Amor en polvo, de Suso Imbernón y Juanjo Moscardó

QUE LOS ÁRBOLES NO TE IMPIDAN VER EL BOSQUE.

“El sexo sin amor es tan hueco y ridículo como el amor sin sexo”

Hunter S. Thompson

Erase una vez… Pablo y Blanca. Él, el acérrimo inconformista, apasionado de la arqueología y el eterno aspirante a esa vida que tanto se retrasa. Ella, abogada a sol y a sombra, moderna y equilibrada, y sobre todo, valiente. Son pareja y están enamorados, aunque su vida sexual no funciona, o sea, que es un auténtico desastre, monótona, aburrida y cero pasión. Blanca, siempre será ella la que dé el paso, propondrá a Pablo un intercambio de parejas, una nueva forma de revitalizar la pasión y su amor. Quedan con dos amigos solteros, Mia, amiga de Blanca, descreída en el amor y una auténtica devoradora de los sexual, atrevida y muy juguetona. Frente a ella, amigo de Pablo, está Lucas, el publicista de London City, un tipo amante de sí mismo y obsesionado con un polvo en el bosque que lo ha dejado pillado de una mujer. Así están las cosas, unos, la pareja Pablo y Blanca, listos para salir al bar donde han quedado con su intercambio, se lanzan a discutir, una discusión que irá a más, y empezarán a replantearse no solo sus relaciones sexuales, sino su relación. En el bar, ya han llegado Mia y Lucas, que empiezan a hablar, se gustan, y follan.

Los cineastas valencianos Suso Imbernón (que firma el montaje de la película), y Juanjo Moscardó (del que habíamos visto como guionista Juegos de familia, de Belén Macías)  y  después de su exitoso corto Maldita, en el que abordaban el terror desde los ojos de un niño muy fantasioso, realizan su opera prima con un guión escrito por el propio Moscardó, María Laura Garganella (guionista, entre otras, de No tengas miedo, de Armendáriz) y María Mínguez (autora de Vivir dos veces, de María Ripoll) plantean un relato de ahora, entre cuatro personajes y dos espacios, la citada casa de Pablo y Blanca, y el bar de encuentro en el que se conocen Mia y Lucas. Dos lugares en los que unos y otros, se discutirán o se amaran según el caso, en un divertido juego de apariencias y trasparencias en torno al amor en pareja y el sexo, sobre todos aquellos deseos que tenemos y no nos atrevemos porque somos fieles a nuestra pareja, y cómo no, sobre todo aquello que ocultamos a la pareja por miedo a las represalias, al fin y al cabo, a todo aquello que sentimos y deseamos y, como decía Groucho Marx, nunca nos atrevemos a llamarlo por su nombre, por miedo, inseguridad, o simplemente, porque nos cuesta soltarnos, liberarnos y, atrevernos a romper con esa idea de la pareja romántica y fiel para toda la vida.

Imbernón y Moscardó construyen un relato ágil, divertido y sincero, llegando a sus breves y contenidos 78 minutos, con ese aroma de las grandes comedias hollywodienses, o los deliciosos enredos del gran Neil Simon,  en las que no podían faltar los ingredientes mágicos como las verdades, confesiones inesperadas, mentiras, secretos, pasiones desaforadas, autoengaños, y sobre todo, revelaciones que lo cambiarán todo para siempre. Un tono que nos recuerda a esa comedia madrileña ochentera del estilo de Sé infiel y no mires con quién, de Trueba, o La vida alegre, de Colomo, donde modo jocoso y divertido, también se planteaban los juegos del amor y el sexo. O esa comedia fresca y jugosa más reciente como El otro lado de la cama, de Martínez-Lázaro o Kiki, el amor se hace, de Paco León. Una comedia alrededor del amor y el sexo, que tiene ese punto disparatado y salvaje, llenos de enredos y topetazos, para profundizar en un tema tan reflexivo como el amor en los tiempos actuales y el sexo como vehículo esencial en la pareja y en la vida social para cualquier persona.

Amor en polvo  pone sobre la mesa temas candentes y en boca de muchos que forman parte de cualquier relación de pareja como la falta de pasión, la rutina sexual, los prejuicios acerca del amor y del sexo, las ideas prefabricadas sobre lo que debe ser una relación y el sexo, y todas esas cosas e ideas que nos encierran en los autoengaños y represiones que nos imponemos. La película habla de todos estos temas y lo hace desde su modestia y sobre todo, su excelente ritmo y puntos de giro del relato en cuestión. Uno de sus elementos mejor construidos es la elección de su reparto, bien encabezado por una formidable Macarena Gómez como Mia (también como productora asociada) de la que ya conocíamos su vis cómica, pero aquí la lleva hacia otros lugares muy sorpresivos, mostrando las múltiples facetas de una actriz estupenda. A su lado, un Luis Miguel Seguí en Lucas, seductor y elegante, pero muy inseguro, que fabrica un personaje lleno de requiebros y sorpresas.

Frente a ellos, la pareja en crisis, Enrique Arce, la pareja que no defrauda, pero tampoco sorprende, enfrascado en su orden establecido, y en su cotidianidad sin grandes cambios, todo bien ordenado y establecido, el típico looser simpático, pero muy torpe y cobarde, que se lanza al vacío y se arrepiente nada más saltar, bonachón pero predecible. A su vera, Lorena López como Blanca, la auténtica revelación de la película, que ya nos había encantado en la reciente Asamblea. Una mujer auténtica, de bandera, pero no por su físico, sino por su personalidad, un carácter hecho de tiras y aflojas, de obstáculos, encandilándonos con su gesto, llenando la pantalla con esas miradas comprensivas y atizadoras que dedica a su pareja, esa vitalidad, fuerza y echa’pa lante, que es capaz de lo que sea para sacar su relación del pozo en el que se encuentra, una mujer arrolladora, llena de energía y sobre todo, maravillosa revelación de esta comedia que nos abre nuevas ventanas a nuestra perezosa y monótona vida amorosa y sobre todo, sexual. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Divino amor, de Gabriel Mascaro

DIOS VELA POR TODOS NOSOTROS.

“Quien ama no traiciona. Quien ama comparte”

Estamos en el Brasil de 2027, un país profundamente conservador y ultra católico, en el que el amor se ha convertido en la fe a Dios y a sus credos. Un país donde conoceremos a Joana, una funcionaria del registro civil que hace lo imposible para no romper los matrimonios cuando se sientan frente a ella para divorciarse. Mientras tanto, en su hogar, Danilo, su pareja dedicado al negocio de las flores, parece reinar una aparente tranquilidad, ya que el matrimonio ansía tener descendencia pero no lo consigue. A su vez, Joana y Danilo forman parte de “Divino amor”, una especie de secta religiosa solo para matrimonios donde consuman su fe a Dios, reanudan los votos del matrimonio y ayudan a las parejas en crisis para encontrar su fe en Dios y seguir amándose con técnicas amatorias como el intercambio de parejas y los ritos religiosos del bien común.

Después de un tiempo abonado al documental, Gabriel Mascaro (Recibe, Pernambuco, Brasil, 1983) debutó con Vientos de agosto (2014) en la que nos hablaba de un relato sobre el Brasil rural a través de una pareja de amantes en un conjunto de sonidos, colores y olores bien filmado, le siguió Boi neon (2015) en la que seguía a un peculiar trío formado por un vaquero, una bailarina exótica y la hija de ésta, en una road movie sobre los cambios políticos, sociales y culturas que estaban transformando Brasil. En su tercer trabajo, Mascaro nos sitúa en una distopía más cercana al presente de Brasil de lo que cabría imaginar, en un relato que piensa el presente a través de un futuro demasiado cercano, en el que nos sumerge en las transformaciones que ha sufrido Brasil en los últimos años, con el auge del conservadurismo del país, donde han emergido el evangelismo, y la ultra derecha, llevando hace apenas un año a Bolsonaro al poder de la nación. El director brasileño analiza todos estos cambios de su país, no desde la parte liberal que lucha contra ese poder fascista, sino todo lo contrario, desde dentro, desde un personaje como Joana que escenifica todos esos valores conservadores, una mujer que ha elevado su fe y ama a Dios por encima de todas las cosas, llevando toda su vida, tanto a nivel profesional como personal, a un amor incondicional a su fe y a Dios.

La película se enmarca en una estética kitsch, sobre todo, en el local de “Divino amor”, con fuerte presencia de colores rosas y azulados neón, como ese maravilloso auto confesionario donde Joana es una asidua total o ese registro civil, que tiene el aroma kafkiano de los edificios excesivamente correctos y pulcros, sin dejar ver las miserias de lo que allí se cuece. Estamos ante una película directa y sin atajos superfluos o tirabuzones en su trama, todo se cuenta a través del personaje de Joana de forma clara y transparente, en el que veremos el trayecto vital y emocional de una mujer que sufrirá en sus carnes una crisis de fe monumental, por un suceso inesperado, algo que ha entrado en la vida de su matrimonio poniéndolo todo patas arriba. Seguiremos las dudas y el derrumbamiento de su vida instalada en su fe y en Dios, enfrentándola a sus propias creencias y a todo ese valor aparente que tanto valoraba en su existencia.

El cineasta brasileño indaga en las circunstancias vitales inesperadas y libres enfrentadas a las creencias más absolutistas de uno mismo, y como todo ese universo creado en el que parece que nada puede ocurrir y Dios siempre velará por nosotros y nos protegerá, se viene abajo irremediablemente, y entonces, se apoderan de nosotros los miedos, las dudas y entramos en un lugar oscuro, sin referentes y sentimos que todo nuestro mundo, trabajado diariamente, deja de tener sentido y todo a nuestro alrededor es una farsa y una mentira despiadada. La película está bien armada argumentalmente, no deja nada al azar. Cuenta su relato íntimo y casi doméstico, de forma precisa y honesta, explorando con sabiduría y paciencia, todos los factores emocionales que sufre la protagonista y su marido, con una  Dira Paes, dando vida a la desdichada Joana, en estado de gracia, interpretando con todo lujo de detalles y miradas una mujer sumergida en la fe que tendrá que rearmarse para seguir creyendo aunque Dios la haya abandonado.

Mascaro construye con paciencia y sensibilidad una historia sobre la condición humana, sobre sus creencias, en este caso religiosas, y sobre sus miedos y actitudes frente al conflicto, conduciéndonos por una interesante muestra sobre el Brasil conservador y ultra católico, que evidencia el  catastrófico auge del fascismo más rancio de los últimos tiempos, apoderándose del poder y estableciendo unas reglas de siglos pasados que recuerdan lo más miserable y terrorífico. Un Brasil no muy alejado del país en el que vivimos. El realizador brasileño vuelve a cuestionarnos con su mirada crítica y honesta sobre las transformaciones sociales, políticas y culturales de su Brasil, hincando el diente en la deriva ultra nacionalista de una gran parte de la población, y sobre todo, en la utilización mercantil y social de la fe en Dios para abanderar todos esos cambios que están llevando a Brasil a una deriva fascista, egoísta y clasista, rememorando los terroríficos años de dictadura que sufrió el país durante dos décadas. Una fábula futurista, pero muy reflejada en la realidad actual del país, pero en un tono cercano y sincero, sumergiéndonos en la fe, su carencia y las reacciones de esa parte de la sociedad que cree más en Dios y en sus privilegios ancestrales que en invertir en sanidad, educación, derechos, en definitiva, en justicia social. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Pure, de Rose Cartwright y Kristie Swain

NO SOY YO, ES MI TOC.

“La risa es un tónico, un alivio, un respiro que permite apaciguar el dolor”

Charles Cahplin

La comunidad científica valoró y aplaudió la película Joker, de Todd Phillips, por su forma, sobriedad y transparencia a la hora de abordar y profundizar en la enfermedad mental del protagonista. Muchas películas o series han abordado con inteligencia y profundidad la salud mental, aunque muy pocas se han acercado a la verdadera dimensión del sufrimiento que padecen las personas con algún tipo de trastorno mental. Rose Cartwright lo sabe muy bien, porque padece desde los 15 años TOC (Trastorno Obsesivo compulsivo) popularmente conocido como “Pure O” o “TOC puramente obsesivo”, caracterizado por la presencia permanente de pensamientos intrusivos con los que es difícil convivir. Pueden ser pensamientos que ponen en tela de juicio tus sentimientos hacia tus seres queridos, de naturaleza violenta o, como le ocurre a Rose, de carácter sexual. La experiencia de la enfermedad le llevó a plasmar todas esas vivencias y traumas en el libro Pure, de enorme éxito. Ahora, nos llega la adaptación de la novela en forma de una serie de 6 capítulos de 35 minutos cada uno, con un guión que firman Kristie Swain y la propia Rose Cartwright, en el que nos sitúan en el interior de la mente de Marnie, una joven de 24 años que lleva una década padeciendo TOC, sin saberlo todavía.

La serie arranca en un pequeño pueblo de Escocia, en la fiesta de aniversario de los padres de Marnie, y en el momento que la joven hace su discurso, el TOC le juega una mala pasada y comienza a desvelar secretos a todos los presentes, incluidos sus padres, y sobre todo, a imaginárselos desnudos y en una orgía con todos los presentes. Después de esa experiencia, Marnie pone tierra de por medio y se traslada a la urbe de Londres, donde quizás, siendo una más, pasar desapercibida, conocerse mejor y encontrar su lugar en el mundo. A través de una serie de circunstancias divertidas e incómodas, descubrirá que padece TOC, y empezará a conocerse mejor y ser ella misma. La serie dirigida por Aneil Kara y Alicia MacDonald, sigue la cotidianidad de Marnie, una joven enfrentada a Londres y sobre todo, a su TOC, en un tono de comedia dramática muy interesante y audaz, mostrando sin ningún tipo de tabúes ni prejuicios, la enfermedad mental, y todas las circunstancias angustiosas y hostiles que sufre Marnie, en la que emerge su maravillosa capacidad y resolución en la manera de enfrentarse a la enfermedad, donde el humor, la mejor herramienta para combatir el dolor y al trsiteza, se convierte en norma constante, presidiendo muchos momentos de la serie, y sobre todo, encarando con naturalidad y verosimilitud muchos de los instantes que provoca el TOC. Marnie piensa inicialmente que todo se deriva en problemas de identidad sexual, añadida a la tremenda dificultad para relacionarse con los demás, las incontables meteduras de pata y equívocos en los que acaba la joven, y sobre todo, la complejidad en sus relaciones sexuales, creyendo que es algo que tiene que ver con su trastorno.

Por ese camino tortuoso y difícil, Marnie se cruzará con una serie de personajes muy diferentes a ella, llevándola a situaciones comprometidas y cómicas, tropezándose con Shereen, una antigua compañera de universidad, que es toda bondad, dulce y cariñosa que, le ofrecerá una habitación donde quedarse. También conocerá a Amber, lesbiana y de carácter, que le ofrecerá un empleo como becaria en una revista feminista. Luego aparecerá Charlie, un joven en terapia por una psicopatología sexual, que se convertirá en un aliado con el que poder hablar. Joe, un joven atractivo y simpático, por el que sentirá fuertemente atraída sexualmente, que la llevará a situaciones muy difíciles. Y finalmente, el pasado volverá en forma de Helen, su amiga del alma, que también le provocará experiencias complejas y oscuras. Cartwright y Swain han construido una serie dinámica, ágil y llena de situaciones de toda naturaleza, en que el personaje de Marnie andará de aquí para allá, intentando comprenderse cada día más, y sometiéndose a terapia para vivir con menos dolor y angustia su problema.

Las experiencias londinenses de Marnie se convierten en el centro de la acción, sumergida en una ciudad de ocho millones de almas en busca de cariño, felicidad y compañía, como en cualquier otra parte del mundo, con la enfermedad mental de Marnie como eje de la trama, mostrándola de forma natural y sin tapujos, de manera transparente, y sobre todo, con carácter didáctico, y explorando con clarividencia y sobriedad todos los problemas y situaciones que acarrea a las personas que la padecen, tratándola de un modo personal y social, y la dificultad que tienen los enfermos en su cotidianidad y sobre todo, en sus relaciones sociales y sexuales, como en el caso de Marnie. Otra dificultad que se cernía en la adaptación de la serie era encontrar a la actriz que encarnase a Marnie, y la han encontrado en la joven semidesconocida Charly Clive, que había estado girando por el Reino Unido con el espectáculo “Britney”, escrito y protagonizado por ella misma, en la que abordaba el tema del tumor cerebral que sufrió con 23 años, bautizado con el nombre del espectáculo. Charly Clive se magnetiza con su personaje, desbordando la pantalla con su rostro, gestos y carisma, dotando de naturalidad y comicidad a un personaje que sufre y padece mucho una enfermedad difícil y compleja, convirtiéndose en la mejor imagen que pudiera tener la serie, mostrando no solo la enfermedad y su cotidianidad, sino la dificultad de vernos como somos y toda la complejidad que nos lleva a vernos en los demás y relacionarnos con el otro.

Bien secundada por Kiran Sonia Sawar que hace de Shereen, el contrapunto perfecto a esa vida caótica y dolorosa de Marnie. Niamh Algar como Amber, que introducirá a Marnie en el trabajo y veremos la realidad de muchas mujeres en que el sexo se convierte a veces en un problema para entablar relaciones más sólidas. Joe Cole da vida a Charlie, confidente y amigo de Marnie, que es como ese espejo donde reflejarse cuando las fuerzas decaen y la joven se siente muy perdida y abatida. Joe que interpreta Anthoy Welsh es ese hombre masculino, protector y sexual que se convertirá en un problema para Marnie debido a su enfermedad. Helen que hace Olive Gray, esa amiga del pasado que aparece para desmontarlo todo y crear un cisma entre ellas difícil de resolver. Las tramas secundarias funcionan de forma estupenda, abordando temas de índole sexual, como el trastorno de Charlie, que ayuda a entender mucho más todo lo que le ocurre a Marnie y su entorno.

La deliciosa y magnífica banda sonora con temas sesenteros de Petula Clarck, The Edels, The Stone Ponkeys, The Kinks, The Walker Brothers o Marbara Mason, entre otros, música ochentera de los Altered Images, jugosísimas versiones de temas inolvidables como el “Just Can’t Get Enough”, de Nouvelle Vague y el “It’s a Wonderful Life”, de Sparklehorse, temas de la siempre interesante Julia Holter, el disco de Flicker Music, o ese temazo que es “Jezahel”, de la grandísima Shirley Basey, acompañan a las imágenes de forma intensa, sensible y extraordinaria. La serie, al igual que sucede con Joker, es un excelente y sensible relato sobre la cotidianidad de un enfermo mental, en este caso de TOC, ayudando a visibilizar la enfermedad y sobre todo, a ayudar a las personas de cómo relacionarse frente a una persona con un trastorno mental como este, mostrando todos los problemas internos que padecen y sufren, rompiendo todos los mitos y prejuicios absurdos creados e instalados en la sociedad en relación a la salud mental.  Pure se erige como una magnífica y sorprendente tragicomedia sobre una mujer que, aparte de lidiar con el TOC, que no es poco, deberá redescubrirse a sí misma, en una ciudad ajena a ella, con nuevas amistades, conocerse en profundidad y batallar con su enfermedad y sobre todo, encontrarse a ella misma y seguir avanzando, aunque para ello deba retroceder dos pasos hacia atrás, para así coger impulso y enfrentarse con más y mejores armas a su problema mental y encararlo con valentía y coraje, para ir aceptándolo y sintiéndose más fuerte y vital. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Casanova, su último amor, de Benoît Jacquot

EL OTOÑO DEL ETERNO ENAMORADO.

“El amor es una especie de locura, que me gusta, pero una locura más de la filosofía que es totalmente impotente, es una enfermedad a la que está expuesta la humanidad en todo momento, no importa a qué edad, y que no se puede curar, si se trata de atacado por ella en su vejez.“

Giacomo Casanova

No es la primera vez que el cine de Benoît Jacquot (París, Francia, 1947) en su casi medio siglo de carrera, se instala en el siglo XVIII, ya lo hizo en Sade (2000) en la que el famoso marques volvía a la cárcel en plena agitación violenta de la revolución, y también, en Adiós a la reina (2012) donde relataba los encuentros de Maria Antonieta y una de sus lectoras en los días finales de la revolución. Ahora, y basándose en Histoire de ma vie, de Giacomo Casanova (1725-1798) nos vuelve a trasladar a ese período durante el exilio londinense del famoso libertino, amante del amor, del juego y la aventura. Pero no lo hace retratando los éxitos de algunas de sus conquistas, sino todo lo contrario, convirtiéndolo en un títere en manos de Marianne de Charpillon, una joven prostituta que lo rechaza constantemente, dejándole claro que quiere sentirse amada por el famoso conquistador.

El relato se mueve en el flashback, cuando Casanova, setentón y retirado en Bohemia, cuenta ese capítulo oscuro de su pasado amoroso a una joven que ha ido a visitarle. Los hechos y las circunstancias de las que somos testigos nos vienen en forma de fábula de misterio en palabras del propio Casanova, que nos va relatando con detalles todos aquellos escarceos de su desdichado amor. Jacquot hace gala de una exquisita mise en scène, en la que prima la libertad de movimientos de los personajes, y una cámara abierta y vital que se mueve libremente por los paisajes y escenarios de la burguesía londinense del siglo XVIII, alejándose de cierto clasicismo muy propio de películas de corte histórico, contándonos un relato del siglo XVIII pero anclado en la actualidad, con un ritmo encantador y voluble, donde no dejan de suceder cosas, en la que la trama está sujeta a esa intriga intensa y envolvente que nos captura en esta deliciosa y profunda historia romántica en la que todo puede suceder o no.

Un cuento fascinante, evocador y perverso el que protagonizan el libertino y la prostituta con sus constantes idas y venidas, donde el hecho del amor se convierte en una incertidumbre constante, en un misterio difícil de prever, donde todo se ve envuelto en la oscuridad de las emociones, en unos sentimientos que van y vienen sin descanso, donde el sufrimiento y la desdicha se convierten en elementos incansables, donde el amor y el erotismo se disfrazan de temor, resentimiento, voyerismo, placer frustrado, e incapacidad para descifrar los deseos del otro. Jacquot nos muestra a un Casanova enamorado, perplejo ante la posición de la prostituta, perdido ante su rechazo, ante el rechazo de alguien que vive vendiendo su cuerpo por unas libras, de alguien que lo desea y rechaza, de una mujer atrapada en su mundo, esquiva con los sentimientos, y sobre todo, de alguien que se siente amada y juega con eso. Casanova ha perdido el apetito vital, se siente incapaz de amar a otras mujeres, completamente ensimismado por ese amor no correspondido, que lo está llevando a la turbación y la locura.

En el cine de Jacquot hay muchas películas que abordan de un modo u otro las pasiones amorosas, los juegos laberínticos del deseo, las argucias de los enamorados para conseguir su objetivo y de paso hacer sufrir a sus pretendientes, tanto unos y otros juegan sus cartas y siguen jugando al amor con éxitos y fracasos. Vincent Lindon, un actor habitual en el cine de Jacquot, vuelve a ponerse a las órdenes del director francés para interpretar a un Casanova perdido y desorientado con el amor a la prostituta, de alguien eternamente enamorado, un ser que a través de la amistad enamora a sus mujeres, enamorado del amor y de las mujeres, un tipo elegante, sobrio, amante del amor, del juego, de la aventura, del azar como camino vital, que Lindon interpreta de modo sincero y transparente, llevándonos por esta experiencia desde la libertad de amar, con su disfrute y alegría, hasta encontrarse con ese amor oscuro y frustrado que lo lleva al ostracismo y a la perdición.

Stacy Martin compone una Mariane de Charpillon delicada y bella, convirtiéndose en el mejor contrapunto de Casanova, en ese juego de reflejos constantes y asfixiantes. Una mujer atrapada en una vida de prostituta obligada por su madre, y en ese juego oscuro y malévolo que tiene con Casanova, al que quiere pero también, conociendo su fama, utiliza y engaña con el amor. Y la agradable y maravillosa presencia de la siempre interesante Valeria Golino, que después de su rígida madre en Retrato de una mujer en llamas, vuelve a deleitarnos con su madame La Cornelys, una de esas bellas y elegantes señoras que pululaban por las ciudades importantes europeas del XVIII como Londres, con su aire de misterio y fascinación, que escondían mucho y mostraban muy poco. El último amor de Casanova que nos retrata la película es un relato romántico y muy moderno, con ese aire de misterio como si fuese una cinta de asesinatos, done la capacidad de magnetismo y belleza que emana toda la propuesta nos lleva a constantes callejones sin salida que debemos descifrar según las pistas y diálogos que vamos conociendo en ese intenso y particular paseo por el amor, quizás el último amor que vivió un otoñal Casanova. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Bliss, de Joe Begos

LA CEREMONIA DEL CUADRO.

“En torno a ellos, la bestialidad de la noche alza el vuelo con sus alas tenebrosas. Ha llegado la hora del vampiro”

Stephen King en El misterio de Salem’s Lot

Dora Madison es una joven pintora que atraviesa una profunda crisis creativa que le impide terminar su último lienzo que considera será su gran obra. Mientras, acechada por la angustia y la desesperación, y acuciada por su marchante y las deudas, encuentra su tabla de salvación en la noche, a la que se lanza a un abismo frenético en la periferia de Los Ángeles, consumiendo drogas, en especial “Bliss”, una potentísima mezcla de cocaína y DMT, tomando alcohol frenéticamente, y dejándose llevar por su íntima amiga Courtney, y el esposo de ésta, el enigmático Ronnie, en una lujuria desenfrenada de juegos sexuales. La existencia de Dora pronto empezará a notar, no solo los gravísimos efectos de alucinaciones y distorsiones de la realidad, sino que tanto mental como físicamente, sentirá una avidez descontrolada por alimentarse de sangre fresca.

La tercera película de Joe Begos (Rhode Island, EE.UU., 1987) es un salto cualitativo en su corta pero intensa filmografía, dejando atrás las historias impactantes y sorpresivas como Almost Human (2013) y la interesante propuesta sobre poderes mentales que fue The Mind’s Eye (2015). Ahora Begos, con su inseparable Josh Ethier, productor y montador, vuelve a centrarse en el terror, su género de referencia, pero lo hace desde una perspectiva muy diferente, centrándose en una artista obsesionada con una pintura que no solo explora sus miedos físicos y mentales, sino que su materialización la llevará a sumergirse en un viaje lisérgico lleno de endiablados laberintos que le harán replantearse toda su existencia, encontrando en su camino lo más oscuro y profundo de su alma. Un recorrido parecido al que vivía el protagonista de El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde, alguien que pactó permanecer joven a cambio que en el cuadro se reflejase su verdadero aspecto. Una situación similar es la que vive Dora Madison, mientras ella va experimentando sus viajes a lo desconocido mediante drogas, alcohol, sexo y sangre, va observando como la pintura va cambiando su significado y convirtiéndose en aquello que su crisis creativa le impedía pintar.

Begos nos lleva de la mano por la existencia caótica y desordenada de Dora, contándonos todos sus instintos vitales de forma íntima, personal y profunda, su relación liberal y extraña con su chico Clive, y las relaciones oscuras con su amiga Courtney, enmarcándonos en esos barrios periféricos de la ciudad de Los Ángeles, donde podemos oler la suciedad y la hípervelocidad con la que se vive y suceden las cosas, en que la cámara del cinematógrafo Mike Testin, con ese grosor y abrupto del 16mm, reafirma esa tensión psicológica que vive el personaje de Dora, que es seguida sin descanso, en que la película actúa en forma de diario describiendo todos sus actos y las consecuencias de ellos, sometiéndola a un descenso a los infiernos sin tregua en que la joven sentirá y experimentará como nunca lo había hecho. El cineasta estadounidense impone un fuerte ritmo a través de esas cuantas noches que parecen no tener fin, bien acompañadas por esa cámara que escruta y traspasa a sus personajes, con esa música rockera de grupos estadounidenses de la escena independiente, que ayudan a profundizar en el embate psicológico a la que es sometida Dora.

Una película como esta necesitaba a una actriz capaz de llevar el peso del relato y sobre todo, hacer creíble un personaje que se lanza al abismo sin dudas y a saco, y la encuentra en la enigmática, fascinante y provocativa interpretación de la magnífica Dezzy Donahue metiéndose en la piel de Dora Madison, esa artista perdida, vacía y cansada, incapaz de mirar y crear un cuadro que se adapte a sus emociones, viéndose bocada a un infierno oscuro, penetrante y adictivo, que derrocha oscuridad, terror y sensualidad, con la compañía de sus colegas de viaje alucinante, vampírico y sangriento, con la compañía de sus efectivos y creíbles intérpretes como Tru Collins como la diabólica Courtney, Rhys Wakefield como Ronnie (que recuerda al aspecto que se gastaba Tom Hiddleston en Sólo los amantes sobreviven, de Jarmusch), Jermey Gardner como Clive, ese novio que se muestra escéptico a todo lo que va ocurriendo, y no es para menos.

Un buen cuento de terror de vampiros, con sus dosis de gore, con ese aroma que tenían otros títulos del género como Las vampiras, de Jess Franco, El ansia, de Tony Scott, Los viajeros de la noche, de Bigelow, The Addiction, de Ferrara, Trouble Every Dayk, de Denis o la citada de Jarmusch, títulos del cine de vampiros diferentes, extraños y fascinantes, que transgredieron las leyes del género con el fin de abrir nuevas vías a una forma de ver y sentir el vampirismo, adaptándolo a los nuevos tiempos, alejándose de los cuentos medievales góticos, y contextualizándolos a los tiempos de ahora, mezclándolos con la actualidad más ferviente, donde hay espacio para que se conviertan en otro tipo de gentes y acciones, como ser artistas en crisis, profundizando en la adicción de las drogas, y sobre todo, explicando con detalle el vacío moderno que tanto acecha a las personas de ahora, ese vacío que nos convierte en víctimas condenadas a vagar sin sentido por una sociedad demasiado hipérbole, competitiva e individualista que, encuentra en las pastillas y los diferentes alucinógenos las nuevas formas de resistencia a tantos males emocionales. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Ema, de Pablo Larraín

LA MUJER DE FUEGO.

“Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie”

Emily Dickinson

La película arranca con una imagen contundente y esclarecedora sobre el personaje de Ema, cuando ella y un grupo de personas baila en un escenario presidido por un sol abrasador, un sol en llamas que explica las emociones que atraviesan a Ema, una joven de rubio platino. La joven está casada con Gastón, forman un matrimonio de ahora, ella baila y él, 12 años mayor que ella, es el coreógrafo de una compañía de danza experimental. Son una pareja que decide devolver a su hijo adoptivo Polo, después de un desgraciado incidente con su tía. A partir de ese instante, la vida de Ema cambiará radicalmente, y emprenderá un camino de redención y conocimiento interior que la llevará a volar y experimentar a través del reggaetón que lo baila de manera intensa y diferente, materialización de su nueva existencia, una forma de vivir, sentir y amar completamente distinta a la que tenía hasta ahora.

El octavo trabajo como director de Pablo Larraín (Santiago, Chile, 1976) sigue transitando por ese estilo reconocido del retrato personal de alguien desconocido y apartado de una sociedad que ni lo comprende ni pretende hacerlo, a través del contexto histórico en el que vive, deteniéndose especialmente en la dictadura de Chile. Con El club (2015) el retrato se volvió coral y lo hacía a partir de una institución como la iglesia, contando las penitencias de un grupo de sacerdotes que arrastran culpas. Con Neruda y Jackie, y esta última, Ema, vuelve al retrato individual y personal, no interesándose por los méritos del retratado, sino que capturando aquel momento de sus vidas en el que se vieron sometidos a bandazos exteriores con los que tuvieron que lidiar. En el caso de Neruda, el insigne poeta se veía envuelto a un ataque frontal contra su libertad que le obligaban al destierro, en Jackie, la esposa de JKF, la cámara de Larraín se detenía en los días posteriores del asesinato del presidente y cómo los vivió su esposa.

En Ema, escrita por el propio director, junto a Guillermo Calderón (que también hizo lo propio en El Club y Neruda, como en el cine de Andrés Wood) y Alejandro Moreno, es la primera película en la que el cineasta chileno se detiene en la actualidad de su país, en su inmediatez y su juventud, situándonos en la vida de una joven frágil físicamente, pero fuerte emocionalmente, que lo expresa todo a través del baile que hace con sus amigas que, después de una terrible desgracia, emprende un catártico camino de liberación a través del amor y el deseo, liberándose de toda la oscuridad de su vida y dejándose llevar por sus emociones, amando en toda su plenitud, de forma libre y sin ataduras de ningún tipo, una vida donde la música pone el compás y el ritmo, donde cada movimiento es una forma de expresarse ante un mundo demasiado superficial y prejuicioso. Larraín nos invita a liberarnos, a sentir, a perderse en las coreografías del baile del reggaetón, a sentirse libre, a evadirse de nuestras existencias y bucear en aquello que sentimos, en romper las cadenas y sobre todo, en amar libremente, con intensidad y honestidad, a dejarnos llevar como lo hace Ema.

El director chileno habla de la juventud de su país, de esa juventud que lidera Ema, que ha llegado para ponerlo todo patas arriba, con nuevas formas de vivir, bailar, relacionarse, sentir y amar, donde prima lo colectivo y la fraternidad frente al individualismo y la competitividad, donde todas van a una. Un retrato sobre sus pulsiones, anhelos, amor y sexualidad, un retrato de aquí y ahora, capturando esa efervescencia que emana Ema y sus amigas, cuando bailan, aman o follan, sintiendo sus respiraciones, sus movimientos y sus caracteres donde todo se siente, se experimenta y se vive de forma intensa y profunda, a través de todos los sentidos, cuerpo y piel al unísono. La película nos abre nuevos caminos en la manera de enfrentarnos a nuestra propia vida y al mundo que nos rodea, mostrándose nuevas formas, sin fingimientos ni poses, ejemplarizando nuevos visiones sobre la maternidad que abren nuevas vías, a vivirla de manera y formas diferentes y sorprendentes, teniendo claro que la vida hay que vivirla, experimentándola en toda su plenitud, y descubriéndola diariamente, sorprendiéndose de todo aquello que ni imaginamos y dejando atrás tantos miedos inventados que no nos llevan a ningún lugar. Sergio Armstrong, el inseparable camarógrafo de Larraín desde Tony Manero, vuelve a ejecutar una luz brillante, transparente y natural de ese Valparaíso costero y estilizado, y por momentos, artificial, bien acompañado de un montaje fragmentado y electrizante, obra de Sebastián Sepúlveda (que ya trabajó con Larraín en El Club o Jackie) que nos lleva de un sitio a otro sin tregua, y la música de Nicolas Jaar, apabullante, brutal y sensual, acompañada del par de temas de reggaetón del grupo Estado Unido como son “Real” y “Destino”, puro baile lleno de energía, vida y libertad.

La sorprendente, enigmática, brillante, intensa y sexual Mariana di Giromalo en la piel de Ema, en su primer papel protagonista de su carrera, se come literalmente la cámara, convirtiéndose en una animal de escena, en la líder de esta nueva ola de amor, maternidad y sexo, con esa mirada felina y afilada, entre la candidez y la rebeldía que tanto manifiesta y necesita su personaje. Frente a ella, Gael García Bernal (en su tercera película con Larraín) metiéndose en la mirada de Gastón, ese coreógrafo demasiado ensimismado en su pasión que también, y por supuesto a través de Ema, emprenderá su propio camino liberador, Paola Giannini y Santiago Cabrera como Raquel y Aníbal, respectivamente, serán los invitados especiales en ese camino de vida, libertad, amor, sexo y maternidad que emprende Ema, personajes que al igual que su grupo de amigas entrarán de lleno, sin salvavidas ni nada que se le parezca, en este viaje a lo más profundo de nuestra alma, pura visceralidad, un chute de adrenalina y sexualidad (como bien dejará evidente el encadenado de imágenes donde el sexo se vive de manera apasionada y desinhibida) a esa vida de bailar, experimentar, sentir, vivir, emocionarse, donde hay cabida para todo aquello que nos hace vibrar como el amor y el sexo sin complejos, ataduras, y demás convenciones sociales que no solo nos impiden expresarnos como somos, sino que también, nos convierten en alguien amargado, triste y perdido.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Curiosa, de Lou Jenuet

L’AMOUR DE MARIE.

“El erotismo es como el baile: una parte de la pareja siempre se encarga de manejar a la otra”

(En La inmortalidad, de Milan Kundera)

La película nos sitúa en el bullicioso y febril París de 1895, en plena “Belle Époque”, donde los tiempos avecinaban cambios profundos en la sociedad y sus valores, donde la ciencia y el progreso están a la orden del día, la sociedad moderna se abre paso dejando atrás a los conservadores y furibundos nostálgicos de otros tiempos. Todo cambia muy rápidamente, la modernidad es un hecho, y las inquietudes culturales avanzan en un tiempo en el que todo está por hacer, en que lo viejo deja paso a lo nuevo y moderno, donde hay una efervescencia social, cultural y económica como jamás la había habido antes. Entre muchos de aquellos jóvenes con ideas y valores diferentes, encontramos a Marie de Hérédia (1875-1963) una joven inquieta y contestataria enamorada del joven poeta Pierre Louÿs (1870-1925). Un amor imposible por las deudas del Sr. De Heredia que provocará que acepten la proposición de matrimonio del escritor Henri Régnier (1864-1936) un enlace sin amor por parte de Marie, que muy a su pesar, se convertirá en la señora de Régnier. Marie es ante los ojos de todos, una esposa enamorada y dedicada a su esposo pero ante la pasión y el amor, ante lo oculto, se debe en cuerpo y alma a Pierre Louÿs, con el que empezará una relación sexual, escondidos de todos en las paredes de la buhardilla donde mora el poeta.

La directora francesa Lou Jeunet hace su puesta de largo en cine, porque ya tiene en su haber cuatro largos para televisión, centrándose en Marie Régnier, una mujer fascinante y enigmática, apasionada y osada, que rompió normas y convicciones de la todavía social burguesa y añeja del París de finales del XIX. Marie no se rindió, combatió ferozmente por un amor alejado de las convenciones sociales de la época, se lanzó al vacío en una aventura que la llevó a descubrir un amor fou, que diría Buñuel, un amor lleno de pasión, donde prevalecía la carne, el erotismo y el sexo, descubriendo su piel, sus gemidos, su sexo y demás, entregándose a un amor cruel, apasionante, fantasioso y terrorífico, donde hubo de todo, desde fotografías eróticas y sexuales, ya que la fotografía era una de las otras grandes pasiones de Pierre Louÿs, hasta tríos, junto a Zohra, la concubina exótica que se agenció Louÿs, incluso otras relaciones sexuales mientras los amantes enamorados se distanciaban por las ausencias viajeras.

Jeunet ha escrito un guión junto a Raphaëlle Desplechin, donde prevalece el punto de vista y la mirada de Marie Régnier, una mujer que tuvo que ir a contracorriente por materializar aquello que sentía, metiéndose en dificultades, no solo con su esposo, un anodino y aburrido escritor que la consiguió por su dinero y las deudas familiares, sino también en la relación con Pierre, un bon vivant demasiado enfrascado en su deseo sexual, ligero como una pluma y esquivo con el amor, una especie de sosías del Vizconde de Valmont, en lo que se refiere a las mujeres, prevaleciendo la carne, el placer y el sexo a los devaneos y avatares del amor. La película está bien contada, en las que las secuencias sexuales están llenas de sensibilidad e intimidad, donde prevalecen los cuerpos desnudos, la agitación sexual, y el encantamiento de un amor loco, sin tiempo ni espacio, ajeno al mundo y a sus sentimientos, dejándose llevar por todo lo que sienten en ese instante y sumergiéndose en el placer más intenso y en el sexo más húmedo y extasiado.

El maravilloso reparto de la película que interpretan con maravillosa naturalidad y encanto encabezado por la extraordinaria Noémie Merlant (que ya nos había dejado fascinados en la reciente Retrato de una mujer en llamas) componiendo a una Marie Régnie bellísima, llena de vida, de amor, de sexo y pasión arrebatadora. A su lado, Niels Schneider (que lo habíamos visto en películas de Xavier Dolan, L’âge atomique, de Héléna Klotz, Bella durmiente, de Adolfo Arrieta entre otras) Benjamin Lavernhe como el aburrido y tieso esposa de Marie, el exotismo y la sexualidad que irradia la sensual Camélia Jordana (que brillaba en Le brio, de Yvan Attal) y finalmente, la presencia fascinante de Amira Casar, como la madre de Marie, una de las grandes actrices europeas en películas con autores tan interesantes como Guy Maddin, Bonello, Gatlif, Hermanos Quay o Carlos Saura, entre otros. Amén de una música disco obra de Arnaud Rebotini, que casa maravillosamente con todos los laberínticos sentimentales de la película, y la   extraordinaria ambientación, como esos paseos por las calles de París, donde absorbemos todo el ambiente de la bohème sórdida y cultural, con el grandísimo trabajo en la caracterización y el vestuario que eleva la película.

La fotografía naturalista y cercana de Simon Roca ( con películas como 9 dedos, de F. J. Ossang o La chica del 14 de julio, de Antonin Peretjatko, entre sus trabajos) está cuidada al detalle, prevaleciendo los rostros y los cuerpos frente a lo demás, convirtiendo la buhardilla del sexo y la fotografía en un espacio donde dar riendas sueltas a los instintos más bajos y sucios, donde los dos amantes se desean, se sienten, se sumergen el uno en el otro, donde todo es posible y nada tiene límite. La cineasta francesa ha construido una película bellísima, reposada, inteligente y evocadora, que no solo recoge la ebullición brutal que se vivía entre los albores del siglo XX, vividos por una mujer encantadora y magnífica, viviendo su vida a su antojo, aunque fuese a escondidas, enfrentándose a ese marido y a esa sociedad burguesa y vacía, llena de prejuicios y valores anticuados, lanzándose sin red, al abismo a un amor difícil, desgastador y sucio, iniciándose en el deseo y el sexo de forma libre, sin ataduras y febril, exponiendo su cuerpo, sus emociones y su placer para el hombre al que deseaba. Después de aquello Marie Régnier se puso a escribir y publicó con pseudónimo masculino, siguiendo la estela que tanto trabajo y miseria costó a otras celebres escritoras como Mary Shelley o George Sand. Mujeres valientes, mujeres pasionales, mujeres decididas, mujeres inteligentes, mujeres enamoradas y sobre todo, mujeres libres y llenas de vida y amor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Albert Serra

Entrevista a Albert Serra, director de la película “Liberté”. El encuentro tuvo lugar el martes 12 de noviembre de 2019 en Andergraun Films en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Albert Serra, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Diana Santamaría de Elamedia Distribución, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Love Me Not, de Lluís Miñarro

PASIÓN BAJO EL DESIERTO.

“No quisiste besar mi boca. Ahora yo morderé tus labios”.

Salomé

Una de las funciones fundamentales del cine, entre muchas otras, es no dejar indiferente, es hacer sentir o provocar de alguna manera al espectador, detenerle en su quehacer diario durante el tiempo de duración de la película y trasladarlo a un tiempo de ficción, un tiempo para invocarle a sus imágenes y sonidos, de tal manera que después de visionar la obra, la persona sienta y experimente algún cambio, ya sea físico o psíquico, quizás de todo esto pueda sonar a pretencioso, pero todo lo contrario, ya que en tiempos actuales donde mucho cine parece olvidar los nuevos formatos y narrativas experimentales y modernas, y parece anquilosado a añejas fórmulas añejas de narración y demás, donde todo parece inamovible, donde no existe espacio para la imaginación, para la subversión o para adentrarse en nuevos territorios y variantes de la composición narrativa o visual, convocando a ese espíritu experimental y vanguardista de los pioneros.

Como ya sucediese en su anterior película Stella cadente (2014) Lluís Miñarro (Barcelona, 1949) vuelve a mostrarse como una rara avis en el cine actual, alguien capaz de enfrentarse sin ataduras y lleno de libertad a acercarse a esas figuras o mitos sin ningún pudor narrativo y formal. En la citada película convertía el fugaz reinado de Amadeo de Saboya en España en una parábola política sobre un hombre solitario e incomprendido, un espectro de sí mismo, rodeado sin remedio en un espacio ajeno y extraño, con un séquito sediento de poder y a la deriva. Todo un puñetazo en la mesa sobre cómo abordar ciertos temas que siguen devorándonos en la actualidad, a través de figuras y momentos históricos, pero subvirtiéndolos y generando nuevas perspectivas desde puntos de vista diferentes. Siguiendo con esa idea cinematográfica, en Love Me Not, su cuarto largometraje como director, cuenta otra vez con Sergi Belbel en labores de escritura como hiciera en Stella cadente, en la que vuelve a instalar en un espacio real, deteniéndose en la figura bíblica de Salomé, a través de la visión de Oscar Wilde del siglo XIX, pero con relectura muy personal y actual, en la que Salomé se ha convertido en una soldado en mitad del desierto en Oriente Medio, en pleno 2006 en el centro de la guerra de Irak, en un destacamento que custodia a Yokanaan, un peligroso terrorista que se ha erigido como un profeta que anuncia el fin del terror, y demás internos que recuerdan a las terribles imágenes de la prisión Abu Gharib, con los soldados americanos torturando a los presos, junto a ella Herodías, su madre, y el Comandante Antipas, su padrastro, al mando de la zona.

Miñarro, insigne productor de nombres tan ilustres en el cine de autor contemporáneo como De Oliveira, Guerín, Weerasethakul, Serra, Alonso o Recha, entre muchos otros, construye una película extremadamente personal y diferente, en el buen sentido de la palabra, haciendo suyo el mito de Salomé y pervirtiéndolo en todos los sentidos, capturando su esencia clásica y releyéndola en el cariz de nuestros tiempos, con la guerra como telón de fondo, creando una fascinante y profunda parábola bélica y política contra el poder absoluto, la supremacía de la guerra y el pensamiento único de occidente frente al resto, lanzando una intensa y magnífica reflexión sobre la diversidad, la diferencia,la sensualidad, la ambigüedad sexual y el deseo como la herramienta fundamental para el encuentro con los demás y la vida, hincando esa frase revolucionaria que escuchamos en la película: “Lo único subversivo es el amor”, porque el director barcelonés se atreve con todo, sumergiéndonos en la diferencia y la diversidad en todos los aspectos de la condición humana, en una película audaz e inteligente, que a través del clasicismo estadounidense formal como el western, el cine de aventuras, el melodrama a lo Sirk más desaforado, nos conduce por una interesante reflexión sobre la identidad, el género y el mundo que nos rodea, tan sediento de poder y sangre.

Miñarro plantea una película en dos actos. En el primero, la palabra toma el pulso con ese maravilloso arranque con la conversación de Hiroshima y Nagasaki, dos soldados de la coalición internacional con nombres más que evidentes que hablan de política, de estado, de guerra, poder, deseo y sexo (que recuerda a Niño nadie, de Borau, cuando gentes corrientes debatían sobre filosofía y otros temas profundos) y con una Salomé, andrógina y extraña, perdida a su alrededor y ante los suyos, que recuerda a Amadeo de Saboya, con el objetivo de conocer a Yokanaan, atraída por sus proclamas y anuncios y su posterior (des) encuentro. En el segundo acto, la película se torna más teatral y se instala en el melodrama más desaforado con esa brutal secuencia entre Antipas y Herodías en la cama, pasados de vino, en plena discusión, que recuerda al teatro más salvaje y pasional, en el que veremos la tensión en las relaciones de Salomé y Antipas, un comandante contaminado de poder, lujuria y decadente, con una Herodías, que emana sexo por todos sus poros, caliente, guerrera y de carácter.

Miñarro ha construido una película con ecos al Buñuel más surrealista y sexual, con la provocación como bandera e insignia, disparando a todo y todos, ejecutando una película de múltiples capas, reflexiones e interpretaciones que muestra los cuerpos y el sexo de forma libre e íntima, atrapándonos con elementos pop y kitsch, como esos bailes que se marca una desatada y sexual Salomé, con ese grandísimo estilo visual que recorre la película de manera naturalista y estilizada con el gran trabajo del cinematógrafo Santiago Racaj, el preciso y rítmico montaje obra de Núria Esquerra y Gemma Cabello, y Amanda Villavieja y Al Rey  componiendo ese sonido intrigante y conciso. Y qué decir de Ingrid García-Jonsson, que hace una Salomé magnífica, andrógina, sexual, perversa y llena de pasión y odio, con esa primera secuencia, de espaldas y en la ducha, siendo observada, o esa última, estupenda guinda para cerrar la película, interpretando el “Vive cantando” de Salomé con su mismo vestido. Una delicia de actriz.

Bien acompañada por un Francesc Orella como Antipas, al borde de la locura como esos militares ciegos de poder y miseria que tanto abundan a lo largo de la historia, que tiene ese instante tan bruto, sucio y patético del melodrama más intenso del cine clásico norteamericano, con ese pobres tipos, envidiados en su trabajo y ninguneaos en el hogar, y Lola Dueñas como Herodías, una mujer independiente, asqueada y perdida, como también sabe interpretar el talento de una actriz inconmensurable que vuelve a ponerse a las órdenes de Miñarro,  con la interesante presencia del director Oliver Laxe metiéndose en la piel del encarcelado Yokanaan, ese líder extremo religioso que anuncia tiempos mejores para su pueblo, que se convertirá en el desencadenante de la pasión de Salomé. Una película bella y dolorosa sobre la guerra, el sexo, el amor, la pasión, el deseo y todo aquello que mueve a los seres humanos, unos seres faltos de amor, que tienen en la guerra su estado  para llenar tantos vacíos, en un marco natural, de frente, sin mal intenciones, con un Miñarro en estado de gracia, poniendo el foco en esos temas candentes que siguen arrastrando a la humanidad, mostrando la libertad de un creador libre, inquieto y magnífico que consigue atraparnos con sus imágenes, reflexiones y subversiones. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/307241203″>Love Me Not. Trailer ESP</a> from <a href=”https://vimeo.com/user12040697″>Eddie Saeta</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Enric Auquer

Entrevista a Enric Auquer, actor de la serie “Vida perfecta”, de Leticia Dolera. El encuentro tuvo lugar el martes 15 de octubre de 2019 en el auditorio del Movistar Centre en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Enric Auquer, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Deborah Palomo y Nuria Terrón de Ellas comunicación, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.