El inconveniente, de Bernabé Rico

LA EXTRAÑA PAREJA.

“La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”.

Gustavo Adolfo Bécquer

Erase una vez… Una mujer llamada Sara, treintañera, profesional de éxito, seria y rigurosa, muy atractiva, y felizmente casada con Daniel. Un día, empujada por su ambición y su precio, adquiere una vivienda en una buena zona de Sevilla, un piso que solo tiene un inconveniente, será suyo cuando fallezca la propietaria, Lola, una septuagenaria muy suya, de vueltas de todo, que bebe, fuma y vive encerrada en su casa. Sara y Lola son dos mujeres sin nada en común, o quizás, si. La opera prima de Bernabé Rico (Sevilla, 1973), llega después de más de una década dedicado a la producción, tanto teatral como cinematográfica, y a la dirección de cortometrajes, con un relato íntimo y muy doméstico, lleno de honestidad, con la sensibilidad adecuada, sin caer en el sentimentalismo, ni nada que se le acerque, mostrándonos la relación de dos mujeres que de lo lejos que están una de la otra, se encuentren más cerca de que imaginan, parecen dos polos opuestos, pero su relación las acercará y las ayudará más de lo que creen, convirtiéndose en una especie de madre-hija o hermana mayor y pequeña.

El inconveniente  nace de la obra teatral 100m2, de Juan Carlos Rubio, un autor que lleva más de veinte años escribiendo para cine y teatro, además de dirigir para ambos medios. Una pieza teatral representado con éxito que vio la luz en el 2008, que Rico, con la ayuda del productor Olmo Figueredo, responsable de películas como Adiós o La trinchera infinita, entre otras, construyen una película de aquí y ahora, que tiene mucho que ver con la realidad social de muchas personas mayores, personas que viven solas en sus viviendas y encuentran en la venta del inmueble en vida, una forma de subsistencia. La película habla de aspectos sociales, pero desde una perspectiva Azcona-Berlanga, con ese característico humor negro, como evidencia el arranque, con ese tipo peculiar que interpreta magistralmente un grande como Carlos Areces, que podría ser un heredero de López Vázquez, una especie de mezcla entre el Quintanilla de Plácido, y el lameculos de Atraco a las tres, un personaje que irá entrando y saliendo de la película, poniendo esas notas de humor negro, esperpento y amargura que tanto casa con la historia.

El relato va mezclando con soltura y agilidad, la comedia negra que retrata una sociedad demasiado individualista, solitaria y amargada, con ese melodrama cercano en el que se va fundiendo una amistad entre dos mujeres que sin pretenderlo, van a ir encontrando un reflejo necesario que les ayudará muchísimo en sus vidas, llevándolas a enfrentarse con ellas mismas, y sobre todo, a mirarse en ese espejo de decisiones equivocadas o no, y saber recordarse, porque lo han olvidado, las cosas importantes de la vida, las que verdaderamente nos ayudan a crecer y vivir mejor. Una interesante y envolvente luz de Rita Noriega, que sabe transmitir toda esa penumbra del inicio para luego, ir entrando más luz, que explica con suavidad el proceso que están viviendo las dos protagonistas. El rítmico y exacto montaje que firma un experto como Nacho Ruiz Capillas (que ha trabajado con nombres tan ilustres de nuestro cine como Icíar Bollaín, Amenábar, Fernando León de Aranoa, entre muchos otros). Y si la historia funciona, llevándonos por muchos aspectos de la vida, con secuencias memorables como la que protagonizan el personaje de Mánver y José Sacristán, que explica tanto de la vida, de las decisiones que tomamos, y del pasado, que a veces, viene a reclamarnos aquello que no podemos olvidar.

Hay algo que no puede fallar en películas de esta naturaleza, basada en la relación de amistad y amor de dos mujeres demasiado solas, pero que se niegan a reconocerlo y sobre todo, reconocérselo, que es la elección y el trabajo interpretativo de su pareja protagonista. Una pareja que recuerda tanto a los Lemmon y Matthau de La extraña pareja, que también fue primero una obra teatral, con unas brillantes, conmovedoras, divertidas y sinceras protagonistas. Por un lado, Kiti Mánver, que después de medio siglo de carrera, no debería sorprender a nadie su inmensa capacidad para enfundarse en la piel de un personaje casi diez años mayor que ella, que lo envuelve de magia, ridiculez y extravagancia. Frente a ella, Juana Acosta, que se mantiene firme y defiende con elegancia y sobriedad una mujer que empieza a arriba, o al menos, eso se cree ella, y poco a poco, irá comprendiendo las cosas por las que vale la pena levantarse cada día, y sobre todo, a mirar a los demás sin altivez ni competitividad. Dos almas perdidas, lúcidas y patéticas, y quien no lo es, con demasiadas mochilas pesadas a sus espaldas, que sin comerlo ni beberlo, encontrarán al otro, a alguien con quien hablar, escuchar, reír, comprender, mirarse, celebrar, llorar, abrazarse, sentir y sobre todo, vivir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Josep M. Civit

Entrevista a Josep M. Civit, director de fotografía de la película “La vampira de Barcelona”, en su domicilio en Barcelona, el jueves 26 de noviembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Josep M. Civit, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Blanca Aysa, representante, por su amabilidad, paciencia y cariño.

