JEANNE Y LA VIDA.
“Lo más duro de aprender en la vida es qué puente cruzar y cuál quemar”.
David Russell
La vida de Jeanne, o al menos eso parece cuando arranca la película, está bastante equilibrada: su trabajo bien remunerado en una agencia de seguros que le permite vivir en una amable y cómoda zona residencial a las afueras de París, y además, una soledad elegida que le da una existencia muy tranquila y sin sobresaltos. Una tarde de verano, como otra cualquiera, llega de improviso Suzanne, su hermana pequeña viuda que trae consigo sus hijos pequeños, Gaspard y Margaux. A la mañana siguiente, Suzanne ha desaparecido y ha dejado una nota que pide a su hermana que cuide a sus hijos. A partir de ese momento, la historia se destapa sin titubeos, y nos deja ver a una Jeanne muy distinta, a medida que avanza la trama iremos descubriendo una mujer diferente que ha ocultado bajo la alfombra su verdadera vida mostrando a los demás una que nada tiene que ver. Así empieza Los niños están bien (en el original, “Les enfants vont bien”).

El quinto trabajo de Nathan Ambrosioni (Francia, 1999), después de dos cintas de terror Hosile (2014), y Therapy (2016), un drama como Le drapeaux de papier (2018) y la comedia dramática Toni, en familie (2023), parece aglutinar parte de aquellas, porque estamos ante un drama muy contenido que se sitúa en un marco aparentemente frío y distante, como la vida y por ende la casa de la protagonista Jeanne, porque así se muestra en un principio. Su vida ordenada y gélida se ha puesto patas arriba con la huida de su hermana y con el cargo de sus dos sobrinos. El director francés opta por una narración reposada, alejada de estridencias argumentales ni aspavientos emocionales, todo se cuenta desde lo interior, con unos personajes que miran mucho y hablan poco, eso sí, cuando la hacen, estallan muchas cosas. Seguimos con cuidado detalle y precisión la realidad cotidiana de la protagonista pasando por toda la burocracia en estos casos: policía, juzgado de menores y demás instancias. Aparte conocemos a Nicole, su ex pareja que le ayuda con sus sobrinos. Un personaje que desvela información delicada de Jeanne que nos hace verla desde diferentes ángulos y complejidades.

Un magnífico trabajo de cinematografía que firma Victor Seguin, responsable de películas como Back Home, Gagarine, A tiempo completo y Blue Jean, entre otras, donde prima los colores pálidos y oscuros, donde rebosan las tonalidades marrones y negras, así como el tono plomizo del cielo y la abundancia de interiores que cercan la realidad opresiva que siente una Jeanne que se ve sobrepasada. La música de Alexandre de La Baume, se despoja de lo convencional porque no se dedica a subrayar los elementos dramáticos que ya son lo suficientemente fuertes, sino que se va a las antípodas, construyendo unas composiciones que puntean de forma clarividente y sólida cada encuadre, cada mirada, cada detalle y sobre todo, las complejidades de unos hechos que para todos son novedosos y deben lidiar con todo eso. El montaje es del propio Ambrosioni, actividad que compagina con la dirección, ya que ha montado cuatro de sus cinco películas, amén de ediciones para otros directores. Una edición concisa, sobria y tejiendo sin prisas una película sensible que presenta muchas emociones y muy contradictorias y a unos seres vulnerables, complejos e imperfectos, como somos todos, en sus 111 minutos de metraje nada previsibles que se ven con mucho interés.

Otro de los grandes aciertos de la cinta es su excelente reparto arrancando por Camille Cottin que hace de Jeanne, que trabajó con Ambrosioni en la citada Toni, en familie, amén de otros grandes nombres como Honoré, Klapisch, Scott, Branagh y Mouret, entre otros. Le acompañan su hermana desaparecida que es Juliette Armanet, Monia Chokri es Nicole, su salvación, que hemos visto en películas de Dolan, Arcand, Calibre Simon, además de su filmografía como directora. La belga Myriem Akeddiou, vista en la poderosa Yo te creo, es una jueza de menores, los niños Manoâ Varvat y Nina Birman, y la presencia siempre estimulante del gran Féodor Atkine, con una larga trayectoria con más de 120 películas entre los que destaca Rohmer, Almodóvar, Pollack, Saura, Altman, Zulawski, entre otros. No se pierdan Los niños están bien de Nathan Ambrosioni, porque habla de esos temas incómodos que intentamos esquivar pero que, tarde o temprano, nos dan la hostia de las buenas, porque mete el dedo en la llaga de todas esas decisiones que tomamos más por miedo y luego, la vida, eso que hacemos a diario y pocas veces nos enteramos de qué va, nos devuelve a nuestra realidad, y nos lo hace pagar en formas diferentes. En el fondo, por mucho que creamos que decidimos algo de nuestras breves e insignificantes existencias, la cosa va más por las malditas circunstancias que nos sitúan donde no queremos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA





NOCHE Y NIEBLA EN GAZA. 




ELLE EN EL EDIFICIO DE LAS PESADILLAS. 




ADOLESCENCIA Y ABORTO. 



UN CÓMICO HOMENAJEA A EL CÓMICO. 

