Alma anciana, de Alvaro Gurrea

FILMAR AL OTRO.

“Nos equivocamos al decir: yo pienso. Deberíamos decir: alguien me piensa”

Arthur Rimbaud

La primera imagen con la que se abre la película no es una imagen baladí. Es una imagen en la que vemos a dos personas, el Mbah Jhiwo, el «Alma anciana» de la película, junto a su esposa. Están en silencio, no se miran, los dos están cabizbajos, presentes/ausentes sin saber qué decir y mucho menos que hacer. La cámara fija recoge el plano secuencia. Escuchamos en off como la mujer le ha comunicado que debe marcharse, no sabe por qué motivo, pero debe hacerlo. A partir de ese instante, Alma anciana emprenderá un periplo espiritual por los ritos y mitos de su pueblo, una tierra colonizada por diferentes invasores y culturas, en la que perviven sus huellas: el animismo hinduista, el islam y el capitalismo. La forma de esta primera secuencia seguirá indemne durante todo su metraje. Una cámara que observa desde el silencio, desde la intimidad de las vidas que retrata, unas vidas que mira con respeto y humildad. Una cámara que no está muy lejos de aquella otra de Moi, un noir  (1958), de Jean Rouch, en aquello que el maestro francés llamaba “etnoficción”, en esa forma de cámara-ojo que mira y retrata al otro desde el yo, en un acercamiento desde la sencillez, frente a frente, retratando su vida, su cotidianidad y sobre todo, su parte emocional.

El cineasta Alvaro Gurrea (Barcelona, 1988), que sin buscarlo, se encontró con Mbah Jhiwo, un minero que transporta grandes rocas de azufre ladera arriba por el cráter del Kawah Ijen, y no se quedó en esa imagen impactante que tanto han explotado otros “turistas invasores”, sino que se acercó a él, y a su entorno del pequeño pueblo de Bulusari, de Central Java, en Indonesia, y durante cuatro años lo ha filmado, lo ha conocido, lo ha seguido, y aún más, lo ha convertido en la razón de su primer largometraje. Un proyecto con el que hizo el prestigioso Máster en Documental de Creación de la Universidad de Pompeu Fabra en Barcelona. Una película que tiene en la producción a Rocío Mesa que dirigió el largometraje Orensanz (2013), sobre la figura del artista contemporáneo Ángel Orensanz,  y hacer las Américas, ayudando a difundir el cine español de vanguardia en los EE.UU., promocionándolo a través de una organización y presentándolo en el Festival La Ola. En el montaje nos encontramos con Manuel Muñoz Rivas, que ha editado en films tan estimulantes como los de Eloy Enciso, Mauro Herce, Théo Court, entre otros, y la reciente Eles transportan a morte, de Helena Girón y Samuel M. Delgado, amén de dirigir películas tan especiales como El mar nos mira de lejos (2017), y a Alejandra Molina en diseño de sonido, una máster en estas lides como lo atestiguan películas con Carolina Astudillo, Carla Subirana y Pilar Palomero, entre otras.

Gurrea observa el entorno y construye su película, a partir un retrato que se va cociendo a fuego lento que, un viaje espiritual y físico, que fusiona con acierto y sabiduría el documento y la ficción, siempre fundiéndolas de manera sutil, vamos mirando la vida y el trabajo y los conflictos de Mbah Jhiwo, porque la historia se adapta a las circunstancias de cada instante, nunca al revés, por eso, en ocasiones, estamos en una de Rouch, en un documental observacional al uso, con esas imágenes de los mineros acarreando las grandes rocas de azufre, mientras los turistas se retratan, en una película de Apichatpong Weerasethakul, con la naturaleza y la selva engullendo al personaje, donde el misterio y lo espiritual se funden de manera natural y sin estridencias, o en una de Tsai Ming-liang, con esas motos en plena efervescencia y las calles de las urbes asiáticas. Gurrea ha construido una película que parece dirigida por un indonesio, por alguien que conoce los tiempos y las cotidianidades de sus personajes y de los lugares que filma, convirtiéndose en uno más, donde la cámara filma desde esos encuadres fijos secuenciales, con el mejor aroma de Ozu, donde la vida pasa o simplemente pasa lentamente, deteniéndose, donde vemos de un modo natural la coexistencia de todas las creencias, mitologías y demás formas de espiritualidad, asistiendo a ritos y danzas y formas de comunicarse con los ausentes.

Alma anciana se aleja completamente del documental que invade y sobre todo, contamina al otro. Aquí no hay nada de eso, todo fluye, todo se mira de forma tranquila, reposada, adaptándose a los ritmos y la cadencia de las vidas de estas personas, con esa mina avasalladora con esos hombres arrastrando esos bloques de azufre, donde la importancia del sonido es brutal, porque todo acaba inundado por ese sonoridad que va aplastando a todos, y los sonidos del pueblo y la naturaleza, engullendo a sus habitantes y sus formas de ser y hacer, donde el nuevo capitalismo, con esa idea de hacerse rico rápidamente, también ha entrado en esos universos que parecían ajenos a ese monstruo dominante. Celebramos y nos emocionamos con el primer largometraje de Alvaro Gurrea y esperamos que le sigan otros, donde de buen seguro seguiremos admirando su forma de trabajar y de filmar al otro desde el yo, desde la experiencia y sobre todo, desde el amor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Toti Baches

Entrevista a Toti Baches, directora de la película «Red Cunt», en los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 24 de mayo de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Toti Baches, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Pere Vall de Comunicación de la película, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El comensal, de Ángeles González-Sinde

LAS HERIDAS QUE COMPARTIMOS.

“Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a  alguno de los presentes. El primero en desparecer fue mi abuelo paterno”.

Las tres películas que ha dirigido Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965), tienen mucho que ver con la literatura. En La suerte dormida (2003), la escribió junto a la escritora Belén Copegui, en Una palabra tuya (2008), se basó en una novela de Elvira Lindo, y en El comensal, la novela homónima autobiográfica de Gabriela Ybarra, le sirve para volver a dirigir, después de un tiempo dedicada a escribir guiones en películas y series y otras actividades. El relato se mueve entre dos tiempos. El Bilbao de 1977 con las primeras elecciones democráticas, donde asistimos al secuestro del industrial vasco Javier Ybarra y las terribles consecuencias en sus hijos con Fernando, el mayor como portavoz. Y la Navarra de 2011, en el que Fernando de sesenta años y su hija Icíar se enfrentan a la enfermedad de Adela, la esposa y madre respectivamente.

Un guion férreo e inteligente que firma la propia directora, con la colaboración de Gabriela Ybarra, que demuestra su sabiduría en estas lides, ya que ha escrito guiones para nombres tan consagrados como los de Manuel Gutiérrez Aragón, Ricardo Franco, Gerardo Herrero, Luis Puenzo y Daniela Fejerman, entre otros, en una película se mueve indistintamente entre los dos tiempos, creando un complejo puzle psicológico en que las circunstancias del pasado remiten constantemente en el presente, sin caer en esas reconstrucciones demasiado fieles y frías y olvidándose de la humanidad e intimidad doméstica que tanto vivieron los hijos del industrial secuestrado. Padres e hijos y la herencia de las heridas y sobre todo, como unos y otros gestionamos el dolor y el pérdida. Por un lado, tenemos el dolor social con ETA, con cuarenta años de actividad y 829 víctimas mortales, y por otro, un dolor íntimo con la enfermedad y fallecimiento de la madre. Dos pérdidas, dos ausencias que, tanto hija como padre afrontan de formas antagónicas y ahí radica el conflicto central de la película. González-Sinde construye una película elegante, bien contada y magníficamente interpretada.

Una película bien trabajada técnicamente, tanto en el pasado como el presente, en el que cada espacio habla mucho de los sentimientos de los personas y sus actitudes. Con ese aire opresivo, como de película de terror del 77 y ese otro aire más cálido peor que se irá ennegreciendo del 2011, en un gran trabajo del cinematógrafo de Juan Carlos Gómez, que tiene en su haber a nombres como los de Achero Mañas, Daniel Sánchez Arévalo y Gracia Querejeta, entre otros. El magnífico trabajo de edición de Irene Blecua, que condensa los cien minutos de la película de forma interesante y certera. Y finalmente, la excelente música de Antonio Garamendi, un recién llegado en esto del cine, que consigue el acompañamiento perfecto en unas imágenes que hablan de dolor y tristeza y las herramientas para asumirlo y continuar, pero desde la aceptación y lo compartido, muy lejos del sentimentalismo de otras producciones, y en ese sentido, la música lo ilustra de forma esencial y da todo ese lugar que no se ve un valor aún más grande, como deja patente en la secuencia que cierra la película, donde brillan una muy buena composición y estructura, donde todo encaja de forma sencilla y cercana.

Un relato que se apoya mucho en el silencio y en las miradas, debía tener un reparto a la altura y lo consigue con Adriana Ozores, que ya protagonizó La suerte dormida, dando vida a Adela, la madre, que soporta los avatares vitales con entereza y humildad, todo un ejemplo. Mención aparte tiene la interpretación Fernando Oyaguez en la piel del Fernando del 77, ese hermano mayor que debe lidiar con el secuestro del progenitor y tranquilar a sus hermanos y hermana pequeña. Todo un reto para el joven actor que sabe transmitir todo la dureza y el dolor que siente y sobre todo, enfrentarse a un conflicto my difícil y que le sobrepasa. Después, tenemos a la pareja protagonista, a un estupendo Ginés García Millán como Fernando del 2011, el padre que prefiere seguir, no hablar, ni del pasado ni de nada, y frente a él, Susana Abaitua que da vida a Icíar, la hija que es todo lo contrario al padre, porque ella quiere saber, quiere mirar al pasado para construir un presente más de compañía y de diálogo, porque comparte con su padre la tragedia de perder al padre o la madre con la misma edad.

Aplaudimos y nos emocionamos con el regreso a la dirección de Ángeles González-Sinde, con un relato sobre las heridas de ETA, sobre todo ese peso que los personas arrastran, y la parte central de la película, como afrontar ese dolor con los nuestros, sentarnos y mirarnos, y luego, explicarnos, que todo lo que ocultamos salga y lo sepa el otro, para compartir el dolor, todas las heridas del pasado, y así construir un presente más ligero de cargas y culpas y tristezas, y más alegre, tranquilo y en paz, porque la paz para las víctimas no llega cuando ETA dejó de matar, sino que llegará cuando las víctimas hablen entre ellos y ellas y se expliquen lo que sienten y lo que les duele, y poco a poco, dejen de tener miedo de hablar, de ocultarse, de mirar debajo del coche, y caminar con tranquilidad por la calle. El comensal es el libro que había que escribir y la película que había que hacer, que coincide con poco tiempo de distancia con Maixabel, de Icíar Bollaín, una película que al igual que esta, aboga por la reconciliación, por el perdón, y por avanzar juntos después de todo, como única herramienta para aliviar el dolor y dejar de tener miedo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a Macià Florit Campins

Entrevista a Macià Florit Campins, director de la película «Pedra Pàtria», en una cafetería en Gràcia en Barcelona, el martes 28 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Macià Florit Campins, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño, y a Miquel Martí Freixas, por descubrirme la película y a su director, y por su amistad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

JFK: Caso revisado, de Oliver Stone

STONE VUELVE A KENNEDY.

“¿Qué clase de paz buscamos? Yo hablo de la paz verdadera, la clase de paz que vuelve a la vida en la tierra digna de ser vivida, la clase que permite a los hombres y a las naciones crecer, esperar y construir una vida mejor para sus hijos”

John F. Kennedy

La película JFK: Caso abierto, de Oliver Stone (New York, EE.UU., 1946), se estrenó en España el viernes 13 de febrero de 1992, el día de mi 18º cumpleaños. Yo fui a verla cuatro días después junto a dos amigos al desparecido cine Euterpe de Sabadell, ya desparecido. Imposible de olvidar todas las sensaciones e inquietudes que me produjo la película. Apenas conocía el caso del asesinato de Kennedy. La película resultó toda una elaboradísima investigación, a través de imágenes de archivo y ficción, de todo lo que sucedió aquel mediodía en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, cuando el 35º Presidentes de los Estados Unidos fue asesinado. Las tres horas de la película eran fascinantes, con un ritmo frenético, de aquí para allá, capturando todos los individuos, organizaciones y demás objetos implicados. Todo se trataba desde la minuciosidad y el detalle más exhaustivo. La cinta volaba ante mis ojos, deslumbrado por la lección de historia y política del Sr. Stone, en que el cine iba muchísimo más allá, y volvía a sus orígenes, o a uno de sus propósitos, documentar la historia, observar los acontecimientos y registrarlos para las generaciones venideras.

Hay dos momentos que recuerdo con una nitidez asombrosa. El extraordinario momento del encuentro de Garrison (el personaje que interpretaba magistralmente Kevin Costner), con el Señor X (que hacía Donald Sutherland), donde le destapa todas las operaciones secretas de la CIA para aniquilar gobiernos democráticos con golpes de estado, y demás actividades para seguir con la guerra, y sobre todo, todas las oposiciones a tales operaciones de Kennedy, y aún más, todos los enemigos interiores en el ámbito militar estadounidense, que se iba creando el presidente ante su oposición en seguir con este tipo de operaciones secretas. Una secuencia que siempre ha vuelto a mi cabeza para explicar el triste funcionamiento del mundo en el que vivimos. Y el otro momento imborrable de la película, cuando Garrison muestra la película de Abraham Zapruder, en el que vemos el asesinato del presidente y todos sus detalles. Una de las pocas veces que el cine era testigo y lo documentaba de semejante suceso.

Han pasado más de treinta años de aquella película, y casi medio siglo del asesinato del presidente, y todavía hay demasiados secretos ocultos de lo que sucedió aquel día de 1963 y sobre todo, de quiénes fueron los responsables. Stone ha vuelto a Kennedy, ha vuelto a la investigación de su asesinato. Stone vuelve a hablarnos de Kennedy en JFK: Caso revisado («JFK Revisited: Through the Looking Glass, en el original), ¿Por qué lo hace? Porque Kennedy es su obsesión y el presidente que quería un mundo diferente. Si en la primera, la de 1991, se basaba en sendos libros del citado Jim Garrison y Jim Marrs, en un excelente guion que firmaba él mismo y Zachary Sklar. Ahora, vuelve al libro homónimo de James DiEugenio, que ha dedicado varios años de su vida a investigar el magnicidio, también autor del guion, y como no podía ser de otra manera hace referencia a JKF: Caso abierto (1991), que ayudó a desclasificar documentación del suceso, y vuelve al lugar de los hechos. Vemos a Stone pasear por la actual plaza Dealy en Dallas donde todo empezó o mejor dicho, donde todo acabó para Kennedy. El mismo director se entrevista con otros investigadores que se han propuesto esclarecer todo lo que envuelve al relato. Cada uno de los investigadores va informándonos de las falsedades y mentiras del relato construido por el gobierno, a través de la Comisión Warren y la culpación de Lee Harvey Oswald, que fue asesinado por Jack Ruby, dos días después del asesinato de Kennedy, y en una comisaría.

No encontramos nuevamente con un extraordinario minucioso tratamiento de búsqueda de imágenes de archivo hasta ahora inéditas, a través de sus magníficos y documentados ciento dieciocho minutos, en los que a través de testigos e investigaciones se tiran por tierra toda la versión oficial, se vuelve a profundizar con numerosos datos, documentación y objetos para esclarecer aún más si cabe todo lo que envolvió a Kennedy, desde su elección y su mandato que arrancó en enero de 1961 y acabó aquel mediodía en Dallas. Se repasa cada detalle escrupulosamente, nada se deja al azar, frente a nosotros vamos mirando atónitos toda la documentación que se nos va revelando, los testimonios que la han estudiado e investigado a fondo todo el caso. En JFK: Caso revisado, no hay ficción o quizás, todo lo que envuelve a Kennedy es una ficción, porque estaba el presidente con sus actividades para desarmar el país y quitar el poder a la Cia y los servicios secretos, y sobre todo, su misión para hacer del mundo un lugar más pacífico y seguro, no solo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo. En definitiva, para virar la política internacional y nacional del país y dejar de ser el sheriff del mundo para construir un mundo muy diferente. Frente a esa idea estaban “los otros”, la CIA, los servicios secretos, los militares y los fabricantes de armas que no estaban dispuestos a obedecer los planes de Kennedy y urdieron un golpe de estado contra su presidente y usaron a Oswald como cabeza de turco, como él mismo denuncia cuando fue detenido.

Stone se ha consagrado como cineasta gracias a sus películas-denuncia como hizo en Salvador (1986), sobre las guerras en Centroámerica y la participación estadounidense, Platton (1986) y Nacido el cuatro de julio (1989) sobre la guerra del Vietnam donde estuvo como combatiente, y la crítica sobre el trato a los veteranos, y en El cielo y la tierra (1993), las dificultades de un estadounidense casado con una vietnamita, en Nixon (1995), sobre la corrupción política, y muchos documentales sobre figuras políticas como Fidel  Castro, Hugo Chávez y otros dirigentes americanos, Putin y demás cintas, tanto para cine como televisión, donde investiga y retrata la política en todo su detalle, la manipulación que existe por parte de los medios, y sobre todo, construyendo visiones personales y profundas de toda la sociedad estadounidense de los sesenta y los líderes de la segunda mitad del siglo XX y comienzos de este siglo. Stone vuelve a codearse de algunos de los técnicos que le acompañaron en su primer JFK, y algunos otros de su filmografía, como el cinematógrafo Robert Richardson,  Donald Sutherland en la narración, junto a Whoopi Goldberg, el músico Jeff Deal, que ya estuvo en su trabajo sobre Putin, el editor Brian Berdan, que ya estuvo en Asesinatos natos y Nixon, que junto a Kurt Mattila y Richard B. Molina firman el detallista e inteligente montaje de la película, nada sencillo porque mezcla con audacia e inteligencia entrevistas a testimonios y abundante material de archivo, donde todo es analizado con profundidad, dando forma y fondo a todos los datos, por insignificantes que sean, realizando una exhaustiva investigación sobre el asesinato de Kennedy, y todo lo que ha ocurrido respecto al caso hasta nuestros días.

