Entrevista a Sofi Escudé

Entrevista a Sofi Escudé, montadora de la película “Las niñas”, de Pilar Palomero, en su domicilio en Valldoreix, el sábado 6 de febrero de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sofie Escudé, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Aymar del Amo de l’AMMAC, Associació de Muntadores i Muntadors Audiovisuals de Catalunya, por su amabilidad, paciencia y cariño.

Hasta el cielo, de Daniel Calparsoro

DEPRISA, DEPRISA.

“Si me das a elegir/ Entre tú y la riqueza/ Con esa grandeza/ Que lleva consigo, ay amor/ Me quedo contigo/ Si me das a elegir/ Entre tú y la gloria/ Pa que hable la historia de mí/ Por los siglos, ay amor/ Me quedo contigo”.

De la canción “Me quedo contigo”, de Los Chunguitos.

El cine quinqui tuvo su esplendor a finales de los setenta y principios de los ochenta, en pleno tardofranquismo, con películas como Perros callejeros (1977), de José Antonio de la Loma, que tuvo dos secuelas, incluso una versión femenina, Navajeros (1980), Colegas (1982), El pico (1983), y su secuela, todas ellas de Eloy de la Iglesia, y otras, como Los violadores del amanecer (1978), de Ignacio F. Iquino, Maravillas (1980), de Manuel Gutiérrez Aragón, y Deprisa, deprisa (1981), de Carlos Saura, que se alzó con el prestigioso Oso de Oro en la Berlinale. Un cine de fuerte crítica social, que mostraba una realidad deprimente y siniestra, donde jóvenes de barrios marginales se lanzaban a una vida de delincuencia y heroína, destapando una realidad social muy desoladora y amarga.

Hasta el cielo, que como indica su frase inicial, muestra una ficción basada en múltiples realidades, recoge todo aquel legado glorioso del cine quinqui y lo actualiza, a través de un guion firmado por todo un consagrado como Jorge Guerricaecheverría, que repite con Daniel Calparsoro (Barcelona, 1968), después de la experiencia de Cien años de perdón (2016), si en aquella, la cosa se movía por atracadores profesionales en un trama sobre la corrupción y las miserias del poder, en Hasta el cielo, sus protagonistas nacen en esos barrios del extrarradio, chavales ávidos de riqueza, mujeres y lujo, que la única forma que tienen de conseguirlo es robando, con el método del alunizaje. Pero, el relato no se queda en mostrar la vida y el modus operandi de estos jóvenes, si no que va mucho más allá, porque en la trama entran otros elementos. Por un lado, la policía que les pisa los talones, con un Fernando Cayo como sabueso al lado de la ley, también, una abogada no muy de fiar, en la piel de Patricia Vico, cómplice de Calparsoro, y el tipo poderoso que hace con sobriedad y elegancia Luis Tosar, que ordena y compra todo aquel, sea legal o no, para sus viles beneficios.

La acción gira en torno a Ángel, uno de tantos chavales, que parece que esto de robar a lo bestia se le da bien, sobre todo, cuando se presentan problemas. La película se va a los 121 minutos de metraje, llenos de acción vertiginosa, con grandes secuencias muy bien filmadas, como demuestra el oficio de Calparsoro, que desde su recordado y sorprendente debut con Salto al vacío (1995), se ha movido por los espacios oscuros del extrarradio y los barrios olvidados, para mostrar múltiples realidades, con jóvenes constantemente en el filo del abismo, sin más oficio ni beneficio que sus operaciones al margen de la ley. El relato, bien contado y ordenado, sigue la peripecia de Ángel, su ascenso en el mundo del robo, con hurtos cada vez más ambiciosos, y todos los actores que entran en liza, contándonos con un alarde de febril narración todos los intereses y choques que se van produciendo en la historia, como ejemplifica la brillante secuencia del hotel, o la del barco, con múltiples acciones paralelas y un ritmo infernal, y con todo eso, también, hay tiempo para el amor en la existencia de Ángel, un amor fou como no podía ser de otra manera, con un amor desenfrenado y pasional con Estrella, la chulita del barrio de la que todos están enamorados, y el otro, el de Sole, la hija de Rogelio, el mandamás, un amor de conveniencia para escalar socialmente.

La excelente cinematografía de Josu Incháustegui, que sigue en el universo Calparsoro, al que conoce muy bien, ya que ha estado en muchas de sus películas, el rítmico montaje de Antonio Frutos, otro viejo conocido del director, y la buena banda sonora que firma el músico Carlos Jean, en la que podemos escuchar algún temazo como “Antes de morirme”, de C. Tangana y Rosalía, que abre la película. Y qué decir del magnífica combinación de intérpretes consagrados ya citados, con los jóvenes que encabeza un extraordinario Miguel Herrán, descubierto en A cambio de nada, y en las exitosas Élite y La casa de papel, es el Ángel perfecto, nombre que tenía el famoso “Torete”, con esa mirada arrolladora y esa forma de caminar, bien acompañado por una excelente Carolina Yuste, desatada después de Carmen y Lola, camino de convertirse en una de las más valoradas, Asia Ortega, como el amor despechado, pero fiel, Richard Holmes como Poli, el rival en cuestión, y luego una retahíla de lo más granado del rap y trap españoles que debutan en el cine como Ayax, Jarfaiter, Carlytos Vela, Dollar Selmouni y Rukell, como compañeros de fatigas de Ángel.

Hasta el cielo nos devuelve el mejor cine de acción y de personajes de Calparsoro, a la altura de la formidable Cien años de perdón, un cine de entretenimiento, pero bien filmado y mejor contado, que va mucho más allá del mero producto hollywodiense, donde hay buenos y malos y una idea de la sociedad condescendiente. Aquí no hay nada de eso, porque la película no se queda en la superficie,  nos mira de cara, sin tapujos ni sentimentalismos, porque hay rabia y furia, contradicciones, y personajes de carne y hueso, que erran, aman sin control y viven sin freno,  contándonos un relato lleno de matices, laberíntico y muy oscuro, lleno de ritmo, intrépido y febril, donde encontramos de todo, una realidad social durísima, jóvenes sin miedo y dispuestos a todo, thriller de carne y hueso, de frente, sin concesiones, y sobre todo, una arrebatadora historia de amor fou, de esas que nos enloquecen y nos joden a partes iguales, pero jamás podremos olvidar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a Bernabé Rico

Entrevista a Bernabé Rico, director de la película “El inconveniente”, en el Gallery Hotel Barcelona, el jueves 17 de diciembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bernabé Rico, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Katia Casariego, jefa de prensa, por su amabilidad, paciencia y cariño.

Entrevista a Kiti Mánver

Entrevista a Kiti Mánver, actriz de la película “El inconveniente”, de Bernabé Rico, en el Gallery Hotel Barcelona, el jueves 17 de diciembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Kiti Mánver, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Katia Casariego, jefa de prensa, por su amabilidad, paciencia y cariño.

A medida voz, de Heidi Hassan y Patricia Pérez Fernández

UNA IMAGEN QUE TE HABLE DE MI.

“No se puede competir con la vida, solo recrearla”.

Agnès Varda

Las primeras imágenes de una película son esenciales, ya que, para bien o mal, definirán el tono de la misma, porque serán vitales para entrar o no en aquello que se nos quiere contar. O quizás, simplemente, esas primeras imágenes provocan en nosotros alguna cosa, algo oculto, que ni nosotros sabemos que existe. Las primeras imágenes del sugerente título de A media voz, revelan una búsqueda, una búsqueda de las imágenes que explican lo que somos, las imágenes que nos definen, los encuadres en los que nos sentimos que hablan de nosotros, o dicen algo de lo que ocultamos, o quizás, algo de nuestro pasado, o de nuestro presente más inmediato. La película de Heidi Hassan y Patricia Pérez Fernández, ambas cubanas y de 1978, crecieron juntas, entablando una amistad que iba más de todo, con el cine como motor vital para crecer juntas, en un país que todavía creía en la utopía del comunismo, de otra vida diferente. Pero, entre estudios de cine, cortometrajes y profunda y sincera amistad, llegaron los noventa, y con la caída del bloque soviético, la esperanza se esfumó y Cuba entró en la deriva, donde la vida se sustituyó a la supervivencia.

Pérez Fernández fue la primera en marcharse, viendo que todo había terminado. Su primer destino fue Ámsterdam, luego vino España, primeo un pueblo navarro como Tafalla, luego Madrid, y más tarde, la costa de Finisterre. Hassan se fue más tarde, su destino Ginebra, con la compañía de su pareja. Con la película Otra isla (2014), sobre la protesta en Madrid de una familia cubana disidente abandonada a su suerte, el tándem Hassan-Pérez Fernández coescribieron el guion, y la primera dirigió e hizo la cinematografía y la segunda, la edición. Seis años más tarde de aquella aventura, y un buen puñado de otros trabajos cinematográficos, las cineastas cubanas vuelven a juntarse, y firman la el guion, la cinematografía y la dirección, y a modo de diario audiovisual, nos explican, mediante imágenes un documento-correspondencia, de su trayectoria vital, arrancando con imágenes de archivo, cuando son niñas y ya adultas, haciendo cine en Cuba, y luego, con imágenes filmadas para la ocasión, en esa búsqueda incesante de la “imagen que te hable de mi”, la despedida, y la vida como emigrante, con el desarraigo como mochila inagotable, los sueños, las (des) ilusiones de una nueva vida, un nuevo país, un nuevo sistema económico, las cuestiones sobre el empleo, y la constante incertidumbre de una vida de supervivencia, cada vez más llena de realidad deprimente y soledad, y más alejada del cine que tanto aman.

Hassan y Pérez Fernández forman mediante “esa media voz”, una voz entera, o quizás, el intento de crear una sola voz que sea megáfono de tantos inmigrantes cubanos y de cualquier país, asistiendo como espectadores privilegiados a todo un proceso vital, dificilísimo en la mayoría de momentos, con pocos momentos para la alegría o la ilusión, construyendo con una honestidad y transparencia que traspasa la pantalla, con un montaje que firman junto a Diana Toucedo, para crear ese universo paralelo y mezclado, casi un rompecabezas de imágenes de toda naturaleza, textura y narrativa, desde el documental a pie de calle, donde la vida va pasando, las imágenes de archivo ya citadas, el ensayo, la experimentación, con el vídeo y el digital presentes, documentando la vida, el cine, la amistad, la separación, las múltiples ausencias, no solo del país dejado, de la amiga ausente, esa que se busca en cada imagen que se filma, evocando el país dejado, con la ilusión perdida, o el nuevo país, con la situación de invisibilidad, los trabajos precarios, las enormes dificultades de empezar de nuevo, o la del macabro sentimiento de estar siempre empezando.

Una película magnífica sobre la vida y el cine, o sobre el cine y la vida, sobre la amistad profunda y sincera, aquella que no nos abandona, sobre los motivos y consecuencias de las decisiones que tomamos en la vida, de todo nuestro ser y todo aquello que nos rodea, las malditas circunstancias que nos arrojan a cambiar de camino y de personas, con sus múltiples imágenes que abarcan quince años de la vida de las dos cineastas cubanas, que nos hablan de feminidad, de maternidad, de vida, de amores, de sentimientos, y sobre todo, de emociones, creando universo fascinantes e hipnotizadores, devolviéndose la pureza de la imagen, aquella que habla de nosotros y de aquellos que las miran, y lo hacen con toda la transparencia y humildad del buen cineasta, de aquel que se abre en canal mediante las imágenes que filma, que sabe que tiene que seguir haciéndola, aunque a veces se cuestione su verdadera motivación, o simplemente, la desconozca, pero sigue capturando imágenes, en esa incesante búsqueda de la imagen que te habla de mi, para mirar y ser mirado, en un reflejo infinito en el que todo vuelve a empezar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

A Stormy Night, de David Moragas

DOCE HORAS JUNTOS.

“La mayoría de las personas son otras: sus pensamientos, las opiniones de otros; su vida, una imitación; sus pasiones, una cita”.

Oscar Wilde

Mencionaba el gran guionista Rafael Azcona que, las buenas películas eran aquellas que hablaban de los temas que conocía el director. A Stormy Night, opera prima de David Moragas (Almsoter, 1993), que estudió en la prestigiosa New York University y vivió en uno de esos barrios de Brooklyn, se erige como una película que encaja perfectamente en las palabras del excelso escritor cinematográfico, porque el joven talento catalán se centra en aquello que conoce, y sobre todo, le inquieta, siguiendo la forma y fondo que ya se vislumbraba en sus cortometrajes, centrándose en relatos íntimos y muy cercanos, con personajes de aquí y ahora, con inquietudes y desilusiones tan reales como las nuestras, envueltos en ese blanco y negro sobrio y transparente, centrados en espacios interiores y reducidos, tan próximos que resultan inquietantes, para hablarnos de personas como nosotros, con sus idas y venidas por la vida, con esa naturalidad y sencillez, como si los espectadores estuvieras junto a ellos, o mirando por una mirilla.

Para su debut en el largometraje, Moragas opta por su género favorito, el de la comedia romántica, pero con matices, con ese tono agridulce y de realidad punzante, escogiendo un relato de inmediatez, cargando toda la estructura en un instante preciso, las doce horas juntos que pasaran Marcos y Alan, ya que el primero, de viaje a San Francisco para presentar un documental que ha filmado con su ex pareja, debe detenerse y pasar noche en New York, porque los vuelos se han cancelado debido a una fuerte tormenta que se avecina. Los dos jóvenes, tan diferentes o iguales entre sí, la película nos irá desvelando todo aquello que les separa y les une, pasarán medio día juntos, o mejor dicho, media noche juntos, en la que hablarán mucho, pero también, se mirarán mucho, habrá algún que otro acercamiento inesperado, y sobre todo, muchas confidencias, porque todo lo que en un principio los separaba, con el paso de las horas, su breve encuentro se irá revelando como una especie de espejo en el que la verdad se reflejará sin atajos, tanto emocionales como físicos, frente a frente, y los dos jóvenes se mirarán uno al otro y se mostrarán de verdad, sacando a relucir todo aquello que tanto ocultan.

Los diálogos que mantienen los jóvenes versarán sobre su condición homosexual y la vida de tener una identidad no convencional en una sociedad heterodeterminada, las difíciles relaciones familiares y con su entorno más próximo, las dificultades de vivir en otro país, con otra lengua y cultura diferentes, los condicionamientos de desarrollar un empleo en una sociedad demasiado encajonada y convencional, y la naturaleza de las relaciones íntimas, el compromiso, el amor sincero, el poliamor y demás cuestiones acerca de la vida y las relaciones personales. Moragas sabe captar con naturalidad y cercanía toda esta montaña rusa emocional que experimentan los dos jóvenes, en que la luz íntima y velada, en algunos instantes, que firma el cinematógrafo Alfonso Herrera-Salcedo (que ya estaba en el cortometraje Only Fools Rush In), ayuda muchísimo para crear esa atmósfera de claroscuros, y no menos el grandísimo trabajo de edición de un grande como Bernat Aragonés (cómplice, entre otros, de nombres tan importantes como los de Agustí Villaronga o Isabel Coixet), en una película con pocos movimientos de cámara, llena de cuadros que aún evidencian más el inmenso trabajo de montaje.

A Stormy Night, auspiciada por un grande de nuestro cine como Antonio Chavarrías, hace guiños a Woody Allen con una ilustración sobre Annie Hall, al igual que a Agnès Varda con un dibujo sobre Cleo de 5 a 7, estaría rondando los mismos parámetros de las películas de Noah Baumbach dedicadas a New York y sus círculos y personajes ocultos, y estaría muy hermanada con títulos como Weekend (2011), de Andrew Haigh, historia sobre un affaire homosexual anclado en un fin de semana, y en Keep the Lights On (2012), de Ira Sachs, otra relación gay, más alargada en el tiempo, pero con similitudes con los protagonistas. Y si la historia funciona, con pausa e intimidad, ayuda sobremanera la pareja protagonista, con un cálido y sensible Jacob Perkins, que ya vimos en el cortometraje Boyfriend, de Moragas, dando vida al comprometido y enamorado Alan, y Marcos, el liberal y aventurero español, con su momento “tortilla”, que interpreta el propio director, consiguen emocionarnos con lo mínimo, convirtiendo A Stormy Night  en un relato lleno de inteligencia, sensibilidad y belleza, y vislumbra el debut de David Moragas como un grandísimo y estimulante ejercicio sobre la vida, las relaciones y nuestra identidad, convirtiéndola en un obra de culto de inmediato, que hablará mucho de quiénes somos y como nos relacionamos para futuras generaciones. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

 

El inconveniente, de Bernabé Rico

LA EXTRAÑA PAREJA.

“La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”.

Gustavo Adolfo Bécquer

Erase una vez… Una mujer llamada Sara, treintañera, profesional de éxito, seria y rigurosa, muy atractiva, y felizmente casada con Daniel. Un día, empujada por su ambición y su precio, adquiere una vivienda en una buena zona de Sevilla, un piso que solo tiene un inconveniente, será suyo cuando fallezca la propietaria, Lola, una septuagenaria muy suya, de vueltas de todo, que bebe, fuma y vive encerrada en su casa. Sara y Lola son dos mujeres sin nada en común, o quizás, si. La opera prima de Bernabé Rico (Sevilla, 1973), llega después de más de una década dedicado a la producción, tanto teatral como cinematográfica, y a la dirección de cortometrajes, con un relato íntimo y muy doméstico, lleno de honestidad, con la sensibilidad adecuada, sin caer en el sentimentalismo, ni nada que se le acerque, mostrándonos la relación de dos mujeres que de lo lejos que están una de la otra, se encuentren más cerca de que imaginan, parecen dos polos opuestos, pero su relación las acercará y las ayudará más de lo que creen, convirtiéndose en una especie de madre-hija o hermana mayor y pequeña.

El inconveniente  nace de la obra teatral 100m2, de Juan Carlos Rubio, un autor que lleva más de veinte años escribiendo para cine y teatro, además de dirigir para ambos medios. Una pieza teatral representado con éxito que vio la luz en el 2008, que Rico, con la ayuda del productor Olmo Figueredo, responsable de películas como Adiós o La trinchera infinita, entre otras, construyen una película de aquí y ahora, que tiene mucho que ver con la realidad social de muchas personas mayores, personas que viven solas en sus viviendas y encuentran en la venta del inmueble en vida, una forma de subsistencia. La película habla de aspectos sociales, pero desde una perspectiva Azcona-Berlanga, con ese característico humor negro, como evidencia el arranque, con ese tipo peculiar que interpreta magistralmente un grande como Carlos Areces, que podría ser un heredero de López Vázquez, una especie de mezcla entre el Quintanilla de Plácido, y el lameculos de Atraco a las tres, un personaje que irá entrando y saliendo de la película, poniendo esas notas de humor negro, esperpento y amargura que tanto casa con la historia.

El relato va mezclando con soltura y agilidad, la comedia negra que retrata una sociedad demasiado individualista, solitaria y amargada, con ese melodrama cercano en el que se va fundiendo una amistad entre dos mujeres que sin pretenderlo, van a ir encontrando un reflejo necesario que les ayudará muchísimo en sus vidas, llevándolas a enfrentarse con ellas mismas, y sobre todo, a mirarse en ese espejo de decisiones equivocadas o no, y saber recordarse, porque lo han olvidado, las cosas importantes de la vida, las que verdaderamente nos ayudan a crecer y vivir mejor. Una interesante y envolvente luz de Rita Noriega, que sabe transmitir toda esa penumbra del inicio para luego, ir entrando más luz, que explica con suavidad el proceso que están viviendo las dos protagonistas. El rítmico y exacto montaje que firma un experto como Nacho Ruiz Capillas (que ha trabajado con nombres tan ilustres de nuestro cine como Icíar Bollaín, Amenábar, Fernando León de Aranoa, entre muchos otros). Y si la historia funciona, llevándonos por muchos aspectos de la vida, con secuencias memorables como la que protagonizan el personaje de Mánver y José Sacristán, que explica tanto de la vida, de las decisiones que tomamos, y del pasado, que a veces, viene a reclamarnos aquello que no podemos olvidar.

Hay algo que no puede fallar en películas de esta naturaleza, basada en la relación de amistad y amor de dos mujeres demasiado solas, pero que se niegan a reconocerlo y sobre todo, reconocérselo, que es la elección y el trabajo interpretativo de su pareja protagonista. Una pareja que recuerda tanto a los Lemmon y Matthau de La extraña pareja, que también fue primero una obra teatral, con unas brillantes, conmovedoras, divertidas y sinceras protagonistas. Por un lado, Kiti Mánver, que después de medio siglo de carrera, no debería sorprender a nadie su inmensa capacidad para enfundarse en la piel de un personaje casi diez años mayor que ella, que lo envuelve de magia, ridiculez y extravagancia. Frente a ella, Juana Acosta, que se mantiene firme y defiende con elegancia y sobriedad una mujer que empieza a arriba, o al menos, eso se cree ella, y poco a poco, irá comprendiendo las cosas por las que vale la pena levantarse cada día, y sobre todo, a mirar a los demás sin altivez ni competitividad. Dos almas perdidas, lúcidas y patéticas, y quien no lo es, con demasiadas mochilas pesadas a sus espaldas, que sin comerlo ni beberlo, encontrarán al otro, a alguien con quien hablar, escuchar, reír, comprender, mirarse, celebrar, llorar, abrazarse, sentir y sobre todo, vivir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Lúa Vermella, de Lois Patiño

LAS ÁNIMAS DEL MAR.

“Aquí los muertos no se marchan, se quedan con nosotros”.

La relación entre el ser humano y el paisaje ya estaba en el universo de Lois Patiño (Lugo, 1983), a través de su pieza Montaña en sombra (2012), que exploraba la montaña y unos diminutos esquiadores estáticos, logrando una belleza del paisaje hipnótica e inquietante. La misma relación ha seguido presente en su cine, en su debut en el largometraje, Costa da Morte (2013), la mirada se posaba en los confines del mundo, como lo mencionaban los romanos, para adentrarse en sus gentes y en un paisaje vasto y devorador. El cineasta vuelve a sumergirnos en un paisaje de la costa gallega, centrándose en la relación de sus habitantes con las almas de los náufragos del mar, en un viaje fascinante y perturbador, a partes iguales, entre la realidad y la leyenda, entre la vida y la muerte, entre los que se quedan y los ausentes, entre aquello que creemos ver y aquello que imaginamos, y lo hace desde el documento y la ficción, mirando y retratando a sus habitantes, en una quietud y posición inquebrantables, como si estuviesen recogidos y meditando, que recuerda a la pintura “El Ángelus”, de Millet, el paisaje enigmático y natural, el mar, con sus mareas y aquello que oculta.

Patiño convierte su película en una travesía sonora y visual de grandísima belleza, pero como ocurría en Costa da Morte, no se deja embriagar por sus imágenes bellas, sino que nos propone un misterio, la desaparición de El Rubio, un vecino que rescató a miles de náufragos del mar, y ahora, el mar, se lo ha llevado, y todos los vecinos, evocan su figura y reclaman al mar su cuerpo para darle sepultura. Tres mujeres, tres meigas aparecen en el pueblo, las únicas en movimiento, que buscan a El Rubio, recorriendo todos los lugares de la costa, los espacios del pueblo, los acantilados y cuevas del entorno. El director gallego nos lanza al abismo, nos obliga a dejarnos llevar por sus imágenes y sonidos, pero con una mirada inquieta y curiosa, aquella que investiga y escruta cada encuadre, cada sonido y cada mirada de los personajes, aquella que se muestra cautivada por la belleza que desprende la película, que conserva ese aroma que tenían las novelas de aventuras como Los contrabandistas de Moonfleet o Moby Dick, o las fantasías terroríficas mudas de la UFA, con los Murnau, Lang, Pabst o Muni.

El relato nos habla de la necesidad del duelo, de despedirse de los muertos, de recuperar al ausente para así darle descanso a él, y a los otros, los que se quedan, y también, de lo social, con esa presa construida, que destroza el entorno salvaje y natural, y la afectación que tiene en el entorno, y a los habitantes que les deja sin la pesca en los ríos tan necesaria. El inmenso trabajo de sonido de Juan Carlos Blancas, acompañado por el exquisito montaje que firman Pablo Gil Rituerto, Óscar de Gispert y el propio director, que también se hace cargo del guión y la cinematografía, como las espectaculares imágenes bajo el mar, que tiene a Adrián Orr, director de Niñato, como su asistente, y a Jaione Camborda, directora de “Arima”, en la dirección de arte, para darle forma y fondo a una película que se va adentrando suavemente en nuestros sentidos, convocándonos a un misterio, a un espacio “limbo”, que solo existe en lo más profundo de nuestra alma, que tiene que ver con aquello que sentimos y creemos, y no con aquello que vemos, que nos invita a recorrer esos lugares míticos y esas gentes, fascinados por sus mitos y leyendas, por sus muertos, sus espectros que vagan entre los vivos, como la Santa Compaña, a la que hace referencia explícita la película.

Asistiremos al fenómeno de la “Lúa Vermella”, esa Luna de Sangre, que lo tiñe todo de un rojizo plomizo que los inunda, provocando un extraño lugar, no identificable con lo conocido, convirtiendo el espacio y el paisaje, en algo inhóspito y misterioso, donde todo es posible, donde los habitantes de la tierra, las ánimas, y los habitantes del mar, como ese famoso monstruo, el “Moby Dick”, del lugar, adquieren una nueva dimensión, difícil de atrapar, y que solo existe en las profundidades. Lúa Vermella, producida por Zeitun Films, la compañía de Felipe Lage, responsable, entre muchas otras, de las películas de Oliver Laxe, Eloy Enciso, Alberto Gracia, nos convoca a un retrato-viaje de las costumbres y leyendas galegas, de lo más intrínseco de la tierra y aquellos que la habitan, de la especial relación, intensa y profunda, entre los oficios del mar y el propio mar, con sus misterios, mitos y terrores, construyendo una fascinante e hipnótica película, que nos invita a sumergirnos por caminos desconocidos, pero muy atrayentes, en una cinta inmersiva y fascinante, de una grandísima belleza pictórica, que también inquieta, y una sonoridad hipnótica, que nos transporta hacia lugares míticos, absorbentes y cautivadores, donde vivos y fantasmas se relacionan. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Paula Palacios

Entrevista a Paula Palacios, directora de la película “Cartas mojadas”, en los Cines Boliche en Barcelona, el viernes 2 de octubre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Paula Palacios, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Cartas mojadas, de Paula Palacios

LOS INVISIBLES DEL MEDITERRÁNEO.

“Huimos de una guerra, y nos encontramos con otra en el mar”

Desde que en 2015 estallará la crisis descontrolada de inmigrantes que se lanzaban al mediterráneo, intentando llegar a Europa, utilizando travesías difíciles, y llenas de peligros que costaban la vida de muchos, muchas cámaras se fueron a documentarlo, generando una gran cantidad de trabajos sobre la tragedia de los inmigrantes muertos en el mediterráneo, desde miradas, ángulos y puntos de vista diferentes, quizás faltaba uno que introdujera el elemento humano, el que se sube a bordo de los barcos, y registra la cotidianidad, lo que sucede en su interior de forma sincera y veraz. En Cartas mojadas, de la española Paula Palacios, cumple esa función, de mirar de frente, de filmar los rostros y los cuerpos del mediterráneo, hablando de todo, del inicio del viaje, de todo lo que dejan, las travesías, y los destinos. Un relato que va desde lo más íntimo, a lo más general, deteniéndose en todos las miradas y sentimientos, y no solo muestra lo que sucede en el mar, sino va más allá, dirigiéndose a esos lugares donde van a parar los inmigrantes cuando supera la barrera del mar, mostrándonos las diferentes realidades con las que se encuentran, y todo nos lo cuentan, de forma humanista, rigurosa y sensible. Palacios ha producido y dirigido más de veinticinco documentales para televisión, donde prevalecen los temas sobre migración y mujer, haciendo hincapié en esa parte humana que se oculta con tantas cifras de fallecidos.

En Cartas mojadas, su primera película para cine, nos convoca en tres espacios. En el primero, iremos a bordo del barco humanitario “Open Arms”, en el que rescatarán del mar a más de medio millar de personas, personas que conoceremos y miraremos a sus rostros cansados, mientras la tripulación, intenta por todos los medios un puerto donde recalar. En el segundo espacio, nos llevarán a las calles de París, donde inmigrantes viven al raso, sin nada, en el que son expulsados por la policía. Y en el tercer espacio, nos subimos a bordo de una patrullera de guardacostas libio que, localiza embarcaciones y las devuelve a sitios como Libia, donde los inmigrantes son torturados y esclavizados. Tres miradas de la tragedia que se vive a diario en el mediterráneo, de todos los que sobreviven. Y todo ello, Palacios nos lo cuenta a través de una voz en off, de una niña ficticia que lee una carta de la madre, esas cartas mojadas que elude el título, todas esas cartas que no llegan a su destino, que se pierden bajo las aguas del mar, reivindicando a todos aquellos que mueren, víctimas invisibles de una política europea que ahoga a los países pobres e impide que sus habitantes lleguen a Europa, un continente demasiado ensimismado en su ombligo y en hacer dinero, que salvar vidas.

La película tiene una factura impecable, con esa luz que capta todos los elementos humanos y físicos de la película, una cinematografía que firman Taha Jawashi, Amine Belhouchat y Mikel Landa, que capta con mucho criterio y sobriedad la vida y la muerte del mediterráneo, bien acompañado de un montaje enérgico y brillante, obra de Virginie Véricourt, que sabe contarnos las diferentes realidades sin perder un ápice del contenido de la obra, y la excelente música de Mariano Marín (que muchos recordamos por las score de Tesis y Abre los ojos, entre muchas otras), una música afilada y oscura que describe el terror que muchos viven en su trágico viaje. Palacios ha construido una película de frente, sin recovecos ni sentimentalismos, muestra unas realidades tremendas, las que viven miles de personas que se lanzan al mar para huir de la guerra, la miseria, la violencia y la injusticia que se viven en sus países de origen, huyen de una guerra y se encuentran con otra, la que sufren en el mar, la de aquellos que los rechazan y les impiden llegar a un lugar mejor del que huyen.

Un relato triste y lleno de rabia, desesperanzador y durísimo, que la película consigue mostrar con el equilibrio adecuado, entre esa cercanía para que podamos empatizar con sus imágenes, pero también, la suficiente distancia para la reflexión necesaria, que nos conmovamos con unas imágenes terribles, pero sin caer en la lágrima, sino explorando unas realidades que no acostumbran a mostrarse en los informativos occidentales, siempre tapadas con cifras que no describen el inmenso drama para tantas personas. La película se lanza al vacío, muestra y provoca la reflexión y el pensamiento en los espectadores, sin caer en la superficialidad de otras producciones, aquí no hay épica ni heroísmo, solo unas personas que intentan salvar a otras, personas que actúan con conciencia ante la tragedia del otro, ante la impasibilidad de sus países, y no miran hacia otro lado como hace la mayoría, materializan su ayuda, subiéndose a un barco, enfrentándose a todas las autoridades y trabajando por salvar vidas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/392949016″>CARTAS MOJADAS – TRAILER stereo VOST</a> from <a href=”https://vimeo.com/moradafilms”>MORADA FILMS</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>