Bajo el sol, de Dalibor Matanic

EL AMOR EN TIEMPOS DE ODIO.

“La historia es una pesadilla de la que estamos tratando de despertar”

James Joyce

Es uno de esos días de verano a mediodía, brilla el sol y el calor empieza a ser sofocante. Una pareja de jóvenes retoza y juega al amor a orillas de un lago. Ríen y disfrutan, mientras imaginan que les deparará el futuro fuera del pueblo al que han decidido abandonar y vivir su amor fuera de miradas hostiles. De repente, un ruido llama su atención, suben una pequeña colina y frente a ellos, por el camino, desfila un convoy de vehículos militares que rompe la armonía del instante y parece que de repento todo se ha nublado (como ocurría en Desaparecido, de Costa-Gavras, cuando los jóvenes idealistas americanos se despertaban al ruido de los helicópteros y vehículos militares en la soleada Viña del Mar). El arranque de la película deja clara las intenciones de su historia, la guerra, la maldita guerra se interpondrá en el camino de los jóvenes enamorados, alrededor de la veintena,  que protagonizarán las tres historias, diferentes entre sí, pero que sucederán en el mismo espacio, un pueblo dividido entre serbios y croatas, y a lo largo de dos décadas, y con la estación estival como escenario. Una película que pone el dedo en la llaga en la guerra de los Balcanes (Los Balcanes y su eterna disputa que fue el motor de la cinematografía de Angelopoulos) zona de perpetuo conflicto por el odio entre etnias, la intolerancia y la dificultad intrínseca de que puedan vivir en paz unos con otros.

Dalibor Matanic (Zagreb, Croacia, 1975) es un cineasta que ha dedicado su filmografía a explorar y reflexionar sobre los temas candentes que sacuden su tierra, una tierra preciosa, llena de buenas gentes, pero que la diferencia religiosa, social y política los ha conducido a una guerra abierta e interior de difícil solución. La primera de la historias la protagonizan Jelena e Ivan, ella, serbia, y él, croata, situada en 1991, cuando ya se observan los primeros escarceos militares en los que ya se adivinan que la situación insostenible entre unos y otros, iba a desembocar en una guerra cruenta y devastadora que se alargó 4 años. La segunda, nos lleva diez años después, cuando dos mujeres, madre e hija, vuelven a su pueblo y tienen la necesidad de regresar y empezar de nuevo, a reconstruir sus vidas tras la guerra. Natasa, serbia, y Ante, croata, son los personajes que nos conducirán por ese segundo segmento, en el que las heridas de la guerra y el odio, más aún si cabe, se ha apoderado de cada uno de ellos. Y finalmente, el relato que cierra la película, el director nos lo sitúa en el 2011, un tiempo actual, en el que Luka, croata, vuelve a su pueblo, tras unos años estudiando en la ciudad, y se reencuentra con Marija, serbia, con la que en el pasado tuvo una relación y algo más. Las inevitables heridas y el dolor siguen presentes en los personajes, unos seres que intentan levantar sus vidas a pesar de todo lo que ha sucedido, y todo lo que han perdido.

El director croata nos muestra una mise en scène diferente en las tres historias, si bien en la primera el pueblo y sus diferentes escenarios toman protagonismo, a través de tomas largas y muy cercanas (aunque el tono intimismta nos acompañará durante toda la película) en las que vemos el caldo de cultivo de odio entre las etnias que se respira en el ambiente, donde ese primer amor se vive con intensidad y quizás, con esa inocencia de que todos sus sentimientos podrán vencer el odio, la indiferencia y la guerra que se avecina. En la segunda, la película se recoge en las cuatro paredes de la casa, donde los personajes en cuestión, primero se evitan y lentamente van acercándose, aunque con la rabia contenida y la maldad como bandera, un segmento agobiante y asfixiante, en el que la reconstrucción de la casa escenifica el ánimo de muchos que quisieron comenzar de nuevo venciendo el dolor que sentían. En el último, Matanic, nos habla de los jóvenes que no sufrieron las desgracias de la guerra, aunque son arrastrados por el odio imperante y arcaico de su pueblo y sus familias. Luka, al regresar a su tierra, le vuelven todo lo perdido y lo dejado, e intenta reconciliarse primero consigo mismo y luego con su familia, y con la mujer que amó. Aquí la cinta se apodera de la noche, la oscuridad y las luces inundan los encuadres, en el que reinan los contrastes de la fiesta loca nocturna, en el que la música psicótica martillea al protagonista, con la casa de ella, en la que la soledad y la tristeza supuran cada rincón del hogar.

La poderosa y magnética pareja de actores, otro de los grandes aciertos de la película, que además de originar una estupenda química, a los que vemos crecer, con simples pero estudiados matices, a lo largo de las tres historias. Él, Goran Markovic, que interpreta a los hombres de la película, varonil, de poderosa fuerza y aplomo, y ella, Tihana Lazovic, la mujer serbia, que emana vida, lucidez y una enorme expresividad y sensualidad, conviertiéndola en una de las agradables sorpresas que contienen la película, representando esa mujer herida, pero enamorada, esa mujer que va capturando los pequeños matices que ayudan a profundizar en sus diferentes roles. Una película de luz bellísima, que consigue transmitirnos la belleza del verano, con sus colores, su brisa y sus alegrías, en contraposición con la guerra y todos los odios, y traumas que genera en la población. Una tierra de eterna belleza sacudida inexorablemente por la tragedia de la guerra, en la que la película de Matanic se erige como un canto a la vida, a la intolerancia, al respeto, y sobre todo, al amor, superando de esta manera los odios, las diferencias, sean cuales sean, y vengan de donde vengan.

Lo tuyo y tú, de Hong Sangsoo

AHORA SÍ, AHORA NO.

“El amor lo es todo. Sin él nada existe”

En una de las secuencias iníciales de la película, observamos a una mujer joven sola sentada en un bar tomando cerveza, se le acerca un joven y cree reconocerla, ella no, él joven insiste e intenta relacionar algunos lugares que hayan podido frecuentar, pero la joven no recuerda. En un instante, la joven le explica que puede tratarse de su hermana gemela y que a menudo la confunden con ella. El joven se queda extrañado. La película número 19 de Hong Sangsoo (Seúl, Corea del Sur, 1960) podría sintetizarse a través de esta secuencia, en la que el cineasta coreano nos está sumergiendo en las claves por donde pivotará su relato, donde conoceremos o no, a una joven que no sabremos quién es realmente, alguien al que confundiremos constantemente su identidad, porque unas veces creeremos que es quién dice ser y otras, no, y ahí andaremos, aunque la película de Hong Sangsoo es mucho más que eso, un film de factura bellísimo, de imágenes que seducen por su capacidad de transmisión de la futilidad de la vida y las emociones que nos acechan, en la que nos habla de la fragilidad del amor, o de los devaneos sentimentales de una pareja que discute una noche, porque a Youngsoo, un amigo le ha comentado que ha visto a su novia, Minjung, flirteando con otro en el Golden Bear, el bar-epicentro de las “conquistas de Minjung”, una situación que no habremos visto, la conoceremos por un testimonio, y entonces nos preguntamos si realmente ha ocurrido, si simplemente Hong Sangsoo introduce este elemento real o no, para construir una película que tanto la forma como en el fondo, están contaminadas por la verdad o la mentira, lo que sucede o lo que no, y cómo esas circunstancias afectan a los personajes en sus decisiones.

El cineasta coreano ya había experimentado las endebles fronteras de la identidad en su anterior película Ahora sí, antes no (2015) en la que nos explicaba cómo se habría dado una historia de amor si se hubiera dado en otras circunstancias, y aún hay más, en En otro país (2012) protagonizada por Isabelle Huppert, desdoblaba a la actriz francesa en tres situaciones distintas. Formas distintas de afrontar quiénes somos y como nos ven los demás, que la emparentan con lugares comunes de Ese oscuro objeto del deseo, en la que el genio de Buñuel desdoblaba el personaje femenino en dos mujeres protagonizadas por dos actrices diferentes, en un juego macabro e irónico, en el que jugaba con el placer sexual y la frustración del rechazo. Hong Sangsoo ha construido un estilo muy definido en sus 20 títulos (en 21 años de carrera) que conforman una filmografía personalísima, en la que encontramos rasgos abundantes y significativos que con sólo una mirada a uno de sus encuadres nos basta para reconocerlo. Una forma de edificar relatos que viene ya dada desde los títulos de sus filmes, como el que nos ocupa, Lo tuyo y tú, en la que nos viene decir algo así como no nos fiemos mucho en lo que nos cuentan o veamos, porque los dos pueden mentir  o no, siempre nos acechará la duda y nunca lo llegaremos a saber con exactitud.

El cineasta surcoreano nos sitúa en ciudades de provincias, en las que la vida va y viene, sin más, donde observamos a unos personajes, en su mayoría artistas (pintores, directores de cine, guionistas, escritores…) como hacen la compra, beben cerveza en bares (como los personajes de Kaurismaki) y sobre todo, dialogan entre ellos, hablan muchísimo, filmados a través de tomas largas fijas que vienen precedidas de planos generales en la que nos muestra una parte del exterior mientras suena una melodía leit motiv que nos acompañará a lo largo del metraje. Un estilo naturalista, muy cercano, que lo acerca a directores como Rivette y Rohmer, maestros en el arte de la observación del alma humana y sobre todo, de las confusiones e incertidumbres de los sentimientos, que nos conducen a donde no queremos y nos sitúan en lugares que nos cuesta reconocer, y que nos atrapan llevándonos a lugares oscuros de nuestro interior que nosotros mismos no reconocemos. Hong Sangsoo se erige como uno de los cineastas más observadores de las relaciones humanas, un magistral seductor de las palabras, dotado de una mirada llena de honestidad, construyendo una película delicada y sensible, de apariencia ligera, pero de contenido enigmático, profundo y poético, en la que nos adentramos en los laberinticos caminos de los sentimientos, en el que deberemos enfrentarnos a lo que sentimos, aunque eso nos cueste reconocer que somos esclavos de unas emociones que creíamos que no nos sucederían, pobrecitos de nosotros, cuanto creemos saber y que poco sabemos, ya no sólo de los demás, sino de nosotros mismos.

Paterson, de Jim Jarmusch

poster_patersonLA BELLEZA DE LO COTIDIANO.

“Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que hablen directamente a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: No es de donde sacas las cosas, es en donde las pones.”

Jim Jarmusch

Los personajes de Jarmusch (Akron, Ohio, EE.UU., 1953) son gentes humildes y sencillas, que no destacan ni tampoco lo desean, suelen vagar por ciudades pequeñas o en las periferias de grandes ciudades, no siguen un patrón fijado, no van a la caza de algo o alguien, sino caminan, en un viaje sin fin, del que poco sabemos, porque poco nos dicen, son individuos que tienen poco y tampoco ansían más, sus ilusiones tienen un cariz emocional, desearían ser músicos, poetas o gentes de la bohemia, conocer a los grandes y tomar unas copas y fumarse unos cigarrillos. Poco más. Jarmusch envuelve a sus criaturas que, tienen procedencias y espíritus de toda índole y condición como, músicos frustrados, convictos enamorados, asiáticos rockeros perdidos, transeúntes nocturnos en busca de sí mismos, pistoleros muertos andantes, asesinos místicos, don juanes venidos a menos, vampiros sin alma, etc… Todos ellos, se mueven bajo una espesa capa de melancolía y desilusión, bajo un cielo gris de cualquier lugar, y en unos ambientes vacíos, desnudos, en los que encontramos lugares casi desérticos, bares donde va siempre la misma gente, y siempre se acababa hablando de lo mismo.

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Jarmusch huye de la narrativa convencional, sus obras están estructuradas a través de las emociones de sus personajes, y caracterizadas por fuertes y cargadas atmósferas, dentro de una misé en scene basada en la quietud y en los silencios, unos relatos en los que no hay una fuerte carga dramática, ni nada que conseguir, sólo la cotidianidad más ordinaria y sobre todo, la inmensa futilidad de la vida y sus pequeños placeres y detalles.  En su nueva película, Paterson, nos traslada hasta Paterson, una pequeña localidad en New Yersey, en el que conocemos a Paterson, un joven conductor de autobuses que escribe poesía, Paterson vive con su novia Laura, un torbellino de creatividad (sobre los colores del banco y el negro) e inconstancia, y su perro. Jarmusch acota su película en una semana, y mantiene sus constantes narrativas: repetición de secuencias y situaciones, el protagonista se llama igual que la ciudad, y en el que cada día, de los siete en los que somos testigos, se mantendrá la misma rutina, Paterson se levanta a las 6 y cuarto pasadas, desayuna cereales, se viste y se encamina hacia el hangar donde le espera su autobús, después recorrerá la ciudad conduciendo, mientras escucha furtivamente las conversaciones que mantienen los distintos pasajeros, cuando finaliza, vuelve caminando a su casa, recoge el correo y luego endereza el buzón, entra en casa, saluda a su mujer, que le sorprende con una nueva explosión de creatividad y una nueva idea de trabajo, ya sea artístico o manual, cenan juntos, y más tarde, saca al perro (que es de ella) a pasear, y en un momento dado, lo ata a un poste y entra en el mismo bar y se toma una cerveza, al rato, vuelve a casa y se acuesta junto a su mujer (situaciones que nunca veremos) y así, durante cada día, y los siete días que acontece la película.

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Jarmusch es un gran observador de la complejidad y contradicciones humanas, aquí, su conductor, introvertido y muy silencioso, escribe poesía, pero no sobre los grandes temas de la vida, sino sobre su intimidad, sobre su mirada de su cotidianidad, sobre su mujer, sus comidas, sus trayectos, los árboles que se encuentra, sobre la insignificancia de la belleza más ordinaria y cercana, sobre todos esos ínfimos detalles que se escapan por la aceleración de nuestras vidas. Jarmusch mira a sus personajes desde la tranquilidad y el sosiego, e invita a los espectadores que hagan lo mismo, tomas largas y fijas ayudan a seguir a Paterson y todo lo que le rodea y se va encontrando, incluyendo elementos sutiles que enriquecen la película, como el encuentro con la niña poeta, que Paterson lee uno de su poemas sobre el agua, o el fugaz encuentro matutino con su encargado y la retahíla de problemas que este le cuenta, o más concretamente, el encuentro con el japonés frente a la cascada, lugar que Paterson utiliza para comer al mediodía y contemplar la belleza del lugar.

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La película de Jarmusch se nutre de la intimidad y la delicadeza que nos rodea, de los rincones naturales y posindustriales de una ciudad como Paterson que podría ser cualquiera de las nuestras, del amor como idea de lo sencillo y lo humilde, de las conversaciones tranquilas junto a una cerveza, de todos esos personajes que transitan en comunión por un mundo que parece ir hacia un lado y todos nosotros en la dirección contraria. Jarmusch es un cineasta estadounidense, pero con raíces europeas, es una simbiosis entre lo del viejo continente (el cine de los 60 francés, inglés, o del este…) con las rupturas de la contracultura norteamericana de finales de los 50 (la generación beat con los Kerouac, Ginsberg, Burroughs, y demás) junto a la música de aquellos tiempos que impulsó a tantos jóvenes a lanzarse a la materialización de sus sueños (Neil Young o Iggy Pop, a los que ha filmado en dos películas). El cine de Jarmusch lo pueblan intérpretes que escapan de toda forma y encasillamiento, ha trabajado con músicos (Laurie, el citado Pop o el incombustible Waitts) con actores extranjeros o incluso le ha dado un nuevo aire a intérpretes con personajes muy característicos como Johnny Deep o Bill Murray, ofreciéndolos tipos venidos de vuelta y casi sin ganas de seguir.

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En Paterson, el alma poética que estructura su relato lo interpreta Adam Driver, con su aspecto zangolotino, de considerable altura, y ese rostro impertérrito que mira, observa y articula mínimas palabras, que lo expresa todo en su poesía y su cuaderno, a su lado, el lado opuesto, Laura, interpretada por la iraní Golshifteh Farahani, un no parar, llena de energía, habladora y nerviosa. Se aman y viven felices. Jarmusch logra con lo mínimo un universo inundado de riqueza poética, sólo desde la mera observación, incluso diríamos que en ciertos momentos la película podría ser un retrato de la vida en las pequeñas ciudades del medio oeste norteamericano, pero el cineasta de Ohio alimenta su relato desde la sensibilidad y la belleza de una calle desierta de domingo, la contemplación del tránsito, ensimismarse mirando la naturaleza y la trayectoria del agua,  viendo una película antigua un sábado por la noche, los rincones sucios de una zona industrial, o la escritura en un minúsculo sótano lleno de trastos.

Entrevista a Laura Jou

Entrevista a Laura Jou, directora de “No me quites”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 5 de osctubre de 2016 en la Plaza del Raspall en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Jou, por su tiempo, generosidad, y cariño, a The House of Films (distribuidora del film), por su paciencia y amabilidad, y al amable transeúnte que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

No me quites, de Laura Jou

no-me-quites-cartelEL COMBATE DEL AMOR.

Laura se encuentra en casa, esperando algo o a alguien, está muy nerviosa y excitada. Se abre la puerta y entra Luis, los dos se miran. Llevan separados unos meses y vuelven a verse. Ella quiere volver a estar junto a él, él no, dejó la relación porque quería estar sólo, pero ahora está ahí, frente a ella. La directora Laura Jou debuta en la dirección, después de una trayectoria que, se inició como actriz, y luego ha destacado como directora de actores y más concretamente como directora de actores infantiles, faceta en la que ha trabajado en grandes producciones con directores como Villaronga, Bayona, Ventura Pons o Alejandro González Iñarritú, una trayectoria en la que además hay que añadir la docencia como profesora de su propio estudio de actores. Su primer trabajo como directora es un viaje hacia el abismo del amor, filmado en un único espacio y construyendo toda su trama a través de los intérpretes (oficio en el que Jou se maneja muy bien).

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Jou nos propone un película de amour fou, de desamor, de recuperar lo perdido, en el que asistimos a un combate en toda su forma, dos seres que parecen estar uno al extremo del otro, ella, Laura (excelente composición de desnudez tanto física como emocional de Laia Costa, surgida de la serie Polseres vermelles, aunque desatada en la producción alemana Victoria, que le ha valido un gran reconocimiento internacional) y él, Hammudi Al-Rahmoun (debutante en la actuación, ya que hasta ahora ha estado dedicado a la dirección, campo en el que presentó la estimable Otel.lo, una nueva aproximación al universo Shakesperiano a través de la construcción de una película). Los dos se lanzan al más profundo de los precipicios, unos diálogos desafiantes y cortantes, en estado de confrontación y lucha, y unas tomas largas al incio que darán paso a unos planos cercanos, en los que casi podremos tocar a los intérpretes, respirar junto a ellos, sentir todo lo que están experimentando, en el que sentimos su agobio y tensión, nos ayudan a sumergirnos en esta maraña de emociones contradictorias, complejas, y difíciles de sentir y comprender. Jou maneja el ritmo de forma endiablada, la película de 14 minutos de metraje, viaja a un ritmo vertiginoso, no cesan de suceder situaciones en las que Laura intenta por todos los medios a su alcance retener al hombre que ama, aunque eso la lleve a arrastrarse, suplicar o implorar su amor a los cuatro vientos. La actitud de él también es contradictoria, no quiere volver con ella, se lo deja muy claro, pero tampoco parece querer marcharse, es como si algo lo retuviese, cuando decide hacerlo, marcharse, dejar esta situación incomóda, ella utilizará todas sus artimañas femeninas para conseguir retenerlo para que vuelva a sus brazos.

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Jou para su primer trabajo como directora se ha rodeado de un equipo de gran altura, en la producción encontramos a la productora Corte y Confección (que ha producido entre otros la reciente La próxima piel, Requisitios para ser una persona normal, la citada Otel.lo o el estimable documental Ich bin Marco, sobre la impostura de Enric Marco) que junto a J. A. Bayona producen el filme. En fotografía se encuentra Andreu Martí (surgido de la ESCAC con amplia trayectoria en equipos de fotografía de diversas películas) y el montaje de Jaume Martí (habitual de Bayona y de tantos otros). Una película que atrapa desde el primer instante, en el que nos introducimos en un espacio muy reducido, donde se desatarán los más bajos instintos del deseo o el apego de cada uno de los personajes, dos seres que no parecen tan alejados como parece querer demostrarnos. Jou construye una película directa, con un conflicto mínimo, pero sabe extraer toda la complejidad de la situación que se genera, sabiendo dotar a su relato de ese aroma de thriller romántico en el que las cosas no son lo que parecen, y cada plano o encuadre nos lleva a un nuevo conflicto del que no sabremos cómo se irá desarrollando ni que surgirá. Una cinta intensa y bien filmada que deja un excelente huella dentro del panorama del cortometraje, unas cualidades que se vieron altamente recompensadas en el Festival de Cine de Málaga, donde el trabajo de Jou se alzó con tres de los premios más importantes, y partir de ahí, un periplo de más de medio centenar de festivales alrededor del mundo, los cuales han podido ser testigos de hasta donde somos capaces de llegar con tal de recuperar al ser amado y dejar de sentirnos más solos de lo que estamos.


<p><a href=”https://vimeo.com/147171139″>NO ME QUITES. Shortfilm</a> from <a href=”https://vimeo.com/andreuadamrubiralta”>Andreu Adam Rubiralta</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Israel Elejalde

Entrevista a Israel Elejalde, intérprete de “Amarás sobre todas las cosas”. El encuentro tuvo lugar el jueves 10 de noviembre de 2016 en Sala Delmiro de Caralt de la Flmoteca de Catalunya en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Israel Elejalde, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Pilar García de comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad y cariño, y a Cristina Marinero de comunicación de la película, por su paciencia, amabilidad y cariño.

Amarás sobre todas las cosas, de Chema de la Peña

poster_amaras-sobre-todas-las-cosas-5mbEL AMOR ABISMAL.

“No habrá más estabilidad, sólo desequilibrio”

Teo, un pintor en crisis conoce una noche a Ana. Una noche sin fin en el parece que todo es posible, donde deambulan por las calles céntricas de una gran ciudad, recorren los lugares entre risas, confidencias, arrumacos y demás intimidades. La noche acaba con un simulacro de boda. Teo es pura pasión desbordante, de personalidad arrolladora y encantador, Lidia se deja arrastrar, abrumada por este torrente de vida de energía explosiva que se alimenta con una vida plena que se deja llevar por el instante, el momento de ahora. Pero, no todo es plácido y cálido en Teo, Lidia descubre su otro rostro, en aquellos en que todo se vuelve oscuro, y Teo se convierte en un ser ausente, malhumorado y esquivo. Teo es bipolar. El cineasta Chema de la Peña (Salamanca, 1964) que ha tenido una carrera ecléctica, en la que podemos ver títulos más industriales como su debut Shacky carmine (1999) o 23 F: La película, con obras de cariz documental como De Salamanca a ninguna parte, sobre las famosas conversaciones de los directores por allá en los 50, o Un cine como tú en un país como este, que recorría los debuts de cineastas como Colomo, Trueba, Carmen Maura, en la comedia madrileña de principios de los 80.

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Esta nueva aventura cinematográfica Amarás sobre todas las cosas (de título con resonancias bíblicas) recoge, en cierta medida, el espíritu que recorría Sud Express (2006) que en tono documental y ficción, retrataba las vidas anónimas que transitaban por los lugares que atravesaba el tren desde París a Lisboa. Ahora, esta película realizada desde la más absoluta libertad y radicalidad, tanto en su producción (que ha abarcado un rodaje de un año filmando en diferentes etapas) como en su forma (compuesta por segmentos o secuencias con esa “luz mágica” del amanecer o atardecer, filmadas en diferentes lugares: ciudades, en pueblos, montañas, campos de colza, monumentos artísticos, y en diferentes épocas del año, donde vemos la primavera, la nieve y diferentes agentes atmosféricos, estructurados mediantes elipsis que nos llevan de un estado de ánimo a otro). Un película minimalista protagonizada por dos intérpretes, dos almas en tránsito, dos seres opuestos, dos seres que el amor los llevará por escenarios naturales (filmados con el aroma del mejor cine de Malick) llenos de vida, donde la alegría, la diversión y los momentos surrealistas se apoderarán de ellos, pero también vivirán el lado oscuro, esos paisajes que se convertirán en ceniza, en miedo, en oscuridad, en luces asfixiantes que los ahogaran y los conducirán a terrenos siniestros llenos de locura.

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La película parca en palabras, consigue de forma admirable llenar esos vacíos, donde el silencio se apodera de ellos, y mediante coreografías de danza (en la que sus personajes se desdoblan) creadas por la delicadeza de la prestigiosa Camille Hanson, en la que el cuerpo y sus movimientos contaminan la narrativa y el espacio, expresando todo aquello que resulta imposible con las palabras. Dos personajes compuestos por dos intérpretes de grandísima altura, Israel Elejalde (que recuerda a Vincent Cassel, por su magnetismo, personalidad y oscuridad) y Lidia Navarro (un contrapunto interesante que arrastrada al abismo del amor intentará no caer en él, y sentir lo que siente sin perder la razón o lo que queda de ella). De la Peña ha creado una película sincera, lúcida y amarga (que tiene más de una conexión con los (des) encuentros sentimentales de las criaturas de Mi amor, de Maïwenn Le Besco) un viaje emocional sobre el amor y la locura, sobre donde acaba uno y empieza el otro, sobre pasados tortuosos y emociones desequilibradas, llenas de amor y odio, de sentimientos contradictorios y sinceros, llenos de vida y muerte, de alegría y tristeza, de todo ello y de nada en sí mismo.


<p><a href=”https://vimeo.com/124197508″>Trailer AMAR&Aacute;S SOBRE TODAS LAS COSAS</a> from <a href=”https://vimeo.com/lavozqueyoamo”>La Voz Que Yo Amo</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>