Entrevista a Meritxell Colell

Entrevista a Meritxell Colell, directora de la película «Dúo», en la Plaza de la Virreina en Barcelona, el Lunes 5 de septiembre 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Meritxell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo y excelente fotógrafo Óscar Fernández Orengo, que ha tenido la amabilidad y generosidad de retratarnos, y a Katia Casariego de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miguel Gomes

Entrevista a Miguel Gomes, codirector de la película «Diarios de Otsoga», en el Zumzeig Cinema en Barcelona, el viernes 3 de junio de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Gomes, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ángela Ruiz y Pablo Lillo de Vitrine Filmes, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Fe y libertad, un amor de clausura, de Ivana Marinic Kragic

MONJAS ENAMORADAS.

“Si nos amamos, será más fácil mantener el voto de castidad”

Hace poco veíamos en las pantallas la película Benedetta, de Paul Verhoeven, que relataba los amores lésbicos de las protagonistas en un convento del siglo XVII, y no era la primera vez que el cine ha retratado a dos monjas enamoradas, porque películas de diferente índole, podemos encontrar y muy variadas. En Fe y libertad, un amor de clausura, de Ivana Marinic Kragic (Split, Croacia, 1984), también nos habla de un amor entre dos monjas llamadas Marita y Fani.. Un amor contado en primera persona por las protagonistas. La directora croata con amplia experiencia en el campo documental, como directora de cortometrajes, productora, amén de aprender el oficio al lado de nombres tan ilustres como los de Gabriele Salvatores y Rajko Grlic, entre otros, debuta en el largometraje con un retrato profundamente personal y sincero sobre dos mujeres que se conocieron siendo monjas y el destino hizo que se amarán.

La cineasta croata compone una película extremadamente sencilla y directa, porque nos cuenta su relato a través de dos caminos. En el primero, vemos y escuchamos a las verdaderas protagonistas de la historia que nos van contando con su voz todo el relato. En el segundo, esas voces testimoniales de las dos protagonistas, viene acompañada de una ficción contada mediante fotografías, a modo de las olvidadas foto-novelas tan populares en otro tiempo, donde dos actrices dan vida a las protagonistas y escenifican la vida cotidiana como monjas, su encuentro y su amor. Con un guion que firman la propia directora e Ivana Vukovic, en la que también se opta por el archivo personal de cada una de ellas, con el que se hace un recorrido por sus infancias y el descubrimiento de su sexualidad y lesbianismo, sus conflictos personales y sociales, en una sociedad la croata extremadamente conservadora y toparse con la iglesia, igual de castradora con los sentimientos lésbicos, nos van contando sus miedos, sus contradicciones, sus luchas interiores, y demás conflictos que van sorteando y padeciendo, sus relaciones lésbicas en el convento, sus alegrías y tristezas.

La película aborda con suma delicadeza y sensibilidad el tema que tiene entre manos, y se sumerge de un modo honesto y muy profundo, las elecciones personajes enfrentadas a un mundo, ya sea el católico o el civil, que no acepta lo diferente e intenta por todos los medios castrarlo y eliminarlo. La película se centra en lo importante y nunca se deja llevar por lo superfluo o lo bello estéticamente, sino que acoge con fuerza su relato y va llevándonos desde el documento personal y la ficción retratada de la mejor manera posible, y sin subterfugios que nos desvíen de la trama principal, eso ayuda su relato breve, apenas si llega a los setenta y un minutos de metraje, con un montaje ágil y rítmico que firma Ivor Sonje, con mucha experiencia en el documental, que nos lleva por varios años de la vida de los protagonistas, con un tremendo trabajo de concisión tanto en su entramado documental como ficcional, donde las actrices brillan de manera sobresaliente. Fe y libertad, un amor de clausura, también nos habla de la doble moral, tanto de la sociedad croata y de cualquier sociedad que trata de luchar por la libertad y se olvida fácilmente de su significado, y sobre todo, de la hipocresía existente en la iglesia, porque abogan por la fraternidad y el amor, pero cuando el amor es diferente y diverso, lo niegan y lo persiguen.

Marita y Fani son dos mujeres que creían que el amor a Dios y la vida en el convento como monjas las salvaría de unas vidas difíciles. La de Marita lastrada por la guerra de los Balcanes, con una familia rota y una madre superada, ella creía haber encontrado en su vocación una forma de encontrar la paz y vivir en armonía junto a Dios y las otras hermanas. Y en el caso de Fani, una infancia dolorosa con un padre borracho y maltratador, creía haber encontrado en su vocación como monja una forma de penitencia por ser lesbiana y que Dios perdonase su pecado. Marita y Fani encontraron lago infinitamente mejor de lo andaban buscando, encontraron el amor, un amor puro, de verdad, sin cárceles, aceptadas por los suyos, y una vida en común y en libertad, sin los ojos de Dios observándolas y sobre todo, juzgándolas. Ivana Marinic Kragic nos cuenta su historia sin sentimentalismos ni tragedias, y en su vidas las hay y muchas, pero la cineasta croata opta por el amor, tanto en su forma como en su fondo, y sobre todo, en contar desde lo humano, desde la elección personal de enfrentarse a todos y todo, y primero a una misma, y derribar todas las barreras habidas y por haber, tanto las físicas como las emocionales, para vivir una vida como se quiere y sin miedo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Joanna Pardos

Entrevista a Joanna Pardos, directora de la película «Bruixes, la gran mentida», en La Casa de Kuleshov en Barcelona, el jueves 20 de enero de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Joanna Pardos, por su tiempo, sabiduría, generosidad y Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Magaluf Ghost Town, de Miguel Ángel Blanca

LOS TURISTAS Y NOSOTROS.

“El turista es un recolonizador, ya que con base en sus intereses, necesidades y requerimientos los lugares se transforman y se crean servicios y productos sólo con el fin de complacerlo”.

David Lagunas Arias

El universo cinematográfico de Miguel Ángel Blanca (Sabadell, 1982), está compuesto por múltiples retratos, retratos que van sobre la memoria, la actualidad más cotidiana, las familias rotas, las derivas de la adolescencia y el fin del mundo, y el turismo. Con La extranjera (2015), retrató la Barcelona contaminada y sucia por el turismo masivo y descontrolado, pero lo hizo a través de la experimentación con la forma y el fondo, e introduciendo siempre el elemento del thriller, en historias que fusionan con naturalidad tanto el documento con la ficción, mezclándolos de forma sencilla y directa. Un cine que dialoga entre sí, desde la narración y aquello que muestra y lo que no. Un cine que lanza miles de preguntas y nos va envolviendo en un misterio, una inquietud donde todo es posible, o quizás, ya nada es posible, donde los diferentes individuos se pierden en unas existencias vacías, a la deriva y sin futuro.

Con Magaluf Ghost Town, su película más ambiciosa, y donde todas las ideas, planteamientos y reflexiones convergen en una película que aglutina elementos que ya formaban parte de ese fascinante e infinito imaginario del director sabadellense. Porque con su nuevo trabajo, vuelve a mirar hacia el turismo, pero esta vez desde un punto de vista realmente novedoso y personal, porque se centra en todos aquellos habitantes de Magaluf, la pequeña localidad en la costa oeste de Mallorca, que no llega a los 5000 habitantes, que en verano se contamina por cientos de miles de turistas de borrachera, sexo salvaje y demás locuras. El relato se divide en temporada baja y en pleno apogeo del verano, y nos muestra las vidas de una mujer de unos sesenta años, con problemas respiratorios y su nuevo inquilino, un obrero africano, las de un adolescente gay, gitano y drogadicto que quiere salir de la isla y triunfar como actor, y mientras, pasa el rato fabulando con su colega del alma, y finalmente, una inversora inmobiliaria rusa que quiere montar el nuevo pelotazo para atraer un turismo exclusivo a la zona.

La película muestra diferentes realidades, diferentes formas de vivir y entender el paisaje que queda al margen del turismo desenfrenado, mayoritariamente británico que, en la cinta de Blanca, se convierten en meros espectros, unos seres sin alma que deambulan como zombies, borrachos, tirados y vacíos, que nos recuerdan a aquellos otros que escenificó Romero en la apabullante El amanecer de los muertos (1978), cuando entraban sin vida al centro comercial, en uno de los mejores retratos sobre las terribles consecuencias del capitalismo. Quiero lo eterno (2017), tiene su reflejo en la historia de los dos jóvenes, con sus ratos ociosos, su contradicciones de amar su lugar, y a la vez, deseos de huir de allí, y fantasear con robar y hacer desaparecer un turista. Los turistas y los otros, esa dualidad que en realidad, se necesitan y además, se odian, es una de las claves de la película, y del imaginario de Blanca, ese cruce de caminos de difícil convivencia, esos otros mundos en este, esas bifurcaciones del alma, en esa especie de retrato del otro lado del espejo, ese incesante Dr. Jekill y Mr. Hyde, esa aventura de fuera y dentro, de los físico y lo emocional, de lo que uno sueña, y cree vivir, y ese otro estado, donde el letargo y esos mundos inquietantes, imposibles y perdidos conforman los verdaderos universos que pululan la filmografía del director.

La película destaca por una estupenda parte técnica, donde cada encuadre y mirada de los personajes emana vida y crítica, empezando por la brutal cinematografía de Raúl Cuevas (que ya estuvo en el quipo de cámara en Un lloc on caure mort), filma y retrata esos mundos de Magaluf, desde el interior de las vidas cotidianas de los protagonistas, y esa otra parte, de los otros, esos turistas sin rostro, sin vidas, solo metidos en esa vorágine y estupidez donde no existe nada, solo la juerga sin fin. Un ágil, elegante y profundo montaje que firman Javier Gil Alonso (que ya hizo lo propio en Quiero lo eterno), Ariadna Ribas (la montadora de Albert Serra, entre otros), y el propio Blanca, que retrata con detalle todos esos mundos, los propios y ajenos, todos los visibles e invisibles, los de este mundo y los del más allá. Blanca ha armado una película magnífica, donde hay vida y desolación, tanto en el paisaje como en las vidas que vemos y sentimos, donde coexisten múltiples realidades de capas y texturas extrañas y cotidianas, en un retrato sobre una pequeña localidad costera que podría ser cualquiera que reciba a cantidades ingentes de turistas jóvenes deseosos de romper con todo y atreverse a todo.

Blanca no olvida el trabajo sucio y chapucero de los medios, con esas informaciones amarillistas que ayudan a seguir engordando el monstruo, quedándose en la anécdota y la superficialidad, donde abundan los datos y la muerte de turno o las barbaridades que se suceden, y olvidan el verdadero problema del lugar y de todos aquellos que lo habitan, a pesar del turismo, que es el desequilibrio entre un modelo sostenible de turismo que no desplace a los habitantes de Magaluf y también, reciba turistas, sí, pero con otra actitud y de forma muy diferente. Magaluf Ghost Town es un de esas películas que va mucho más allá que lo que su caparazón muestra en una primera mirada, porque indaga sobre los problemas y deterioro de la ciudad desde lo interior de los que viven allí, y no lanzando mensajes ni nada que se le parezca, sino desde el alma, desde lo más profundo, dejando al espectador sacar sus propias conclusiones y desde la posición que prefiera, y eso la hace única, muy interesante y personal, y además, transgresora y apabullante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Candela Recio

Entrevista a Candela Recio, una de las protagonistas de la película «Quién lo impide», de Jonás Trueba, en el Hotel Market Barcelona, el jueves 21 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Candela Recio, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Anabel Mateo de Relabel Comunicación, y a Diana Santamaría de Atalante Cinema, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Max Lemcke

Entrevista a Max Lemcke, director de la película «Billy», en su domicilio en Hospitalet de Llobregat, el viernes 17 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Max Lemcke, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de ArteGB, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Mireia Schröder, Carles Gorres y Amat Vallmajor

Entrevista a Mireia Schröder, Carles Gorres y Amat Vallmajor, directores e intérprete de la película «Cineclub», en el marco del D’A Film Festival, en el Zumzeig Cinema en Barcelona, el domingo 2 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mireia Schröder, Carles Gorres y Amat Vallmajor, por su tiempo, generosidad y cariño.

Nación, de Margarita Ledo Andión

TODAS LAS MUJERES TRABAJADORAS.

Nación es cine de búsqueda, es lo real expresado a través de una propuesta autoral, es el cuerpo que respira con la película; es la restitución a la esfera pública de la mujer forzada a encerrarse, de nuevo, en un espacio velado. Es rastrear esas señales que están en la intimidad de la Historia”.

Margarita Ledo Andión

Los primeros instantes de Nación, dejan muy claros los caminos por donde transitará, porque vemos una plano fijo y actual, en la que filma frontalmente a Nieves P. Lusquiños, una mujer libre e independiente, sabia en sus reflexiones, y tranquila en su actitud, que pasa de los sesenta, una de las cinco mujeres que trabajaron en Pontesa a las que la película rescata, filma y escucha. También, veremos una filmación doméstica de un partido de fútbol femenino, allá por los primeros de los ochenta, y habrá espacio para escuchar el poema “Se Vivo”, recitado por su autora, Eva Veiga. Esa mezcla de imágenes, entre el documento testimonial, la imagen de archivo doméstico, y la poesía, fusionan de manera ejemplar en la película, dotando al conjunto de un caleidoscopio lleno de tiempo, memoria, mujeres, trabajo y sobre todo, visibilidad.

La cineasta Margarita Ledo Andión (Castro de Rei, Lugo, 1951), ha hecho un largo camino vital y profesional, desde la lucha antifranquista hasta las reivindicaciones feministas, ya sea desde su oficio como periodista, profesora, escritora y desde el siglo XXI a través del cine, con títulos como Santa Liberdade (2004), Liste, pronunciado Líster (2007), un díptico que rescataba hechos sobre la Guerra Civil que estaban ocultos, con A cicatriz branca (2012), película de ficción sobre la inmigración de mujeres gallegas a América a principios del siglo XX. Con Nación va mucho más allá que sus anteriores trabajos, porque toca muchos palos, con la intención de construir un relato sobre las mujeres trabajadores de loza Pontesa, en la ría de Vigo, sobre la libertad y la independencia que les dio el trabajo, recorriendo las cuatro décadas que permaneció abierta la factoría, con sus años de trabajo, de compañerismo y fraternidad, pasando por los últimos años de lucha obrera y sindical, intentando infructuosamente mantener su trabajo.

El relato se apoya en tres vértices fundamentales. El primero sería el propiamente documental, rescatando y visibilizando a cinco de estas mujeres trabajadores, con la citada Nieves a la cabeza, acompaña de Esther García Lorenzo, Manuela Nóvoa Pérez, Carmen Portela Lusquiños y Carmen Álvarez Seoane, que en planos frontales y en espacios públicos, que nos hablan a nosotros, los espectadores, de sus años en la fábrica y sus reivindicaciones laborales. El segundo sería el material de archivo con imágenes domésticas y comunales, en las que vemos los años de trabajo en la fábrica, con sus cambios políticos, sociales y culturales, hasta los años de hierro, con las huelgas, las trifulcas con la policía, los encierros en la empresa y demás luchas por mantener el trabajo. El tercer y último pilar de la película se sustenta en la poesía de la citada Veiga y Rafa Lobelle, citadas por la propia Veiga, y tres actrices, que escenifican el trabajo arrancando con los años duros del franquismo y la represión que sufrieron muchas mujeres, luego, el trabajo precario femenino, y para cerrar, el fin de la fábrica, y la necesidad de seguir en el camino, en la de seguir luchando y resistiendo los avatares de la vida.

Ledo Andión construye una forma quieta, donde la cámara apenas se desplaza en alguna secuencia, como hacía Agnès Varda en su díptico de Los espigadores y la espigadora, recupera y reivindica el espacio y la intimidad femenina, con esas señas de identidad del cine poderoso y transparente de Chantal Akerman, explorando y profundizando en el ámbito personal e interior de lo femenino que tanto investigó Marguerite Duras en su literatura y cine, con esa posición política y personal del cine de Joaquim Jordà, con su monumental díptico Numax presenta… y Veinte años no es nada, memoria sobre el trabajo y su lucha. Referentes e inspiraciones que le sirven a la cineasta galega para  crear una película muy personal y social, con una mirada única y singular en el panorama nacional, y devolviendo al cine esa mirada personal y política que tanto ha perdido, y devolviendo al cine su condición de testigo y humanista filmando a obreras y el trabajo, y su lucha, que coincide con El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco, otra película hermana, que también recoge la destrucción del tejido industrial de principios de los noventa en la región de Murcia, cuando el país se empeñaba en mirar a otro lado en tono festivo.

Margarita Ledo Andión, después de ocho años sin dirigir, vuelve al cine por la puerta grande, construyendo una película inmensa y magnífica película, llena de grandes instantes, recuperando una memoria que muchos ocultan o se niegan a reivindicar, filmando a un grupo de mujeres que son muchas mujeres, mujeres que trabajaron en la industria de la comida y el vestido, que con su trabajo ayudaron a modernizar el país oscuro y arcaico del franquismo, y que la ansiada democracia no les devolvió su trabajo y lucha, y las volvió a ensombrecer, aunque ya había un espacio para seguir luchando y dejar de ser invisibles. La película adopta y acoge de forma natural y sin artificios, una multiplasticidad de formatos, texturas, miradas y posiciones,  que va desde lo íntimo e invisible a lo público y lo visible, recuperando a la mujer trabajadora, pasando por la memoria, lo real, lo imaginario y lo simbólico, entre el documento, el archivo, la ficción, el ensayo, la poesía, cogiendo de aquí y de allá, construyendo una película honesta y sobre todo, humanista, mirándose al espejo de grandes nombres como los ya citados, a los que podríamos incluir cineastas sobre lo humano como los Renoir, Rossellini, Angelopoulos, Tarr, Kaurismaki, entre otros, que investigan y profundizan en el ser humano, sus circunstancias y su forma de vivir y trabajar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=»https://vimeo.com/455005270″>Trailer ‘Naci&oacute;n’ (Margarita Ledo Andi&oacute;n) VO Galego</a> from <a href=»https://vimeo.com/user10957901″>N&oacute;scinema</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>