Meseta, de Juan Palacios

LO BELLO Y LO TRÁGICO.

“Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho”.

Henry David Thoreau

La película nos da la bienvenida con un mapa cartográfico mirado desde el cielo, donde observamos, mediante un plano lento y conciso, los accidentes geográficos de lo que podemos divisar como una planicie, sinuoso y agreste, una sucesión de líneas curvas e imperfectas, que podría pertenecer a cualquier lugar de la España rural, ese espacio que el tiempo y las necesidades personales va despoblando y alejándolo de todo. Luego, la película bajará a la tierra, para mirar el cielo desde ahí, observando uno de esos pueblos de la meseta castellana, y filmando a sus gentes, a sus pocas gentes, que todavía habitan esos espacios. El cineasta Juan Palacios (Eibar, 1986), había debutado en el largometraje, con Pedaló (2016), un documento sobre tres amigos aventureros que se proponen navegar por el Cantábrico, a bordo de un pedaló de segunda mano.

Cuatro años más tarde, nos propone Meseta, donde firma el guión, el montaje y al dirección, una nueva aventura, esta vez, más hacia adentro, volviendo al terreno del ensayo, del documental observacional, de la experimentación, retratando la España despoblada, en un viaje inmersivo y sensorial, en el que nos va trazando un mapa físico y emocional de los espacios que fueron y quedan, y de las pocas gentes que fueron y quedan, siguiendo el trabajo de un pastor de ovejas, que recorre las llanuras, junto a las autovías, el de un fotógrafo que registra imágenes atávicas que pertenecen a otro mundo, otra historia, a la de un par de niñas que caminan por el pueblo vacío y los alrededores, intentando inútilmente cazar pokémons que no encuentran, un pescador en el río que habla de la dificultad de encontrar pareja, un dúo musical, popular en el pasado, recuerdan quiénes fueron y sobre todo, la historia del pueblo, la carretera nacional que lo atravesaba y regaba de turistas y curiosos el lugar. Ahora, con la autovía, la carretera está desierta y ya no pasa nadie, y esa decisión, para bien o para mal, como explica uno de ellos, ha cambiado radicalmente la fisionomía del pueblo. O el anciano que para combatir el insomnio cuenta las casas deshabitadas del pueblo, peor como hay tantas, nunca llega al final, porque se duerme antes.

Palacios retrata el espacio rural y humano, a través de la mirada crítica, donde hay espacio y tiempo para todo, para la idea romántica del pueblo, y para la tragedia del pueblo, donde se funden belleza y fealdad, en la idiosincrasia cerrada de los habitantes de los pueblos, la belleza intrínseca de un paisaje vasto y natural, la paz y tranquilidad que se respira y se halla, la falta de trabajo que ha empujado a los jóvenes a abandonarlo, la falta de una economía sustituyente al trabajo manual que mantuvo el pueblo tantos siglos, y sobre todo, el envejecimiento de los que quedan, de las pocas personas que siguen en sus casas, siendo testigos de un tiempo que desaparece con ellos, un tiempo que se extingue, un tiempo de la memoria, que la película retrata trazando un mapa humano y emocional, donde lo físico, casi fantasmal, como una película de terror, y lo personal, se mezclan, creando un espacio donde el silencio y el vacío acaban devorándolo. El impecable y sobrio trabajo de sonido que firman el propio director, junto a Fatema Abdoolcarim, Rubén Cuñarro, Alberto Peláez, Julio Arenas, convierten a Meseta, no solo en una muy física, sino también, muy profunda, en esta aventura introspectiva, en que cada plano y encuadre de la película, traspasa la pantalla, alojándose en lo más profundo de todos nosotros.

La película huye completamente de esa mirada romántica del pueblo, para adentrarse en las múltiples miradas y experiencias vividas en el pueblo, desde lo bello y lo trágico, desde tantos puntos de vista, que consiguen crear una idea mucho más amplia y real de lo que han sido, son y desgraciadamente, no serán mucho de los pueblos de la España rural. Palacios consigue lo que se propone, porque sus imágenes no juzgan ni se posicionan, sino que observan y capturan el presente de un pueblo, donde el retrato y su propia cartografía, nos transportan a su pasado, y también, su no futuro, a través de sus gentes, de lo que piensan, lo que hacen, lo que recuerdan, y sobre todo, lo que sienten, porque la película se adentra en lo personal y lo humano, sin dejar de mirar ese paisaje natural y salvaje, un territorio que cuenta muchas cosas si se le mira con tiempo y detenimiento, alejándose de tantas prisas y carreras inútiles de las ciudades, convirtiéndose la película en una oda de la mirada y el tiempo necesario para que ese mirar nos transporte a ver más allá, aquello que sucede tanto en el cielo como en la tierra que pisamos, con sus silencios, sonidos y demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/333812359″>INLAND_Official Trailer II</a> from <a href=”https://vimeo.com/doxa”>Doxa Producciones</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

 

 

Nuestras derrotas, de Jean-Gabriel Périot

LA JUVENTUD FRANCESA.

“Sí, hará un hermoso día. El sol de la libertad calentará la tierra con más felicidad que la aristocracia de las estrellas. Nacerá una nueva generación engendrada entre abrazos libres, y no entre la servidumbre y el control eclesiástico. Así nacerán también pensamientos y sentimientos libres, que nosotros, esclavos natos, desconocemos. Cuánto nos costará imaginar lo terribles que eran la noche en que vivíamos y la lucha que librábamos contra odiosos espectros, policías estúpidos e hipócritas criminales”.

Heinrich Heine (citada en un fragmento de La salamandra, de Tanner)

En Avanti popolo (2012), de Michael Wharmann, se resituaba la relación del pasado político de los sesenta y setenta con la actualidad de nuestro tiempo, evidenciando la derrota de las ideologías en la sociedad de consumo. Nuestras derrotas, de Jean-Gabriel Périot, es un ejercicio que parte de la misma base, enmarcado en la relación entre el pasado político y reivindicativo, volviendo al cine del Mayo de 1968, y su resonancia en las mentes de un grupo de adolescentes estudiantes de bachillerato, de primer grado de cine del Instituto Romain Rolland de Ivry-sur-Seine, ubicado en el distrito XIII de París.

El cineasta Jean-Gabriel Périot (Bellac, Francia, 1974), lleva casi dos décadas dedicado al cine documental, experimental y ficción, en el que interroga a través de un exhaustivo y preciso montaje para bucear en la historia y la violencia a partir de archivos fílmicos y fotográficos. Ahí están sus extraordinarios filmes como Una juventud alemana (2015), en la que escarbaba en el fenómeno de la lucha política y social de los años sesenta a través de la facción del Ejército Rojo en Alemania, o en Lumières d’eté (2016), en la que a través de un cineasta de ficción, investigaba las consecuencias de la bomba de Hiroshima en Japón. En Nuestras derrotas convoca un dispositivo muy novedoso y acertadísimo, en el que plantea a sus alumnos la reconstrucción de fragmentos de películas políticas de Mayo del 68, unos delante y otros, detrás de la cámara, en las que encontramos la citada La salamandra, La Chinoise, de Godard, Camarades, de Marin Karmitz, À bientôt, j’espère, del gran Chris Marker (el cineasta ensayística por excelencia, que más ha investigado el archivo y sus circunstancias históricas, sociales, políticas y culturales), y Mario Marret, una película del Grupo Medvedkine, y otras piezas sobre protestas, huelgas y reivindicaciones laborales. Remakes filmados en blanco y negro, en la que se han recogido contundentes mensajes políticos.

A partir de las filmaciones, Périot entrevista a los alumnos sobre lo que acabamos de ver, preguntándoles acerca de las imágenes que acaban de protagonizar. La seguridad y la contundencia que denotan en las secuencias, pasa a un desconocimiento absoluto sobre los términos que acaban de defender con claridad en la escena, respondiendo con esa inocencia y espontaneidad que los caracteriza y muy propia de su edad. El cineasta francés repite las secuencias con otros alumnos, y en las entrevistas sigue indagando en la realidad actual de los discursos cincuenta años después, en mundo deshumanizado y capitalista, en que lo colectivo ha dejado paso a una individualización exacerbada de la vida social de las personas. A medida que avanza la película, vamos observando la evolución de las diferentes respuestas y reflexiones de los alumnos, en un proceso que alcanzó los seis meses de duración, en el que va despertando su conciencia social y política, no en un sentido profundo pero si concienciador, en qué términos como solidaridad y fraternidad alcanzan un poso más real e íntimo, y más aún, cuando son testigos de un hecho capital para ese cambio interior, ya que en su colegio unos chavales son duramente castigados por una pintada reivindicativa.

Périot utiliza la materia sensible y humana del cine para ir más allá, sumergiéndonos en un marco, no ya solo de investigación de las imágenes de las películas en litigio, sino de la capacidad del cine como herramienta esencial para el pensamiento, las ideas y al reflexión, a través de estudiantes de bachillerato enfrascados en sus vidas e historias, en su intento maravilloso en despertarles su conciencia política a través de sus sentimientos y sus formas de ser y sobre todo, expresarse, experimentando en otros caminos posibles para acercar la política de un modo más íntimo y personal a personas que en principio la encontrarían aburrida e incomprensible. Un trabajo pedagógico de primer orden y magnífico, que no solo abre distintas posibilidades de acercar la política a aquellos que no la entienden o simplemente, la desconocen por falta de interés, sino que promueve herramientas magníficas y concienciadoras, que tanta falta hacen en un mundo abocado a la superficialidad, el vacío y la robotización. La película de Périot promueve ideas, análisis y profundidad, a través de su vertiente conciliadora y convirtiendo la política en un acto de conocimiento personal, cotidiano y esencial para la resolución de conflictos en nuestro entorno y en nuestras vidas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Maider Fernández Iriarte

Entrevista a Maider Fernández Iriarte, directora de la película “Las letras de Jordi, en la terraza de la Cafetería Cosmopolitan en Barcelona, el jueves 12 de marzo de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maider Fernández Iriarte, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Calleja de Prismaideas, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Las letras de Jordi, de Maider Fernández Iriarte

(RE) ENCONTRARSE CON EL OTRO.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos”

Thich Nhat Hanh

Todo arrancó como un proyecto en el Máster de documental de creación de la Pompeu Fabra en Barcelona, en un momento en que Maider Fernández Iriarte (Donostia, 1988) atravesaba una experiencia personal muy profunda sobre la fe, que le llevó a conocer a Jordi, un tipo de mediana edad con parálisis cerebral que le impide hablar. De aquellos encuentros nació una película, Las letras de Jordi, en la cual Maider y Jordi se comunican mediante una tabla de cartón, recubierta de plástico, en las que hay escritas las letras del abecedario. Jordi va señalando las letras y Maider las va diciendo en voz alta, en un acto íntimo, de generosidad, de abrirse al otro, y sobre todo, un acto de amor, donde el tiempo se detiene, donde la comunicación lo llena todo, donde las palabras adquieren un peso enorme, donde el diálogo se viste de paciencia y muchísima concentración.

La opera prima de Fernández Iriarte tiene mucho que ver con sus anteriores trabajos, películas cortas en las que indagaba también en la relación con el otro, los más cercanos, mediante las imágenes, donde primaba una intimidad profunda y cálida. Si bien Jordi era un desconocido al que empezó a retratar y a entender mediante su forma de comunicarse, la película aborda lo íntimo y aquello que se va construyendo mediante el encuentro con el otro, el intimísimo intercambio de palabras, el mirarse y reconocerse en el valor inmenso de las palabras, aunque no sean dichas por Jordi, pero que resuenan en el alma del otro, en ese gesto humano, podríamos decir espiritual, donde el tiempo se detiene, deja de existir, y el pequeño espacio, la habitación de Jordi en la residencia donde vive, se convierte en algo especial, en un lugar donde la comunicación vive y acerca a dos personas que hacen el esfuerzo de dialogar pese a las dificultades, de ese mágico encuentro que es comunicarse, entenderse y abrirnos al otro.

La directora vasca coloca la cámara que actúa como testigo de su encuentro con Jordi, una cámara quieta, una cámara imperceptible en casi toda la película, que está ahí, pero no intercede, no guía a los espectadores, solo capta ese instante, el del encuentro entre Jordi y Maider. Una cámara-mirada que cambiará de ángulo en las diferentes secuencias-encuentros de Jordi y Maider, casi siempre en la residencia, pero también en algún que otro instante en el domicilio de los padres de Jordi, o las secuencias del viaje a Lourdes de Jordi (como nos retrataba la película Hospitalarios) un ser vital, lleno de alegría, que ha perdido el contacto con Dios, que no sabe si volverá a recuperar, como refleja ese maravilloso instante cuando Jordi ve en su monitor La canción de Bernadette, la clásica película hollywodiense que capta la aparición de la Virgen a la joven francesa en Lourdes. O el sutil y sentido montaje obra de la cineasta Virginia García del Pino, y el sonido de Amanda Villavieja, otro nombre importantísimo en este cine de las emociones e historias profundas, dos elementos capitales en este relato-retrato que cose con pausa la película.

Aunque quizás el instante más emocionante sea cuando Maider, de vacaciones en su tierra, llama por teléfono a Jordi y en un magnífico plano quieto, asistimos a la conversación en el que escuchamos la alegría de Jordi, su entusiasmo por escuchar las palabras de Maider, donde la película trasciende su marco cinematográfico para elevarse mucho más allá, para convertirse en un canto a la vida y al amor, a consumar la importancia vital y esencial de la comunicación como el hecho fundamental con el otro, en el que la tabla de cartón, por la que se comunica Jordi, deja de ser el medio imprescindible pasando a ser un objeto ausente, porque Jordi y Maider ya han llegado a ese momento tan especial en el que las palabras dejan espacio a las emociones y a lo que nos bulle en nuestro interior, cuando nos reflejamos en el otro, nos sentimos parte del otro, en una comunicación muy emocionante y espiritual.

Fernández Iriarte ha construido una película magnífica y envolvente, a través de una sencillez expositiva y transparente, en la que reivindica y constata la comunicación como un acto de fe, de generosidad y de paciencia, a través de la voluntad de entendimiento, de verse en el otro, de detenerse, de la espera y sobre todo, de la riqueza del otro, de escucharle detenidamente, sin prisas, ni condescendencias, solo concentrando captando lo que el otro quiere explicarnos, atentos a este maravilloso instante cuando el mundo deja de existir, y estamos profundamente concentrados en aquello que viene del interior del otro, de sus palabras, de las letras de Jordi, esas letras que se convierten en otra cosa, adquiriendo todo su significado cuando Maider las entiende y captura con su cámara ese inolvidable instante donde todo adquiere su verdadero significado y valor, donde la palabra vuela hacia el otro, y el otro, la recoge y la entiende, y entiende al otro, en un gesto no solo de comunicación, sino en un gesto que tiene que ver con el hecho de vivir y amar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/315449564″>Trailer LAS LETRAS DE JORDI / JORDI’S LETTERS VOSE</a> from <a href=”https://vimeo.com/srsra”>Sr.&amp;Sra.</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Carlota Bujosa

Entrevista a Carlota Bujosa, directora de la película “Bubota”, en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el domingo 17 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlota Bujosa, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Júlia Talarn de La Costa Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Oskar Alegria

Entrevista a Oskar Alegria, director de la película “Zumiriki”, en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del CCCB en Barcelona, el viernes 15 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Oskar Alegria, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Júlia Talarn de La Costa Comunicació, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Lucio Castro y Ramón Pujol

Entrevista a Lucio Castro y Ramón Pujol, director y actor de la película “Fin de siglo”, en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 15 de noviembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lucio Castro y Ramón Pujol, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Maite Robles de Filmin, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Juan Tomás Ávila Laurel

Entrevista a Juan Tomás Ávila Laurel, escritor y protagonista de la película “El escritor de un país sin librerías”, de Marc Serena, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 3 de diciembre de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Juan Tomás Ávila Laurel, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Carla Gómez de Comunicación de la película, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Fin de siglo, de Lucio Castro

EL AMOR Y EL TIEMPO.

 “Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”

Mario Benedetti

La película arranca como esas películas de Rohmer en las cuales un personaje llega a una ciudad, en este caso Barcelona, se aloja en un piso, y callejea por sus calles, mirando a su alrededor, con tiempo para disfrutar de ese ambiente tranquilo, relajado y suave. Un prólogo en silencio, donde solo escuchamos el sonido de la cotidianidad del protagonista y la calle. Pero, pronto las cosas cambian, el visitante de nombre Ocho, se tropezará con Javi, y disfrutarán del sexo. Luego caminarán por la ciudad, por esa ciudad alejada de turistas, visitarán algún museo que otro, y divisarán la ciudad desde lo alto mientras comparten un queso y unos vinos, y además, hablarán de lo efímero de la existencia, los estados inciertos de cada uno y sus estados emocionales actuales. El director Lucio Castro (Buenos Aires, Argentina, 1975) después de una interesante trayectoria en el cortometraje, realiza una ópera prima repleta de hallazgos formales y visuales, contándonos varias películas dentro de una, con ese prólogo silencioso y enigmático, de un extranjero que llega a una ciudad que conoce, que desconocemos que hará y con quién se encontrará, casi como una película de misterio a la antigua usanza, luego, nos introduce en una historia de amor de chico conoce a chico, situándolo en un estilo cercano y sencillo, donde sus personajes hablan de la vida, de la existencia y demás, todo con un aire del aquí y ahora.

Aunque en un segundo bloque, el relato novedoso y peculiar, muy alejado de las típicas love story, nos traslada veinte años atrás, cuando Ocho y Javi se conocieron, mientras en otras circunstancias, y con el final de siglo, el 1999 a las puertas, donde los dos jóvenes tenían, como suele pasar, otras inquietudes profesionales y emocionales. A partir de ese instante, la película entra en otra dimensión, donde todo es posible, en que el tiempo y el espacio dejan de tener esa solidez tangible y se convierten en algo más nebuloso y especial, donde las cosas cambian de forma y estado, entre ese camino donde la película con tintes fantásticos, peor muy íntimos, conjuga a sus personajes y sus estados en otra cuestión, los lleva a convertirlos en otros, o simplemente, los introduce en esas vidas que no vivimos, en esos instantes que imaginamos peor que nunca vivimos o sí, porque el relato plantea una vida vivida o no, y aquella que vivimos o no, lanzando caminos abiertos que quizás caminemos alguna vez o quizás ya los hemos caminado en sueños.

Castro convierte su película en un relato romántico con ese aroma de la trilogía de Linklater con Hawke y Delpy, y esas derivas emocionales de una pareja a lo largo de su relación, o los universos reales e imaginarios de Gondry o Charlie Kaufman, mezclado con ese tipo de películas queer al estilo de Weekend, La herida o 120 pulsaciones por minuto, donde hay situaciones y personajes veraces, íntimos y actuales. El argentino Juan Barberini y el catalán Ramón Pujol  se meten en la piel de dos personajes sinceros y cercanos  que encarnan a la perfección la naturalidad y la complejidad de sus roles, y dándolo todo en las secuencias de sexo, mostrando su capacidad para mostrar esa relación fugaz o no, donde hay tiempo para la intimidad más sexual y pasional. Y Mía Maestro, la interesante actriz argentina, aquí da vida a uno de esos personajes que actúan como punto de inflexión para el devenir de los personajes principales, convirtiéndose en una especie de nexo común con los relatos que experimentan Ocho y Javi.

Una película alejada de estereotipos y corrientes del momento, centrada en saborear como una dulce brisa de primavera todo aquello que nos cuenta, en un marco sencillo y evocador, que se aleja de esa Barcelona asfixiada por el turismo invasor, yéndose a otros lugares más mágicos y naturales como el jardín botánico o el museos, como ese gran instante que viven los dos protagonistas que frente a un cuadro sobre una batalla, ocho explica que cuántos relatos de personas le hicieron falta al pintor para mostrar una batalla que no vivió. Una cinta pequeña pero emocionante, que se ve y experimenta desde diferentes tipos de miradas, que sabe captar ese tiempo incierto donde todavía andamos perdidos, andamos sin rumbo, donde todavía no sabemos qué hacer y sobre todo, nos inquieta que será de nuestras vidas, de todas aquellas personas que pasarán por nuestras vidas, algunas se quedarán, pocas, y las demás se irán para siempre o no, del amor fugaz o aquel que aguantará algo más, de las idas y venidas vitales, emocionales y sentimentales, de quiénes somos y sobre todo, que será de nosotros, de todas esas decisiones que decidirán nuestras existencias. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El escritor de un país sin librerías, de Marc Serena

LA GUINEA SILENCIADA.

“Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”.

Mario Benedetti

Guinea Ecuatorial ha sufrido dos siglos de dominación colonial por parte de Portugal y España. En 1968 con la recién inaugurada independencia y un camino por delante de ilusión y reparación, recuperó una libertad que le fue arrebata en 1979 con el golpe de estado de Teodoro Obiang, que instauró una dictadura que se ha convertido con cuatro décadas en el poder es la más longeva del mundo. Un país que sigue sufriendo, aunque eso no haya sido impedimento para que unos cuántos sigan reclamando derechos y democracia, y sigan creyendo que hay un futuro mejor para su Guinea Ecuatorial. Entre aquellos que siguen en la lucha encontramos a Juan Tomás Ávila Laurel (Annobón, Guinea Ecuatorial, 1966) nacido en plena colonia española, de infancia difícil, pero ahora convertido en escritor reconocido internacionalmente, que vive exiliado en España desde 2011 debido a su manifestante condena al régimen autoritario de Obiang que le llevó a una huelga de hambre. Ahora, volvemos a Guinea de la mano de Juan Tomás Ávila, a través de su experiencia y a través de sus amigos, de aquellos activistas que siguen en la brecha intentando ofrecer ventanas de resistencia, aunque mínimas, mediante la política, la cultura y el activismo social.

El director Marc Serena (Manresa, 1983) autor del largo Tchindas (2015) que ponía el foco en Tchinda Andrade, un transexual de una pequeña isla de Cabo Verde, también codirigió junto a Biel Mauri el documental sobre autismo Peces de agua dulce (en agua salada) y ha escrito varios libros entre ellos ¡Esto no es africano!, un recorrido sobre amores prohibidos en el continente africano. Ahora vuelve a África para presentarnos El escritor de un país sin librerías, significativo título que pone de manifiesto las dificultades que anidan en un país sin libertad, derechos ni cultura. Un viaje de Barcelona a Guinea que hacemos a través de la mirada y la voz de Juan Tomás Ávila, en el cual conoceremos el pasado colonial español, su independencia y la llegada al poder de Obiang, la dictadura y sobre todo, el activismo de conocidos y amigos de Juan Tomás Ávila, que frente a la cámara explican sus actividades, entre las que destaca la función teatral que habla del pasado y presente de Guinea, y escucharemos a ex presos políticos que explican sus experiencias en la política y en la cárcel.

Haremos un repaso por la historia de Juan Tomás Ávila, un niño de una pequeña isla que creció y se convirtió en escritor, su literatura muy crítica contra Obiang y a su familia, a través de imaginativas y coloridas animaciones que dibujan su vida, acompañadas de música autóctona con artistas como Concha Buika o Negro Bey, entre otros. Serena nos cuenta de manera sencilla y honesta la realidad triste y silenciada de Guinea, a través de la mirada de Juan Tomás Ávila, un escritor humilde y reposado que se mueve por Guinea como alguien que sabe que su país ha quedado lejos de su vida, que está sin estar, como le espeta uno de sus amigos, alguien que conoce una realidad amarga y desesperanzadora de su tierra, que la mira con orgullo y pasión, pero se siente triste por la situación que atraviesa, que no tiene signos de mejoría, debido principalmente del apoyo que recibe Obiang de países como España y compañía. El director manresano se centra en las personas, en la actividad resistente de seres humanos que a pesar de la situación política de Guinea, siguen empecinados de mostrar otras realidades más humanitarias que viven, aunque sea medio en la sombra y ocultas en la realidad imperante de un país silenciado y vacío, que rinde culto y pleitesía a su dictador como si fuese una especie de mesías redentor.

La película muestra un activismo real y cercano, lleno de entusiasmo y humanista, y las personas que lo practican, haciéndose eco de una realidad que no llega a los medios internacionales, por falta de veracidad y atada a intereses económicos, recorriendo un país donde la gente vive a pesar de las restricciones, de los conflictos sociales y demás problemas que atraviesa el país. Un obra necesaria y valiente que ayuda a enseñar una realidad silenciada, una realidad oculta, una realidad que existe, que se mueve y sigue luchando, ofreciendo una vida diferente y ajena a la realidad de oropel para unos cuantos privilegiados que vende el régimen autoritario de Obiang, como los fastos pro su cumpleaños o las ristras de hoteles y residencias de la élite del país, una realidad falsa, vacía y superficial que dista mucho de la realidad de la mayoría de ciudadanos que se levantan cada día trabajando por un poco y nada más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/365060331″>Tr&aacute;iler &quot;El escritor de un pa&iacute;s sin librer&iacute;as&quot;</a> from <a href=”https://vimeo.com/foradequadre”>Fora de Quadre</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>