MATHYAS Y ÉLISE QUIEREN SER PASTORES.
“La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino que resultan un obstáculo evidente para la elevación espiritual de la humanidad”.
Henry David Thoreau
El publicista Mathias Lefebure, residente en Quebec (Canadá), dejó su trabajo y se marchó a los Alpes franceses con la intención de empezar de nuevo, reconectarse consigo mismo y emprender una nueva vida como pastor de ovejas. La experiencia la escribió en su libro “D’où viens tu, berger?”, que ahora de la mano de la cineasta Sophie Deraspe (Rivère-du-Loup, Canadá, 1973), nos llega convertida en su tercera ficción que aboga por la sencillez, la honestidad y la capacidad del cine de volver a las historias tranquilas, que huyan de la narrativa efectista y hagan de lo convencional una seña de identidad que, en tiempos de algoritmos y de IA, todavía pueden emocionarnos con lo más pequeño, lo más simple y aquello tangible. En Hasta la montaña (en el original, “Begers”, traducido como “Pastores”), seguimos el itinerario del joven Mathyas, alguien que tiene un sueño, que no sabe nada de pastores, pero ante todo, sabe que no desea volver a su Canadá natal a seguir trabajando para otros, ahora quiere trabajar para sí mismo y volver a la naturaleza junto a los animales para ser y sentir.

La cosa no será como Mathyas creía, o seguramente, el joven aspirante a pastor no conocía toda la verdad de vivir en una granja como pastor y trabajar en un oficio en vías de extinción, que requiere un enorme esfuerzo, sacrificio, largas horas de trabajo, muchísima dedicación y sobre todo, jornadas extenuantes donde el ganado se muestra fiero y rebelde. Ante esa cruda realidad, Mathyas tiene su conexión con lo atávico, con lo más primario, la naturaleza y los animales, y sobre todo, muy alejado del mundanal ruido, las prisas, los ajetreos, las locuras y el consumismo salvaje de occidente donde todo está en compra y se vende. Un contraste que chocará con los lugareños que no lo ven capaz de realizar su hazaña, y también, contra sí mismo, que se verá envuelto en serias dificultades en los varios empleos que tiene en los que debe demostrar su capacidad para ser pastor. Como el hombre propone y Dios dispone, conocerá a Élise, una joven funcionaria que aprovechará la aventura del canadiense para enrolarse en la causa y le acompañará como pastora. Un guion partido en dos mitades coescrito por el propio Lefebure y la directora que, en su primera mitad, sigue a Mathyas y los tropiezos antes de ser pastor, y en la segunda, seguiremos a los jóvenes citados y su viaje por los Alpes transportando a un rebaño de 800 ovejas.

Una película bellísimamente filmada filmada en parajes naturales que nunca cae en la condescendencia de lo que tiene delante, y sabe extraer todo esa parte de problemas, tensiones y alegría de los dos jóvenes pastores y esa dualidad entre la belleza, lo salvaje y lo dificultoso de su nuevo oficio. El gran trabajo que firma el cinematógrafo Vincent Gonneville, que tiene en su haber trabajos con la cineasta tunecino-canadiense Meryam Joobeur, entre otros, donde no muestra la belleza sin más, sino que la contrasta con la dureza del trabajo como pastor. La excelente música de Philippe Brault, que conocemos por sus colaboraciones con Sebastien Pilote en Maria Chapdelaine, y con Sébatien Manier en El origen del mal. Una composición que consigue fusionar la belleza de los brutales paisajes de montaña con las dificultades y los conflictos propios de enfrentarse a una tarea como pastores primerizos. El estupendo y conciso montaje de Stéphane Lafleur que tiene en su filmografía más de 20 películas entre las que destaca Profesor Lazhar (2011), de Philippe Falardeau que, en sus casi dos horas de metraje, construye una cinta de viaje emocional y profundo en pos a el deseo y el sueño de alguien de ser pastor, y de comenzar de nuevo, de reinventarse y volver a la naturaleza y conocerla, disfrutarla y también, padecerla.

Con un reparto que tiene al casi desconocido Félix-Antoine Duval como Mathyas, en su segundo protagonista, y Solène Rigot, que hemos visto en Puppylove y Las cartas de amor no existen, entre otras, como los dos aspirantes a pastores. Guilaine Londez, Bruno Raffaelli, Younes Boucif, entre otros, integran un reparto que aboga por la credibilidad y la naturalidad en sus interpretaciones. Después de Les loups (2015) y Antigone (2019), la directora Sophie Deraspe ha construido una película que abraza la vida, y lo hace desde la perspectiva de un par de valientes, de dos almas cansadas y agobiadas por los males de la sociedad moderna, donde todo se hace por y para el dinero, y vive de espaldas a la naturaleza y sobre todo, a lo que somos, a nuestros sentimientos y nuestro pasado. Una historia como la que cuenta Hasta la montaña nos conecta con lo más simple, con aquello que nunca debimos dejar de ser, porque nuestra manía con ser lo que no somos, nos ha llevado a sobrevivir en ciudades que odiamos y que no nos entienden y que marginan lo humano y lo de verdad, pertrechadas en su mercantilismo feroz que expulsa a las personas y ayuda a aquellos consumidores feroces que viven por y para el dinero. Una verdadera tragedia. Quizás los expulsados deberíamos tomar las riendas de nuestras existencias y huir a la vida como hacen Mathyas y Élise y trabajar duro para ser pastores u otra cosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA



LOS QUE HABITAN LA PERIFERIA. 




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