La vampira de Barcelona, de Lluís Danés

UN MONSTRUO ENTRE NOSOTROS.

“El mal es vulgar y siempre humano, y duerme en nuestra cama y come en nuestra mesa”.

A. H. Auden

Los más cinéfilos recordarán a Hans Beckert, el asesino de niñas de M, el vampiro de Düsseldorf (1931), la célebre y terrorífica película de Fritz Lang, una crítica abierta y directa a otro asesino, el nazismo, que empezaba a resurgir en Alemania. La historia de Enriqueta Martí, la mal llamada “Vampira de Barcelona”, se encamina por derroteros parecidos al del relato de Lang, ya que nos sitúa en una sociedad dividida entre dominantes y necesitados, entre las altas esferas de la Barcelona de 1913, y aquella otra que se pierde entre callejones del distrito del Hospital, llenos de miseria y depravación, por cabarets canallas, rondando putas desdentadas, pidiendo limosna y al servicio de la caridad de los poderosos. De Enriqueta Martí hay novelas, ensayos, incluso una novela gráfica, que rescatan a un personaje del primer tercio de siglo que, muy a su pesar, se convirtió en enemigo público, al que se le atribuyeron desapariciones y horrendos crímenes de niñas. Lluís Danés (Arenys de Mar, Barcelona, 1972), ha construido una carrera muy interesante como director artístico y director, con títulos como Llach. La revolta permanent (2006), sobre la elaboración del trabajo ”Campanades a Morts”, de Lluís Llach, sobre los asesinatos de Vitoria en 1976, o el personal telefilme Laia (2016), basado en una novela de Salvador Espriu, sobre amores trágicos.

Con La vampira de Barcelona, el director de Arenys, se adentra en otro terreno, más ambicioso, peor con la humildad y la personalidad que caracterizan sus trabajos, poco es más. Lo que más destaca la película es su grandísimo trabajo del espacio cinematográfico, que coge de la citada novela gráfica, con su maravillosa ambientación y empleo visual, con las maravillosas siluetas animadas, herencia de  la gran Lotte Reiniger, que agrandan el encuadre, creando esa maravilla de profundidad de campo, donde cada lugar es físico y emocional a la vez, donde un bar se convierte en una calle, y donde los pensamientos y las acciones de los personajes conforman una especie de laberinto escénico, donde todo es posible. El grandísimo trabajo de cinematografía obra de Josep M. Civit, con ese sobrio y elegante blanco y negro, que explica la negrura y sombría Barcelona, con las huellas de la semana trágica de 1909, la inestabilidad política, y la alarmante escalada  social y criminal constante. Un b/n, azotado por elementos de color, como hacía Coppola en Rumble Fish, con ese rojo sangre, o el colorido del burdel, donde acaban todo el esplendor de esa falsa Barcelona, que resalta con la negritud del resto, en un mundo donde sueños y pesadillas se mezclan, perdiendo su verdadero significado, donde todo es pura apariencia, donde en mitad de pocos metros, se anudan la vida y la muerte, como el gran teatre del Liceu, o esas calles siniestras en las que pululan seres desesperadas como el padre que busca a su hija desaparecida.

Sebastià Comas es el periodista-guía que usa Danés para mostrarnos su película y su contexto histórico, que abarca medio año, en un potente flashback, que nos remonta al inicio de todo, o el final, según se mire. Comas (en la piel de un grandísimo Roger Casamajor), es un tipo con ideales, alguien en busca de la verdad, un personaje integro que tropezara con los designios de su jefe, que además es su protegido, alguien que cree en un mundo más justo y real, que alivia con morfina sus trastornos psicológicos, un perdedor en toda regla, un antihéroe como los que habitan en las novelas de Baroja o Valle-Inclán o los westerns de Peckinpah o Hellman, un pobre diablo que lucha contra gigantes en forma de molino, un personaje quijotesco, sobrepasado por sus traumas, intentando encontrar su lugar en un mundo atroz y sin escrúpulos, en una sociedad en mantener las formas y más interesada en el dinero y la depravación.

Comas es el puente de este mundo miserable y lleno de mentiras, porque frecuenta la alta burguesía y los bajos fondos, se relaciona con tipos como el abogado Salvat o el jefe policial Amorós y Madame Leonor, la dueña del prostíbulo, pero también, con gente como Amèlia, una puta sin más, que también intenta huir como Comas, o Fuster, el padre enloquecido, o la propia Enriqueta Martí, una curandera y pobre como tantos de esas calles. La película se construye a través de la investigación de Comas sobre unas niñas desaparecidas, con un guion que firman Lluís Arcarazo y María Jaén (que ya habían estado en los anteriores trabajos de Danés), construyendo todo ese imaginario, a través de un rítmico montaje que firma Dani Arregui, el consumado trabajo con el sonido, y el fuera de campo, y al excelente partitura musical, creando ese universo de fábula, lleno de otros mundos, con ese aire romántico y terrorífico a la vez. Danés opta por la artesanía cinematográfica, desde lo mostrado como el impecable trabajo de vestuario y maquillaje, o lo oculto, como esas pesadillas del protagonista, donde cada mirada y gesto de los personajes se vuelve tangible e íntimo,  como cada objeto o calle, con ideas fantásticas, como la suciedad y la miseria de esas calles empedradas, el sonido ambiental, esas sábanas-lonas que escenifican las calles, o esos momentos fantásticos, donde realidad y pesadilla se confrontan con el protagonista, elementos que ayudan a crear esa atmósfera inquietante y fantástica que recorre toda la película.

Un extraordinario grupo de intérpretes viene elegidos para encarnas los personajes de esa Barcelona como el citado Casamajor, Bruna Cusí demostrando su enorme valía en cada trabajo, encarnado a Amélia, el personaje que más entiende a Comas, la mirada de Nora Navas para ser la mártir de la función, la Enriqueta Martí de turno, y luego, todo un ramillete de estupendos intérpretes como Francesc Orella, Sergi López, Núria Prims, Mario Gas, Pablo Derqui, Anna Alarcón, Francesca Piñón, Albert Pla, y muchos más, conforman un abanico heterogéneo y peculiar como era la Barcelona de 1913, recorrida por el poder absolutista, heredado de las colonias, con ese otro universo, el que se consumía por las callejones oscuros y malolientes del distrito Hospital, en el Raval, donde gentes sin nombre se mueven entre basuras, escombros y olvidos, intentando sobrevivir y existir por algún pedazo de pan que llevarse a la boca, a expensas de una clase dominante que dirige, ordena y disfruta a su merced. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Pa’trás ni pa’tomar impulso, de Lupe Pérez García

LA BAILAORA QUE NUNCA SE RINDE.

“A veces, cuando taconeo siento que me meto en la tierra, y siento que me quedo ahí, clavá, me siento como un árbol de esos de mi pueblo, porque ahí, ahí está el secreto de la bellota, en crecer pa’bajo, pa’luego, crecer mucho, mucho, pero que mucho pa’arriba”

En la imagen que nos da la bienvenida a la película, vemos a Carmen con los ojos cerrados, muy cerca de la cámara, como soñando, para luego pasarnos a otra, en la que la bailaora muestra su arte a un grupo de niños y niñas indígenas, en alguna remota aldea de los Andes, en la Argentina. Sobre las imágenes que no tienen sonido, escuchamos la voz andaluza de la bailaora, expresando en palabras lo que siente cuando baila. A partir de ese instante, ya no podemos mirar hacia otro lado, la gracia, el arte, la mirada y el gesto, y el flamenco que desprende por todos sus poros Carmen, se convierten en nuestro camino y destino. La película entrará en su vida, en su alma y nos descubrirá a la artista y a la persona.

De la directora Lupe Pérez García (Buenos Aires, Argentina, 1970), ya habíamos visto Diario argentino (2006), en la que la propia Lupe volvía a su país natal, después de años como inmigrante en Barcelona, para mostrarnos sus ilusiones, inseguridades y un trozo de su vida y su entorno, y el sentimiento de arraigo de todos los que abandonan su tierra. Como editora en El cielo gira, de Mercedes Álvarez, y en El cuaderno de barro, de Isaki Lacuesta, y su segundo trabajo, Antígona despierta (2014), una recreación del mito de Sófocles, en la que indagaba en las formas de representación, los límites de la narración, y la figura del mito en la mujer contemporánea. Ahora, nos llega su nuevo trabajo, un proyecto que nace de la productora Marta Esteban (Barcelona, 1949), una mujer que lelva casi tres décadas produciendo cine de nombres como los de Tanner, Cesc Gay, etc…, también responsable de Diario argentino. Esteban conoce en Argentina a la bailaora Carmen Mesa (Encinas Reales, Córdoba, 1975).

Pérez García hace suya la película, y construye un relato enormemente vitalista y magnífico, que nos habla sobre inmigración, algo que conoce mucho la directora. Un mosaico sobre retazos en la vida de alguien que persiguiendo un sueño de convertirse en artista, llegó hasta Argentina. Allí, a modo de diario íntimo y muy personal, la vemos bailando, dando clases, extrañando a su familia, con la tristeza de la hermana enferma, un desengaño amoroso, y la difícil sensación de continuar o volver a su tierra. La directora argentina la sigue por los espacios bonaerenses, por las comunidades indígenas, por los caminos polvorientos de los Andes, por cualquier lugar que vaya, Carmen tiene amigos, gente que la quiere, que la acompaña, que la siente. La bailaora es pura pasión, puro sentimiento, no se arruga ante nada, “Siempre pa’lante”, como nos indica el revelador título de la película, toda una intención de actitud ante uno mismo y ante la vida, y sus avatares.

La directora muestra y captura la vida y el desarraigo de Carmen, y lo hace desde la sensibilidad y el amor hacia una mujer de carácter, alguien firme, una persona fuerte, alguien que se muestra transparente, que viene a ofrecer su corazón, como cantaba la gran Mercedes Sosa, que cada día pelea, que baila y baila, y taconea y taconea, sin descanso, aceptando las tristezas de la vida, y recomponiéndose para mostrar su baile, su gran pasión, su gran sueño, su único amante que nunca la abandonará. Casi a modo de road movie, como esos eternos viajes a los cerros de los Andes, donde les espera el amor y la inocencia de unos niños que aman su baile y quieren ser como ella cuando baila, porque Carmen solo es Carmen, cuando baila, cuando se pone ese vestida y mueve con gracia y salero esa bata de cola, siguiendo su ritmo, elevando al cielo todo ese arte, “De dentro pa’fuera”, como menciona en algún momento de la película, un arte que sale de su alma, de su interior, sin cortapisas, sin barreras, arrebatándolo todo, con esa fuerza y pasión que caracteriza el baile y al vida de Carmen.

Pa’tras ni pa’tomar impulso es un retrato femenino muy íntimo, personal y profundo, que sigue la estela iniciada con la propia directora, siguiendo con Antígona, y ahora, con Carmen, tres mujeres que siguen, que nunca se rinden, que luchan por ser ellas mismas, a pesar del entorno hostil y difícil. Una película que nos habla sobre la necesidad vital de perseguir un sueño, de hacer lo imposible para que nuestra vida sea lo más aproximado a lo que sentimos, a hacer lo que sea para ser quién sientes que has de ser, lanzándose a todos los abismos que encuentres, saliendo adelante de tantas vicisitudes, malas historias y desilusiones, encontrándose, reencontrando y conociendo a personas, que entran y salen de nuestras vidas, que van y vienen por nuestro universo, unas más o menos, sintiendo la vida en toda su plenitud, en toda ella, con sus alegrías y tristezas, sus buenos y malos momentos, pero siempre bailando, recomponiendo las partes dañadas, agarrando fuerzas y continuar bailando. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

No matarás, de David Victori

UNA PUTA PESADILLA.

“No puedes cambiar todo en una noche pero una noche puede cambiar todo”.

John Updike

Dani es un treintañero con una vida dedicada exclusivamente a cuidar de su padre enfermo. Cuando su padre muere, Dani vuelve a su trabajo como vendedor de viajes, y su quehacer cotidiano, sombrío, y sin sobresaltos de ningún tipo. Pero, una noche todo cambia, porque conoce a la inquietante Mila, una joven atractiva y enigmática, con la que Dani se deja enredar y la acompaña, hasta llegar a su apartamento donde se lían. En ese momento, aparece un invitado inesperado que cambiará todo el panorama, sobre todo, la existencia de Dani. Segundo largometraje de David Victori (Barcelona, 1982), después de El pacto, de hace un par de años, en la que nos conducía por un acuerdo con el maligno de una mujer, la siempre interesante Belén Rueda, para salvar la vida de su hija enferma. En No matarás, Victori se aleja del efectismo de su primera película, para adentrarse por otros derroteros, centrándose en una noche, la noche que Dani vivirá una auténtica pesadilla, en la que se irá metiendo en la boca del lobo, y deberá esforzarse mucho para salir con vida.

Filmada con cámara en mano y largos planos secuencias, para transmitir el nerviosismo y el agobio que sufre Dani durante la noche, en la que seguimos sin descanso al personaje por su travesía por el infierno, en esa Barcelona nocturna, una Barcelona de sombras inquietantes, oscuros apartamentos, callejones sucios y malolientes, y calles llenas de problemas para Dani, una Barcelona muy alejada del turismo, del escaparate, capturada por la cámara de forma intensa y llena de energía. Siguiendo una estructura parecida a After Hours, de Scorsese, donde el protagonista se ve inmerso en una pesadilla, donde va conociendo personajes extraños en una noche que parece no tener fin, ni salvación, algo parecido le ocurre al personaje de Dani, con esas llamadas SOS a su hermana, con esa especie de huida hacia no se sabe dónde, como cuando se topa con la policía, o sus idas y venidas recorriendo algunos lugares de esa noche infernal, donde un hombre bueno y sencillo se ve inmerso en una noche de locura, miedo y muerte, donde su oscura existencia, se pone en el ojo del huracán, como si el mal lo siguiera y lo hubiera puesto en liza, sin pretenderlo, ni buscarlo.

Victori vuelve a contar en la escritura con Jordi Vallejo (que ya estuvo en El pacto), y Clara Viola (que coescribió Zero, cortometraje con la que el director ganó el concurso internacional de Ridley Scott), en la cinematografía encontramos a Elías M. Félix, que hizo lo propio en El pacto, ahora envuelto en un trabajo más inmersivo, brutal y lleno de dificultades, y finalmente, un nuevo fichaje, el de Alberto Gutiérrez en la edición (colaborador de Dani de la Orden, o los Javis), en un estupendo trabajo para conseguir el ritmo que tanto le obsesiona a Victori, en un thriller psicológico de aquí y ahora, que podría desatarse en cualquier noche, en una de esas noches que parece que va a ser tranquila, como tantas otras, sin nada que hacer, comiéndose otra hamburguesa en el bar de siempre, pero, quizás, no, y esa chica que se acerca pidiendo que se le pague la comida porque ha olvidado su dinero, pueda ser el detonante para que todo cambie, algo tan sencillo como una mujer que se nos acerca, una mujer rara pero atractiva, alguien desconocido al que seguimos sin más, solo para pasar un buen rato, o no.

El director barcelonés consigue una película excelente, llena de tensión y terror, que no decae en ningún instante, que nos va devorando, y sumergiéndonos en esa puta pesadilla sin descanso, sin tregua, hundidos en esa hipérbole del demonio, en el que sobrevivir es solo cuestión de suerte, y sobre todo, de astucia y no tener miedo, porque las amenazas son constantes y muy peligrosas, donde la vida pende de un hilo, donde no hay más ayuda que la de tu voluntad y no tener miedo. Una película basada en el texto, condicionada por el aquí y ahora, y centrada en la noche, necesitaba un reparto bien engrasado y que brillará, para conseguir esa naturalidad, intensidad y sobriedad que necesitan los personajes, con un Mario Casas desatado y muy creíble, dando vida a Dani, ese tipo apocado, de vida rutinaria, que se verá inmerso en una noche llena de peligros y angustiosa, recordándonos en cada nuevo trabajo, que aquel chico que enamoraba a las chicas pasó a mejor vida, y de unos años ahora, su carrera se ha convertido en un nuevo reto a cada película que interpreta, consiguiendo roles auténticos, potentes y complejos.

El resto del reparto también luce con seriedad y convicción, arrancando con la debutante Milena Smit que interpreta a Mila, esa chica fascinante y peligrosa a la vez, que conducirá a Dani a lo más oscuro, demostrando una naturalidad y magnetismo sorprendentes, convirtiéndose en otro acierto en la película, caminando por esa línea tan delgada entre la vida y la muerte. En roles más pequeños, pero también, interesantes, destacan las presencias de Elisabeth Larena como la hermana de Dani, ese vínculo que le ayuda a dejar lo de atrás y atreverse a vivir, y la de Ray, que hace Fernando Valdivielso, en un rol muy inquietante. Victori consigue lo que se propone, en un relato directo, sin concesiones y de frente, sin titubeos ni atajos, solo de cara, en un viaje a lo más oscuro e inquietante de la noche, sus figuras y sus sombras, en un film de grandísima altura, que no dejará a nadie indiferente, que te atará a la butaca, y sufrirás de lo lindo, siguiendo a un personaje metido en un pozo de maldad y sangre sin buscarlo, o quizás sí, quizás un no a tiempo siempre es importante, y sobre todo, vital. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sentimental, de Cesc Gay

EL REFLEJO EN LOS OTROS.

“Los cónyuges conviven durante décadas entre el aburrimiento y la resignación, y se odian porque uno de los dos ha recibido una educación más refinada que el otro, porque coge el tenedor y el cuchillo con más gracia”.

Sándor Márai

En la primera del 2015, Cesc Gay (Barcelona, 1967), estrenó en el Teatre Romea de Barcelona, Els veïns de dalt, su debut como dramaturgo y director en las tablas. El gran éxito trasladó la historia a Madrid, y muchos fueron los espectadores que se dejaron llevar por las miserias de un matrimonio que llevan juntos más de quince años, que ni se miran ni se tocan, y han construido una relación basada en los ataques, reproches y una malsana ironía. Pero, los gemidos que vienen del piso de arriba, aún ha hecho más mella en su relación, en todo aquello que no tienen, y que otros sí, en todo lo que ya no son, y otros sí. Ella, Ana, movida por la curiosidad y la envidia, invita a los vecinos para verse en ellos, para comprobar que tan diferentes son, una relación de la otra, y como no podía ser de otra manera, florecerán asuntos que se ocultaban por miedo a romper esa tendencia autodestructiva, que les llevaría a otra situación, la de verse de verdad.

El director catalán lleva más de dos décadas edificando relatos sobre personas laboralmente acomodadas, pero en continua incertidumbre y caos en lo emocional, y sobre todo, en la pareja, convertida en un espacio de inestabilidad, desilusión y lucha constante, más cercano a un infinito combate de egos y soledades, que en una relación equilibrada y cercana, como se supone que debería ser. Los individuos de Gay suelen comportarse torpemente en cuestiones sentimentales, como la mayoría de nosotros, en constante desesperanza con aquello soñado y una triste realidad que los ofusca y los aleja de esa aparentemente felicidad que todos ansiamos, pero que ninguno conoce como encontrarla y mucho menos, como conservarla. Eso sí, ante tantos devaneos emocionales, Gay siempre tiene un as en la manga, algo que nos haga resistir, algo que nos encaje en esta sociedad tan competitiva e individualista, y no es otra cosa, que la amistad, la verdadera, una amistad sincera, comprensiva y fraternal, todo lo contrario a lo que tienen las parejas de su filmografía.

Con Sentimental, el director barcelonés adapta su texto teatral, segunda incursión en la adaptación, después que lo hiciera en el 2009, con V.O.S. (Versión original subtitulada), con la obra de Carol López. La película arranca con un breve prólogo. Es viernes, y mientras Julio vuelve de sus clases de música, Ana, prepara nerviosa el aperitivo que compartirán sus vecinos. Luego, con la llegada a casa de Julio, se mete lleno en el conflicto central de la película, empezarán las idas y venidas entre la pareja, en una especie de “Ahora sí, ahora no”, entre su combate cotidiano, entre aquello y lo de más allá, hasta la llegada de los vecinos de arriba, Salva y Laura, más jóvenes, más abiertos, y sobre todo, todavía enamorados. Ese espejo que son los vecinos para Julio y Ana, afilará más los colmillos entre los dos, llegando a ese punto de no retorno, aún más cuando los vecinos les proponen una orgía. Gay compone una película al estilo de las Screwball Comedy, con unos diálogos inteligentes e irónicos, que van desde lo divertido hasta lo más amargo, manteniéndose en esa finísima línea entre la comedia y el drama.

Sentimental se cimenta en dos elementos que no pueden fallar en una película de estas características. El estupendo y arrollador texto, con temas como la pareja, la convivencia, el amor, el sexo, la libertad y todo aquello que somos o dejamos de ser, y sobre todo, un gran reparto que haga creíble esos diálogos, miradas y gestos, convertido en un magnífico y apabullante tour de forcé entre sus intérpretes, con un Javier Cámara espléndido y arrollador, en su cuarta película con Gay, un tipo frustrado por no alcanzar su sueño de músico, que paga a su mujer aquello que pudo ser y no fue, Griselda Siciliana da vida a Ana, esa mujer cansada y derrotada, que ya nada le ata a una relación rota y dolorosa, y la otra pareja, el reflejo del espejo, con un natural y acogedor Alberto San Juan, segunda colaboración con Gay, el tipo que no se calla nada, incapaz de enfadarse u ofenderse, y a su vera, Belén Cuesta, la psicóloga, ese puente tranquilizador y reparador para Julio y Ana. La cinematografía vuelve a correr a cargo de Andreu Rebés, que ha estado en casi toda la carrera de Gay, y debuta con Gay, como editora Liana Artigal, en un gran trabajo de ritmo narrativo en un relato que depende tanto de los intérpretes y el texto.

Cuatro intérpretes, un espacio, y unos diálogos divertidísimos y amargos, por todo aquello que se ha resquebrajado en una pareja que se amaron, o al menos, así lo sentían, pero que, a día de hoy, solo les ata la tristeza y la amargura, la incapacidad de no saber solucionar sus conflictos escuchándose, y sobre todo, teniendo paciencia para entenderse y entender. Los ochenta y dos minutos del metraje, pasan volando, con energía y mordacidad, sin descanso, en un constante tira y afloja, entre una pareja que se ama y se odia a la vez, y otra, que intenta poner paz y armonía. Gay ha conseguido una película magnífica, cercana y personal, que habla de muchísimas parejas, de ese amor frágil e incierto de estos tiempos convulsos y materialistas, que resulta más sencillo aparentar emociones que sentirlas, que nuestras relaciones, sean del ámbito que sea, y en la pareja aún más, constantemente están siendo analizadas con acritud, relaciones que penden de un hilo, con un presente dificultoso y un futuro, lleno de incertidumbres, quizás es el mal endémico de estas sociedades, donde sus gentes, vacíos y desorientados, más preocupados por llenar sus msierias de forma material y no emocional. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miguel Ángel Jiménez

Entrevista a Miguel Ángel Jiménez, director de la película “Una ventana al mar”, en el marco del BCN Film Fest, en los Cines Verdi Park en Barcelona, el viernes 26 de junio de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Ángel Jiménez, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Gaizka Ugarte

Entrevista a Gaizka Ugarte, actor de la película “Una ventana al mar”, de Miguel Ángel Jiménez, en el marco del BCN Film Fest, en los Cines Verdi Park en Barcelona, el viernes 26 de junio de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Gaizka Ugarte, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Una ventana al mar, de Miguel Ángel Jiménez

MARÍA SE ATREVE A VIVIR.

“La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla”.

George Santayana

María tiene cincuenta y cinco años, trabaja de funcionaria en Bilbao, donde vive, se pasa los días ausente y ensimismada en todo aquello que podría haber sido y nunca será. Sus fieles amigas, su hijo y sus nietos pequeños llenan algo de ese vacío que siente. Toda su vida se pone patas arriba, cuando le diagnostican cáncer, hecho que no le impide viajar a Grecia con sus amigas. Bajo esa premisa sencilla, la película sigue el recorrido emocional de una persona que, la vida, como tantos otros, ha pasado por encima, como si no fuera con ellos, incapaces de sentirla en toda su plenitud, de seguir peleándola, de no darse por vencido. El director Miguel Ángel Jiménez (Madrid, 1979), que habíamos conocido con Ori (2009), y Chaika (2012), dos cintas filmadas en antiguas repúblicas soviéticas, relatos duros y complejos, donde habitaban personajes con fuertes heridas emocionales, le siguió The Night Watchman. La mina (2016), rodada en EE.UU., bajo el atuendo de film independiente y de thriller psicológico.

Ahora, con Una ventana al mar, Jiménez realiza su película más personal e íntima, que nace de una experiencia real, y vuelve a contar con parte de su equipo técnico colaborador como Luis Moya, que escribe el guión, junto a Luis Gamboa y él mismo, la cinematografía de Gorka Gómez Andreu, la música de un grande como Pascal Gaigne, y el montaje de otro grande como el recientemente desaparecido Iván Aledo. Un equipo de primera división para contarnos la vida de María, que en su peor momento vital, decide soltar amarras y lanzarse al mar, pero dejando el oscuro y frío mar Cantábrico, y descubrir el luminoso y cálido mar Mediterráneo, cambiando el lluvioso Bilbao por la soleada isla de Nysiros, en Grecia, un lugar que emana paz, tranquilidad y descanso, y lo hará junto a Stefanos, un maduro marinero, de aspecto rudo, y de corazón enorme, que arrastra cicatrices, y pasa sus días pescando a bordo de su barco. El relato viaja tranquilo, se olvida de sobresaltos y argucias argumentales, para dejarnos tiempo para mirar, para sentir la isla griega, para seguir los pasos, cada vez más lentos, de María, alguien que ha decidido vivir, haciendo caso omiso a las advertencias de Imanol, ese hijo obstinado con la cura de su madre, alguien que no acepta, que se obceca en una pared sin puerta.

María ha tomado una decisión, el tiempo que le quede, quiere vivir, disfrutar la vida, sentirse bien y hacer lo posible para conseguirlo, dejándose llevar por el viento mediterráneo, por la vida apacible y serena que tiene Nysiros. La cinta de Jiménez habla sobre la vida, de su condición efímera, de disfrutar del aquí y el ahora, de aceptar la muerte, de no luchar cuando ya es inútil, de dejarse llevar por el viento y la luz, de bañarse en el mar desnuda, de sentir que no hay un mañana, de tomarse la enfermedad con dignidad y tranquilidad, de luchar por vivir, por sentir la vida en toda su plenitud, escuchando agradables canciones griegas que hablan del alma, de quiénes somos, olvidarse del tiempo, caminar por el pueblo, recorriéndolo y recorriéndonos a nosotros mismos, descubriéndonos a cada instante, a cada detalle, sabiendo que toda nuestra existencia puede concentrarse en un instante, y ese instante pasará, y quedaremos nosotros, o aquello que fuimos cuando ya no estemos.

Una película que habla sobre la muerte, peor a través de la vida, de la sensación única e incomparable de vivir, de sentir, de emocionarnos, de amar y ser amados, de comprender, y que nos comprendan, de hacer con nosotros mismos, todas aquellas cosas que nunca nos atrevimos, a veces por miedo, por falta de tiempo, o llevados por nuestro entorno y al vida que nos habíamos construido, que a la postre, no era nunca aquella con la que soñamos cuando éramos más jóvenes. La presencia de una grandísima Emma Suárez, dando vida a María, una actriz especialmente dotada por una magnética e hipnotizante mirada, que no le hace falta pronunciar una sola palabra, para transmitir todas las emociones que está sintiendo su personaje, como camina bajo la luna, y como se baña desnuda en el mar, o esos instantes donde se habla con su hijo, o esos otros, donde Stefanos y ella, sienten que la vida les ha brindado una oportunidad de estar bien, de disfrutar de la compañía y de sentir un amor puro, sereno y especial.

Akilar Karazisis da vida a Stefanos (actor que ha trabajado con cineastas tan importantes como Yorgos Lanthimos, entre otros), un intérprete que también mira con aplomo y sobriedad, ese compañero de viaje para María, la persona que aparecerá para conducirla por esa isla fascinante, no por su belleza, otras lo son más, sino por todos los sentimientos que une siente cuando la mira y al disfruta, y finalmente, Gaizka Ugarte es Imanol, el hijo de María, que también, necesitará su viaje personal para comprender la actitud de su madre y dejarla vivir. Miguel Ángel Jiménez ha construido una película brillante y llena de paz, como es la isla de Nysiros, como es la actitud de María, la compañía de Stefanos, como son las canciones de Mikel Balboa, un relato de llenos de silencios, de miradas, de gestos que se cogen al vuelo, de mirar al mar, de sentirlo, de dejarse llevar por su belleza, por su azul, por su sonido, descubriendo todos los tesoros que oculta y que tanto tiempo hemos esperado, sin saberlo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Una pastelería en Notting Hill, de Eliza Schroeder

EL SUEÑO DE SARAH.

“El arte más poderoso de la vida, es hacer del dolor un talismán que cura”

Frida Kahlo

El cine británico tienen esas películas que, bajo su apariencia de ligereza y cotidianidad, ocultan historias con pocas pretensiones cinematográficas, pero muy ricas en contenido y reflexión. Una pastelería en Notting Hill, que en su título original recoge el de Love Sarah, es una película que reúne todas las características de ese tipo de películas. Estamos frente a una tragedia, cuando la citada Sarah, una de las mejores chefs de repostería, fallece accidentalmente el día que recibirá las llaves del local donde sueña con abrir una pastelería, en pleno barrio multicultural de Notting Hill. Isabella, su socia y amiga del alma, repostera como ella, se siente sola y sin saber qué. Aparece Clarissa, la hija de Sarah de 18 años, que deja la danza, su gran pasión, y se pone manos a la obra junto a Isabella para levantar el negocio, que tendrá la ayuda financiera de Mimi, la madre de Sarah y abuela de Clarissa, con la que llevan años distanciadas. A esta particular y curiosa terna, se les une Matthew, antiguo novio de Sarah, cuando estudiaban repostería en Francia.

La película escrita por Jake Brunger, exitoso dramaturgo, nos habla de amistad, de cómo gestionamos los duelos, de compartir tanto alegrías como tristezas, de dar un paso al frente y tener esa vida con la que siempre soñamos, de perdonar, de ser valientes, de saltar todas las barreras de nuestras existencias, tanto mentales como físicas, de ayudarse y pedir ayuda, de saber que entre todos somos más fuertes y libres. La directora alemana Eliza Schroeder debuta en el largometraje, después de dedicar un corto documental a una pastelera, dirigir algún que otro piloto, y foguearse en la publicidad. Schroeder sitúa su película en el barrio que llevar viviendo más de una década, y bajo esa apariencia de comedia inteligente con algunos toques amargos, nos sumerge en un relato positivo, pero que trata con astucia y serenidad, todos esos contratiempos emocionales a los que nos enfrentamos en la vida cuando nos relacionamos con el otro, y también, con nosotros mismos.

Una cinta llena de esos personajes característicos de este tipo de cine “british”, como Mimi (que interpreta una sensacional Celia Imrie), siendo esa señora retirada, que vive en soledad, que hace yoga y toma café con las amigas del vecindario, y recuerda sus hazañas cuando era una afamada trapecista. Shannon Tarbet, que hace de Clarissa, con esa juventud impetuosa, libre y difícil, que tendrá que rendirse ante su abuela y pedirle ayuda, aunque la embauca para levantar el negocio con inteligencia y fuerza. Shelley Conn es Isabella, esa mujer a la sombra de Sarah, que después de su pérdida, deberá coger las riendas de su vida, creérselo y tomar partido en la repostería, de la que también tiene mucho que decir. Rupert Penry-Jones es Matthew, el Don Juan redomado imposible, alguien del pasado, que viene con un propósito, pero que la vida pondrá en su sitio. Y Finalmente, Bill Paterson es Felix, un vecino de la edad de Mimi, inventor y amable, uno de esos tipos solitarios y peculiares que llenan con su sonrisa y gestualidad cualquier plano.

La estupenda, elegante y cálida música de Enis Rotthoff, importantísima para este tipo de relatos llenos de magia, voluntad y riqueza, donde encontramos una serie de personajes, tan diferentes y alejadas, que tendrán que unir fuerzas y talento para sacar adelante un negocio, después de perder al pilar fundamental. Schroeder hace una película vitalista, muy cercana, dulce sin llegar a ser azucarada, donde los sentimientos afloran, pero en su justa medida, como las recetas que deben elaborar para sacar adelante la pastelería, con sus obstáculos, sus diferencias, sus silencios e incomunicación, pero con paciencia y tiempo, encontrarán los ingredientes idóneos para sacar todo el sabor que tanto necesitan los pasteles para convencer a sus clientes, porque todo en la vida, requiere eso, detenerse, pausa, y trabajar por todos esos sueños que anidan en nuestro interior, y están esperando que les demos materialización, que los saquemos de su ostracismo, a pesar del miedo, y las dificultades, que serán muchas, que nos encontraremos por el camino, un camino que será aquel con el que siempre hemos soñado, decididos, llenos de fuerza, y rodeados de aquellos que están a nuestro lado. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA