Entrevista a Júlia Betrian y Zaida Carmona

Entrevista a Júlia Betrian y Zaida Carmona, actrices de “Puta y amada”, de Marc Ferrer. El encuentro tuvo lugar el martes 3 de julio de 2018 en el Parc de L’Estació del Nord en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Júlia Betrian, Zaida Carmona y Marc Ferrer, por su tiempo, amistad, sabiduría, generosidad y cariño.

Entrevista a Alejo Levis

Entrevista a Alejo Levis, director de la película “No quiero perderte nunca”. El encuentro tuvo lugar el lunes 9 de julio de 2018 en el Zumzeig Cine Cooperativa en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alejo Levis,  por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño.

Entrevista a Marc Ferrer

Entrevista a Marc Ferrer, director de la película “Puta y amada”. El encuentro tuvo lugar el martes 3 de julio de 2018 en el Parc de L’Estació del Nord en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Ferrer, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño.

No quiero perderte nunca, de Alejo Levis

PAULA Y SUS FANTASMAS.

“Si nos perdemos, nos volvemos a encontrar en el lugar que nos vimos por última vez”

Paula y Malena se han mudado a la casa familiar de la primera. Es una casa aislada en mitad de un bosque, apartada de todos y todo, donde se acumulan las huellas de una vida, y llena de recuerdos de otro tiempo, y sus objetos, desordenados y polvorientos, se acumulan en cajas sin saber qué hacer con ellos. Paula quiere esos objetos cerca, junto a ella, se niega a desprenderse de ellos, como si esos objetos albergaran el alma de aquellos que ya no están. De aquellos que aunque no los veamos, siguen presenten en cada habitación y en cada espacio de la casa. Una mañana, Paula coge el teléfono y le comunican que su madre ha muerto. Malena se va a trabajar, y Paula se queda sola, atrapada en esa casa, en sus recuerdos, en sus objetos y con sus fantasmas. Alejo Levis es un creador inquieto, ha editado The Birthday, de Eugenio Mira, ha coescrito 14 días con Víctor, ha coescrito y codirigido el montaje teatral Life Spoiler, y ha dirigido videoclips y cortos, también debutó como director en el largo Todo parecía perfecto (2014) una inclasificable e hipnótica love story, en el que se mezclaban realidad y sueño.

En su segundo trabajo, mantiene la atmósfera psicológica, y también, el mundo onírico, pero aquí el amor de pareja ha transmutado en una relación materno-filial, en el que una hija deberá enfrentarse a sus fantasmas, a la pérdida, al dolor, a la ausencia de una madre que, al igual que ella, vaga por esa casa familiar transformada en un laberíntico baúl de recuerdos, olores, sensaciones y tiempos, donde cada instante parece diferente, envuelto en la extrañeza mental que sufre la protagonista. Levis conduce a su Alicia particular por este al otro lado del espejo, a esa dimensión entre realidad y sueño, a ese estado de ánimo confuso y complejo, donde las cosas ya no son lo que eran, donde todo ha cambiado, en el que uno ya no pertenece a sí mismo, sino a ese espacio, convirtiéndose en un objeto o recuerdo más, intentando lo imposible, intentando ese acercamiento al ser que ya no está, a esa madre ausente, que ya lo era en vida, y que ahora, en la muerte, vuelve a ser un ser que se escabulle, imposible de atrapar, un ser que te busca, pero tú no lo ves, alguien que te llama, pero eres incapaz de saber de dónde procede, alguien que te quiere a su lado, pero tú, por más que vayas en su encuentro, no logras encontrarte.

A través de una luz natural, y un formato íntimo y corporal, y esa música poética y anímica, que nos explica el interior de  Paula, a la que seguimos por este espacio onírico, intangible y complejo, un espacio doméstico y conocido, que se convierte en un lugar extraño, lleno de rincones oscuros, y escaleras y pasillos que no tienen fin, situándonos en su interior, en el centro de su alma herida, esa alma sin descanso, esa alma que desea ese encuentro soñado, ese encuentro imposible, ese encuentro entre la vida y la muerte, ese instante fugaz, pero lleno de vida y amor. Levis recoge el aroma de aquel cine psicológico de finales de los sesenta que eclosionó en los setenta, con nombres como Bergman, Polanski o Saura, donde sus heroínas depresivas, vagaban sin descanso, atormentadas por espectros, en un espacio terrorífico lleno de recuerdos y objetos familiares molestos, que las llevaban hacia lugares oscuros e inciertos, enfrentándolas a todo aquello que pertenecía a la memoria familiar y a su propia memoria.

Levis apoya su retrato en la mirada y el cuerpo de María Ribera, una actriz portentosa y cálida, que consigue con lo mínimo, introducirnos por este cuento de terror doméstico, que suelen ser los más siniestros, ya que se sumergen en aquello oscuro que alberga en nuestro interior, explorando sin concesiones, y a tumba abierta, esa pérdida transformada en dolor físico y mental, en este viaje introspectivo al interior del alma, sobre la aceptación desde el dolor y la pérdida,  hacia el encuentro con aquello más profundo, aquello que no nos deja respirar, lo que nos oculta de nosotros mismos, y sobre todo, enfrentarse a nuestros fantasmas ocultos, y los otros, esos espectros que vagan por nuestros espacios, esas presencias inquietantes que nos devuelven lo más oscuro de nosotros mismos. Malena, su compañera, interpretada por Carla Torres, es la antítesis de Paula, porque representa lo terrenal y lo físico, esa puerta a la realidad, mientras Paula es lo metafísico y lo romántico, y finalmente, la madre, maravillosa la interpretación de la dulce y cálida Aida Oset (que también se marcará uno de los temas de la película) esa ausencia-presencia en todo el metraje, a través de su memoria, en forma de cartas, de su voz, sus objetos, y la presencia vital, con la misma edad que Paula, y estas dos almas, que se buscan, se llaman, se hablan y sobre todo, se sienten desde lo más profundo, de aquello que no podemos ver ni escuchar, sólo sentir y dejarnos llevar.

Puta y amada, de Marc Ferrer

(DES) AMORES, AMIGOS Y CINE.

“Si no se puede ser hermoso hay que ser terrible, la misma pasión estética pero invertida”

Nos encontramos en un cine, unos amigos están viendo alguna película de Godard, Truffaut, Pialat o la última de Woody Allen, la siguen con atención, inmersos en un estado hipnótico por sus imágenes y sonidos, abducidos por las historias que se cuentan. Cuando acaba la película, toman algo en el bar más cercano y hablan sobre la película, que les lleva a hablar de ellos mismos, de sus (des) amores y existencia vital. Este instante, cotidiano y resistente, podría ser la secuencia habitual del cine de Marc Ferrer (Sabadell, Barcelona, 1984) que después de graduarse en Comunicación Audiovisual en la UPF, y de realizar cortos y videoclips, debutó en el largometraje con Nos parecía importante (2016) donde las vivencias autobiográficas,  la amistad y la cinefilia eran los pilares en los que se asentaba su película. Al año siguiente, vimos La maldita primavera, que, aunque continuaba hablándonos de amigos y cine, lo hacía a través de un tono diferente, en una comedia muy gamberra, muy divertida, en el que se mezclaba la Barcelona actual, mucha música pop de Papa Topo, devaneos sentimentales, extraterrestres y mucho trash.

En su tercera película, Puta y amada, Ferrer vuelve a la premisa de su opera prima, donde vuelve a hablarnos de sí mismo, de sus amigos, algunos interpretándose a sí mismo, donde se vuelve hablar de cine, de literatura, y sobre todo, de la fragilidad de los sentimientos, y la vulnerabilidad de las emociones, a través de relaciones frugales, insatisfechas, acomodadas, tristes, reconciliables o no, locuras y demás (des) amores, y lo hace desde la naturalidad y la cercanía, a partir de esa austeridad narrativa y formal que hace de la carencia de medios, una bandera para contarnos relatos frescos, divertidos y actuales, filmando esa Barcelona de día, pero sobre todo, de noche, la Barcelona canalla,  la del Cine Zumzeig, la de Freedonia, la del Raval, con su Mónica del Raval (que aquí tiene un cameo, volviendo al universo Ferrer, ya que en La maldita primavera tenía un personaje importante) aquí tenemos la presencia de Yurena marcándose la actuación de uno de sus temas disco, a la que veremos en otros momentos, también envuelta en amores inconclusos. Estaremos en otros tantos lugares, donde la ciudad, esa Puta y amada, para Ferrer y sus amigos, como epicentro y responsable inocente de sus logros o desaciertos vitales. También, hay mucha música, escuchamos canciones pop, que nos hablan del interior de los personajes, de sus sentimientos y estados de ánimo.

El director sabadellense construye sus películas de 60 minutos de metraje, un tiempo en el que no cesan de ocurrir cosas, donde el ritmo nos lleva de un sitio a otro  de forma frenética, a los (des) encuentros casuales o no, nos sitúan en situaciones cotidianas, realistas o no, donde los personajes siguen a sus amados, queriendo encontrar ese sentido a sus vidas o aprender a relajar su corazón y que no vuelva a salir perjudicado por tantos cambios. Ferrer elogia la imperfección, la fealdad, huye de lo bonito y perfecto, no juzga a sus personajes, los filma desde la naturalidad y la intimidad, en una especie de catarsis autobiográfica, en el que lo vivido en la realidad pasa a ser materia de ficción, en el que la vida y el cine se mezclan, fusionan y crean una especie de híbrido donde vida y película dialogan entre sí, creando una nueva dimensión donde la realidad y la ficción se traspasa continuamente, pero, siempre desde un sentido sencillo y honesto, sin crear ningún tipo de discurso o subrayado narrativo, la película se cuenta desde el deseo de hacer cine, de vivir el cine y de sentir el cine desde lo más mínimo, desde sus orígenes, filmando todo aquello que nos ocurre, que forma parte de nuestras vidas.

El cine de Ferrer reflexiona continuamente sobre el valor de las imágenes, sobre su construcción y su tiempo, donde la Nouvelle Vague sería el epicentro romántico cinematográfico, donde nacen sus imágenes, un lugar de referencia del que se originan estas películas, donde continuamente se  establecen diálogos entre el cine y la vida, donde no sabemos dónde acaba uno y empieza el otro, como el instante en el que Júlia entra en la cabina del proyeccionista del cine  y mira con amor ese proyector en 35 mm. Marc hace un cine libre, fresco, natural y divertido, alejado de todas esas moderneces, imperativos narrativos o formales, donde se recupera la cinefilia, el amor al cine, sus personajes van al cine, hablan de él tomando algo, como una mirada hacia lo que fue el cine, lo que ya no es, porque Ferrer elogia el cine diferente, hecho desde la emoción, en el que prevalece el contenido a la forma, aunque la forma, a pesar de resultar aparentemente sencilla e improvisada, casa perfectamente a aquello que se nos cuenta, sin entrar en ninguna virguería técnica o demás, que rompería esa naturalidad y espontaneidad que destilan las imágenes de la películas de Marc.

Marc que se reserva un personaje, el del cineasta en crisis creativa y sentimental, está acompañado en esta nueva aventura por una de sus cómplices habituales y compañeras, Júlia Betrian, con su desparpajo y cercanía, Zaida Carmona, que con su tono de voz y mirada, nos recuerda a Marta Fernández Muro, una de las actrices capital en aquella comedia madrileña de los 80 (que como hacía en La maldita primavera, donde se marcaba el temazo de “La llamada”, aquí Zaida, nos deleita con un tema de The Cranberries) Adrià Arbona y sus Papa Topo, y demás inquilinos en el universo gamberro y sensible de Ferrer, que recuerda a aquellos primeros filmes de Waters, Fassbinder, Colomo o Almodóvar, o más recientes como los films de Jonás Trueba, donde a través de amigos y la obligada austeridad de medios, nos hablaban de sus emociones, del cine que amaban y de esos amores que van y vienen, que a uno lo matan o resucitan, porque Ferrer quizás haya hecho su película más realista, más acogedora, y más tierna, donde explora tanto la felicidad como la infelicidad de él y sus amigos, de todo aquello que se siente enfrentado a la realidad dura y siniestra, donde la dificultad de interpretar nuestros sentimientos que choca con los hechos, nos confunde, nos irrita, y nos entristece, como ese maravilloso momento en el taxi con el propio Marc junto a Zaida, en el que cine y vida se transmutan creando, quizás, uno de los momentos más mágicos en el cine de Ferrer.

Entrevista a Max Megias

Entrevista a Max Megias, actor de la película “Jean-François i el sentit de la vida”, de Sergi Portabella. El encuentro tuvo lugar el martes 3 de julio de 2018 en el Instituto Francés en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Max Megias, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Sara Gutiérrez Galve

Entrevista a Sara Gutiérrez Galve, directora de la película “Yo la busco”, en el marco del D’A Film Festival. El encuentro tuvo lugar el martes 1 de mayo de 2018 en el hall del Teatre CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sara Gutiérrez Galve, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Tarip Porter de Trafalgar Comunicació, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.