Los ilusos 13+13, de Jonás Trueba

LOS AMIGOS QUE AMAN EL CINE. 

“El cine es más bello que la vida, no hay atascos ni tiempos muertos. Avanza como un tren atravesando la noche. Hemos nacido para ser felices con nuestro trabajo, haciendo cine”… haciendo cine para que otros sean felices, viéndolo”

El director de cine interpretado por François Truffaut en La noche americana (1973)

Las primeras veces suelen ser especiales, cuando son especiales, tienen algo de mágico, de ilusión, de imaginar que estás experimentando con algo desconocido, hasta ese día, y ahora, se torna tangible, algo real, o si lo quieren, algo más cercano, más íntimo, más tuyo, como si desde instante la cosa fuese tuya, como una posesión muy preciada. El tiempo, siempre el tiempo, decidirá si fue así o no. algo parecido me sucedió en el Festival D’A de Barcelona de hace 13 años cuando se estrenó Los ilusos, la segunda película, o película cero como dice el propio director Jonás Trueba (Madrid, 1981). Las imágenes en blanco y negro pintaban a unos amigos haciendo cine, haciendo cine cuando no se hace cine. Una película-esbozo, llena de apuntes para futuras películas, recorriendo unos lugares solos o acompañados, viviendo la vida filmada por el cine o el cine filmado por la vida. 

Ahora, 13 años después, la película vuelve a los cines con otra cara, la más significativa es su peculiar uso del blanco y negro que convive con el color de forma aleatoria e instintiva, el formato 16 mm ahora más depurado y elegante, y el sonido, más limpio y preciso. Esta no ha sido mi segunda vez, a finales de febrero de 2014 la volví a ver en la Filmoteca de Cataluña para entrevistar a Jonás por primera vez. Han pasado 13 años y siete entrevistas más, contando la del pasado miércoles. Reconozco que he crecido junto a Los ilusos, y las deficiencias de entonces pasaron inadvertidas por el que suscribe, porque la primera vez su historia quedó en mi, me convertí en una especie de explorador de sus imágenes, de sus detalles, de sus (des) encuentros y de toda la gente que aparecía por sus espacios, donde vemos librerías, cines, calles vacías y nocturnas, encuentros de amigos con luz, sin luz, en barras de bares, al anochecer, al amanecer, y a cualquier hora por un Madrid diurno y noctámbulo, muy alejado de la postal y de los lugares comunes. Charlas interminables sobre la vida, la muerte, sobre los genios o enamorados, sobre todo y nada, y sobre todo, el cine, el cine como espejismo, como eje vital y como un todo o una nada inmensa. La vida como reflejo de algo o de nada, y el cine, siempre presente, a través de una cámara, con amigos y con ese deseo complejo y neurótico de filmar y hacer cine o simplemente vivir en el cine, imaginándolo, pensándolo, sintiéndolo y amándolo y odiándolo o que sé yo. 

En aquel rodaje estaban el mencionado Jonás, acompañado del equipo técnico: Javier Lafuente, Santiago Racaj, Marta Velasco, Miguel Ángel Rebollo, Laura Pernau, Víctor Puertas y Eduardo G. Castro, y los intérpretes Francesco Carril, Vito Sanz, Isabelle Stoffel, Aura Garrido, Mikele Urroz y Luis Miguel Madrid, el entrañable y metemano Perucho, fallecido, al que está dedicada 13+13, y muchos más. Una comunidad de amigos de entonces y de ahora, a otros que se han sumado como Itsaso Arana, Irene Escolar y demás, que película tras película se han convertido en la troupe ilusoria, o lo que es lo mismo, un grupo de amigos que hace cine, y mientras, entre tiempos y memorias, piensan el cine, lo sienten y demás. La película tiene unos cuantos episodios, y dos partes, con la memorable actuación de “Cabalgar”, interpretada por El Hijo, como ruptura entre las dos mitades. En la primera la cosa de un rodaje sobre una película, una especie de “La nuit américaine”, donde vemos sus dos mitades, lo que se rueda y quién rueda, mostrando “la cuarta pared del cine”. En la segunda, la cosa sigue, al impertérrito León y su proceso de pensar en una película mientras conoce a Sofía y quedan, hablan, comen y follan, y se relaciona con sus amigos como Bruno, donde la película se torna más cómica o al menos así lo parece, porque en la película conviven diferentes géneros y texturas, mezcladas y por libre. 

Trece años después volver a ver Los ilusos es cómo reencontrarse con un viejo amigo o un viejo amor, el cual sigue, no igual, sino diferente, pero con la misma esencia, como si el tiempo se hubiera detenido, para las películas sí que se detiene, o quizás no, porque los espectadores cambiamos y las películas, lo que cuentan y cómo se transmite también, y ya no la vemos igual, o si, porque entre todas las cosas misteriosas que hay alrededor del cine, en el hecho de ver una película y la misma película a través de los años, y siempre nos recorre la misma sensación, como si la película cumpliera años como nosotros, porque la vemos diferente, es esa ilusión con la que nos relacionamos con el cine. En todo caso, Los ilusos es una película sin tiempo, viva, soñadora y capital para una forma de hacer cine cuando no se hace cine, una contradicción que define tanto la película como la materia cinematográfica del propio cine, en ese eterno dilema del cine soñado y del cine que queda, porque la película es una cosa y también, es todas las películas soñadas, las que no se van hacer pero también impregnan cada fotograma, cada encuadre, cada pensamiento y cada sonrisa. 

Los espectadores de hace trece años tienen una cita ineludible estos días con Los ilusos para volver a verla, o quizás ya la han visto en este intervalo, pero no cómo “los ilusos” la han vestido, igual pero de otra manera, donde conviven los colores y los blancos y negros, los sonidos, los encuadres, y las diferentes películas que genera la propia película, con sus personajes y personas, con su rodaje y la película, con esos momentos que son inolvidables, como los de Vito con su no relación con Javier Rebollo, el peculiar Perucho y su amor por las películas de VHS, y todos los momentos en bares, comiendo, riendo, intentando pagar o no, y demás maravillosas escenas de una película-rodaje o quizás, un trozo de cine de un grupo de amigos que hacen cine o al menos, sueñan con el cine mientras van filmando y filmándose. No me olvido de los espectadores que van a ver por primera vez la película y descubrir, palabra ilusoria por antonomasia, y también, van a soñar en el cine, en hacer cine, en futuras películas, futuras tramas, en instantes futuros, y sobre todo, van a seguir confiando en el cine como refugio, como sueño, como alternativa, como revolución y como no, el cine como herramienta para mirar la vida y las vidas, las de de los demás y las nuestras. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

A la cara, de Javier Marco

LOS (DES) ENCUENTROS INCÓMODOS. 

“Muchas veces lo que no se halla cuando se busca, sale al encuentro cuando no se busca”

Séneca

En Josefina (2021), la ópera prima de Javier Marco (Alicante, 1981), se encontraban Juan, un funcionario de prisiones y Berta, una modista que tiene a su hijo cumpliendo condena. Un (des)encuentro lleno de falsas identidades, de comprensión, empatía, ayudarse y sobre todo, alguien a quién mirarse y ayudarse, a partir de silencios incómodos, miradas en voz baja y sentimientos barrados. Un espacio, dos desconocidos y unos encuadres cercanos, que traspasan unas vidas anónimas, vacías y llenas de frustración. Su segunda película A la cara, nace del cortometraje homónimo de 2020, que también protagonizaban Solo y Almarcha, en la que nos encontramos con Pedro, un pobre tipo que trabaja de mantenimiento en un campo de golf, mientras escupe odio en el anonimato de las redes sociales, y también, con Lina, una famosa presentadora de televisión objeto de la ira del citado Pedro. Como la vida juega con las cartas marcadas, estos dos personajes aislados, de universos diferentes y paralelos se encontrarán. 

Una premisa sencilla y directa, tan cotidiana que duele, es el epicentro del guion de Belén Sánchez-Arévalo, con la que vuelve a trabajar después de la mencionada Josefina, y el director, que vuelve a asfixiarnos con un relato de dos personas, que tienen en común su mala conciencia de haber sido malos padres, que callan mucho, que hablan a trompicones y se aíslan del mundo cuando tienen problemas. Dos mundos que no están tan alejados como pueda aparentar al inicio de la película, porque hasta los seres más solitarios y más rodeados, siempre tienen un momento de tristeza y desesperación, sean quiénes sean y tengan lo que tengan. La habilidad y la inteligencia del guion nos sumerge en un retrato muy actual de la sociedad en la que todos nos movemos a diario. El de tantas existencias anodinas, tan derrumbadas interiormente, y sobre todo, vidas que huyen cuando la vida aprieta a base de bien, sin tener recursos emocionales, las dichosas emociones, que siempre nos lastran y se convierten en nuestro peor enemigo. La cosa va también de hijos y de la mala relación con ellos, porque ser padre es muy difícil y además, te sientes juzgado constantemente por todos y por ti mismo. Tiene mucho de historia sencilla que parece todo como muy convencional, pero más lejos de la realidad, porque todo sucede y de qué manera.  

La luz apagada y velada que encuadra los interiores lúgubres de la casa, anclada en otro tiempo, como si el tiempo se hubiera detenido en esas cuatro paredes que reflejan lo cotidiano y la tristeza impregnada en todo. Una excelente cinematografía que firma Anna Franquesa-Solano, de la que hemos visto Indiana, de Toni Comas, The Farewell, de Lulu Wang y Cantando en las azoteas, de Enric Ribes, entre otras. La música de Margaret Hermant, autora de la banda sonora de la reciente Mallorca confidencial, de David Ilundain, construye ese pequeño/gran universo entre dos desconocidos que son demasiado conocidos, por todo lo que son, como funcionan y las cargas emocionales que comparten, de las que la película no verbaliza, sino que muestra su distancia y cercanía mediante las acciones y la música que crea esa atmósfera extraña y absorbente como la que generaba Teorema, de Pasolini. El montaje corre a cargo del propio director que, en sus reposados y agobiantes 95 minutos de metraje, cimenta sin prisas y con peso, sin alardes ni artificios, una intensa y silenciosa retrato de dos invisibles que sufren, y que no encuentran su salida, en este duro drama sobre todo aquello que no sabemos verbalizar y todo aquello que duele mucho. 

Como sucedía en Josefina, con la pareja protagonista Roberto Álamo y Emma Suárez, que estaban soberbios, ceden el timón al dúo Manolo Solo, que tenía un breve personaje en la citada Josefina, y Sonia Almarcha, que dan vida a los dos personajes que se encuentran y desencuentran, porque tienen más en común de lo que les gustaría. Dos almas perdidas y rotas que tendrán su oportunidad de mirarse en sus propios espejos, de los que hace mucho que no se reflejan, y en los del otro. Completan el reparto Roberto Álamo y Daniel Pérez Prada en buenos registros y la casi debutante Helena Zumel, que destaca por su naturalidad y arrojo. No se pierdan A la cara, de Javier Marco, porque es de esas películas sin pretensiones, alejadas de las moderneces y narrativas que imponen otras producciones, tan brillantes y tan vacías, aquí hay personajes e historia, tan cercanas como incómodas, de las que duelen y nos hacen reflejarnos en otras vidas, tan alejadas que las podamos tocar, muy íntimas y humanas, con sus complejidades, miedos e inseguridades en una sociedad cada vez más fría, más espectáculo y más experiencial, y obsesionado con las apariencias y en el hacer, y vacía en humanidad, en mirarse, en hablarse, en comprender y sobre todo, como mencionaba Arendt, en ser. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Entrevista a Laura García Alonso

Entrevista a Laura García Alonso, directora de la película «Corredora», en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 26 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura García Alonso, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Alba Saéz

Entrevista a Alba Saéz, intérprete de la película «Corredora», de Laura García Alonso, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 26 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alba Saéz, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Corredora, de Laura García Alonso

CRIS FRENTE AL ESPEJO. 

“No debemos olvidar que lo que el espejo nos ofrece no es otra cosa que la imagen más fiel y al mismo tiempo más extraña de nuestra propia realidad”. 

Ana María Matute

Encontramos muchas películas que nos hablan de deportistas enfrascados en los vaivenes de su actividad, inmersos en duras peleas,  propias y ajenas, donde se dirime si acabarán ganadores o perdedores. Una película como Corredora, de Laura García Alonso (Madrid, 1990), su primer largometraje en solitario, debutó con la película colectiva Los inocentes (2013), surgida de la Escac, donde se formó.  Un guion que se aleja de lo esperado para profundizar en la salud mental en el deporte, coescrito por Pol Corteans, del que conocemos sus series junto al director Pau Freixas, Sé quien eres, Bienvenidos a la familia, Todos mienten y Los sin nombre, y la propia directora, se centra en Cris, una joven y atleta extraordinaria de alta competición que entrena en un centro de alto rendimiento y todo parece llevar el camino correcto. Un día, un día como cualquier otro, la joven sufre un brote psicótico que la hace alejarse de las pistas, encontrar refugio junto a su hermana mayor, Natàlia e iniciar un camino lleno de obstáculos que le harán parar y pensar en su vida. 

Una trama transparente e íntima que se posa en la mirada, el cuerpo, el gesto y los silencios de la protagonista, donde seguimos como si fuese una competición contra ella misma y contra el mundo, en que la agitación y la tensión constante en la que existe esta joven, que lucha contra una fuerza muy superior, sus capacidades y sus límites, o dicho otra cosa, su mente contra su cuerpo, en una batalla sin cuartel en el que se implican su entorno. Una hermana mayor-amiga que la ayuda, la abraza y la mira, que no resultará nada sencillo, y un padre, acogedor y preocupado que también le dará su apoyo y se mostrará duro con las intenciones de la joven de volver a competir cuanto antes. Estamos ante una home movie casi, de pocos escenarios, muy cotidianos y extremadamente domésticos, con esa atmósfera férrea y asfixiante que recuerda a algunos cineastas de la reconocida Escuela de Loza como Polanski, Zulawski, Skolimowski y Kieslowski, entre otros, que construyeron duros dramas sobre las capacidades e incapacidades mentales y todo lo que eso conlleva, a partir de retratos sinceros, agobiantes y nada complacientes, protagonizados por individuos atrapados en telas de araña construidas por sí mismos enfrentados a unos entornos hostiles y violentos. 

Una cinematografía brutal y ejemplar sacude cada encuadre de la película, con la omnipresente Cris, que firma Gina Ferrer, responsable de películas significativas en los últimos años como Panteres, Tros, La maniobra de la tortuga, 20000 especies de abejas y Sorda, entre otras. La cámara se pega a la protagonista siendo una extensión más, como una extremidad que la acoge, la zarandea y la engulle, todo a través de esa luz mortecina que impone esa imagen velada que construye cada elemento y cada emoción de los diferentes personajes. La música de Susana Hernández “Ylia”, responsable de la música de Segundo premio, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, es una composición que huye de la condescendencia y la puntualización para crear un espacio centrado en los altibajos emocionales que sufre Cris. El montaje de Marta Velasco, una grande con más de medio centenar de títulos entre los que destaca los films de Fernando, David y Jonás Trueba, amén de otros igual de interesantes. Una duración de 96 minutos de metraje que pasan de una volada, sumergiéndonos en la gestión emocional de una mujer que a pesar de todo, sigue queriendo, quizás demasiado rápido o en contra de sus límites.

La apuesta de la película con Alba Sáez encarnando a la vulnerable Cris ha sido un gran acierto, porque la actriz demuestra una capacidad asombrosa para enfundarse en la piel de Cris, y extraer de ella todos los matices y detalles de un personaje metido en un cuento de terror doméstico y demasiado cercano que pone los pelos de punta. Le acompañan las buenas interpretaciones de Marina Salas como la hermana y Àlex Brendemühl como padre, amén de los “otros” corredores reales que arropan y dan esa verdad que resulta vital para el desarrollo de la película. No dejen de ver una película como Corredora, de Laura García Alonso, porque nos habla de salud mental, de todos los ritmos y exigencias que nos imponemos para llegar más lejos o antes que los demás. Estamos seguros que la película da un gran toque de atención a los tiempos febriles y las actividades asfixiantes que hacemos constantemente y no sólo eso, que las hemos naturalizado como algo que debemos de hacer. Cuidado con los Mr. Hyde en los que nos estamos convirtiendo, porque nos puede ocurrir como Grey, que finjamos ser una cosa y en un cuadro/espejo por ahí perdido se muestra nuestro reflejo, tan lleno de heridas que somos incapaces de verlas y de vernos a nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Isabel Rocatti

Entrevista a Isabel Rocatti, intérprete de la película «Cowgirl», de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isabel Rocatti, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miguel Llorens

Entrevista a Miguel Llorens, codirector junto a Cristina Fernández Pintado de la película «Cowgirl», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Llorens, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Tres mujeres, de Leyla Bouzid

SEIS DÍAS CON LA FAMILIA. 

“No es la carne y la sangre, si no el corazón lo que nos hace padres e hijos”. 

Friedrich Von Schiller

Las dos primeras películas de Leyla Bouzid (Túnez, 1984), nos hablan de jóvenes rebeldes, jóvenes que se enfrentan a su familia y a sus deseos para conseguir aquello que les bulle, aquello que los hace vivir. Farah, la protagonista de As I Open My Eyes (2015), sueña con dedicarse a la música pese a la oposición de su padre en el convulso Túnez a escasos meses de la Revolución de 2010. Ahmed, el protagonista de Una historia de amor y deseo (2021) conoce a Farah y experimenta la pasión y el deseo que domina nuestras cabezas y cuerpos. La Lilia de Tres mujeres (en el original, À voix basse, traducido como “En voz baja”), también es una rebelde, con algunos años más que los citados, porque ella vive en Francia, lejos de la familia donde vive con su novia, y vuelve a su país natal por la muerte de su tío. Un lugar de otro tiempo, de un tiempo ya superado, dónde emergerán continuas tensiones, en el que deberá fingir su vida porque las cosas no han cambiado y siguen conservando el olor de antes, así como la mentalidad conservadora que es reacia a los cambios y las diferencias. 

La película se centra en Lilia, en un íntimo drama habitado en las cuatro paredes de la casa familiar, situada en la ciudad de Sousse, a 160 km al sur de la capital, donde todo gira en torno a la abuela, Mamie Néfissa, y sus dos hijas, Wahida y Hayet, la mamá y la tía de Lilia, respectivamente, y el fallecido, el tío Daly, homosexual que se escondió toda su vida y ha muerto en extrañas circunstancias. La trama tiene su epicentro en la familia, en sus secretos, en todo aquello que no se ha dicho y todo lo callado, en unos paredes que han dejado de mirar donde había que mirar, y sobre todo, han vivido a espaldas de una realidad que ahora les estalla con la desaparición de Daly. Hay una pequeña parte de la historia que se envuelve en el policíaco con las pocas pesquisas de la propia protagonista Lilia, que necesita investigar lo ocurrido como una especie de espejo donde la vida ausente de su tío es un mero reflejo donde pasado y presente se entrelazan con la homosexualidad como frente compartido. La película huye del discurso fácil y del mensajito entre unas partes y otras. No hay nada de eso, solamente unos personajes que actúan, piensan y sienten como les enseñaron, unos han roto con los valores del pasado como Lilia y otras, como las mujeres de Túnez, más sumisas y calladas, siguiendo la estela reaccionaria de un país y de su familia.

La cineasta Lilya Bouzid ha vuelto a acompañarse de sus dos grandes cómplices en sus tres películas. Tiene al cinematógrafo Sebastien Goepfert, que ha trabajado con Alice Douard y en la reciente María Montessori (2023), de Téa Todorov. Una imagen que se instala en el claroscuro, en la luz velada, en la que concierne a lo íntimo, a lo oscuro y a lo secreto otorgando a la cinta un cuadro lleno de misterio y enigmas, como ese momento cuando llega Lilia a la casa. El editor Lilian Corbeille, la tercera junto a la directora, habitual de Thomas Lilti y Alice Winocour, no tenía tarea sencilla en una historia que se va casi a las dos horas de metraje, y en la que suceden muchas cosas que alteran a los personajes, en una fábula donde se abren de par en par la caja de los truenos. La música del artista Yom, afamado artista en fusionar músicas de diferentes estilos, con su clarinete como eje central desde donde cimentar las distintas relaciones de los personajes, tan complejos y contradictorios, que se debaten entre la tradición seguida sin cuestionamientos contra las vidas tan diferentes del tío Daly y la aparición de formas de relacionarse como la que trae la pequeña Lilia, convertida en toda una mujer, que vive fuera en Francia y además, vive muy alejada de esa idea tradicional de su familia.

El fantástico grupo de mujeres que interpretan la película es otro de los elementos cruciales para la veracidad de lo que cuenta la historia. Encabezadas por la interesante Eya Bouteraa, en su segundo protagonista después de Les enfants rouges. Su Lilia transmite verdad, incomodidad y rebeldía. Le acompañan la gran Hiam Abbass, todo un referente en las cinematografías árabes, es la madre de Lilia, con sus matices, su dolor y su rabia, y amor. Marion Barbeau, a la que hemos visto en películas de Cédric Klapisch y Yann Gozlan, entre otras. Su Alice es un personaje que deberá enfrentar una situación nada agradable pero lo hará con entereza y arrojo. Feriel Chamari es la tía Hayet, y finalmente, la presencia de la veterana Salma Baccar, todo un referente en la cinematografía tunecina ya que fue la primera mujer en dirigir una película, además de ser una activa luchadora por los derechos de la mujer. Acérquense a ver una película como Tres mujeres, de Leyla Bouzid, que tuvo una excelente acogida en la Berlinale, porque cuenta el pasado y el presente de la sociedad tunecina, a través de una mujer como Lilia, una imagen moderna y rebelde que cuestiona las tradiciones y conservadurismos de un país que, en muchos aspectos, se ha quedado anclado en una forma de hacer y deshacer que va en contra con las libertades de los tiempos actuales, y además muestra todo esos elementos desde la verdad, la honestidad y la excelencia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Cyril Aris

Entrevista a Cyril Aris, director de la película «Un mundo frágil y maravilloso», en el marco del D’A Film Festival en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 27 de marzo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cyril Aris, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Martin Samper, por su gran labor como intérprete, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pep Munné

Entrevista a Pep Munné, intérprete de la película «Cowgirl», de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pep Munné, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA