Entrevista a Neus Ballús

Entrevista a Neus Ballús, directora de la película «Seis días corrientes», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 30 de noviembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Neus Ballús, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Filmax, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Black Box, de Yann Gozlan

UN HOMBRE SOLO.

“Si los hechos no encajan en la teoría, cambie los hechos”.

Albert Einstein

Mucho se habla de la importancia de escuchar al otro, no para contestarle, sino para algo mucho más esencial, para poder entenderlo y sobre todo, para comunicarse. El trabajo de Mathieu Vasseur se basa principalmente en la escucha, escuchar los diálogos y sonidos que graban las cajas negras de los aviones después de producirse un accidente. No es una tarea fácil, es una actividad que requiere muchísima concentración, escuchar con detenimiento cualquier sonido, y aún más, después de este arduo proceso, sacar conclusiones y elaborar un detalladísimo informe que esclarecerá las causas que han llevado al avión a accidentarse. Vasseur trabaja para la agencia BEA, el organismo que se encarga de la seguridad de la aviación civil. Pero, en este mundo oculto y de difícil acceso como la aeronáutica, hay muchos intereses, demasiados intereses económicos que torpedean el trabajo de la BEA y la finísima línea que separa la dignidad de la corrupción es muy delgada, en muchas ocasiones, transparente.

El cuarto trabajo de Yann Gozlan (Aubervilliers, París, 1977), del que habíamos la interesante El hombre perfecto (2015), también con el protagonismo de Pierre Niney, en la piel de un impostor, de alguien que se hace pasar como escritor con el trabajo de otro. El director francés escribe un guion junto a Simon Moutaïrou (con el que ya hizo Burn Out), y Nicolas Bouret-Leurad, envolviéndonos en un fascinante y oscurísimo thriller de investigación, que protagoniza un tipo joven, brillante y obstinado en conocer la verdad de los hechos que llevó al vuelo de Dubái-París a estrellarse contra los Alpes. Toda la investigación parece llevar a un atentado terrorista, pero Vasseur encuentra anomalías y sospechas muy fuertes, además, la desaparición repentina de su jefe, aún alimenta las dudas. La película se centra en Vasseur, en su investigación, en su soledad, y sobre todo, en su inquebrantable obstinación que le llevará a cruzar todas las líneas habidas y por haber en su afán de saber la verdad. En frente, tiene a su esposa, Noémie, que trabaja para una empresa nacional que da los certificados de seguridad a los aviones, a la que se enfrentará irremediablemente, que está a un paso de marcharse a la gran empresa de fabricación de aviones, dueña de avión siniestrado. También, está Renaud, el cerebrito de la empresa de seguridad de aviación civil, y aún hay más, el jefazo de Vasseur, Monsieur Rénier, bregado en mil batallas que no se fía de la intuición y las pesquisas de su subordinado.

Un formidable trabajo técnico en el que destaca la absorbente y fría cinematografía de Pierre Cottereau, y el estupendo y ágil montaje de Valentin Féron, que ayuda a que sus dos hora y diez pasen de forma vertiginosa, llena de tensión y nos ate a la butaca sin poder perdernos un ápice de lo que pasa en la pantalla. Mathieu Vasseur nos recuerda mucho a Will Kane, el sheriff que interpretaba Gary Cooper en la inolvidable Solo ante el peligro (1952), de Fred Zinnemann, y a Harry Caul, el investigador que escuchaba conversaciones ajenas en la magnífica La conversación (1974), de F. F. Coppola. Dos tipos, al igual que Vasseur, metidos en un fregao de mil pares de demonios, que necesitarán toda la ayuda posible, su inteligencia y muchas dosis de fortuna, para salir aireados del entuerto que se han metido, y porque hay mucha pasta de por medio, y gente que no quiere que las cosas cambien, gentes que quieren seguir ganando cantidades ingentes de dinero a costa de unas cuantas vidas.

Ya hemos hablado de la presencia de Pierre Niney en la piel del joven investigador enfrentado a todos y a él mismo, un actor brillantísimo que da fuerza y vulnerabilidad a un personaje lleno de miedos e inseguridades, pero capaz de todo a pesar de todos y todo, le acompañan una estupenda Lou de Laàge en la piel de Noémie, una mujer demasiado ambiciosa que se olvidará de lo que vale la pena, Sébastien Pouderoux es Renaud, uno de esos tipos que ha conseguido fama y dinero con su negocio, pero quizás a costa de cruzar límites morales que nunca debió traspasar, y finalmente, el gran André Dussollier, que interpreta a Philippe Rénier, uno de esos responsables que confía, pero necesita seguridad. Gozlan ha construido una película llena de tensión, miedo y oscuridad, donde se destaparán actividades muy oscuras que hacen y deshacen en pos de acumular ganancias, aunque siempre hay tipos con voluntad férrea como Mathieu Vasseur, que no miran para otro lado, que no se callan, que siguen en la pelea, aunque sea a costa de quedarse solos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Valero Escolar, Mohamed Mellali y Pep Sarrà

Entrevista a Valero Escolar, Mohamed Mellali y Pep Sarrà, protagonistas de la película «Seis días corrientes», de Neus Ballús, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 30 de noviembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Valero Escolar, Mohamed Mellali y Pep Sarrà, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Filmax, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Nido de víboras, de Kim Yong-hoon

UN BOLSO LLENO DE PASTA.

“Hay un animal llamado «tiburón toro». La hembra embarazada puede llevar cincuenta huevos dentro. Lo más aterrador de todo es que las crías se devoran unas a otras en su vientre. Solo puede sobrevivir una, que se convierte en un feroz depredador”.

Muchos recordamos el impacto que supuso una película como Memories of Murder (2003), de Bong Joon-ho. Una película oscurísima, donde caía constantemente una lluvia fina e incómoda, una trama agobiante, con continuos saltos hacia adelante y atrás, unos personajes complejos, llenos de dobles morales, asfixiados en un entorno muy hostil, y un thriller con apariencia clásica, pero con muchos toques de humor negro y drama cotidiano. Luego llegaron otros directores de Corea del Sur, los Park Chan-wook, Lee Chang-dong y a Hong-jin, entre muchos otros. Todos con propuestas parecidas, pero con un sello muy personal que, además, seguían profundizando sobre los grandes cambios sociales del país, a través de una mirada muy crítica y auténtica. A esta hornada de grandes cineastas, se les une Kim Yong-hoon (Corea del Sur, 1981), que hace su primer largometraje, con el descriptivo título, en el original, Bestias agarradas a un clavo ardiendo, que se estrena en España con el no menos interesante Nido de víboras.

El relato gira alrededor de un insignificante objeto, más bonito o no, un bolso lujoso, eso sí, pero no un bolso cualquiera, sino un bolso de Louis Vuitton, con la singularidad que está cargado de dinero, y una serie de ocho individuos que circunstancialmente, lucharán para conseguirlo. Una serie de personajes que, en mayor o menor medida, hacen lo imposible para huir de sus situaciones desesperadas como Yeon Hee, que debe un montón de dinero a un gánster, el mismo que persigue a su novio Tae Young, por el mismo motivo, también, encontramos a Mi Ran, una prostituta que trabaja para Yeon Hee, que lucha por deshacerse de un marido maltratador. Y finalmente, Joong Man, un pobre diablo que trabaja en una sauna y cuida de su madre senil. El debutante director coreano construye una trama nada convencional, completamente desestructurada, con innumerables idas y venidas, tanto al pasado como al presente, siguiendo el rastro del dinero, y como va pasando de mano en mano, como una joya que quema mucho, demasiado, para todo aquel que decide hacerse con ella.

Una ciudad portuaria como Pyeongtaek, al norte del país, sirve como escenario para este eficaz y brillante cruce de caminos, miedos y abismos, donde contrastan las luces de neón de los locales de ocio nocturnos, con esas pequeñas viviendas de los más humildes. Unas luces que nos retrotraen al cine chino de la nueva hornada, a los Diao Yinan y Bi Gan, donde el cine de Yong-hoon se miraría de manera directa y cercana, con todos espacios nocturnos de calles angostas, los apartamentos oscuros, y esos locales cargados de tensión, que pesan la vida entera, y esos otros lugares sin alma por donde se mueven unos personajes que huyen de todos y sobre todo, de su desesperación y miedo. Pero, quizás un retrato tan angustioso y violento como este, lleno de almas en tránsito y a la deriva, en la que nadie confía en nadie, no sería lo que es sin un reparto tan ejemplar, verdadero e íntimo como el que se gasta la película. Encabezado por una grandísima Jeon Do-yeon, que da vida a Yeon Hee, toda una estrella en el país asiático, en la filmografía de grandes como Lee Chang-dong, convertida en la auténtica mantis religiosa de la función, una femme fatale de armas tomar, que brilla en todos los sentidos, una devoradora de almas y esperanzas.

 A Jeon Do-yeon, alma mater de la función, le acompañan Jung Woo-sung, otro gran nombre del cine coreano, en la piel de Tae Young, el oficinista de inmigración portuaria, enamorado de Yeon Hee, Bae Sung-woo como el empleado de la sauna, el más pardillo de todos, y también, el que le llueve el dinero sin comerlo ni beberlo, su madre senil la hace la veterana Youn Yuh-jung, que hace poco hemos visto en Minari, y finalmente, Jeong Man-sik que interpreta al gánster al que casi todos le deben dinero, además de otros personajes, con mayor o menor presencia, que ayudan a dar consistencia al elenco y sobre todo, a crear esa idea laberíntica tanto en la narración como en todos los actores en este entuerto. Algunas personas le podrán achacar a Kim Yong-hoon de plantear una película demasiado caprichosa en su argumento, en su equilibrio nada convencional, quizás a otras personas, todo ese entramado perverso, complejo y difícil de continuar, es lo que hace tan singular y magnífica tanto la trama, su narrativa y su forma de interpretar, donde casi nunca sabemos quién está actuando con la verdad por delante ante los otros, o mejor dicho, deberíamos decir quién realmente o actúa como un ser amoral, que solo piensa y actúa contra todos los demás, y aprovecha cualquier atisbo de duda en los otros, para actuar con determinación y no dejarse pisotear por nadie, porque en realidad, todos los personajes de la película son lo que son, codiciosos, malvados y bestias sedientas de dinero, o quizás solo son gentes como todas, llenas de desilusión en una sociedad carente de humanidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miriam Porté

Entrevista a Miriam Porté, productora de la película «Seis días corrientes», de Neus Ballús, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 30 de noviembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miriam Porté, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Filmax, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Seis días corrientes, de Neus Ballús

TRES CURRANTES DE HOY.  

“Se vive con dignidad cuando se vive con autenticidad. Ser fiel a la secreta esencia”.

José Luis Sampedro

El imaginario cinematográfico de Neus Ballús (Mollet del Vallès, 1980), está situado en la periferia, en esos espacios alejados de la urbe o incrustados en esos barrios edificados de los sesenta y setenta que se llenaban de emigrantes. Todos son retratos sobre las personas que viven y transitan por esos lugares, centrándose en sus trabajos, en sus innumerables existencias o formas de ganarse el pan diario. Una mirada sencilla y directa, que juega con la forma y sobre todo, con la narrativa, componiendo sutiles y honestos ejercicios que fusionan el documento con la ficción desde una naturalidad ejemplar, y creando películas que abordan temas sociales, culturales y económicos a través de múltiples formas y miradas. Si algo caracteriza el cine de Ballús es un elemento que se repite en todos sus largometrajes hasta la fecha, y no es otro que la relación con el otro, la mirada y la comprensión hacia el otro, el que es diferente, el que viene de otro país o pertenece a otra escala social, el otro como elemento indispensable en un mundo cambiante, donde el movimiento es constantes, donde todo continuamente está mutando, desde miradas y posiciones infinitas.

Seis días corrientes se centra en tres tipos, tres lampistas, muy diferentes entre sí. Tenemos a Pep Sarrà, el veterano, el que está a punto de la jubilación, una especie de último dinosaurio de una forma de trabajar y hacer ya casi extinguida. Luego, nos encontramos a Valero Escolar, el escudero de Pep, que ahora heredera su estatus, pero en las antípodas de Pep, porque Valero es muy suyo, con sus formas, ideas y actitudes siempre en brega, y finalmente, Mohamed Mellali, el recién llegado al país y a Instalaciones Losilla, marroquí de nacimiento y de Cornellà para buscarse la vida, que se convertirá en la diana de Valero, el elemento hostil que Valero querrá deshacerse constantemente. Ballús, que recoge en las experiencias de su padre como lampista, y un arduo casting que reclutó a los tres lampistas verdaderos Un relato acotado en solo seis días, cinco laborales y el sábado como conclusión, en una cinta que constantemente juega con la forma porque va de la ficción al uso, al documento más preciso, siempre pasando por la comedia, una comedia negra, divertida y por momentos, surrealista.

La película está contada de forma lineal, sin sobresaltos ni atajos de ningún tipo, la ligereza se impone en todo momento, creando ese espacio de inventiva y sorpresa constante, un tono que le va como anillo al dedo a la propuesta de la directora catalana, que inmediatamente encuentra ese tono, donde cada día es una nueva aventura, ya que los tres susodichos visitarán pisos de toda clase, desde el abuelo que vive solo y está obsesionado con la salud, un joven que no consigue parar a un par de niñas gemelas que serán el quebradero de cabeza para los lampistas, una fotógrafa de estudio que se enamora del cuerpo de Moha y lo retrata, un psicoanalista argentino que vive en una casa parecida a la de Playtime, de Tati, y quiere encontrar soluciones a las diferencias de Valero con Moha, y finalmente, las disputas de Pep con unos obreros que han hecho fatal su trabajo. Esas pequeñas historias, encuentros y miradas que se cuecen diariamente entre las cuatro paredes de la cotidianidad laboral de los tres protagonistas.

Ballús consigue con una intimidad y naturalidad asombrosa, llena de frescura, diversión y cercanía, una abrumadora y magnífica lección de cine y sobre todo, de humanismo, hablándonos de toda la vorágine en la que vivimos diariamente, del trabajo, de compartir, de todo lo que nos diferencia y acerca, de todo lo que somos, lo que nos produce miedo, lo que no, de nuestras inseguridades, de todo y aquello, de lo más íntimo y lo más alejado, en fin, de todo aquello que se oculta cuando las puertas se cierran. Amén de los citados personajes, y los otros que los acompañan, todos de la vida real sin ninguna experiencia anterior en el cine, Ballús se ha acompañado de un gran equipo técnico entre los que destacan Margarita Melgar en labores de escritura, habitual de las películas de la productora Distinto Films, la producción de Miriam Porté, de la citada compañía, la cinematografía de Anna Molins, a la que hemos visto en películas tan estimables como Kanimambo y Me llamo Violeta, entre otras, el sonido que firman dos superclases como Amanda Villavieja y Elena Coderch, en películas de José Luis Guerín, Isaki Lacuesta, Mercedes Álvarez, Oliver Laxe, por citar solo algunos de sus trabajos, un riquísimo y rítmico montaje en que sus ochenta y seis minutos nos saben a muy poco, que firman la indispensable Ariadna Ribas, y la propia directora.

Los personajes de La plaga (2013), el campesino, el luchador, la anciana, la inmigrante y la prostituta, al igual que los trabajadores del hotel en El viaje de Marta (2019), y los tres lampistas, son personajes de carne y hueso, igual que nosotros, los que nos levantamos a diario para encontrar el sustento, una serie de individuos a los que el cine no mira demasiado, y es de agradecer que de tanto en tanto, alguien los mire y los retrate de verdad, con esa autenticidad que solo da el tiempo, la mirada sencilla e inteligente, y sobre todo, sentir a los personajes y filmarlos desde la piel, sus cuerpos, sus miradas y sus formas de ser, nos gusten o no. Ballús despacha la que es probablemente su mejor película hasta la fecha, por todo lo que cuenta, por como lo cuenta, por su valentía y osadía en mirar al de abajo con humanidad, dignidad y sobre todo, con humor, porque si hay algo en que la película es maravillosa es en su forma de mirar a estos tres tipos, que guardan mucho el tono y las formas de aquellos pobres maleantes de Rufufú, de Monicelli, y aquellos otros de Atraco a las tres, de Forqué, aunque Seis días corrientes se mueve por otros lares, los que tienen que ver con el trabajo y de lo que somos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Mothers, de Myriam Bakir

EL ESTIGMA DE SER MADRE SOLTERA EN MARRUECOS.

“Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla”.

Almudena Grandes

En la España franquista, ser madre soltera era una terrible condena. Las mujeres, en muchos casos, menores de edad, eran vilipendiadas por la sociedad y sus familias, y presionadas por todos, optaban por soluciones drásticas: abortos clandestinos, donaciones forzadas sin ningún tipo de protección legal, o abandonadas a su suerte. Las mismas situaciones las viven en la actualidad las madres solteras marroquíes. Mujeres olvidadas e invisibilizadas por una sociedad que vende modernidad, y bajo la alfombra sigue anclada en ideas muy conservadoras y medievales. Aunque para muchas de estas mujeres, existe un resquicio de luz, la Asociación Om El Banine, creada por Mahjouba Edbouche, una señora que con su equipo de trabajadoras sociales, se dedica a escuchar a estas mujeres solas, ofrecerles ayuda, acompañarlas durante el embarazo, a darles un empujón una vez son madres, y también, a trazar puentes entre estas mujeres y sus familias.

La directora Myriam Bakir, nacida y criada en París (Francia), pero de padres marroquíes, ya tocó un tema candente como la prostitución en su primer largo de ficción Agadir-Bombay (2011). Para su primer documental, la directora se centra en otro gravísimo problema para las mujeres que tienen hijos fuera del matrimonio, que como marca la ley, pueden ser causadas de prostitución, un delito muy grave en Marruecos, que las puede llevar a la cárcel. Bakir compone una película breve, de sesenta y dos minutos de metraje, y filma el proceso de seis mujeres: Karima, Bahija, Ilham, Imane, Sarah y Fátima, seis mujeres a las que nunca veremos el rostro, siempre de espaldas o de lado a la cámara, que empiezan explicando su caso a la trabajadora social, en planos cerrados, encajonándolas en esos trances por los que están pasando, casi siempre en interiores, donde las escuchamos y conocemos los pormenores de su embarazo y la nula relación con su familia, que desconoce los hechos. Las veremos en el piso tutelado de la asociación, en sus quehaceres diarios, en sus encuentros con abogados y doctores, con sus preocupaciones, sus ilusiones y sus tristezas, todo contado desde una intimidad que encoge el alma, desde esa posición de frente y directa, en que el relato cuenta, sin juzgar y siempre desde la distancia justa y no intrusiva, sino optando una voz amiga, tendiendo un puente en que retrata y da voz a estar mujeres que la sociedad oculta, estigmatiza y las obliga a tomar decisiones drásticas.

La directora franco-marroquí no embellece ni maquilla su dispositivo, todo desprende una realidad tangible, cercanísima y llena de humanidad, acercándonos una realidad más acogedora y una línea de luz, en la que la asociación consigue algo muy emocionante, una lucha diaria para financiarse, y sobre todo, una herramienta necesaria y vital para todas estas mujeres, una ayuda indispensable para llevar el mal trago de ser madre soltera en Marruecos. Hace tres temporadas, vimos la película Sofia, de Meryem Bemm’Barek, en que tomaba el caso de una menor embarazada y el vía crucis doloroso y traumático en el que se veía sometida por su familia y el estado para regularizar su situación. Una película que encaja perfectamente en la idea que plantea la película de Bakir, mostrar unos hechos deleznables para una sociedad, y también, explicar las acciones de ayuda y humanitarias que se dan desde la asociación para no abandonar a estar mujeres, acompañarlas, asesorarlas y sobre todo, seguirlas decidan lo que decidan, pero siempre desde el respeto y el amor.

Mothers es un brutal puñetazo de realidad, que hiela el alma, y también, resulta reconfortante, porque da un poco de luz. La cinta no se anda con atajos ni condescendencias, sino que lo muestra todo de forma áspera, cruda y honesta, mostrando una realidad terrible, sin concesiones, pero no olvida ese punto de esperanza que da la asociación, ofreciendo ayuda y apoyo, en un camino que no será en absoluto nada fácil, pero sí, muy diferente, un camino que ya no tendrán que hacer solas. La Asociación Oum El Banine y su creadora, la grandísima Mahjouba Edbouche, se convierten en esas personas que demuestran que con mucha voluntad, trabajo y esfuerzo, las pequeñas ideas pueden salvar muchísimas vidas y derribar muros de intolerancia, machismo y dolor y dar mucho de vida, humanidad y sobre todo, esperanza, que siempre es difícil, a veces casi imposible, pero con amor, solidaridad y libertad pueden llegar a cuantas mujeres mejor y ofrecer otra forma de hacer las cosas, y sobre todo, de ayudar, esa palabra que tanto se dice y tan poco se práctica, ayudar y ayudar a los demás, que es la única actitud que nos hace humanos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Patricia López Arnaiz

Entrevista a Patricia López Arnaiz, actriz de la película «La hija», de Manuel Martín Cuenca, en el Gallery Hotel en Barcelona, el miércoles 24 de noviembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Patricia López Arnaiz, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Nadia López de Caramel Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Manuel Martín Cuenca

Entrevista a Manuel Martín Cuenca, director de la película «La hija», en el Gallery Hotel en Barcelona, el miércoles 24 de noviembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manuel Martín Cuenca, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Nadia López de Caramel Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La hija, de Manuel Martín Cuenca

LA MATERNIDAD OSCURA.

“Las ideas fijas nos roen el alma con la tenacidad de las enfermedades incurables. Una vez que penetran en ella, la devoran, no le permiten ya pensar en nada ni tomar gusto a ninguna cosa”.

Guy de Maupassant

De las seis películas de ficción que forman la trayectoria de Manuel Martín Cuenca (El Ejido, Almería, 1964), amén de sus documentales, tienen su base en la ambigüedad moral de sus personajes, unos individuos obsesivos en su tarea, capaces de todo para conseguir sus objetivos, en unos relatos en los que tanto víctimas como verdugos juegan sus roles, en muchas ocasiones, confundiéndolos, mezclándose unos con otros, donde todos se manipulan, en los que el poder va variando según quién lo obtenga y lo sepa mantener. Los trabajos de Martín Cuenca suelen situarse en paisajes, tanto urbanos como rurales, aislados, tanto físicos como emocionales, gentes que a pesar de sus ideas y sus acciones, siempre alejadas de lo moral, se sienten con el derecho de acometerlas, se lleven por delante quién se lleven, perseguidos por sus propias obsesiones y atrapados en una vorágine de desesperación y miedo.

Después de El autor (2017), basada en la novela “El móvil”, de Javier Cercas, donde un escritor incapaz de escribir su novela, empieza a espiar y a manipular a sus vecinos hasta límites obsesivos.  Ahora nos llega La hija, en un guion que firman el propio director y Alejandro Hernández, que además actúan como coproductores, un guionista que ha estado en todas sus obras de ficción, exceptuando La flaqueza del bolchevique (2003), y en el documental El juego de Cuba (2001), para elaborar una historia oscurísima, llena de tensión y muy obsesiva, con ese aroma que tanto le gustaban a Hitchcock y Lang, donde los personajes viven por y para su objetivo, mintiendo y traspasando todos los límites habidos y por haber, donde nos encontramos un lugar aislado, una casa metida en lo alto de la sierra, alejada de todos y todo, y con una pareja Javier y Adela, en una relación sentimental casi rota, y obsesionados con ser padres, y no se les ocurre otra cosa que, convencer a una niña, Irene, de 15 años, embarazada e interna de un centro de menores desamparados, donde trabaja Javier, y proponerle un plan siniestro, la cuidarán y cuando tenga el bebé se lo entregara.

Las cosas, dentro de una fragilidad inquietante, parecen ir bien, pero a medida que vayan pasando los meses, todo se enturbiará y el plan que parecía fuerte, empieza a resquebrajarse y empezarán las dudas, los miedos y ese mundo oscuro del que no podrán salir. Con una estupenda cinematografía de Marc Gómez del Moral (que también tiene en cartelera su trabajo en Pan de limón con semillas de amapola, de Benito Zambrano), con esos encuadres brillantes, donde se palpa la constante tensión entre todos los personajes, y esos planos cenitales de la casa y el paisaje rocoso donde se sitúa la historia. El inmenso trabajo de sonido de Eva Valiño, ayuda a crear esa hostilidad y persecución tremenda a la que se ven arrojados la pareja, y esa idea de casa aislada y llena de inquietud, con esos aires terroríficos como la morada aislada de El resplandor, de Kubrick, y el brillante montaje de Ángel Hernández Zoido, un grande de nuestro cine con más del centenar de títulos en su filmografía, que ha montado todas las películas de Martín Cuenca, sabe imprimir esa fuerza de tensión y suspense que persigue toda la película.

Como suele pasar en los trabajos del director almeriense, el reparto están bien compuesto y tanto los principales como los de reparto siguen una línea ascendente y brillan en sus cometidos, y cada uno de los personajes tienen su momento, aunque sean poco extensos. En este caso, encabezan unos grandísimos intérpretes, tenebrosos y llenos de miedo como la pareja que forman Javier Gutiérrez, que vuelve con Martín Cuenca después de El autor, y Patricia López Arnaiz, llenos de aristas, y lados oscuros, quizás la única cosa que todavía les une es el siniestro pacto en el que están metidos hasta el alma, la joven debutante Irene Virgüez Filippidis, que pasa por muchos estados y posiciones, reflejando esa imagen de fractura y fragilidad, sin nada que perder o mucho, según se mire, y esos maravillosos actores y actrices de reparto, como Juan Carlos Villanueva, el amigo policía de la pareja, que se pasará de tanto en tanto, creando esa hostilidad que llevará a los protagonista hasta el límite, Sofian El Benaissati es Osman, el novio de Irene, que también aparecerá en el momento más inesperado, y María Morales, la compañera de trabajo de Javier, presencias que ayudan a crear esa atmósfera turbia y hostil que emana de cada instante del relato.

La hija es un trabajo extraordinario, lleno de sensibilidad, tensión y de tremenda inquietud, que juega con el thriller y el terror, erigiéndose como en una nueva aproximación de Martín Cuenca a a la condición humana, a todas esas zonas oscuras que nos obsesionan, y sobre todo, nos dominan, arrastrados por esos deseos incumplidos, esas heridas que nos trastornan y nos empujan al abismo, y nunca mejor dicho en el caso de esta película, porque la casa, situada en lo alto de una colina, evidencia el profundo y oscuro estado de ánimo que domina a los protagonistas. Una película de pocos personajes, con momentos de cine de altura, donde todo emana honestidad y naturalidad, donde se asoma el thriller rural, el que se cuece en los ambientes pequeños y domésticos, salvaje y carpetovetónico, de azada y escopetazo, siguiendo la gran tradición española de la literatura como Delibes, Baroja, Ferlosio y Fernández Santos, y en el cine con los Saura, Camus, Gutiérrez Aragón y Borau, y demás, con ese realismo doloroso y maldito, con una profunda crítica social al país, y a sus ciudadanos y sus formas deshumanizadas y bestias de tratar y tratarse, evidenciando un universo siempre hostil, que se va resquebrajando y donde matar o ser matado es el pan de cada día. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA