Las niñas bien, de Alejandra Márquez Abella

SE ACABÓ EL PASTEL.

“Los cubiertos de plata. El gran Magnier. Las copas de vino blanco. No me convencen los alcatraces, quiero que me los cambien por tulipanes. Le pido a Mari que le pegue sesenta veces al pulpo porque si no queda duro y es una tristeza. Hay una mariposa negra en la pared de la sala. El jardinero me dice que hay que dejar que se salga sola si no es de mala suerte. Es mi fiesta de cumpleaños. Traigo el vestido marfil que me compré en Nueva York. La casa está preciosa. Llena de gente. Todos me miran. Entre los invitados está Julio Iglesias, se me acerca, me dice que me ama, me toma la mano, me lleva con él a España y vivimos en El Corte Inglés”.

La protagonista de la película se llama Sofía de Garay, casada con un heredero acaudalado y madre de tres hijos pequeños. Sofía es la perfecta anfitriona, ambiciosa, altiva, soberbia y obsesionada con las apariencias y los bienes materiales y la imagen personal. Su vida se reduce a contentar a su marido, ordenar a su servicio, jugar al tenis en el club con sus amigas, asistir a eventos sociales y sobre todo, comprar con el dinero del marido, cuidando al detalle en la burbuja que habita.

Un día, la crisis económica estalla en el México de 1982, encendiendo la mecha de que todo ese mundo de Sofía de Garay tiene los días contados, ha empezado a desmoronarse, pero Sofía seguirá aparentando tranquilidad y paz ante sus conocidas, como si nada estuviera pasando, como si todo su universo quedase intacto ante los problemas económicos. Después de Semana santa (2015) primer largo de Alejandra Márquez Abella (San Luis Potosí, México, 1982) en el que retrataba un viaje familiar que sacaba a la luz tantos secretos reprimidos, que tuvo un gran recorrido internacional, vuelve a la dirección con Las niñas bien, basada en la novela homónima de Guadalupe Loaeza, en la que se lanza al convulso año 1982 para contarnos a modo de crónica social y personal la decadencia de una señora de altos vuelos, contando al detalle las miserias de una clase pudiente mexicana autodestructiva y derrochadora, que ve impotente desmoronarse su castillo de marfil, con un marido inmaduro y cobarde en pleno colapso mental y físico, y unos hijos que empiezan a hacer demasiadas preguntas incómodas con las que Sofía nunca llegó a imaginar.

La directora mexicana nos cuenta su película a través de la mirada de Sofía de Garay, una de esas señoronas insoportables y superficiales que tanto habitan en esos espacios de riqueza abundante y poco más. Una mujer que cuida todos los detalles superfluos y aparentes que tanto se valoran en su mundo, en ese universo alejado de la realidad, ajeno a todos los problemas, o quizás no tanto, como demostrarán los acontecimientos que Sofía se niega a ver, a continuar con su mentira cuando la realidad comienza a ser devastadora. Ese mundo de cuento, de pétalos de rosas, música romántica y champán, al ritmo de la música de Julio Iglesias, con el que Sofía fantasea con una vida al lado del cantante y viviendo en hoteles de lujo, caviar y en El Corte Inglés. La estética naif y pop alimentan el mundo de Sofía, y le quitan amargura y oscuridad a la película, llevándola a ese terreno donde los personajes resultan caricaturas de sí mismas y constantemente el relato cuida los detalles para no caer en la burda crítica o el ensañamiento gratuito, sino describiendo con precisión quirúrgica y aplomo los distintos movimientos y conflictos en los que se va encontrando la caída sin remedio del mundo de Sofía.

Una actriz elegante, inmensa y cercana como Ilse Salas era la guinda del pastel, llevándonos con esa naturalidad que nos sobrepasa, conduciéndonos desde el primer instante, como ese espectacular arranque con esa voz en off, la peluquería y la descripción de los detalles de la fiesta, así como sus movimientos y su forma de mirar a esos invitados que tanto odia, pero a la vez, tanto necesita para seguir reinando en su trono. Márquez Abella ha conseguido hilvanar una película grandiosa a partir de los pequeños detalles, de aquellos que son imperceptibles para el espectador, creando ese universo de apariencias, superficialidad y de vacíos, peor haciéndolo con elegancia, clase y sobriedad, sin convertir a sus personajes en meras figuras, sino yendo mucho más allá y describiendo con valentía y profundidad todo ese mundo clasista que tanto ha vivido en México, y desgraciadamente, en tantos otros países, donde viven ajenos a toda la realidad social, y es de agradecer que la película retrate a una mujer y su reino de cristal romperse, desmoronarse y caerse sin remedio, y cómo la va afectando y lo que trata de mentir y falsear en su círculo social, haciendo creer lo inevitable, agarrándose a la última puerta lujosa aunque ya no quede ni rastro material de la vida que tuvo y sobre todo, de ella misma. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El viaje de Marta, de Neus Ballús

EL (DES) ENCUENTRO CON EL OTRO.

“Nada es más difícil que aprender a mirar a alguien, a ser mirado de cerca por otro.”

 Antonio Muñoz Molina

Corría el año 2013 cuando apareció La plaga, del tándem Neus Ballús (Mollet del Vallés, 1980) y Pau Subirós (Barcelona, 1979). Ballús en la dirección y comontaje, y compartiendo producción y guión con Pau. La plaga nos hablaba de un país en crisis, a partir de un retrato naturalista y sensible, a medio camino entre la ficción y el documento, para hablarnos de la difícil cotidianidad de unos supervivientes en los márgenes. Seis años después nos llega el segundo trabajo del tándem Ballús-Subirós, pero esta vez han dejado la periferia del Vallés para viajar hasta Senegal, situándonos en uno de esos resorts en los días previos a la Navidad. En semejante espacio, lugar idílico para el turista occidental, donde transita alejado de la realidad social del país para enfrascarse en su aventura más superficial, en aburridas rutas de safari, en paseos para conocer el entorno más amable, realizar juegos acuáticos en el hotel y conocer el folclore más exótico y simpático.

En ese entorno occidental en África, conoceremos a una peculiar familiar a través del punto de vista de Marta, una chica de 17 años, asqueada por el viaje y compartir con su padre, al que hacía tiempo que no veía, uno de esos blancos que hacen negocio con el turismo, algo simpático, y más preocupado de sus business que de sus hijos y sus problemas, y también anda Bruno, el hermano pequeño de Marta, convertido en un aliado imbuido por la tecnología. Y así andan las cosas, los días en el resort van cayendo uno tras otro mientras el agobio y la desazón de Marta van en aumento, cada vez más ausente y distante, y más tiempo alejado de los suyos, hasta que cruza la frontera, sumergiéndose en el “Staff Only” (al que hace referencia el subtítulo de la cinta) donde conocerá a Khouma, un joven mayor que ella que se dedica a realizar esos vídeos para sacarles un cuántos euros de más a los turistas, y a Aissatou, una limpiadora de habitaciones. Marta profundizará con sus “nuevos” amigos y descubrirá una cara diferente de Senegal, que la llevará a alejarse de su familia, y dejarse llevar con sus amigos, experimentando esa realidad que el turista nunca ve, esa que está afuera, lejos del ideal falso del resort.

De la mano de Marta, o mejor podríamos decir, que a través de su mirada, iremos conociendo el otro rostro menos amable y más real, los verdaderos intereses de los autóctonos, una realidad muy diferente a la suya, una realidad que chocará con los valores y costumbres occidentales de Marta. Situación que la llevará a replantearse las cosas, sus sentimientos y a acercarse más a su padre, a sus ideas y a reconciliarse con él. Ballús vuelve a mostrarnos diferentes realidades que se nos escapan, que viven invisibles dentro de un mismo entorno, mostrando las múltiples cotidianidades tan desiguales e injustas que conviven en el mismo espacio, pero no lo hace desde la condescendencia o el sentimentalismo, sino todo lo contrario, que recuerda en ciertas formas y narrativas al cine de Ulrich Seidl y su aproximación al turismo occidental en África en su Paraíso­: Amor (2012) explorando de forma sincera, profunda y honesta todas sus realidades, todos sus personajes, todos sus intereses, los choques culturales e idiomáticos, y al diversidad de intereses de unos y otros, consiguiendo un retrato certero y conciso de todo ese universo complejo y multicultural que se mueve en estos espacios hoteleros.

La joven protagonista no solo crecerá a un nivel físico, sino también emocional, valorando todo lo que tiene y sobre todo, conociendo todas esas realidades que se mueven en su vida y en su mirada, porque lo que nos explica de forma clara y apabullante Ballús es que para ver a los demás y conocerlos en sus realidades y complejidades, primero deberíamos conocernos a nosotros mismos, entendiéndonos profundamente, y viviendo con nuestras emociones volubles, nuestras vidas vulnerables y toda esa extrañeza que nos atrapa en situaciones en las que nos cuesta reconocernos en los demás y sobre todo, a nosotros mismos. La luz cálida e íntima de Diego Dussuel, que repite con Ballús, crea ese ambiente amable, pero también oscuro que se va desarrollando a lo largo del metraje entre los personajes y sus derivas emocionales, con el preciso montaje que deja que las situaciones se vayan desarrollando en una especie de laberinto, tanto físico como emocional por donde se van desplazando los personajes, con esa interesante mezcla entre las diferentes texturas de cine y video, que acaba creando un espejo deformante donde libertad y prisión emocionales se miran, se reconocen, pero también se alejan y discuten. Sin olvidarnos la cercanía del sonido obra de Amanda Villavieja que captura de forma extraordinaria la diversidad sonora y los contrastes que conviven en la cinta.

El fantástico reparto que ha logrado reunir Ballús emana espontaneidad, veracidad y cercanía, con un natural y estupendo Sergi López, único actor profesional de la película, que se mueve en su salsa, dando vida a ese padre que también deberá aprender a acercarse a su hija y sobre todo, a conocerla y a hablarle de otra forma, como una mujer, la magnífica debutante Elena Andrada dando vida a esa Marta en pleno apogeo de descubrimiento y hastiada de su padre, que deberá reencontrarse con los suyos y con ella, y los formidables intérpretes africanos con Ian Samsó que interpreta a Khouma, un buscavidas que encuentra en los turistas una forma de subsistir en un entorno difícil, y Madeleine Codou Ndong que hace una Aissatou que mostrará a Marta esa realidad que se escapa del turismo modelo. Ballús-Subirós vuelven a demostrar que con poco se puede hablar de mucho, desde la sinceridad y la honestidad, sin olvidar que en las situaciones más difíciles también hay espacio para lo humano, a través de la sensibilidad y el encuentro con el otro donde nos reflejamos a través de lo que somos y lo que sentimos. El viaje de marta es una película valiente y necesaria, llena de vericuetos narrativos y emocionales, repleta de situaciones complejas y difíciles, que no se olvida del sentido del humor en una película que explica tantas realidades e intereses diversos, en un entorno de múltiples rostros y entornos, explicándonos con arrebatadora naturalidad y sencillez el choque con el otro, las relaciones con el diferente, que quizás no lo es tanto, confrontando esos espejos físicos y sobre todo, emocionales que tanto nos ayudan a seguir creciendo y conociéndonos más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ana Fernández

Entrevista a Ana Fernández, actriz en la película “Abuelos”, de Santiago Requejo. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en los Jardines del Palau Robert en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Fernández, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Santiago Requejo

Entrevista a Santiago Requejo, drector de la película “Abuelos”. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en los Jardines del Palau Robert en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Santiago Requejo, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Abuelos, de Santiago Requejo

TRES HOMBRES Y UN DESTINO.

‘‘Cuando la experiencia ya no cuenta, emprender es el camino”.

Isidro tiene 59 años y lleva dos años intentando trabajar pero no hay manera, la edad es un problema ya que las empresas quieren gente joven, como ejemplifica el arranque de la película con esa secuencia humillante en el que Isidro se enfrenta a las nuevas formas y tácticas laborales para captar empleados. Arturo es un maduro escritor de novelas románticas que vive plácidamente en su reclusión de soltero empedernido, cuando un día se presentan en su casa una hija y su nieta de las que desconocía su existencia. Desiderio es un jubilado apañado que desea fervientemente ser abuelo. Los tres son amigos de hace muchos años. Los tres unirán sus fuerzas para montar su propio negocio, no será nada fácil, pero con ilusión, fuerza y muchísimas ganas harán lo impensable para abrir su guardería. La puesta de largo de Santiago Requejo (Plasencia, 1985) mira a las personas mayores, a las personas en ese intervalo de vida en el que todavía no son tan mayores como para no trabajar, pero tampoco tienen esa edad que encaje en un mercado laboral exigente, cambiante y sobre todo, joven. Requejo se detiene en ese grupo de personas que los hijos utilizan para cuidar de sus hijos o pedir ayuda cuando la necesitan, personas para echar una mano, y nada más.

La película se mueve en ese tono ligero y amable, eso sí, no se trata de una comedia sin más, si no en algo más, en algo más profundo, en un relato que ahonda en la tragedia que sufren tantas personas mayores cuando son literalmente desplazadas del trabajo, y por lo tanto de la vida, todo ese grupo de personas que con la crisis se vieron forzadas al desempleo y convertirse en meras comparsas de sus familias y sobre todo, de sus vidas. El director placentino mira con sinceridad y honestidad a sus personajes, sumergiéndonos en su oscura cotidianidad, una realidad triste y solitaria para muchos de su edad, pero no lo hace de manera condescendiente, sino todo lo contrario, haciendo de su difícil empresa contra viento y marea su razón de ser, de volver a sentirse útil, de volver a vivir. Seguiremos con atención su pericia en el mundo de los emprendedores, desde que tienen la idea, la respuesta de sus allegados, el conocimiento del universo “coworking” o las ideas de negocio y la puesta en marcha de su empresa que necesitan de la mano de Bruno, uno de los ases de la expendeduría.

Requejo construye un relato humanista e íntimo en el que mezcla con acierto y sabiduría a estos tres amigos con los avatares de su posible negocio con su intimidad en el hogar, en la que Isidro tendrá tensiones de pareja con su mujer Amalia en la forma de encarar la idea del negocio y cómo afecta a su matrimonio. Arturo más de lo mismo con su nueva función de padre y abuelo y las difíciles relaciones con su hija Violeta y el cargo de su nieta. Desiderio en su afán de ser abuelo deberá dar cobijo a su hijo y nuera ya que la situación económica de ambos es nefasta, y mientras, sin comerlo ni beberlo, conocerá a Teresa, una mujer que le despertará sentimientos que creía olvidados desde que quedó viudo. Es de agradecer que un director debutante vire su película a la gente mayor, a ese grupo de personas que todavía tienen muchas cosas que decir y que hacer, mirándolas de frente y con veracidad, en una cinta que profundiza con talento y humildad, sin caer en sentimentalismos baratos de otras producciones, en los problemas de aquí y ahora que viven en su cotidianidad, la falta de empleo, el cuidado de los nietos, las distensiones de pareja, la soledad, el mirarse al espejo y no sentirse inútiles, y las ganas de empezar de nuevo, de encarar la vida, de plasmar las ideas por muy descabelladas que en un principio parezcan. La película se centra en ellos, les da ese protagonismo necesario, y los convierte en el centro de la acción, emergiéndolos a una posición en primera línea que en muchas otras películas les relegan a una terna secundaria o de simple acompañamiento.

Un reparto bien ajustado y sobrio que interpretan con dignidad y aplomo Carlos Iglesias dando vida a Isidro, el timón de todo este tinglado, Roberto Álvarez como Arturo, ese maduro seductor que se envuelto en el berenjenal de ser padre y abuelo de un día para otros, y Desiderio, ese jubilado que quiere ser abuelo y tendrá que ser primero padre y luego novio. Bien acompañados por Ana Fernández como Amalia, Mercedes Sampietro como Teresa, Clara Alonso como Violeta y Eva Santolaria como nuera de Desiderio, que lo entiende mucho más que su propio hijo, y finalmente, un simpático Raúl Fernández de Pablo como ese emprendedor que se come el mundo pero en el amor no da una. Requejo ha compuesto con humanidad y sensibilidad una historia real y de ahora, con esos toques de comedia necesarios y valientes, que ayudan a mirar mejor la película, con esa mirada tragicómica que tiene la existencia humana, y sobre todo, la empresa que tienen entre manos estos tres amigos maduros, que no es nada fácil, pero tampoco es tan tarde para emprenderla ni mucho menos tan difícil. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sordo, de Alfonso Cortés-Cavanillas

EL SILENCIO DE UN HOMBRE.

Nos sitúan en el año 1944 en plena posguerra y en algún lugar junto a la frontera, cuando un grupo de guerrilleros entra en España como avanzadilla de la que se llamó “La Reconquista” para acabar con Franco. La operación se va al traste cuando el ejército le sabotea la demolición de un puente, el grupo es reducido, apresado Vicente, el jefe del grupo, y Anselmo, amigo del alma de éste, se queda sordo debido a la explosión y huye despavorido al monte. A partir de ese instante, se inicia una persecución sin cuartel de las fuerzas del orden para capturar al fugitivo, que se encuentra solo, asustado y sordo. Alfonso Cortés-Cavanillas quedó fascinado cuando leyó el cómic Sordo, de David Muñoz y Rayco Pulido, y se puso manos a la obra para llevar a la gran pantalla este relato introspectivo e íntimo sobre un hombre solo que intenta sobrevivir a pesar de las circunstancias adversas y sus enemigos que le acechan. Cortés-Cavanillas aglutina una gran experiencia en el medio televisivo, además de haber debutado en el 2012 con Los días no vividos, un drama apocalíptico protagonizado por Ingrid Rubio en el que ya estaban, entre otros, Asier Etxeandia que da vida al huido y perseguido Anselmo, y Ruth Díaz que interpreta a Elvira, en una de las secuencias más tensas de la película.

El guión firmado por Juan Carlos Díaz y el propio director enmarca la acción en bellos y fascinantes paisajes del norte, donde el pueblo, los bosques y la tierra forman parte de ese escenario donde la vida y la muerte siempre están pendiendo de un hilo fino y excesivamente frágil. Un relato en el que seguiremos el aliento, el sudor y la sangre de Anselmo, un animal herido indefenso y asustado que se mueve como una alimaña nerviosa por el interior del bosque, con esa luz sombría y oscura de Adolpho Cañadas, colaborador habitual de Cortés-Cavanillas, que recuerda a la de Teo Escamilla para El corazón del bosque, de Manuel Gutiérrez Aragón, en la que la película está emparentada, por argumento, situación geográfica y luz, aunque en aquella el conflicto era interno entre maquis. Un western en toda regla, un western ambientado en la difícil y sangrienta posguerra española, donde los vencedores, que encarnan tipos como el Capitán Bosch, imponen su ley y obediencia a palos y tiros, mientras el Sargento Castillo, que vivió la contienda bélica aboga más por una reconciliación que se antoja imposible. Por otro lado, los vencidos, encarnados por el oculto Anselmo, el detenido Vicente, torturado y machacado, y Rosa, la mujer de Vicente, callada y con miedo.

La fábula de corte histórico mezcla momentos de pura acción al mejor estilo Ford, con esa persecución a caballo por la pradera, con otros como el Leone de la Trilogía del dólar o el Corbucci de El gran silencio, película-espejo en la que Sordo encontraría uno de sus reflejos más cercanos, y esos otros donde el spaguetti-western hizo diabluras, como la secuencia que presentan a la francotiradora rusa en esa taberna de pueblo, al mejor estilo de tiros y sangre, con el sello de Peckinpah, o esos relatos fronterizos que tan buenos westerns fronterizos ha dado que todos los amantes del género recuerdan. O el cine de Melville con Le Samuraï, donde lucha física e interna eran los sólidos pilares de un relato noir moral y magnífico. Quizás en algunos instantes la película se alarga demasiado, y un metraje más reducido hubiera ayudado a aligerar su carga dramática e imponer un ritmo más acorde con sus imágenes. No obstante, la película mantiene su pulso narrativo en muchos momentos y sabe contagiarnos con sus imágenes poderosas y sublimes, esa música valiente y personal de Carlos Martín Jara, que recuerda a algún que otro maestro del género, y ayuda a compartir las tensiones dramáticas tanto de su desdichado protagonista como de la triste acción que cuenta.

Y qué decir de su espléndido y ajustado reparto en el que sobresalen un espectacular y brillante Asier Etxeandia echándose la película a sus espaldas, interpretando a un tipo idealista y revolucionario que cree en la libertad y en el sueño de derribar a Franco, y poco a poco se deberá enfrentar a una realidad muy distinta, un tipo perdido y solitario que no oye a nadie ni siquiera a él mismo, situación que lo hace más vulnerable y peligroso, casi un espectro en la bruma y en el interior del bosque, bien acompañado por un antagonista de altura el que encarna Aitor Luna dando vida a ese capitán despiadado y firme, creyente y fascista hasta la médula, que impondrá su propia ley del talión, Imanol Arias, siempre estupendo y natural que da vida a ese sargento cansado de tanta guerra e intenta parar esa sangría inútil como puede, Marián Álvarez como Rosa, que encarna a tantas mujeres con los maridos presos, huidos o asesinados que tanto abundan en la posguerra y el franquismo, Hugo silva, casi irreconocible, muy diferente a sus papeles más ligeros, da vida a ese guerrillero sensato y sobrio que no se fía de nada ni de nadie, y ve su lucha necesaria pero también muy difícil, y por último, Olimpia Melinte como esa mercenaria rusa, despiadada y cruel, que no cesará en su empeño de dar caza a ese indio huido y enemigo.

Un cuento bien urdido a nivel argumento y narrativo, elegantemente filmado y con hechuras de película sólida y compleja, con momentos de acción física e introspectiva, donde conocemos el ambiente y la tragedia que recorría todos los lugares del espacio en esos instantes, con esos rostros despedazados por la tragedia de la guerra e intentando sobreponerse a tanta ausencia, sangre y negrura, y otros, imponiendo su ley a fuerza de martillo y palos, en el eterno conflicto entre unos y otros, una lucha que define la historia del país, sobre lo que sucedió después de la guerra o podríamos decir que la guerra acabaría en el 82, u otros dirán que la guerra sigue y sus heridas siguen sin cerrarse y el país es irreconciliable, quizás unos cazan y los otros son cazados, o intentan no serlo, porque como se desarrollan las diferentes acciones de la película, quizás todos en algún instante de nuestras vidas hemos sido como Anselmo y tantos otros idealistas que soñaron con cambiar realidades duras y llenas de odio, y hemos intentado seguir con vida cueste lo que cueste y manteniendo viva la llama de un ideal y una lucha que en el fondo sabemos de antemano que no resultará. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/357358754″>SORDO TRAILER DEFINITIVO</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Quim Gutiérrez

Entrevista a Quim Gutiérrez, actor en la película “Litus”, de Dani de la Orden. El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de septiembre de 2019 en el Hotel Casa Fuster en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Quim Gutiérrez, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Marién Piniés de A Contracorriente Films, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.