JFK: Caso revisado aporta nueva información no solo sobre el asesinato de Kennedy, todo lo que lo produjo y la conspiración que hubo detrás de él, y los posteriores asesinatos de Malcolm X en 1965, Bobby Kennedy y Martin Luther King en 1968, y todo ese período tan convulso y sangriento de los sesenta en EE.UU. con problemas raciales y demás,  sino que lanza todo un detallado estudio sobre el funcionamiento de la política internacional de este mundo, y más concretamente, de los Estados Unidos, porque Stone, que empieza y acaba con un par de discursos de Kennedy, donde se puede conocer las intenciones del presidente de acabar con una forma de hacer violenta hasta entonces y el cambio que quería cambiar a su país y por ende al mundo. Stone lo tiene claro, con Kennedy se acabó la esperanza de un mundo mejor, porque él tenía el poder para hacerlo, o no, porque con su asesinato finalizó el mundo que soñaba él y otros, porque con su muerte y la de otros líderes pacifistas y dialogantes en Estados Unidos, el mundo siguió a lo suyo, la CIA también, y ahora estamos así, con un mundo militarizado, más de sesenta conflictos en funcionamiento en la actualidad, y después de la guerra de Ucrania, con más deseos de los países enriquecidos de seguir armándose para seguir dominando a los empobrecidos y sometiéndolos a sus reglas del juego. Stone explica que tiene más material sobre el asesinato de Kennedy, así que JFK: Caso revisado, es otro capítulo en su lucha contra todos y todo, para esclarecer el asesinato que lo cambió todo, o mejor dicho, el asesinato que se produjo para que no cambiará nada. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Juego de asesinos, de Joe Carnahan

COMISARÍA DE GUN CREEK. INTERIOR. NOCHE.

“No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo”

Nelson Mandela

Todo el cine policíaco estadounidense producido en la década de los setenta no solo cimentó las estructuras de un cine popular, bien realizado y sobre todo, un cine que ha trascendido en el tiempo, convirtiéndose en todo un referente para las autores actuales. Los Gordon Parks, Don Siegel, William Friedkin, Sidney Lumet, Sam Pekinpah, Walter Hill, etc… y sus estupendos thrillers se han erigido como clásicos imperecederos que siguen tan vigentes como el año en que se filmaron. Juego de asesinos (“Copshop”, en el original), es de esas películas de ahora, pero con el aroma de aquellas, y no solo en su estructura, que nos remite a cintas como Pelham 1, 2, 3 (1974), de Joseph Argent, Tarde de perros (1975), de Sidney Lumet, Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), de John Carpenter e incluso al clásico western de Río abajo (1959), de Howard Hawks. Todos ellos títulos donde una comisaría o un lugar cerrado tienen como epicentro el desarrollo de la trama.

Un guion escrito por Kurt McLeod y el propio director Joe Carnahan (Sacramento, California, 1969), especializado en el thriller, con títulos como su debut en Sangre, balas y gasolina (1998), al que le han seguido otras obras con Ray Liotta en el reparto como Narc (2002), un par protagonizadas por Liam Neeson como el remake cinematográfico de El equipo A (2010), e Infierno blanco (2011), y alguna que otra incursión en el medio televisivo en series tan exitosas como The Blacklist (2013), entre otras. El encargo le viene de la mano del actor Gerard Butler y su socio Alan Seigel, para construir una película ambientada en una sola localización, en una comisaría de un pequeño pueblo perdido en mitad del desierto de Nevada, y que todo ocurra en una sola noche, tan explosiva y frenética. Todo arranca con la detención de Teddy Murretto, un estafador al que la mafia le pisa los talones por haberles robado una cantidad ingente de dinero. Su plan es acabar detenido y así huir, pero he aquí la cosa, en la comisaría se tropieza con Bob Viddick, un asesino a sueldo que lo persigue, para más inri, aparece en el lugar otro asesino, más despiadado y cruel, con la misma intención que el otro, enviados por otros que también estafó. Pero la cosa aún se complica más cuando una joven policía Valerie Young, aficionada a las armas clásicas, se interpone en el camino de todos ellos, y se atrinchera para impedir que todos se salgan con la suya.

Carnahan consigue una película muy entretenida, en la que hay pocos momentos de distensión, y si mucho disparo, donde no hay tregua, en que la comisaria se convierte en un campo de batalla donde no hay paz ninguna, donde la tensión va in crescendo, donde solo puede quedar uno o ninguno. La película tiene sus momentos distendidos con algún que otro chiste y gag, y sobre todo, en sus retratos de los personajes, que lo hace desde la desmitificación y la ridiculización de ciertos estereotipos que han invadido las salas en ese cine comercial tan pensado y materializado, que no deja espacio para la imaginación y mucho menos para la complejidad tanto de las tramas como de los individuos. Uno de los aspectos que más destaca la película es su incansable y entusiasta trío protagonista, encabezado por el mencionado Gerard Butler que, además de productor, se reserva el rol de Bob Viddick, un tipo cansado y lleno de cicatrices, uno de esos pistoleros llenos de polvo, tristeza y amargura, que todavía conserva algo de esperanza, y un par de fajos por los que matar a alguien, en una composición en las antípodas del rey Leónidas de Esparta de 300 que le dio fama mundial.

