Coloquio Guionistas y Productores, Un tándem creativo en el BCN Film Fest

Coloquio de la IV Jornada de Guionistas e Industria. «Guionistas y productores, un tándem creativo». Con la presencia de las productoras Sandra Tapia de Arcadia Motion Pictures, y Bárbara Díez de Fresdeval Films, y los cineastas Celia Rico Clavellino y Jaime Rosales, moderado por la productora Valérie Delpierre, en el marco del BCN Film Fest, en la Casa Seat en Barcelona, el miércoles 21 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Celia Rico Clavellino, Jaime Rosales, Sandra Tapia, Bárbara Díez y Valérie Delpierre, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del BCN Film Fest, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Ilargi Guztiak. Todas las lunas, de Igor Legarreta

NO ME DEJES SOLA.

“Y si yo pudiera devolverte todo, calmarte el sufrimiento y darte otra vida, una que no puedes ni imaginar, y sería para siempre…”

Anne Rice de su novela “Entrevista con el vampiro”

Muchos todavía recordamos el gran impacto que supuso el personaje de Claudia, interpretado por Kirsten Dunst, la pequeña vampiresa de 12 años, sedienta de sangre y enamorada, en la interesante Entrevista con el vampiro (1994), de Neil Jordan. Años después, conocimos a Eli, otra pequeña vampira, que entablaba amistad con el tímido Oskar en la Suecia de principios de los ochenta en la extraordinaria Déjame entrar (2008), de Tomas Alfredson. Ahora, conocemos a Amaia, una niña de 13 años, que después de una terrible bomba que deja en ruinas el orfanato en el que vive, allá por el 1850 en plena III Guerra Carlista, en el País Vasco, en un entorno muy hostil, donde la noche se convierte aciaga y muy misteriosa, es salvada por una extraña mujer, una mujer que solo sale de noche, una mujer inmortal, una mujer que se alimenta de sangre, y una mujer que se convierte en su madre.

Después de la estimulante Cuando dejes de quererme (2018), Igor Legarreta (Leioa, Bilbao, 1973), que nos hablaba de una vuelta a las raíces vascas de una joven argentina, envuelta en un fascinante retrato sobre el pasado y sus fantasmas, vuelve al largometraje, al género de terror, como ya hiciera en el guion de Regreso a Moira (2006), que dirigió Mateo Gil, con un cuento con niños para todas las edades, una fábula vasca, una fábula de vampiros, protagonizada por una niña que, condenada a una muerte segura, muy a su pesar, asume otra condena, la de vivir eternamente, la de convertirse en una criatura de la noche, a vagar sola por el mundo, por un universo rural, alejado de todos y todo. Con un tono naturalista, intimista y sombrío, en un grandísimo trabajo de cinematografía que firma Imanol Nabea, que ya estuvo en Cuando dejes de quererme, la excelente composición musical de un experto como Pascal Gaigne, otorgando ese marco de fantástico bien fusionado con la realidad vasca de mediados del XIX, donde la religión es el centro de todo, y la naturaleza y los animales, la actividad laboral, como bien define el arte de Mikel Serrano, uno de los profesionales más demandados en el último cine vasco de gran éxito.

El estupendo y pausado montaje de Laurent Dufreche, otro profesional muy requerido, que junto al fantástico trabajo de sonido de Alazne Ameztoy, diseñan una película de poquísimos personajes, muy cercana, lúgubre y con un grandísimo trabajo de planificación y producción. Ilargi Guztiak. Todas la lunas, nos habla de muchas cosas, desde la inmortalidad, cuando no es buscada, ni mucho menos aceptada, de la infancia y todos sus problemas, del miedo a la soledad, del conflicto existencial, del peso del pasado, de los traumas que arrastramos, de sentirse diferente a los demás, de no saber encontrar tu sitio, del miedo a lo extraño o desconocido, de ese caciquismo que imponía una forma de vida, y rechazaba y perseguía las otras. Un tono inquietante, oscuro y sensible, es el que marca un cuento como los de toda la vida, como los que contaban los mayores, esas leyendas que todos conocían, con el legado del mejor cine vasco como los que hacían Uribe, Armendaríz, Olea, el Medem de Vacas o La ardilla roja, el Bajo Ulloa de Alas de Mariposa, los Asier Altuna, Koldo Almandoz, Imanol Rayo, el trío Arregi, Garaño y Goenaga, componiendo películas sobre lo más intrínseco vasco, a través del género, construyendo relatos de antes con el tono de ahora, extrayendo lo más local y haciéndolo universal.

Un perfecto y ajustadísimo reparto encabezado por Haizea Carneros, la niña de 13 años, debutante, que encarna a la pequeña Amaia, la niña condenada eternamente a vivir como una vampira, como una errante de las tinieblas, sola y sin nadie, que hará lo imposible para sobrevivir, ser aceptada como una más, y sobre todo, no sentirse tan sola. Bien acompañada por Itziar Ituño, como la madre “adoptiva” de Amaia y la protectora en su nuevo rol, un rostro bien conocido de la cinematografía vasca, vista en películas tan interesantes como Loreak, Errementari o Hil Kanpaiak, entre otras. Un gran Josean Bengoetxea, otra cara más que habitual en nuestro cine, en los repartos de muchas películas, hace aquí el personaje de Cándido, un hombre humilde, trabajador, quesero, que arrastra una pena muy grande, una pena que aliviará con la llegada de Amaia, que defenderá de muchas amenazas que se ciernen sobre la niña, debido a la incomprensión popular, que nos recuerda a lo que sufría el monstruo en la inolvidable El doctor Frankenstein (1931), de James Whale.

Las ricas presencias de otros intérpretes como el excelente Zorion Eguileor, que descubrimos en la espectacular El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia, da vida a Don Sebastián, el párroco del pueblo, inquisitivo y tenebroso como lo eran en la época que tan bien retrata la película. Y finalmente, el niño Lier Quesada, ese niño de juegos, que recuerda a Déjame entrar, donde la infancia no juzga, ni se muestra temerosa, simplemente acepta la diferencia, porque para ellos no existe tal cosa. Legarreta ha conseguido una película asombrosa, con ese tempo cinematográfico pausado, mezclando con sabiduría la historia, el fantástico, el terror, lo rural, lo espiritual y lo que va más allá de cualquier tipo de racionalidad, convirtiendo Ilargi Guztiak. Todas las lunas en una cinta de culto al instante, que nos remueve, nos agarra sin soltarnos, y sobre todo, nos sumerge en lo interior del vampirismo, alejándose completamente de su aura romántica, e introduciéndonos en su naturaleza más oscura, existencial y dolorosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Madre, de Rodrigo Sorogoyen

EL ALMA HERIDA.

Desde que comenzaron a trabajar juntos allá por el año 2008 en la serie Impares, Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) e Isabel Peña (Zaragoza, 1983) se han convertidos en inseparables, profesionalmente hablando, salvo en alguna excepción. Una colaboración fiel e intensa, en la que han visto la luz un par de series y tres películas dirigidas por Sorogoyen, entre las que destacan Stockholm (2013) Que Dios nos perdone (2016) El Reino (2018) y Madre (2019). Si algo caracteriza al trabajo del director y Peña es la carga dramática de sus historias, envueltas en el thriller más cercano e íntimo, en el que sus personajes siempre penden de un hilo muy fino, al borde del abismo, en una carrera contrarreloj en el que harán lo imposible para salvar su cuello, en una especie de espiral kafkiana sin fin, envueltos en una aparente calma que se irá convirtiendo en pesadilla y en un estado emocionalmente tenso en el que deberán enfrentar su pasado, a través de ese presente oscuro y complejo con el que tienen que lidiar. En Madre recuperan el personaje de Elena, aquella mujer desesperada que recibía la llamada de auxilio de su hijo de seis años, acosado en una playa del sur de Francia, que era la trama angustiosa del cortometraje filmado en el 2017, que ahora se convierte en los primeros diecinueve minutos de la película.

Sorogoyen y Peña no se quedan en los días de después de la tragedia de la muerte del niño, sino que avanzan en el relato diez años después, con una Elena regentando un bar de temporada en la misma playa donde desapareció su hijo. Elena tiene una relación con Joseba, un pilar para su reconstrucción emocional durante este período, y la cotidianidad parece encaminada a una vida mejor y tranquila de Elena. Pero, todo eso empieza a torcerse cuando Elena se tropieza con Jean, un adolescente francés que le recuerda mucho a su hijo. Casi sin quererlo, sin pensarlo, entre Elena y Jean nace una relación de amistad que se irá revolviendo en una íntima relación maternal. A partir de la mirada, el gesto y el movimiento de una magnífica Marta Nieto, en su mejor papel hasta la fecha, llenando la pantalla con esa mirada triste y esperanzadora, enjuta y afilada, que se desplaza por su trabajo, su casa y la playa de manera espectral, arrastrando ese dolor que le ha consumido, convirtiéndola en una especie de fantasma que ha encontrado algo de paz sin todavía ser ni mucho menos plena. El encuentro con Jean la desestabiliza y la somete a una espiral emocional en cadena, viéndose aprisionada a esa extraña luz que la ha abierto en canal, desbordando sus emociones y llevándola hacia algo extraño y complejo.

El relato  camina en libertad y alejado de los cánones de género, yendo a un lugar y a otro con total naturalidad, sin cortapisas, caminando con ímpetu y solidez, desde el drama más íntimo y sencillo nos encaminamos a un marco muy diferente, más próximo al thriller psicológico y muy oscuro, casi de terror, mezclándolos y fusionándolos según el momento, sin cambiar el aspecto de la película, que mantiene ese tono sombrío, con esa luz decadente y velada que recorre cada espacio de la película, en que las secuencias nocturnas, donde los personajes se convierten casi en meras sombras en las que apenas los vislumbramos moverse como si fuesen resquicios de luz, firmada por Álex de Pablo, cinematógrafo de todas las películas de Sorogoyen, misma sensación ocurre con la forma, plagada de planos medios y generales desde la perspectiva del personaje de Elena, con esos planos secuencia donde el movimiento se torna suave como en suspensión, o la belleza y melancólica música del músico francés Olivier Arson, con Sorogoyen desde Que Dios nos perdone, combatiendo con sensibilidad y dureza toda ese torrente emocional por el que atraviesa Elena.

Sorogoyen nos sitúa en ese verano, que enfila su final de temporada, con los primeros aires y temperaturas que van avecinando ese otoño impaciente, capturando el espacio y las emociones siempre desde la mirada triste y ajada de Elena, en este viaje del dolor al amor, protagonizado por una mujer que ha empezado a ver su luz, esa que lleva diez años buscando con la ayuda de Joseba, pero que la aparición de Jean, convertido en ese hijo que perdió, o en alguien que pudiera ser su hijo, no en la realidad, pero sí en su realidad, en su existencia, devolviendo a Elena a ese camino oscuro y terrorífico, donde el dolor y la culpa cada día se alimentan de miedo y desesperanza, donde las cosas obedecen a un tiempo quieto, estático, sin tiempo, en que las emociones la devuelven a ese fatídico día, a esa pérdida irreparable, a esa playa que ahora se encuentra cada día, a ese lugar donde siempre dejará algo de ella, algo de lo que imaginó, algo que ya no podrá ser. A través de una extraordinaria sutileza y belleza plástica, la película aborda el conflicto doloroso que arrastra Elena, bien acompañado por el joven Jules Porier y un sobrio Alex Brendemühl, sin nunca caer en subrayados inútiles ni en sentimentalismos.

La película se desarrolla con ritmo reposado pero sin caer en el tedio,  consiguiendo atraparnos de forma elegante y natural en lo que va sucediendo en la película, con esos instantes extraños y tensos que recoge la película, que en cierta manera recuerdan al cine de Haneke, en que la trama se va tornando muy gris y oscura, y los personajes se sienten cada vez más perdidos y a la deriva, emocionalmente hablando, y en su fisicidad, envolviéndonos en una madeja extenuante de bandazos emocionales, que no atienden a razones, donde el amor va abriéndose paso de manera inquietante, en el que los personajes se verán sometidos en encrucijadas emocionales de primer órdago, expuestos a todo aquello que sienten, a toda esa felicidad inalcanzable, a todo ese miedo que atrapa, agota y deja a cualquiera sin fuerzas para seguir, para respirar, para responder, porque el pasado y el dolor que lo atraviesa, se empeña en  continuar en nuestras vidas, en desestabilizarnos, en devolvernos a aquello que tanto duele, a rompernos el alma cada día, y es en esos instantes donde la película vibra con más fuerza, donde los personajes se sienten más vulnerables, sobrepasados por las situaciones y expuestos a sus instintos y pasiones más bajas y ocultas, donde la vida corre por todos los lados como si fuese un tsunami torrencial del que nada quedará sin decir, y sobre todo, nadie podrá escapar por mucho que lo desee. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Celia Rico Clavellino

Entrevista a Celia Rico Clavellino, directora de la película «Viaje al cuarto de una madre», en Casa Gracia en Barcelona, el viernes 11 de enero de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Celia Rico Clavellino, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ellas Comunicación, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Ibon Cormenzana

Entrevista a Ibon Cormenzana, director de la película «Alegría Tristeza», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 15 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ibon Cormenzana, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Roberto Álamo

Entrevista a Roberto Álamo, actor de la película «Alegría Tristeza», de Ibon Cormenzana, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 15 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roberto Álamo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Manuela Vellés

Entrevista a Manuela Vellés, actriz de la película «Alegría Tristeza», de Ibon Cormenzana, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 15 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manuela Vellés, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Alegría Tristeza, de Ibon Cormenzana

EL HOMBRE QUE NO PODÍA LLORAR.

La película se abre de forma brutal y desatando el conflicto interno que sufren los personajes. Marcos, el padre protagonista, cena junto a su hija Lola, en silencio, y sin que aparezcan juntos en los cuadros. Marcos no acaba su cena y se marcha, nos quedamos con la mirada inquieta de la niña. De repente, empezamos a escuchar unos golpes secos y fuertes que provienen de la aseo de la vivienda. Lola se dirige hacia el aseo y allí, sin mediar palabra, abraza a su padre que tiene el puño de la mano derecha ensangrentada. De esta manera, áspera y sin aliento, arranca la tercera película como director de Ibon Cormenzana (Bilbao, 1972) con una interesante trayectoria como productor de autores tan importantes como Pablo Berger, Julio Medem, Claudia Llosa o Celia Rico, en la dirección se ha prodigado menos con sólo dos títulos muy espaciados en el tiempo, su debut con Jaizkibel (2000) planteaba un película que abordaba el tema del suicidio a través de las investigaciones de un director de cine, en la siguiente, Los Totenwackers (2007) narraba una aventura infantil destinada para los más pequeños.

Con Alegría Tristeza, vuelve a los mismos parámetros que ya retrata en su opera prima, ambientes cotidianos y un drama desgarrador y bien narrada, dónde la contención y la sobriedad son las armas para enfrentarse a los conflictos emocionales de los personajes. Marcos es un bombero habituado a las situaciones límite, aunque la vida le pondrá en la tesitura de lidiar con un durísimo golpe que le hará entrar en un estado depresivo, donde ha perdido la empatía emocional, no siente ni sabe sentir a los demás. Todo este problema le llevará a un hospital a tratarse psiquiátricamente, donde un doctor veterano le impondrá un método más convencional para ayudarle,  en cambio, una joven doctora empleará otros mecanismos, más personales, para hacer volver a sentir. Cormenzana nos cuenta la película con un guión preciso y lleno de detalles interesantes, un narración escrita junto a Jordi Vallejo (guionista de series como Sin identidad o Nit i dia, o películas como El pacto) consiguiendo de forma sutil y emocionante, llevarnos por los problemas de Marcos y aquello que lo trastorno, y sus relaciones con su hija y su mejor amigo, que también es compañero de trabajo.

El director bilbaíno nos sumerge en una película sencilla y honesta, sin estridencias sentimentales ni giros nerviosos de guión, sino adentrarnos con pausa en el mundo del protagonista, y su nuevo ambiente del hospital, contándonos de forma sutil y sobria los métodos médicos que va experimentando, y sus nuevos compañeros, como Andrés Gertrudix, con un personaje que sufre esquizofrenia, una de las presencias inquietantes de la película, o la relación íntima y personal con la doctora Luna, que consigue traspasar la barrera profesional y adentrarse en esa maraña de no sentimientos que padece Marcos. La película pide atención por parte del espectador, y sobre todo, dejarse llevar por un cuento bien narrado, que utiliza de forma admirable los espacios y la relación de ellos con los personajes, creando esa atmósfera que nos hace empatizar con ellos, no de forma evidente y sin gracia, sino todo lo contrario, acompañándolos en su experiencia dramática y caminando junto a Marcos, experimentando con él todos sus conflictos internos y su depresión, mirándolo a los ojos y viviendo sus problemas.

La elección de Roberto Álamo para el personaje de Marcos es todo un gran acierto, porque Álamo vuelve a darnos una lección de sencillez y contención encarnando a un hombre ausente, perdido y a la deriva, recordándonos al Brando de La ley del silencio, esos personajes que deben afrontar sus miedos e inseguridades, y nos e ven capaces a enfrentarse a ellos y desnudarse emocionalmente. Bien acompañado por la dulzura y valentía de Manuela Vellés como esa doctora idealista que se enfrenta a su superior (maravillosamente bien interpretado por la sobriedad de Pedro Casablanc) porque desaprueba sus métodos médicos, la eficiente y calidez de la niña Claudia Placer lidiando con un padre triste, y las presencias de Carlos Bardem y Maggie Civantos, como amigo y esposa del protagonista. Cormenzana ha vuelto a dirigir consiguiendo atraparnos en un drama cotidiano y sencillo, conmoviéndonos con tiempo y mesura, una tragedia de nuestro tiempo, en que el conflicto emocional de Marcos es de aquí y ahora, algo que nos podría suceder a cualquiera de nosotros, un problema mental al que debemos enfrentarnos de forma durísima y sin titubeos, sacando aquello que nos duele y nos revienta, aquello que no nos deja vivir, aquello que nos ha alejado de los nuestros, y nos ha encerrado en ese estado de tristeza permanente y ausencia. Un estado que con la ayuda de los que más queremos y con profesionales, podemos salir adelante y empezar a vivir, respirar y volver a sentir.

Entrevista a Julio Medem

Entrevista a Julio Medem, director de la película «El árbol de la sangre». El encuentro tuvo lugar el martes 30 de octubre de 2018 en el Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Julio Medem, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Álvaro Cervantes

Entrevista a Álvaro Cervantes, actor de la película «El árbol de la sangre», de Julio Medem. El encuentro tuvo lugar el martes 30 de octubre de 2018 en el Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Álvaro Cervantes, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.