Baja Marea, de Roberto Minervini

CARTEL MAREAInfancia desamparada

Un niño de 12 años vaga sólo y aburrido entre los contornos de una pequeña ciudad costera, la playa no anda muy lejos y el viento azota fuerte. Parece no tener a nadie, o al menos a nadie que se ocupe de él. Durante la noche, mientras duerme, un ruido le despierta, es su madre entrando en casa, se desnuda y se acuesta. Al día siguiente, madre e hijo se encuentran y se murmurean palabras vacías, ella se va y el chaval vuelve a quedarse sólo. Y así sucede todos los días. La ópera prima de Roberto Minervini, (Su segunda película Stop the pounding heart -2013-, híbrido de ficción y documental sobre los pasos de una chica de 14 años dentro de una comunidad religiosa y su enamoramiento por un chico mexicano del rodeo, tuvo su estreno este año en el Festival de Cine de Autor de Barcelona) es una pieza de cámara, un milagro cinematográfico de indudable energía y pulso narrativo. Centrado en esa infancia no atendida, en esos niños que viven sin cariño, que no viven su niñez de forma natural, sino que la sufren a marchas forzadas, que deben crecer a trompicones y bandazos sufriendo a unos padres inmaduros e irrespondables que no son capaces de darles cariño y cuidar de ellos. Minervini fabrica un cine delicado y sencillo, su cámara no interviene en la acción, su mirada es observadora, cuenta su relato conteniendo la emoción, dejando al espectador libre de toda dirección, que sea el propio público que tome partido si así lo desea o no. Nos sitúa en una zona alejada, en las afueras, un lugar donde se buscan latas vacías por unos cuántos dólares, donde se mira pasar el día sin nada que hacer, donde el verano puede ser una de las estaciones más tediosas y vacías para un niño que le falta lo más importante, sentirse querido y protegido por una madre preocupada en salir con sus amigos y en ir a trabajar cuando se acuerda. Minervini nos describe una realidad durísima y terrible, aunque como ocurría en su segunda obra, la primera vista por éste que escribe, el tono que maneja es poético, sabe extraer de esa realidad seca y punzante, los momentos donde el protagonista parece respirar con menos dificultad, resulta extraordinario el tratamiento del sonido, -donde apenas escuchamos música extradiegética-, y el entorno, la manera que filma la naturaleza, los bosques, los animales como objetos de su rabia contenida, como sopla el viento, y cómo ayudados por estos elementos nos sumerge en esta historia triste y real. Un obra cimentada en un par de personajes, de los que desconocemos sus nombres, donde el niño, con una mirada portentosa, mantiene todo el peso de la trama, un niño deudor de otros vapuleados del cine como Bruno Ricci, Edmund Köhler, François (La infancia desnuda, 1968, Pialat), Cyril (El niño de la bicicleta, 2011, Dardenne) o Antoine Doinel con el que guarda varias similitudes estructurales, sobre todo en el cierre de la película, donde también el mar tiene un significado especial y metafórico, esa marea que alude el título, que en algunas ocasiones se pueda ver con otra mirada.

Rastres de Sàndal, de Maria Ripoll

rastros-de-sandalo_CARTELViaje sobre los orígenes

Érase una vez en la Índia en el que dos hermanas huérfanas fueron separadas siendo niñas. Con el tiempo, una de ellas, Mina, se ha convertido en una actriz famosa y sigue buscando a su hermana pequeña, Sita. A través de una anciana monja, Mina descubre que vive en Barcelona y su nombre es Paula. Basada en la novela de Asha Miró y Anna Soler-Pont, ésta última guionista y productora, Rastres de sàndal es una película que nos propone un viaje de catarsis emocional, donde dos mujeres conocerán de donde vienen, y sobre todo, una de ellas, tendrá que enfrentarse a sí misma y a todo lo que le rodea para comprenderse y comprender quién es. Un cuento de hadas moderno donde las protagonistas deberán pasar duras pruebas para aceptarse. Una cinta que cuestiona las identidades, las diferentes culturas, la recuperación de las raíces y la idea que las cosas aparentemente ajenas, nos unen más que nos separan. Un relato hermoso contado con extrema sencillez, apoyado en dos puntos de vista, Mina, la que busca a su hermana pequeña, y Paula, la hermana que descubrirá atónita de donde procede y quién es en realidad, un viaje de gran calado emocional, un guión que sabe manejar las situaciones y tomarse el tiempo necesario para que la complejidad dramática se apodere de la cinta y vaya in crescendo, poco a poco, sin prisas, con un gran ritmo, dotando a la película de una mirada personal y sincera que atrapa al espectador desde la intimidad, cogiéndonos de la mano y guiándonos por esta aventura sobre el amor, la esperanza, los seres queridos y los momentos que nos hacen ser quiénes somos y de dónde venimos. Dos actrices en estado de gracia, Nandita Nas, que encarna a Mina, un ser fuerte y tenaz que hará lo posible y más para encontrar a su hermana Sita. Y enfrente Aina Clotet, pura emoción de soberbia contención que recupera esos personajes torturados emocionalmente, como los que interpretó en Elisa K (2010) o 53 días de invierno  (2006), una bióloga que busca en su laboratorio los orígenes para curar enfermedades, con una vida acomodada en Barcelona, abocada a su trabajo y que carece de vida personal y emocional, tendrá que superar sus contradicciones y complejos para conocerse a sí misma, sabiendo que es otra, y así perdonarse para perdonar a los demás. Una cinta dirigida por Maria Ripoll y protagonizada por mujeres donde su equipo artístico y técnico pertenece al género femenino en su mayoría, hablada en inglés, catalán e hindi, que hace gala de una luz exquisita que filma de forma delicada e intensa los diferentes lugares, desde las urbes de Mumbai y Barcelona, hasta los rincones más escondidos de las dos ciudades huyendo de la postal y la imagen bonita, elementos que la convierten en una fábula bien narrada donde brillan con luz propia su honestidad, sinceridad y emotividad.

Rueda de prensa con Volker Schlöndorff

Rueda de prensa con Volker Schlöndorff. El encuentro tuvo lugar en la Filmoteca de Cataluña el pasado Lunes 30 de Junio, con motivo del ciclo dedicado a su figura.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro:

a Volker Schlöndorff, por su tiempo, sabiduría y su maravillosa carrera cinematográfica.

a Pilar Garcia, de la Filmoteca, por su generosidad y paciencia.

Nunca es demasiado tarde, de Uberto Pasolini

109115Rastreando la memoria

John May tiene unos cuarenta años y es un humilde empleado del Servicio Público del Ayuntamiento, su trabajo consiste en localizar a los familiares de los difuntos. Su principal virtud es la meticulosidad, la pulcritud, el orden, la obsesión y el tacto con el que lleva los casos en los que se ocupa. Su vida profesional ocupa todo su tiempo, vive sólo en Londres en un pequeño piso. Su vida dará un giro brutal, cuando debido a los recortes, lo despiden después de 22 años dedicados a ese oficio, aunque antes de marcharse, el Sr. May pedirá acabar con su último caso: Billy Stoke. Uberto Pasolini, romano del 57 y descendiente de Visconti, afronta su segunda película (Machan -2008-, no estrenada comercialmente en España, se centraba en la inmigración ilegal a través de unos hombres de Sri Lanka, que pretenden entrar en Alemania con la excusa de un torneo de balonmano), utilizando una forma calculada, sencilla y muy honesta, fabricada a través de los detalles más íntimos, aprovechando cada rincón para expresar de modo natural y directo las situaciones que se van contando. Su relato podría, a priori, resultar molesto por el tema que trata, pero Pasolini, que fue productor de la exitosa The Full Monty (1997), nos acerca de manera delicada, como susurrada al oído, una historia de un alma solitaria que no trabaja en cuerpo y alma, para que sus “difuntos”, estén acompañadas en su último adiós. Aunque su estilización pudiera haber derivado en una película demasiado fría y alejada, el resultado es todo lo contrario, es una hermosísima cinta que bucea de forma admirable en las emociones, en el despertar de los sentidos, y en todo aquello que nos conmueve y emociona. La elección de Eddie Marshan para el papel principal, también es otro de los apuntes a destacar, su interpretación es soberbia y realista, de cum laude, un intérprete británico visto en registros muy variados donde ha demostrado gran versitalidad, series tv, producciones de entretenimiento y en títulos de autor muy interesantes y brillantes como los trabajos para Mike Leigh, Paddy Considine en Redención (20011) o incluso Spielberg en su War Horse (2011). John May un personaje que podría ser un cruce entre Buster Keaton y el Monsieur Hulot de Jacques Tati y su Playtime  (1967). Una obra maravillosa, galardonada con 4 premios en Festival de Venecia del pasado año, un cuento de ahora y de siempre, que atrapa desde el primer instante, y además contiene una lúcida y hermosa reflexión sobre muchos temas: la memoria,  los recuerdos, la soledad, la amistad, la familia y el amor, y sobre esos seres que transitaron por nuestras vidas un tiempo y por circunstancias se alejaron, quizás para siempre o quizás no…

The Skeleton Twins, de Graig Johnson

11179342_800Recomponiendo los pedazos 

La película arranca con un joven en la treintena que se encuentra en su piso, está borracho y pone música. Al rato, se mete en la bañera y vemos como la sangre comienza a teñir el agua. Corte a una chica de la misma edad, que se mira al espejo y tiene en una mano un vaso de agua y en otra, un puñado de pastillas. Cuando está a punto de tomárselas, le suena el móvil. Después de este prólogo, a todos nos daría por pensar que estamos ante un drama de corte existencial, una de esas películas donde unos personajes hartos de todo buscan un sentido a sus pobres vidas. Pero no, Graig Johnson, en su segunda obra, (la primera, True adolescents -2009-, no se ha estrenado por estos lares) no nos introduce en ese tipo de berenjenal metafísico, aunque si nos presenta a dos personas con vidas maltrechas, pero su tono es completamente diferente, y tampoco nos quiere transmitir ningún mensaje de laboratorio. The Skeleton twins, nos habla de Maggie y Milio, dos hermanos gemelos que llevan una década distanciados por algo que sucedió entre ellos, y además arrastran un pasado tormentoso con su progenitora, que les ha conducido a no encarrilar sus existencias. Tras el intento de suicido frustrado de Milo, Maggie se lo lleva a su casa, situada en Nueva York, en los días fríos de Halloween, donde vive con Lance, un marido bueno pero inmaduro, con la intención de recuperar la relación con su hermano. Milo, por su parte, es un actor en paro, que se gana la vida sirviendo cafés, y también, arrastra una ruptura no superada con Billy, su profesor de inglés, con el que volverá a cruzarse. Johnson sazona su relato de grandes dosis de comedia, también hay drama, aunque no uno de rompe y rasga, sino el de mirarse a la cara, de frente, y sacar todo lo que hemos guardado durante años, esas cosas o momentos de nuestras vidas donde nos hemos sentido mal y nunca nos hemos atrevido a sacarlo, a expresarlo, a hablarlo para sanar las heridas y continuar con el camino. Si Milo anda de capa caída, su gemela Maggie no se queda atrás, su matrimonio no le satisface sexualmente, y frecuenta a otros hombres. Dos almas rotas, dos seres que son incapaces de expresar sus emociones ante el otro, en este caso, el hermano que tienen delante. Johnson plantea una historia intensa, emotiva, divertida y sobre todo, una cinta donde seamos conscientes de nosotros mismos, de los errores que cometemos, y seamos lo suficientemente valientes para admitirlos a las personas que queremos, para empezar a perdonarnos a nosotros y a los que nos rodean. Quizás en algunos momentos, la trama fuerza algunas situaciones, apartándose del tono que ha caracterizado buena parte del metraje, aunque la buena labor de la pareja protagonista hace el resto. La excelente química que desbordan, no obstante empezaron juntos en el programa de humor de tv Saturday Night Live. Kristen Wiig, vista en La boda de mi mejor amiga (2011), y Bill Hader, que hacía de amigo con gafas del protagonista en la reciente La desaparición de Eleanor Rigby. Rescatar el maravilloso momento del playback, donde cantan a dúo la canción Nothing’s gonna stop us now, de los Starship, que nos recuerda a otra reciente igual de divertida, el I’m so exited, de The pointer sisters, que se marcan los azafatos de vuelo en Los amantes pasajeros (2013), de Almodóvar. Dos jóvenes talentos dotados para la comedia más clásica y también, para sufrir, en esta cinta agridulce que reflexiona sobre los seres ajados que arrastran trastornos emocionales y sentimientos de culpabilidad que les impiden estar bien.

La ignorancia de la sangre, de Manuel Gómez Pereira

326541Thriller a medias

Manuel Gómez Pereira (Madrid, 1953) se ha hecho un nombre importante dentro del panorama cinematográfico nacional principalmente gracias a sus comedias: Todos los hombres sois iguales (1994), Boca a boca (1995), El amor perjudica seriamente la salud (1996)  o Cosas que hacen que la vida valga la pena (2004), comedias agridulces, donde se planteaban variados temas, desde la guerra de sexos, las apariencias, los amores que no se olvidan o las segundas oportunidades. Unos relatos donde se habla de seres incapaces de lidiar con el amor, pero llenos de bondad y humanidad. Ahora bien, sus incursiones en el thriller o policíaco no se han saldado con los mismos resultados en taquilla o crítica. Su primera incursión en este terreno, fue en 1999 con Entre las piernas, basada en la novela de Joaquín Oristrell, uno de sus guionistas habituales, en la que se planteaba un triángulo amor/sexo mezclando una trama de asesinato con adictos al sexo, que contaba con un reparto de auténtico lujo, Victoria Abril, Javier Bardem y Carmelo Gómez. El resultado fue desigual pero tenía momentos de gran interés. Su segundo intento dentro del mismo género es en el 2008 con El juego del ahorcado, también basada en una novela, en este caso de la joven escritora Imma Turbau, siguiendo la línea de la anterior, dos jóvenes despertaban al sexo y la dependencia con fines trágicos. El resultado convenció y demostró las dotes de una gran actriz en ciernes, Clara Lago. Finalizada esta, y después de un período dedicado al medio televisivo en forma de series de variado éxito, Gómez Pereira vuelve al terreno del thriller con aroma a Hitchcock y a ese hombre que sabía demasiado, basándose de nuevo en una novela, en este caso del escritor británico Robert Wilson, especialista en novela negra (llevado a la pequeña pantalla en el año 2012, por Pete Travis, en una miniserie basada en una de las cuatro novelas de la serie Falcón, El ciego de Sevilla). El realizador madrileño, nos sitúa  en Sevilla, en una trama que gira en torno a Javier Falcón, inspector de homicidios, en la que varios elementos confluirán en el entramado: la mafia rusa, los yihadistas islámicos, el CNI, un niño secuestrado, un caso anterior que enfrenta al pasado de una familia, y sobre todo, una historia de amor. La película guarda cierto interés, pero adolece en la trama, que  es demasiado peliaguda, y no acaban de encajar las piezas en juego. El oficio de algunos actores como Juan Diego Botto, el personaje más complejo y seductor de la historia, que establece con el personaje de Paz Vega, -correcta y eficaz en su composición- una relación de amor y necesidad. La falta de química entre los dos intérpretes es uno de los temas que más llaman la atención. Otros intérpretes destacados son los siempre eficaces Alberto San Juan y Cuca Escribano, con roles secundarios, pero que tienen un gran peso en la trama. Policíaco desdibujado con altibajos, que no acaba de tomar forma, en la que destaca su impecable diseño de producción, y también por la elegancia de sus localizaciones, la citada Sevilla, que se mueve entre la sofisticación y lugares oscuros, las montañas y el zoco de Tánger, y los rincones ocultos de Madrid, escenarios que sirven para dibujar un panorama exótico que aparentemente puede ser interesante, pero le falta un guión más elaborado y unos personajes que deberían expresar más emotividad.  No obstante, la película es un intento aceptable de hacer un cine de género serio en este país, aunque los resultados podrían haber sido más satisfactorios.

