Encuentro con Paulo Branco

Encuentro con el productor Paulo Branco en la presentación del ciclo dedicado a su obra, “La Lisboa de Paulo Branco”. El evento tuvo lugar el miércoles 10 de junio de 2015 en la Filmoteca de Cataluña.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Paulo Branco por su tiempo, sabiduría y su maravillosa carrera cinematográfica, y al equipo de la Filmoteca, con su director Esteve Riambau al frente, por acogerme y tratarme con afectuosa amabilidad.

Todo saldrá bien, de Wim Wenders

158701EL DOLOR QUE NO SE VA

El cineasta Wim Wenders (1945, Dusseldorf, Alemania), autor de un treintena de títulos, realizó en la primera década de su carrera algunos de los títulos más notables del llamado “Nuevo cine Alemán”, con joyas del calibre de Alicia en las ciudades (1974), En el curso del tiempo (1975), El amigo americano (1977), Relámpago sobre el agua (1980), o El estado de las cosas (1982). En los 80, podríamos rescatar dos obras de gran alcance como fueron París, Texas (1984) y El cielo sobre Berlín (1987), todos ellas películas de tono intimista y humano, donde los escenarios jugaban un papel decisivo en el transcurso de cada una de ellas. Títulos que consagraron a nivel internacional al cineasta alemán, alzándole a niveles de grandísimo autor, dotado de un universo propio y muy elaborado.  A finales de los 80, su carrera tomó un nuevo camino adentrándose en otros discursos y propuestas que muchas de ellas no alcanzaron los objetivos deseados. Durante estos dos lustros, el cine de Wenders ha tenido honrosas excepciones como Tierra de abundancia (2004), sobre el post atentados del 11 de septiembre, o Pina (2011), filmada en 3D, sobre la bailarina de danza Pina Bausch, entre alguna otra. Su anterior película La sal de la tierra (2014), sobre la figura del fotógrafo Sebastiao Salgado, se saldó en un retrato plano y bienintencionado, una barbacoa entre amigos, en el que el oficio de fotógrafo se convertía en una mera excusa para engordar el ego y la cartera del afamado fotógrafo.

En su nueva película, Wenders vuelve al 3D, y a un drama intimista en el que el escenario, Montreal juega un papel decisivo, como en muchas de sus películas. El relato se detiene en Tomas Vater, un escritor en crisis existencial, profesional y de pareja, que tiene la mala fortuna de atropellar mortalmente a un niño en un mañana de crudo invierno. Este hecho lo perseguirá durante 12 años, período en el que perderá a su novia, se relacionará con la madre del niño fallecido, e intentará comenzar una nueva vida al lado de otra mujer.  El proyecto llegó a manos de Wenders a través del guionista noruego Bjorn Olaf Johannessen, que coincidió con el director en un festival donde se presentaban proyectos y quedaron que el joven noruego le enviaría su siguiente guión. El conjunto, aunque tiene una cuidada ambientación, un exquisito gusto de la composición, y una historia que arranca de forma contundente y no se desarrolla del todo mal. La película no acaba de funcionar, apenas emociona ni plantea ninguna complejidad emocional, cuando debería provocarlo, quizás el excesivo gusto por la imagen, deja en un segundo plano el planteamiento argumental, que parece supeditado a la exquisita fotografía.

En el apartado interpretativo la cosa es donde parece más desigual, las actrices están correctas y comedidas en unos personajes que juegan un papel secundario en la trama, Rachel McAdams, funciona bien como desdichada novia que no logra penetrar en la mente de Tomas, y lo abandona por imposible, Charlotte Gainsbourg, como la madre del niño muerto, es la que se luce con más imaginación, componiendo un personaje ambiguo y con suficientes aristas como para que cada vez que aparece en pantalla, la película suba de nivel y resulte muy interesante, la tercera mujer, Ann, con la que Tomas emprenderá un nuevo rumbo, la interpreta Marie-Josée Croze, actriz de belleza atrayente que defiende un personaje importante y eficaz en la película, es una mujer que ama a su pareja, pero éste se muestra ausente, y todavía anda metido en rupturas emocionales del pasado, y para finalizar, el protagonista de la función, donde aparecen los síntomas de que la función no acaba de despegar, la interpretación de James Franco no resulta del todo convincente, está perdido en un personaje que pedía más emoción y tristeza, durante buena parte del metraje muestra un rostro impertérrito que no permite introducirse en un psique quebrada, en un personaje que debería mostrar más matices y más dolor. Wenders ha fabricado un trabajo correcto, con demasiados altibajos, que poco tiene que ver con sus grandes trabajos, donde la emoción entusiasmada por sus personajes y relatos se agrandaba mostrando unas historias que han quedado grabadas en buena parte de la cinefilia.

La sal de la tierra, de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

The Salt of the Earth posterEl viajero de la luz

Arranca la película explorando el origen de la palabra fotografía, nos cuentan que proviene del griego, de la palabra “photos”, que significa luz y “graphis” que significa dibujo, escritura. Así que, su significado sería “dibujar o escribir con la luz”. Wim Wenders (Düsseldorf, 1945), cineasta y fotógrafo alemán, de amplísima trayectoria con más de 30 títulos, desde que debutase en 1970 con Verano en la ciudad, con experiencia en retratos sobre diversas figuras artísticas: se ha acercado y reflexionado sobre cineastas y el cine, Nicholas Ray, Yasujiro Ozu…; sobre música, trova cubana y el soul americano, o sobre danza con la figura de Pina Bausch. Un cineasta que aborda de manera magnífica y sincera la figura del fotógrafo Sebastião Salgado (Aimorés, Minas Gerais, Brasil, 1944), que después de dedicarse un tiempo a la economía, en 1973, decidió dejarlo todo, comprarse un equipo de fotografía y dedicarse a su pasión. Empezó recorriendo Sudamérica, captando con su cámara las diferentes culturas indígenas y sus maneras de vivir. Ese viaje encendió su conciencia social y trazó su camino, su trabajo se dedicaría en denunciar la injusticia retratando la guerra, el hambre, los refugiados y desplazados, los trabajadores… Una fotografía siempre en blanco y negro, luminosa, bellísima (que a principios del 2000, le llevó a duras críticas por parte de intelectuales de la talla de Susan Sontag o periodistas del Times, que le reprochaban que la belleza de sus imágenes sobre la exposición de la miseria humana, le podían hacer perder la autenticidad de la misma, situación que obvia la película). Su trabajo le ha llevado a convertirse en un viajero incansable, desde principios de los 80 ha estado en todas las guerras y conflictos humanos que han ido sucediendo a lo largo y ancho del mundo (las guerrillas latinoamericanos, la hambruna de Etiopía, en la guerra de Irak –con la quema de los pozos de petróleo-, la guerra de los Balcanes, la de Ruanda, etc…), su conciencia social le ha llevado a recorrer el mundo inmortalizando con su objetivo el terror, la tragedia y miseria humana. En su última guerra se detuvo, no pudo más, se retiró y busco refugio en sus orígenes, donde nació, un lugar desértico y erosionado, que con la ayuda de su familia, su mujer Léila, -fundamental en su obra- replantaron y lo convirtieron en un ecosistema lleno de naturaleza viva repleta de árboles, vegetación, agua y animales. Aquella vuelta a sus orígenes, lo devolvió a la fotografía, a sus viajes para retratar la naturaleza ancestral, la que seguía virgen y alejada del mundo civilizado, y a las culturas que vivían en esos medios salvajes y vivos. Wenders, acompañado de Juliano Ribeiro Salgado, -hijo mayor del fotógrafo- nos invocan a un viaje y a un encuentro entre el cineasta y el fotógrafo, a recoger de forma profunda y reflexiva, a través de imágenes de archivo y actuales, la trayectoria  humana y profesional de Salgado, que va relatando su vida, de una forma sincera, nos habla de su exilio en París, debido a la dictadura en Brasil, el desarrollo de su trabajo, las situaciones que más le emocionaron, los momentos dulces y duros de su experiencia. Los cineastas nos muestran la cara humana del fotógrafo, la que no vemos, lo que queda detrás de la imagen. El fotógrafo brasileño nos cuenta que la fotografía ya no es un objeto, es un concepto. Una vida dedicada a mostrar lo que nos rodea, al retrato humano de la tragedia, a explorar y dar luz a todos aquellos que no la tienen, a los invisibles, a los que viven apartados, a todos y cada uno de ellos Salgado les ha dedicado su tiempo y su trabajo. Documento no sólo sobre un fotógrafo y su obra, sino también sobre una manera de vivir, de sentir y sobre todo, de mirar la vida en todos los sentidos y de cualquier fomra, la humana, la animal, la vegetal y la mineral. La película nos invita a cerrar los ojos, a mirarnos y mirar con el corazón, volviendo a nuestro interior, a los orígenes, a lo más insignificante y a lo más pequeño.