Entrevista a Hugo Stuven, director de la película «El nido», en la terraza del Hotel Seventy en Barcelona, el martes 8 de septiembre de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Hugo Stuven, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“El bien y el mal no tienen nada que ver con los dioses. Tiene que ver con nosotros”
Matthew Woodring Stover
El cine de género de los últimos años se ha decantado por un público joven y distraído, olvidándose de lo psicológico y sobre todo, de sugerir, generando atmósferas que atrapen al espectador de forma sutil y construyendo tensiones sorprendentes. Ahora, el cine de género se ha instalado en una comodidad trillada, porque todo se muestra demasiado y el susto facilón se ha convertido en el sello de muchas producciones, recurriendo a tramas en muchos casos inverosímiles y con poca profundidad. Por eso una película como El nido, de Hugo Stuven (Madrid, 1978), coescrita por Santiago Lallana y César de Nicolás (cómplices en los anteriores trabajos de Stuven) y el propio director, es una excepción, porque basa toda su trama en todo aquello que no vemos, y nos construye una asfixiante atmósfera psicológica, tan cotidiana como sorprendente, con pocos personajes, donde todo se sugiere, y sobre todo, en un concepto simple pero muy atractivo: el bien y el mal, dos espejos y dos espacios: interior y exterior. Un interior que es una casa perdida en mitad de una arboleda en la que moran Marta, una mujer acosada por el fatídico mal, su pequeño hijo Óscar, y su madre Elena, que tiene encadenada.
De Stuven conocemos sus películas Anomalous (2016), Solo (2018) y su serie Dime tu nombre (2015), amén de sus documentales sobre ETA y figuras deportivas como Ángel Nieto y Severiano Ballesteros. En sus ficciones se ha decantado por el terror, un terror psicológico, exceptuando Solo, que gira sobre la supervivencia de un hombre accidentado. Un cine de género que huye de lo fácil y lo evidente para rastrear espacios atrayentes y crear atmósferas peculiares como lo que hace en El nido, en un escenario que recuerda a las películas de estudio que se hacían en el Hollywood clásico en los treinta y cuarenta, y las producciones míticas de la Hammer inglesa, porque la casa, donde se desarrolla la trama, sin olvidar su exterior, porque en la película es tan importante lo que se ve como lo que no, y también el citado concepto de dentro y fuera, del mal como personaje o ente que sacude la vida y las circunstancias de todos los personajes, sobre todo, el de Marta, un ser que vive atemorizada por todo ese mal que viene del exterior, y hace y deshace en relación a eso que no sabemos qué es. Lo iremos descubriendo a medida que avanza la trama, sin prisas y con detalle, siendo la sombra del personaje de Marta.
El gran trabajo técnico de la película ayuda a crear las tensiones que se van produciendo, desde la cinematografía de Ángel Iguácel, otro colaborador estrecho del director madrileño, con una luz mortecina que evidencia la atemporalidad del relato, y ayuda a crear ese universo tan íntimo y a la vez, tan siniestro, donde lo cotidiano opta por formas muy oscuras sin perder ningún atisbo de realidad doméstica. La magnífica música de Vanessa Garde, con más de 39 títulos al lado de cineastas como Raúl Arévalo, Jota Linares y Claudia Pinto, entre otros. Una composición que atrapa desde el primer minuto potenciando el entramado psicológico que se cierne sobre la historia. Destacar el arte de una grande como Ana Alvargonzalez y el vestuario de Olga Rodal e Irantzu Ortiz, elementos fundamentales en el terror para definir la ambigüedad de la temporalidad. El montaje de un grande de nuestro cine como Nacho Ruiz Capillas, con más de 140 películas en su filmografía que le ha llevado a trabajar con Amenábar, Bollaín, Léon de Aranoa y muchos más. Una edición que se ve con reposo, sin aceleraciones, dosificando la información con temple y detalle, en sus 109 minutos de metraje que se ven con tensión y ese mal rollo instalado.