 

Diplomacia, de Volker Schlöndorff

diplomaciaposter70x100_grandeDos hombres y un destino

Nos encontramos en el París ocupado por los nazis, la noche del 24 al 25 de agosto de 1944. El General Von Choltitz, gobernador de la ciudad, ha recibido la orden de volarla, debido principalmente al imparable avance de los aliados. En ese momento, irrumpe en la suite del hotel donde se hospeda el general, el señor Raoul Nordling, cónsul general sueco, que viene con el propósito de hacer cambiar de opinión al militar nazi. El veterano cineasta alemán, Volker Schlöndorff, vuelve a dos elementos recurrentes en su dilatada carrera que alcanza casi 50 años: las adaptaciones (14 de los 29 títulos que componen su filmografía lo son, donde ha llevado a la gran pantalla escritores de la talla de Brecht, Böll, Grass, Tolstói, Proust…) y el nazismo, que lo ha abordado desde diferentes perspectivas, ofreciendo miradas interesantes y rigurosas. En el 2011 dirigió La mer à l’aube, la historia de Guy Moquet, el joven comunista francés ejecutado y convertido en símbolo de la resistencia. En esta ocasión, vuelve a centrarse en un hecho histórico expuesto en el mismo contexto. Esta vez adapta la obra del dramaturgo francés, Cyril Gely, en la que se relata el encuentro de dos hombres enfrentados, dos seres que por circunstancias ajenas a su voluntad, se encuentran cara a cara, en una ciudad que no les pertenece, donde se encuentran de paso, pero que el destino ha querido que esa noche de verano, en esa ciudad, y en esa habitación de hotel, se encuentren y batallen dialécticamente cada uno argumentando sus razones y posiciones. La historia y sus conciencias personales, los observan detalladamente, sin quitarles ningún ápice de curiosidad. Schlöndorff nos ha fabricado un combate de boxeo en toda regla, ha escogido a dos grandes intérpretes, a dos pura sangres de la actuación. André Dussollier, veterano actor francés que defiende el personaje del cónsul, un hombre que luchará lo indecible para salvar París, la ciudad del amor y la luz. En la otra esquina, Niels Arestrup, actor alemán de poderío físico, que gestiona la postura de un general leal al Führer, por razones que luego se desenmascaran  a lo largo del metraje.  Un tour de force intenso, maravilloso, humano, lleno de energía y fuerza. Schlöndorff maneja con oficio y olfato el texto que tiene entre manos, teje con maestría y generosidad un trama que va in crescendo, que agarra al espectador y lo deja sin aliento, donde los roles van cambiando y confundiéndose a medida que el relato avanza sin conceder ningún momento de tregua o relajación. Los temas que vertebran la obra del realizador alemán, la lucha encarnizada del hombre contra el sistema, el estado opresor que lo asfixia, y la denuncia contra todo eso que jalonan todas sus películas siguen latiendo con pasión e inteligencia en esta historia. Un relato filmado en un único espacio (exceptuando algún que otro mínimo exterior), donde la cámara es un personaje más, que interactúa a través de las dos criaturas que se baten en duelo, planos cortos y medios que los asfixian y los diseccionan para descubrirse y descubrirnos cuales son sus verdaderas motivaciones. Una pieza de cámara fabricada desde la sabiduría y la emoción que, nos desvela los miedos, las inseguridades y complejos de la condición humana, contada por uno de los cineastas más importantes y personales del último medio siglo.