tanta injusticia, y han dicho basta y se han lanzado a las calles a protestar contra la desigualdad y el desamparo legal. La película tiene ritmo y una energía brutal, atrapándonos con su fuerza social, emocionándonos esa marea de mujeres imparable que quizás pierdan muchas batallas, pero finalmente, su empuje y decisión derribará el muro de la hipocresía, la indiferencia y se será ley, contribuyendo con su lucha a que el mundo sea un poco más justo e igualitario.

Solanas ha construido un documento contundente y extraordinario, sus 82 minutos se ven con entusiasmo y amargura, porque por un lado vibramos con la lucha de tantas mujeres en pie y su alegría reivindicativa, peor por el otro, asistimos a tantos casos de mujeres fallecidas en abortos clandestinos y luego, la indiferencia de profesionales médicos u otros ante esa falta de humanidad que provoca que el aborto este penado por la ley. El director argentino se alza como un heredero digno de su apellido con esta película que recoge el sentir humano de las calles, esas protestas y luchas incesantes que no solo dejan claro que el mundo ha cambiado, que el mundo patriarcal tiene los días contados, que las mujeres que luchan por una sociedad más justa se han levantado para no someterse jamás, que los privilegios de unos pocos dejarán paso a los derechos reales, de muchos que han sido pisoteados durante tantos siglos, esos olvidados que necesitan una serie de condiciones legales para que sus existencias sean un poco menos sombrías e invisibles, para que la democracia sea verdadera y no sea una máscara para que los de arriba sigan manteniendo los privilegios de hace siglos sea el sistema gubernamental que sea. Porque como dice la película, por humanidad y empatía. ¡QUE SEA LEY! JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA