El mundo sigue, de Fernando Fernán Gómez

el-mundo-sigue-POSTERLA MISERIA DE AYER… Y SIEMPRE

“Verás maltratados los inocentes, perdonados los culpados, menospreciados los buenos, honrados y sublimados los malos; verás los pobres y humildes abatidos. Y poder más en todos los negocios el favor que la virtud”

 Fray Luis de Granada

(Guía de pecadores, 1556)

Fernando Fernán Gómez (Lima, 28 de agosto de 1921 – Madrid, 21 de noviembre de 2007) es una de las figuras más brillantes y geniales que ha dado la cultura de este país. En sus diversas facetas como escritor, dramaturgo, actor, y director de cine y teatro ha destacado en su buen oficio y en acometer una carrera profesional muy acorde con sus principios personales y humanos. En 2011, cuando la Academia de las Artes y las ciencias Cinematográficas de España, le entregó la X Medalla de Oro, Marisa Paredes, la presidente de la institución, lo describió de la siguiente forma: “Por anarquista, por poeta, por cómico, por articulista, por académico, por novelista, por dramaturgo, por único y por consecuente». Debutó como actor a primeros de los 40 en el teatro de la mano de Enrique Jardiel Poncela, en el cine lo haría casi al unísono, en 1943, esta vez con Juan de Orduña, en un papel secundario. Desde entonces en el medio cinematográfico ha protagonizado cientos de películas donde ha trabajado con los cineastas más grandes del cine español, Berlanga, Bardem, Neville, Nieves Conde, Erice, Saura, Gutiérrez Aragón, Trueba, Almodóvar, entre muchos otros… Su puesta de largo como director se produjo en 1954 con Manicomio (co-dirigida con Luis María Delgado). En 1958, realiza La vida por delante, a la que siguió La vida alrededor (1959), películas disfrazadas de comedia o melodrama, y costumbrismo, que retratasen las penurias y dificultades que vivían los españoles para tirar pa’lante bajo el régimen franquista.

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El mundo sigue (que junto a El extraño viaje, de 1964, son dos de los títulos más celebrados de la carrera como director de Fernán Gómez) basada en la novela de Juan A. de Zunzunegui (escritor de una publicación de Falange), rodada en 1963, (del mismo año son El verdugo, de Berlanga y Del rosa al amarillo, de Summers), cerraba esta peculiar y excepcional trilogía. Filmada en el barrio de Maravillas de Madrid (casi dos décadas después, Manuel Gutiérrez Aragón rodaba en el mismo lugar Maravillas, con el propio Fernán Gómez en el reparto). Esta fábula moral de su tiempo, y de cualquier tiempo, se centra en una familia cualquiera, los padres, Eloísa, la esposa y madre abnegada y servicial, el padre, un funcionario de orden que impone benevolencia fuera y autoridad en casa, luego está Agapito, religioso hasta la médula que fue despedido del seminario, y en el centro de la familia, las dos hijas, Eloísa y Luisita, dos caras de la misma moneda, dos fieras que se odian, se pegan y se acuchillan cada vez que se encuentran. Eloísa, que fue la guapa del barrio hace 10 años, ha caído en desgracia, casada con Faustino, un ludópata enfermizo que trabaja de camarero, pero sólo tiene una obsesión, las quinielas y ser millonario. Además del marido, Eloísa acarrea con dos criaturas, y no tiene otra salida que acudir a casa de sus padres a pedir limosna, algo de dinero para seguir respirando. La otra cara es Luisita, la hermana que trabaja en una boutique, y no duda en prostituirse para buscar al mejor postor que la mantenga y de esta manera, salir de esa miseria que recorre sus vidas o digamos mejor, las existencias de todos los personajes que describe con tanta crudeza y realismo la película. También, está Don Andrés, el vecino enamorado de Eloísa, que trabaja como crítico de teatro en un diario de derechas que le impone lo que tiene que escribir. Fernán Gómez describe en un primoroso blanco y negro, la injusticia, la hipocresía y la miseria moral esparcida por todos los agujeros y pozos de la sociedad. La negrura que recorre toda la cinta es abrumadora, no hay futuro, no hay piedad entre los seres humanos, se machacan y se matan entre ellos, todos quieren mejorar, vivir mejor, aunque sea acosta del prójimo, eso no les importa, les da igual con tal de estar bien ellos y sobre todo, mejor que el otro. No hay salvación, se condena al desdichado y se gratifica al ruin.

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El genio del cineasta brilla en toda la película, hace gala de recursos narrativos que aunque en la época eran todo un signo de modernidad cinematográfica, siguen manteniéndose como la obra de un grandísimo narrador, como el flashback (recordarán la famosa secuencia de las escaleras cuando Eloísa sube atropelladamente y se intercala con planos del pasado, de aquella flor que relucía esplendorosamente y que ahora ha quedado se ha marchitado, quedando reducida a la amargura y la tristeza), y la multiperspectiva, donde desarrolla varias secuencias a la vez. Una elección de actores magnífica, donde cada uno de ellos compone un personaje visceral y lleno de fuerza, como Lina Canalejas (la querida Prima Angélica), encarnando a Eloísa, que luchará sin remedio para salir de su triste y oscura existencia, Gemma Cuervo como Luisita, que ambicionará dinero y lujo, y para conseguir eso no le importará vender su cuerpo y su vida, o el propio Fernán Gómez, que interpreta a Faustino, a ese ser infecto y malsano, enfermo por el juego, que llegará a hacer cosas ilegales y tener querida para salir de su miseria. Seres de aquella España sumida en la autarquía, en aquella dictadura católica, represora y asesina, en una sociedad sin esperanza ni ilusión, donde reinaba la pobreza no sólo física, sino también moral de una sociedad miserable, triste y sin humanidad. Una película enclavada en aquel nuevo cine español, donde se empezaba a describir la realidad miserable y oscura de un país que se alejaba de la propaganda oficial del régimen que vendía desarrollismo y milagro económico al mundo. Una cinta que habla de adulterio, de ambición, hambre, violencia y maltrato a la mujer… Todo este contenido tan durísimo se reflejó en los múltiples problemas con la censura franquista durante todo el proceso de la película, que obligó a retrasar su estreno dos años, que se produjo en muy malas condiciones, con una doble sesión en Bilbao en julio del 65. Medio siglo después, el estreno de la película es todo un gran acontecimiento para todos aquellos que amamos el cine en general, y el español en particular. Triste pero cierto, una miseria que continúa en el mundo, en la sociedad, sigue instalada en todos nosotros, en cada cosa que hacemos, en la vida que llevamos, en todo y cada una cosa que nos rodea… porque tristemente hay cosas que nunca se borran. Recuerden el final de Plácido (1961), de Berlanga, y su famoso villancico, (…) en un mundo sin caridad, que nunca la hubo y nunca la habrá

Vida en sombras, de Llorenç Llobet-Gràcia

'Vida en sombras'El 13 de febrero es una fecha especial en mi vida. Ese mismo día, pero de 1895, los Hermanos Lumière patentaron el invento del cinematógrafo. Por este motivo he querido homenajear al cine recuperando la crítica que escribí sobre Vida en sombras (1948), de Llorenç Llobet-Gràcia para Cineclub Sabadell, el Jueves 11 de noviembre de 2010.

“Quien ama el cine, ama la vida”

François Truffaut

 Esta cita del genial director francés, que junto a un nutrido grupo de colegas, revolucionó este invento llamado cine, a finales de los cincuenta y lo dotó de un nuevo lenguaje que cambiaría para siempre los conceptos cinematográficos, podría atribuirse a Llorenç Llobet-Gràcia, un cineasta que amó el cine y la vida, y ya desde su adolescencia comenzó a hacer películas en el campo amateur hasta que por fin pudo dar el gran salto al terreno profesional y se metió en la aventura y desventura que significó su “opera prima” Vida en sombras,  un proyecto que empezó con recortes al guión por parte de la censura que, tras realizar algunos cambios, fue aceptado y pudo empezar el rodaje. A medio rodaje el productor se quedó sin dinero y Llobet-Gràcia, que no quería que su película quedase en vía muerta, se empeñó hasta las cejas pidiendo dinero a sus amigos para concluir lo que era la ilusión de su vida. Al terminar la película, Llobet se enfrentó a un nuevo problema: la Junta de Clasificación, no le otorgó la primera categoría y, después de luchar frenéticamente, pudo conseguir la segunda categoría, pues en un principio se le había concedido la tercera categoría. Esto significó que la película se estrenó cinco años más tarde, con más pena que gloria, por las salas cinematográficas, dónde por entonces se nutrían de un cine muy afín al régimen franquista: Alba de América, Inés de Castro, Doña María la brava o Locura de amor, de Juan de Orduña, que se convirtió en todo un acontecimiento en aquel tiempo, dónde la maldita posguerra se había instalado en un país hambriento, perseguido y donde reinaba la ley del silencio, impuesta por la hordas fascistas. En aquellas circunstancias se estrenó Vida en sombras, una película a contracorriente, atípica, diferente, extremadamente moderna y radical, antes y ahora, que ha trascendido su tiempo y que hay que reivindicar por su valía, su grandeza, y sobretodo, hay que aplaudir que exista y dar las gracias a todos aquellos que la hicieron posible y a todos los que – y me acuerdo de Ferran Alberich-  la rescataron del injusto olvido al que fue sometida y nos la mostraron a las nuevas generaciones para que pudiéramos disfrutar de tamaña obra, convertida en un clásico imperecedero de nuestro cine. Llobet-Gràcia nos muestra un relato que es un homenaje a su pasión, el cine, a los maestros que admiraba – Meliès, Chomón, Chaplin, Grifith, Murnau, entre otros- y a imaginar la vida a veinticuatro fotogramas por segundo. El héroe/antihéroe de su historia, Carlos Duran, viene al mundo en una barraca de feria dónde se hacía una sesión de cinematógrafo, la fotografía en movimiento. Desde entonces la vida de ese niño gira en torno al nuevo invento, y asistiremos al cine con Carlos y su amigo Luis, veremos Cartas animadas, del genial Meliès, La moneda rota, Carlot en la calle de la Paz, también a Eddie Polo. Luego presenciaremos como intercambia cromos para conseguir uno de Charlot. Más adelante, con una cámara Pathé Baby, rueda su primera película, con la ayuda de Luis, y así, poco a poco, el sueño infantil se va convirtiendo en una pasión adulta, que le proporciona un trabajo como operador. Nuestro protagonista se enamora y da su primer beso viendo el Romeo y Julieta, la adaptación que hizo George Cukor de la célebre obra de William Shakespeare. Aunque será su amor por el cine lo que lo llevará a una profunda depresión y un alejamiento total de su pasión, y será con el mismo cine, y más concretamente, con la genial película del maestro Alfred Hitchcock, Rebeca, la que le devuelve al ruedo cinematográfico. Estamos ante una película de estructura circular donde se hace uno de los más importantes y admirables homenajes al cine y a la pasión que despierta en los individuos. Uno de los mejores testimonios que se han hecho sobre el cine en nuestro país, a la altura de obras, como: La noche americana (La nuit americaine, 1973), de François Truffaut, dónde los cineastas dan rienda suelta a su cinefilia y nos proponen un viaje maravilloso a las entrañas del cinematógrafo. En palabras del crítico y cineasta, Esteve Riambau: Aquests elements, expressats a través d’insòlits moviments de càmera i, fins i tot, un pla seqüència de vuit minuts, fan d’aquest film una obra decididament anticipada al seu temps. Tot i les deficències tècniques pròpies d’una producció absolutament modesta, la modernitat que destil.len les seves imatges és absoluta i, a través del que Borau denomina “passió letal pel cinema”, s’anticipa a una altra pel.lícula maleïda del cinema español, com és Arrebato d’Ivan Zulueta. Vida en sombras m’angoixa i m’espanta, va dir Borau, “perquè revela la bogeria pel cinema que ens afecta a molts dels que estem presents en aquesta sala. La película está llena de hallazgos cinematográficos, el maravilloso tratamiento de la elipsis, -el encuentro de Carlos y Ana en el quiosco, se suben al tranvía, y en el siguiente plano, Carlos cuelga un retrato de la pareja posando en el campo- sólo por citar uno de ellos;  amén del espectacular plano secuencia de ocho minutos y las transiciones del relato, brillantemente resueltas, a pesar del ajustado presupuesto del que disponía la película. Film muy influido por el expresionismo alemán, en uno de los momentos vemos a Carlos escribiendo con máquina de escribir el guión de su película, mientras en la pared se proyecta la sombra de un zootropo primitivo girando. Destacar tanto el equipo técnico, habitual del director Carlos Serrano de Osma, amigo personal de Llobet-Gràcia, y el plantel artístico, encabezado por el genial Fernando Fernán Gómez, haciendo aquí su primer papel dramático, y realizando aquí uno de su mejores trabajos junto a María Dolores Pradera, su esposa por entonces, e Isabel de Pomés… Disfruten de una de las grandes películas de nuestro cine, y parafraseando a nuestro protagonista, Carlos, les dejo con una de sus citas: El veneno del cine, ese tóxico tan actual, al que no sabe uno nunca renunciar.