Entrevista a Meritxell Colell

Entrevista a Meritxell Colell, codirectora de la película «Transoceánicas», en el marco del D’A Film Festival, en La Ikastola de Gràcia en Barcelona, el miércoles 12 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Meritxell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Serrana Torres, coproductora de la película, y al equipo de comunicación del D’A Film Festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Trance, de Emilio Belmonte

EL ESPÍRITU DE LA MÚSICA. 

“Cuando uno empieza a tocar, a hacer música, a emitir sonidos… El primer objetivo, claro, no es ni la popularidad, ni vender entradas, ni ganar dinero con ello, supongo. Es más el adentrarte en ese mundo mágico de lo intangible, de lo que no es material, de lo que te trasciende. Los primeros músicos seguramente eran sanadores, de hecho hay muchos músicos que siguen ejerciendo de eso, quizás, todos lo hacemos. Cuando la gente se emociona, de alguna manera, está sanando su espíritu, su alma. Lo que pasa es que todo eso se ha borrado y se ha vendido más como ese mundo del espectáculo, en el cual, pues… ya todo es mesurable, entonces uno gana más dinero que el otro, el otro es más popular. Esa vorágine del mundo del espectáculo muchas veces oculta esa primera semilla de la música que no tiene mucho que ver con eso. Tiene más que ver con nuestro espíritu”.

Jorge Pardo

Por mucho que pretendamos, inútilmente, ser dueños de nuestro destino, la cosa va por otro lado. Porque somos presos de las circunstancias y los encuentros accidentales dominan nuestras existencias. El músico Jorge Pardo (Madrid, 1956), que tenía en el jazz su camino, se tropezó a finales de los setenta en un estudio con el guitarrista de flamenco Paco de Lucía, y ahí cambió todo para él. Porque de aquel encuentro casual, nació una colaboración que se mantuvo durante veinte años viajando por todo el mundo. El famosísimo sextete de Paco de Lucía llegó para cambiarlo todo, el flamenco entró en la fusión, son los tiempos del disco “Leyenda del tiempo”, de Camarón, y Triana y demás. La flauta de Pardo se puso al servicio del flamenco y todos disfrutamos del nuevo sonido, de la nueva mezcla y de una nueva mirada que lo revolucionó todo y a todos. Jorge Pardo sigue de ruta, con veinte discos editados, sigue en la fusión, en la búsqueda, tanto con su flauta como con su saxo, investigando y profundizando a través de la música, de sus múltiples caminos, reflejos y estados, siempre invocando el espíritu de la música.

El cineasta Emilio Belmonte (Almería, 1974), lleva más de veinte años instalado en París, y desde el 2017 con Impulso, sobre el arte de la bailaora Rocío Molina, ha empezado el proyecto “La piedra y el centro”, una trilogía documental sobre el flamenco del siglo XXI, en el que ahora llega su segunda entrega dedicada al maestro, trovador y genio Jorge Pardo con Trance. Durante dos años, la película sigue a este singular y gran tipo que es Pardo, lo vemos de aquí para allá, por varios lugares de Andalucía, ya sea por las playas almerienses, los encuentros de Cádiz, incluso por las tres mil viviendas de Sevilla, por festivales de jazz en Francia, en locales de Madrid, en conciertos por la India, en estudios de grabación de New York, y tomando unos boquerones en el bar. Lo vemos junto a amigos y músicos de viaje como el guitarrista Niño Josele, el pianista de jazz Chick Corea, el cantaor Israel Fernández, Pepe Habichuela, Diego Carrasco, el arpista Edmar Castañeda, el violinista indio Ambi Subramaniam, y demás músicos, cantaores y bailaores, que forman parte del universo flamenco y jazzístico por el que se mueve un tipo integro, honesto y sabio que sigue en la brecha defendiendo su música y su arte, muy alejado del oropel y neón de la industria, luchando incansablemente por seguir en el camino, a pesar de las dificultades y el ostracismo de una maquinaria económica a la que no le interesa la música y mucho menos el arte.

La impecable plasticidad de la película, su maravillosa mezcla de alboroto y calma, como es el flamenco y la música, y la sabiduría de Pardo, consiguen un inteligente y emocionante documento que no solo gustará a los amantes del flamenco y el jazz y la fusión, sino a todos aquellos que se detengan a escuchar, porque Trance va más allá del mero espectáculo de un músico virtuoso, que también hay, pero desde otro punto de vista, más humanista y honesto, aquí hay luces y algunas sombras, porque todo no es Jauja, también hay polvo y sangre. La película hace un magnífico y profundo retrato de Jorge Pardo, sin sentimentalismos ni condescendencias, sino auténtico, sin gustarse ni nada parecido, sino planteando una road movie de carretera, de aviones y de automóviles, una película de carretera con el aroma de Paul Bowles, donde el viajero es todo, y el viaje es lo de menos, donde todo lo que se experimenta es solo un camino y una experiencia más, dentro de un recorrido vital, porque el viaje es físico y sobre todo, emocional, porque el viaje no solo nos hace movernos de un lugar a otro, sino nos tiende puentes con los otros, con los demás, con sus formas de pensar, de sentir, de creer, de ser, y sobre todo, a nosotros mismos.

Jorge Pardo se abre en canal, mostrando su vida y sus vidas, todas las vividas, las que vive y las que vivirá, y lo hace desde la sinceridad del tipo calmado, del tipo sin prisas, del tipo que sabe que las dificultades de la vida hay que enfrentarlas con decisión, con coraje y con amor, alguien que tiene ironía, inteligencia y sencillez, alguien que sabe que la vida siempre es a cara de perro, porque quien quiere algo que nace desde dentro, siempre se tiene que bregar en cualquier sitio y con cualquiera. Trance de Emilio Belmonte con Jorge Pardo es un viaje por un músico y por su música, tanto la que hace como la que escucha, un viaje por todos sus compañeros, porque a través de ellos conocemos más a Pardo y todo su entorno, el que vemos y el que no, y todo magníficamente estructurado con ese objetivo del concierto en Madrid con sus amigos en el horizonte, con esa mezcla de vida y música que respira la película. Una película enorme, tangible e íntima, que nos lleva por sus ciento cuatro minutos de forma ágil, rítmica y maravillosa, sintiendo la música, el arte y la vida, porque como menciona Pardo la vida y la música es un todo, es la razón para seguir, es todo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ida Cuéllar

Entrevista a Ida Cuéllar, director de la película «El secreto del Dr. Grinberg», en el marco del DocsBarcelona, en el Hotel Catalonia en Barcelona, el miércoles 19 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ida Cuéllar, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del DocsBarcelona, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Arthur Rambo, de Laurent Cantet

ARTHUR RAMBO VS KARIM D.

“Aprendí a reconocer la completa y primitiva dualidad del hombre; Me di cuenta de que, de las dos naturalezas que luchaban en el campo de batalla de mi conciencia, aun cuando podía decirse con razón que yo era cualquiera de las dos, ello se debía únicamente a que era radicalmente ambas.”

De “El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”, de Robert Louis Stevenson

“La otra Francia”, la que es francesa, pero nunca se han sentido como tal, la de padres inmigrantes, la de otro color, otras costumbres, la que crece en la periferia, la que siempre está excluida de esa Francia oficial, de esa Francia burguesa, bien pensante y de derechas. Esa otra Francia ha sido muy retratada por el cineasta Laurent Cantet (Melle, Francia, 1961), y más centrada en su juventud, como el joven ingenuo de Recursos humanos (1999), que cree que ayudará a conciliar entre empresa y trabajadores y acaba siendo un esbirro más, el joven haitiano de Hacia el sur (2005), que encuentra en las mujeres blancas y solas una forma de vida, los jóvenes alumnos de Entre les murs (2008), y aquellos otros que pululaban por el Taller de escritura (2017). Todos jóvenes que empiezan a darse cuenta de la realidad de Francia, una verdad que dista mucho de las proclamas de libertad y demás, porque ellos viven en un espacio aparte, donde no llega esa Francia de principios, valores y oportunidades.

Como hiciera en El empleo del tiempo (2001), en la que se basaba en un caso real muy mediatizado, en el que un joven desempleado miente a su familia inventándose un trabajo en las Naciones Unidas, Cantet ha mirado a la realidad de Mehdi Meklat, para crear una ficción que lleva el nombre de Arthur Rambo, pseudónimo de Karim D., un joven de la periferia que se ha convertido en el autor de moda, después de escribir un novela basada en las vivencias de su madre argelina. Aunque lo que parecía el ascenso de alguien sin nombre que llega a la cumbre y se codea con la Francia respetable, se convierte en una pesadilla cuando salen a la luz los tuits de su alias Arthur Rambo, un personaje inventado que lanza mensajes de odio y violencia en Twitter. El cineasta francés logra concentrar todo ese mundo despiadado y sin control de las redes sociales, en un exquisito y brutal guion que firma junto a Fanny Burdino y Samuel Doux, que ya colaboraron juntos en las películas El creyente, de Cédric Kahn y Carole Matthieu, de Louis-Julien Petit, en una trama acotada en solo dos días, en una road movie urbana en que la seguimos sin descanso a Karim/Arthur, en un juicio intenso y sin descanso en el que es sometido por todos: los responsables de la editorial, su editor, sus íntimos, su familia, y por él mismo. Todos quieren saber el porqué.

La película no busca culpables ni inocentes, sino que hace un análisis profundo y detallado sobre el funcionamiento de las redes sociales, ese espacio infinito, que alcanza a todos y todo, como los mensajes sobreimpresionados en la pantalla que empiezan siendo legibles para poco a poco, y a medida que avance el acoso contra el protagonista, a llenarse sin descanso y ocupando toda la pantalla y contaminándola abruptamente. El ritmo de la película se acoge al estado de ánimo del personaje principal, con la vertiginosidad del primer bloque para pasar a un tempo más lento, más de quietud, más de reflexión, donde el personaje va de la cima al fango, o lo que es lo mismo, pasando por las dos Francias, la del brillo del éxito y la cumbre a aquella otra, la de la periferia, la de la inmigración y la de la miseria, en un grandioso trabajo del cinematógrafo Pierre Milon, que ha trabajado en todas las películas de Cantet menos en la primera, y en buena parte de la filmografía de Robert Guédeguian, y el no menos espectacular ejercicio de montaje de Mathilde Muyard, que ya estuvo en Taller de escritura.

Una película basada en el particular vía crucis de un personaje que debe mirarse en su interior, y descubrir quién es o por lo menos, no olvidarse de dónde viene, sin entrar en juicios ni nada por el estilo, solo dejándolo enfrentándose a él, y al resto, necesitaba un intérprete que lo transmitiera todo con una mirada o un gesto, porque después de escupir tanta violencia verbal por Twitter, ha llegado el momento de callar y reflexionar. Un actor excelente en la piel de Rabah Naït Oufella, que muchos recordamos como uno de los alumnos del profe François Bégaudeau de Entre les murs. Le acompañan el gran trabajo de Bilel Chegrani como el hermano pequeño, que tiene a Karim como un espejo donde mirarse que se le viene abajo después del escándalo, Antoine Reinartz es el editor que también pregunta e intenta comprender, Sofian Khammes es Rachid, el íntimo de Karim, que lo rechaza, y demás intérpretes que, como suele habitual en el cine de Cantet, componen unos individuos complejos, de grandísima naturalidad y que nos seducen con su humanidad.

Cantet es de esos cineastas que encuentra en la realidad más inmediata, en esa realidad que se amontona a diario, el germen perfecto para abordarla, pero siempre desde el análisis profundo, en el que florecen una gran complejidad, en sus crónicas sobre la Francia que ha crecido con él, multicultural, diferente, cercana, desilusionada, abandonada, invisibilizada y protagonista cuando se trata de lo más oscuro y perverso, con Karim D./Arthur muestra a un ser sumamente complejo, de múltiples rostros con sus tuits, una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, dos tipos en solo uno, o quizás la mitad de otro que todavía no conocemos, el joven creador de la periferia que ha retratado a los suyos de forma veraz y auténtica, pero también, el hater sin filtros que ataca violentamente contra los suyos y todos los de la periferia. La película no juzga, deja al espectador que sea testigo y saque sus propias conclusiones, si es que es capaz de sacar alguna, el debate está candente sobre las redes sociales y todo lo que las envuelve, entre ese mundo virtual y el de aquí, que cada vez parece más virtual, o quizás ya lo es. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Un pequeño plan… como salvar el mundo, de Louis Garrel

TRANSFORMAR EN UN MAR EL DESIERTO DEL SÁHARA

“Aprendí que nunca somos demasiado pequeños para hacer la diferencia”.

Greta Thunberg

Viendo la extraordinaria y sorprendente secuencia que abre la película Un pequeño plan… como salvar el planeta, de Louis Garrel (París, Francia, 1983), no podemos imaginarnos los derroteros por los que transitará el tercer largometraje del director francés. Vemos a unos padres que no caben en si a medida que su hijo Joseph, de trece años, les va revelando que ha estado vendiendo objetos superfluos que ellos apreciaban mucho. Después de unos instantes de tensión y mucho nerviosismo, el chaval les comunica a sus progenitores que todo se debe a un plan para transformar en un mar el desierto del Sáhara y un montón de niños de su edad han hecho lo mismo porque el tiempo apremia y el planeta se va a la mierda. La madre entiende de seguida y se sitúa en apoyar la estrategia de su hijo y todos los que le acompañan. El padre, más escéptico, no se lanza la aventura y quiere saber más. A Garrel, le conocíamos su impresionante carrera como actor junto a directores de la talla de Polanski, Bertolucci, Honoré, Ozon, Desplechin y su padre, el gran Philippe Garrel, y sus anteriores trabajos como director, el mediometraje El pequeño sastre (2010), y sus dos largos Les deux amis (2015) y Un hombre fiel (2018), todos ellos en torno a las relaciones sentimentales, sus idas y venidas, de jóvenes en la treintena como el propio director que se reservaba alguno de los roles principales.

Con Un pequeño plan… como salvar el planeta (del original “La croisade”, traducido como La cruzada), vuelve a contar con el legendario guionista Jean-Claude Carrière (1931-2021), como ya hiciese en Un hombre fiel, y la colaboración de la joven treintañera Naïla Guiguet, para construir un relato que alberga dos partes bien diferenciadas. En una, asistimos a la sorpresa y conocimiento de unos padres en la cruzada de su hijo y otros muchísimos de su edad y en sus acciones para salvar el mundo, para convertir un desierto en un gran mar azul. Una parte en que el tono se mueve entre la comedia ligera, donde en algunos momentos estamos en mitad de algo sorprendente y a la vez, tan cercano. Después de la impresionante secuencia de la contaminación de partículas finas, cuando el propio Garrel camina por una calle parisina desierta, que recuerda y de qué manera a lo vivido durante la pandemia del Covid, el tono de la película cambiará y la cosa se volverá más seria y cruda con la toma de conciencia activa por parte de la madre.

La trama no se desvía demasiado del epicentro de las anteriores películas de Garrel, porque vuelve a esa intimidad que tanto le caracteriza, en una película más doméstica si cabe, donde la mayor parte del relato se apoya en la dialéctica, y a una duración corta, en este caso son sesenta y siete minutos de metraje, donde la concisión y el detalle resultan imprescindibles. La película tiene un contexto actual, de aquí y ahora, en el que se filma el instante, como si fuese un reportero en plena agitación callejera, donde el fantástico trabajo del cinematógrafo Julien Poupard, del que vimos otra película de tema igual de actual como Los miserables, de Ladj Ly, y la formidable música de Grégoire Hetzel, habitual del cineasta Arnaud Desplechin, que ya trabajó con Garrel en el mencionado El pequeño sastre. Todo el film busca la intimidad, lo cercano y lo transparente, con pocos personajes, apenas tres como principales: el joven Joseph Engel, que ya estaba en Un hombre fiel, da vida a Joseph, el hijo de la pareja protagonista, convertido en un activista medioambiental a imagen y semejanza de otros tantos por lo ancho del planeta, con Greta Thunberg como cabeza visible y la más popular de entre todos los que existen alrededor del mundo.

Frente al adolescente activista y firme, nos encontramos con sus padres. Un matrimonio acomodado y aparentemente feliz que forman Laetitia Casta, que vuelve a ponerse a las órdenes de Garrel después de la experiencia de Un hombre fiel. Si en aquella era una mujer que dejaba a un joven para irse con otro, y luego, el tiempo le hacía volver con él. Ahora se mete en la piel de una madre más concienciada que su marido, y se lanza sin dudarlo a la empresa de su hijo y los otros, tomando una actividad muy participativa y entregadísima. Frente a ella, el padre, que interpreta el propio Louis Garrel, la otra cara de la moneda, el que no acaba de creerse las intenciones reales de su hijo y los demás, y lo pone en duda, generando un pequeño conflicto en el hogar, sobre todo, con su mujer. Garrel ha cosido una película a fuego lento, con hechuras y conciliadora, que se aleja del discurso panfletario, de la mirada condescendiente, y sobre todo, de ese cine político de buenas intenciones y poco más.

Un pequeño plan… como salvar el planeta no es una película de mensaje, no van por ahí los tiros, sino lo que plantea en una sencilla trama, muy cercana, que podemos tocar, y a la vez, muy profunda, sin sentimentalismos ni nada de alardes innecesarios, sino con autenticidad e intimidad, porque es una película basada en el diálogo y la acción y pone todo el peso de la trama en los niños, unos niños bien organizados y con metas reales, – en una idea lejana de Carrière que, el tiempo y las circunstancias actuales, la han convertido de rabiosa actualidad -, no es una película que aprovecha cierta corriente de cine ecologista y buenista, sino todo lo contrario, la idea hace tiempo que se ha ido alimentando, y su propuesta sencilla y directa, cala en el espectador, en una película muy ligera, cómica y cercanísima que nos hable de frente y sin tapujos de un tema candente, y lo hace desde la tranquilidad, el respeto y la naturalidad más absorbente y concienciadora. Una delicia que no de ben perderse, porque les hará pasar un rato muy agradable, y además, y esto es lo más importante, les hará pensar que hacen por el planeta, y cómo podemos ayudar de una forma muy activa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

 

París, Distrito 13, de Jacques Audiard

¿QUÉ FUE DEL AMOR?.

“Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho. Lo que se consume, lo que se compra son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos”

Zygmunt Bauman

De los nueve títulos que componen la filmografía de Jacques Audiard (París, Francia, 1952), muchos están estructurados a partir de la diferencia y opuesto en sus personajes principales. Personas que, por circunstancias propias y ajenas, se ven abocados a relacionarse con otros, y que deben unir fuerzas para enfrentarse a unos terceros, rodeados de un atmósfera ajena a ellos que resulta difícil e inquietante. Recordamos a la secretaria sorda y tímida que conoce al ex convicto y malcarado en Lee mis labios (2001), el vocacional pianista que se niega a seguir la herencia familiar y su profesora china que no entiende una palabra en francés en De latir, mi corazón se ha parado (2005), el joven que ingresa en prisión y acaba haciéndose el capo en un ambiente hostil en Un profeta (2009), el rudo portero de discoteca y la accidentada entrenadora de orcas en De óxido a hueso (2012), los inmigrantes de Sri Lanka en la Francia actual en Dheepan (2015), y los hermanos buscadores de oro en el salvaje oeste de Los hermanos Sisters (2018).

En París, Distrito 13 (“Les Olympiades”, en el original, referido a un rascacielos del centro del barrio del citado distrito), basada en tres novelas gráficas del estadounidense Adrian Tomine, en un magnífico guion que firman el propio director, Léa Mysius, de la que hemos visto Los fantasmas de Ismael, de Desplechin, y La familia Samuni, de Stefano Savona, y Céline Sciamma, la maravillosa directora de grandes títulos como Retrato de mujer en llamas y la reciente, Petite Maman, amén de guiones para Téchine o esa maravilla que es La vida de calabacín. En el relato nos encontramos con cuatro personajes, tan distintos y tan cercanos a la vez. Tenemos a Émilie Wong, una licenciada que se gana la vida con trabajos auxiliares y de pelea con su familia, que conocerá a Camille, un profesor hastiado y cansado de su trabajo, con el que mantendrá una relación sexual muy intensa y efímera. Camille trabajará en una inmobiliaria con Nora, una mujer que ha llegado a París huyendo de una relación sentimental muy tóxica con su tío e intimaran, y aún más, porque Nora conocerá a Amber Sweet, una cam girl que se desnuda y practica sexo a través de internet.

La sombra de Rohmer está en cada encuadre y cada espacio de la película, a través de sus cuentos morales como MI noche con Maud, de la que Audiard se declara como fuente de inspiración, y también, Les rendez-vous de París (1994), estructurada a partir de tres relatos sobre las citas perseguidas o encontradas de unos cuántos individuos por la ciudad francesa. El impacto visual y plástico del blanco y negro, si exceptuamos los momentos de la cam girl que, al ser por ordenador son en color, un color pixelado y rugoso,  que firma el cinematógrafo Paul Gilhaume, dotando esa cadencia y suavidad que impregna cada plano de la película, con ese tono actual y atemporal, como el conciso y soberbio trabajo de montaje de Juliette Welfling, que ha trabajado en toda la filmografía de Audiard, y con otros tótems como Farhadi, Gondry y Schnabel,entre otros, y la excelente música de Rone, y los temas actuales que le dan esa textura de existencias que viven al día, con sus trabajos precarios, su continua incertidumbre tanto en el respirar como en el amor, o esa cosa que llamamos amor en estos tiempos de primero sexo y luego, ya veremos.

La película nos lleva de forma tranquila y sencilla por estos cuatro personajes y sus aventuras sentimentales, sus dificultades para relacionarse y saber que desean y a quién. Sus continuos devaneos en lo sexual, que lo cogen de forma intensa, vertiginosa y más parecido a una droga de la que son adictos, en una forma inútil y desilusionante de encontrar a quién amor o tropezarse de casualidad con el amor o algo que se le parezca. Ya en su magistral prólogo, con Émilie y Camille, desnudos y follando como descosidos, como si no hubiera un mañana, y el salto que da para contarnos como empezó todo, y las continuas elipsis, tan descriptivas y apabullantes que le imprimen agilidad y ritmo en una historia con constantes subidas y bajadas y atajos sexuales y sentimentales de los protagonistas, en la que las pertinentes subtramas que viven los personajes, nos ayudan a conocerlos mejor, a profundizar en sus vidas, y darnos cuenta de sus miedos, (des) ilusiones, pasados, frustraciones y demás aspectos emocionales que evidencian unas vidas en continuo tránsito, unas existencias que no saben ni pueden encontrar una estabilidad económica y emocional.

Un estupendo reparto que consiguen encontrar  esos personajes perdidos, a la deriva, en un perpetuo presente que parece no tener fin. Tenemos a Lucie Zhang, con poca experiencia, pero que transmite una naturalidad y cercanía brutales, dando vida a Émilie, en pleno desenfreno sexual que oculta carencias emocionales graves como no saber romper con una familia demasiada castradora. Makita Samba es Camille, al que vimos en Amante pro un día, de Philippe Garel, es el tipo que va de aquí para allá, sin encontrar su lugar y menos, el amor, aparentemente seguro en sus emociones pero solo una fachada que esconde otros conflictos personales. Noémie Merlant es Nora, la fascinante protagonista de Retrato de mujer en llamas o Curiosa, condenada a la eterna huida siempre escapando de todos y sobre todo, de ella misma, incapaz de mirarse en su interior y descubrir que le da miedo, encontrará en Amber Sweet, que interpreta Jehnny Beth, ese contrapunto, esa otra manera de mirar a los demás, una mujer sin complejos, en apariencia, una mujer que iremos descubriendo a través de Nora.

Audiard ha construido una película de ahora y de siempre, con este grupo de personas que se mueven mucho pero no van a ninguna parte, que disfrutan del sexo pero no del amor, que se pierden en sus vidas, que se autoengañan demasiado, que viven unas vidas que no son las suyas, que malgastan sus existencias por no saber qué hacer ni adónde ir, que deambulan como zombies en laberintos sin salida que ellos mismos se han construido, presos de sus no amores, llenos de miedos, en una sociedad estúpidamente productiva que todo lo valora en metálico, en una excelente radiografía del amor o lo que queda de él, en estos tiempos de sexo por sexo, donde las apps de internet han revolucionado nuestras relaciones sentimentales, haciéndolas más superficiales, pero solo un fiel reflejo de la velocidad y el usar y tirar de nuestra sociedad mercantilista que todo y todos estamos en venta, eso “Tiempos líquidos”, que tan sabiamente nos habla Bauman, con toda esa evaporación en todo, esos amores líquidos, esas relaciones sin consistencia, sin peso, sin solidez, que se mueven en los cuerpos, en la piel, en el sexo, en la nada, porque lo más importante, las emociones, y el pánico a mostrar las emociones, y por ende a mostrarse ante el otro, quedan relegadas al espacio vacío, a la ocultación, a la nada. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Entrevista a Roser Corella

Entrevista a Roser Corella, directora de la película «Room without a View», en el marco del DocsBarcelona, en un local del Borne en Barcelona, el sábado 29 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roser Corella, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del DocsBarcelona, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Steven Bernstein

Entrevista a Steven Bernstein, director de la película «Last Call», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Seventy en Barcelona, el miércoles 21 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Steven Bernstein, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del BCN Film Festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Nazario

Entrevista al historietista, pintor y fotógrafo Nazario, en el marco de la Carta Blanca, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el viernes 1 de abril de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nazario, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Compartimento nº 6, de Juho Kuosmanen

LOS VIAJES EN TREN…

“Voyage, voyage” / plus loin que nuit et le jour / (voyage, voyage) / dans l’espace inouï de l’amour / Voyage, voyage / sur l’eau sacrée d’un fleuve indien / (voyage, voyage) / et jamais me reviens”

Letra de la canción  “Voyage, voyage”, de Desireless

Los que viajamos en tren, ya sea en cercanías o larga distancia, podríamos contar las mil y una que nos han pasado en esos viajes. Viajes con un destino fijado, viajes con billete de ida y vuelta, viajes donde muchas veces era más intenso el propio viaje que el destino final. Recuerdo especialmente uno de ellos, uno que sin saberlo entonces, iba a cambiarme la vida en todos los sentidos. Un viaje en cercanías, un viaje en el que conocí a alguien, a alguien muy diferente a mí, a alguien que formaría un tiempo parte de mi vida. Un tiempo que me iba a cambiar para siempre, y todo empezó en un viaje en tren. Una experiencia similar es la que les ocurre a Laura y Ljoha, los dos protagonistas de Compartimento nº 6, la segunda película de Juho Kuosmanen (Kokkola, Finlandia, 1979), después de la interesantísima El día más feliz en la vida de Olli Mäki (2016), donde retrataba el año 1962 en un melancólico blanco y negro, la vida de un boxeador vulnerable, atrapado a sus circunstancias y muy enamorado.

El director finés ha escrito un guion junto a Livia Ulman y Andris Feldmans, basado en la novela homónima de Rosa Liksom, en el que vuelve a los ambientes cotidianos que poblaban su primer trabajo, a esos personajes perdidos, atrapados en su existencias anodinas, en una especie de huida no se sabe dónde, metidos o encerrados en un minúsculo compartimento que deberán compartir dos personajes opuestos, o quizás no lo son tanto, porque, entre otras cosas, ambos viajan desde Moscú en el transiberiano con destino al puerto ártico de Murmansk en la Siberia. Ella, finlandesa, huye de una relación insatisfecha, y desea ver unos petroglifos, unas pinturas rupestres. Él, ruso, viaja para trabajar en la mina. La película nos abre una ventana para conocer a estos dos individuos, en una relación distante y llena de altibajos, porque deben compartir cuando no quieren, pero a medida que avance el viaje los iremos conociendo más profundamente, les iremos viendo sus virtudes y defectos, sus inquietudes, sus ilusiones, y demás oscuridades y alegrías.

La trama se sitúa en un tiempo indeterminado de los años noventa, cuando todavía las nuevas tecnologías no habían convertido la sociedad en un mero espejo artificial donde la individualidad prima sobre el otro, y la película aboga por eso mismo. Por mirar al otro, aceptarlo por muy diferente que aparentemente sea de nosotros, por ofrecerlos la oportunidad y la experiencia de entablar un diálogo, y quizás una conexión, nunca se sabe, y la empatía, ese valor tan desuso en los tiempos de ahora, donde cada uno se obceca en ser él, sin importarle el resto, y sobre todo, lo que sienten los demás. Estamos hablando de un viaje de más de 1900 kilómetros, de sur a norte, que recorre toda la parte oeste de Rusia, que en los años noventa aúna duraba mucho más que ahora, con sus días y noches, sus paradas nocturnas, el vagón comedor, y los parones para echar un cigarro o estirar las piernas. Unos viajes que se convertían en una auténtica odisea. Un viaje que requería mucho tiempo para llevarlos a cabo. El tiempo, sumamente importante en la película, porque nos obliga a mirar a los personajes, a estar con ellos y a compartir. Todo lo contrario que en la actualidad, donde el tiempo se ha convertido en un enemigo implacable, un elemento que hemos perdido en la actualidad, donde todo se hace con prisas y no hay tiempo para nada.

La excelente cinematografía, naturalista e íntima, donde sentimos el frío y la cercanía de los personas, los objetos y sus sonidos, que firma J-P Passi, como lo hizo en la primera película de Kuosmanen, y el inmenso trabajo de montaje de Jussi Rautamieni, que también estuvo en la opera prima del director finés, que encaja con oficio e inteligencia los ciento siete minutos de la película, dotándola de ritmo y tensión, en apenas un par de espacios reducidos del tren. La maravillosa pareja protagonista de la película, tan ajenos y tan cercanos, que son el alma mater de una historia en la que buena parte de su metraje ocurre en un compartimento muy estrecho, donde se respira casi al unísono, y todo está demasiado cerca. Seidi Haarla, muy popular en Finlandia, por trabajos en la televisión en series como Force of Habit, da vida a Laura, la aspirante arqueóloga, que todavía no sabe que hará después de los petroglifos, porque quiere alargarlo todo lo posible por miedo a no saber dónde ir después. Una mujer que se encuentra de viaje, porque detenerse es reflexionar y mirarse hacia dentro y descubrir que las cosas no andan bien y hay que cambiarlas, y ese miedo todavía no tiene fuerzas para afrontarlo. Frente a ella, el actor ruso Yuriy Borisov, que hemos visto en Elena (2011), de Andrey Zvyagintsev, entre otras muchas películas rusas, interpreta al arrogante y vulgar Ljoha, un tipo que viaja para incorporarse a la industria minera, alguien que oculta muchas buenas cosas en su interior, pero va de duro y distante con Laura, pero entre los dos, y los kilómetros de viaje y tren, todo irá cambiando.

Kuosmanen ha construido una película que habla de muchas cosas, de la vida, de quiénes somos y cómo vemos a los demás, de amor o no, que tiene a la canción “Voyage, Voyage”, de Desireless, que pegó muchísimo en toda Europa a finales de los ochenta y principios de la nueva década, que actúa como leti motiv de la película, donde miramos la vida pasar, desde la ventanilla del compartimento nº 6 de un tren que nos lleva a Murmansk, a ese espacio del ártico, donde hace un frío que pela en pleno invierno, donde Laura y Ljoha van a parar. Y recuerden, siempre es un buen momento hacer un viaje en tren. Así que, estacionen su vehículo, compren un billete, da igual el destino, y déjense llevar por el viaje, sin expectativas, disfrutando de cada instante, tanto de ustedes como de los otros, alrededor de desconocidos que quizás se conviertan en muy cercanos, eso sí, apaguen el móvil, como antes, cuando el dichoso aparatito no existía y dejaba libertad para mirar nuestro entorno, para mirarnos a los ojos, para hablar con el otro, porque nunca un viaje en tren los dejará indiferentes, y quizás, ese viaje les cambie la vida, igual que me ocurrió a mí… JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA