Bajo el mismo sol, de Ulises Porra

ÉRASE UNA VEZ DURANTE EL COLONIALISMO…

“El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser. 

Eduardo Galeano 

De unos años para acá, las películas que han abordado la representación del colonialismo en la gran pantalla han partido de una base principal: la de la desmitificación, siguiendo la importante senda abierta en los años setenta/ochenta en dos películas claves sobre el tema: Aguirre, la cólera de Dios (1972), y Fitzcarraldo (1982), ambas del cineasta alemán Werner Herzog. Dos películas basadas en historias reales, en las que el explorador fantasioso dejaba paso a una forma de antihéroe de carne y hueso, muy vulnerable y azotada por los demonios ajenos y propios. La primera película en solitario de Ulises Porra (Barcelona, 1982), Bajo el mismo sol, anclada en la isla de La Española durante 1819, se asienta sobre los mismos elementos herzogianos para mostrar un colonialismo desmitificador, donde la supervivencia y la violencia rigen unas vidas con miedo y devastadas. 

El director barcelonés, que conocimos por sus películas codirigidas junto a Silvina Schnicer Tigre (2017), y Carajita (2021) y cómo montador para Schnicer en La quinta, de recién estreno. Un retrato sobre Lázaro, el heredero de un comerciante de seda, que continúa el trabajo de su padre: hacer seda con gusanos en plena selva haitiana, tan densa, calurosa y pegajosa, y llena de peligros, tensiones y enemigos. Le acompañan a tamaña y psicótica empresa la tejedora y silenciosa china Mey, y luego, se cruzarán con Baptiste, un haitiano que ha desertado del ejército francés. Tres formas diferentes de vivir, pensar y sentir que, por azares del destino, se ven envueltos en un negocio que no será nada fácil. Siguiendo la estela de las películas de Lisandro Alonso en Jauja (2014) y Eureka (2023), y Lucrecia Martel en Zama (2017), Lázaro, de nombre insigne y revelador, Mei y Baptiste se van trazando unas relaciones que los confrontan en unas idas y venidas sobre el poder, la codicia, el clasismo, y la idea de una convivencia entre interesada y oscura que se va forjando entre tres personas que pertenecen a mundos opuestos, en una historia donde el entorno asfixiante e inquietante, ayuda a construir una historia que se cuenta de forma reposada, sin artificios ni malabarismos, sino a través de la psicología de los personajes, de sus mundos interiores y exteriores. 

La impecable y poderosa cinematografía de Sebastián Cabrera Chelin, que suele trabajar en la cinematografía dominicana, construida a partir de planos cerrados y cercanos, donde se evidencia la fuerza y avasallador entorno, en un paisaje que es un elemento primordial, por su salvajismo, por su pureza y su confrontación constante. La música que firma la argentina Josefina Barreix es una interesante mezcla de los sonidos ambientales de la jungla espesa y agobiante que acompaña una composición que nos transmite con seguridad y sin alardes, todo el complejo emocional del trío protagonista con una fina sutileza y generando los conflictos que van surgiendo tanto del entorno tan hostil como el débil equilibrio que se teje entre los tres. El montaje lo firman Gina Ciudicelli, Carlos Cañas Carreira (del que conocemos por su trabajo en series como La reina del Sur, y los largometrajes Hija del volcán y de la reciente Yo no moriré de amor), y el propio director que cierra una terna de un montaje que se va a los 103 minutos de metraje por una historia de altibajos emocionales que nos mantiene en constante tensión y una inquietud desde el primer minuto donde el peligro de no lograr la seda y de los ataques, las tensiones con los autóctonos y las relaciones con la iglesia son el caldo de cultivo diario. 

Un magnífico reparto encabezado por un extraordinario David Castillo, surgido de la serie de humor Aída, aquí metido en la piel del introvertido y codicioso Lázaro, que carga sobre sus espaldas un legado que es su peor enemigo. La debutante Valentina Shen Wu hace de la misteriosa Mei, un personaje vital que generará varios conflictos, y Jean Jean es Baptiste, el Viernes de la película, intérprete habitual del cine dominicano con alguna experiencia internacional, se convierte en el tipo de la selva, tan misterioso como colaborador. La película Bajo el mismo sol, de Ulises Porra ha nacido del esfuerzo de tres países como España, República Dominicana y Argentina para tratar un tema tan controvertido como el colonialismo pero haciéndolo desde una mirada poco visitada, la de los seres de identidades diferentes que, por azares, deben convivir, trabajar, sentir y relacionarse, bajo el foco de un lugar hostil, rodeados de grandes amenazas y con el sueño de levantar un negocio de seda con gusanos en el lugar menos adecuado, en el que surgen las diferencias de poder, de codicia, de miedo, vulnerabilidad, y sobre todo, la complejidad del comportamiento humano cuando los diferentes caminos chocan y las múltiples formas de convivencia, necesidad y soledad que todos tenemos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Marta Díaz de Lope Díaz y Zebina Guerra

Entrevista a Marta Díaz de Lope Díaz y Zebina Guerra, directora y coguionista de la película «Pioneras. Solo querían jugar», en la terraza del hotel Pulitzer en Barcelona, el jueves 28 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marta Díaz Lope de Díaz y Zebina Guerra, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Haizea Viana y Angie Llabres de Vivavivaviva Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Solomamma, de Janicke Askevold

EDITH CONOCE A SU DONANTE. 

“Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no cuentan si lo que descubrió merecía la pena”. 

José Saramago 

Los nombres de Ruben Östlund, Joachim Trier, Eskil Vogt, Thomas Alfredson y demás han dado buena cuenta de una mirada muy personal procedente del norte de Europa, a partir de retratos que indagan en la profundidad psicológica con una sensibilidad muy cercana y nada sensiblera. A esa terna, podemos añadir otro nombre ilustre, el de Janicke Askevold (Stavanger, Noruega, 1980) que, aunque se licenció en el prestigioso Atelier Theatral de Création para luego dirigir obras teatrales en Francia, presenta Solomamma, su ópera prima que nos habla de la maternidad en solitario de una mujer que se llama Edith, periodista de profesión y muy curiosa que, al enterarse de la identidad de su donante de esperma, se lanza a saber de él, a conocerlo y de esa forma, conocer mucho más a su hijo de 4 años. La historia pivota a través de la cotidianidad de Edith, y esta aventura que tiene mucho de inconsciente mezclada con el conocimiento y una forma de huida para soportar una existencia que se complica con su trabajo, su rol de madre soltera y la incipiente demencia de su madre. 

Un guion escrito por Jorgen Faroy Flasnes, que trabajó en la serie Nudes (2019), Mads Stegger, que tiene en su haber la película Hipnosis (2023), de Ernest de Geer, y la propia directora, en el que hay mucha verdad transformada en drama existencial, comedia inteligente, alguna que otra aventura, mucha reflexión y azote contra una sociedad que va de moderna y juzga todo aquello que es diferente o incluye miradas alejadas a los cánones establecidos de lo que debe ser esto o aquello. Edith es una mujer que rompe con lo establecido, aunque la película no embellece su decisión y mucho menos alecciona sobre ella, sino que la muestra de frente, sin subterfugios ni amarillismo, sino de una forma muy íntima y real, la que se saca de la auténtica realidad en la que vivimos todos. Un retrato tangible y humanista, en el que se cuentan situaciones tan reales que dan miedo, y esa característica particular de Edith que, tras conocer la identidad de su donante, no puede quedarse quieta y ante los problemas del futuro a los que se enfrentará con su hijo, decide que sabiendo más del donante, dispondrá de más herramientas para hacerlas frente y sobre todo, aprender de su origen, aunque como pasa en la vida y las cosas que creemos de una forma u otra, la realidad siempre se encarga de darnos una hostia y ver la dura realidad o incluso, desnudarnos para que no finjamos más y seamos sinceros con nosotros. 

Para su puesta de largo la directora noruega ha contado con la cinematografía de Torjus Thesen, que ha trabajado en las series Ida Takes Change y Amor sin wifi, en un trabajo serio y riguroso, que llama la atención por los planos cercanos que se ayudan del zoom para encuadrar más cerca a los personajes cuando están detenidos, situación novedosa en el cine actual que, en cambio, ayuda a centrarse mucho más cuando la situación se vuelve más a tumba abierta. La música está firmada por el trío lituano, Karlis Auzans, Paulina Kilbauskas y Vygintas Kisevivius, no obstante la película es una coproducción de Noruega, Dinamarca, Lituania y Letonia, en un gran trabajo porque la banda sonora, amén de algún tema muy popular en una secuencia inolvidable, cimenta con calma y atención todos esos momentos donde la historia se torna más íntima. El montaje lo firma Patrick Larsgaard, habitual del cineasta André Ovredal, el director de Troll Hunter y La autopsia de Jane Doe, entre otras. Una edición con mucho ritmo y muy agitada, con esa vida de altibajos en el que vive Edith, en un retrato muy actual por el que pasan muchas madres y la posibilidad de conocer lo desconocido, aunque eso sea arriesgarse mucho en sus interesantes 99 minutos de metraje. 

Uno de los grandes aciertos de la película es contar con la actriz Lisa Loven Kongsli, un actriz versátil de gran trayectoria que le ha llevado a trabajar con nombres tan importantes como el citado Ruben Östlund, Erik Poppe y Cristian Mungiu, entre otros. Una intérprete magnífica que sostiene con su rostro y su tristeza y su vulnerabilidad todo su trayecto emocional. A su lado, Herbert Nordrum, un gran actor que le da una réplica brutal porque él hace de donante conocido, al que hemos visto en películas brillantes como La peor persona del mundo, del mencionado Trier y la señalada Hipnosis. Una gran pareja sobre los miedos e inseguridades de ser madre soltera. Una película como Solomamma, de Janicke Askevold invita a reflexionar sobre las decisiones que tomamos y sobre cómo afectan a las personas de nuestro entorno, porque cómo somos, cómo vemos las situaciones y la gente que nos rodea define nuestra existencia por completo. Por eso, lo importante es saber hacia adónde vamos, pese a quién pese y pase lo que pase, porque solo tenemos una vida y la debemos vivir como podamos que, con lo que cuesta, ya tenemos suficiente sin importarnos lo que juzguen los demás, como hace la protagonista, con sus aciertos y desaciertos, pero aceptando su miedo, inseguridades y demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Sofía de Iznájar y Bruna Lucadamo

Entrevista a Sofía de Iznájar y Bruna Lucadamo, actrices de la película «Pioneras. Solo querían jugar», de Marta Díaz de Lope Díaz, en la terraza del hotel Pulitzer en Barcelona, el jueves 28 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sofía de Iznájar y Bruna Lucadamo, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Haizea Viana y Angie Llabres de Vivavivaviva Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Pioneras. Solo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz

LAS MUJERES QUE QUERÍAN JUGAR AL FÚTBOL. 

“Las mujeres tienen que llenarse de valentía para alcanzar sus sueños dormidos”. 

Alice Walker 

El arranque de una película es muy importante porque define su contenido posterior. En Pioneras. Solo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz (Ronda, Málaga, 1988), se abre de modo ejemplar. Nos encontramos en una clase donde la susodicha de Sección Femenina (una organización fascista que aleccionaba y sometía a las mujeres) está lanzando un discurso atroz sobre el sometimiento de la mujer a las labores del hogar y al marido de turno. Mientras, Nati, uno de los personajes principales, mira distraída por la ventana viendo a unos chicos jugar al fútbol. Una secuencia que define el espíritu de la película desde el primer instante, donde unas mujeres jóvenes que aman jugar al fútbol se verán perseguidas, humilladas y señaladas por todos y todas en aquella España franquista, oscura y violenta de 1970. No estamos ante una película de buenos y malos, sino una película que se inspira en hechos reales, acercándose a las desconocidas y olvidadas jóvenes que se levantaron e intentaron jugar al fútbol, a pesar de la gran oposición de la sociedad y los estamentos de turno que, hundían cualquier atisbo de libertad y muchos menos, femenina que desafiará el conservadurismo recalcitrante de la dictadura. 

La directora andaluza estrena su tercer largometraje después de las interesantes Mi querida cofradía (2018), y Los buenos modales (2023), retratos sobre mujeres en tono costumbrista que se ponen en pie de guerra contra el patriarcado en las hermandades en su ópera prima, y en la segunda, una suerte de comedia con drama entre dos hermanas que no se hablan y dos chachas en mitad del fregado para acercarlas. En Pioneras, coescrita junta a Zebina Guerra, como las dos anteriores, bebe de las dos, la cinta traza un retrato de aquella España de principios de los setenta, con sus pequeños suspiros de libertad, aunque todavía el régimen se negaba a verlos. Las futbolistas encabezadas por Nati, la protagonista y la que mejor juega tiene un panorama muy negro en casa, con un padre ausente y una madre abnegada que sobrevive como puede. Belén, una líder nata que tiene el apoyo del padre, y el resto, jóvenes que quieren jugar a pesar de todo y todos. En la historia hay drama, dificultades, desesperanza y mucha tristeza, pero también hay lucha, amistad, amor, esperanza y cooperación. La película navega entre el drama más seco y cotidiano junto a la comedia más inspiradora y que apuesta por la libertad, aunque sea a escondidas. 

La magnífica cinematografía de María Codina, que ya coincidió con la directora en la película colectiva Los inocentes, amén de trabajar en series como Días mejores y La vida breve, y en películas como Escanyapobres, construye una luz que parece de una película rodada en los setenta, aprovechando ese cielo plomizo y grisáceo que adorna la película, con su lluvia y barro, como la secuencia del primer partido de fútbol, en un escenario que cuida al detalle la arquitectura y el vestuario de entonces. La música de Pedro Marques acompaña con astucia y precisión las imágenes de la película, creando ese lado reflexivo que ayuda a ver mejor las imágenes, con la compañía de grandes temazos como “A la pelota”, de La Terremoto, entre otros. El excelente montaje de Alberto Gutiérrez, que tiene en su estupenda filmografía la serie Arròs covat, la citada Los inocentes, las series Paquita Salas, Veneno y La Mesías, de los Javis, ocho películas de Dani de la Orden, entre otras. Una edición que se va a los 100 minutos de metraje por el que pasamos por muchos géneros, texturas y gestos, y sobre todo, altibajos emocionales y cercanías y distancias entre los personajes.

Una película como esta construida a través de un maravilloso reparto coral encabezado por los Daniel Ibañez, que hace de Javier Poga, un entregado promotor deportivo que cree en las mujeres futbolistas, Aixa Villagrán, en el rol de Edelmira, una arrolladora periodista del diario As, que con su pluma y su fuerza hablará y peleará por las chicas, y las sorprendentes futbolistas con poca experiencia y debutantes que hacen Sofía de Iznájar como Nati, Bruna Lucadamo como Belén, Nora Otxoteko como María, Leire Aguiar como Ana, Lorea Carballo como Ángeles, Miriam Rubio como Pepa, y las madres Carmen Ruiz, Carmen Flores Sandoval, actriz fetiche de la directora, al igual que Pepa Aniorte, y la bruja mala de la Sección Femenina que es Elena Irureta, que también estaba en Los buenos modales. Una película que rescata la valentía y la fuerza de un grupo de jóvenes como Carmen Arce “Kubalita”, la primera portera, Elena Badillo y Paquita Jiménez, entre otras. Mujeres que se pudieron de pie, y a pesar de los obstáculos querían ser libres en todo: en el fútbol, en el amor, en la política, en la vida y en todo, en cómo pensar y qué pensar, y sobre todo, que las respetarán como jugadoras de fútbol al igual que los hombres. La película recoge aquellos primeros pasos, todavía quedaba mucho camino por recorrer, y queda, pero siempre hay un comienzo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Assumpta Serna

Entrevista a la actriz Assumpta Serna, con motivo del ciclo que le dedica el Cineclub Sabadell, en las oficinas de la productora esdeMangofilms en Sabadell, el miércoles 4 de febrero de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Assumpta Serna, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Tony Andújar y Carol Garrido de esdeMangofilms, por su hospitalidad y cariño, y a Angie Capretti de Comunicación de la actriz, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La luz, de Fernando Franco

YO CONFIESO.  

“No confieses tu pecado al que no tiene conciencia del pecado”

Ramón Llull

En El club (2015), de Pablo Larraín, una película que se centra en los abusos a menores dentro de la iglesia, desde la mirada del abusador, en el que cuatro sacerdotes eran recluidos en una casa por sus oscuros pasados y obligados a hacer penitencia para hacer examen de conciencia por sus hechos. Como si fuese un cuento de terror, la aparente reclusión se ve alterada por la llegada de un quinto sacerdote que destapa la caja de los truenos y les obligará a enfrentarse a su pasado. La quinta película como director del magnífico montador Fernando Franco (Sevilla, 1976), también se construye a través del abusador, el de Manuel, un cura de un pequeño pueblo del norte muy querido por su comunidad que, después de solicitar su salida de la iglesia, salen a la luz unos años donde abusó de tres niños. Al igual que sucede en El club, el cineasta sevillano plantea una película a partir del rostro y la mirada del cura que, atrapado en su siniestro pasado, decide confesar sus pecados y desafiar a la institución que lo protege. 

Las historias de Franco se desarrollan en pocos espacios, pocos personajes, entornos cerrados y fríos, y un dilema que atrapa y cuestiona la vida y las actitudes de sus individuos. Todo enmarcado en planos y encuadres cerrados, donde el rostro y la mirada se anteponen, en una especie de diario continuo y revelador en el que los acontecimientos van deformando los aspectos humanos de los diferentes personajes implicados en la trama. Son dramas duros, sin concesiones y muy incómodos que hablan de temas muy fuertes como los problemas mentales, la muerte, la discapacidad, los accidentes y los abusos. Elementos tratados en un marco de thriller psicológico, en impecables y sensibles cuentos de terror donde se impone un ritmo pausado, nada artificioso, y mucho menos los típicos giros argumentales tramposos, aquí no hay nada de eso, sino contexto y tratamiento como los films de Hitchcock y Melville, donde el personaje lo es todo, y las circunstancias un provocador y generador de situaciones que los sitúan al bordo de sus propios abismos y creencias, como le sucede al protagonista de La luz, título muy adecuado para el particular vía crucis por el que transita un sacerdote que al contar lo suyo se enfrenta al poder eclesiástico.

Como sucede en las anteriores películas, el marco y el tono de la historia está sumamente cuidado como evidencia la excelente cinematografía de un grande como Santiago Racaj, en una película con muchas caras, porque se desarrolla con el cielo plomizo típico del norte y esa luz, nunca cegadora, del sur, por el viaje emocional y físico que realiza el mencionado cura. La precisa y envolvente música de Maite Arroitajauregui, en la cuarta película con el director después de Morir (2017), La consagración de la primavera (2022), y Subsuelo (2025), que consigue cimentar ese universo íntimo y secreto por el que se mueve el protagonista, en una primera mitad donde todo parece obedecer a un orden cotidiano sin sobresaltos, y en una segunda parte, en que todo se entorna oscuro y emerge la pelea a modo de combate de boxeo entre el curo confesor y la iglesia que se mantiene en su lado más conciliador, y a la vez, acusador con el susodicho y silenciador con los otros casos. El montaje corre a cargo de Miguel Doblado, con medio centenar de trabajos,  que ha editado las cuatro películas de Franco menos La herida (2013), en un ejercicio difícil pero lleno de matices y oscuridades, siguiendo incansablemente el rostro de un protagonista, acusado por todos y vilipendiado por el resto, en su afán de contar su verdad que es la de muchos casos en las pausadas pero tensas dos horas de metraje. 

En las películas hechas hasta la fecha de Fernando Franco, sus intérpretes siempre están muy bien. Recordada es la composición de Marián Álvarez en la citada La herida, la de Andrés Gertrudix en Morir, así como las de Valèria Sorolla y Telmo Irureta en La consagración de la primavera. La interpretación de Alberto San Juan como Manuel es absolutamente una delicia, llena de miradas desencajadas, gestos torpes y actitudes de puro terror. Uno de los grandes de nuestra cinematografía que puede pasar del maître minucioso Genaro Palazón de la fantástica La cena, a un sacerdote abusador que no se esconde y alza la voz contra sus pecados y los del resto. Le acompañan una retahíla de excelentes cómicos, como se decía antes, encabezados por Pedro Casablanc, Miguel Rellán, Ramón Barea, Luis Calleja, y Maria Galiana como su madre. La luz es una película que nos juzga como sociedad, la de estamentos como la jefatura eclesiástica, tan importante como oculta y cerrada, porque la valentía de Manuel choca frontalmente con una institución que sigue mirando para otro lado y según le conviene, hace y deshace por el bien de Dios, la fe y cómo no, sus propios intereses económicos, sociales y políticos. Como reza el dicho: “Con la iglesia hemos topado”, que se le va hacer, y así nos va. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Gen_, de Gianluca Matarrese

EL DOCTOR HUMANISTA.  

“El buen médico trata la enfermedad, el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad”

William Osler

La sanidad es esencial para la salud de la vida de cualquier persona. Así que, la sanidad pública es vital para nuestra supervivencia. Protegerla y cuidarla deberían ser los principios por los que rigiesen nuestras vidas, desgraciadamente, muchos creen que todo está en venta y que el beneficio económico está por encima de las vidas. Por suerte, muchos luchan desde el anonimato para que la cosa no derive bajo esos conceptos superficiales. Uno de ellos es el doctor endocrino Maurizio Bini, especialista en tratamientos hormonales. Por su consulta situada en un hospital público de Milán pasan pacientes en procesos de fertilización y afirmación de género. Pacientes de edades y procedencias diferentes. Una visita que no sólo se basa en tratar el problema de salud, sino en acoger y cuidar al paciente, hacerle sentir en un espacio de confianza, de respeto y amor, a pesar de las autoridades italianas con su deriva fascista que implanta leyes en contra de las personas en las situaciones que el doctor trata a diario.  

El director Gianluca Matarrese (Italia, 1980), trata en sus documentales una diversidad de temas y elementos muy grande en su filmografía tales como la modificación del cuerpo, la afirmación de género, la decadencia económica, los traumas no resueltos, el teatro y el constante juego entre realidad y ficción. En Gen_, su séptimo trabajo tras las cámaras con el acompañamiento de guion junto a Donatella Della Ratta nos sitúa en las cuatro paredes de la consulta del Dr. Bini, si exceptuamos unas breves secuencias en que el propio galeno pasea por el bosque a la caza de sus preciadas setas. Una habitación que es un espacio de libertad donde los pacientes expresan sus miedos, inseguridades y demás preocupaciones, tanto en fertilidad como en temas de transición de género. Bini los escucha atentamente, los comprende y sobre todo, les brinda una ayuda capital para sus existencias, muchos de ellos son las primeras palabras de respeto y acogimiento que escuchan en sus vidas difíciles. Una humanidad que se hace patente en cada palabra, gesto y detalle del vitalista y simpático doctor, que ama su trabaja, ama la sanidad pública y antepone la libertad individual ante las leyes segregadoras y contrarias a un grupo de población diverso. 

Matarrese se hace cargo de la cinematografía y del sonido, con unos encuadres que acortan su distancia y se pegan al doctor y sus pacientes, en unos planos íntimos y transparentes que reivindican lo humano ante la ley, lo vital ante las leyes que no ayudan al pueblo y por el contrario, les hacen sufrir y no avanzar. Unos planos que muestran sin cortapisas, respetando cada voluntad y deseo de los implicados. Un sonido que contribuye a esa intimidad con la que está planteada toda la película, así como el molesto de las interminables obras que ayudan a rebajar la tensión que se vive en la consulta con esos momentos que el doctor habla con los obreros pidiendo el cese de los golpes para poder trabajar con tranquilidad. La música de Cantautoma, cinco películas con el director, actúa como respiro con esos estupendos intervalos para descansar y volver a la consulta, acompañando a unas imágenes de la actividad frenética en la planta de endocrinología. El montaje de Giorgia Vila, cuatro películas junto a Matarrese que, condensa y precisa los 104 minutos de metraje de forma amena, didáctica y humana, en la que asistimos a un viaje de personas de carne y hueso que entran a la consulta con una infinidad de dudas y miedos y se van un poco más relajados y un camino algo menos arduo.

Una película como Gen_, es profundamente humanista y rica en matices y detalles, situando en el foco a todos aquellos que la sociedad más conservadora hunde en la más absoluta invisibilidad. Una cinta revolucionaria porque da voz a los ocultos, y lo hace de una una forma natural, tremendamente revolucionaria y mostrando vidas con honestidad y muchísimo respecto, haciendo valer los valores de la empatía y el conocimiento como herramientas para entender la diversidad de los demás y nuestros prejuicios y valores humanos. Gianluca Matarrese construye una película a favor de la necesidad sanidad pública, ante esos clasistas que quieren privatizarla para generar enormes beneficios, que olvidan que el mayor beneficio es la salud de todos para todos, además la reivindicación de una sanidad como la que desarrolla el doctor Maurizio Bini y su entregado equipo, porque no sólo dignifica el oficio de facultativo sino que ofrece una visión real y humana de cómo debería ser, por el magnífico trato de respeto, cercanía y amor que ofrecen a los pacientes. Quizás uno de los valores del cine que son, sobre todo, mostrar la vida, sus diversidades, sus diferencias y todos esos puentes para acercarnos, conocernos y hablarnos, aunque algunos se empeñen en extraer esos valores y condenarlo a un mero producto audiovisual con el único fin de entretenernos sin más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jonás Trueba

Entrevista a Jonás Trueba, director de la película «Los ilusos 13+13», en la sala 3 de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 3 de junio de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Anabel Mateo de Relabel Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Una película de miedo, de Sergio Oksman

UN PADRE, UN HIJO Y UN HOTEL ABANDONADO. 

“Nuestros secretos familiares son como fantasmas que nos persiguen, siempre presentes aunque intentemos ignorarlos”. 

Anónimo 

El cineasta Sergio Oksman (Sâo Paulo, Brasil, 1970) ha construido un universo de documentales que, en una primera etapa, su mirada iba dirigida al otro, ahí están: A esteticista (2005), Goodbye America (2007), Notes on the Other (2009), y A Story for the Moldins (2012). Películas sobre vidas ajenas, basadas en el archivo y la reflexión de lo que fueron y lo que han dejado. Con O Futebol (2015), película realizada en su ciudad natal, donde después de 20 años, el propio director vuelve a reencontrarse con su padre Simâo, en una cinta que fusiona con habilidad lo real con lo ficticio, y con el Mundial de Fútbol del 2014 celebrado en Brasil como telón de fondo. Una sentido, profundo y sensible retrato sobre las difíciles y oscuras relaciones paternofiliales cimentada desde la observación, la honestidad y sin caer en estridencias y artificios, sino en una mirada auténtica sobre lo que somos y cómo nos relacionamos y todo lo que construimos o no entre padres e hijos.

En Una película de miedo, que podría verse como el contraplano de O Futebol, ya que aquí Sergio pasa de hijo a padre de Nuno de 12 años, con el que viaja a Lisboa, a Portugal, a pasar unos días de vacaciones en un hotel abandonado y vacío que, tiempo atrás fue el no va más donde se realizaban grandes fiestas y esconde algunos secretos, sobre todo, en la habitación 103. Con la excusa de experimentar in situ los espacios y las atmósferas de las películas de terror que tanto le encantan al joven Nuno, el padre-director Oksman nos envuelve en una mirada observadora y alejada de la postal y lo superficial sumergiéndonos en un tiempo no tiempo, transitando por los espacios oscuros de la ciudad como el viaducto desde el cual asesinaba a mediados del XIX el famoso Diogo Alves, recorriendo los mismos lugares, por esos túneles infinitos y demás, así como las películas mudas del famoso serial killer. El hotel, con su carga histórica y criminal, ya que se cometió un crimen sin resolver que sumió a su dueño en una profunda oscuridad. Recorremos las habitaciones y demás estancias descubriendo, aburridos y agitados, y las conversaciones y juegos entre padre e hijo en unos ambientes relajados y de tensión mientras se conocen y reconocen en una especie de juego para saber más del otro. 

La música de Amy Fajardo, de la que conocemos sus trabajos para los cortometrajes como Sexo a los 70 y Claudia, y el documental Ramón y Cajal: dibujos en la retina, entre otros, ayuda a crear esos ambientes entre lo cotidiano, lo misterioso y lo desconocido. La cinematografía la firman la pareja Francisco Marise y Jorge Rojas, que ya coincidieron en el documental Mitología del barrio, tiene sus momentos donde se capta lo real y doméstico, con otras donde los ambientes propios de terror, con sus clichés y demás, en los que la película utiliza para configurar el género manido para introducir su realidad familiar, la de antes, la de ahora y la de todos los secretos dichos u ocultos que siguen ahí, como esperando su momento. El magnífico trabajo de montaje firmado por la grande Ana Pfaff, Moncho Fernández y el propio director, con sus 72 minutos breves e interesantes de metraje, en el que el ritmo pausado nos va encerrando en las cuatro paredes del hotel y por ende, en los secretos familiares. El estupendo trabajo de sonido que firman el dúo compuesto por Irene Arboleda junto a un nombre muy reconocido en la cinematografía portuguesa como Nuno Carvalho, con más de 85 títulos al lado de Joâo Pedro Rodrigues, Teresa Villaverde, Paulo Rocha y Pedro Costa, entre otros. 

A Sergio y su inquieto hijo Nuno les acompañan Daniel Blaufuks, interpretando a un inquietante y cercano guarda que explica sus cosas y las otras, las que no se ven del esplendor de antaño del hotel, Ana Moreira interpreta a una empleada de la Cinemateca Portuguesa, una actriz fetiche de Teresa Villaverde, que vimos en Tabú, de Miguel Gomes, y en películas de Eugène Green, y la breve presencia del actor y cineasta Manuel Mozos, toda una institución que ha trabajado con los grandes de la cinematografía lusa. La experiencia de ver Una película de miedo es un viaje a Lisboa, con su parte criminal, y un hotel que podría ser el de El resplandor, donde podrían aparecer fantasmas, espectros que todos arrastramos en nuestras familias que nos observan, que nos siguen y sobre todo, nos condicionan, aunque también forman parte de nosotros, de todo lo que heredamos de nuestros antepasados, de sus oscuridades, sus miedos y demás aspectos que nos condicionan en nuestro presente, y si, todos tenemos una habitación que seguramente no será la 103, tendrá otro número, pero seguramente ahí yacen fantasmas que se levantan y están a nuestro lado, aunque no los veamos, pero sabemos de seguro que están presentes, en ocasiones, demasiado presentes. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA