Entrevista a Cristina Rosselló, directora de la película «Érem una gran família», en el marco del D’A Film Festival, en la Sala Raval del Teatre CCCB en Barcelona, el domingo 22 de marzo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cristina Rosselló, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Henar Ortega de Contarlo Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Eimi Imanishi y Nadhira Mohamed, directora y actriz de «Sombra nómada», en el marco del D’A Film Festival, en la Sala Raval del Teatre CCCB en Barcelona, el lunes 23 de marzo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Eimi Imanishi y Nadhira Mohamed, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Xavi Puebla, director de la película «Femení, singular», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xavi Puebla, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Fran Arráez de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Vico Escorcia, actriz de la película «Femení, singular», de Xavi Puebla, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vico Escorcia, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Fran Arráez de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Cuando inmigramos, solía llorar mucho. Pero me di cuenta que a nadie le importaba.”
Frase de la película Vidas pasadas, de Celine Song
El universo cinematográfico de Xavi Puebla (Barcelona, 1969), se mueve dentro del ámbito laboral como sucedía en Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008), donde tres empleados se disputan el puesto vacante de director, En A puerta fría (2012), un agente de ventas en apuros se las ingeniaba para revertir su situación profesional. En Femení, singular la cosa se centra en Nayeli, el eslabón más bajo de la pirámide laboral porque ella es una inmigrante mexicana y de escasos recursos que transita por Barcelona como empleada doméstica. Una mujer invisible, sometida a los cánones laborales impuestos por los que manejan los hilos, y además, tan sola como la distancia que le separa de su país, donde almacena el sueño de un bar junto a su esposo. Un hecho inesperado y totalmente revelador sumirá a Nayeli en un callejón sin salida de compleja solución. Una situación cotidiana en la que sobreviven cientos de miles inmigrantes acumulando empleos para vivir aquí y enviar dinero para allá. Vidas ensombrecidas, vidas pobres y sobre todo, no vidas.
A partir de un guion sólido y sin concesiones coescrito por el desaparecido Jesús Méndez, que colaboró en más de 40 proyectos audiovisuales, Mireia Vidal, coguionista de Yo, de Rafa Cortés y Les mans buides, de Marc Recha, y el propio Puebla, nos situamos en la mirada y el gesto y las pocas palabras de la protagonista, un personaje basado en su rostro y un interior que, en la intimidad, vemos todo el dolor y la incertidumbre en la que está instalada muy a su pesar. La película se cuenta bien y se explica mejor, sin necesidad de artilugios ni inventos para subyugar al espectador, aquí la cosa por otro lado, donde el respetable observa a un personaje viviendo situaciones tan cotidianas como incómodas, en el que se le obliga a vivirlas y no mirar hacia otro lado más cómodo, porque en Femení, singular se tocan temas que duelen, que molestan y que apenas se ven, por no decir que viven en la profundidad del olvido. Nayeli es mujer, inmigrante y pobre, muchos obstáculos para alguien que tiene escasos medios para enfrentarlos, además de la indiferencia y la cero empatía que recibe de sus superiores, como la señora en la que limpia y cuida de su hijo, tan estirada como distante y altiva, o su casera, tan necesitada como ella, pero alejada porque ella se siente en una posición de altura.
La excelente cinematografía de Albert Pascual, que conocemos por sus trabajos con Bigas Luna, Santiago A Zannou, Ibon Cormenzana y Oriol Paulo, entre otros. Una luz mortecina y una cámara quieta y cercana, observadora pero sin invasora, con unas localizaciones que se alejan de lo previsible y buscan la autenticidad y sobre todo, la verdad, aquella que decía Rossellini, la que mira, no juzga y penetra en las entrañas de la realidad y del propio personaje. La música de Isabel Latorre, que ha trabajado con Neus Ballús, Elena Escura y Àlex Lora, entre otros, sensible y sincera que construye ese espacio doméstico y urbano por el que se mueve la protagonista, sin recurrir a los excesos típicos del cine mercantilista. El montaje es de Maria Castan De Manuel, que trabajó con Puebla en su cortometraje Negra nit (2022), amén de las recientes Supernatural, de Ventura Durall y Extrany riu, de Jaume Claret Muxart. Una edición con el aroma de las películas de Fritz Lang en EE. UU., sobrias, concisas y huyendo de alardes ni acelerones, sino apoyadas en la contención que la acerca a Bresson, donde la imagen es el foco principal y la palabra ayuda a ir más allá, dotando al relato de solidez y tangibilidad ya que nos sentimos dentro del personaje, siendo testigos de sus decisiones y sus complejidades.