La presencia de Michelle Jenner como Marta es todo un acierto, porque la actriz catalana hace uno de sus mejores papeles, porque se aparta de todo lo que había hecho hasta la fecha, en un rol de una mujer obsesionado con el mal de afuera, con su pasado, sus culpas y arrastrando un dolor que le impide estar bien con los demás y consigo misma. Le acompañan Luisa Gavasa como su madre, y el niño Dylan Radley como su hijo Óscar, y hasta aquí puedo leer para no desvelar más de lo necesario. Si tuviésemos que poner algún pero a El nido, sería algún barullo de guion por la acumulación de información, aunque solo es un leve detalle que no desmerece en absoluto el conjunto de la películas, porque nos devuelve el cine de género como se hacía antes, con esas películas que nos sujetaban a la butaca del cine o del sofá de nuestra casa, sin parpadear y sin mover un músculo, ya que las imágenes que veíamos nos paralizaban. Estamos ante un cuento de terror con aroma de Shyamalan y Eggers, que se ve con mucho interés, y no recurre a las trampas de muchas películas, y eso ya es mucho, porque Hugo Stuven quiere que los espectadores disfruten de su película, es decir, que lo pasemos mal durante un rato, en esa casa y con esos personajes y el pasado y las heridas que arrastran que no son pocas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Marta Díaz de Lope Díaz y Zebina Guerra, directora y coguionista de la película «Pioneras. Solo querían jugar», en la terraza del hotel Pulitzer en Barcelona, el jueves 28 de mayo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marta Díaz Lope de Díaz y Zebina Guerra, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Haizea Viana y Angie Llabres de Vivavivaviva Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Sofía de Iznájar y Bruna Lucadamo, actrices de la película «Pioneras. Solo querían jugar», de Marta Díaz de Lope Díaz, en la terraza del hotel Pulitzer en Barcelona, el jueves 28 de mayo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sofía de Iznájar y Bruna Lucadamo, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Haizea Viana y Angie Llabres de Vivavivaviva Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Las mujeres tienen que llenarse de valentía para alcanzar sus sueños dormidos”.
Alice Walker
El arranque de una película es muy importante porque define su contenido posterior. En Pioneras. Solo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz (Ronda, Málaga, 1988), se abre de modo ejemplar. Nos encontramos en una clase donde la susodicha de Sección Femenina (una organización fascista que aleccionaba y sometía a las mujeres) está lanzando un discurso atroz sobre el sometimiento de la mujer a las labores del hogar y al marido de turno. Mientras, Nati, uno de los personajes principales, mira distraída por la ventana viendo a unos chicos jugar al fútbol. Una secuencia que define el espíritu de la película desde el primer instante, donde unas mujeres jóvenes que aman jugar al fútbol se verán perseguidas, humilladas y señaladas por todos y todas en aquella España franquista, oscura y violenta de 1970. No estamos ante una película de buenos y malos, sino una película que se inspira en hechos reales, acercándose a las desconocidas y olvidadas jóvenes que se levantaron e intentaron jugar al fútbol, a pesar de la gran oposición de la sociedad y los estamentos de turno que, hundían cualquier atisbo de libertad y muchos menos, femenina que desafiará el conservadurismo recalcitrante de la dictadura.
La directora andaluza estrena su tercer largometraje después de las interesantes Mi querida cofradía (2018), y Los buenos modales (2023), retratos sobre mujeres en tono costumbrista que se ponen en pie de guerra contra el patriarcado en las hermandades en su ópera prima, y en la segunda, una suerte de comedia con drama entre dos hermanas que no se hablan y dos chachas en mitad del fregado para acercarlas. En Pioneras, coescrita junta a Zebina Guerra, como las dos anteriores, bebe de las dos, la cinta traza un retrato de aquella España de principios de los setenta, con sus pequeños suspiros de libertad, aunque todavía el régimen se negaba a verlos. Las futbolistas encabezadas por Nati, la protagonista y la que mejor juega tiene un panorama muy negro en casa, con un padre ausente y una madre abnegada que sobrevive como puede. Belén, una líder nata que tiene el apoyo del padre, y el resto, jóvenes que quieren jugar a pesar de todo y todos. En la historia hay drama, dificultades, desesperanza y mucha tristeza, pero también hay lucha, amistad, amor, esperanza y cooperación. La película navega entre el drama más seco y cotidiano junto a la comedia más inspiradora y que apuesta por la libertad, aunque sea a escondidas.
La magnífica cinematografía de María Codina, que ya coincidió con la directora en la película colectiva Los inocentes, amén de trabajar en series como Días mejores y La vida breve, y en películas como Escanyapobres, construye una luz que parece de una película rodada en los setenta, aprovechando ese cielo plomizo y grisáceo que adorna la película, con su lluvia y barro, como la secuencia del primer partido de fútbol, en un escenario que cuida al detalle la arquitectura y el vestuario de entonces. La música de Pedro Marques acompaña con astucia y precisión las imágenes de la película, creando ese lado reflexivo que ayuda a ver mejor las imágenes, con la compañía de grandes temazos como “A la pelota”, de La Terremoto, entre otros. El excelente montaje de Alberto Gutiérrez, que tiene en su estupenda filmografía la serie Arròs covat, la citada Los inocentes, las series Paquita Salas, Veneno y La Mesías, de los Javis, ocho películas de Dani de la Orden, entre otras. Una edición que se va a los 100 minutos de metraje por el que pasamos por muchos géneros, texturas y gestos, y sobre todo, altibajos emocionales y cercanías y distancias entre los personajes.
Una película como esta construida a través de un maravilloso reparto coral encabezado por los Daniel Ibañez, que hace de Javier Poga, un entregado promotor deportivo que cree en las mujeres futbolistas, Aixa Villagrán, en el rol de Edelmira, una arrolladora periodista del diario As, que con su pluma y su fuerza hablará y peleará por las chicas, y las sorprendentes futbolistas con poca experiencia y debutantes que hacen Sofía de Iznájar como Nati, Bruna Lucadamo como Belén, Nora Otxoteko como María, Leire Aguiar como Ana, Lorea Carballo como Ángeles, Miriam Rubio como Pepa, y las madres Carmen Ruiz, Carmen Flores Sandoval, actriz fetiche de la directora, al igual que Pepa Aniorte, y la bruja mala de la Sección Femenina que es Elena Irureta, que también estaba en Los buenos modales. Una película que rescata la valentía y la fuerza de un grupo de jóvenes como Carmen Arce “Kubalita”, la primera portera, Elena Badillo y Paquita Jiménez, entre otras. Mujeres que se pudieron de pie, y a pesar de los obstáculos querían ser libres en todo: en el fútbol, en el amor, en la política, en la vida y en todo, en cómo pensar y qué pensar, y sobre todo, que las respetarán como jugadoras de fútbol al igual que los hombres. La película recoge aquellos primeros pasos, todavía quedaba mucho camino por recorrer, y queda, pero siempre hay un comienzo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Isabel Rocatti, intérprete de la película «Cowgirl», de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isabel Rocatti, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Miguel Llorens, codirector junto a Cristina Fernández Pintado de la película «Cowgirl», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Llorens, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Entrevista a Pep Munné, intérprete de la película «Cowgirl», de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pep Munné, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
Es muy raro ver en el cine actual historias sencillas y cotidianas. Historias que nos hablen de personas maduras tan cercanas como las que podamos ser nosotros. Historias que se ambientan en espacios alejados del mundanal ruido, donde la vida tiene otro tiempo, quizás, un tiempo más de verdad y sincero. Como la película Cowgirl, el segundo trabajo del tándem valenciano Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, protagonizada por Empar, un mujer de sesenta años que viven en un pueblo rodeado de montañas en la provincia de Castellón con su inseparable Tona, una vaca que quiere embarazar para seguir con su vida y su trabajo. La oportunidad, porque esta película va de eso, de aprovechar las circunstancias para seguir hacia adelante, la tiene Bernat, el vaquero más caudaloso del lugar. La cosa se complica con una idea mercantilista del alcalde ambicioso de turno, además, de la llegada de Riqui, un joven que oculta muchas cosas. Estamos ante una trama sobre personajes que son personas de carne y hueso, y a los que les suceden cosas sencillas pero altamente emocionales y dificultosas.
Después de Coses a fer abans de morir (2020), el dúo creativo Pintado y Llorens dejan la juventud y la despedida de un gran amigo, para adentrarse en el otoño crepuscular de unos personajes como Empar y Bernat que registra el magnífico guion de Rafa Albert coescrito junto a los directores, en esta curiosa mezcla de western y drama social y rural, en el que todo fluye sin necesidad de aspavientos ni grandes sucesos, todo gira en torno a tres personajes y la vaca. Una mujer madura en pleno duelo y necesitada de un nuevo ternero para su existencia, para seguir creyendo y no vencerse ante las hostias de la vida. Un maduro de larga estancia en las Américas que regresa al pueblo, a sus raíces y quizás, a tantas cosas que dejó para irse o huir. Y finalmente, el joven Riqui, un náufrago que desea echar alguna raíz y dejar tanta negrura que ha habido en su vida. Los directores no hacen gala de condescendencia ni nada que se le parezca, porque andan por otros lares, los de construir personajes que transmiten verdad, que se alegran y se entristecen, que patalean y que intentan vivir a pesar de los pesares, porque estamos ante una cinta que no se aleja de lo humano, sino que lo observa, se acerca de forma honesta y sobre todo, lo refleja de la forma más profunda y sensible.
Un equipo técnico sobresaliente empezando por la excelente música de Clara Peya, que ya descubrimos su gran talento en documentales como EnFemme, y con cineastas como Laura Jou y Javier Ruiz Caldera, y más recientemente en Un altre home, de David Moragas. La música de Palafrugell construye una soundtrack llena de poesía, cercanía y ambiental, que se difumina con los quehaceres diarios y los diversos conflictos que van brotando en la trama. La transparente y precisa cinematografía que firma uno de los codirectores Miguel Llorens, con una amplia carrera como cinematógrafo al lado de grandes nombres como Marc Recha, con el que hizo sus dos de sus primeras películas El cielo sube y L’arbre de les cireres, amén de Pau Durà y Pedro Pérez-Rosado, entre otros. La luz se muestra natural y nada embellecedora, sino capturando los grises que desprende cada encuadre. El gran trabajo de montaje de Alfons Suárez, que trabajó en la miniserie Mítics 70 (2024), del mencionado Llorens, que consigue dotar de equilibrio y elegancia a una trama que se va a los 109 minutos de metraje, en el que nunca tenemos la sensación de cansancio y mucho menos de derivas innecesarias, sino de un ritmo latente dentro de un entramado de miradas, gestos y silencios.
Un gran reparto encabezado por la excelente Isabel Rocatti que, después de medio siglo dedicada a la interpretación le llega el primer protagonismo con Empar, una mujer a la que la gran actriz le da misterio, grandeza y resistencia. Le acompañan un estupendo Pep Munné, otro de los rostros más conocidos de nuestro panorama, ahora metido en la piel de Bernat, el Mitchum de The Lusty Men, el tipo que retorna a sus raíces, a su anterior vida, a sí mismo. El tercero en discordia es Carlos Cuevas, un joven actor que hace del fugitivo que se hace amigo de un personaje en concreto. Después tenemos una retahíla de buenos actores valencianos como el eficiente veterinario Joaquín Climent, el pelotazo alcalde Carles Sanjaime, el impertinente ovejero Àngel Fígols, que ya estaba en Coses a fer abans de morir, entre otros. La película Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens tiene esa autenticidad de una historia bien contada, con sencillez, alejada de moderneces del momento, y mostrando unos personajes de verdad, de esos que hablan y callan sus cosas, las de antes y las de ahora, y siguen como pueden en un lugar vaciado pero sigue resistiendo los embates del mal llamado progreso y la especulación emocional y física en la que existimos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”
Khalil Gibran
Primero fue un libro “Viento Salvaje, crónica de una tragedia en los Pirineos», de Jordi Cruz publicado en 2019. Después vino un documental “Balandrau, infern glaçat”, de Guille Cascante estrenado en 2021. Y ahora, se estrena Balandrau, vent salvatge, de Fernando Trullols (Barcelona, 1977), la ficción que vuelve a la tragedia del Balandrau, la montaña situada en los Pirineos orientales, en la comarca del Ripollés, en la provincia de Girona, con sus 2585 metros de altura, que el sábado 30 de diciembre de 2000, a eso de las 13:30 sufrió un Torb, una ventisca de alta montaña que bajó la temperatura unos 30 grados y desató una tormenta catastrófica que afectó a las personas que allí estaban. Una de ellas es Josep Maria Vilà que junto a su prometida Mònica, y tres amigos disfrutaban de practicar esquí. Esta es la película que cuenta la historia, no sólo de Vilà, sino también de los equipos capitaneados por Francesc carola “Siscu”, de los bomberos voluntarios que trabajaron para sacar del infierno helado a todas las personas que allí se quedaron. Es la historia de las víctimas y los rescatadores.
Trullols lleva más de medio producciones a sus espaldas trabajando en los equipos de dirección junto a Jota Bayona, Marcel Barrena y Guillem morales, entre otros, amén de haber dirigido un par de cortometrajes, como El barco de pirata, galardonado con el Goya, y haber dirigido series como Cucut, Bosé y Hache, entre otras. Balandrau, vent salvatge es su puesta de largo, a partir de un guion que firma Danielle Schleif, que tiene en su haber películas como Summer Camp y Mediterráneo, con una película que cuenta una historia muy conocida en Cataluña, hecho que también suponía un reto, porque al ser un relato ya sabido, la película arranca con un interesante prólogo que deja varios apuntes que afectan a las vínculos de los citados protagonistas que son los dos ya sabidos y los Oriol, Elena y Pep. La película tiene dos líneas, las de las víctimas que quedaron atrapadas en la nieve, y los bomberos y voluntarios que trabajaron en su ayuda, a más, la incertidumbre de los familiares y amigos que esperaban en el campo base esperando noticias. Tres miradas que se cuentan muy de cerca, capturando toda la verdad posible, sin caer en la manida condescendencia, alejándose de la sensiblería y el amarillismo de ciertas producciones cuando tocan temas de la misma índole. Tanto la parte técnica como la artística brillan desde lo humano, entre lo que destaca lo emocional, clave en una película de estas características.
Un magnífico trabajo técnico encabezado por la cinematografía de Miquel Prohens, que ha trabajado con Caye Casas y Albert Pintó, Pedro Aguilera y Miguel Eek, entre otros, con una luz que brilla capturando el esplendor y la naturaleza de la montaña y después, cuando se desata la tormenta, y el gran trabajo de fx de la película, a través de una cámara que se acerca a los rostros y gestos de los personajes. La música de Arnau Bataller, todo un experto en el tema con más de 86 títulos en su extensa filmografía que empezó allá por el 2004, y le ha llevado a trabajar con autores como Balagueró, Plaza, Barroso, León de Aranoa, Cesc Gay y Pau Freixas, por citar sólo algunos. Una composición que atrapa la belleza y la tragedia en toda su complejidad, sin recurrir a esas melodías de épica y cosas del estilo, aquí no hay nada de eso, porque se habla de personas de carne y hueso, sometidas a las inclemencias de un naturaleza que es bella y trágica. El excelente montaje de Ana Charte Isa, de la que conocemos sus trabajos en películas como Vulcania, Uno para todos y L’home del nassos, que no tenía una tarea sencilla en una historia que abarca casi las dos horas de metraje, y los diversos puntos en los que desarrolla partiendo de momentos más reposados con otros llenos de agitación pura.
El reparto escogido para la película también realiza un gran trabajo encabezado por un magnífico Álvaro Cervantes, vaya año se ha gastado el barcelonés con Sorda, Esmorza amb mi y Baladrau. Su Josep Maria Vilà desprende vida, soledad, desesperanza y muchas más emociones en una composición que no resultaba sencilla porque había que interpretar a una persona real y eso es siempre un grna reto. A su lado, Bruna Cusí como Mónica, que transmite naturalidad y cercanía como la actriz catalana sabe con gran detalle y compromiso. El tercero sería Marc Martínez que hace de “Siscu”, el rescatador que pondrá el alma y todo para encontrar a los damnificados. Tenemos a los amigos que hacen Eduard Lloveras, Anna Moliner y Pep Ambrós, y luego, Àgata Roca como la madre de Vilà, Francesc Garrido es el coordinador de las operaciones de rescate, y Jan Buxaderas es Bernat, el hijo de Siscu, toda una revelación en la película. Aunque conozcan la historia de lo que pasó en Balandrau, no se pierdan la película, porque conocerán otros detalles íntimos y demás situaciones que vivieron los implicados, en una película que acoge el gran cine, aquel que explica historias de verdad, tratando todos los aspectos con transparencia, complejidad y humanidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA