Entrevista a Luis Aller

Entrevista a Luis Aller, director de “Transeúntes”. El encuentro tuvo lugar el lunes 25 de enero de 2015, en la Escuela de cine Bande à Part de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luis Aller, por su tiempo, generosidad y afecto, a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia y cariño, y a Nuria Polo de la productora El Dedo en el OJo, por su atención y simpatía.

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Transeúntes, de Luis Aller

172725ROSTROS ENTRE LA MULTITUD.

Luis Aller (1961, Toral de los Vados, León) es un cineasta en el sentido más amplio de la palabra, como lo fueron los Godard, Truffaut, Rohmer, entre otros, que desde las páginas de la mítica Cahiers du Cinema revindicaban esa condición. Personajes de todo terreno, que se empapan de cine en todos sus ámbitos: como espectadores, atiborrándose de sesiones en la Filmoteca, ejerciendo la crítica y la docencia, materializando sus teorías en el campo del cortometraje y haciendo películas. Aller arrancó en el largometraje con Barcelona lament, filmada en 1991, un film noir de aquella Barcelona preolímpica muy influenciado por el cine de Godard. Hemos tenido que esperar más de veinte años para ver su nuevo trabajo. Transeúntes es una película que comenzó a filmarse en 1993, después de las Olimpiadas y en plena crisis económica, y ha estado en perpetua construcción durante dos décadas. Filmada inicialmente en 35 mm, ha ido trabajando en diferentes soportes cinematográficos, formatos y texturas para desarrollar el concepto personal sobre la concepción y el montaje del universo cinematográfico de Aller.

Asistimos a una película-experiencia, donde pasan delante de nuestros ojos la friolera de 7000 planos (según fuentes de la productora), donde observamos múltiples ventanas que se abren y se cierran, retratos de gentes anónimas que van de un lugar a otro, película fragmentada y en constante evolución, envuelta en el caos reinante de la cotidianidad de una ciudad como Barcelona, asfixiada por la crisis y el deambular de unos y otros. Aller viaja por varios géneros y temáticas, desde el cine ensayo, la ficción y el documental, la sinfonía urbana o la lucha de clases, filmando la ciudad que ama y vive, fabricando un relato multidisciplinar, un retrato demoledor y contundente de esa Barcelona alejada de los focos, de ese extrarradio en descomposición, de la desnudez urbana, de seres que se mueven con sus problemas de siempre, amores frustrados, trabajos precarios, y vidas errantes e insatisfechas que permanecen anquilosadas y vacías. El cineasta, barcelonés de adopción, edifica su película en una mutación sin fin, filmando los pliegues y las costuras de una urbe sumida en el caos, deshumanizado y triste. Nos sumerge en una hecatombe de imágenes algunas inconexas y otras unidas por las vidas cruzadas que se dirigen de un lugar a otro, tanto a nivel físico como emocional.

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Una película que habla de la crisis de antes, de ahora y de siempre, que parece un tiempo anclado, que no evoluciona, o si lo hace, es para siempre seguir igual, oxidado y sin cambios. Una zambullida violenta a la falta de humanidad y amor que parece guiar nuestras vidas. Vidas incompletas, perdidas y totalmente desorientas. Vidas que sufren y no logran ser felices, que parece que están y no están, que siguen con su inercia cotidiana que parece conducirles a la nada o simplemente a no sentir lo que les gustaría. Vidas dañadas y despedazadas que vagan sin rumbo por el caos urbano lidiando los continuos conflictos de la existencia, la falta de trabajo, la ausencia de amor o los problemas emocionales. Aller nos zambulle violentamente en un maremágnum de imágenes que viajan por nuestras retinas a velocidad de crucero, deteniéndose y desplazando nuestra mirada en función de una necesidad de revelarnos ante nosotros la brutalidad y transgresión de nuestra propia cotidianidad. Una película que nos remitiría a aquellas experiencias de Vertov, en su concepto de cine-ojo, o Ruttmann, o las ideas múltiples de pantallas sin fin del cine ensayística o experimental, sin olvidarnos del cine de Godard, en su búsqueda constante de la representación de las imágenes y el valor de la narración cinematográfica. Aller ha parido una película revolucionaria, una épica de lo cotidiano, de mirar esas vidas donde los males de este mundo siguen siendo los de siempre, la soledad e incomunicación de los individuos que se mueven como autómatas en un espacio carente de sentido e inadecuado a sus necesidades vitales. Aller nos invita a reflexionar sobre el torbellino de imágenes y ventanas sin fin que se abren ante nosotros, a sentirnos parte de su entramado cinematográfico, a participar en un viaje experiencia en conitnuo movimiento que, quizás no sea nada más que el principio de algo que acaba y empieza constantemente.


<p><a href=”https://vimeo.com/75385442″>Trailer TRANSE&Uacute;NTES</a> from <a href=”https://vimeo.com/eldedoenelojo”>El Dedo en el Ojo SL</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Cola, Colita, Colassa (Oda a Barcelona), de Ventura Pons

Cola-Colita-ColassaMEMORIA DE UN TIEMPO.

“Quan hi ha un retrat, aquest ja ho explica tot, no cal ficar-hi tanta literatura ni tantes fotos anecdòtiques. Un retrat resol el tema. Jo no ho oblido mai. Et vas carregant la motxilla de la memoria”.

Colita

Ventura Pons (1945, Barcelona) dirigió más de 20 obras de teatro antes de debutar en el cine con Ocaña, retrat intermitent (1977), un documento sobre José Pérez Ocaña, un pintor andaluz, homosexual, transformista y anarquista, de vida transgresora y provocadora, que se convirtió en un icono de Las Ramblas de Barcelona de finales de los 70. Le siguieron 6 comedias, unas más locas y otras más negras, que hizo entre los años 1981 y 1993, con la colaboración del guionista Joan Barbero. En 1994, cambia de rumbo y toma otro camino, y empieza a adaptar novelas y textos teatrales de autores de prestigio como Monzó, Benet i Jornet, Belbel, Torrent o Baulenas, entre otros, llevándole a un nivel de producción de ritmo vertiginoso, estrenando una película casi cada año, realizando títulos de calidad como Actrius, Amic/Amat, Amor idiota, Forasters, Mil cretins, etc…

Ahora, vuelve al documento, en su película número 27 de su carrera, como su estreno en el cine, similar a los trabajos de El gran Gato (2002), sobre la vida del emblemático músico, o Ignasi M. (2013), donde relataba la crisis personal y laboral del prestigioso museólogo. Su mirada se centra en Isabel Steva Hernández, más conocida como “Colita”, figura esencial de la fotografía moderna del siglo XX. Como hiciese en Ocaña, la película de Pons se desarrolla en casa de la fotógrafa, en el jardín, rodeada de sus amigas, confidentes y compañeras de fatigas más íntimas. Tenemos a Teresa Gimpera, Maruja Torres, Pilar Aymerich, Rosa Regàs, Núria Feliu, Beatriz De Moura, Anna Maio, Rosa Sender y Marta Tatjer. Todas ellas, igual que la anfitriona, artistas o mujeres vinculadas al mundo de la bohemia. Se arrancan a comentar su no al premio nacional de fotografía, para luego adentrarse en los años alegres y convulsos de los 60 y 70, en plena dictadura franquista, en un país consumido por el fascismo y el oscurantismo, donde todo lo moderno, transgresor y divertido se prohibía tajantemente.

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Divida por 9 capítulos, que se abren con el material gráfico de Colita, retratos de aquellos amigos que posaron para ella, y sigue con las conversaciones que recuerdan aquellos instantes, en este encuentro de mujeres donde hablan y ríen, de los retratos de Colita y su arte, recuerdan a los que ya no están, los viajes que hicieron, las risas y la diversión que compartían, los franquistas que las acechaban, las noches sin fin en Bocaccio, las borracheras que nunca terminaban, los actos en contra de Franco, el reportaje del funeral del dictador, los hombres que amaron y los amantes que dejaron en el camino, los cineastas, la literatura, los músicos, y demás artistas que conocieron, la miseria y la suciedad el barrio chino, aquellos cantantes y transformistas que paseaban su glamour nocturno, las putas de toda la vida, la Gauche Divine, los Moix, y aquella Barcelona convulsa, agitada, política, artística, transgresora, represiva y sobre todo, las conversaciones giran en torno a la memoria de un tiempo vivido, un tiempo que dejó buenos y malos recuerdos, pero también, situaciones y momentos divertidos. Estas viejas damas indignas, como se autodefinen Maruja Torres, mujeres modernas, alejadas de las vidas de sus madres, y libres en su interior. Mujeres que recuerdan lo que fueron, lo que hicieron y el tiempo donde había flores en las calles, pero también pistolas en el cinto. Tiempos oscuros, pero también tiempos para compartir, vivir, y hacer fotografías que registraban todo aquello que sucedía, o al menos parte de lo que sucedió. Ventura Pons ha hecho un filme valioso, un documento sobre la memoria de un tiempo que se vivió en plena agitación artística de un grupo de hombres y mujeres que abrieron rendijas de luz y color durante un régimen que oscurecía y mataba todo aquello que iba en su contra. Mujeres valientes, mujeres libres y sobre todo, Colita, una mujer adelantada a aquel tiempo de “un país pobre, trist i desgraciat”, como anuncia la narradora Rosa María Sardà, donde Colita emergió con su mirada para registrar, en blanco y negro, fragmentos de vidas, y sus miradas y gestos, que testimonió de forma sencilla, elegante y maravillosa.

El gran día, de Pascal Plisson

elgrandiaCREER EN UNO MISMO.

En Camino a la escuela (2013), el director francés Pascal Plisson (1959, París) filmó la peripecia diaria de ir al colegio, llena de peligros y dificultades, que emprendían cuatro niños de condición rural y pobre, de diferentes lugares del mundo. Partiendo de aquella base, y de parecida estructura y forma, Plisson vuelve a sumergirnos en cuatro historias de niños-adolescentes también de orígenes humildes. La mirada del cineasta galo se centra en Albert, un chaval de 11 años, que vive en La Habana (Cuba), su sueño es ser boxeador y para eso trabaja incansablemente en el gimnasio. Su meta es ganar el combate para acceder a la academia del deporte. Seguimos con Deegii, una niña de 11 años que vive en las afueras de Ulan-Bator (Mongolia), que se esfuerza duramente para convertirse en contorsionista profesional trabajando en un circo. De ahí, nos trasladamos a Benares, la capital de Bihar, un estado pobre del noroeste de la India, donde conoceremos a Nidhi, de 15 años, que estudia matemáticas y trabaja ferozmente para aprobar el examen de acceso al Instituto Politécnico para conseguir un buen empleo que ayuda a su familia. Y finalmente, viajamos hasta Uganda, al Parque Nacional Queen Elizabeth, donde nos toparemos con Tom, de 19 años, que estudia para superar el examen y ser uno de los guardas forestales.

Cuatro caminos, cuatro destinos, cuatro formas de trabajar pero el mismo objetivo, un trabajo que les ayude a ellos a crecer como personas, y también, ayude a sus familias a escapar de las situaciones de pobreza que viven, y de esta manera, aprovechar las oportunidades que sus padres no tuvieron. Plisson fragmente las cuatro historias, y crea una sueva mezcla, a modo de rompecabezas, en el que seguimos las cuatro historias de manera tranquila y pausada. Nos adentramos en las actividades y la preparación que llevan a cabo estos niños y jóvenes. El apoyo familiar, esencial para ellos. Y también, relación que mantienen con sus preparadores.

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Plisson nos cuenta este viaje de manera honesta y sencilla, quizás le sobra algún que otro sentimentalismo y subrayado musical, pero no deslucen su emocionante mensaje, el de unos niños trabajadores y luchadores que quieren con su sueño huir de la miseria y ayudar a los suyos. El relato se propone remover conciencias, y ofrecer algo de luz a las injusticias y desigualdades tremendas que diariamente invaden este mundo. Una fábula que rescata esa humanidad que parece haber perdido buena parte del planeta, más interesada en el éxito y prestigio personal. Plisson aporta su granito de arena en dar visibilidad a niños que trabajan y luchan por conseguir su sueño, su objetivo es modesto, pero inmenso para ellos, quieren ser elegidos para seguir estudiando y preparándose en lugares donde aparentemente entran otros niños y jóvenes de otra índole social, pero ellos, a base de trabajo y constancia, que podríamos añadir que son las armas de los pobres, reivindican su lugar y su espacio. También, la película muestra, a través de las historias de los niños, otra cara completamente diferente a la que nos suelen bombardean los medios de comunicación sobre sus países, la película aporta otra mirada, una forma diferente de acercarse a la realidad de esos países, azotados por la pobreza injusta de países que los someten y dominan, una mirada positiva, donde existen personas que abren caminos y esperanzas para tener otro tipo de vida y seguir creciendo como personas en otros ambientes y lugares, muy diferentes a los que su condición social les había condenado.

Entrevista a Elia Urquiza

Entrevista a Elia Urquiza, directora de “Next”. El encuentro tuvo lugar el martes 8 de diciembre de 2015, en el Parc de la Ciutadella de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elia Urquiza, por su tiempo, generosidad y cariño, a Pablo Caballero de Márgenes, por su amabilidad, paciencia y afecto, y al equipo de Playtime Audiovisuales por ayudarme y facilitarme tanto las cosas, y sobre todo, por seguir creyendo en un cine necesario, vital y a contracorriente.

Next, de Elia Urquiza

Next-487186836-largeUN TROZO DEL PASTEL.

Una niña de unos 10 años mira a cámara e intenta interpretar un texto, pero se equivoca, y entonces, escuchamos la voz de la madre que le corrige la actuación y le pide que lo vuelva a repetir. De esta manera, tan descriptiva y elocuente, arranca la primera película de Elia Urquiza (1979, Pamplona), que después de realizar el máster de documental creativo de la UAB en Barcelona, consiguió una beca para estudiar dirección en el prestigioso California Institute of Arts de Los Ángeles en 2008. Allí, junto a otros 11 colegas españoles, fundaron La Panda, una productora que ayuda a producir títulos propios y ajenos que ya ha dado títulos como Open Windows, de Nacho Vigalondo o 10.000 km, de Carlos Marqués-Marcet. Otro de los títulos surgidos, es esta película de la realizadora navarra que ambienta en esa ciudad, rodeada de lujo y superficialidad, su primera aventura en la dirección. Su mirada se posa en cuatro niñas y adolescentes, de edades comprendidas entre los 6 y 16 años, cuatro vidas llegadas del medio oeste, esos lugares perdidos en los que nunca pasa nada, con el sueño de convertirse en actrices.

La cámara de Urquiza sigue con detalle e intimidad, los días de estas niñas con el objetivo de entrar en la meca del cine. Acompañadas de sus padres, que les ayudan, protegen y en algunos casos, les apoyan a continuar en esa ciudad, porque son ellos los que realmente quieren y pelean el éxito de sus primogénitas. Las audiciones por conseguir un papel, los encuentros con agentes con el fin de una representación que les lleve a las puertas del Olimpo, los días de rodaje, y las clases de actuación son la cotidianidad que vive o sobrevive estas niñas con la compañía de sus padres. Unos padres que dejan sus vidas corrientes de la América profunda para mudarse a hoteles o viviendas temporales a la espera que su hija sea una de las elegidas. Urquiza, no juzga a sus personajes, los sigue, manteniéndose a su lado, penetrando en su intimidad, sus anhelos, lo que piensan y sienten.

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Resultan muy expositivos los planos cogidos desde el interior de los automóviles que las trasladan, donde observamos la tremenda vorágine de compras, extravagancias, y demás perplejidad, que se respira en cada rincón de la ciudad. Una obra breve, pero concisa, apenas 72 minutos, que se detiene en la sinrazón de un mundo totalmente superficial, donde el éxito personal, que trae consigo el prestigio social, se ha convertido en el único objetivo de unas niñas y sus padres, buscando de ese modo el verdadero sentido a sus vidas corrientes, y sobre todo, alejarse de esa América perdida en el medio oeste, de donde proceden, lugares a los que no desean volver, o sólo regresar rodeados de éxito y lujo. Un mundo de glamour y dinero que no considera la terrible frustración y vacío que puede quedar en estas personas después de no conseguir ese objetivo tan preciado y vital para ellos. Una sociedad de masas, inmoral y cruel, donde la televisión y la publicidad bombardean constantemente con sus productos, donde todo está venta, también los sueños e ilusiones de unas niñas que desean el éxito y el estatus que conlleva ser una estrella de Hollywood o la televisión. Urquiza ha filmado un documento sencillo y modesto en sus medios, pero grande e inmensa en su discurso, donde realiza una profunda reflexión sobre la sociedad capitalista de consumo, que no se detiene nunca en generar falsas ilusiones y expectativas, en un negocio devastador y deshumanizado, que solamente fabrica personas frustradas e infelices por no conseguir ese éxito que cada día les venden salvajemente en los medios.


<p><a href=”https://vimeo.com/147828384″>NEXT (Trailer)</a> from <a href=”https://vimeo.com/playtime”>Playtime Audiovisuales</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

La juventud, de Paolo Sorrentino

poster_lajuventudEL DESENCANTO DE VIVIR.

El universo del cineasta Paolo Sorrentino (1970, Nápoles, Italia) está plagado de personajes maduros desencantados con la vida, inquilinos de su propia existencia, cansados de la futilidad de vivir y perdidos en su hastío existencial. Como le ocurría a Titta di Girolamo, el cincuentón aburrido que arrastraba su soledad viviendo en un hotel sin nada que hacer, ni tampoco sabiendo hacía donde ir en Las consecuencias del amor (2004), a Giulio Andreotti, el capo del estado italiano que se aferraba al poder por miedo a desaparecer en Il Divo (2008), y a Jep Gambardella, el periodista cansado que se movía entre la decadencia y la desesperación de una clase miserable e insustancial en La gran belleza (2013).

Sorrentino, que vuelve al idioma inglés, como hiciera en la fallida Un lugar donde quedarse (2011), se ha ido hasta los Alpes suizos, y ha situado su película en un hotel de vacaciones, donde nos encontramos a Fred Ballinger (maravilloso Michael Caine), un músico octogenario retirado que rechaza los cantos de sirena de la mismísima Reina Isabel II que quiere que dirija la orquesta para celebrar el cumpleaños del príncipe, le acompaña Micky Boyle (Harvey Keitel), su amigo de la infancia, cineasta, que con la ayuda de unos jovenzuelos guionistas, está metido en la construcción del guión que significará su testamento fílmico, junto a ellos, se suma Lena (Rachel Weisz), la hija del primero, que acaba de ser abandonado por su marido, hijo del segundo. También, se encontrarán con otro huésped, Jimmy Tree (Paul Dano), un joven actor que se halla inmerso en la preparación del personaje de su próximo trabajo, y para redondear el cuadro, las apariciones de Maradona, sometido a una cura, que arrastra su obesidad y asfixia, junto a los tiernos cuidados de su joven enfermera. Sorrentino nos sitúa en un balneario lujoso, rodeado de naturaleza y de un paisaje de belleza evocadora, en ese espacio de quietud y sin nada que hacer, el realizador italiano nos lo muestra de forma estilizada, donde lo visual se apodera del cuadro, no obstante, no deja que esa belleza nos cautive y sigue sometiendo a sus criaturas a sus inquietudes como cineasta, tratando temas que le continúan obsesionan, como la crisis existencial y artística, la decadencia de vivir, la futilidad de la existencia, la memoria y los recuerdos olvidados, el amor, las relaciones humanas y paterno-filiales, y la falta de deseos e ilusiones en la vejez, y el inexorable paso del tiempo, entre otros.

Michael Caine, Director Paolo Sorrentino, and Harvey Keitel on the set of YOUTH. Photo by Gianni Fiorito. © 2015 Twentieth Century Fox Film Corporation All Rights Reserved

Sorrentino no olvida a sus maestros, y como sucedía en La gran belleza, el universo Felliniano está muy presente en la película, encontramos las huellas de Guido Anselmi, el personaje que interpretaba Marcello Mastroianni, en 8 ½ (1963), el cineasta en crisis, que también paseaba su existencia en un balneario, donde repasaba su vida, sus amores, sus inquietudes, sus recuerdos y el tiempo que se extinguía a su alrededor, y otros personajes Fellinianos como los de Ginger y Fred, que bailaban en el ocaso de su vida rodeados de un mundo televisivo que había olvidado a sus referentes, o aquellos otros, de Y la nave va, que despedían al amigo durante una travesía en barco. Seres perdidos, que no encontraban, por mucho que buscaban, la verdadera existencia de la vida, y se refugiaban en sus sueños para soportar el peso vital. Sorrentino deja a sus personajes que hablen, que sientan el peso de su frustración, que naveguen por un camino sin sentido, que la espera de la desaparición sea lo más digna posible, o no. Los dos amigos evocan su vida, lo que hicieron, y dejaron de hacer, las mujeres que amaron, o creyeron amar, de un mundo que se extingue frente a ellos, al que ya no pertenecen, que les ha olvidado. Un mundo decadente y vacío, tanto para los que están en su ocaso como para los jóvenes, que no consiguen encontrarse a sí mismos, llenos de miedos e inseguridades, y disfrutar de su existencia, aunque sea así de superficial y solitaria. En un momento de la película, el personaje de Keitel, recibe la visita de Brenda Morel (extraordinaria Jane Fonda) que parece la Gloria Swanson de El crepúsculo de los dioses, una actriz fetiche para él, que le insta a dejar todo su propósito y en descansar de su cine y sobre todo, de sí mismo, porque su mundo ya ha desaparecido y jamás volverá. Quizás la idea de Sorrentino no sea otra, que sea cual sea tu vida, por muy placentero que pueda llegar a ser, con el tiempo, cuando seas mayor, ni siquiera se acordarán de ti, o por el contrario, tú ni te acordarás.