La presencia de la actriz mexicana Vico Escorcia como Nayeli es todo un gran acierto porque nos la creemos en todo momento, y sin apenas abrir la boca, que hace de su interpretación aún más difícil, porque todo lo debe de expresar desde el silencio, transmitiendo las situaciones tan adversas y en soledad en las que está inmersa en su peculiar método de supervivencia cueste lo que cueste y enfrentándose a una sociedad tan ensimismada en sí misma que olvida con mucha facilidad al otro. Le acompañan Nora Navas como la “señora”, una actriz completísima que siempre resulta muy creíble y natural. Kasi Kapcia es Ilona, que hemos visto en Frontera y Una quinta portuguesa, entre otras. Otros intérpretes son Mònica Almirall, Sergio Caballero, que ha trabajado varias veces con Puebla, y Carles Sanjaime, entre otros. en Femení, singular encontramos referencias al Neorrealismo italiano, al Free Cinema, y cómo no, a los Dardenne, cineastas que han virado sus cámaras, como hizo Buñuel en Los olvidados que corrigió un plano demasiado bonito a Gabriel Figueroa porque la historia iba sobre los que no existen como Nayeli, los que están, trabajan y son pero no para los que los encierran en sus vidas y sus barrios, alejados de ellos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Todo está en la infancia, hasta aquella fascinación que será porvenir y que sólo entonces se siente como una conmoción maravillosa”
Cesare Pavese
Érase una vez… una niña llamada Tanit de 10 años. Tanit vive en una casa de un pueblo junto a un bosque. Un día, buscando a su perro, lo encuentra junto a l’àvia Perona, una señora rodeada de hierbas a la que llaman la bruja del bosque. A partir de ese día, entre Tanit y la Perona se iniciará una relación de amistad, amor y aprendizaje. Tanit, la primera película en solitario de Pep Garrido (Barcelona, 1979), además de guionista y coproductor, nace a partir del cuento homónimo de Núria Albó, que se alzó con el primer premio de El vaixell de vapor en 1984, se convirtió para muchos en su novela juvenil sobre lo femenino, llena de misterio, aventura y sobre todo, de madurez personal. El relato nos sitúa en un bosque, con sus ritmos y sonidos, a través de la mirada curiosa y rebelde de Tanit, la protagonista que vive junto a sus padres, con una madre con embarazo de riesgo y un padre ausente por su trabajo en el hospital. Tanit, a lomos de su bicicleta o en compañía de su inseparable perro, se lanza a descubrir el bosque y todos sus misterios.
Garrido que conocemos por sus trabajos como director en Sense sostre (2019), que codirigió junto a Xesc Cabot, como guionista en películas como Zulo o Desmontando a un elefante, entre otras y coproductor en Un sol radiant. El director barcelonés se ha lanzado en construir una mirada a través de un momento extraordinario y difícil de la infancia cuando la realidad que nos envuelve se torna compleja y nada fácil, y Tanti, en este caso, deberá afrontar situaciones que se les escapa, además de afrontar unos sentimientos contradictorios y complicados para su edad. Estamos ante un retrato sobre la infancia, sí, pero muy sensible y delicado, que toca temas como la pérdida, la ausencia, el dolor y demás sentimientos que nos enfrentan a la existencia y sobre todo, nos devuelven esa sensación de vulnerabilidad y efimeridad que tienen nuestras vidas. Garrido sabe observar su relato, dejando ese espacio necesario para que todo se desarrolle y se mire con curiosidad y sin prisas, donde la trama se torna sencilla, honesta y muy transparente, huyendo de artificios y construyendo una película de verdad, nada pretenciosa y algo que la hace muy interesante, pequeña, emotiva y nada complaciente.
Para el equipo técnico, el cineasta ha contado con profesionales cómplices como la cinematógrafa Àssia Júlia La-Roca, que descubrimos en Un sol radiant, también una película sobre el hecho de vivir y sus circunstancias, tiene la capacidad de mostrar y acercarse a aquello que filma desde una distancia y un tiempo que huye de la sensiblería y la condescendencia, transmitiendo la capacidad que sus imágenes vayan más allá y generen las preguntas idóneas y reflexivas. Y otros colaboradores como el sonido de Verónica Font, en un preciso trabajo que con la complicidad de la música de Clara Peya, construyen un espacio sonoro y delicado en el que la banda sonora está compuesta por composiciones sensibles y nada facilonas junto a los sonidos del bosque, del río y demás aspectos de la naturaleza. El montaje corre a cargo de Pepa Roig, de la que conocemos sus trabajos en ficciones como Un bany propi, y documentales como On eres quan hi eres? y Dios lo ve, entre otros. Una edición que en sus 108 minutos de metraje nos lleva de aquí para allá, siempre en compañía de la curiosidad y rebeldía de Tanit, con un ritmo pausado y sólido, sin artimañas ni espectacularidades, sino sumergiéndonos en un espacio entre vida y muerte, entre ilusión e imaginación, entre aquello que somos y la realidad dura que nos encontramos, al fin y al cabo, entre descubrir de qué va esto que llaman vivir.
Una película de estas características debía de acertar de pleno en la elección del personaje principal y con Dolça Salvans Portell lo consiguen. Porque es una actriz natural de Viladrau, uno de los lugares del rodaje, y un espíritu rebelde e inquieto como el personaje de ficción que interpreta. Un gran acierto que transmite naturalidad, intimidad y sobre todo, verdad. Le acompañan los adultos, entre los que destaca la gran presencia de Isabel Rocatti, que la seguimos encontrando en una ambiente rural como en la reciente Cowgirl, pero ahora en un personaje diferente, convertida en esa “bruja” del bosque, en una especie de punki alejada de todos y todo que será vital para Tanit. Los padres de la niña son Sara Espígul y Sergio Caballero, y finalmente, Núria Molàs, otra actriz natural de la zona, que regenta una ganadería ecológica, otra mujer fuerte, rebelde e independiente. La gran ventaja de Tanit, de Pep Garrido es que es una película para todos los públicos, pero en el sentido comercial, sino en el sentido de que está abierta para todas las miradas, y además, nos habla de temas de forma profunda, difícil y mostrando una verdad que pocas veces se ve en el cine, y en un cine como este, que cuenta, que transmite y sobre todo, nos emociona y conmueve con unas imágenes naturales, en muchos momentos de forma documental, que emanan una verdad que traspasa el alma. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Zoe Stein, intérprete de la película «Forastera», de Lucía Aleñar Iglesias, en la Calle Sancho de Ávila en Barcelona, el jueves 3 de septiembre de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Zoe Stein, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Sandra Ejarque, de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Lluís Homar, intérprete de la película «Forastera», de Lucía Aleñar Iglesias, en la Calle Sancho de Ávila en Barcelona, el jueves 3 de septiembre de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Homar, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Sandra Ejarque, de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Gabriel Azorín, director de la película «Anoche conquisté Tebas», en el marco del D’A Film Festival, en la imperdible sección de «Un impulso colectivo», en su habitación del Hotel Catalonia Ramblas en Barcelona, el lunes 23 de marzo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Gabriel Azorín, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Henar Ortega de Contarlo Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”
Rabindranath Tagore
Hay muchos Cine Español, tantos como cineastas existen. Hay uno que hace mucho ruido, dicho sea de paso, por la cobertura de medios, instituciones y demás escaparates. Aunque eso no significa que sea el cine que más representa el cine que se hace por estos lares. Es un cine más. Porque no hay duda que lo que llamamos Cine Español no es más que una etiqueta, porque el cine hecho aquí es muy diverso, heterogéneo y sobre todo, tan complejo como la historia de este país. Dicho sea de paso, una película como Anoche conquisté Tebas, de Gabriel Azorín (Hellín, Albacete, 1981), es todo lo que el cine debería ser, y no lo digo de forma categorizante, para nada. Si no que lo digo por su audacia e inteligencia en devolver al Cine, y esto lo digo con “mayúsculas”, el Cine de los orígenes, tan radical, imaginativo y sorprendente, donde la herramienta cinematográfica era un medio de exploración infinita, donde cada encuadre era un viaje en sí mismo, donde aquello que se llama “fantasmagoría” crecía en cada película, resignificando una nueva forma de narrar, de contar, de experimentar y sobre todo, de romper y atreverse con todo.
A Azorín llevamos tiempo siguiéndole la pista, desde su formación en la ECAM, por ser miembro de lacasinegra, un colectivo que forma junto a Elena López Riera, Carlos Pardo Ros y María Antón Cabot. Un cuarteto de cineastas exploradores de la imagen y todas sus múltiples variedades, conceptos y texturas como demuestran en su largometraje Pas à Geneve (2014), que siguen retroalimentándose en sus respectivas películas. Como director en solitario con Los galgos (2012), El ruido del universo (2022), y Los mutantes (2016). Con Anoche conquisté Tebas hace su puesta de largo en solitario y nos convoca en un lugar fascinante y magnético como las termas romanas de Bande, en Ourense (Galicia), y nos sitúa a través de unos amigos portugueses que las visitan. Un arranque extraordinario con esos citados amigos caminando por unos barros fangosos de difícil tránsito, y luego, esa cámara cenital que los observa y los diminuta mientras juegan por los restos pedregosos de las termas. Una película de descubrimiento, de volver a ver el cine de verdad, de encantarse con cada plano, cada mirada y cada leve gesto, porque la película devuelve al cine a su esencia: a la palabra, al agua y a la amistad. Un cine que se quita el artificio para sólo observar la película, su historia, a sus personajes, a escuchar sus diálogos tan cotidianos como reveladores, con esas conversaciones tan importantes como difíciles, a las que nadie se atreve a penetrar.
El cineasta manchego ha vuelto a contar con el cinematógrafo Giuseppe Truppi, el italiano afincado en España que tiene en su filmografía a la citada López Riera, con la que ha hecho casi toda su carrera, amén de Léon Siminiani y Guillermo Benet, que colabora en la película. La cámara se posa en la historia, en su relato, en su espacio y los hace míticos, como si el tiempo, la memoria y sus gentes se evaporan en sintonía con el agua, como si todo se detuviera, como si lo que vemos fuese como una sensación entre la razón y el sueño, entre estar despierto y la vigilia, con una hipnotizante atmósfera nocturna que lo inunda todo, donde habita un espacio intermedio repleto de sombras y fantasmas. La falta de música ayuda a construir ese espacio cinematográfico, con el tenue y leve sonido del agua, casi como a hurtadillas, con una constante que varía según los acontecimientos. El magnífico trabajo de arte de Miguel Ángel Rebollo, ayuda a construir ese espacio intermedio entre lo que vemos, lo que imaginamos y lo demás allá, en un lugar que va variando y va dejando pasar como los vapores que no cesan emanando del agua. El montaje corre a cargo de la gran Ariadna Ribas, con unos impresionantes 111 minutos con un ritmo reposado, imperceptible y mágico, donde la única jornada va pasando como a escondidas, dejando el mundo y lo demás fuera, y dejándonos sólos con los personajes y sus conversaciones y sus silencios.
Entre los intérpretes encontramos a los portugueses Santiago Mateus y António Gouveia, por un lado, y por el otro, a Oussama Asfaraah, y el serbio Pavle Cemerikic, que hemos visto en películas de su país como La carga y La patria perdida, entre otras. Sin olvidar la breve pero estimulante presencia de Lorena Iglesias. Unos actores que se metamorfosean con el ambiente, y sobre todo, con su atmósfera y se convierten en “otros”, en unos hombres que hablan de amistad, de miedos, de guerras, de soledad, y de la vida que nos aleja y de los sueños que tenemos, que ya no tenemos y que nunca tendremos. Un cine que nos retrotrae al cine de los Rossellini, Pasolini y Tarkovski, y demás, donde la palabra y el espacio era el epicentro de la narración. Hay pocas películas que necesitan de su visión como esta, y no lo digo con ánimo de llamarla “necesaria”, que es un término que se usa con demasiada gratuidad. Lo digo como una experiencia alucinante su visionado, porque Azorín consigue algo tan difícil en una sociedad tan mercantilizada y sobreestimulada como la que vivimos, porque nos aleja de todo eso, y nos invita a escuchar las conversaciones de unos hombres jóvenes durante su descanso dentro del agua, y lo hace despojando el cine de todo su maraña artificiosa, y desnudando cada plano y cada mirada, dejándonos solos ante la cotidianidad de un diálogo, entre la vigilia y el sueño, entre la fragilidad y la vulnerabilidad de nuestras existencias, del constante juego de vivir y no vivir, de todo aquello que somos y lo que no, y todo aquello que deseamos y que no se producirá, y todo aquello que nos atrevemos hablar y nunca lo hacemos. Una película que recupera el cine en su esencia, en su primigenia, en su labor de mirarlo y dejarse llevar por lo más sencillo, lo más transparente y nada más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA