Tres mujeres, de Leyla Bouzid

SEIS DÍAS CON LA FAMILIA. 

“No es la carne y la sangre, si no el corazón lo que nos hace padres e hijos”. 

Friedrich Von Schiller

Las dos primeras películas de Leyla Bouzid (Túnez, 1984), nos hablan de jóvenes rebeldes, jóvenes que se enfrentan a su familia y a sus deseos para conseguir aquello que les bulle, aquello que los hace vivir. Farah, la protagonista de As I Open My Eyes (2015), sueña con dedicarse a la música pese a la oposición de su padre en el convulso Túnez a escasos meses de la Revolución de 2010. Ahmed, el protagonista de Una historia de amor y deseo (2021) conoce a Farah y experimenta la pasión y el deseo que domina nuestras cabezas y cuerpos. La Lilia de Tres mujeres (en el original, À voix basse, traducido como “En voz baja”), también es una rebelde, con algunos años más que los citados, porque ella vive en Francia, lejos de la familia donde vive con su novia, y vuelve a su país natal por la muerte de su tío. Un lugar de otro tiempo, de un tiempo ya superado, dónde emergerán continuas tensiones, en el que deberá fingir su vida porque las cosas no han cambiado y siguen conservando el olor de antes, así como la mentalidad conservadora que es reacia a los cambios y las diferencias. 

La película se centra en Lilia, en un íntimo drama habitado en las cuatro paredes de la casa familiar, situada en la ciudad de Sousse, a 160 km al sur de la capital, donde todo gira en torno a la abuela, Mamie Néfissa, y sus dos hijas, Wahida y Hayet, la mamá y la tía de Lilia, respectivamente, y el fallecido, el tío Daly, homosexual que se escondió toda su vida y ha muerto en extrañas circunstancias. La trama tiene su epicentro en la familia, en sus secretos, en todo aquello que no se ha dicho y todo lo callado, en unos paredes que han dejado de mirar donde había que mirar, y sobre todo, han vivido a espaldas de una realidad que ahora les estalla con la desaparición de Daly. Hay una pequeña parte de la historia que se envuelve en el policíaco con las pocas pesquisas de la propia protagonista Lilia, que necesita investigar lo ocurrido como una especie de espejo donde la vida ausente de su tío es un mero reflejo donde pasado y presente se entrelazan con la homosexualidad como frente compartido. La película huye del discurso fácil y del mensajito entre unas partes y otras. No hay nada de eso, solamente unos personajes que actúan, piensan y sienten como les enseñaron, unos han roto con los valores del pasado como Lilia y otras, como las mujeres de Túnez, más sumisas y calladas, siguiendo la estela reaccionaria de un país y de su familia.

La cineasta Lilya Bouzid ha vuelto a acompañarse de sus dos grandes cómplices en sus tres películas. Tiene al cinematógrafo Sebastien Goepfert, que ha trabajado con Alice Douard y en la reciente María Montessori (2023), de Téa Todorov. Una imagen que se instala en el claroscuro, en la luz velada, en la que concierne a lo íntimo, a lo oscuro y a lo secreto otorgando a la cinta un cuadro lleno de misterio y enigmas, como ese momento cuando llega Lilia a la casa. El editor Lilian Corbeille, la tercera junto a la directora, habitual de Thomas Lilti y Alice Winocour, no tenía tarea sencilla en una historia que se va casi a las dos horas de metraje, y en la que suceden muchas cosas que alteran a los personajes, en una fábula donde se abren de par en par la caja de los truenos. La música del artista Yom, afamado artista en fusionar músicas de diferentes estilos, con su clarinete como eje central desde donde cimentar las distintas relaciones de los personajes, tan complejos y contradictorios, que se debaten entre la tradición seguida sin cuestionamientos contra las vidas tan diferentes del tío Daly y la aparición de formas de relacionarse como la que trae la pequeña Lilia, convertida en toda una mujer, que vive fuera en Francia y además, vive muy alejada de esa idea tradicional de su familia.

El fantástico grupo de mujeres que interpretan la película es otro de los elementos cruciales para la veracidad de lo que cuenta la historia. Encabezadas por la interesante Eya Bouteraa, en su segundo protagonista después de Les enfants rouges. Su Lilia transmite verdad, incomodidad y rebeldía. Le acompañan la gran Hiam Abbass, todo un referente en las cinematografías árabes, es la madre de Lilia, con sus matices, su dolor y su rabia, y amor. Marion Barbeau, a la que hemos visto en películas de Cédric Klapisch y Yann Gozlan, entre otras. Su Alice es un personaje que deberá enfrentar una situación nada agradable pero lo hará con entereza y arrojo. Feriel Chamari es la tía Hayet, y finalmente, la presencia de la veterana Salma Baccar, todo un referente en la cinematografía tunecina ya que fue la primera mujer en dirigir una película, además de ser una activa luchadora por los derechos de la mujer. Acérquense a ver una película como Tres mujeres, de Leyla Bouzid, que tuvo una excelente acogida en la Berlinale, porque cuenta el pasado y el presente de la sociedad tunecina, a través de una mujer como Lilia, una imagen moderna y rebelde que cuestiona las tradiciones y conservadurismos de un país que, en muchos aspectos, se ha quedado anclado en una forma de hacer y deshacer que va en contra con las libertades de los tiempos actuales, y además muestra todo esos elementos desde la verdad, la honestidad y la excelencia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Cyril Aris

Entrevista a Cyril Aris, director de la película «Un mundo frágil y maravilloso», en el marco del D’A Film Festival en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 27 de marzo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cyril Aris, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Martin Samper, por su gran labor como intérprete, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pep Munné

Entrevista a Pep Munné, intérprete de la película «Cowgirl», de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pep Munné, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens

LA VAQUERA Y SUS CIRCUNSTANCIAS.     

“Cada momento es un nuevo comienzo”.

T. S. Elliot

Es muy raro ver en el cine actual historias sencillas y cotidianas. Historias que nos hablen de personas maduras tan cercanas como las que podamos ser nosotros. Historias que se ambientan en espacios alejados del mundanal ruido, donde la vida tiene otro tiempo, quizás, un tiempo más de verdad y sincero. Como la película Cowgirl, el segundo trabajo del tándem valenciano Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, protagonizada por Empar, un mujer de sesenta años que viven en un pueblo rodeado de montañas en la provincia de Castellón con su inseparable Tona, una vaca que quiere embarazar para seguir con su vida y su trabajo. La oportunidad, porque esta película va de eso, de aprovechar las circunstancias para seguir hacia adelante, la tiene Bernat, el vaquero más caudaloso del lugar. La cosa se complica con una idea mercantilista del alcalde ambicioso de turno, además, de la llegada de Riqui, un joven que oculta muchas cosas. Estamos ante una trama sobre personajes que son personas de carne y hueso, y a los que les suceden cosas sencillas pero altamente emocionales y dificultosas.

Después de Coses a fer abans de morir (2020), el dúo creativo Pintado y Llorens dejan la juventud y la despedida de un gran amigo, para adentrarse en el otoño crepuscular de unos personajes como Empar y Bernat que registra el magnífico guion de Rafa Albert coescrito junto a los directores, en esta curiosa mezcla de western y drama social y rural, en el que todo fluye sin necesidad de aspavientos ni grandes sucesos, todo gira en torno a tres personajes y la vaca. Una mujer madura en pleno duelo y necesitada de un nuevo ternero para su existencia, para seguir creyendo y no vencerse ante las hostias de la vida. Un maduro de larga estancia en las Américas que regresa al pueblo, a sus raíces y quizás, a tantas cosas que dejó para irse o huir. Y finalmente, el joven Riqui, un náufrago que desea echar alguna raíz y dejar tanta negrura que ha habido en su vida. Los directores no hacen gala de condescendencia ni nada que se le parezca, porque andan por otros lares, los de construir personajes que transmiten verdad, que se alegran y se entristecen, que patalean y que intentan vivir a pesar de los pesares, porque estamos ante una cinta que no se aleja de lo humano, sino que lo observa, se acerca de forma honesta y sobre todo, lo refleja de la forma más profunda y sensible.  

Un equipo técnico sobresaliente empezando por la excelente música de Clara Peya, que ya descubrimos su gran talento en documentales como EnFemme, y con cineastas como Laura Jou y Javier Ruiz Caldera, y más recientemente en Un altre home, de David Moragas. La música de Palafrugell construye una soundtrack llena de poesía, cercanía y ambiental, que se difumina con los quehaceres diarios y los diversos conflictos que van brotando en la trama. La transparente y precisa cinematografía que firma uno de los codirectores Miguel Llorens, con una amplia carrera como cinematógrafo al lado de grandes nombres como Marc Recha, con el que hizo sus dos de sus primeras películas El cielo sube y L’arbre de les cireres, amén de Pau Durà y Pedro Pérez-Rosado, entre otros. La luz se muestra natural y nada embellecedora, sino capturando los grises que desprende cada encuadre. El gran trabajo de montaje de Alfons Suárez, que trabajó en la miniserie Mítics 70 (2024), del mencionado Llorens, que consigue dotar de equilibrio y elegancia a una trama que se va a los 109 minutos de metraje, en el que nunca tenemos la sensación de cansancio y mucho menos de derivas innecesarias, sino de un ritmo latente dentro de un entramado de miradas, gestos y silencios.

Un gran reparto encabezado por la excelente Isabel Rocatti que, después de medio siglo dedicada a la interpretación le llega el primer protagonismo con Empar, una mujer a la que la gran actriz le da misterio, grandeza y resistencia. Le acompañan un estupendo Pep Munné, otro de los rostros más conocidos de nuestro panorama, ahora metido en la piel de Bernat, el Mitchum de The Lusty Men, el tipo que retorna a sus raíces, a su anterior vida, a sí mismo. El tercero en discordia es Carlos Cuevas, un joven actor que hace del fugitivo que se hace amigo de un personaje en concreto. Después tenemos una retahíla de buenos actores valencianos como el eficiente veterinario Joaquín Climent, el pelotazo alcalde Carles Sanjaime, el impertinente ovejero Àngel Fígols, que ya estaba en Coses a fer abans de morir, entre otros. La película Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens tiene esa autenticidad de una historia bien contada, con sencillez, alejada de moderneces del momento, y mostrando unos personajes de verdad, de esos que hablan y callan sus cosas, las de antes y las de ahora, y siguen como pueden en un lugar vaciado pero sigue resistiendo los embates del mal llamado progreso y la especulación emocional y física en la que existimos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura Citarella

Entrevista a Laura Citarella, directora de la película «Trenque Lauquen», en el marco del U22. Festival de Cinema Jove de Barcelona, en la terraza de la cafetería de la Fundació Joan Miró en Barcelona, el sábado 20 de septiembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Citarella, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanta belleza, y al equipo de comunicación del festival, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Yo no moriré de amor, de Marta Matute

CUIDAR Y CUIDARNOS.  

“Sólo hay cuatro tipos de personas en el mundo: los que han sido cuidadores, los que son cuidadores, los que serán cuidadores y los que necesitarán cuidadores”

Rosalynn Carter

Hay dos elementos que sobresalen en Yo no moriré de amor, la magnífica puesta de largo de Marta Matute (Madrid, 1988). Uno es la familia, el centro neurálgico para bien o mal de nuestras existencias. Un género en sí mismo, abordado desde muchas miradas, clases, condiciones y negruras. El otro elemento es la enfermedad mental, esté menos tratada en el cine, y más concretamente, el de la demencia frontotemporal, más residual. Así que, el primer largometraje de la madrileña no sólo aborda un caso apenas expuesto en una pantalla, sino que lo hace situando el foco en la familia, en ese núcleo que, debido a la enfermedad neurodegenerativa, deberá estar más cerca y ayudarse y sobre todo, cuidarse, porque de eso va la película, de mirar a los otros y echarse una mano, y comprenderse, y no luchar los unos con los otros. La historia se centra en una familia cualquiera, en una familia que podría ser la nuestra. 

La directora, licenciada en Comunicación Audiovisual y diplomada en Arte Dramático, construye una home movie, donde lo doméstico se torna esencial y tremendamente cotidiano, a partir de la mirada de la más benjamín de la familia, Claudia, una joven de 18 años, que se forma para actriz, trabaja de camarera y tiene los sueños y las ilusiones de alguien propio de su edad. Tenemos a Inés, la hermana mayor que vive con su pareja en Barcelona, y el padre, recién jubilado después de una carrera como militar. Una familia que muestra poco cariño, como la mayoría, en la que cada uno hace la suya, se trata lo justo y poco más. La enfermedad de la madre los acerca por el deber que tienen encima, el de cuidar a la enferma, llevándolos a conflictos y luchas entre ellos que van capeando como pueden y siguen a pesar de la soledad, el malestar y el peso de cuidar a una persona que cada día está peor y el conflicto emocional que va supurando en cada uno de ellos. La película muestra todas estas aristas desde la sutileza y contención, alejándose de la pornografía del dolor y temas del estilo. Todo se muestra desde las miradas, los gestos y los silencios que se van apoderando e instalando en ese piso. 

La cineasta de Valdemoro ha cuidado con mucho detalle y precisión la luz mortecina y velada que estructura este espacio y a cada uno de los personajes, en una excelente cinematografía de Sara Gallego, de la que conocemos sus grandes trabajos en El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco, Las chicas están bien, de Itsaso Arana, Una ballena, de Pablo Hernando y La buena letra, de Celia Rico, entre otras. Una luz que traspasa cada estancia y cada emoción materializada desde lo más profundo. La música de Simón Franquest, aporta esos momentos, casi en silencio, como si no quisiera molestar, que puntualizan los momentos no dichos y si sentidos de la historia, que se mezclan con los otros temas de bandas que escucha Claudia que generan ese contrapunto en el que viven no sólo la joven sino cada miembro de la familia. El trabajo de edición que firma Carlos Cañas Carreira, preciso y sin alardes que, en sus 94 minutos de metraje, plantea una trama llena de momentos muy duros y secos, pero siempre tratados desde la sensibilidad y el afecto, apuntando esas contradicciones propias que viven en una situación que les sobrepasa y les lleva a lugares muy difíciles de gestionar tanto emocionalmente como los recursos en una sociedad que el cuidado no lo tiene como una de sus prioridades viviendo a espaldas a él, que se lleva desde lo oculto, la soledad y la oscuridad. 

Una película planteada desde la sutileza y aquello invisible, que huye de lo evidente, de lo estridente y de lo esperado, necesitaba un reparto que con muy poco sea convincente y transmita todo el desasosiego y la dificultad de lo que viven. Tenemos a Júlia Mascort, vista en el cortometraje Las chicas, debuta en el largometraje dando vida a una increíble Claudia que, a parte de llevar el peso de la trama, ejecuta con sencillez e inteligencia un personaje lleno de juventud y fuerza que se ve enfrentada a una tesitura dura y compleja. Le acompañan una convincente Laura Weissmahr como Inés, la hermana mayor, mostrando esas aristas que todos tenemos cuando la vida se pone muy difícil. Sonia Almarcha es Julia, la madre enferma, una actriz capaz de cualquier rol como demuestra en la película. Tomás del Estal, visto en una y mil películas como actor de reparto, asume el papel de padre, abrumado por la situación. Guillermo Benet, director de Los inocentes, entre otras, asume el papel de pareja de Inés. Una familia cinematográfica que vive, lucha, sufre, pelea entre ellos y trabaja a partir de una situación muy compleja en la que hacen lo que pueden con las herramientas, tanto físicas como emocionales, que tienen a su alcance.

La película Yo no moriré de amor cosechó grandes elogios por parte de la crítica y el jurado del último Festival de Málaga, en el que recibió los premios más importantes, valorando su destreza en contar la enfermedad mental y cómo la familia se relaciona con ella, en una historia que recuerda a la mirada y sensibilidad del cine de Mike Leigh, Stephen Frears y Ken Loach, ese cine británico de working class que sabe penetrar en lo más cotidiano y en los conflictos que se suceden, desde la contención y enfrentándose a unos personajes tan cercanos que son como espejos en los que nos miramos porque les suceden cosas muy parecidas a las de nosotros. Nos quedamos con el nombre de Marta Matute que, siguiendo la buena estela que sigue a muchas cineastas que están renovando el cine español y entrando en él por la puerta grande con historias llenas de verdad, sensibles, íntimas y que miran a la sociedad desde lo más profundo, excavando en lo que somos, cómo sentimos y sobre todo, cómo nos relacionamos, lo bien o mal que lo hacemos, lo que callamos, lo que nos molesta y lo que peleamos. En fin, la vida que nos va pasando y a veces, como ocurre en la película, se muestra tan dura y difícil que hay que resistir o morir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Lucía Selva

Entrevista a Lucía Selva, directora de la película «Quién vio los templos caer», en el marco del DocsBarcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el miércoles 13 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lucía Selva, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Amparo Vega de Comunicación de la película, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Isabel Herguera

Entrevista a la cineasta Isabel Herguera, con motivo del ciclo y la exposición «El desig d’un lloc imagiant», en el hall de las salas en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el miércoles 11 de marzo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isabel Herguera, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato

HUMANIDAD CONTRA BARBARIE. 

“Debemos tomar partido… La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima… El silencio ayuda a quien atormenta, nunca al atormentado”. 

Elie Wisel 

Ninguna otra disciplina artística tiene la capacidad como el cine de mirar el pasado y reconstruirlo haciendo memoria o, simplemente, acercarse a lo más íntimo e individual de ciertos personajes que las circunstancias los llevaron a ser uno de los centros en cuestión muy a su pesar. Esto es lo que cuenta la ópera prima Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato (Chile, 1978), basándose en la historia real de uno de esos hombres anónimos. Esta es la historia del capitán Jorge Silva, oficial del ejército chileno. Un disciplinado y brillante aviador que salvó al presidente Allende de un ataque tiempo atrás. Ahora, se encuentra como jefe de la escuela aérea que forma a futuros aviadores. Pero, todo cambió el miércoles 11 de septiembre de 1973 cuando Pinochet con la ayuda de la CIA estadounidense atacó el Palacio de la Moneda y derrocó al presidente electo Salvador Allende. En ese instante, la escuela se convierte en un centro de detención y tortura que dirige el coronel Jahn, antiguo adversario de Silva. A partir de ese momento, el capitán deberá obedecer las terribles órdenes o desobedecerlas, a partir del dilema moral por el que navega la magnífica película.   

Basada en el libro “Disparen a la bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contra Bachelet y los otros”, de Fernando Villagrán, que recoge unos hechos reales, guionizado por Luis Emilio Gúzman, que conocemos por sus trabajos para el director Nicolás Acuña, el relato se posa y gira en torno al rostro, el cuerpo y la conciencia del citado Jorge Silva, un militar de convicción pero también un humanista de corazón. En apenas unos pocos días, la historia se plantea desde las miradas, el silencio y los gestos de unos pocos personas, en el que todo lo vemos y sentimos a través de Silva, un tipo que vive sumido en una contradicción poderosa que no le deja respirar, sometido a una dicotomía en el que andan en liza dos situaciones contrapuestas: su amor a la patria y su deber como militar contrapuesto ante el horror y la barbarie que ha emprendido el ejército para eliminar la libertad e instaurar un régimen de terror y violencia, que queda muy reflejado en las palabras que menciona el mencionado coronel: “Marxismo o democracia”. Ante ese panorama oscuro y terrible, la posición de Silva se verá alterada, primero en estado de shock por el golpe de estado, y luego, con la toma de conciencia personal e individual ante unos hechos que están sucediendo en directo y frente a él.  

Sallato para su salto al largometraje ha contado con el cinematógrafo Diego Pequeño, con el que ya trabajó en la serie documental La cultura del sexo, que codirigió junto a Juan Ignacio Sabatini. Una luz sobrecogedora y magnífica con un apabullante blanco y negro y el formato de 16mm, ayuda a capturar las grises y claroscuros de este potente ejercicio de cine político y de conciencia individual y barbarie que no sólo ejecuta con precisión quirúrgica los avatares emocionales de su protagonista sino que construye un imponente y brutal thriller con el mejor aroma de Lumet, Frankenheimer y demás cineastas en el New Wzve estadounidense. La música que firma el dúo Alberto Michelli y Matteo Marrella ayuda a generar esa tensión constante en la precisa atmósfera de cuento de terror por el que se mueve la historia. El montaje de la pareja Sebastián Brahm, que tiene en su haber El salvavidas (2011) y La once (2014), ambos documentales de la interesante Maite Alberdi, y de Valeria Hernández, un nombre reconocido con más de 30 títulos en la cinematografía chilena al lado de directores como Matías Bize y Jorge Riquelme Serrano, entre otros, que también estuvo en la citada La cultura del sexo. Su edición es precisa, intensa y sensible en sus breves 81 minutos de metraje.

Un reparto estelar encabezado por el pedazo de actor Nicolás Zárate, que hemos visto en Algunas bestias, del citado Riquelme Serrano, que compone a un Silva, con todos sus matices, su rectitud, su vulnerabilidad, su miedo y su deber peleado por su humanidad. Le acompañan Marcial Tagle en la piel de Jahn, un actor metido en mil batallas en películas de Pablo Larraín, Sebastián Leilo, Nicolás López, y más, transmite todo el terror y la maldad del citado coronel. Boris Quercia es el otro coronel, que tiene en su haber los directores Andrés Wood, y sus comedias populares como director. Sigan su instinto y no se pierdan una película como Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato, del que después de ver su primer largometraje, estaremos muy atentos a sus próximos trabajos, porque demuestra una gran inteligencia para introducirnos en la piel, el rostro y el cuerpo de un hombre que, cuando todo parecía en su contra, impuso su humanidad. Una película que les  explicará una parte íntima y personal de un antihéroe como Silva que se vio envuelto en una situación donde el terror y la violencia se apoderó de la armonía y la paz que tenía, y en ese instante, fue cuando sacó su humanidad y se lanzó a lo que consideró justo y humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Robin Campillo

Entrevista a Robin Campillo, director de la película «Enzo», en unas escaleras en el recinto del Hotel Barceló Sants en Barcelona, el lunes 4 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Robin Campillo, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y a Sylvie Leray de Reverso Films, por su excelente traducción y por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA