Presentación Love Me Not en el D’A

Presentación de “Love Me Not”, de Lluís Miñarro, en el marco del D’A Film Festival, con la presencia de su director, los intérpretes Ingrid García-Jonsson, Francesc Orella y Lola Dueñas, y Carlos R. Ríos, director del D’A. El encuentro tuvo lugar el viernes 26 de abril de 2019 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Miñarro, Ingrid García-Jonsson, Francesc Orella, Lola Dueñas y Carlos R. Ríos, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez y Tariq Porter de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a LLuis Miñarro

Entrevista a Lluís Miñarro, director de la película “Love Me Not”, en el marco del D’A Film Festival. El encuentro tuvo lugar el viernes 26 de abril de 2019 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Miñarro, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez y Tariq Porter de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Love Me Not, de Lluís Miñarro

PASIÓN BAJO EL DESIERTO.

“No quisiste besar mi boca. Ahora yo morderé tus labios”.

Salomé

Una de las funciones fundamentales del cine, entre muchas otras, es no dejar indiferente, es hacer sentir o provocar de alguna manera al espectador, detenerle en su quehacer diario durante el tiempo de duración de la película y trasladarlo a un tiempo de ficción, un tiempo para invocarle a sus imágenes y sonidos, de tal manera que después de visionar la obra, la persona sienta y experimente algún cambio, ya sea físico o psíquico, quizás de todo esto pueda sonar a pretencioso, pero todo lo contrario, ya que en tiempos actuales donde mucho cine parece olvidar los nuevos formatos y narrativas experimentales y modernas, y parece anquilosado a añejas fórmulas añejas de narración y demás, donde todo parece inamovible, donde no existe espacio para la imaginación, para la subversión o para adentrarse en nuevos territorios y variantes de la composición narrativa o visual, convocando a ese espíritu experimental y vanguardista de los pioneros.

Como ya sucediese en su anterior película Stella cadente (2014) Lluís Miñarro (Barcelona, 1949) vuelve a mostrarse como una rara avis en el cine actual, alguien capaz de enfrentarse sin ataduras y lleno de libertad a acercarse a esas figuras o mitos sin ningún pudor narrativo y formal. En la citada película convertía el fugaz reinado de Amadeo de Saboya en España en una parábola política sobre un hombre solitario e incomprendido, un espectro de sí mismo, rodeado sin remedio en un espacio ajeno y extraño, con un séquito sediento de poder y a la deriva. Todo un puñetazo en la mesa sobre cómo abordar ciertos temas que siguen devorándonos en la actualidad, a través de figuras y momentos históricos, pero subvirtiéndolos y generando nuevas perspectivas desde puntos de vista diferentes. Siguiendo con esa idea cinematográfica, en Love Me Not, su cuarto largometraje como director, cuenta otra vez con Sergi Belbel en labores de escritura como hiciera en Stella cadente, en la que vuelve a instalar en un espacio real, deteniéndose en la figura bíblica de Salomé, a través de la visión de Oscar Wilde del siglo XIX, pero con relectura muy personal y actual, en la que Salomé se ha convertido en una soldado en mitad del desierto en Oriente Medio, en pleno 2006 en el centro de la guerra de Irak, en un destacamento que custodia a Yokanaan, un peligroso terrorista que se ha erigido como un profeta que anuncia el fin del terror, y demás internos que recuerdan a las terribles imágenes de la prisión Abu Gharib, con los soldados americanos torturando a los presos, junto a ella Herodías, su madre, y el Comandante Antipas, su padrastro, al mando de la zona.

Miñarro, insigne productor de nombres tan ilustres en el cine de autor contemporáneo como De Oliveira, Guerín, Weerasethakul, Serra, Alonso o Recha, entre muchos otros, construye una película extremadamente personal y diferente, en el buen sentido de la palabra, haciendo suyo el mito de Salomé y pervirtiéndolo en todos los sentidos, capturando su esencia clásica y releyéndola en el cariz de nuestros tiempos, con la guerra como telón de fondo, creando una fascinante y profunda parábola bélica y política contra el poder absoluto, la supremacía de la guerra y el pensamiento único de occidente frente al resto, lanzando una intensa y magnífica reflexión sobre la diversidad, la diferencia,la sensualidad, la ambigüedad sexual y el deseo como la herramienta fundamental para el encuentro con los demás y la vida, hincando esa frase revolucionaria que escuchamos en la película: “Lo único subversivo es el amor”, porque el director barcelonés se atreve con todo, sumergiéndonos en la diferencia y la diversidad en todos los aspectos de la condición humana, en una película audaz e inteligente, que a través del clasicismo estadounidense formal como el western, el cine de aventuras, el melodrama a lo Sirk más desaforado, nos conduce por una interesante reflexión sobre la identidad, el género y el mundo que nos rodea, tan sediento de poder y sangre.

Miñarro plantea una película en dos actos. En el primero, la palabra toma el pulso con ese maravilloso arranque con la conversación de Hiroshima y Nagasaki, dos soldados de la coalición internacional con nombres más que evidentes que hablan de política, de estado, de guerra, poder, deseo y sexo (que recuerda a Niño nadie, de Borau, cuando gentes corrientes debatían sobre filosofía y otros temas profundos) y con una Salomé, andrógina y extraña, perdida a su alrededor y ante los suyos, que recuerda a Amadeo de Saboya, con el objetivo de conocer a Yokanaan, atraída por sus proclamas y anuncios y su posterior (des) encuentro. En el segundo acto, la película se torna más teatral y se instala en el melodrama más desaforado con esa brutal secuencia entre Antipas y Herodías en la cama, pasados de vino, en plena discusión, que recuerda al teatro más salvaje y pasional, en el que veremos la tensión en las relaciones de Salomé y Antipas, un comandante contaminado de poder, lujuria y decadente, con una Herodías, que emana sexo por todos sus poros, caliente, guerrera y de carácter.

Miñarro ha construido una película con ecos al Buñuel más surrealista y sexual, con la provocación como bandera e insignia, disparando a todo y todos, ejecutando una película de múltiples capas, reflexiones e interpretaciones que muestra los cuerpos y el sexo de forma libre e íntima, atrapándonos con elementos pop y kitsch, como esos bailes que se marca una desatada y sexual Salomé, con ese grandísimo estilo visual que recorre la película de manera naturalista y estilizada con el gran trabajo del cinematógrafo Santiago Racaj, el preciso y rítmico montaje obra de Núria Esquerra y Gemma Cabello, y Amanda Villavieja y Al Rey  componiendo ese sonido intrigante y conciso. Y qué decir de Ingrid García-Jonsson, que hace una Salomé magnífica, andrógina, sexual, perversa y llena de pasión y odio, con esa primera secuencia, de espaldas y en la ducha, siendo observada, o esa última, estupenda guinda para cerrar la película, interpretando el “Vive cantando” de Salomé con su mismo vestido. Una delicia de actriz.

Bien acompañada por un Francesc Orella como Antipas, al borde de la locura como esos militares ciegos de poder y miseria que tanto abundan a lo largo de la historia, que tiene ese instante tan bruto, sucio y patético del melodrama más intenso del cine clásico norteamericano, con ese pobres tipos, envidiados en su trabajo y ninguneaos en el hogar, y Lola Dueñas como Herodías, una mujer independiente, asqueada y perdida, como también sabe interpretar el talento de una actriz inconmensurable que vuelve a ponerse a las órdenes de Miñarro,  con la interesante presencia del director Oliver Laxe metiéndose en la piel del encarcelado Yokanaan, ese líder extremo religioso que anuncia tiempos mejores para su pueblo, que se convertirá en el desencadenante de la pasión de Salomé. Una película bella y dolorosa sobre la guerra, el sexo, el amor, la pasión, el deseo y todo aquello que mueve a los seres humanos, unos seres faltos de amor, que tienen en la guerra su estado  para llenar tantos vacíos, en un marco natural, de frente, sin mal intenciones, con un Miñarro en estado de gracia, poniendo el foco en esos temas candentes que siguen arrastrando a la humanidad, mostrando la libertad de un creador libre, inquieto y magnífico que consigue atraparnos con sus imágenes, reflexiones y subversiones. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/307241203″>Love Me Not. Trailer ESP</a> from <a href=”https://vimeo.com/user12040697″>Eddie Saeta</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Ray & Liz, de Richard Billingham

HOGAR, AMARGO HOGAR.

Richard Billingham (Birmingham, Reino Unido, 1970) creció en la periferia de Birmingham, en la zona industrial de los Midlands occidentales, denominado  Black Country, en aquellos años de férrea y miserable política del thatcherismo, donde muchas familias obreras sucumbieron al desánimo y la austeridad como forma de vida, a la fuerza ahorcan. Con 18 años el joven Richard cogió una cámara de fotos y empezó a documentar todo aquello que vivía en su casa, con un padre alcohólico y una madre adicta a los puzzles y al tabaco, en medio de una miseria desbordantes, sin ninguna perspectiva de mejora, sino todo lo contrario. Unas fotografías que además de valerle al joven Richard una vía de escape, lo llevaron a ser reconocido y una carrera dedicada a la fotografía, muy bien acompañada de material audiovisual en forma de cortos y mediometrajes donde sigue retratando a su familia, los zoológicos de todo el mundo y el paisaje británico. Ray & Liz es su primer largo de ficción, basado en dos episodios de su infancia y adolescencia. Billingham estructura su película autobiográfica en tres tiempos. En uno vemos a un maduro, enfermo y hecho pedazos Ray, que pasa su tiempo alcoholizándose y tirado en la cama. En el segundo, a comienzos de los ochenta, vemos a Richard con 10 años, su hermano pequeño 2 años, y el incidente con su tío Laurence. En el segundo, Richard tiene 16 años y Jason 8 años.

El cineasta británico compone un relato austero, ya desde el formato de la imagen con ese 16mm, llenando el encuadre cuadrado de 4:3 de las miradas y los cuerpos de sus protagonistas, en un primer tercio donde el hogar parece indicar que las cosas funcionan aunque no del todo, ya en el segundo período el deterioro físico y moral es evidente, con unos padres a la deriva total, inmersos en su cotidianidad miserable y anodina, consumiendo alcohol, perdiendo el tiempo con menudencias, descuidando a sus dos hijos, sobre todo al pequeño Jason, que se siente desamparado y muy perdido, encerrados en el pequeño pido, auto encarcelados y arrastrándose por una existencia muy mísera y pobreza, rodeados de suciedad, animales y objetos mugrientos, con ese aspecto de hedor insoportable y basura por doquier. Billingham apenas nos muestra el exterior, y cuando lo hace, nos enseña un barrio como otro cualquiera, casi siempre nublado, donde la vida y sobre todo, la felicidad han decidido pasar de largo, donde todo se mueve por inercia, sin nada que hacer y soportando los días como una losa aplastante.

A pesar de tanta miseria moral y física, la película tiene algún resquicio de poesía o luz, de la mano de Jason, que encuentra un amigo salvador, una mano tendida que le dé algo de aire dentro de ese pozo oscuro y aterrador que es la vivienda con sus padres, aunque esos momentos son nimios, porque estas dos almas han sido despojadas de una vida acorde con sus edades, una vida cálida y compañía, una vida muy alejada de la que viven diariamente, en la que han sido abandonados como náufragos a su suerte, perdidos en esa maraña y desierto que es la relación con sus padres, con esos seres desconocidos en los que se han convertido, tan alejados de ellos como dos espectros que se desplazan sin más por ese hogar amargo y siniestro, mendigando unas pocas libras para seguir ahogándose en su incapacidad y miseria moral y física, porque la verdadera tragedia de Richard y Jason es que quieren huir de su casa para ser no vivir con dignidad, sino para ser ellos mismos, alejados de unos padres ausentes, ahogados en su miseria y perdidos en sus adicciones.

Billingham construye su relato imponente y magnífico a través de los silencios, de un minimalismo brutal, con unos encuadres brillantes que saben captar todo ese desaliento irrespirable en esas cuatro paredes, donde los planos detalle abundan y describen con minuciosidad los gestos y rostros ajados, rotos y agrietados de los padres, esos Ray y Liz envueltos en su miseria que arrastran a sus dos hijos, lanzando gritos de horror para seguir manteniendo una existencia sucia, durísima y agujereada. Las imágenes crudas y naturalistas de la película nos retroceden a las primeras películas de Loach o Frears, o esos ambientes “working class” de muchas obras de Mike Leigh, y sobre todo, a las películas de Terence Davies como Voces distantes (1988) con una estructura similar, donde dese el presente se recuerda ese pasado doloroso, sombrío y con algo de felicidad, aunque solo sea mínima, porque la mayoría de recuerdos sean tan duros y amargos, en los que destaca la enorme capacidad interpretativa del reparto, desde su físico, su ropa, sus gestos, miradas y su manera de desplazarse, incluso dormir, deviene todo ese ambiente de miseria en el que vivían o simplemente existían.

Un retrato familiar sin concesiones y malabarismos dramáticos, muy acorde con el trabajo fotográfico, un retrato que hace Billingham sin dejarse nada fuera, describiendo su extrema crudeza, tan real, tan cercana, sin sentimentalismos ni nada que se le parezca, con esa cámara escrutadora, testimonial y observadora que refleja la realidad diaria, la descomposición y la falta de aire, y lo hace desde la sinceridad y la honestidad del que retrata aquello que conoce, aquello que ha vivido, aquello que ha respirado muy a su pesar, pero no lo hace desde la venganza, desde el reproche, sino desde la distancia prudente, sin caer en el panfleto o la condescendencia, desde la altura de un chico de 10 y 16 años, desde alguien que conoció ese mundo irreal, doloroso y pobre, desde la perspectiva del que quiere huir como sea de ese hogar, por llamarlo de laguna forma, de ese espacio mugroso y miserable que le había tocado en suerte. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Nuestro tiempo, de Carlos Reygadas

LAS CUESTIONES SOBRE EL AMOR.

“El amor es dúctil y ante todo es imperfecto”

Desde Japón (2002) su primera película, el cineasta Carlos Reygadas (Ciudad de México, 1971) se ha convertido en un inquieto y curioso explorador de las relaciones humanas y la pasión amorosa como epicentro emocional en sus obras. En su puesta de largo, nos hablaba del retiro a lo rural de un señor de ciudad junto a una india, en Batalla en el cielo (2005) un crudísimo relato sobre el poder, la culpa y el sexo, se centraba en la desventura de un chófer que secuestraba a la hija de su patrón, en Luz silenciosa (2007) nos descubría a la comunidad de los Menonitas en una historia que giraba en torno al amor y la pasión, y en Post Tenebras Lux (2012) en la que una familia disfrutaba y sufría en dos mundos diferentes. El cine de Reygadas se mueve entre paisajes rurales imponentes, muy alejados del mundanal ruido, en los que naturaleza, animales y personas se mezclan de manera intensa y febril, en el que el interior de los personajes acaba siendo un reflejo en las bestias y los cambios en la naturaleza, una especie de espejo deformador y brutal de sus existencias.

Su cine está poblado de personajes sumamente contradictorios, seres que piensan de manera racional y coherente, pero que se pierden en sus ideas y acciones, que poco o nada tienen que ver con aquello que razonan, una lucha encarnizada entre su deseo y la realidad convulsa, variable y compleja. Su último trabajo, Nuestro tiempo, tiene mucho que ver con su anterior trabajo, Post Tenebras, en la que ya aparecía un ranchero llamado Juan, ahora interpretado por el propio Reygadas, un tipo que destaca como poeta, que vive con su mujer Esther, que interpreta Natalia López, que se dedica a las cuentas del rancho, su mujer en la vida real, y como ocurría en la citada película, Rut y Eleazar, hijos del director, vuelven a interpretar los hijos de Juan en la ficción. Ya desde su espectacular e intenso arranque precioso, íntimo y naturalista, en el que unos niños y niñas juegan en un inmenso lodazal, entre ellos los hijos de Juan y Esther, la cámara se mueve entre ellos, entre sus cuerpos y sus juegos, libres y sin ataduras. Luego, nos vemos unos metros más allá y observamos unos pre-adolescentes, entre ellos, un chico enamorada de una chica que no le corresponde, que minutos más tarde, sabremos que se trata del hijo de Juan y Esther.

Más allá, nos tropezaremos con los adultos, que se divierten cabalgando a toda prisa intentando cazar toros de lidia, y en la que conoceremos a Phil, un “gringo”, como lo llaman en la película, que ayuda a domar a caballos. Todo parece tranquilo, cotidiano, un día más o menos en el rancho donde personas, animales y naturaleza se distraen y se mezclan unos a otros. Toda esa aparentemente calma y orden natural, se verá fuertemente golpeado, en una especie de intruso destructor, en la figura de Phil, una especia de extranjero que viene a perturbar la paz aparente del hogar, como ocurría en Teorema, de Pasolini, ya que entra en ese hogar con un matrimonio liberal en su relaciones, aunque todo ese asunto de la relación sexual de Esther y Phil, provocará un cisma en la vida de Juan de consecuencias emocionales complejas. Reygadas, que aparece por primera vez como actor protagonista en una de sus películas, filma en un prodigioso formato panorámico, donde el paisaje, inmenso, bello y brutal, engulle a sus personajes, como los elementos naturales condicionan y nos muestran su vulnerabiblidad, tanto física como emocional, a unos individuos plácidos y cercanos en su cotidianidad, pero envueltos en la bruma cuando se desatan las cuerdas que los atan, cuando lo que parecía inamovible comienza a emerger en forma de pasión arrebatadora y desenfrenada, en que el personaje de Juan se verá perdido, a la deriva, temeroso, arrogante e incapaz de sujetar su matrimonio, al que creía liberal, y lidiar de forma más cuidadosa con sus emociones, desbordadas por este asunto de su mujer.

El cineasta mexicano se toma su tiempo, la película alcanza los 177 minutos, para contarnos ese cisma emocional casi como un diario filmado, buceando con reposo en las emociones profundas y confusas de sus personajes, sus encuentros furtivos sexuales y todo aquello que va cociéndose a fuego lento en sus miradas, sentimientos y acciones, viendo como las consecuencias se van apoderando de la paz del hogar, conociendo y descubriendo de primera mano las relaciones dificultosas entre un matrimonio, que se verá enfrentado a sus ideas teóricas sobre su amor y la realidad abrumadora de lo que sienten y cómo actúan ante los conflictos que se generan. La película ahonda en profundidad e intensidad en las relaciones humanas de nuestro tiempo, como reza el título de la película, un tiempo en el que parece que seamos más liberales y modernos, o al menos así nos definimos y nos creemos ante las miradas ajenas, y luego, en la intimidad del hogar, todas esas ideas sobre el amor libre, se vienen abajo en un suspiro, y nos encontramos perdidos, a la deriva, una especie de robinsones crusoe atemorizados por el intruso que nos “roba” a nuestro amor, y acabamos en un pozo de ideas antiguas sobre el amor, los sentimientos, y lo que es más grave, incapaces de hacer frente a aquello que nos debilita y a  nuestras propias contradicciones en cuestiones sobre aquello que sentimos, y la incapacidad de resolverlo ante los demás y ante nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Eva Vila

Entrevista a Eva Vila, directora de la película “Penélope”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 5 de septiembre de 2018 en el hall del Cine Phenomena en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Eva Vila, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

El cine de fuera que me emocionó en el 2017

El año cinematográfico del 2017 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión por mi parte).

1.- TONI ERDMAN, de Maren Ade

https://242peliculasdespues.com/2017/01/20/toni-erdmann-de-maren-ade/

2.- EL VIAJANTE, de Asghar Farhadi

https://242peliculasdespues.com/2017/03/08/el-viajante-de-asghar-farhadi/

3.- LA IDEA DE UN LAGO, de Milagros Mumenthaler

https://242peliculasdespues.com/2017/04/09/la-idea-de-un-lago-de-milagros-mumenthaler/

https://242peliculasdespues.com/2017/04/16/entrevista-a-milagros-mumenthaler/

4.- EL OTRO LADO DE LA ESPERANZA, de Aki Kaurismäki

https://242peliculasdespues.com/2017/04/17/el-otro-lado-de-la-esperanza-de-aki-kaurismaki/

5.- SIERANEVADA, de Cristi Puiu

https://242peliculasdespues.com/2017/08/05/sieranevada-de-cristi-puiu/

6.- LA REGIÓN SALVAJE, de Amat Escalante

https://242peliculasdespues.com/2017/09/16/la-region-salvaje-de-amat-escalante/

https://242peliculasdespues.com/2017/09/19/encuentro-con-amat-escalante/

7.- UNA MUJER FANTÁSTICA, de Sebastián Lelio

https://242peliculasdespues.com/2017/10/13/una-mujer-fantastica-de-sebatian-lelio/

8.- ¡LUMIÈRE! COMIENZA LA AVENTURA, de Thierry Frémaux

https://242peliculasdespues.com/2017/10/19/lumiere-comienza-la-aventura-de-thierry-fremaux/

9.- EN CUERPO Y ALMA, de Ildikó Enyedi

https://242peliculasdespues.com/2017/10/29/en-cuerpo-y-alma-de-ildiko-enyedi/

10.- EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ, de Lynne Ramsay

https://242peliculasdespues.com/2017/11/25/en-realidad-nunca-estuviste-aqui-de-lynne-ramsay/

11.- EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO, de Yorgos Lanthimos

https://242peliculasdespues.com/2017/12/03/el-sacrificio-de-un-ciervo-sagrado-de-yorgos-lanthimos/

12.- ALANIS, de Anahí Berneri

https://242peliculasdespues.com/2017/12/21/alanis-de-anahi-berneri/

13.- COLUMBUS, de Konogada

https://242peliculasdespues.com/2017/12/26/columbus-de-kogonada/

14.- RECUERDOS DESDE FUKUSHIMA, de Doris Dörrie

https://242peliculasdespues.com/2017/12/31/recuerdos-desde-fukushima-de-doris-dorrie/