Entrevista a Carol Rodríguez Colás

Entrevista a Carol Rodríguez Colás, directora de la película “Chavalas”, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 1 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carol Rodríguez Colás, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Marta Figueras, productora de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Elisabet Casanovas

Entrevista a Elisabet Casanovas, actriz de la película “Chavalas”, de Carol Rodríguez Colas, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 1 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elisabet Casanovas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Chavalas, de Carol Rodríguez Colás

CHICAS DE BARRIO.

“Pero el miedo a cometer errores puede convertirse en sí mismo en un gran error, uno que te impide vivir, porque la vida es arriesgada y cualquier otra cosa ya es una pérdida”

Rebecca Solnit

Erase una vez una joven llamada Marta. Una joven que salió de su barrio de Cornellà para convertirse en fotógrafa. Pero la vida a veces es una cosa y tus deseos otra, y después de muchas idas y venidas por el mundo, se queda sin trabajo y más sola que la una, así que, muy a su pesar, vuelve al barrio donde creció, a casa de sus padres y a relacionarse con las amigas de toda la vida. Allí, se reencontrará con las amigas con las que creció: Bea, que tiene un trabajo que le gusta y se ha quedado a vivir en el barrio en el piso de los abuelos, Desi, la buscavidas, que trabaja en el bar de Soraya. Los edificios altísimos, los bares de barrio donde se reúne una parroquia variopinta amante del fútbol y los pájaros, el mercadillo de los sábados, las plazoletas llenas de niños a la pelota y niñas a la goma. Marta vuelve a ese entorno y a esa cotidianidad de barrios obreros y vidas de comunidad.

La opera prima de Carol Rodríguez Colás, de barrio y de Cornellà (Barcelona), nació del piloto de una serie que ahora se convierte en largometraje, con el magnífico y humanista guion de su hermana Marina, que ha estado en muchos de los cortometrajes de Carol. Un relato lleno de verdad, de autenticidad, de naturalidad y empaque emocional, su sencillez y cotidianidad es su mejor arma, y cuatro actrices jóvenes que conectan a las mil maravillas, dotando a sus personajes de fuerza, sensibilidad y sinceridad. Porque la película de Rodríguez Colás se centra en lo que sabe, sin apabullar ni adornar nada, sino buscando esa humildad y potencia que tiene su contexto y la relación de las amigas de siempre, capturando toda la realidad que allí se impone, con sus calles, sus edificios, sus tiendas de toda la vida que todavía resisten como esa tienda de fotos, con esas celebraciones en el bar de siempre, y esas largas conversaciones comiendo pipas y bebiendo en el banco que las ha visto crecer.

Todo tiene carácter y verdad, no hay estridencias argumentales ni nada que se le parezca, ni sobre todo, virguerías formales, todo se acopla a la relación intima y profunda de sus personajes, desde el punto de vista de Marta, la que se iba a comer el mundo, y vuelve a casa con el rabo entre las piernas, angustiada y sintiéndose fracasada. Pero, voila’, en el barrio que tanto quería dejar atrás, encontrará todo aquello que iba buscando sin saberlo, encontrará un comienzo, otra forma de sentir, vivir y relacionarse. La naturalidad y cercanía de la cinematografía de Juan Carlos Lausín, con mucha experiencia en series de televisión, capturando ese tono de documento bien avenido con la ficción de la película, encajando a la perfección, el rítmico y potente tono que le da el montaje que firma Pablo Barce, debutante en el largometraje después de muchos trabajos en el campo del cortometraje, y la música que nos acoge y nos va relatando, desde el que observa dejando espacio para mirar, que han compuesto Francesc Gener (habitual en el cine de Laura Mañà), y la debutante Claudia Torrente.

Mención aparte tiene el inmenso, cautivador y absorbente trabajo de las cuatro maravillosas actrices encabezadas por la perdida y alejada Marta, protagonizada por una arrolladora Vicky Luengo, con sus ínfulas e insolencia, siguiendo con una magnífica Elisabet Casanovas, el empaque emocional y liberador de Carolina Yuste, y finalmente, la sorpresa de pura energía de Ángela Cervantes, y luego, otros intérpretes que dan profundidad a la historia como Cristina Plazas y Mario Zorrilla como padres de Vicky, José Mota como el dueño de la tienda de fotos, y una Ana Fernández, como artista insoportable y modernísima ella. Con el aroma que desprendía una película como Barrio (1998), de Fernando León de Aranoa, y la mirada de Girlhood (2014), de Céline Sciamma, emparentadas con Chavalas  en muchos aspectos, porque tanto una como la otra quieren mostrar una realidad dentro de muchas, donde hay chicas y chicas que viven en un lugar con pocas oportunidades, pero donde también se puede estar con los de toda la vida, perdiéndose entre sus calles, soñando con otra realidad, y sobre todo, creciendo entre risas, llantos y demás circunstancias.

Rodríguez Colás ha dado en el clavo con su propuesta, que tiene partes muy relacionadas con ella, ya que en sus estudios de cine escogió la especialización de fotoperiodismo, como su protagonista, una mujer que anda como Crusoe, naufragando por la vida, sintiendo su fracaso, aunque en su vuelta a casa y al barrio, se dará cuenta que la vida no es un continuo éxito o fracaso, sino que hay muchas cosas, más sencillas, más personales, más profundas y más auténticas, que todo se puede revitalizar y mirar desde otro lado, sin tanta tensión y más humana. Vicky anda buscando su vida, y su fotografía, esa tan cercana que le cuesta ver, que quizás es otro obstáculo que se ha inventado para no hacer frente a otras realidades que cree que no van con ella. Un personaje que tiene mucho que quitarse de encima, para aligerar carga y sobre todo, sentirse cómoda con lo que es y de dónde viene, mirar su barrio y sentirse bien consigo misma. Un barrio que la película le quita sambenito de marginación y le da un nuevo brío diferente, un lugar donde quizás puedes encontrar muchas cosas que creías que no eran importantes como personas como tú, que viven tranquilamente, con sus trabajos, sus clases de Tai Chi, sus colegas de siempre, sus rollos de siempre y las cervezas en el mismo puto lugar de siempre. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de aquí que me emocionó en el 2020

El año cinematográfico del 2019 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).

1.- ARIMA, de Jaione Camborda

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2,. <3, de María Antón Cabot

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3.- LAS LETRAS DE JORDI, de Maider Fernández Iriarte. 

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4.- ASAMBLEA, de Álex Montoya

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5.- EL ÚLTIMO ARQUERO, de Dácil Manrique de Lara

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6.- LA ISLA DE LAS MENTIRAS, de Paula Cons

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7.- BLANCO EN BLANCO, de Théo Court

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8.. LA BODA DE ROSA, de Icíar Bollaín

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9.- LOS EUROPEOS, de Víctor García León

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10.- LAS NIÑAS, de Pilar Palomero

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11.- L’OFRENA, de Ventura Durall

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12.- UNO PARA TODOS, de David Ilundaín

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13.- CARTAS MOJADAS, de Paula Palacios

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14.- AKELARRE, de Pablo Agüero

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15.- NO NACIMOS REFUGIADOS, de Claudio Zulian

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16.- MESETA, de Juan Palacios

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17.- LÚA VERMELLA, de Lois Patiño

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18.- NIEVA EN BENIDORM, de Isabel Coixet

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19.- HIL KANPAIAK (CAMPANADAS A MUERTO), de Imanol Rayo 

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20.- DEAR WERNER (WALKING ON CINEMA), de Pablo Maqueda

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21.- LA VAMPIRA DE BARCELONA, de Lluís Danés

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22.- PA’TRÁS NI PA’TOMAR IMPULSO, de Lupe Pérez García

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23.- MY MEXICAN BRETZEL, de Núria Giménez Lorang

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24.- EL AÑO DEL DESCUBRIMIENTO, de Luis López Carrasco

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25.- BABY, de Juanma Bajo Ulloa

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26.- A STORMY NIGHT, de David Moragas

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Entrevista a Marina Gatell y Pablo Derqui

Entrevista a Marina Gatell y Pablo Derqui, intérpretes de la película “Dos”, de Mar Targarona, en el Cine Phenomena en Barcelona, el miércoles 14 de julio de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marina Gatell y Pablo Derqui, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Dos, de Mar Targarona

CARNE CON CARNE.

“Es imposible ir por la vida sin confiar en nadie; es como estar preso en la peor de las celdas: uno mismo”.

Graham Greene

Series como The Twilight Zone y La hora de Alfred Hitchcock, plagaron de relatos inquietantes y muy oscuros las noches de la televisión estadounidense de los cincuenta y sesenta. La premisa era clara: historias sobre lo natural, sumergidas en lo más profundo del alma, y muy cotidianas, con una duración de alrededor de una hora. Dos, bebe mucho de ese punto de partida y atmósfera. Mar Targarona (Barcelona, 1953), se ha prodigado más en la producción, con una larguísima trayectoria con títulos muy exitosos como El orfanato, Los ojos de Julia y El cuerpo, entre otros, thrillers sofisticados, a la manera anglosajona, convencionales y muy efectivos. Como directora ha ido haciendo un par de series, y películas de varios estilos y géneros, como su debut, la comedia negra en Muere, mi vida (1996), el thriller elegante de Secuestro (2016), y el drama histórico de El fotógrafo de Mauthausen (2018), y ahora, Dos, que tiene el marco del thriller psicológico, pero visto desde otro ángulo, ya que parte de una premisa sorprendente que engancha de manera súbita. Dos desconocidos se despiertan y descubren que están enganchados de manera salvaje por el abdomen, cosidos carne con carne. Los dos extraños están en una habitación desconocida, no saben nada del uno del otro, y deben confiar el uno en el otro para intentar salir de tamaño entuerto.

Estamos ante una película que recoge el aroma de esas películas con persona atrapada que tienen que resolver un enigma, con respuestas en el interior de los personajes, como ocurría en Buried, de Rodrigo Cortés, en que la historia se basa en todas las operaciones por las que tienen que pasar los protagonistas para deshacerse del nudo, tanto físico como emocional, y de esa manera poder salir con vida del brete en el que se encuentran. Targarona tiene a dos intérpretes como Pablo Derqui y Marina Gatell, que brillan de manera extraordinaria en un relato muy basado en sus interpretaciones, transmitir ese agobio, tensión, miedo, desesperación, paciencia, calma por el que pasan sus atribulados personajes, una montaña rusa de emociones que transmiten con oficio y naturalidad a los espectadores. La duración de 70 minutos también ayuda a crear ese marco y atmósfera inquietante y oscura que tanto demanda el relato, con un guión de hierro y bien conducido, que firman una legendaria como Cuca Canals, guionista de Bigas Luna desde Jamón, Jamón, junto a Christian Molina, que ha dirigido las interesantes Rojo sangre y Diario de una ninfómana, entre otras, y Miquel Hostenech, guionista de las terroríficas Asmodexia y Bajo aguas tranquilas.

La parte técnica de la película es otro de los apartados que sorprende de manera grata y magnífica. Arrancando con el estupendo trabajo de cinematografía de Rafa Lluch, que ha trabajado con gente como Ventura Pons y Eduard Cortés, y el poderoso montaje de José Luis Romeu, que ya había trabajado en El fotógrafo de Mauthausen, y en grandes obras como Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo, y el grandioso trabajo de sonido de Ferran Mengod, esencial para meternos de lleno en todo aquello que debemos escuchar para hacer creíble todo lo que vemos. Targarona ha dejado de lado los títulos con clara vocación comercial, de facturas impecables, pero de desarrollos efectistas, para meterse de lleno en una historia íntima, directa, y rodada en una sola localización, erigiéndose como uno de esos títulos que se hacen de culto al instante, porque su modestia y naturalidad juegan a su favor todo el metraje, construyendo una película grande con lo mínimo, donde destaca su sutil y exquisito estudio de la condición humana de nuestros tiempos, donde mirar y confiar en el otro son la base, muy alejado de ese mundo atroz, individualista y superficial en el que nos movemos diariamente.

La directora barcelonesa nos obliga a mirar al otro, a confiar, a ser dos, a ayudarse ante la adversidad por obligación no por elección, y eso lo cambia todo, porque ahí nos descubrimos, conocemos nuestros verdaderos límites, miedos e inseguridades, nos conocemos realmente, porque como decía Pessoa: “Bienvenidos sean los problemas porque así sabré de qué piel estás hecho”. Dos que no estaría muy lejos de esos thrillers de la carne que tanto le gustan a David Cronenberg, donde lo orgánico y lo psicológico se cruzan dando resultados muy oscuros. La película de Targarona es una de esas películas sorpresa que cada año aparecen por las pantallas, llegan sin hacer ruido, con una historia sencilla, que cautiva al instante, con unos personajes como tú  como yo, personas con las que nos cruzamos cada día mientras caminamos, y que acostumbramos a no darles importancia, porque en realidad, lo que son en realidad, su verdadera personalidad, lo que tienen en su interior es un elemento completamente desconocido, imposible de descifrar para los transeúntes con los que se cruzan, pero he aquí la cuestión, en situaciones extremas, adversas e inesperadas sale todo, sale quienes somos de verdad, y que tememos y donde queremos llegar, aunque a veces la existencia se ponga dura y tengamos que destapar todo lo que ocultamos a los demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Júlia de Paz Solvas

Entrevista a Júlia de Paz Solvas, directora de la película “Ama”, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 6 de julio de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Júlia de Paz Solvas, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Laura Olaizola y Alexandra Hernández de Olaizola Comunica, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Tamara Casellas

Entrevista a Tamara Casellas, actriz de la película “Ama”, de Júlia de Paz Solvas, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 6 de julio de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Tamara Casellas, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Laura Olaizola y Alexandra Hernández de Olaizola Comunica, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Ama, de Júlia de Paz Solvas

TRES DÍAS, TRES NOCHES.

“Los hijos no son un sustituto del amor; no reemplazan un objetivo de vida rota; no son un material destinado a llenar el vacío de nuestra existencia; son una responsabilidad y son un pesado deber”.

Simone de Beauvoir

La película se abe de forma muy contundente y sin respiro, porque nos sumergimos en mitad de la noche, a oscuras, y nos tropezamos con Pepa, una mujer de unos treinta años, sometida a su propia agitación y nerviosismo, parece en busca de alguien. Un flashback nos lleva a un lugar donde Pepa está fatal y se cae sin que su madre la pueda ayudar. Volvemos a la noche, Pepa se mete en una discoteca, se hace unas rayas y baila como si el mundo acabara esa noche. Al día siguiente, con el sol en la cara, vuelve a su casa, su compañera de piso, que ha cuidado a su hija Leire de 6 años, harta de tantas huidas a ninguna parte, le pide que se vaya. Pepa debe buscar un lugar donde dormir junto a su hija. Un arranque de una grandísima fuerza y tensión, como pocos recordamos para una primera película que firma Júlia de Paz Solvas (Sant Cugat del Vallés, Barcelona, 1995), que ya conocíamos por dos anteriores trabajos, La filla d’algú (2019), el largometraje colectivo que dirigió junto a diez compañeros de la Escac, y un año antes, Ama, el cortometraje que ya se detenía en Pepa y Leire, en una sola jornada.

Ama  tiene ahora su traspase al largometraje, que amplía sus jornadas en dos días más con sus noches, en una película muy física, en continuo movimiento, en un guion que vuelve a escribir junto a Núria Dunjó, y en la cinematografía cuenta otra vez con Sandra Roca, con esa cámara pegada al cogote de Pepa, otra piel, otro cuerpo, que la sigue incesantemente, sin descanso, traspasándola, radiografiándola, y convertida en otro más, en testigo de esta crónica de hoy y de ahora, pero completamente atemporal, que no solo nos habla del hecho de ser madre, de su significado y consecuencias, de esas “malas madres” que tanto se reivindica en la actualidad, quitando toda esa idea romántica y falsa de la maternidad y explicando sus oscuridades y miedos, enfrentándola a una realidad sincera que siempre se le había negado. Pero Ama, también nos habla de lo que se cuece en nuestro interior, de todo eso que nos conduce por la vida, nos hace enfrentarnos a los demás y sobre todo, a nosotros, de todos nuestros fantasmas, inseguridades y demás emociones que anidan en nuestra alma.

La jovencísima directora catalana construye su película como una fábula actual, en una ciudad turística, con su playa, sus visitantes, sus hoteles, que siempre se nos mostrará en off, con sus ruidos y sonidos fuera de campo, en cambio, sí que nos enseñará la otra ciudad, encaminándonos hacia su periferia, a todos esos lugares donde el turismo no va ni conoce, a la ciudad de verdad, a la que vive cada día como si fuera el último, a la que la necesidad y el desamparo obliga a deambular y buscarse cada día la vida o lo que quede de ella. Esos lugares reales que transitaban los chavales de Pullman (2019), de Toni Bestard, o los de The Florida Project (2017), de Sean Baker. Pepa es una mujer que debe aprender a ser fuerte, a perdonarse y perdonar, a no rendirse y seguir aunque cuesta la vida entera, porque debe mirar por su hija, que no puede continuar en esa existencia de aquí para allá, como dos vagabundas, esperando algún golpe de suerte o algo a donde agarrarse, como la condescendencia de una amiga cansada, o un ex novio engañado tantas veces, o un jefe que ya no le permite un descalabro más, o un dueño de hostal que prefiere los euros extranjeros a la necesidad de los de aquí.

Pepa con todo lo que arrastra se encuentra un mundo atroz, sin compasión, que no encuentra ayuda o simplemente, algo de cobijo, como mencionaban los Rossellini y Pasolini, en una mirada deshumanizada que se asemeja mucho la que encontraba Sandra, la mujer desesperada que intentaba convencer a sus compañeros para no perder su trabajo en la demoledora y magnífica Dos días, una noche (2014), de los hermanos Dardenne. Un reparto lleno de intérpretes estupendos bien dirigidos entre los que destacan Estefanía de los Santos, como la madre de Pepa, Ana Turpin como Ade, la compañera de piso, Diego, el ex cansado de Pepa, Chema del Barco como dueño del hostal, el veterano Manuel de Blas como su jefe, la niña Leire Marín como su hija, y Tamara Casellas, que vuelve a repetir su personaje de Pepa, ahora en el largometraje, que brilla con intensidad y luz propia, componiendo una de las grandes interpretaciones del año, premiada en Málaga, que transmite naturalidad, intimidad y sobriedad en un personaje humano y lleno de miedo y culpabilidad, una mujer rota y a la deriva, que va hacia la autodestrucción, y encima una hija a la que cuidar, en un extraordinario trabajo de la sevillana que es una batalladora de la interpretación, aquí se convierte en la auténtica alma mater de la función, en un trabajo inolvidable.

Júlia de Paz Solvas entra de lleno a esa talentosa, trabajadora y envidiable terna de cineastas surgidas de la Escac, las Mar Coll, Elena Trapé, Nely Reguera, Liliana Torres, Diana Toucedo, Andrea Jaurrieta, Marta Díaz, Belén Funes, Celia Rico, entre otras, que tienen en la mujer, su entorno y emociones, el abanico donde surgen las historias que cuentan, con grandísima sensibilidad e intimidad, siguiendo la estela de la Coixet, Bollaín y demás. De Paz Solvas ha tejido con aplomo y sabiduría una película de verdad, que maneja con muchísima soltura, y saliendo muy airosa de terrenos pantanosos, sabiendo sujetar al espectador y llevándolo hacia lugares que hay que mostrar y transitar, en un relato que va más allá del drama íntimo y social, situándose en ese difícil campo donde la vida se mezcla con las emociones, lo social, lo más íntimo, y sobre todo, la maternidad, y ser hija, de mirar al frente, de perdonar y sobre todo, vivir sin miedos, prejuicios y demás, mirando a las cosas por su nombre y en toda su plenitud, sin mentiras ni nada que se le parezca. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Hombre muerto no sabe vivir, de Ezekiel Montes

GRUPO SALVAJE.  

“Hasta la supervivencia de una banda de ladrones necesita de la lealtad recíproca”.

Antonio Genovesi

Hay películas que solo tienen su sentido porque están protagonizadas por intérpretes de esos que con solo su presencia llenan la pantalla. Antonio Dechent, sevillano de Triana, es uno de esos intérpretes. Un actor de los de toda la vida, que sin abrir la boca ya está siendo su personaje, con esa mirada afilada, ese porte de tipo agujereado, pero que todavía se mantiene en pie, de esos granujas simpáticos, con ese deje andaluz que no solo le ayuda a llevar a cabo unos personajes derrotados con dignidad, sino que agranda aún más si cabe su intrínseca forma de actuar y engrandece a sus personajes que suelen caminar a duras penas. Su Tano de Hombre muerto no sabe vivir, es un gran tipo, recuerda al William Holden de Grupo salvaje, de Peckinpah, cansado, venido a menos, pero con carácter, un tipo que el tiempo lo ha derrotado, los nuevos tiempos, y debe hacer su último servicio a la causa, porque sabe que su tiempo, aquel tiempo que bailaba hasta el amanecer ya pasó, y ahora debe lidiar con otro que ya le ha pasado por encima.

El director malagueño Ezekiel Montes, que se ha batallado en los cortometrajes y en la producción, debuta en el largometraje con un policiaco en toda regla, una de esas cintas negras que nos hablan sobre  gánsteres, matones y corrupción política ubicados en la Costa del Sol. Vamos a conocer a estos tipos andaluces con Tano a la cabeza que trabajan para Manuel, el capo ya envejecido, una momia en toda regla, más fuera que dentro, y un hijo, Ángel, menuda pieza, que trabaja para introducir una droga nueva súper potente que deja a sus consumidores locos del todo, que tiene a Tano en su contra. En el conflicto participarán un clan de gitanos que se sitúan en el barrio y rechazan de raíz la droga, Nolasco, un sucio narco árabe muy violento, y unos rusos, los dueños de esa droga tan potente. Las dos horas de metraje están bien llevadas por Montes, en un relato sobre personajes, sobre las cicatrices que arrastran cada uno de ellos. Temas como el honor, la lealtad y el respeto, que tanto han guiado la buena época de Tano y compañía, han pasado a mejor vida y ahora el dinero, el maldito dinero se está imponiendo a todos y todo.

El aroma del policiaco estadounidense de los setenta de los Lumet, Pakula, Boorman, Scorsese, De Palma, Altman, Penn y demás, está muy presente en la cinta de Montes, desde sus atmósferas densas, periféricas y asfixiantes, sus endiablados personajes, con esos diálogos bien cuidados, y un gran detallismo en la planificación y la puesta en escena, su poderosísima luz muy natural y cruda del propio director, y el clásico y febril montaje de un grande como José M. G. Moyano (cómplice de todo el cine de gente tan interesante como Alberto Rodríguez y Santi Amodeo, entre otros), sin olvidarnos de todo ese policiaco patrio que han hecho gente como Urbizu, y el citado Rodríguez, que han sabido trasladar con gran acierto y sabiduría aquellas historias de los estadounidenses a la cotidianidad y las historias de aquí, creando relatos con alma y poderosos, sin olvidarse de esa violencia salvaje y crudísima que arrecia en este tipo de historias, donde la traición y la mentira se pagan con una somanta de palos o un tiro en la cabeza.

Hombre muerto no sabe vivir compone una historia llena de capas y pliegues interesantes, muchas veces vista, pero bien llevada y construida, aunque la mayor fuerza de la película es su gran elección de los intérpretes que dan vida, piel y cuerpo a estos maleantes donde algunos nos caen fatal y con otros nos iríamos a tomar algo. El ya citado Dechent, auténtica alma de la película, un grande al estilo de los Gould, Sutherland, Hackman, etc…Un tipo de raza, grietas en la piel, y más en el corazón. Bien acompañado por un Rubén Ochandiano como Ángel, una especie de ángel caído, malo, malísimo, con todo ese esplendor de tipo frágil pero una bomba en su interior, que recuerda al Montana de Pacino en El precio del poder. Los Jesús Castro, Paco Tous, Juanma Lara, Nancho Novo, Juan Fernández, Manolo Caro y el gran Manuel de Blas haciendo el capo envejecido y senil, un dinosaurio que ya no le quedan fuerzas solo para morir. Y dos maravillosas sorpresas, las de José Laure haciendo de Nolasco, un hijodeputa en toda regla, un ser despreciable, alguien cabrón malnacido que pone los pelos de punta, en una grandiosa interpretación del actor que debuta en el cine, y Elena Martínez como Aitana, que ya había trabajado en otras producciones de Montes, transmite fuerza y sensibilidad haciendo de la mujer de uno de los que se quiere pasar de listo, y deberá elegir con quién se queda, y sobre todo, quién confía en ella.

Montes ha hecho una ópera prima que destaca sobre la media de las que producen cada año, con algún capricho narrativo, pero en conjunto, una película que se deja ver, que te mantiene pegado a la butaca, y no se saca nada de la manga a última hora, sino que cuenta el conflicto a su debido tiempo para que el espectador se centre más en todo lo que envuelve a los personajes, metiendo la llaga en sus ambiciones, deseos, conflictos y demás elementos. El director andaluz ha construido un thriller con el aliento clásico de los de antes, pero con tramas, personajes y atmósferas de los de ahora, al estilo Tarantino, pero no copiando sus tics sino componiendo un policiaco sucio, amargo, muy violento, de esa violencia que hiela la sangre, con un grupo de personajes metidos hasta el cuello en esta maraña de droga, con mercancías de aquí para allá, tipos que mienten y matan a quemarropa, y sobre todo, el grupo de Tano, una familia que se está despidiendo de toda esa vida, porque el cansancio, las arrugas, las cicatrices ya pesan demasiado. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA