MUJER, INMIGRANTE Y POBRE.
“Cuando inmigramos, solía llorar mucho. Pero me di cuenta que a nadie le importaba.”
Frase de la película Vidas pasadas, de Celine Song
El universo cinematográfico de Xavi Puebla (Barcelona, 1969), se mueve dentro del ámbito laboral como sucedía en Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008), donde tres empleados se disputan el puesto vacante de director, En A puerta fría (2012), un agente de ventas en apuros se las ingeniaba para revertir su situación profesional. En Femení, singular la cosa se centra en Nayeli, el eslabón más bajo de la pirámide laboral porque ella es una inmigrante mexicana y de escasos recursos que transita por Barcelona como empleada doméstica. Una mujer invisible, sometida a los cánones laborales impuestos por los que manejan los hilos, y además, tan sola como la distancia que le separa de su país, donde almacena el sueño de un bar junto a su esposo. Un hecho inesperado y totalmente revelador sumirá a Nayeli en un callejón sin salida de compleja solución. Una situación cotidiana en la que sobreviven cientos de miles inmigrantes acumulando empleos para vivir aquí y enviar dinero para allá. Vidas ensombrecidas, vidas pobres y sobre todo, no vidas.

A partir de un guion sólido y sin concesiones coescrito por el desaparecido Jesús Méndez, que colaboró en más de 40 proyectos audiovisuales, Mireia Vidal, coguionista de Yo, de Rafa Cortés y Les mans buides, de Marc Recha, y el propio Puebla, nos situamos en la mirada y el gesto y las pocas palabras de la protagonista, un personaje basado en su rostro y un interior que, en la intimidad, vemos todo el dolor y la incertidumbre en la que está instalada muy a su pesar. La película se cuenta bien y se explica mejor, sin necesidad de artilugios ni inventos para subyugar al espectador, aquí la cosa por otro lado, donde el respetable observa a un personaje viviendo situaciones tan cotidianas como incómodas, en el que se le obliga a vivirlas y no mirar hacia otro lado más cómodo, porque en Femení, singular se tocan temas que duelen, que molestan y que apenas se ven, por no decir que viven en la profundidad del olvido. Nayeli es mujer, inmigrante y pobre, muchos obstáculos para alguien que tiene escasos medios para enfrentarlos, además de la indiferencia y la cero empatía que recibe de sus superiores, como la señora en la que limpia y cuida de su hijo, tan estirada como distante y altiva, o su casera, tan necesitada como ella, pero alejada porque ella se siente en una posición de altura.

La excelente cinematografía de Albert Pascual, que conocemos por sus trabajos con Bigas Luna, Santiago A Zannou, Ibon Cormenzana y Oriol Paulo, entre otros. Una luz mortecina y una cámara quieta y cercana, observadora pero sin invasora, con unas localizaciones que se alejan de lo previsible y buscan la autenticidad y sobre todo, la verdad, aquella que decía Rossellini, la que mira, no juzga y penetra en las entrañas de la realidad y del propio personaje. La música de Isabel Latorre, que ha trabajado con Neus Ballús, Elena Escura y Àlex Lora, entre otros, sensible y sincera que construye ese espacio doméstico y urbano por el que se mueve la protagonista, sin recurrir a los excesos típicos del cine mercantilista. El montaje es de Maria Castan De Manuel, que trabajó con Puebla en su cortometraje Negra nit (2022), amén de las recientes Supernatural, de Ventura Durall y Extrany riu, de Jaume Claret Muxart. Una edición con el aroma de las películas de Fritz Lang en EE. UU., sobrias, concisas y huyendo de alardes ni acelerones, sino apoyadas en la contención que la acerca a Bresson, donde la imagen es el foco principal y la palabra ayuda a ir más allá, dotando al relato de solidez y tangibilidad ya que nos sentimos dentro del personaje, siendo testigos de sus decisiones y sus complejidades.

La presencia de la actriz mexicana Vico Escorcia como Nayeli es todo un gran acierto porque nos la creemos en todo momento, y sin apenas abrir la boca, que hace de su interpretación aún más difícil, porque todo lo debe de expresar desde el silencio, transmitiendo las situaciones tan adversas y en soledad en las que está inmersa en su peculiar método de supervivencia cueste lo que cueste y enfrentándose a una sociedad tan ensimismada en sí misma que olvida con mucha facilidad al otro. Le acompañan Nora Navas como la “señora”, una actriz completísima que siempre resulta muy creíble y natural. Kasi Kapcia es Ilona, que hemos visto en Frontera y Una quinta portuguesa, entre otras. Otros intérpretes son Mònica Almirall, Sergio Caballero, que ha trabajado varias veces con Puebla, y Carles Sanjaime, entre otros. en Femení, singular encontramos referencias al Neorrealismo italiano, al Free Cinema, y cómo no, a los Dardenne, cineastas que han virado sus cámaras, como hizo Buñuel en Los olvidados que corrigió un plano demasiado bonito a Gabriel Figueroa porque la historia iba sobre los que no existen como Nayeli, los que están, trabajan y son pero no para los que los encierran en sus vidas y sus barrios, alejados de ellos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


LA NIÑA Y LA BRUJA DEL BOSQUE. 



EL LIMPIABOTAS Y EL SASTRE. 






EL MAL ESTÁ AFUERA. 




LOS ESPEJOS DEL DUELO. 



EL ACTO DE FILMAR. 

