Entrevista a Andrea Pallaoro

Entrevista a Andrea Pallaoro, director de la película “Hannah”, en el marco del D’A Film Festival. El encuentro tuvo lugar el miércoles 2 de mayo de 2018 en el hall del Holtel Pulitzer en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrea Pallaoro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Oriol Jornet, por su grandísima labor como traductor, y a Fernando Lobo de Surtsey Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Andrew Haigh

Entrevista a Andrew Haigh, director de la película “Leon on Pete”, en el marco del D’A Film Festival. El encuentro tuvo lugar el lunes 7 de mayo de 2018 en el hall del Holtel Pulitzer en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrew Haigh, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mathilde Grange, por su labor como traductora, y a Haizea Gimenez de Diamond Films España, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Hannah, de Andrea Pallaoro

LA BATALLA ÍNTIMA.

La película se abre con una pantalla en fondo negro, en la que vamos escuchando una voz que lentamente va subiendo su volumen hasta emitir un grito agudo y sostenido. El encuadre muestra a una mujer mayor que está emitiendo ese sonido que escuchábamos, nos encontramos en una clase de teatro para aficionados. Quizás, en ese momento lo desconocemos, pero ese grito, ese sonido hacia afuera, explica mucho de lo que le ocurre al personaje, casi como un grito de socorro, una llamada a no se sabe a quién, emitido por una mujer sola, una mujer que debe lidiar una batalla íntima, contra sí misma, y también, contra a aquellos que han quedado fuera, los ausentes de su vida. El segundo trabajo de Andrea Pallaoro (Trento, Italia, 1982) vuelve a centrarse en los procesos interiores, en aquellos estados de ánimo adversos y complejos que debemos pasar para seguir viviendo de la mejor manera posible, si en su puesta de largo, en Medeas (2013) describía a través de los silencios y los espacios el declive de una familia mexicana no muy alejada de la frontera. Ahora, vuelve a sumergirse en una ruptura, a través de una familia, pero enfocada en una mujer mayor, en una mujer que deberá volver a empezar, acarrear su dolor y seguir yendo hacia adelante, pero sin más ayuda que la suya propia.

Pallaoro ha vuelto a contar con varios de sus cómplices que ya les acompañaron en su debut, en el guión Orlando Tirado, juntos describen una trama sencilla apoyada íntegramente en un único personaje, que nos muestra la cotidianidad sin más de Hannah, su trabajo como limpiadora, sus clases de teatro para aficionados y sus rutinas de natación en el gimnasio. Hannah practica esas actividades en silencio, casi sin ánimo, casi sin vida, como si algo en su interior no le dejase hacer nada más, como si quisiera mantener su vida como hasta ahora, como si nada hubiera ocurrido, pero algo ha pasado en su vida, algo oscuro que ella intenta ocultar, no enfrentarse a ello, y más tarde o temprano sabe que no tendrá más remedio que hacerlo, ya que su marido ha hecho algo malo y ha de ingresar en prisión (la película deja ver lo sucedido pero sin entrar en detalles) y además, su hijo le ha dado la espalda y no quiere saber nada de ella. La exquisita y agridulce luz de Chayse Irving (que también realizó la de Medeas) planteada a través de planos fijos (sólo percibimos unos tres movimientos de cámara en toda la película y son debidos al movimiento de izquierda a derecha de la protagonista) para describir con minuciosidad el aislamiento sometido al personaje, en una propuesta sostenida en espacios interiores y exteriores, en los que se evidencia aún más si cabe el estado anímico por el que está pasando Hannah.

Pallaoro nos plantea un relato sobre el horror de nuestro interior, de las consecuencias de las decisiones que tomamos en nuestra vida, de la lealtad a nuestra pareja a pesar de lo ocurrido, de la alineación de una sociedad que nos juzga según nuestras conductas y nos aísla para culpabilizarnos de nuestros actos, convirtiéndonos en unos apestados, en alguien condenado a la soledad por el hecho de no seguir ciertas normas y conductas sociales. El cineasta italiano nos sumerge en el interior de su personaje, sus rutinas nos explican las batallas anímicas que vive un personaje que no habla, sólo continua con su vida, o lo que queda de ella, con sus quehaceres cotidianos, su trabajo, y su lento caminar, en el que poco a poco va convirtiéndose en un fantasma, algo así como un espectro para la sociedad, y sobre todo, para ella misma, en un viaje hacia lo más oscuro de nuestro ser, donde lo profundo nos hace daño y no nos deja levantar cabeza y asumir nuestros errores y hacer lo posible para enmendarlos, porque no tenemos otra, porque vivir, en ocasiones, genera confusión, complejidad y ausencia.

Quizás una película de estas características necesitaba una actriz de grandes recursos, y sobre todo, contando que es una película llena de silencios y sin diálogos, una actriz que pudiera expresar con su mirada mucho más, para que pudiéramos adentrarnos en ese interior oscuro y maltrecho que arrastra el personaje en la figura de Charlotte Rampling, una actriz soberbia, una actriz que lleva más de medio siglo en el oficio, donde ha trabajado con gente como Visconti, Cavani, Oshima, Parker o Cantet, en alguien que es capaz de explicarlo todo sin decir nada, en una composición extraordinaria e inmensa que ayuda a trasnmitir todas las sutilezas y entrelíneas que se manifiestan a lo largo del metraje, después de 45 años, de Andrew Haigh, la veterana actriz británica nos vuelve a emocionar con un personaje difícil y atormentado, pero sin caer en la sensiblería ni el juicio de su director, la mirada triste y ausente de Rampling, y su cuerpo moviéndose como un autómata sin alma por esas habitaciones, esos pasillos, esa piscina, o a través de esos ventanales, o simplemente, observando su alrededor, esa sociedad que la criminaliza y la vuelve invisible, son de una belleza aterradora, que duele y mucho, en una clase magistral de la Rampling de cómo describir el horror y la ruptura interior, a través de la sutileza y la composición de unos movimientos cotidianos, con una mirada perdida, que más que producir alivio, nos descubre una alma rota, vapuleada y sin descanso.

Entrevista a Andrés Goteira

Entrevista a Andrés Goteira, director de la película “Dhogs”, en el marco del D’A Film Festival. El encuentro tuvo lugar el martes 1 de mayo de 2018 en el hall del Teatre CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrés Goteira, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, al equipo del D’A Film Festival, y a Laura Doval, productora de la película, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Dhogs, de Andrés Goteira

ANIMALES SALVAJES.

“Cielo y Tierra no tienen sentimientos:
tratan todas las cosas como perros de paja. El Sabio no tiene sentimientos: trata a toda su gente como perros de paja”

Tao Te Ching. Lao Tse

Un taxista silencioso conduce por una ciudad cualquiera por la noche, sube a un ejecutivo que dejará en un hotel, mientras que el taxista seguirá conduciendo sin rumbo aparente. En el hotel, el ejecutivo conocerá a Alex, una mujer solitaria y muy atractiva. Aunque todo parece obedecer a una convencionalidad aparentes, a partir de ese instante, la vida de Alex entrará muy a su pesar, en una tremenda espiral de violencia sin sentido donde una serie de personajes, a cuál más rudo y salvaje, se interpondrán en su camino, y donde Alex tendrá que sacar fuerzas de su interior para sobrevivir. La puesta de largo de Andrés Goteira (Meira, Lugo, 1983) es un thriller angustioso y febril, con una personalidad propia que agarra al espectador y no lo suelta en ningún instante, ya desde su título que deja las cosas claras por donde nos llevará su trama, ya que proviene de la fusión anglosajona entre dogs (perros) y hogs (cerdos) que nos viene a decir ese lado animal de los seres humanos, entre la fiereza y la sumisión, entre amos y esclavos, entre los poderosos y los desfavorecidos.

La apuesta de Goteira, tanto por su forma y contenido, podría parecernos a primera instancia, un refrito de grandes títulos de los setenta estadounidenses, pero lo que hace el cineasta lucense es agarrar los referentes para llevarlos hacia otro lugar, hacia su propio terreno, consiguiendo una trama, en la que apenas hay diálogos, y apoyándose en las sutiles y sobrias interpretaciones de su elenco, y construyendo unos espacios cinematográficos con un carácter diferente y sucio, que nos atrapa dejándonos sin aliento. La trama está contada a través de tres relatos, que unos dejarán paso a otro, en el que encontramos dos espacios, lo urbano y lo rural, pero sin grandes diferencias en la miseria humana, entre los perversos y las víctimas de esa perversión, en la que todos se mueven bajo instintos animales, donde no existe empatía, sino seres movidos por su sed sexual o violenta, sin tiempo para la reflexión o el pensamiento. Aquí, todos se mueven por aquello que sienten, por aquello oscuro y profundo de su ser, dando rienda suelta a aquello oculto y cruel, utilizando la violencia si es necesario, mostrando las diversas capas del carácter y conducta humanos.

Pero, Goteira aún retuerce más su espacio y su trama, dando paso al público, a nosotros, a esa cuarta pared que hablan en el teatro, mostrándonos al respetable, a los que se sientan cómodamente para presenciar el espectáculo, envueltos en la penumbra, casi en la invisibilidad, sin individualizarlos, creando una masa que vive grupalmente, y permanece inerte en sus asientos de manera colectiva, a los que intervienen o no en lo que están viendo, a ese grupo de espectadores que el cineasta gallego muestra como pasivo, sumiso y sin intervención alguno, sólo agradecido por el show, dejándose llevar como un espectador privilegiado, sin ningún tipo de intervención o protesta, ante tanta crueldad y violencia desatada, dispositivo que nos trae a la memoria el inicio de Opening Night, de Cassavetes, cuando nos mostraba la acción del teatro desde la mirada del público, para luego pasar a ese interior de lo que no ve el espectador, en el mismo juego de espejos vampírico que ocurría también en el comienzo de Holy Motors, de Carax, en que un público dormido o muerto era testigo de aquello que íbamos a presenciar.

Goteira nos envuelve en una atmósfera fascinante, con esa luz tenebrosa y asfixiante de Lucía C. Pan, tanto la urbana, con esa no realidad de la noche como aliada para los sedientos de sangre, y lo rural, con esas carreteras solitarias rodeadas de montañas, y esas gasolineras, donde todo lo perverso puede estallar en cualquier instante, o el espléndido trabajo de arte de Noelia Vilaboa, con esas casas lúgubres y casi abandonadas, donde hay pieles secándose, perros enfermos, hombres rudos y callados con la escopeta siempre a punto, donde reina el silencio, sólo roto por los graznidos de algún cuervo, sin olvidarnos de esa música rasgada e inquietante que acompaña de forma oscura todo lo que vamos viendo. El excelente reparto de la película que consigue incomodarnos, gracias a unas interpretaciones sencillas y muy sobrias, sin ningún aspaviento, ni nada que le parezca, bien sujetos a ese ambiente malsano y cruel que necesita la película, interpretando a almas solitarias y perversas, con los inmensos y sobrios Antonio Durán “Morris” y Miguel de Lira, muy bien acompañados por Carlos Blanco, y los sorprendentes María Costas, Iván Marcos y Suso López (uno de los productores, que además se reserva un breve papel) y la maravillosa Melania Cruz, que consigue transmitir tanto la dulzura y la rabia.

Goteira ha construido una magnífica e impactante película que se sumerge en la oscuridad de los humanos, en el que ha conseguido un excelente y crudísimo retrato sobre los males del ser humano, esa animalidad y violencia que anida en nuestro interior, que sale en el momento inesperado y haciendo daño aquel o aquella que se cruza en nuestro camino, consiguiendo transmitir esa maldad intrínseca y ese ambiente sucio y maloliente que nos rodea, sin olvidarse de sus referentes, como Peckinpah, Hellman o los tratamientos sobre la violencia de thrillers rurales como Defensa, de Boorman, o Furtivos, de Borau, y el cine de terror malsano y sucio de La matanza de Texas o Las colinas tienen ojos, donde la tranquilidad y la paz de la naturaleza no siempre son sinónimos de buena virtud y benevolencia, sino todo lo contrario, donde las peores pesadillas pueden hacerse realidad y no tener fin.  Y añadiendo a los espectadores, la sumisión y complicidad de toda esa violencia y crueldad que anida en nuestra sociedad, con ese grado de manipulación en el que vivimos diariamente, en un mundo perverso completamente deshumanizado, donde unos y otros, amos o esclavos según la circunstancia, nos movemos como alimañas hambrientas a la espera de atacar o ser atacadas.

D’A 2018: Un impulso colectivo, Clausura y Extras (y 2)

Seguimos con los comentarios y reflexiones de lo visto durante los diez días en la VIII Edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Toca el turno de UN IMPULSO COLECTIVO, una de las secciones más queridas por el que suscribe, una sección que nació hace cinco años, con la intención de dar visibilidad a ese cine inquieto y curioso que nace desde la vocación más absoluta, movido por la necesidad de contar esas historias, en palabras de Carlos Losilla, mentor y propulsor de esta sección: “Se trata de proyectos movidos por la pasión, que se niegan a aceptar etiquetas. Donde tienen cabida la radicalidad y la experimentación, pero también las ganas de innovar desde el cine narrativo, desde la ficción –sólo en apariencia- más convencional”. Mi viaje por UN IMPULSO COLECTIVO arrancó con la película CON EL VIENTO, de Meritxell Colell. La directora barcelonesa nos sitúa en su primera película en un viaje emocional intenso, en el que nos habla de la crónica de una reconciliación familiar, donde una de las hijas (bailarina de danza) vuelve al pueblo de su infancia, después de romper el contacto durante dos décadas. Allí se encontrará a un padre fallecido, y a su madre, su hermana y su sobrina. Una cinta que nos habla del retrato de una forma de vivir que se extingue, situada en un pueblo castellano lleno de recuerdos y experiencias pasadas. Una cinta familiar, de reencuentros imposibles, de tiempos pasados, de objetos que marcan una vida, y todo ello contado a través de la sensibilidad del que se acerca con delicadeza a aquello que resiste el paso del tiempo, aquello que permanece inalterable, en una cinta que recuerda al cine de Carlos Saura, por su capacidad para capturar el paso del tiempo en los ambientes rurales, sus estados de ánimo, y su especial registro de la familia con sus relaciones y conflictos.

Continué con CASA DE NINGÚ, de Ingrid Guardiola. La puesta de largo de la profesora, ensayista y realizadora nace de un encargo del CCCB para hablar del envejecimiento en las sociedades contemporáneas. Guardiola traza una trama de espejos donde convergen una residencia geriátrica en Barcelona con una colonia minera de Ciñera (León) para describirnos a través de una tragicomedia fascinante y demoledora, sobre los mecanismos horribles del capitalismo que utiliza a los humanos como máquinas de productividad, y una vez se acabó ese período de producción, los arrincona y los extingue, como si fuesen objetos olvidados y rotos. La directora de Girona estable un implacable y brutal diálogo entre los dos espacios, escuchando a sus gentes, y capturando la cotidianidad de los dos lugares, en una especie de cuento de fantasmas y espectros que luchan por no desaparecer, para seguir dando vida a unos espacios que la deshumanización del sistema hace extinguirse enviándolos al abismo del olvido. También tuvo la oportunidad de ver DHOGS, de Andrés Goteira. Una ópera prima diferente, arriesgada y con ese aroma del mejor cine setentero estadounidense, que nos sitúa en una atmósfera sucia y asfixiante, tanto urbana como rural, donde tres historias se entrelazan para describirnos la manipulación de unos a otros, y la pasividad de otros, con la inclusión del público, de esa cuarta pared que observa y permanece inalterable ante lo que está sucediendo. Un taxista silencioso conduce como si fuese un jinete perdido, un ejecutivo agobiado por su vida, una chica con ganas de pasarlo bien, un violador en busca de presas, una gasolinera regentada por madre e hijo en mitad de la nada, y un tipo solitario que tiene a su perro como su única compañía, son los personajes extraños, silenciosos y amargados que transitan por la película de Andrés Goteira, que deslumbra por su inquietante y grasienta atmósfera, sus peculiares personajes, y un ambiente de thriller que atrapa con sus relatos que nos devuelven lo mejor y lo peor de los seres humanos.

Después fue el turno de AINHOA, YO NO SOY ESA, de Carolina Astudillo Muñoz. Después de su extraordinaria ópera prima El gran vuelo (2015) Astudillo Muñoz vuelve a recurrir al material de archivo o found footage para sumergirnos en un documento fascinante y demoledor sobre una chica llamada Ainhoa y su familia, a través del súper 8, vídeo, fotografías, diarios, grabaciones orales, etc… En un magnífico caleidoscopio lleno de sensibilidad y fascinación en el que se registra tres décadas de la vida de Ainhoa y su familia, desde los años setenta al nuevo siglo, haciendo una línea de asociación fantástica con la vida de la propia directora y los diarios de escritoras, para retratar una época de amores frustrados, de ilusiones deshechas y de conflictos internos, desde la perspectiva femenina, donde una joven rebelde y perdida, con problemas de identidad y de no encontrar su sitio, se erige como una heroína cotidiana de un tiempo, un lugar y un estado de ánimo de una generación que deambulaba sin ir a ningún lugar, sin encontrarse a sí misma. PENÈLOPE, de Eva Vila. La tercera película de la directora Barcelonesa, después de la fantástica Bajarí (2013) donde recreaba la figura mítica de Carmen Amaya a través de las jóvenes generaciones, es una recreación del mito de Ulises y Penélope, pero desde la mirada femenina, a través de una Penélope anciana que espera a alguien que vuelva, y lo hace con su cotidianidad, mientras cose, habla con las vecinas y demás, envolviéndonos en la atmósfera de un pequeño pueblo entre montañas, con su tiempo, sus espacios, y su quietud, en el que la tierra del lugar devienen un tiempo que fue, un pasado escrito en cada objeto y espacio, en el que Ulises, el hombre que vuelve representa ese pasado que fue, ese tiempo borrado sólo vislumbrado en algunas huellas y objetos olvidados. Una cinta donde la forma adquiere todo su significado, en el que la abuela centenaria a través de su cotidianidad nos explica ese tiempo que ya no está, que ya no volverá, que la llegada del que está por venir, posiblemente no recuperé, pero quizás haya algo de ese tiempo impregnado en él.

QUIERO LO ETERNO, de Miguel Ángel Blanca. La quinta película de Blanca adopta diferentes capas que van desde el thriller más salvaje, la ciencia-ficción existencialista, el terror doméstico o la pérdida de valores de la sociedad, para hablarnos de una juventud perdida y sin problemas que pasan su tiempo de manera vacía y hablando banalidades, como si no hubiese futuro. Por otro lado, seguiremos a dos tipos que intentan captar sonidos de otra galaxia, en una película fascinante por su forma, y su argumento, que no deja indiferente, en un viaje psicótico y angustioso a la deshumanización de una sociedad perdida, superficial y que no encuentra nada en su entorno. Blanca nos sitúa en un ambiente desolado, nocturno, y vacío, por un tiempo sin tiempo, por estructuras abandonadas y olvidadas, en un juego brutal de espejos donde nunca se juzga lo que vemos, sólo se captura, a través de las pantallas de móviles, de forma que deambulemos por ese mundo no mundo que está ahí sin estar, en una cinta que atrapa por su extrañeza, su intimidad y su irreverencia. YO LA BUSCO, de Sara Gutiérrez Galve. Otra perla surgida de la UPF, la primera película de Gutiérrez Galve es una road movie urbana y nocturna, al estilo de la mítica After Hours, de Scorsese, donde un joven al enterarse que su compañera de piso se va a vivir con su novio, le asaltan las dudas y los conflictos internos, y se lanza en una búsqueda de sí mismo vagando por las calles de una ciudad cualquiera con la excusa de devolver un diario que encontró olvidado en un bar. La directora barcelonesa nos habla de las relaciones y los sentimientos de una juventud que pretende ser libre, pero que nos e ha enfrentado a sus miedos e inseguridades, que vive cada día sin preocuparse de aquello que sienten, y sobre todo, que desean en su vida, en una película divertida, amarga e inquieta, que nos habla de las complejas relaciones de la actualidad, y los conflictos internos de aquello que nos negamos a visibilizar y los problemas que acarrea la huida de nosotros mismos.

Me acerqué a TRINTA LUMES, de Diana Toucedo. La primera película de Toucedo (montadora de Isaki Lacuesta, y de películas como Bugarach, Julia Ist, Los desheredados, entre muchos otros) es un fascinante hibrido entre documental y cuento de terror, ambientado en un pueblo de Galicia rodeado de montañas. El juego que plantea Toucedo es por un lado, filmar las costumbres ancestrales de los aldeanos y sus cotidianidades, y por otro lado, Alba, una niña inquieta que siente una extraña fascinación por los muertos, emprende una aventura cotidiana por los espacios abandonados para encontrarse con esas almas que conviven con los vivos. Toucedo filma esos espacios en período de extinción con los habitantes del pueblo, capturando el paso del tiempo, en una película donde los tiempos se mezclan, y se filma ese estado de ánimo latente en cada hogar, conjuntamente con la fábula de terror que nos acerca al cine de Erice o más concretamente la mirada de Gutiérrez Aragón, donde pueblos, bosques y secretos compartidos nos hacen viajar hacia lo profundo de nuestro ser a través de los que ya no están. También estuve viendo una de las Sesiones Especiales con la película I HATE NEW YORK, de Gustavo Sánchez. La primera película de Sánchez le ha llevado durante diez años a filmar la escena queer y trans más underground de la ciudad de Nueva York, capturando las vidas de cuatro personajes, tan diferentes entre sí, en un documento fascinante sobre esa parte menos amable y más cotidiana de Nueva York, donde a través de su cámara Hi8 filma la intimidad y la cotidianidad de las vidas y las experiencias pasadas y presentes de estas mujeres y un hombre con vidas lujosas, precarias y extraordinarias, donde la noche de la gran ciudad se convierte en su mejor aliada, donde las fiestas se amontonan, y donde la vida se escapa a cada segundo y el tiempo solo es una excusa para seguir hacia adelante. Sánchez ha construido un hermoso canto a la diversidad, la diferencia, a la identidad, a la feminidad, y a ser uno mismo, y a sus sueños, a pesar de todos y todo.

Y finalmente, tenía especial interés en ver los dos primeros episodios de MATAR AL PADRE, la serie que ha dirigido Mar Coll para Movistar, que ha contado con la propia Coll, Diego Vega y Valentina Viso (su coguionista habitual) como creadores. Las dos primeras entregas nos cuentan dos tiempos, el año 1996 y el año 2004, centrándose en los conflictos y (des) encuentros de un padre autoritario e imbécil y su hijo que lo odia. El humor irreverente, surrealista y transgresor que destila la obra es su mujer arma, y el buen hacer de la interpretación de Gonzalo de Castro como ese padre gilipollas y estúpido, en la que Marcel Borràs como hijo intenta no morir en el intento. El ambiente burgués que reinaban en los anteriores trabajos de Coll sigue aquí, aunque su mirada se ha vuelto más incisiva y su humor se ha disparado en una tragicomedia familiar, donde las difíciles relaciones de un padre y un hijo se convierten no sólo en el centro de la trama, sino en la espiral de pesadilla que envuelve la trama de la serie. La clausura de este año recayó en ANA DE DÍA, de Andrea Jaurrieta. Primera película de la navarresa que plantea una cinta que mezcla varios géneros, desde el thriller agobiante, la ciencia-ficción existencialista, y el drama social sórdido y nocturno, donde una joven descubre que hay una doble idéntica a ella, y decide huir y empezar una nueva vida como bailarina en un cabaret de poca monta. La trama se desenvuelve con acierto haciendo preguntas que van desde las dificultades de elegir una vida propia, seguir nuestro camino, y ser uno mismo, en una sociedad demasiado convencional, donde toda nuestra vida parece estar ya escrita y ejecutada pro alguien que no somos nosotros. Destaca la naturalidad y la eficencia de Ingrid García-Jonsson como la protagonista, la inquietante presencia de Álvaro Ogalla, y el descubrimiento de Mona Martínez como portera, en una cinta de forma y argumento extraño, terrorífico y muy cotidiano. Y hasta aquí mi paso por la la VIII Edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Un festival convertido en un referente magnífico para todos aquellos que amamos el cine, sus buenas historias, reflexivas, comprometidas y valientes, que nos hablan con personalidad y carácter de los problemas más cotidianos, políticos, sociales, económicos y culturales, un certamen que enriquece de manera extraordinaria la primavera cinéfila de Barcelona, y la edición de este año ha ofrecido un nivel cinematográfico altísimo, donde han brillado películas de diferentes lugares del mundo, y las de aquí, se han convertido en un referente dentro del Festival, convirtiendo las sesiones de UN IMPULSO COLECTIVO, y sus posteriores coloquios en una fiesta del cine, de la pasión que lo envuelve y la fascinación intrínseca del ser humano por contar historias y otros, por verlas y apreciarlas. Hasta la edición del año que viene!!! Muchas Gracias por todo D’A FILM FESTIVAL 2018!!!

D’A 2018: Focus, Talents, Direccions y Transicions (1)

El pasado domingo 6 de mayo, cerró sus puertas la VIII Edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Después de 10 intensos días de cine, presentaciones, mesas redondas, jornadas profesionales y demás actividades relacionadas con el mundo cinematográfico. La retrospectiva de este año estuvo dedicada al cineasta japonés Nobuhiro Suwa, las secciones, como vienen siendo habituales, se dividieron en Direccions, Talents, Transicions y Un impulso colectivo, comisariado por Carlos Losilla, y se volvió a apostar en un par de sesiones compuestas de cortometrajes. Como ocurrió el año pasado, el D’A volvió a hacer el Tour donde algunas películas del festival se podrán ver  fuera del epicentro Barcelona. La noche del sábado, en el Teatre CCCB, antes de la película de clausura, se entregaron los galardones: El Premio Talents recayó en Village Rockstars, de Rima Das, y Con el viento, de Meritxell Colell, y 3/4, de Ilian Meleve, se llevaron sendas menciones especiales.  El Premio de la Crítica fue a parar a Trinta Lumes¸ de Diana Toucedo, y Ava, de Sadaf Foroughi, se llevó una mención especial. La Sala Jove, novedad de este año, dirigido especialmente para un público de 16 a 25 años, desarrollado por la asociación A Bao A Qu (los impulsores de Cinema en Curs) y Moving Cinema, en la que hubo talleres, otorgó su premio a Night is Short Walk on Girl, de Masaaki Yuasa, y finalmente, el Premio del Público recayó en A Ciambra, de Jonas Carpignano. Premios que dieron carpetazo a un sinfín de actividades para todos los paladares, en un festival que después de 8 años, viene dedicándose al cine resistente, diferente, reflexivo y contundente, consolidándose en una ciudad en la que existe un público interesado por este cine, y ha hecho de esta cita, a comienzos de primavera, una concentración del cine que ha dejado huella en los festivales más prestigiosos de todo el mundo.

Mi aventura en el D’A arrancó con la retrospectiva dedicada a Nobuhiro Suwa, viendo en la Filmoteca de Cataluña, EL LEÓN DUERME ESTA NOCHE, de Nobuhiro Suwa. https://242peliculasdespues.com/2018/04/27/el-leon-duerme-esta-noche-de-nobuhiro-suwa/. Continuó con INVISIBLE, de Pablo Giorgelli. Después de la estupenda Las acacias (2011) que se alzó con la Cámara de Oro de Cannes, el director argentino nos vuelve a asombrar con un delicado y formalista retrato de una adolescente y su deambular por una sociedad en la que se siente desamparada y muy sola, la depresión de su madre no ayuda, y su trabajo palian en cierta manera su subsistencia. Todo se complicará con su embarazo que escenificará su soledad y vacío, en una película que ahonda en los problemas sociales, en las injusticias legales, haciendo un retrato sincero y alejado de los cánones de la sensiblería, haciendo hincapié en a la situación que se enfrentan tantos jóvenes que deben hacer frente a un sistema demasiado ensimismado en las cifras económicas y alejado de los problemas reales de su ciudadanía, en una película sencilla, a la que seguimos el caminar y el silencio de Ely (maravillosa la interpretación de la debutante Mora Arenillas) arrastrando su indefensión, su culpa y su falta de apoyos. Dentro de la misma sección de TALENTS, me acerqué a ARÁBIA, de Affonso Uchôa y Joâo Dumans. Desde Brasil, y muy alejada de los estereotipos que nos venden desde el país sudamericano, nos llega un retrato desolador y demoledor de las existencias de las clases más desfavorecidas del país, pero sus directores, que dirigen conjuntamente por primera vez, no lo hacen desde la condescendía ni la compasión, sino desde una película que está contada a través de un diario personal de uno de estos hombres que se ganan la vida trabajando en empleos durísimos y precarios, en una sucia y oscura road movie que, durante 8 años nos lleva por diferentes lugares del entorno rural y más desprotegido, donde veremos también una historia de amor bella y frustrada, que le da un aire de luz, aunque sea mínimo a esta crudísima cinta sobre las condiciones miserables que tienen que soportar tantos trabajados en Brasil.

Seguí con PERSON TO PERSON, de Dustin Guy Defa. La segunda película del cineasta estadounidense recoge lo mejor del indie norteamericano, proponiendo una película muy creativa, libre y divertida que situándonos en Nueva York durante una jornada, nos explica las desventuras de un grupo de personajes en un retrato humano y sensible (cercano al cine de Altman) que van desde un mitómano de los vinilos, una joven becaria que entra a trabajar en un diario, su jefe que quiere impresionarla, un señor mayor relojero que, muy a su pesar, está involucrado en un caso de asesinato. Guy Defa nos habla desde la intimidad y la comedia las diferentes almas que pululan por su relato, sus problemas existenciales, y escenificando los diferentes tipos de caracteres y posiciones ante las situaciones que se van generando. Quizás, este cine independiente de EE.UU. que nos llega suelen parecerse mucho unas películas a otras, como si se hubiese generado una plantilla, aunque siempre resulta estimulante, bien construido y contienen críticas feroces al establishment yanqui. TIEMPO COMPARTIDO, de Sebastián Hoffmann. La segunda película del realizador mexicano nos sitúa en un gran hotel, uno de estos resorts de ciudad de vacaciones, donde a partir de una premisa kafkiana, una familia deberá compartir espacio con otra, además de plantearnos un relato donde también conoceremos a una pareja de empleados que sufrieron una tragedia en el pasado. Hoffmann crítica con dureza y comedia negra las miserias y artimañas del capitalismo y el colonialismo estadounidense, en una cinta sorprendente, divertidísima y desgarradora, que divierte y asusta a partes iguales, en los que sus personajes se mueven entre lo trágico, lo complaciente y la energía en este paraíso que oculta un miserable negocio donde, tanto empleados como clientes, son alimañas entre las fauces de estos monstruos sin escrúpulos que hacen lo posible para engatusar y alimentar de falsas ideas a todos.

VILLAGE ROCKSTARS, de Rima Das. La segunda película de la india es una hermosa y terapéutica historia sobre Dhunu, una adolescente que sueña con tener una banda de rock, pero su entorno no se lo permite, ya que vive en una zona rural de la India, pero hará de sus carencias la mejor manera de supervivencia en un espacio en el que las posibilidades de vida están marcadas por las tradiciones ancestrales. A partir de una mirada sensible y llena de esperanza, Das, nos muestra las condiciones de vida de esta zona rural y los cambios naturales contra los que tienen que batallar diariamente, mezclándolo con la sutil y delicada exploración de ese tiempo de cambios, de transición entre la infancia y el mundo de los adultos, a través de una adolescente que se reivindica como un canto a la vida, a ser uno mismo, y a trabajar por tus sueños por muy inverosímiles y extraños que parezcan, y ante todos los condicionamientos posibles. A CIAMBRA, de Jonas Carpignano. Como ya hiciera en su debut, el director estadounidense afincada en Italia, vuelve a centrarse en una etnia que habita en el extrarradio, contándonos un tremendo y sucio relato de iniciación en el que conoceremos a Pio, un chaval gitano de 14 años que pertenece a una familia anclada en la tradición y el estatismo que viven del hurto. Cuando los cabezas familiares acaban en prisión, Pio, deambulará de un lugar a otro delinquiendo y demostrando a todos que ya no es un niño. Martin Scorsese es uno de sus productores ejecutivos, en un retrato contundente y brutal, con un ritmo endiablado y de gran factura formal que, además de mostrar las condiciones infrahumanas que viven tantos marginados , centrándose en ese tiempo de dejar de ser un niño para convertirse en un adulto, siguiendo la mirada inquieta y curiosa de un chaval que ayuda a mostrar un submundo que habita en los márgenes de la sociedad, y desgraciadamente, suelen traspasar tan a menudo teniendo consecuencias irreparables.

PRINCESITA, de Marialy Rivas. Con un tono muy alejado del que mostraba en su debut, el segundo largo de la chilena es una fábula oscura y brutal sobre la educación y la identidad femenina, en el que una adolescente (espectacular interpretación de Sara Caballero) vive sujeta por los dominios y obligaciones de una secta donde su señor quiere tener un hijo. Rivas nos propone un cuento de princesas y lobos, donde a partir de una forma naturalista e introspectiva, nos acerca a una realidad tremenda donde tantas jóvenes crecen y experimentan la sexualidad desde el abuso y el miedo, construyendo una fascinante película que atrapa con su intimidad y extrañeza, en la que ahonda en zonas oscuras de nuestro interior, a partir de una propuesta valiente, sencilla y transgresora, que no dejará indiferente a ninguno de los espectadores que se acerquen a ella. De la sección de DIRECCIONS, tuvo la oportunidad de ver MRS. FANG, de Wang Bing. Como ya ocurriera la edición anterior, el D’A vuelve a ofrecernos una  película de uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo. Bing hace documentales sobre China y sus gentes, desde la sencillez y sobriedad con las que captura la intimidad de sus personajes, desde su trabajo, su condición social o sus formas de vida diferentes. Ahora, nos habla de una enferma terminal de Alzheimer, de sus últimos días, pero no lo hace desde la sensiblería o la condescendencia, todo lo contrario, sino desde el punto de vista de familiares y amigos, y casi situándonos en la habitación donde se encuentra la enferma, y también, como es habitual en el cine de Bing, mostrándonos el entorno rural y la forma de subsistencia de sus personajes, sin emitir ningún juicio moral ni nada por el estilo. La mirada de Bing es observadora, íntima y sencilla, valores de los que mucho cine convencional carece. Un cine libre, valiente e inmenso, desde su sobria e inteligente mise en scene, capturando el dolor y los momentos alegres que mantienen sus personajes, acercándonos a una realidad cotidiana a la que todos seremos testigos de una forma u otra. De la misma sección, tuvo la oportunidad de conocer MADEMOISELLE PARADIS, de Barbara Albert. Las heridas del pasado son el detonante de mucho del cine de la austriaca, que ahora se centra en aquella Viena de 1777 para hablarnos de la joven Maria Theresia von Paradis, prodigio del piano y ciega desde muy pequeña. Albert hace una película de época, con sus vestidos largos y levitas de colores, rodeados de suntuosos espacios, en un ambiente oscuro y opresivo, donde realiza una implacable y demoledora mirada sobre la burguesía de aquel momento que puede verse como una lectura contemporánea de los abusos de poder y jerarquía de nuestro tiempo. Además, explorando la relación entre lo viejo y lo moderno, planteado en las nuevos estudios del “Doctor Miracle” que logra devolver la vista a madame von Paradis, cosa que la joven pierde virtuosismo con el piano, y entrando en conflicto con sus padres, y toda esa burguesía más centrada en el entretenimiento vacío que en la capacidad de análisis. Cuenta con la extraordinaria interpretación de Maria Dragus como la desdichada ciega.

De la sección TRANSICIONS, me acerqué a CLÉO & PAUL, de Stéphane Demoustier. El director francés coge a sus dos hijos gemelos de tres años en un día en el parque, para capturar su inocencia en contraposición con el mundo de los adultos, y ese París después de los ataques terroristas. Una road movie infantil por el inmenso parque, después que los dos niños se separen y Cléo desaparezca, viviremos sus respectivas aventuras cotidianas, conociendo nuevas personas, entre ellas, una chica que se hará cargo de ella y emprenderá la búsqueda de sus padres. Demoustier captura a sus personajes-hijos desde el punto de vista infantil, colocando la cámara a la altura de sus ojos, en un mundo incierto y novedoso para ellos, para ofrecer un retrato inocente y a la vez brusco, lleno de aventuras, incertidumbre, conocimiento y descubrimiento en un relato sencillo, naturalista y conmovedor. También, me sorprendió gratamente la película NADIE NOS MIRA, de Julia Solomonoff. La directora argentina, afincada en Nueva York, directora de las estimulantes Hermanas (2005) y El último verano de la Boyita (2009) nos ofrece el retrato de Nico (grandísima interpretación del actor Guillermo Pfening) un actor que malvive en Nueva York, como canguro y esperando su gran oportunidad que se resiste. El retrato fantasmal y opresivo de la ciudad es un reflejo del estado de ánimo de alguien extraño en un lugar extraño, un tipo perdido que escapa de su realidad, de sí mismo y no encuentra refugio en una ciudad extraña, donde es inmigrante, donde no acaba e instalarse, una especie de nómada, alguien que espera y ya no sabe porqué, en una película íntima, implacablemente bien resulta, mostrando el caleidoscopio de una ciudad que nunca se detiene, que encuentra en el éxito personal como un ideal, y donde los contrastes son tan bestias y sobrecogedores, en un retrato sobre los ausentes, los que echan raíces a costa de renunciar a ellos, y el dilema de quiénes somos realmente.