Acompañan a Butler, un estafador de tres al cuarto como el citado Teddy Murretto, un tipo listillo que cree que se saldrá con la suya engañando al hampa, en la piel de Frank Grillo que como Butler, hace funciones de productor con su socio que no es otro que el propio director, con el que ha trabajado en Muere otras vez (2021), intentando salvar el pellejo en una empresa que se ha vuelto titánica. También, tenemos al otro a sueldo de la función, un psicópata como indica el personaje de Butler en la diferencia entre asesino y psicópata, interpretado por Toby Huss, con ese aire aparente de debilucho remilgado pero todo fachada, porque como demostrará en la película no le temblará el pulso para pasear el gatillo y llenar de sangría la comisaría. Por último, la interpretación de Valerie Young, que interpreta a Alexis Louder, que se erige como el alma de la función y el macguffin por el que gira todo el entramado que se desata en la comisaría. La joven policía que el destino pondrá frente a este grupito de maleantes y asesinos despiadados, erigiéndose la auténtica heroína de la película, en un rol destinado a los hombres, aquí cambiando el estereotipo y llevándolo a un lugar muy interesante y profundo. Debemos aplaudir la hazaña de Carnahan que sin olvidarse del policíaco estadounidense setentero, revisa con criterio los clásicos y además, nos ofrece un entretenimiento con todas sus dosis de tensión, asesinatos e incertidumbre, con una interesante mezcla de western crepuscular y noir febril. Disfrútenla porque es una delicia, eso sí, no se la tomen muy en serio, por favor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

No te quiero, de Lena Lanskih

LA INCAPACIDAD DE AMAR.

“Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar”

Erich Fromm

Resulta capital para el desarrollo de una película la forma en que se abre la historia. En No te quiero, la opera prima de Lena Lanskih (Tyumen, Rusia, 1990), resulta totalmente esclarecedor su arranque para ponernos en situación y sobre todo, para interesarnos y seguir conociendo la no vida de la protagonista. A saber. Es de noche en una de esas pequeñas localidades en la región de los Urales de Rusia. Vika, una niña de catorce años, con su bebé en brazos, se mete en un coche y planea vender a su criatura. Pero, en el último instante, se arrepiente y se va corriendo. Conoceremos la no vida de Vika, en un entorno muy hostil, en una familia que no desea a ese bebé, y tampoco asumir los motivos por los que está entre ellos. Vika, expulsada del colegio, intenta seguir con el baile, y planear una huida con el chico que quiere.

Vika con una maternidad que le viene grande e impuesta, parece un fantasma, como aquellos dos vampiros que se movían por Detroit en la excelente Sólo los amantes sobreviven (2013), de Jarmusch. La vemos deambular, de aquí para allá, sin saber para qué y si todo eso tiene algo detrás, roba en el súper, su comportamiento es muy extraño. Vive en un ambiente asfixiante y muy doloroso, se quiere quitar a su hija de en medio, unos días y otros, se lo piensa. Su alrededor es triste y feo, una ciudad con calles y plazas decadentes, llenas de lodo, y mucha mugre y desconcierto por todos los lados. En su casa, que comparte con su madre, las cosas pintan igual, todo es decrépito y muy desolador, y el trabajo de recolección de frutos del bosque y luego venderlos en el mercado, tampoco es que sea una panacea. Vika se siente sola, como en un laberinto del que desea salir con todas sus fuerzas y cuando encuentra la salida, esta se cierra y vuelta a empezar.

El guion conciso y directo que escribe la propia directora junto a Ekaterina Perfilova, lleno de matices, de personajes complejos y solitarios, no explica más de lo que necesita, y resuelve con astucia toda la complejidad y la tristeza de esa vida en esa ciudad. El excelente trabajo de cinematografía de Mikhael Weizenfeld, que ya trabajó en la película corta Type 8 (2018), de Lanskih, convierte la cámara en una segunda piel de la protagonista y ese no mundo por el que se desplaza, recordando a los mismos encuadres que vimos en Rosetta  (1999), de los Dardenne, con la que Vika guarda muchas similitudes, y sus ambientes duros, gélidos y de difíciles o nulas relaciones familiares, más propias del cine de terror, donde encontraríamos el universo de Andrey Zvyagintsev, sobre todo en su película Sin amor, en su dureza y su forma de retratar la complejidad social en la Rusia actual, como también hacía Kantemir Balagov en Demasiado cerca. Un elaborado y ágil montaje que firman Alexander Pak y la directora, que condensa con inteligencia los ciento diez minutos de la película, que nos agarra desde el primer minuto y no nos suelta hasta su magnífico desenlace.

La insistencia y el grandísimo trabajo de la directora Lena Lanskin y un talento que ya había dejado patente en sus películas cortas, ayudaron a que su primer largometraje haya sido producido por dos de los nombres más importantes de la cinematografía rusa de ayer y ahora como los de Serguéi Selyanov, con más de ciento sesenta producciones en su filmografía, con nombres tan importantes como los de Sergei Dvortsevoy y Sergey Bodrov, entre muchos otros, y el de Natalia Drozd, una de las productoras más activas dedicada a levantar producciones de jóvenes valores. Aunque la película de Lena Lanskih no sería lo que es sin la inmensa aportación de la debutante cinematográfica Anastasia Strukova que se mete en la piel de una deslumbrante Vika, con esa mirada que traspasa la pantalla, con esos ojos fijos y tristes y rabiosos cuando se mira al espejo, o mira a los demás, a todos esos que las desprecian por su maternidad, sin saber porque se ha producido.

No te quiero (“Unwanted”, en el original), aparte de ser un excelente debut, es un relato descarnado y sin concesiones, que se aleja del sentimentalismo y cosas que se le asemejen, para elaborar una historia crudísima, directa y sin estridencias, con el aspecto de una película de terror social, como la define su directora, pero va mucho más allá, y el género solo le sirve para mover al personaje y sobre todo, mostrar sus espacios y la locura que la sigue sin soltarla en ningún momento. La película también se puede ver como una radiografía brutal, certera y magnífica de la Rusia actual, de toda esa decadencia, tristeza y desolación, tanto física como emocional, a través de una familia que odia y se odia, que no se quieren y son incapaces para amar y amarse, una herencia maligna que se hereda de padres a hijos, y donde Bika, sumergida en un mar de dudas, hace lo imposible para no ahogarse, para seguir a flote, aunque sea en un trozo de madera que por momentos parece hundirse irremediablemente. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Eles transportan a morte, de Helena Girón y Samuel M. Delgado

LA HISTORIA NO CONTADA.

“Los mitos que son creídos tienden a convertirse en verdaderos”

George Orwell

Los cineastas Helena girón (Santiago de Compostela, 1988), y Samuel M. Delgado (Tenerife, 1987), llevan desde el 2015 dirigiendo películas cortas que profundizan sobre la historia, los mitos y demás aspectos construidos por una historia oficial que olvida el aspecto humano y misterioso. De ellos hemos visto Sin dios ni Santa María, Montañas ardientes que vomitan fuegos, Plus ultra e Irmandade, amén de instalaciones y performance. Un cine que explora la mitología e irrealidades, sino que lo hace desde una forma experimental, tremendamente visual, en diferentes formatos y texturas, haciendo de cada trabajo una aproximación a unos universos únicos e irrepetibles. Para su primer largometraje Eles transportan a morte, no se mueven de esos lugares sin tiempo, espacios de la memoria que la historia ha olvidado para construir su mito y leyenda.

La película se abre de forma impresionante, mágica y fantástica, primero con la sobreimpresión en la pantalla del año 1492, y luego bajo el mar, con las imágenes ralentizadas, van entrando al agua los palos de vela y una vela que se confunde con el mar embravecido, y luego, tres figuras masculinas, tres hombres proscritos, tres individuos que huyen de una muerte que ya debería estar ejecutada, tres espectros que recalan en un islote de Las Canarias, transportando una vela, un vela que Colón quiere a toda costa para proseguir su viaje al que luego llamaran “Nuevo Mundo”. Con el 16mm que firma José Alayón, que ya había firmado las cinematografías de películas tan importantes como La ciudad oculta, de Víctor Moreno, Blanco en blanco, Théo Court y Entre perro y lobo, de Irene Gutiérrez, amén de coproducirlas, creando esa textura y cercanía, con esa pesadez que acompaña a los tres fantasmas en perpetua huida de los otros y de sí mismos, intentando esquivar a la muerte. El espectacular montaje de Manuel Muñoz Rivas, otro de la factoría de Alayón, que condensa de forma sencilla y rítmica los setenta y cinco minutos de metraje.

El cuidadoso y detallista trabajo de la banda sonora, que firman dos de los nombres más importantes en el cine colombiano de autor, tanto del sonido que firma Carlos E. García, componiendo toda una atmósfera absorbente, en el que cada sonido en off inunda cada plano y encuadre de la película, envolviéndonos en esa aura mística, misteriosa y oculta que inunda toda la historia. Y la composición musical de Camilo Sanabria, que aboga por los ritmos fantásticos e industriales para ir creando todo ese universo tanto físico como emocional que persigue la historia. Eles transportan a morte se estructura a través de dos caminos. El de los tres hombres huidos y/o fantasmales, en las Islas Canarias, que también fueron arrasadas en ese camino del “Nuevo mundo”,  en el que los cineastas buscan la esencia y pureza cinematográfica, como hacían los pioneros, como Sjöström y Dreyer, el Tourneur de Yo anduve con un zombie, el universo de Pedro Costa, y el Zombie Child, de Bonello, con esos tintes propio del cine de terror y fantástico, y luego, el otro lado, el “Viejo mundo”, esa Galicia de mediados del XVI, con esas mujeres que les han llevado obligados a sus hombres a la conquista del “Nuevo mundo”, tildadas de brujas y peligrosas.

La película se sustenta en un relato muy físico, en el que apenas hay diálogos, donde todo se explica mediante el silencio, o mejor dicho, mediante los sonidos, el off, y la relación de los tres proscritos. Los intérpretes del que solo conocemos a David Pantaleón, actor y también, estupendo cineasta como corrobora en Rendir los machos, entre otras, como uno de los huidos, acompañado por Xoán Reices y Valentín Estévez, las gallegas Sara Ferro y Nuria Lestegás y Josefa Rita Míguez Cal, componen unas vidas ajadas, solitarias, aisladas, pero llenas de humanidad y verdad, toda la que les falta a esa otra realidad, la que ha quedado plasmado en los libros de historia. Eles transportan a morte se detiene en lo humano, en lo íntimo, acercándonos a los anónimos, a todos esos hombres y mujeres que también estuvieron y fueron, desmitificando toda la historia de la conquista, el “Nuevo mundo”, y demás, como se deja patente en esas imágenes apropiadas de Alba de América, de Juan de Orduña, producida en 1951 en pleno franquismo para dar rienda suelta a la falseada gloria del Imperio español conquistando nuevas tierras.

La película de Girón y M. Delgado es una película totalmente inmersiva, muy sonora, y espiritual, en la que es tan importante lo que vemos como aquello otro que no se ve, que queda oculto, que permanece en las sombras, en el misterio, en ese lugar que la película investiga y extrae del tiempo y el espacio, porque todo aquello remite indudablemente en nuestro presente, en nuestra cotidianidad, en lo que somos, y sobre todo, de dónde venimos, todo lo que se ha hecho y lo que no, todo lo que se ha contado y todo lo que se nos ha ocultado. Un viaje a nuestra historia, contada desde el lado opuesto a la oficialidad, en una propuesta que no estaría muy lejos de las de Albert Serra, en el concepto de hablar de los mitos y leyendas, desde la desmitificación y lo humano y cercano, respirando, comiendo, caminando y escuchando a estas personas totalmente ninguneadas por la historia, y dándoles el lugar que se merecen o al menos, recuperando sus relatos, sus rostros y sus cuerpos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pablo García Pérez de Lara

Entrevista a Pablo García Pérez de Lara, director de la película «Camino incierto», en su domicilio en Barcelona, el lunes 14 de junio de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo García Pérez de Lara, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

D’A 2022: ¡Viva el cine presencial! (y sin mascarillas)

El pasado domingo 8 de mayo, cerró sus puertas la XII Edición del D’A Film Festival de Barcelona. Después de 10 intensos días de cine, presentaciones, mesas redondas, jornadas profesionales y demás actividades relacionadas con el mundo cinematográfico. Las secciones, como vienen siendo habituales, se dividieron en Direccions, Talents, Transicions, Un impulso colectivo, programada por Carlos Losilla, y se volvió a apostar por los cortometrajes con varias sesiones al respecto. Como ocurrió el año pasado, el D’A se vuelve a confiar en la iniciativa del Tour, excelente iniciativa en que algunas películas del festival se podrán ver en poblaciones fuera del epicentro Barcelona. La noche del sábado, en el Teatre CCCB, antes de la película de clausura, se entregaron los galardones, entre las premiadas encontramos Petit nature, de Samuel Theis, La amiga de mi amiga, de Zaida Carmona, y Mi vacío y yo, de Adrián Silvestre, entre otras. Aunque la gran noticia de esta edición, esperadísima por todos los que nos acercamos a este festival tan querido y admirado, ha sido la vuelta al D’A de 2019, después de los años de pandemia, en el 2020 fue la edición online en Filmin, y el año pasado, una edición híbrida, donde en las sesiones presenciales se requería la mascarilla. Este año, todo vuelve a la edición del 2019, con la presencialidad al 100×100, sin mascarillas, y una edición muy esperada y sobre todo, una edición muy vivida.

Mi camino por el D’A arrancó en la queridísima sección UN IMPULSO COLECTIVO con la película LA CHICA DE DAK LAK, de Pedro Román y Mai Huyen Chi. El director madrileño, afincado en Vietnam, junto a la directora vietnamita, se centra en una joven campesina que viaja a la urbe de Saigón para trabajar como camarera. Un retrato íntimo, sensible y profundo sobre el despertar a la vida de una joven que, es a su vez, una mirada crítica sobre la transformación social y política de una megalópolis inmensa, superpoblada y devoradora. La película sigue a la protagonista a medio camino entre la ficción y el documento, en un retrato que nos recuerda a la soledad y el aislamiento de la filmografía de Tsai Ming-liang, cinematográficamente ejemplar que detalla cada paso, cada neón y cada momento emocional de la protagonista, huyendo del sentimentalismo, y trazando una realidad llena de amargura e inquietante. Después vi la película LOS CABALLOS MUEREN AL AMANECER, de Ione Atenea. Muchos descubrimos a Ione Atenea siendo una de las protagonistas de Young & Beautiful, de Marina Lameiro, precisamente en el D’A. Luego, vimos Enero (2019), su opera prima que retrataba la cotidianidad de dos mujeres octogenarias. Con su nuevo trabajo, vuelve al retrato, un retrato que ahonda en los otros, porque nos habla de tres hermanos, los antiguos habitantes de la casa que acaba de alquilar. A partir de los objetos, recuerdos y huellas de los ausentes, la directora retrata un tiempo, la de la Barcelona del siglo XX, con sus tebeos, películas del oeste, amores frustrados, y unas vidas ajenas, que se mezcla con la propia vida y la cotidianidad de Ione, en la que va creando un retrato de otros y propio, en un juego fascinante, muy sensible y profundo, de espejos deformantes, de presente y pasado, de todo lo que somos y lo que dejamos, y sobre todo, un retrato de todos, de los presentes y ausentes.

Seguí con CANCIÓN A UNA DAMA EN LA SOMBRA, de Carolina Astudillo Muñoz. La directora chilena, afincada en Barcelona, vuelve a los fantasmas de El gran vuelo (2014), para centrarse en las misivas que un combatiente republicano, primero y luego, un exiliado en Francia, le envía a su mujer que ha quedado en Barcelona. A partir de imágenes de Súper 8, recuperadas de diferentes archivos, y otras, en las que actrices lees las citadas cartas, la película nos convoca a un viaje sobre el pasado a partir del presente, haciendo referencia a todas las mujeres “Penélope” que esperan y cómo esperan, de forma activa y resistente. La película vuelve, o mejor dicho, sigue transitando por los temas preferidos de la directora: la relación sobre nuestra pasado más oscuro, la guerra civil y el franquismo, la evocación de los ausentes y todas las presencias que dejan en los otros, y finalmente, la condición de la mujer, de entonces y la de ahora, reivindicando su figura y su condición, recuperando su trabajo, sus vidas y sobre todo, sus memorias. TENER TIEMPO, de Mario Alejandro Arias, Gabriela Alonso Martínez y Nicolás Martín Ruiz. Con la excusa del trabajo de fin de carrera de tres alumnos de la Ecam, los tres directores del ramo de la no ficción, consiguen una película fresca, ligera y muy cercana sobre la juventud, sus ilusiones y sus tristezas, con el aroma de Premières solitudes, de Calire Simon, y Quién lo impide, de Jonás Trueba, en un estupendo ejercicio a medio camino entre la ficción y el documento, sobre tres jóvenes amantes del rap, les sirve para hablarnos de su presente, de su inquietante futuro, y sobre todo, del desánimo de unos jóvenes que les cuesta encontrar trabajo, y mantenerlo, sus amores y esa incertidumbre vital y emocional agravada por la pandemia y demás tintes políticos. Una película sin pretensiones, viva, de ahora y de siempre, íntima y sobre todo, una película sobre la juventud y sobre la sociedad en la que vivimos, unos ratos, agradable y muchos, que no lo son tanto.

CHUCK A-LUCK, de Adrián García Pardo. En Actos de primavera (2019), la primera película de García Pardo, que fue seleccionado en el D’A de 2019 online, en plena pandemia, muchos vimos a un cineasta que nos hablaba sobre la fascinación del cine, desde su casa, desde el Madrid por su ventana, con grandes dosis de humor, y sobre todo, donde abundaban las referencias cinéfilas, literarias y vitales. Con su segundo trabajo, lo doméstico, que también lo hay, da paso a las calles y azoteas de Madrid, nuevamente con humor, una imagen doméstica e íntima, para hablarnos de una existencia inquietante y sin futuro, en una cinta muy física, entre el documento y la ficción, y donde prima la imagen sobre las palabras, con un personaje que interpreta el mismo director, una especie de sobrino de Mr. Hulot y los de Bruguera, que parece metido en un limbo que no acaba de aceptar ni mucho menos sentirse bien. Un cine libre, directo y lleno de hallazgos. LES FILLES DU FEU, de Laura Rius Aran. En el D’A 2016, muchos nos quedamos gratamente sorprendidos con Les amigues de l’Àgata, codirigida por cuatro cineastas en su trabajo de fin de carrera en la UPF. Una de ellas es Laura Rius Aran, que nos la volvemos a encontrar con una película de treinta y nueve minutos filmada en Francia, donde reside. Un retrato sobre unas chicas que accidentalmente prendieron fuego a la casa de los tíos de una de ellas. Con una sorprendente imagen y estructura, a medio camino de la ficción y el documento, la directora traza un profundo y sensible retrato sobre la adolescencia y la primera juventud a través de la amistad, del recuerdo y todo lo que nos une y separa. Interpretada magistralmente y narrada con pulso firme y sin pretensiones, la película de la directora catalana se desmarca de muchas películas del estilo, para crear una historia magnética, hipnotizadora y magnífica.

De la sección TALENTS, me detuve en la película TIEMPOS FUTUROS, de V. Checa. La opera prima del director peruano es un fascinante y magnífico relato de ciencia-ficción distópica, noir, social y crítico sobre una ciudad gris y fantasmagórica, que tiene mucho que ver con la Lima actual y los efectos de la pandemia, en una película muy austera, íntima y cercanísima, sobre la construcción de una máquina para provocar lluvia y la relación entre un padre obsesionado y un hijo de once años que encontrará en una banda de espías jóvenes una forma de crecer como persona y conocer la verdadera naturaleza de su padre y su invento mecánico. Con aroma al cine de ciencia-ficción setentero estadounidense y la feroz crítica a una sociedad ensimismada en las máquinas, la sobreexplotación y la individualidad, Tiempos futuros es una película sobre nuestra condición humana y qué hacemos con todo lo que tenemos a nuestro alrededor, ya sea social como humano. Finalicé mi andadura por el D’A 2022 con la sección “SINFONIES DE CIUTAT”, auspiciada por el CCCB y la colaboración de “Dones visuals”. Un proyecto sobre miradas a la ciudad de Barcelona y periferia realizado por cineastas. Me acerqué a ESA FUGAZ ESENCIA QUE DEJARON LOS SUCESOS, de Carolina Astudillo Muñoz. Una película de catorce minutos que profundiza en el trabajo de memoria que reivindican los anteriores trabajos de Astudillo Muñoz, donde se detiene en los lugares y espacios de la ciudad de Barcelona y registra en un espléndido Súper 8, acompañado por la propia voz de la directora, donde la historia de la Guerra Civil y el franquismo se detuvo, reivindicando cada lugar, cada huella y cada vestigio, dotándolos de la importancia que el presente y los gobernantes le han negado, siempre desde el prisma de todas las mujeres olvidadas, borradas y silenciadas. Un hermoso y detallista trabajo memorístico, no solo sobre los ausentes, sino sobre sus pasos, sus huellas y todo el legado que nos dejaron a los que les seguimos. Una película que sabe a poco, porque nos hubiera gustado seguir descubriendo el pasado y el presente de todas las olvidadas de la mano de la directora, por su sensibilidad y su posicionamiento político y sobre todo, humano.

Y acabé con LA CIUTAT A LA VORA, de Meritxell Colell. La frontera, los márgenes y las personas que los componen son la estructura en las que se posa el cine de la directora catalana. En su nuevo trabajo de cincuenta y dos maravillosos minutos, nos invita a un pasea sensible y profundo sobre los espacios limítrofes de Barcelona con la sierra de Collserola. Con fascinantes imágenes en Súper 8, textos descriptivos y hipnóticos, y una tratamiento musical muy evocador y magnífico, Colell nos sumerge en un universo periférico lleno de magia y humano, donde conviven caminos, huertos y sus gentes, con sus historias, sus pasados, y sus presentes, siempre del lado humano y político, dando visibilidad a la invisibilidad, situando en el centro de todo a todos los olvidados, a todos lo que están pero no están, y sobre todo, una mirada especial y sencilla a todo lo que vive y sobrevive fuera de todos y todo. Y hasta aquí mi paso por la la XII Edición del D’A Film Festival de Barcelona. Un festival convertido en un referente magnífico para todos aquellos que amamos el cine, sus buenas historias, reflexivas, comprometidas y valientes, que nos hablan con personalidad y carácter de los problemas más cotidianos, políticos, sociales, económicos y culturales, un certamen que enriquece de manera extraordinaria la primavera cinéfila de Barcelona, y la edición de este año, tan especial por su vuelta a lo que era, a esa esencia del cine presencial, y sin mascarillas, y sobre todo, a su capacidad para elegir las películas y su calidad en todos los sentidos, tanto en programación, estructura, personal y ejecución, ofreciendo un nivel cinematográfico altísimo, donde han brillado películas de diferentes lugares del mundo, y las de aquí, se han convertido en un referente dentro del Festival, convirtiendo las sesiones de UN IMPULSO COLECTIVO, y sus posteriores coloquios en una fiesta del cine, en la pasión que lo envuelve y la fascinación intrínseca del ser humano por contar historias y otros, por verlas y apreciarlas. Hasta la edición del año que viene!!! Muchas Gracias por todo D’A FILM FESTIVAL 2022!!! JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA