Les culpables, de Marta Duran Lozano

ADOLESCENCIA Y ABORTO.    

“¡Basta de silencios!¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!

Santa Catalina de Siena 

En Una canta, la otra no (1977), de Agnès Varda (1928-2019), unas de las primeras películas que abordó de forma frontal y directa el tema del aborto a través de dos amigas, en la que una ayudaba a la otra a abortar de forma clandestina. La directora francesa siempre puso el foco en la libertad de la mujer, en sus derechos, sus problemas y su lugar en la sociedad. En Les culpables, la directora debutante Marta Duran Lozano (Cardedeu, 1997), también pone su luz en las adolescentes que abortan, y lo hace usando un dispositivo nada convencional y extraordinariamente efectivo, sin caer en amarillismos ni condescendencias, a partir de 6 jóvenes que ponen voz, cuerpo e interpretación a las vidas y experiencias de más de 100 adolescentes anónimas que abortaron, y lo hace a través de la palabra, la escenificación y demás artificios cinematográficos donde arma una película sobre el aborto y también, una película de cómo ahcer una película sobre el aborto.

La película surgida del prestigioso Máster de Documental de Creación de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona nace con la voluntad de romper el silencio de cientos de miles de mujeres jóvenes que tuvieron que vivir o sobrevivir a la experiencia de quedarse embarazadas siendo adolescentes, transmitiendo la culpa, la soledad, la rabia y la señalización de su familia y sociedad y la de ellas mismas, atrapadas en un bucle de sentirse señaladas y sometidas a la moral de la sociedad de turno que les tocó en suerte. Son muchas historias que recorren contextos y momentos muy diferentes, desde la España de finales de los setenta cuando viajaban a Londres, la que podía, o la que, a principios de los ochenta, tomaba la decisión de hacerlo en una clínica clandestina lúgubre y oscura, y así, las seis jóvenes nos van contando las intimidades y las circunstancias de todas las que pasaron por ese trance en edad tan temprana. La directora catalana construye una cinta que maneja con habilidad las diferentes ficciones construidas como apartados, escarbando los momentos vividos, así como la intrahistoria de la propia película, donde se discute, se dialoga y se habla, y se comparte ideas y experiencias, la herramienta esencial por el que aboga el tema de la película. 

Un equipo técnico que brilla en cada instante de Les culpables como el extraordinario trabajo de cinematografía de Caterina Barjau, en un reto nada sencillo, ya que pasa por muchas texturas y grosores, en una cinta rodada en estudio, como la películas de antes, construyendo y simulando habitaciones, salas de espera de centros médicos, clínicas clandestinas, salones setenteros, interior de avión y demás espacios. La excelente música de Lina Bautista, acompañada de algunos temas musicales de bandas, que ayudan a transmitirnos cada pedazo de vida de las participantes anónimas, sus miedos, soledades y demás emociones, sin caer en el sentimentalismo ni demás inventos para seducir al espectador, siempre se busca la verdad, la ficción y el documento desde el rostro, el cuerpo y la emoción sincera. El montaje corre a cargo de Nila Núñez, también coautora del guion junto a la directora, que la conocimos por su debut como directora con el documental Lo que dirán (2017), ahora dedicada a labores de edición en La bona escola, Muyeres, Saturno y Dios lo ve, entre otras. Un trabajo exquisito, directo y nada pretencioso, todo emana una verdad muy directa y honesta, captando la sensibilidad, el cuerpo y el alma de cada una de las presentes y ausentes.

No podemos olvidar la producción de Boogaloo Films con Miguel Ángel Blanca a la cabeza, siempre inquieto con el buen cine documental y los jóvenes valores, y Montse Pujol Solà con Guspira Films, las dos compañías que han hecho posible una película interesante que invita a la reflexión con la participación de las 6 jóvenes: Laura Gaja, Aina Minguell, Lara Oliete, Ava Portolés, Ravina Raventós y Martina Subirats que ponen la voz e interpretan las vidas de los más de 100 testimonios anónimos que experimentaron vivir un aborto en su adolescencia. Una película como Les culpables expone muchas verdades, tantas verdades silenciadas y culpabilizadas que la película verbaliza y nos cuenta para que seamos conscientes de ello y sobre todo, nos lanza muchas reflexiones para que nos detengamos y escuchemos, y aprendamos de sus historias, empaticemos con ellas y sus casos, tantos y tantos que aquí se explican de forma natural, sin medias verdades y sin máscaras. Una película tan cercana como íntima que traspasa la pantalla por su singularidad y arrojo, sumergiéndonos en un viaje al pasado lleno de silencio, soledad y amargura. Si el cine sirve para algo es para que nos muestre aquello que nos incómoda, que juzgamos y sobre todo, que nos muestre nuestra vulnerabilidad y miedo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El hijo de la cómica, de José Sacristán. Teatre Romea.

UN CÓMICO HOMENAJEA A EL CÓMICO. 

“Esta tarde habrá función de cómicos… si el tiempo y la autoridad lo permite”

De El viaje a ninguna parte (1986), de Fernando Fernán Gómez

Creo que los domingos por la tarde se inventaron para pasar la tarde en el cine o el teatro. El pasado domingo 13 de septiembre me acerqué, con la compañía de unos amigos, al Teatro Romea a ver, mejor dicho, a escuchar al actor José Sacristán (Madrid, Chinchón, 1937), posiblemente el actor español vivo más importante. La función se llama El hijo de la cómica, adaptación y dirección del propio Sacristán, sobre “El tiempo amarillo 1921-1943”, en la que el gran Fernando Fernán Gómez (1921-2007), retrata sus primeros 22 años de vida. Ya, desde la contemplación de su fachada, el Romea invita a acceder a su interior y sobre todo, disfrutar de su decoración y su patio de butacas. La cosa arranca con un fragmento de la maravillosa El viaje a ninguna parte, cuando la pregonera del pueblo en cuestión anuncia la representación del grupo de cómicos. Un comienzo sencillo y emotivo, donde Sacristán deja la puerta abierta a descubrir en modo de un viaje profundo y honesto por los primeros años del actor y amigo Fernán Gómez, vistos, contados, recordados e interpretados por él mismo.

Como hiciese con la obra de Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes, la escenografía es minimalista, de teatro puro, como mencionaba Brecht, algunos objetos como una inseparable maleta, una mecedora, un baúl y algunos objetos más, que nos transportan a un tiempo de ilusiones y oscuridad,  acompañan al actor, que se va desdoblando y transformándose en varios personajes: en Fernanda López, la bisabuela, Carolina Gómez, la abuela que cuidó al niño Fernando mientras su madre Carola Fernán Gómez hacia las Américas y demás sitios interpretando en el teatro, amén de la criada y algún que otro rol más. Unas interesantes idas y venidas que Sacristán pasa de unas a otras con la mayor claridad y sin alardes de ningún tipo, sino a través de los gestos y esa palabra que lo transforma en lo que desee, manteniendo alegres y tristes diálogos con mucho ritmo y sin pausa. Escuchamos las historias sobre Fernando a través de las mujeres que jalonaron su vida, y las suyas propias, las del niño inquieto que nació en Lima (Perú), que pasó su infancia en el Madrid de los veinte y los treinta y experimentó la Guerra Civil confundido y aturdido y luego, sus primeros trabajos hasta los de actor principiante en la posguerra madrileña, los empleos de meritorio de actor y en el cine, como el que refleja en la magnífica Esa pareja feliz (1951), que protagonizó el insigne intérprete dirigido por Berlanga y Bardem.

El cómico actor que habla de su amigo y admirado maestro Fernando Fernán Gómez, que dirigió en dos de las tres películas que dirigió como son Soldados de plomo  (1983) y Cara de acelga (1988), y lo hace desde el interior, desde lo más puro del alma, como si nos contase un cuento, o mejor dicho, como una fábula de un larguirucho pelirrojo que soñaba con “Ser alguien”, con sus breves movimientos que les van dirigiendo los diferentes personajes que interpreta, y los pequeños enseres y objetos que le van ayudando para encajar los diferentes menesteres. Las breves pausas que hace el propio actor y otras, alimentadas a través de significativos videos que adornan la gran pantalla que queda detrás del escenario, donde se ilustra con imágenes ciertos aspectos históricos e íntimos fundamentales para el desarrollo de la obra. Todo está acorde a lo que se cuenta, y sobre todo, cómo se cuenta, desde la más absoluta admiración y respeto, en el que hay tiempo para la risa y para las lágrimas, porque, al final, como la célebre frase de Chaplin: “La vida es una tragedia vista de cerca, pero una comedia vista desde lejos”. Una vida vivida, llorada, alegrada y sobre todo, una vida de alguien que quería ser actor y fue actor, pero ante todo, era uno de esos tipos alegres y tristes que se pasean por las ciudades contando sus historias ya sea a través del teatro, la literatura, el cine y la televisión.  

Un actor como José Sacristán, a estas alturas, no requiere ninguna presentación, de sobras conocemos, los que admiramos su trabajo, una carrera que abarca más de 6 lustros. Este nuevo personaje, el cómico Pepe que recuerda y explica la historia de otro cómico, y los otros y tan diferentes personajes que interpreta en la obra, mayoritariamente mujeres, nos vuelven a emocionar desde lo más puro, lo más íntimo y lo más sincero, creando un monólogo que va más allá de la explicación de detalles biográficos, sino cómo lo interpreta, invitándonos a un viaje de verdad, de aquellos que te hacen ver, descubrir y soñar con la vida del gran Fernando Fernán Gómez, que nunca sabremos qué hubiera opinado de la función de su amigo, lo que sí sabemos es todo lo que explica y transmite la obra de Sacristán: autenticidad porque cómo cuenta cada detalle, con ternura, con sensibilidad y sin juzgar ni nada que se le parezca, sino recordando al gran actor, y sobre todo, al amigo de charlas, de risas, de lágrimas y el amigo que ya no está, su ausencia, su pérdida, y todo lo que se llevó. José Sacristán rescata sus momentos, o como él los recuerda y los vive a través de sus memorias, de su literatura y cómo se transforman en teatro, en una función emotiva y reflexiva, porque todo se cuenta y se palpa como si el espíritu del actor también estuviera en una magnífica función sobre la vida, el teatro, los fantasmas y los cómicos que andaban por los caminos como aquel Carlos Galván. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Xavi Puebla

Entrevista a Xavi Puebla, director de la película «Femení, singular», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xavi Puebla, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Fran Arráez de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Vico Escorcia

Entrevista a Vico Escorcia, actriz de la película «Femení, singular», de Xavi Puebla, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Vico Escorcia, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Fran Arráez de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Femení, singular, de Xavi Puebla

MUJER, INMIGRANTE Y POBRE. 

“Cuando inmigramos, solía llorar mucho. Pero me di cuenta que a nadie le importaba.”

Frase de la película Vidas pasadas, de Celine Song

El universo cinematográfico de Xavi Puebla (Barcelona, 1969), se mueve dentro del ámbito laboral como sucedía en Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008), donde tres empleados se disputan el puesto vacante de director, En A puerta fría (2012), un agente de ventas en apuros se las ingeniaba para revertir su situación profesional. En Femení, singular la cosa se centra en Nayeli, el eslabón más bajo de la pirámide laboral porque ella es una inmigrante mexicana y de escasos recursos que transita por Barcelona como empleada doméstica. Una mujer invisible, sometida a los cánones laborales impuestos por los que manejan los hilos, y además, tan sola como la distancia que le separa de su país, donde almacena el sueño de un bar junto a su esposo. Un hecho inesperado y totalmente revelador sumirá a Nayeli en un callejón sin salida de compleja solución. Una situación cotidiana en la que sobreviven cientos de miles inmigrantes acumulando empleos para vivir aquí y enviar dinero para allá. Vidas ensombrecidas, vidas pobres y sobre todo, no vidas.

A partir de un guion sólido y sin concesiones coescrito por el desaparecido Jesús Méndez, que colaboró en más de 40 proyectos audiovisuales, Mireia Vidal, coguionista de Yo, de Rafa Cortés y Les mans buides, de Marc Recha, y el propio Puebla, nos situamos en la mirada y el gesto y las pocas palabras de la protagonista, un personaje basado en su rostro y un interior que, en la intimidad, vemos todo el dolor y la incertidumbre en la que está instalada muy a su pesar. La película se cuenta bien y se explica mejor, sin necesidad de artilugios ni inventos para subyugar al espectador, aquí la cosa por otro lado, donde el respetable observa a un personaje viviendo situaciones tan cotidianas como incómodas, en el que se le obliga a vivirlas y no mirar hacia otro lado más cómodo, porque en Femení, singular  se tocan temas que duelen, que molestan y que apenas se ven, por no decir que viven en la profundidad del olvido. Nayeli es mujer, inmigrante y pobre, muchos obstáculos para alguien que tiene escasos medios para enfrentarlos, además de la indiferencia y la cero empatía que recibe de sus superiores, como la señora en la que limpia y cuida de su hijo, tan estirada como distante y altiva, o su casera, tan necesitada como ella, pero alejada porque ella se siente en una posición de altura. 

La excelente cinematografía de Albert Pascual, que conocemos por sus trabajos con Bigas Luna, Santiago A Zannou, Ibon Cormenzana y Oriol Paulo, entre otros. Una luz mortecina y una cámara quieta y cercana, observadora pero sin invasora, con unas localizaciones que se alejan de lo previsible y buscan la autenticidad y sobre todo, la verdad, aquella que decía Rossellini, la que mira, no juzga y penetra en las entrañas de la realidad y del propio personaje. La música de Isabel Latorre, que ha trabajado con Neus Ballús, Elena Escura y Àlex Lora, entre otros, sensible y sincera que construye ese espacio doméstico y urbano por el que se mueve la protagonista, sin recurrir a los excesos típicos del cine mercantilista. El montaje es de Maria Castan De Manuel, que trabajó con Puebla en su cortometraje Negra nit (2022), amén de las recientes Supernatural, de Ventura Durall y Extrany riu, de Jaume Claret Muxart. Una edición con el aroma de las películas de Fritz Lang en EE. UU., sobrias, concisas y huyendo de alardes ni acelerones, sino apoyadas en la contención que la acerca a Bresson, donde la imagen es el foco principal y la palabra ayuda a ir más allá, dotando al relato de solidez y tangibilidad ya que nos sentimos dentro del personaje, siendo testigos de sus decisiones y sus complejidades. 

La presencia de la actriz mexicana Vico Escorcia como Nayeli es todo un gran acierto porque nos la creemos en todo momento, y sin apenas abrir la boca, que hace de su interpretación aún más difícil, porque todo lo debe de expresar desde el silencio, transmitiendo las situaciones tan adversas y en soledad en las que está inmersa en su peculiar método de supervivencia cueste lo que cueste y enfrentándose a una sociedad tan ensimismada en sí misma que olvida con mucha facilidad al otro. Le acompañan Nora Navas como la “señora”, una actriz completísima que siempre resulta muy creíble y natural. Kasi Kapcia es Ilona, que hemos visto en Frontera y Una quinta portuguesa, entre otras. Otros intérpretes son Mònica Almirall, Sergio Caballero, que ha trabajado varias veces con Puebla, y Carles Sanjaime, entre otros. en Femení, singular encontramos referencias al Neorrealismo italiano, al Free Cinema, y cómo no, a los Dardenne, cineastas que han virado sus cámaras, como hizo Buñuel en Los olvidados que corrigió un plano demasiado bonito a Gabriel Figueroa porque la historia iba sobre los que no existen como Nayeli, los que están, trabajan y son pero no para los que los encierran en sus vidas y sus barrios, alejados de ellos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Tanit, de Pep Garrido

LA NIÑA Y LA BRUJA DEL BOSQUE. 

“Todo está en la infancia, hasta aquella fascinación que será porvenir y que sólo entonces se siente como una conmoción maravillosa”

Cesare Pavese

Érase una vez… una niña llamada Tanit de 10 años. Tanit vive en una casa de un pueblo junto a un bosque. Un día, buscando a su perro, lo encuentra junto a l’àvia Perona, una señora rodeada de hierbas a la que llaman la bruja del bosque. A partir de ese día, entre Tanit y la Perona se iniciará una relación de amistad, amor y aprendizaje. Tanit, la primera película en solitario de Pep Garrido (Barcelona, 1979), además de guionista y coproductor, nace a partir del cuento homónimo de Núria Albó, que se alzó con el primer premio de El vaixell de vapor en 1984, se convirtió para muchos en su novela juvenil sobre lo femenino, llena de misterio, aventura y sobre todo, de madurez personal. El relato nos sitúa en un bosque, con sus ritmos y sonidos, a través de la mirada curiosa y rebelde de Tanit, la protagonista que vive junto a sus padres, con una madre con embarazo de riesgo y un padre ausente por su trabajo en el hospital. Tanit, a lomos de su bicicleta o en compañía de su inseparable perro, se lanza a descubrir el bosque y todos sus misterios. 

Garrido que conocemos por sus trabajos como director en Sense sostre (2019), que codirigió junto a Xesc Cabot, como guionista en películas como Zulo o Desmontando a un elefante, entre otras y coproductor en Un sol radiant. El director barcelonés se ha lanzado en construir una mirada a través de un momento extraordinario y difícil de la infancia cuando la realidad que nos envuelve se torna compleja y nada fácil, y Tanti, en este caso, deberá afrontar situaciones que se les escapa, además de afrontar unos sentimientos contradictorios y complicados para su edad. Estamos ante un retrato sobre la infancia, sí, pero muy sensible y delicado, que toca temas como la pérdida, la ausencia, el dolor y demás sentimientos que nos enfrentan a la existencia y sobre todo, nos devuelven esa sensación de vulnerabilidad y efimeridad que tienen nuestras vidas. Garrido sabe observar su relato, dejando ese espacio necesario para que todo se desarrolle y se mire con curiosidad y sin prisas, donde la trama se torna sencilla, honesta y muy transparente, huyendo de artificios y construyendo una película de verdad, nada pretenciosa y algo que la hace muy interesante, pequeña, emotiva y nada complaciente. 

Para el equipo técnico, el cineasta ha contado con profesionales cómplices como la cinematógrafa Àssia Júlia La-Roca, que descubrimos en Un sol radiant, también una película sobre el hecho de vivir y sus circunstancias, tiene la capacidad de mostrar y acercarse a aquello que filma desde una distancia y un tiempo que huye de la sensiblería y la condescendencia, transmitiendo la capacidad que sus imágenes vayan más allá y generen las preguntas idóneas y reflexivas. Y otros colaboradores como el sonido de Verónica Font, en un preciso trabajo que con la complicidad de la música de Clara Peya, construyen un espacio sonoro y delicado en el que la banda sonora está compuesta por composiciones sensibles y nada facilonas junto a los sonidos del bosque, del río y demás aspectos de la naturaleza. El montaje corre a cargo de Pepa Roig, de la que conocemos sus trabajos en ficciones como Un bany propi, y documentales como On eres quan hi eres? y Dios lo ve, entre otros. Una edición que en sus 108 minutos de metraje nos lleva de aquí para allá, siempre en compañía de la curiosidad y rebeldía de Tanit, con un ritmo pausado y sólido, sin artimañas ni espectacularidades, sino sumergiéndonos en un espacio entre vida y muerte, entre ilusión e imaginación, entre aquello que somos y la realidad dura que nos encontramos, al fin y al cabo, entre descubrir de qué va esto que llaman vivir.

Una película de estas características debía de acertar de pleno en la elección del personaje principal y con Dolça Salvans Portell lo consiguen. Porque es una actriz natural de Viladrau, uno de los lugares del rodaje, y un espíritu rebelde e inquieto como el personaje de ficción que interpreta. Un gran acierto que transmite naturalidad, intimidad y sobre todo, verdad. Le acompañan los adultos, entre los que destaca la gran presencia de Isabel Rocatti, que la seguimos encontrando en una ambiente rural como en la reciente Cowgirl, pero ahora en un personaje diferente, convertida en esa “bruja” del bosque, en una especie de punki alejada de todos y todo que será vital para Tanit. Los padres de la niña son Sara Espígul y Sergio Caballero, y finalmente, Núria Molàs, otra actriz natural de la zona, que regenta una ganadería ecológica, otra mujer fuerte, rebelde e independiente. La gran ventaja de Tanit, de Pep Garrido es que es una película para todos los públicos, pero en el sentido comercial, sino en el sentido de que está abierta para todas las miradas, y además, nos habla de temas de forma profunda, difícil y mostrando una verdad que pocas veces se ve en el cine, y en un cine como este, que cuenta, que transmite y sobre todo, nos emociona y conmueve con unas imágenes naturales, en muchos momentos de forma documental, que emanan una verdad que traspasa el alma. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El ladrón de perros, de Vinko Tomicic Salinas

EL LIMPIABOTAS Y EL SASTRE. 

“Es huérfano y es niño aquel que está desnudo de caricias”

Beatriz Villacañas 

En El limpiabotas (1946), de Vittorio de Sica, un par de chavales subsisten en la Italia de posguerra limpiando calzados y trapicheando en el mercado negro. Una supervivencia dura y solitaria, y sobre todo, carente de humanidad. Algo parecido le sucede a Martín, un joven huérfano que malvive en las calles de La Paz, capital de Bolivía, junto a su compañero de fatigas El sombras. Un día deciden secuestrar el perro de un sastre maduro y solitario para pedir un rescate. Así comienza el segundo largometraje de Vinko Tomicic Salinas (Santiago de Chile, 1987), el primero en solitario, porque El fumigador (2016), fue codirigido junto a Francisco Hevia. El director chileno firma el guion con la compañía de Samm Haillay, y vuelve a un retrato social, sin concesiones, y sin tampoco hacer “porno miseria”, la frase acuñada por el cineasta colombiano Luis Ospina, sino en mostrarnos una urbe masificada donde la población se agolpa en poco espacio, y donde la vida se ha convertido en una supervivencia constante. 

En un primer tercio la historia se centra en Martín, hilo conductor de la película, pero en el resto del tiempo conocemos la relación del chico con el Sr. Novoa, el sastre que vive junto a su perro. No estamos ante una película maniquea, de buenos y malos, porque el relato se aleja mucho de lo superficial y ahonda en el presente de Martín, dejando vacío el pasado, para así no convertir la película en discursiva o un alegato que iría en su contra. Tomicic Salinas capta un presente continuo, un aquí y ahora, entre dos personas antagónicas que, por circunstancias, se relacionan y con paciencia y naturalidad, la película irá construyendo una experiencia que va creciendo a medida que va sucediendo la película, sin crear expectativas ni tampoco construir ese tipo de historias de superación y cosas por el estilo que funcionan para una película con pretensiones puramente comerciales, pero no para una película que pretenda contarnos una historia, de verdad, sensible y delicada, sin caer en automatismos muy manoseados. Tiene mucho mérito la película en no dejarse llevar por la relación que plantea y no caer en juegos tramposos para conmover al espectador, sino bucear en las complejidades de una relación de dos seres tan diferentes que quizás no lo son tanto. 

La cinta cuenta con un extraordinario equipo técnico encabezado por el gran cinematógrafo chileno Sergio Armstrong, habitual director de fotografía de Pablo Larraín en su cine chileno, amén de Marialy Rivas y Lorenzo vigas, entre otros, del que vimos hace poco la argentina La mujer de la fila. Una construcción a partir de secuencias cotidianas donde se ahonda en la repetición diaria de nuestras existencias, y en planos cerrados e interiores y muy cercanos, donde se capta la profundidad de los dos “nuevos” amigos. Cabe destacar el uso de la luz, que capta con precisión la urbe y su entorno, con esa ladera repleta de construcciones sencillas, y todas las almas que por allí pululan. La música corre a cargo de Wissam Hojeij, que ha trabajado en países como Francia, Líbano, México y Colombia, entre otros. Su composición se cimenta a través de lo humano, de lo sensible y lo difícil, y sobre todo, la complejidad de lo que somos y cómo nos relacionamos y sentimos. El montaje lo firma la mexicana Urzula Barba Hopfner, directora de Corina, y trabajos como guionista, realiza una edición que captura muy bien las idas y venidas, tanto como la luz y la oscuridad del relato y de la propia país, donde somos observadores curiosos de la historia, que se cuenta sin prisas y con detalles precisos en sus 90 minutos de metraje. 

En el apartado interpretativo tenemos al joven debutante Franklin Aro que interpreta a Martín de forma convincente, natural y cercana. A su lado, el magnífico actor chileno Alfredo Castro, todo un gentleman de la interpretación, siendo el Sr. Novoa, el sastre que vive en soledad junto a su querido perro, tan sobrio, tan observador y tan callado, de vida sencilla y sin alardes de ningún tipo. El joven El sombras, íntimo de Martín, lo hace Julio César Altamirano. La veterana María Luque, que vimos en Blackthorn (2011), de Mateo Gil, es la señora Gladys que ayuda a Martín, y la mexicana Teresa Ruiz, que hemos visto en películas de Gregory Nava, Carlos Bolado, Felipe Cazals, entre otros, interpreta a la señorita Andrea, que trabaja en el sistema de adopciones. En nuestras carteleras se prodigan poco el cine del continente americano, que no sea estadounidense, así que con el estreno de El ladrón de perros, de Vinko Tomicic Salinas, es una buenísima oportunidad para ver cinematografías tan alejadas de lo comercial y previsible, porque la película cuenta con la producción de Bolivia, Chile, México, Francia e Italia, que evidencia el cine como una actividad comunitaria, de cooperación y de fraternidad, para que siga existiendo un cine diferente y resistente frente al sometimiento del mercantilismo feroz imperante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Entrevista a Michelle Jenner

Entrevista a Michelle Jenner, actriz de la película «El nido», de Hugo Stuven, en la terraza del Hotel Seventy en Barcelona, el martes 8 de septiembre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Michelle Jenner, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Zoe Stein

Entrevista a Zoe Stein, intérprete de la película «Forastera», de Lucía Aleñar Iglesias, en la Calle Sancho de Ávila en Barcelona, el jueves 3 de septiembre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Zoe Stein, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Sandra Ejarque, de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Hugo Stuven

Entrevista a Hugo Stuven, director de la película «El nido», en la terraza del Hotel Seventy en Barcelona, el martes 8 de septiembre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Hugo Stuven, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA