Memorias de un hombre en pijama, de Carlos Fernández de Vigo

EL SOLTERO EMPEDERNIDO Y EL AMOR.

Durante el 2010 y 2011 aparecieron en el diario “Las Provincias”, publicado en la Comunidad Valenciana, las primeras tiras cómicas de Memorias de un hombre en pijama, donde el dibujante Paco Roca (Valencia, 1969) explicaba las vicisitudes, más o menos autobiográficas, de un alter ego cuarentón y soltero hasta la médula que cumplía uno de sus sueños infantiles, trabajar desde casa y en pijama, reflexionando sobre su vida, amigos y amores o no, siempre en un tono cómico e irreverente. Debido al gran éxito, saltó a “El País”, de tirada nacional, y luego se convirtió en una novela gráfica. Con la mente puesta en el éxito cinematográfico de Arrugas (2011) otra novela gráfica de Roca, donde explicaba la vejez y contaba el proceso de la enfermedad de Alzheimer del padre de un buen amigo, y contando con un equipo parecido en la escritura con el propio Roca, Ángel de la Cruz y el fichaje de Diana López Valera, le dieron forma a la adaptación de la novela gráfica, contando con el director Carlos Fernández de Vigo, debutante en el universo de Roca. Siguiendo el espíritu que recogían las páginas de los diarios, donde conocíamos a Paco, un tipo cuarentón, soltero empedernido y libre como el aire, que consigue vivir de su talento y en pijama, explicando a sus lectores las desventuras de alguien que se relaciona con sus amigos de toda la vida, con nombres de signos del horóscopo, y sus tribulaciones con el amor y esa cosa de conocerse y conocer a alguien, a través de mucho humor y algo de crítica, que nunca viene mal.

Aunque toda esa vida aparentemente tranquila y feliz, si exceptuamos el amor, donde la fluidez del dibujo se torna torpe y nada delicado, todo cambiará con la llegada de Jilguero, una mujer joven (diez años menos que él) atractiva, risueña y todo un ciclón para la vida encajonada, y a ratos sosa de Paco, lo que arranca como un rollo más o menos interesante, se irá convirtiendo en una relación de pareja, con sus muchos altibajos, y todo lo ello conlleva. Roca, De la Cruz y Fernández de Vigo construyen una película de animación, con la salvedad de su prólogo y epílogo, que utilizan imagen real protagonizada por Raúl Arévalo y María Castro, que prestan sus voces a las dos criaturas protagonistas. La película cuenta la vida de Paco, en una especie de diario de soltero que trabaja como dibujante desde casa, con sus heroicidades y fracasos de sus salidas con sus amigos, para luego añadir la relación con Jilguero, la vida en común y los problemas de pareja más cotidianos y cercanos.

Los 74 minutos de la película avanzan rápido y con gracia, si bien estamos ante una película algo convencional, que a ratos sabe sortearlo con astucia e inteligencia, cuando Paco se relaciona con sus amigos y sus problemas, la love story que nos cuentan es más interesante y divertida a sus inicios, donde todo fluye de manera ingeniosa y cómica, y a medida que avanza, tiene momentos que parece anclarse y la fluidez del principio se resiente, no obstante, remonta en la parte final, creando toda una serie de situaciones divertidas y recurrentes, donde la historia parece devolvernos a la pericia y la inteligente que desborda en su inicio. Resulta interesante y novedosa la elección de la música pop y reflexiva de Love of lesbian como banda sonora, no sólo como seguimiento, sino como algo más, donde las canciones nos cuentan las interiores del personaje protagonista, dotando a la música de una relevancia muy propia. A parte de las voces citadas, tenemos la del actor Manuel Manquiña, a través de uno de los personajes más interesantes de la función, ese repartidor de correos exprés, que será despedido por un encontronazo con Paco, y seguidamente, iremos viendo en los trabajos más diversos y extravagantes, y sus continuos desencuentros con el protagonista (a modo del amigo que le pide siempre dinero a Antoine Doinel en Besos robados).

Memorias de un hombre en pijama es una película entretenida, a ratos, muy divertida, y en otros, afortunadamente en los menos, demasiado evidente, pero en conjunto un buen ejercicio de cine de animación que atrapa y hace pasar un buen rato, en el que a través de su sencillez y ligereza, logra hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y en la sociedad en que vivimos, en esos tipos afortunados en el trabajo y desorientados, casi perdidos en el amor, o los vaivenes de lo romántico, las difíciles convivencias, aceptar al otro, los vacíos creativos, compartir espacios, las dificultades de sentirse bien, y sobre todo, lo que nos cuesta sentir amor y expresárselo al otro. Todo eso y más, explica la película de Fernández de Vigo, De la Cruz y Roca, que sin llegar a la elegancia narrativa y emocional de Arrugas, han creado una comedia romántica digna, con altibajos, pero digna y eficiente, con momentos divertidos e inteligentes, que no es poco.

Entrevista a Myriam Mézières

Entrevista a la actriz Myriam Mézières, con motivo de la publicación de su libro “El sol tiene una cita con la luna”, en su domicilio en Barcelona, el jueves 20 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Myriam Mézières, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Pilar Caballero y Joan Marcet de la Editorial Chapiteau 2.3, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Dantza, de Telmo Esnal

BAILAR, BAILAR Y BAILAR.

“Dantza hau amaitu lehen utzi gaituzuenoi”

La película se abre de manera sencilla y a la vez, espectacular, en la que su obertura nos remonta a la propia génesis de la tierra, de la naturaleza, en la que de forma brillante nos sitúa en las Bardenas Reales, desierto de tierra y roca plana y seca, en que un hombre vestido de forma tradicional y con la azada al hombre se dirige con paso firme hacia un lugar. Se detiene en una planicie, donde se puede divisar parte del lugar, comienza a surcar la tierra seca y bañada por el sol radiante, lo hace como si se tratara de un ritmo musical, casi sin darnos cuenta, un grupo de más de una decena de hombres llegan a su encuentro y comienzan a seguirle el ritmo. En un instante, el hombre se detiene y comienza a bailar de forma tradicional, unos cuantos lo siguen, luego los demás, y así sucesivamente. La tierra, la naturaleza, la vida, el movimiento casan de forma mágica, como si todo perteneciera a ese todo que danza en hermandad con el universo. Después de presenciar este baile, desde la tierra seca, a la que caerá lluvia, emergerá una planta y luego un árbol, del cual nacerán unas figuras que vestidas de colores vivos y radiantes, danzando a ritmo pausado y ceremonioso en torno al árbol, sujetadas a través de siete lianas, en una explosión brutal e incesante de vida, naturaleza y danza.

El tercer largometraje de Telmo Esnal (Zarautz, Gipuzkoa, 1967) se sumerge en las danzas tradicionales vascas para contarnos un relato cíclico, donde arrancamos con el nacimiento de la naturaleza, con sus elementos de tierra, agua, fuego y aire, para seguir con los hombres y mujeres que sembrarán esa tierra y luego recogerán sus frutos. El director vasco nos sumerge en las diferentes danzas, a modo de “Tableau Vivant” en movimiento, en el que se van sucediendo las diferentes coreografías (obra del afamado Juan Antonio Urbeltz, que se reserva una breve presencia en el instante donde un grupo numeroso baila al son de la música en un pueblo) en la que cada uno representa las diferentes costumbres ancestrales, cuando hombres y mujeres vivían en consonancia con la naturaleza y sus diferentes ritmos, donde los cuerpos se dejan llevar por el ritmo de las diferentes músicas (obras de los historiadores musicólogos Marian Arregi y su hijo Mikel Urbeltz, arregladas por Pascal Gaigne, autor entre otras de Loreak, Handia o el cine de Bollaín) ataviados por diferentes trajes tradicionales que van escenificando los diferentes motivos y costumbres de antaño.

La película nos lleva por diferentes espacios, como en la citada Bardena con el sol como compañía, en una cueva, sobre el agua, sobre la piedra a la luz de la luna, dejándose llevar por las calles y la plaza del pueblo, guiados por la fiesta, todos al unísono, celebrando la cosecha, donde el amor despertará, y también, en el interior de talleres y casas, o en monumentos en mitad del bosque, en una explosión de cuerpos, movimientos, colores y bellísimas imágenes que van acompañando las diferentes danzas, con ese vestuario de infinitos colores y heterogéneo, que va desde la ropa sencilla medieval hasta lo más extraño e inquietante (obra de Arantxa Ezquerro, que ya había hecho el de La novia)  en que la luz va dibujando con maestría y belleza los movimientos de los bailes (obra de Javier Agirre, colaborador del propio Esnal, Altuna y los creadores de Loreak, y Handia), donde la película recuerda a los musicales atípicos y visuales de Carlos Saura sobre el flamenco, y en otros instantes, parece absorver la magia del Rohmer de El romance de Astrea y Celadón o el Maravilloso Boccaccio de los Taviani.

La película irradia vida y alegría, donde lo tradicional deviene modernidad, donde cada instante se convierte en esencial, a través de su inmensa factura visual, donde todo es posible, donde todo casa de forma extraordinaria, convirtiendo lo más cotidiano en universal, y viceversa, donde la belleza lo impregna todo, hasta el movimiento más imperceptible, en el que todo parece moverse en un orden universal, y a la vez, caótico, en el que lo tradicional y las formas de vida ancestrales se convierten en el epicentro de la película, en el que los bailes nos van guiando, sin necesidad de diálogos, donde la danza y la música, nos explican todos los pormenores y diferentes relaciones personales y con la naturaleza que se van sucediendo al ritmo brutal y espectacular de los bailes., en que el extraordinario montaje firmado por Laurent Dufreche (responsable entre otras de El cielo gira, Amama o Handia) capta de forma extraordinaria y activa, captando con detalle y precisión de cirujano todos los movimientos veloces y bellos de los diferentes bailarines y bailarinas.

Esnal ha construido un maravilloso y espectacular poema visual, que nos invita a viajar sobre las danzas y costumbres ancestrales, sumergiéndonos en un película hipnótica e inabarcable, llena de luz, de amor, de pasión, de belleza, de poesía, donde todo empieza y finaliza de forma espectacular, en el que las danzas nos hipnotizan y nos dejamos llevar por ese universo donde lo tradicional y lo antiguo toma nuestras vidas, y nos atrapa convirtiéndonos en espectadores activos y fascinados por esas danzas, esos movimientos, donde todo tiene vida, tiene amor, tiene libertad, en que tantos hombres y mujeres dialogan a través de sus pasos, sus ritmos y sus acrobacias imposibles, en qué todo el cuerpo nos explica emociones a raudales, donde el verbo desaparece para dejar paso al cuerpo y sus movimientos, donde la danza nos explica todo el mundo, toda la vida y todo lo que nos rodea, incluso aquello que no vemos, pero podemos sentir. Una película de una belleza inusitada, acaparadora para todos nuestros sentidos, que se mueve desde lo más mundano e íntimo hasta aquello más universal e inalcanzable, porque todo este mundo y todo aquello que podemos ver, y lo que no, no tiene porqué tener explicación, sólo hace falta sentirlo, dejarse llevar por las emociones, simplemente bailar, bailar y bailar.

Presentación libro “El sol tiene una cita con la luna”, de Myriam Mézières

Presentación del libro “El sol tiene una cita con la luna”, de Myriam Mèzieres, con la presencia de la autora, del ilustrador Ignasi Blanch, el escritor Àngel Burgas y Octavi Martí, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 27 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Myriam Mézières, Ignasi Blanch, Àngel Burgas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Pilar Caballero de Prensa, y a Jordi Martínez de Comunicación de Filmoteca, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

 

Acuarela, de Silvio Soldini

ADAPTARSE AL OTRO.

“Nosotros, aunque quisiéramos no podemos quedarnos en la apariencia. Tenemos que ir más allá”

La primera secuencia de la película nos sitúa en una pantalla totalmente negra, no vemos absolutamente nada, solo escuchamos voces, voces de una serie de personas que lentamente nos irán descubriendo que están asistiendo, junto a una monitora, a un ejercicio en el que deben transitar e interactuar por un espacio completamente en negro, a oscuras, en el que tendrán que dejarse llevar por sus otros sentidos, experimentando las situaciones cotidianas que deben vivir las personas invidentes en su devenir diario. El nuevo trabajo de Silvio Soldini (Milano, Italia, 1958) se mueve entre estos parámetros, en los que sus personajes deberán adaptarse al otro, a una situación completamente ajena a ellos, a un nuevo conflicto que deberán lidiar. El cineasta italiano, con una trayectoria de más de tres décadas dirigiendo películas, nos sumerge en una comedia ligera con algo más, me explico, tenemos por un lado a Teo, un cuarentón de buen ver, que se dedica a la publicidad, ese mundo que vende apariencias, y tiene una vida sentimental desordenada y extremadamente superficial, yendo de flor en flor, y lanzando embustes a diestro y siniestro, y además, tiene una relación nula con su madre y los hijos de esta. Pero, un día conoce a Emma, que reconocerá como la monitora del ejercicio que abre la película, aunque ella es osteópata y además, ciega.

Lo que empieza como una sucesión de citas sin más, se irá convirtiendo en algo más, en algo que los va atrapando desde la intimidad y lo más sencillo, donde Teo, el hombre de su tiempo, de vida y polvos frenéticos, que todo lo hace deprisa y al día, descubrirá otro mundo de la mano de Emma, un mundo diferente, un universo lleno de colores, texturas y aromas, un mundo desconocido para él, que requiere reposo y lentitud, saboreando cada instante, cada momento, observando las cosas imposibles a la vista, utilizando de forma directa e intensa todos los demás sentidos, dejándose llevar por un mundo invisible, asombroso y solamente al alcance de aquellos que quieran explorarlo y sobre todo, explorarse. La película con un desarrollo desigual y a veces, demasiado reiterativo, funciona como una deliciosa y tierna comedia romántica, que critica con vehemencia el ritmo y la velocidad de la actualidad, con tiempos impuestos por esa carrera competitiva a ver quién vende más y trabaja más para vender más.

Otro de los puntos fuertes de la película es su visión sobre el mundo actual de los invidentes, pero no lo hace desde la compasión o el dramatismo, sino desde todo lo contrario, abriéndonos todos los ángulos posibles, sumergiéndonos en la vida de Emma, una ciega completamente independiente, que vive su profesión y su cotidianidad de manera natural, con los conflictos propios de alguien de su edad, que también da clases de francés a una adolescente que acaba de perder la vista, e incluso, juega al beisbol y siente que su vida cada día es una gran aventura. En cambio, Teo es un tipo con la quinta marcha todo el día, que nunca ha querido a nadie, y se debate entre un trabajo que le fascina, y esas amantes que le llenan ese vacío del que no sabe ni intenta querer a los demás, empatizar y sobre todo, mirar al otro, con sus defectos y virtudes, adaptándose al otro, sintiendo que una relación se construye a través del otro, caminando juntos y yendo desde el mismo lugar y compartiendo la alegría y la tristeza.

Una pareja protagonista sólida y cercana consigue convencernos e introducirnos en la trama de manera tranquila y sin demasiadas estridencias. Por un lado, tenemos la experiencia de una actriz sólida y convincente como Valeria Golino, que resuelve con acierto y sobriedad su ceguera y sus ritmos emocionales y demás, creando un personaje sincero y honesto que funciona como contrapunto perfecto al personaje de Teo, interpretado con solvencia y sinceridad por Adriano Giannini, un actor que tiene en su currículo a gente como Olmi, Tornatore o Minghella. Soldini construye una película ligera, pero con contenido emocional, que se ve con interés y emoción, aunque esa visión del hombre moderno en momentos resulta algo estereotipada, sin embargo, los mejores momentos de la película son los encuentros de Emma y Teo cuando se encuentran solos y van descubriéndose el uno al otro, abriendo su interior y disfrutando de aquello que son, con sus diferencias, peculiaridades y demás emociones. Quizás, la parte final de la película, cuando el personaje de Teo se enfrentará a sus propios espejos emocionales y tomará un rumbo que no esperaba, el conflicto adquiere su forma más atrevida y sincera, explorando aquellos lugares oscuros del alma humana, aquellos que nunca queremos visitar, aquellos a los que no somos capaces de enfrentarnos, lugares en los que anida lo mejor de nosotros aunque tengamos que sufrir para sacarlo a la superficie.

Entrevista a Ibon Cormenzana

Entrevista a Ibon Cormenzana, director de la película “Alegría Tristeza”, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 15 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ibon Cormenzana, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Dogman, de Matteo Garrone

PERROS SALVAJES.

Aunque ya llevaba cinco títulos en su filmografía, fue con Gomorra (2008) un durísimo retrato sobre el hampa napolitana, basada en la novela de Roberto Saviano, inspirada en hechos reales, la película que catapultó el nombre de Matteo Garrone (Roma, Italia, 1968) a nivel internacional. Un cine que ya había dado muestras de su carácter indómito con retratos sobre inmigración y oscuras historias de amor y odio, ancladas en lugares de la periferia o alejados, donde van a acabar aquellos con pocos recursos o marginales, con historias protagonizadas por los más débiles, aquellos invisibles que se mueven entre la suciedad y lo más terrible de la sociedad, con un marcado estilo documental, donde el retrato de los personajes y sus vidas, se acaba fusionando con esos lugares casi ruinosos de sus ambientes, atmósferas duras, ásperas y sucias donde gentes humildes se relacionan con la gentuza más horrible de la sociedad. Un cine que recuerda a la fealdad y pesimismo del cine de Pasolini, donde sus personajes parece ser que tienen marcado un destino negro hagan lo que hagan. En Dogman, noveno título de su carrera, se centra en la vida de unos pequeños comerciantes instalados en las afueras de la ciudad, y más concretamente en uno de ellos, Marcello, un hombrecito enclenque y divorciado, que tiene una relación fraternal con su hija pequeña Alida, y regenta su peluquería canina, y mantiene una relación amable con sus vecinos también comerciantes. Aunque, hay algo que preocupa a Marcello y los demás, y tiene un nombre, Simoncino, una mala bestia que ha creado el terror en el lugar, adicto a la cocaína, que le proporciona Marcello, y con un carácter violento que asola el lugar y tiene muy preocupados a los comerciantes.

Garrone narra un cuento ético, sin moralina, sólo muestra unos hechos, y convoca al espectador para que se mantenga despierto y alerta, donde nos habla de manera sobria y concienzuda sobre las consecuencias de las elecciones en nuestras vidas, y cómo esas decisiones nos convierte en personas que odiamos, en la parte sombría de nuestra alma, y cómo el miedo y la confusión nos lleva a realizar actos impuros y deshumanizados, traicionando a aquellos que más queremos, y provocando terribles consecuencias para nuestras existencias. El cineasta italiano construye una película sobre lo peor de la condición humana, donde no hay esperanza ni salvación, o al menos hay muy poca, y muchos menos para todos. Un cine de personajes enfrentados con aquello más oscuro y terrible, donde la sociedad se vuelve más siniestra y feroz, en el que sobrevivir se convierte en la preocupación diaria, porque hay veces que la razón ya no vale, y la violencia es el único argumento para salir adelante, algo así como una huída por miedo a enfrentarse a esa bestia que cada día nos humilla y nos aniquila más.

Garrone plantea una película de atmósfera agobiante y brutal, que deja sin aliento, donde el tiempo siempre está nublado o lluvioso, con muy pocas horas de sol, con unos personajes que hacen sus típicos trapicheos ilegales para ganarse unos billetes, y que a veces acaban trasgrediendo los límites, y cuando se dan cuenta ya es demasiado tarde. Una trama construida a través de dos ambientes, la primera, observamos la vida cotidiana de Marcello y los demás comerciantes de la zona, con esos momentos tiernos y agradables de Marcello con su hija, planeando viajes que my probablemente nunca realizarán o sí, y luego, tenemos la presencia inquietante y violenta de Simoncino, que se encuentra desatado y sus actitudes violentas van a más, un mundo sórdido y brutal, donde la película vuelve a los ambientes del hampa napolitana de Gomorra, donde traficantes, ladrones y gentuza de la misma calaña, pululan por la vida de Simoncino, y por la de Marcello, a veces a su pesar, cuando el gigante lo mete en sus negocios turbios, porque cada día quiere más, y nunca tiene suficiente.

El cine de Peckinpah, y sus personajes atrapados en la violencia y con esos destinos fatales cargados en su pasado y conciencias, fatalidades de las que no pueden escapar, sería un fiel reflejo al que se mira Garrone, donde la violencia siempre se desata de forma muy violenta y las consecuencias siempre son trágicas, como la espiral violenta que narra el director italiano, que va in crescendo, sin nada ni nada que pueda evitarla, donde cada acto en apariencia inocente, se vuelve turbio y cruel, con la magnífica metáfora de esos perros enjaulados que asisten atónitos a toda la maldad humana. Garrone narra con dureza y contención una venganza, un combate a muerte entre el hombre bueno y la bestia violenta que ataca su mundo humilde y sencillo, en el que sobresalen las dos magnificas interpretaciones de la pareja en cuestión. La cuidada y contenida interpretación de Marcello Fonte (un actor que había trabajado con Scorsese o Scola, entre muchos otros) se convierte en el centro de la trama, bien acompañado por su contrincante en estas lides, el enorme y violento Simoncino, una mala bestia suelta y peligrosa al que da vida Edoardo Pesce, convirtiéndose en un enemigo a la altura de la composición de Fonte. Dos grandes trabajos que nos llevan de un lado al otro, de un extremo a otro, donde ya nada tiene regreso, donde siempre se va hacia adelante, con extrema violencia, en este cuento moderno sobre la amistad, las zonas oscuras del alma, las decisiones que tomamos, y sobre las jaulas que nos inventamos, nos creamos y esas vidas que no llevamos por miedo o por desilusión.