Entrevista a Alberto Vázquez y Pedro Rivero

Entrevista a Alberto Vázquez y Pedro Rivero, directores de “Psiconautas. Los niños olvidados”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 15 de febrero de 2017 en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alberto Vázquez y Pedro Rivero, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Alejandro Muñoz de Prensa, por su amabilidad, paciencia y cariño, que además tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Fences, de Denzel Washington

fencesLOS PATIOS TRASEROS.

Nos encontramos a mediados de los años cincuenta, en Pittsburg, en uno de esos barrios obreros donde subsistían gentes humildes con empleos poco atractivos, que vivían con sus familias en ristras de casas con pocos lujos, y que pasaban los fines de semana, después de una dura semana de trabajo, entre cervezas en el bar de siempre, haciendo chapuzas en casa o compartiendo recuerdos de otro tiempo entre amigos en los patios traseros. La tercera incursión en la dirección del prolífico y laureado actor Denzel Washington (Mount Vernon, Nueva York, 1954) después de una larga carrera como intérprete que le ha llevado a trabajar con directores de la talla de Attenborough, Spike Lee, Pakula, Demme, Fuqua o Ridley Scott… consiguiendo dos preciadas estatuillas de la Academia, ha tenido tiempo para dirigir dos películas, en el 2002 Antwone Fisher, la vida de un joven marino que tiene que superar un pasado traumático, y cinco años después, dirigió The great debaters, en la que seguía los pasos del profesor Melvin B. Tolson, docente que alimentó los debates humanísticos entre sus alumnos.

Stephen McKinley Henderson plays Jim Bono, Denzel Washington plays Troy Maxson and Russell Hornsby plays Lyons in Fences from Paramount Pictures. Directed by Denzel Washington from a screenplay by August Wilson.

En Fences, que Washington ya había interpretado en las tablas de Broadway, escrita por August Wilson, premio Pulitzer, también se hace cargo de dirigirla, coproducirla y además, interpretar el rol del protagonista, Troy Maxson, el eje del cual gira toda la trama. Troy es un hombre de mediana edad de raza negra, trabaja recogiendo basura junto a su fiel amigo Bono, que le escucha y aconseja cuando debe, vive en una casa que ha pagado letra a letra con el sudor de su frente, que apenas tiene cuatro comodidades, pero es su casa, junto a él su mujer, la compañera Rose, mujer paciente que ama con locura a Troy, también, está su hijo, un vástago que sueña con ser jugador de fútbol profesional, su padre probó suerte con el beisbol, pero en su época se prohibía a los negros jugar con los blancos, y cuando se levantó la prohibición, Troy ya era demasiado mayor, trauma que no lo abandonado desde entonces. Por la casa, también se dejan caer un hijo treintañero de Troy que sueña con ser músico, y el hermano pequeño de Troy que, la maldita guerra lo ha dejado retrasado mental.

Denzel Washington plays Troy Maxson and Jovan Adepo plays Cory in Fences from Paramount Pictures. Directed by Denzel Washington from a screenplay by August Wilson.

Como le ocurría a Willy Loman de Muerte de un viajante (con la que guarda cierto parentesco, dicho sea de paso) o a Eddie Carbone de Panorama desde el puente, ambas piezas teatrales de Arthur Miller, Troy es un “looser”, un perdedor en toda regla, alguien que nunca a llegó a coger las oportunidades que se le presentaron en la vida, ese tipo de personas que crecen en ambientes conflictivos, que a corta edad tienen que buscarse el pan y sufrir penurias de todo tipo, que en muchas ocasiones acaban con sus maltrechos huesos en alguna penitenciaría perdida de algún pueblucho al que llegaron escapando y no encontraron ningún provenir. Esos tipos que llamados a ser alguien en la vida, quedaron por el camino, sucumbidos a la dureza de una sociedad implacable que convierte en sueños rotos las esperanzas de los de abajo, como también describió la mirada de Miller. Troy es un pobre hombre que en su afán de querer proteger a su familia, acaba por pagar con ellos las desilusiones que ha tenido que acarrear en su existencia, todas aquellas esperanzas caídas en saco roto como tantos otros jóvenes que fueron soldados en la segunda guerra mundial, y nunca levantaron cabeza, quedando convertidos en sombras desdibujadas de las vidas que aparentemente les esperaban como el Terry Malloy (Marlon Brando) en La ley del silencio o el Charlie Davis (John Garfield) en Cuerpo y alma, por citar sólo a un par.

Denzel Washington plays Troy Maxson and Viola Davis plays Rose Maxson in Fences from Paramount Pictures. Directed by Denzel Washington from a screenplay by August Wilson.

Washington no oculta el origen teatral de la película, le saca todo el provecho que el texto le permite, conjugando inteligentemente todas las piezas del entramado, unos jugosos personajes que aportan carisma, realismo y veracidad, entre los que destacan el propio Washington dando vida a Troy, dotando a su personaje de energía, oscuridad y complejidad, Stephen Henderson dando vida a Bono, el amigo fiel, confesor y paternal, que es un fiel compañero, aunque también le aconseja por donde nunca debe tirar a Troy, y finalmente, Viola Davis, magnífica intérprete que nos regala una actuación de órdago, en una composición llena de matices, detalles, y miradas, construye un personaje maternal, firme y lleno de dignidad. Quizás el excesivo metraje (las película se va a los 139 min) alarga algunas situaciones dramáticas, pero que no enturbian demasiado el resultado final. Una película que combina con agilidad la alegría y la amargura, los momentos tensos entre el matrimonio, y el padre y el hijo, y la desazón amarga que deja toda la película, en su fiel y realista descripción de los barrios que nada tenían que ver con el American way of life, tan vendido después de la guerra, y los ambientes humeantes y polvorientos, de claroscuros, y miseria moral, que se manejaban muchos de los desplazados de la sociedad.

Psiconautas, los niños olvidados, de Alberto Vázquez y Pedro Rivero

cartel_a4_rgb_es_goyaLOS MONSTRUOS QUE NOS ACECHAN.

Erase una vez una isla que sufrió un terrible accidente industrial que la convirtió en un enjambre de sombras y dolorosos recuerdos. Los adultos transmutaron en un férreo control religioso a sus hijos, que éstos, agobiados y con nulas expectativas laborales o sociales, sucumbían sus días entre drogas, aislamiento y grandes deseos de abandonar la isla y emigrar a la ciudad. Alberto Vázquez (A Coruña, 1980) y Pedro Rivero (Bilbao, 1969) son los artífices de esta película de animación fantástica, pero cargada de crítica a la sociedad actual, una cinta que nació como novela gráfica del primero, y luego fue un cortometraje Birdboy (2010) en el que se apuntaban ciertos rasgos de la película. Los directores nos conducen hasta un lugar en el que el tiempo se ha parado, sus personajes remiten al pasado, a ese espacio en el que las cosas funcionaban de otra manera, y nos presentan un no mundo lleno de horrores, tanto físicos como emocionales, unos padres dementes que tratan a sus hijos como reos, unos perros policía que matan para mantener un orden fascista, los niños sin esperanza que sucumben a todo tipo de drogas, y luego está el vertedero, donde se almacenan montañas de basura y suciedad, en el que las ratas sobreviven buscando cobre y comiendo desperdicios.

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La historia gira en torno a Birdboy, un chico-pájaro angustiado por la pérdida de su padre y la incapacidad que tiene para abandonar la isla, y Dinki, una chica-ratón, con la que mantiene un romance, y los amigos de Dinki, Sandra, la chica-conejo, y Zorrito, tres amigos que emprenden un viaje para abandonar la isla e irse a la ciudad, y finalmente, el chico-cerdo, que tiene que cuidar de su madre enferma y se ha convertido en el traficante de la zona. Vázquez y Rivero (que ya debutó en la animación con La crisis carnívora, en el 2008) han realizado una cinta de indudable factura técnica, en el que abundan los contrastes, colores vivos con claroscuros, muy expresionistas, y en el que exploran, a través de una fábula fantástica, muchos de los problemas que acechan a la sociedad en la que vivimos: falta de expectativas laborales, control familiar y social, en el que se dispara a todo aquel diferente que se sale de lo establecido, el consumo de drogas entre los más jóvenes, una contaminación brutal, las enfermedades emocionales, y un sistema clasista que hunde a los más necesitados, y favorece a los que no les falta de nada.

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La película conserva cierto aroma de la ilustración y el tono de Maus, el fabuloso cómic de Art Spiegelman, sobre el holocausto judío, en el que los gatos eran nazis y los ratones, judíos, así como del expresionismo, en los que las formas y los colores explicaban el mundo interior de los personajes, y con títulos de la animación para adultos, como El planeta salvaje, La tumba de las luciérnagas, Persépolis, Cuando el viento sopla… todos ellos trabajos oscuros y terribles que, no sólo manifestaban la buenísima salud de un género con infinitas posibilidades artísticas, sino que también eran vehículos para criticar con dureza todos aquellos conflictos a los que las personas nos enfrentamos diariamente. Vázquez y Rivero han construido una película magnífica, bellísima en su armazón, pero dolorosa en su argumento, que nos habla sobre la amistad, el amor y la esperanza, en el que sus personajes siguen en pie y en el camino a pesar de todo lo terrible que se encuentran, con unos admirables personajes secundarios con las voces de Ramón Barea o Enrique San Francisco, entre otros, que hablan de una película minuciosa en los detalles, no sólo con la historia que cuenta, sino también, con todo el mundo interior de los personajes, esos monstruos que anidan en cada uno de nosotros, y nos obligan a tener que lidiar con ellos, para de esa manera, seguir hacía delante, aunque duela.

Entrevista a Andrés Duque

Entrevista a Andrés Duque, director de “Oleg y las raras artes”. El encuentro tuvo lugar el martes 22 de noviembre de 2016 en los Jardines del recinto de la Escuela Industrial en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrés Duque, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño, a Eva Calleja de Prismaideas y Pablo Caballero de Márgenes, por sus complicidades, amabilidades, paciencias y cariño, y al estudiante transeúnte, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Entrevista a Alice Waddington

Entrevista a Alice Waddington, directora de “Disco inferno”. El encuentro tuvo lugar el lunes 12 de septiembre de 2016 en el Parc de L’Estació del Nord en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alice Waddington, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Pablo Menéndez de Marvin&Wayne Short Film Distribution, por su amabilidad, paciencia y cariño.

 

Jackie, de Pablo Larraín

jackie_posterUNA MUJER FRENTE AL ESPEJO.

“Nancy, ya no soy la primera dama. Puedes llamarme Jackie”

El viernes 22 de noviembre de 1963, alrededor de las 12:30, en la ciudad de Dallas, moría asesinado John Fitzgerald Kennedy, el trigésimo quinto presidente de los EE.UU. La película de Pablo Larraín (Santiago de Chile, 1976) arranca con la entrevista que un periodista hará a su viuda Jacqueline Kennedy, en la que esta hablará de frente, sin tapujos ni nimiedades, sobre los tres días siguientes al fatídico suceso. El cine de Larraín en el que la búsqueda, tanto física como interior,  estructuran su discurso, que se inició en el 2006 con Fuga, en la que un mediocre músico buscaba el espíritu de un colega atormentado, a la que siguieron vehículos políticos centrados en diversas experiencias en torno a la dictadura de Pinochet, Tony Manero (2008) y Post mortem (2010), y No (2012), en El club (2015) exploraba las miserias de cuatro sacerdotes recluidos en una casa en la que tenían que expiar sus pecados, y finalmente en Neruda, realizada el año pasado, filmaba los sucesos ambientados en 1948, cuando González Videla, presidente de Chile, mandó arrestar al político y poeta Neruda, porque este denunció el acecho contra el partido comunista del que era diputado. Larraín huye de la figura universal de Neruda, para desmitificarlo en todos los sentidos, y hacerlo un tipo de carne y hueso, con sus alegrías y tristezas, sus dudas y sus miserias, filmándolo en continua huida y en una existencia oscura llena de contrastes.

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En Jackie, continúa por los mismos parámetros, describiendo a una mujer desolada y rota por el dolor, con manchas de sangre de su marido todavía en el vestido, desnudándola en todos los sentidos, colocando su foco, no solamente en su rostro, sino en su alma, en esas 72 horas fatídicas donde el mundo de oropel adornado con flores frescas se vino abajo en un instante, el tiempo que duró el disparo que penetró en la cabeza de su marido, JFK. Larraín filma el primer plano de Jackie, su personaje nos contará la versión de los hechos, y lo hará de forma franca, mirándonos a nosotros, acariciando cada palabra, cada gesto, centrándose en cada detalle, cada mirada, cada instante que vivió en esas horas durísimas, en las que tuvo que mantenerse firme y clara, y estudiando cada acto y situación, ya que todo el mundo estaba pendiente de ella. El cineasta chileno captura al personaje invocando a la mujer que vive en su interior, mira a su personaje de frente, extrayendo su espíritu, lo que no vemos, desnudándola en todos los sentidos, tanto emocionalmente como físicamente, penetrando en el alma de una mujer que debe empezar de nuevo, dejar lo vivido, despertar del sueño, y volver a mirarse hacia dentro, valorando la figura de su marido, hablando al mundo de su legado, y de su memoria.

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La película está contada a través de flashbacks, en las que nos muestran todos los instantes de esos tres días, desde el magnicidio hasta el entierro, en los que Jackie habla de todos los preparativos del funeral de su marido, con su cuñado, Bobby Kennedy, su asistente Nancy, sus hijos, el vicepresidente Lyndon B. Johnson, nombrado presidente el mismo día del asesinato, y el secretario de defensa de éste. Larraín nos habla de la intimidad de una mujer rota, una mujer que deberá mirarse de frente, una mujer expuesta no sólo a los ojos de una nación, sino a los de todo el mundo, en aquellos convulsos años 60, donde la televisión empezaba a ser un instrumento al que se tenía que tener muy en cuenta. Larraín filma su película con un tono naturalista, casi como un documental, un cinema vérite,  como si estuviéramos asistiendo a un ensayo de aquello que fue, una película/retrato/personaje, que nada tiene que ver de los típicos biopic made in Hollywood donde se ensalzan figuras, en el que nos muestran a un personaje como nosotros, con su dolor, sus miedos e inseguridades, y todo aquello que queda fuera del objetivo mediático, la realidad que te persigue a diario, la verdad de quién eres realmente, el reflejo que el espejo te devuelve cada mañana.

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Una película con aroma de gran cine político y humano, sobe la desmitificación de un personaje, para mostrar su mirada, su gesto y su cuerpo, alejado de lo que conocemos de él, filmándolo al natural, no como una celebridad, sino como un ser humano, como hizo John Ford con El joven Lincoln  o Spielberg con el mismo personaje en Lincoln (2012), o Sorrentino con Andreotti en Il divo (2008), o Sokurov en su trilogía sobre las figuras políticas del siglo XX, en Moloch, Taurus y Sol, o Albert Serra con sus retratos sobre figuras históricas, extrayendo la esencia de la figura, en muchas ocasiones muy alejada de la imagen que teníamos. También, la película se acerca al espíritu de Vincere (2009), en la que Bellocchio se acercaba a la figura de Mussolini a través de su amante Ida Dasler, o las películas de Oliver Stone sobre figuras políticas, desde Nixon (1995) pasando por Fidel Castro o Hugo Chávez, o JFK (1991), con la que guarda algunas similitudes, como la utilización de imágenes de archivo reales con las imágenes de ficción de la película, creando un retrato inteligente y audaz que, no sólo aporta una verosimilitud extraordinaria a todo lo que se cuenta, sino que involucra de una forma humanista a los espectadores.

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Amén de la interpretación asombrosa y naturalista de una inmensa Natalie Portman, que hace un retrato excelente de Jacqueline Kennedy, mostrándonos una persona como nosotros, con sus defectos y virtudes, fuera del foco, caminando como una sonámbula en medio del caos que reina en su vida en esos tres días infernales que tuvo que (sobre)vivir como fuese. A su lado, brillan Peter Sarsgaard como Bobby, Greta Gerwig (la heroína del cine Baumbach) aquí como la asistenta de la primera dama, y John Hurt, en una de sus últimas apariciones, como el cura que habla con Jackie para darle un poco de luz en esos días tan oscuros. La fotografía de Stéphane Fontaine (habitual de Desplechin) con tonos opacos, en un ejercicio de luz naturalista ejemplar, y el montaje, mezclando tomas largas con planos medios, obra de Sebastián Sepúlveda, que ya estuvo en El club, y la producción del habitual de Larraín, Juan de Dios Larraín, y el cineasta Darren Aronofsky, hacen de Jackie una película cercana, mostrando una mujer próxima, con dudas y conflictos interiores, que debe seguir con vida después del naufragio, una mujer serena, perdida que, deberá lamerse sus heridas y seguir en pie, con dignidad y enfrentándose a todos, y sobre todo, a ella misma para seguir caminando.

Encuentro con Jean-Pierre Léaud y Albert Serra

Encuentro con Jean-Pierre Léaud y Albert Serra con motivo de la presentación de la película “La mort de Luis XIV”, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya. El acto tuvo lugar el jueves 17 de noviembre de 2016 en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jean Pierre Léaud y Albert Serra, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Esteve Riambau y su equipo de la Filmoteca, y a Eva Herrero de Madavenue y Diana Santamaría de Capricci Cine, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.