Reparar a los vivos, de Katell Quillévéré

EL LATIR DEL CORAZÓN.

 “Para que una película este lograda y viva, debe contener heterogeneidad”.

Pier Paolo Pasolini

Cuando se publicó en Francia en enero del 2014, la novela Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal, se convirtió en un enorme éxito de crítica y público, convirtiéndose en uno de los libros fenómenos desde entonces. Pronto le surgieron cineastas que quisieron llevar esta historia intimista y humana sobre la vida, la muerte, y la donación y transplante de órganos. El gato al agua se lo llevó Katell Quillévéré (Abiyán, Costa de Marfil, 1980) una directora que ya contaba con dos largos, uno de ellos rodado en el 2010 Un pison violent, y el otro, tres años después, Suzanne, dos dramas centrados en la resilencia y en la vida de dos mundos femeninos que tienen que afrontar la pérdida y el dolor. En su tercer largometraje, vuelve a hacer hincapié en estos temas, por un lado, tenemos a Simón, un quinceañero amante del surf, enamorado que sufre un accidente que pierde la vida, y por el otro lado, a Claire, una mujer madura que está esperando un corazón ya que el suyo ya no aguanta más. La vida y la muerte se mezclan en este retrato actual y universal sobre el significado de nuestras vidas, sobre o que somos y el vínculo social que nos une a todos los seres de este planeta.

Quillévéré construye una película muy orgánica, transparente y muy viva, centrada en 24 horas, y contada en tiempo real, a excepción de un único flashback, una sola jornada que definirá para siempre la vida de las personas implicadas, unos padres rotos por la pérdida de su hija tendrán que decidir donar su corazón para que otra vida, desconocida y ausente de sus vidas, pueda seguir viviendo con un corazón vivo, y al otro lado del espejo, tenemos a una señora, madre de dos hijos jóvenes, que se reencuentra con la que fue su amante en un difícil momento de su vida, cuando se plantea si merece seguir viviendo ahora que se le ha brindado una oportunidad de vivir, un nuevo camino a su vida, un nuevo reto, un empujón vital para seguir caminando. La directora francesa construye un viaje enigmático y lleno de sensaciones, pura magia, donde no es el tiempo el que cuenta, sino nuestras emociones, en una trayectoria sin tiempo ni lugar, sólo llevado por los sentimientos y nuestras pulsiones del momento, en espacios donde la vida y la muerte conviven con naturalidad, sin molestarse, adaptándose y fundiéndose en uno, porque la tristeza de unos se convierte en la alegría de otros, en un gesto de solidaridad entre todos los habitantes que vivimos en armonía vital.

La realizadora, marfileña de nacimiento, cimenta su película a través de las miradas y los gestos de sus criaturas, en una “chanson de geste”, como la define ella, encerrándonos en las paredes de un hospital, con el sonido de las máquinas, asistiendo a las operaciones milimétricas de los cirujanos,  las duras conversaciones de los facultativos hablando con familiares rotos por la tristeza (como ocurría en el prólogo de Todo sobre mi madre, de Almódovar, cuando unos doctores asistían a unos cursos con psicólogos para instruirse en la manera de dar informaciones duras a los familiares) a pisos frente al hospital para esperar lo que puede cambiar la vida, o a trayectos en bicicletas o motos bordeando la ciudad y sintiéndose que la vida se escapa a cada segundo, incluso, agarrándose a una bici para superar una cuesta empinada y encontrarse con el amor, o bordear las olas con el ímpetu de la juventud, de ese instante de la vida que tenemos todo por hacer o eso creemos, en una sucesión de circunstancias vitales en las que se encuentran inmersos emocionalmente los personajes que navegan de lo íntimo a lo general y viceversa.

Momentos cotidianos, bellos y luminosos, emocionantes y líricos, casi metafísicos, algunos de ellos vacíos de silencio y de palabras, sólo sensoriales y vitales, donde la vida y la muerte se funden creando uno sólo, un instante que nos une a todos, ayudados por un elenco de altura con grandes nombres como Tahar Rahim, Emmanuelle Seigner o Anne Dorval, que dan vida a unos personajes que viven al límite de sus emociones y existencias, enfrentados a la pérdida, al dolor y a tener que decidir porque no hay tiempo que perder porque cada segundo cuenta para salvar vidas, y la compañía de la dulce melodía de Alexandre Desplat (colaborador entre otros de Polanski, Audiard, Malick o Fincher) que nos envuelve en ese mundo onírico, en el maremagum de emociones donde transita la película elegantemente captadas y filmadas por la la directora a través de un grupo de existencias en una historia contada en dos partes, en dos tiempos, en dos circunstancias vitales, opuestas pero complementarias a la vez, que acaban fluctuando en una misma, haciendo que ese corazón, órgano complejo y vital para nuestras vidas, no deje de latir, y siga regalando vida, independientemente del cuerpo donde se encuentre, porque este dellate, al fin y al cabo, es lo de menos.

 

Entrevista a Blandine Lenoir y Agnès Jaoui

Entrevista a Blandine Lenoir y Agnès Jaoui, directora y actriz de “50 primaveras”. El encuentro tuvo lugar el viernes 14 de julio de 2017 en la terraza del Instituto Francés en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Blandine Lenoir y Agnès Jaoui,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Javier Asenjo de Surtsey Films, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.

50 primaveras, de Blandine Lenoir

LA VIDA EMPIEZA HOY.

Aurore Tabort acaba de cumplir los 50 tacos, divorciada y madraza, vive con su hija pequeña que se larga del nido familiar porque se ha enamorado de un disc-jockey, además su hija mayor le dice que está embarazada, y para más inri, dimite de su trabajo como camarera por desavenencias con el imbécil de su nuevo jefe. Ante esa sucesión de diversos frentes en su existencia, y no queda ahí la cosa, porque está empezando a sufrir la menopausia, es decir, sofocos, mareos, malestar y otros cambios que sufren las mujeres maduras a cierta edad. Y en ese estado, en ese período de transición, Aurore, por casualidad, se encuentra a su amor de juventud, aquel que abandonó para casarse con su mejor amigo. Así, de esta manera, en un momento de cambios profundos, sitúa la directora Blandine Lenoir su película, mujer de amplia trayectoria, tanto como actriz, que trabajó en un par de películas de Gaspar Noé, y como directora, autora de diez cortos, antes de de debutar en el largo con Zouzou (2012) también ambientada en la familia, y con un caso parecido a la que nos ocupa, en ésta, un padre sesentón informa a sus tres hijas y nieta que se había enamorado de un hombre, el cisma que provocaba en el seno era de órdago, como la situación que vive Aurore.

Agnès Jaoui, maravillosa actriz y directora, que junto a Jean-Pierre Bacri ha dirigido excelentes comedias sobre amigos como Para todos los gustos (2000) o Como una imagen (2004), entre otras, encarna a la heroína cotidiana de esta tragicomedia de Lenoir, que captura con sinceridad y mucha honestidad, los avatares de las mujeres maduras, su posición en la vida, sus alegrías y también sus tristezas, mezclando con sabiduría tanto los momentos cómicos, que los hay, como aquellos que nos arrancan alguna lágrima, pero no lo hace desde la condescendencia, ni mucho menos, sino desde las emociones, desde el respeto hacía sus personajes, porque el microcosmos de Aurore, donde las mujeres muestran una solidadridad entre ellas sin límites, además de sus dos hijas, lo componen una amiga fiel, sus nuevas jefas que son un grupo de abuelas con gran vitalidad, el padre de sus hijas, un tontolaba de mucho cuidado, algún amante que le llena algo, y sobre todo, el primer amor, ahora convertido en atractivo cincuentón, que ella, Aurore, parece negarse a una segunda oportunidad, a creerse que su vida es cuidar a los demás, y no cuidarse a ella misma, como si su vida ya no necesitase emociones sentimentales, como si ya se hubieran extinguido, pero quizás las cosas no son así, y Aurore todavía tiene mucha vida por delante, y puede sentir esas cosas que hace tiempo ya no siente, esas cosas que no solamente le hacen sentir bien a uno, sino que le dan nuevas experiencias vitales.

Una película cercana y emocionante, que tan bien saben construir la cinematografía francesa, con vocación popular, pero que saben hacernos reflexionar, y conmovernos con muy poco, con una cotidianidad de aquí y ahora, capturando la vida de esas ciudades provincianas, alejadas de las grandes ciudades, con su vida de cada día, sin aparentemente sobresaltos. Lenoir ha construido un relato sincero, atrevido, y profundamente bello, donde su cámara se mueve entre sus personajes de forma cálida, penetrando en su cotidianidad,  que pone el foco en las mujeres maduras, en sus problemas y sentimientos, sus conflictos internos y aquellos que experimentan mientras su vida está cambiando, en la que su cuerpo está sufriendo cambios que les afectarán y les hará plantearse su existencia de un modo completamente diferente, y ahí, la interpretación de Agnès Jaoui, es una auténtica delicia, porque sabe componer un personaje frágil y fuerte, a la vez, intenso y delicada, con sus dudas y su humanidad, haciéndonos sentir participes de toda su complejidad y entiendo todo los conflictos, tanto internos como exteriores, que está experimentando en su vida. Una vida que no termina ahí, sino que empieza a partir de ese momento, experimentando nuevas situaciones.

Encuentro con Bulle Ogier

Encuentro con la actriz Bulle Ogier con motivo de la rueda de prensa de la presentación del ciclo “Jacques Rivette Nous appartient”, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya. El acto tuvo lugar el martes 18 de abril de 2017 en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bulle Ogier, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, y a Esteve Riambau y su equipo de la Filmoteca, en especial, a Pilar García de Prensa, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Entrevista a Julien Rappeneau

Entrevista a Julien Rappeneau, director de “Rosalie Blum”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 5 de abril de 2017 en el Instituto Francés en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Julien Rappeneau,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Javier Asenjo de Surtsey Films, por su amabilidad, paciencia, generosidad y cariño.

Las inocentes, de Anne Fontaine

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“La fe son veinticuatro horas de dudas y un minuto de esperanza”

La película se abre de forma brutal y dolorosa a la vez, en la que vemos a una joven novicia atravesar casi sin aliento un bosque nevado para llegar a un pueblo, donde un niño de la calle la llevará hasta el dispensario de la Cruz Roja francesa que atiende a los soldados franceses para repatriarlos a casa. Allí, explica a una joven médico que una novicia está de parto. Después de dudar en ir o no, Mathilde, la joven médido acude a su ayuda. En ese instante, conoceremos la historia a través de los ojos de Mathilde, la joven médico que asistirá a la monja en el parto. Un relato que nos trasladará a un convento de monjas benedictinas cerca de Varsovia (Polonia) en diciembre de 1945. Un lugar aislado y completamente cerrado al exterior, que esconde tras sus paredes un terrible secreto que descubriremos a través de la mirada de Mathilde y su relación con las monjas y la fe que éstas procesan.

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La directora Anne Fontaine (1959, Luxemburgo) que tras un período dedicada a la interpretación, saltó a la dirección en 1992 con Les histoires d’amour finissent mal, a la que siguieron obras destacadas como Limpieza en seco (1997) en la que un matrimonio aburrido cambia su vida después de conocer a un travesti, Nathalie X (2003) en la que una esposa engañada contrata a una prostituta para vengarse de su marido, con un reparto de órdago: Gerard Depardieu, Fanny Ardant y Emmanuel Béart. En Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel (2009) en la que Audrey Tautou interpretaba los inicios de la diseñadora, en Dos madres perfectas (2013) se centraba en dos amigas que se enamoraban del hijo de la otra, y en Primavera en Normandía, del año pasado, se centraba en un señor (magnífico Fabrice Luchini) enamorado de la literatura de Flaubert y Madame Bovary que encontraba su materialización en su joven vecina inglesa. Ahora, Fontaine, basándose en las experiencias reales de la médico Madeleine Pauliac y su experiencia en un convento cuando atendió a monjas embarazadas por soldados soviéticos, nos descubre un secreto atroz que ocultan las monjas, planteándonos un relato sobre las dudas sobre la fe y la maternidad, en la que sigue interesándose por los temas que estructuran su filmografía, como los agentes externos irrumpen en la tranquilidad y la paz “aparentes” de una casa o lugar aislado,  y terminan provocando una catarsis.

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La mirada de Fontaine, serena y pausada, se centra en las emociones de la propia Mathilde y de las monjas, y cómo aquello que se oculta saldrá a la luz y todo el proceso doloroso en el que se ven inmersas. A través de la sobriedad y la desnudez de la imagen, obra de la cinematografa Caroline Champetier (tercera colaboración con Fontaine, además de haber trabajado con nombres tan ilustres como Lanzmann, Carax o Von Trotta, y Beauvois en De dioses y hombres, del 2010, que también planteaba una historia con similitudes con Las inocentes, en las que unos monjes en el norte de Argelia se mantenían firmes a sus feligreses a pesar de la amenaza de la guerra) Fontaine narra un relato durísimo y asfixiante, aunque la directora francesa huye de convencionalismos y envoltorios emocionales, nada de eso, su propuesta viaje por otros caminos, centrándose sobre todo en la relación que establecen Mathilde y Sor María, y los conflictos internos de cada una de ellas y las demás, que arrecian en la película, y la oposición de la Madre abadesa que, a toda costa, intenta ocultar y mantener el secreto de la vergüenza, que nadie tenga conocimiento del terror que sufrieron las monjas.

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Fontaine construye un relato casi sin música, en el que prevalecen las dudas de sus personajes, con la joven Mathilde que ayuda al médico jefe, con el que mantiene una relación sin compromiso, en su viaje iniciático en el que entenderá el sufrimiento y lel dolor de las monjas después de todo lo que les ha ocurrido, y la actitud de las monjas, tanto de la abadesa, que trata de ocultar una verdad que se niega a asumir, Sor María y las complejas emociones que la atraviesan, y las demás monjas, cada una con sus diversas posturas de afrontar la violación, el embarazo y los hijos que tendrán. Una película austera en su forma, pero complejísima en su contenido, que nos desvela uno de los casos más atroces que vivieron y viven muchas mujeres en zonas de conflicto, perpetrados por los que presumiblemente viene a liberarlas, unos soldados que se convierten en sus verdugos (las mismas características de denuncia sobre la memoria histórica bullían en Katyn, de Andrzej Wajda, en la que nos explicaba una atroz matanza de intelectuales polacos por parte del ejército soviético). Fontaine vuelve a demostrar su maestría en la composición de personajes, y en el detalle de sus emociones, siempre complejas y difíciles, en una atmósfera contundente de miradas y gestos, capturando no sólo las angustias ocultas de cada uno de sus criaturas, a las que nunca juzga, sólo comprende y filma, sino la vida cotidiana del convento, con sus lecturas, paseos, costuras y cantos, acercándose a otros relatos como la sobriedad y la sublime narración de Los ángeles del pecado, de Bresson, o el acercamiento formal de Alain Cavalier en Thérèse.

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Un gran plantel de intérpretes entre las que destaca Lou De LaÀge como Mathilde, que compone un personaje idealista, aparentemente inocente que hará frente a su valentía, y las actrices polacas Agata Buzek y Agata Kulesza (vista en Ida) y la presencia de Vincent Macaigne como Samuel, ayudan a enfrentarnos a una historia sin concesiones, pero tremendamente humana y sencilla. Una retrato femenino emocionante y desnudo, oscuro y penetrante, (muchos integrantes del equipo artístico y técnico son mujeres)  que se acerca de forma humanista y valiente a un caso bárbaro, unas mujeres que han sufrido violaciones y brutalidad, pero en el que destacan la humildad y la entereza de unas mujeres que intentan sobrevivir después de todo, con sus conflictos internos, sus dudas sobre su fe en Dios, pero sabiendo que no se encuentran solas, que tienen a una compañera al lado, que las escuchará y sobre todo, les hará sentir integrada como una más, a través del dolor que todas han sentido, y la alegría de aceptar que serán madres y tendrán que mirar y cuidar a sus hijos, sin reproches ni quejas.

Encuentro con Hanna Schygulla

Encuentro con la actriz Hanna Schygulla con motivo de la presentación del ciclo “Hanna Schygulla: Imatge i Veu, dedicado a su obra, conversando con Esteve Riambau (Director de la Filmoteca de Catalunya). El acto tuvo lugar el miércoles 7 de septiembre de 2016 en la Filmoteca de Catalunya de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Hanna Schygulla, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Esteve Riambau y su equipo, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.