En el camino, de David Pablos

DOS VIAJAN JUNTOS. 

“Todos los espacios íntimos son los que se relacionan con la sensualidad, con la vida, con un orden mucho más cósmico”

Laura Esquivel 

Las anteriores películas de ficción de David Pablos (Tijuana, México, 1983), van sobre un viaje de dos hermanas en busca de su madre desaparecida en La vida después (2013), en Las elegidas (2015), se metía de lleno en el mundo sórdido de la prostitución y el tráfico de mujeres, y en El baile de los 41 (2020), rescatba un suceso real que sucedió a principios del siglo XX cuando la policía de forma ilegal entró en una vivienda y descubrió a una veintena de hombres vestidos de mujer. En su cuarto trabajo de ficción, amén del par de documentales que arrancaron su filmografía, se adentra en el mundo salvaje y peligroso de los camioneros del norte de México, y añade la mirada a la comunidad LGBTQ+, en una historia que va de Veneno, un joven vagabundo que se acuesta con camioneros ávidos de sexo y compañía. Veneno conoce a Muñeco, un rudo y solitario camionero, tan quebrado como el muchacho, con el que compartirá viaje e intimidades, y no a lomos de sendos caballos sino subidos en un camión que lleva mercancías de aquí para allá, initerumpidamente. 

El director mexicano nos sitúa en un entorno muy hostil, de una cierta masculinidad dura y de apariencias, en un viaje continuo que no parece acabarse nunca. Una travesía sin fin y sin destino aparente, en el que las diferentes etapas nos hablan casi en tono documental de una forma de vivir y de idiosincrasia en que los camioneros viven y sufren una vida dura, llena de peligros y conflictos. Además, el relato incorpora el western y el noir, un thriller seco, de polvo y arena, de carreteras solitarias, y lugares malolientes y aislados donde encontrar un poco de cariño y calor. El tercer vértice de la película es la mirada a la comunidad homosexual en un entorno en el que parece ser lo contrario, aunque las apariencias engañan, y los duros camioneros y molidos por la vida tienen su parte oculta que solo conocen ellos y su camión. Pablos habla de soledad, de masculinidad normativa y su contrario, de la complejidad humana y todo lo que rodea a dos seres quebrados por la vida y en situación de fuga o de viaje muy lejano en el que nada ni nadie les espera. Una travesía a los confines de la psicología humana y a esos no lugares, que parecen islas con pocos habitantes y los que hay parecen seres tan rotos que están como olvidados, como que nadie los reclama y si alguna vez lo hicieron ahora ya no. 

La cinematografía la firma Ximena Amann, con una filmografía que abarca más de 20 títulos, al lado de directores como Alejandro Zuno y Astrid Rondero, en sus segunda colaboración con Pablos después de la serie La cabeza de Joaquín Murrieta (2023). Una luz llena de encuadres y planos muy cercanos y asfixiantes que ayuda a traspasar a los protagonistas, y a dotar de fuerza y mirada cercana a esa intimidad privada y hacia adentro por la que navega la historia, capturando todo ese submundo y agreste por el que transita el relato. La música de Andrea Balency-Béarn, tercera película con Pablos, después de El baile de los 41 y la mencionada serie, con unas composiciones que se camuflan con el áspero y sucio territorio, amén de temas tan populares como “Los caminos de la vida” y “Ojitos mentirosos”, en unos espacios donde abundan esos bares de carretera en el que pasa y se ve de todo, con esos temas propios del western crepuscular muy propio de finales de los cincuenta y sesenta cuando los cineastas miraron de frente alejándose de la épica y del mito. El montaje lo firman el dúo Jonathan Pellicer, con más de 27 títulos en su carrera, y Paulina del Paso, que ha trabajado con Tatiana Huezo, entre otros. Una edición modélica y sin fisuras, sobria y concisa, en el que nada está por estar, en un metraje que se va a los 93 minutos. 

Destaca la presencia de Diego Luna como coproductor, en una película protagonizada por un dúo rompedor y magnífico como el debutante Víctor Prieto dando vida al joven buscavidas Veneno, todo un acierto la estupenda interpretación del actor primerizo. Le acompaña Osvaldo Sánchez, que parece sacado directamente de una película de Peckinpah, que interpreta al rudo y quebrado Muñeco, un actor con más de 100 producciones teatrales y 25 películas a sus espaldas. Y luego toda una retahíla de intérpretes, magníficos y cercanos que transmiten toda esa furia, dureza, rabia y pérdida por una tierra seca, dura y salvaje. La película En el camino me ha descubierto un cineasta extraordinario como David Pablos, que no conocía hasta la fecha, porque su film es un viaje por ese maldito norte mexicano donde dos pobres y perdidas almas encuentran un consuelo y un cariño que no esperaban, en una atmósfera de película de terror donde las amenazas son de carne y hueso, porque estamos ante un ambiente en que la vida pende de un hilo, y cada paso se mide y mucho, porque a parte de carretera, algunos tequilas, un poco de guiso, y algunas rayas de cocaína, y unos pocos polvos con alguna mujerzuela, la vida vale bien poco o quizás, vale algo pero todavía no saben el qué. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Luigi Pingitore

Entrevista a Luigi Pingitore, director de la película «Jago Into the White», en el marco del BCN Film Festival, en una habitación del Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 25 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luigi Pingitore, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Alba Sala, por su gran labor como intérprete, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Nuevos horizontes, de Mohammadreza Eyni y Sara Khaki

SOY SARA SHAHVERDI. 

“Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad”. 

Clara Campoamor

Hace un lustro, y también distribuida por DocsBarcelona, bajo la iniciativa de El Documental del Mes, vimos Querida Sara (2021), de Patricia Franquesa, que recogía la vida y lucha política de Sara Bahai, la primera mujer taxista de Afganistán, amén de una activista por los derechos y la libertad de las mujeres afganas. Las circunstancias han decidido que otra Sara, esta vez Sara Shahverdi sea la protagonista de Nuevos horizontes (en el original, Cutting Throug Rocks), dirigida por la pareja iraní Mohammadreza Eyni y Sara Khaki, que retrata la vida y la lucha política de una mujer iraní que vive en una remota aldea del noroeste del país, y lo hacen desde la más absoluta sencillez y naturalidad, donde repasan el presente convulso al que se enfrenta diariamente una mujer que rompe las reglas en un país patriarcal que usa a las mujeres y no les concede la más mínima libertad. No obstante, estamos ante un dúo de cineastas comprometidos con las causas invisibles que protagonizan muchas personas que intentan mejorar las vidas de los oprimidos. 

La película repasa la peculiar y diferente existencia de Sara Shaverdi, con un pasado donde su padre le enseñó a conducir, a ser independiente y sobre todo, a no amilanarse ante nadie ni ante cualquier conflicto a los que se enfrentará. En el revelador prólogo al que vemos a la citada mujer siendo la decidida y valiente de nueve hermanos que lidia ante los hombres-hermanos que anteponen su poder frente a las otras hermanas, situación que Sara no permitirá y batalla contra las injusticias que quieren aprovecharse sus hermanos varones. Después vemos a una mujer que vive sola, una mujer que fue comadrona, que estuvo casada, que conduce automóviles y motocicletas, y que se presenta como concejal de su aldea, donde es la más votada y entra en un consejo donde se convierte en la primera concejala en una institución donde hay cuatro hombres y ella. La cámara se sitúa junto a ella y dentro de ella, y somos testigos de sus realidades como política: la mejoría del abastecimiento de agua, la construcción de plazas y la oposición a las formas fraudulentas de los otros hombres políticos. Amén de su profundo activismo a favor de los derechos de las esposas, y la ayuda a niñas para que no terminen casadas tan jóvenes y conozcan otras posibilidades de vida. 

Una mujer que, debido a su profunda convicción política como eje vertebrador para mejorar la vida de los aldeanos y sobre todo, la de las mujeres que son pisoteadas, se verá envuelta en profundas críticas y una oposición feroz que la quiere arrinconar inventado supuestas actitudes y enfermedades varias. Ante todo eso, Sara sigue en su camino, en su lucha, no dejándose amedrentar por los machistas y poderosos de turno. La cinematografía la firma el propio Mohammadreza Eyni construyendo una película-diario-travesía en continuo movimiento siguiendo a una mujer de aquí para allá, con una actitud a fuerza de bombas, mostrando una entereza fuera de lo común, con continuas muestras de protesta y rechazo por parte de los hombres que ven su poder limitado y totalmente cuestionado. La excelente música que firma Karim Sebastian Elias, con más de 90 títulos en su extensa filmografía, como los de Faruk y El espía honesto, que hemos visto por estos lares, ayuda a seguir con sensibilidad y fuerza la vida de alguien que lucha por un mundo mejor, por una aldea mejor, y por unas mujeres que sepan quiénes son y cómo conseguirlo. El montaje que firman el dúo de directores, condensa con maestría y energía sus 95 minutos que dejan bien claro que retratando a Sara están en el lado de la vida, sin edulcorantes ni nada que se le parezca. 

Los espectadores ávidos de historias sobre luchas y protestas encontrarán en Nuevos horizontes una película realmente emocionante en ese sentido, porque no habla de una persona cualquiera, sino de alguien que se ha visto en infinidad de tesituras para vivir como ella quería a pesar de la oposición y la crítica de su propia familia, la ala masculina. Una mujer que cree en la vida y los derechos como vía para desarrollarse y ser la persona que desea, con su trabajo, sus deseos, sus ilusiones y su peculiar forma de vivir que debe reafirmarse en su cometido diariamente, frente a un patriarcado que ve amenazado su status frente a la vida tan diferente de Sara. Un retrato emocionante que no habla de buenos y malos, sino de libertades y restricciones, de una mujer sin miedo y unos hombres muertos de miedo, porque no quieren que las mujeres tengan sus derechos y privilegios. La pareja de directores Mohammadreza Eyni y Sara Khavi han construido una película desde la verdad, desde ese espacio donde la vida, la dignidad y la humanidad toman partido cueste lo que cueste y tengan que enfrentarse a quién sea. Es evidente que estamos ante una obra sensible, profunda y reivindicativa, pero que reflexiona y no va heroínas ni gestas, sino de cotidianidad, naturalidad y esperanza ante un mundo menos injusto y más humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Rocío Montaño Parreño

Entrevista a Rocío Montaño Parreño, directora de la película «La casa y el ternero», en la imperdible sección de «Un impulso colectivo», en el marco del D’A Film Festival, en su habitación del Hotel Catalonia Plaza en Barcelona, el lunes 31 de marzo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Rocío Montaño Parreño, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo del festival, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Historias del buen valle, de José Luis Guerin

LOS QUE HABITAN LA PERIFERIA. 

“Mis películas son una celebración de la realidad, de la vida, de mis amigos, de la vida cotidiana que pasa y mañana desaparece y no le prestamos atención cuando sucede”. 

Jonas Mekas

Ha pasado un cuarto de siglo desde que vimos En construcción, en la que José Luis Guerin (Barcelona, 1960), situaba su mirada-cámara en las entrañas del barrio Raval de Barcelona mientras sufría su mayor cambio urbanístico de su historia. A través de las historias más mínimas y cotidianas de sus gentes descubrimos el espacio humano más invisible, el que se instala en los márgenes, y sobre todo, el olvidado. Su película no sólo hablaba de una urbe en constante psicosis de construcción y cambio, sino en una forma de hacer y deshacer donde los ciudadanos importan poco o nada. A partir de un encargo del Macba bajo el título de “Una ciudad escondida bajo la niebla”, el cineasta barcelonés despachó una pieza en blanco y negro y muda, con música, filmada en super 8 sobre otro barrio, el de Vallbona, en el distrito de Nou Barris, seguramente el barrio más aislado, periférico y olvidado de la ciudad. Algunas imágenes de la pieza y varios testimonios nos dan la bienvenida a la película del título fordiano Historias del buen valle, donde el cineasta menciona su “Work in Progress”, una película en continuo movimiento, tanto físico como emocional. 

El cine es un arte de la subjetividad y la fragmentación, y Guerin sigue esas premisas desde el más absoluto respeto de aquello que tiene delante y primero, lo mira, más tarde, habla con sus habitantes, y posteriormente, lo filma desde la lejanía, acercándose desde el cuidado, desde la honestidad y sobre todo, sin pretender que olvidemos la mirada del cineasta, el forastero que llega para retratar un lugar y sobre todo, retratarse a sí mismo. A partir de la cinematografía de Alicia Almiñana construye una fragmentación totalmente cuidadosa y muy trabajada, en la que cada encuadre y plano obedece a una extensión del que observa, del que mira, de una curiosidad infinita, donde lo que importa no es lo que sucede, sino la carga de memoria que hay en cada mirada, gesto y palabra. Vemos un barrio a trozos, como una especie de caleidoscopio en que lo más local y cotidiano se confunde con aquello más complejo e inherente en cada uno de los habitantes que nos vamos encontrando. Una película que sabe recoger con paciencia y sin prisas, situándonos a los espectadores en una especie de tempo donde todo va mucho más tranquilo, un espacio apartado de todo y todos, rodeado de “enemigos” como las infinitas estructuras del mal llamado progreso que no cesa en su psicosis de construir carreteras y vías férreas que van consumiendo el espacio del barrio y aislando aún más, amén del canal-río que lo vertebra. 

Guerin sabe que el foco nunca está en la primera vista, sino que hay que observar con más profundidad para que aquello más oculto y difícil se revele, porque el tiempo presente del cine escarbe lo que sucede y cómo, ahí aparecen los más ancianos del lugar testimoniando el barrio de antes, sus costumbres y sus historias, venidos del sur del país, y los de ahora, venidos de muchos países como India, Marruecos, Ecuador, Portugal, Ucrania y demás, recogiendo su historia de inmigración, de refugio, de vida y de conflictos. Los habitantes-personajes hablan de frente, de todas las edades y procedencias, como le hablasen a un amigo, como atestiguan los tres años de proceso de filmación, y lo hacen emocionados amontonando recuerdos, vivencias y demás. La película capta con mucha naturalidad y transparencia todas las escenas que se van produciendo: las diferentes reuniones a la vera del bar mientras hablan de lo suyo, mientras cantan los gitanos y portugueses las rumbas y melodías que describen sus existencias, amores, sus frustraciones y tristezas. Las reuniones en el canal usado como baño municipal, donde la música, la alegría y las risas forman parte, así como las realidades de cada uno. Una arquitectura que se mueve entre lo urbano y lo rural, fragmentos de vida y verdad que se van intercalando con diferentes espacios del barrio y sus alrededores, con el omnipresente sonido del tren que lo circunda, y la excelente y concisa música de Anahit Simonian, que nos remite a lo más puro de la imagen.  

Una película que, entre otras muchas más cosas, viene a documentar un barrio que jamás había sido filmado, reflejo de su olvido por su condición de espacio para desheredados. Guerin rompe esa condición maldita a la que el barrio y sus habitantes han sido relegados, y cómo sucede en su cine, su cámara está para escucharlos y filmarlos para dejar su testimonio y dar validez y sobre todo, dotar la importancia que se merece como individuo en que el cine le devuelve la dignidad y la humanidad arrebatada. Uno de los personajes mayores del lugar, le menciona al cineasta: “Que la película sobre Vallbona podría ser un western”. Si que hay de eso en la cinta, y mucho más, porque la imágenes filmadas viajan por muchos lugares: la ficción, el documento, lo social, y lo humanista, donde los diferentes humanos y sociales van emergiendo de forma natural, sin pretender ni ajustar nada, tomándose el tiempo necesario para que los rostros y sus testimonios se sientan importantes y se expresen con transparencia a través de la cámara que los filma. La acumulación de personas, historias y vidas de antes y ahora están sumamente cuidadas y respetadas y funcionan con ese tempo cinematográfico donde la mirada y la palabra escenifican lo universal del relato, porque cada retrato es mucho más de lo que vemos, atrapando su esencia más profunda y sensible.  

Guerin construye un relato que se alimenta del cine en su más pura esencia y ornamento, en que el cine mudo, ya presente en su fantástico prólogo, va apareciendo remitiéndose a aquellos maestros como Flaherty, Renoir, Murnau y Grierson, y cómo no, sus anteriores trabajos, como esas fantasmagorías que construyen a los ausentes en relación con los presentes que ya estaba en la mítica Tren de sombras (1997), y esos encuadres que van delimitando las diferentes personas, espacios y edificios que ya vimos en Inisfree (1999) y Guest (2010) y sus celebradas piezas como Le Saphir de Saint-Louis (2015) y De una isla (2019), entre otros. Un prodigio y conciso montaje del propio Guerin, muy trabajado y elegante, que nada está al azar, como ese tramo final, donde el cine se eleva a cotas que muy pocos cineastas pueden conseguir, que nos hace viajar por cualquier tiempo, espacio, memoria, presente y demás, y cómo no, todos los presentes y fantasmas que habitan en cada espacio y en nuestro interior en los 122 minutos de metraje que nos devuelven el cine de verdad, aquel que mira, que observa, que filma y sobre todo, que cuenta y se cuenta con lo más mínimo, la materia física y sobre todo, invisible que está llena de emoción y de vida. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ramón Lluís Bande

Entrevista a Ramón Lluís Bande, director de la película «Retaguardia», en el marco del BCN Film Festival, en su habitación del Hotel Catalonia Plaza en Barcelona, el miércoles 2 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ramón Lluís Bande, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo del festival, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Catalina Villar

Entrevista a Catalina Villar, directora de la película «Ana Rosa», en el marco del Brain Film Festival, en un espacio habilitado en el Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 14 de marzo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Catalina Villar, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanto amor, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Juan Palacios

Entrevista a Juan Palacios, directora de la película «Meseta», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el Parc de les Aigües en Barcelona, el viernes 29 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Juan Palacios, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por su retratarnos de forma tan maravillosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jana Montllor Blanes

Entrevista a Jana Montllor Blanes, directora de la película «On eres quan hi eres?», en el Espai Delmiro de Caralt de la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el miércoles 17 de diciembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jana Montllor Blanes, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA