Esta soledad, de Javier Giner

CUERPOS EN DUELO. 

“Si te marchas hazlo con ruido. (…) Hazlo como quieras, pero hazlo con ruido. No me dejes a solas con mi silencio”

Extracto del poema “Ruido”, de Elvira Sastre 

La película se abre con Leo, interpretando un monólogo sobre la historia de un payaso. Sin música, sin adornos y a pelo arranca Esta soledad, la ópera prima de Javier Giner (Barakaldo, 1977), que conocemos por su magnífica serie Yo, adicto, (2024), donde escenificaba su propia experiencia como adicto. La historia empieza de forma muy reveladora, porque el mencionado Leo está ahí, sólo y frente al público, sometido a las miradas de los espectadores, que somos también nosotros. Un inicio sin concesiones, a lo bruto, de forma cruda que resultan unas credenciales que seguirán el resto de la película, en el que seremos testigos directos de la vida de Leo, y también de Lorea. Los dos han sido pareja durante cinco años y han roto. El relato no explica los motivos ni las razones, sólo nos cuenta, que no es poco, lo que viene después del amor, los días y meses después, los que hay que seguir con nuestras vidas a pesar de todo, a pesar de la vida, del amor, del trabajo o no, de las ilusiones perdidas que hay que volver a encontrar o no. Seguir a no sé sabe dónde y de qué forma. 

Escrita por el propio director y Luisa Matienzo, amén de productora ejecutiva, con un largo recorrido en la producción de películas de autores tan prestigiosos como Isaki Lacuesta, Arturo Ripstein, Agustí Villaronga, entre otros. Un guion que nos explica detalladamente la cotidianidad de dos seres rotos, componiendose y deshaciéndose a cada instante, cada uno por su lado, arrastrando trabajos sin futuro y sin alma, sometidos a unas existencias precarias, acarreando uno la enfermedad del padre y la desilusión de no avanzar en su amor como actor, y la otra, almacenando trabajos por llamarlos de alguna forma, y en plena crisis creativa como escritora. Dos vidas, dos instantes y sobre todo, dos formas tan ajenas y parecidas de afrontar el desamor, en los vacíos, silencios y soledades que quedan después del amor, o de aquello que hubo entre dos personas. Dos almas en suspenso, o dicho de otra manera, dos almas que no se reflejan en los espejos, y si lo hacen, no se reconocen. Giner los sitúa en un Bilbao de cielo plomizo, grisáceo y con ese pasado industrial que ha dejado esas calles y lugares ennegrecidos y con vidas ajadas. Esta soledad es una película muy incómoda, porque filma todo aquello que duele, que hace daño, que rompe, en una eterna descomposición de las ideas, ilusiones, cuerpos y emociones.   

La excelente cinematografía de Lali Rubio, que la hemos visto en cortometrajes de Claudia Costafreda, y en series como Cardo, Los años nuevos y Vestidas de azul. Una cámara que los acerca, los penetra y los sigue incansablemente, con un trabajo de color tenue, apagado y lleno de grises, que aplasta las vidas de los protagonistas, con algún resquicio de luz, porque a pesar de la oscuridad y de sus existencias detenidas y sin rumbo, siempre hay momentos, escasos, entre los que la esperanza hace acto de presencia, ya sea a través de amigos, de pasados que se vuelven presentes y sorpresas en forma de tablas de salvación, o al menos así lo creen. La música de Claudia Torrente, de la que conocemos sus trabajos en Chavalas y La memoria de las mariposas, entre otros. Una composición que ayuda a la reconstrucción de esas vidas, esos cuerpos y esos individuos que deambulan por sus existencias como si la cosa no fuese con ellas, intentando agarrarse a todo aquello que era sus vidas antes de todo, antes que se convirtieran en otros. Sin olvidar esos solos de trompeta del propio Pla que son oro puro. El montaje de Roberto Bra, que ya estuvo en la citada Yo, adicto, amén de otras series como Delta, es un trabajo excelso, donde se mezcla el corte puro con secuencias más largas, evidenciando esa vida abrupta y compleja en el que se han instalado los personajes, que hacen y deshacen como pueden y como saben, de formas torpes, perdiéndose y sobre todo, en sus propios laberintos y engaños. 

En el campo interpretativo, el director vasco vuelve a reunir a Oriol Pla y Marina Salas, brillantes en sus roles, que ya estaban en Yo, adicto, siendo los Leo y Lorea componiendo estos dos náufragos sin islas donde caer, llevados por una balsa de diversos materiales, según el momento, y ataviados por unas vidas que arrastran como pueden, llenos de silencios, vacíos y soledades que intentan reconstruir con amigos, familia y pasados. Los acompañan Gemma Martínez, como otra isla difícil, Kai Etxaniz, otro personaje del pasado, Itziar Lezcano, una madre liberada y tranquila, y otros personajes que hacen Miren Gaztañaga y Mikel Bustamante, entre otros. Esta soledad tiene el aroma del mejor cine británico humanista que hacen Mike Leigh, Frears y el primer Loach, donde se reivindica los sentimientos y las ilusiones de la maltrecha working class, y el cine vasco de los ochenta que hacían Uribe en La vida de Mikel y Armendáriz en 27 horas, y de algunos personajes de Antonioni, quizás el director que mejor ha investigado las soledades y vacíos de los amantes sin amante. El director Javier Giner, con sus dos trabajos, demuestra su gran capacidad para retratar a los seres descompuestos y rotos, y acercarse sin florituras ni sensiblerías, sino de frente y muy sensible a sus realidades tan complejos y oscuras, adentrándose en todos aquellos lugares y no lugares incómodos, que duelen mucho y sobre todo, están llenos de sombras y reflejos deformantes llenos de amargura, de dolor y de silencios y vacíos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Siempre es invierno, de David Trueba

MIGUEL PERDU EN LIEJA. 

“Hay que perder para ganarnos, aunque también lo hayamos perdido todo”. 

Eduardo Ramírez 

Si pudiéramos hacer una radiografía emocional de los personajes masculinos de las películas de David Trueba (Madrid, 1969), veríamos a tipos sensibles, algo o muy solitarios, frustrados en un empleo insatisfactorio, y sobre todo, individuos incapaces de amar y por ende, ser amados, aunque lo intenten con todas fuerzas, o lo que es lo mismo, como buenamente pueden. El director madrileño adapta su propia novela “Blitz” situándonos en la piel de Miguel que, en Siempre es invierno es la virtud de ese chico triste y solitario, que cantaba Antonio Vega, alguien que anda de aquí para allá, sin ilusión, sin pasión y sin estar convencido de nada ni de sí mismo. Se presenta al concurso de paisajismo más que nada para hacer acto de presencia, en la lejana Lieja, en Bélgica y en invierno. Una ciudad tan fría y desangelada como el estado de ánimo de Miguel, que acaba de saber que Marta, su pareja los últimos cinco años, se ve con su ex y lo acaba de dejar. Ante tamaña mierda, Miguel decide pasar su duelo en Lieja, por unos días o por más, quién sabe. Después de este sencillo y determinante prólogo, la película empieza y no por los cauces de ese tipo de películas de personas que se recuperan tan rápido y se vuelven a enamorar de pronto, otra vez. 

Después de la excelente Sabe aquell (2023), sobre el famoso humorista y cómo se convirtió en Eugenio junto a su mujer, y El hombre bueno (2024), donde un aislado de la vida ayuda a una pareja a separarse. Dos películas sobre hombres que aman la vida pero también la odian, en esa dicotomía encontramos a Miguel, y sus cosas, que no está muy alejado del Woody Allen de los setenta, cuando protagonizaba sus propias películas. Podríamos decir que estamos ante una comedia, también una romántica, pero las de verdad, las que vemos al protagonista con mil dudas y tan cercano que asusta. De lo que sí estamos seguros es que la propuesta de Trueba hable de todos nosotros, de todas nuestras imperfecciones, complejidades y tristezas, que las hay, de cómo nos vemos en el espejo, sí es que nos vemos de verdad, porque Miguel es un tipo que está en el trabajo equivocado, en la relación equivocada que, seguramente, no dirige sus pasos hacia esos lugares donde sí que estaría mejor o simplemente, tranquilo, en paz, y no a la greña como siempre anda. Trueba no hace una película triste ni aburrida, reposada y suave sí, porque le mete las dosis de ironía y de sarcasmo, en una película con muy mala uva, pero nada gruesa ni salvaje, sino con esa idea de reírse de todo empezando por uno mismo.

Como es habitual Trueba se ha acompañado de un equipo muy bueno empezando por los productores Jaime Ortiz de Artiñado de Atresmedia Cine y Edmon roch de Ikiru Films, que ya estaban en la citada Saben aquell, la cinematógrafa Agnès Piqué Corbera, que conocemos por Canto cósmico. Niño de Elche, Mientras seas tú, La imagen permanente, Las novias del sur y la reciente Esmorzar amb mi, entre otras. Su luz juega mucho con los contrastes, es fría y cálida, es íntima y alejada, lo que define el estado de ánimo de Miguel y esa sensación de estar perdido conociendo una salida que no le gusta nada. La música de Maika Makovski, que hizo la de A quién hierro mata, de Paco Plaza, es muy suave, que traspasa con cada melodía, ayuda a seguir las excentricidades emocionales de Miguel y su incapacidad para ser él sin arrastrar tanta melancolía y nada, a la vez. Y por último, la presencia de la editora Marta Velasco, una habitual de la Trueba Factory, con más de medio centenar de títulos, entre los que se incluyen 13 trabajos con David Trueba, compone una balada triste o simplemente, una canción de blues muy azul, con tonos muy oscuros, pero con algún destella de comedia agridulce, de esas que hablan tanto de lo que somos y no seremos, en sus reposados 100 minutos de metraje. 

En el apartado interpretativo encontramos a un David Verdaguer como el complemento perfecto en el universo de David Trueba, con el que repite después de la gran experiencia de hacer de Eugenio en la mencionada Saben aquell, que le valió todos los premios habidos y por haber de aquel año. Su Miguel le va como anillo al dedo, porque le insufla verdad, perdonen que me ponga tan pesado con la palabra, y humanidad, es decir, muy cercano porque nos vemos reflejado en sus cosas: quedarse helado sentado en un parque muriéndose de frío, su inmadurez tan típica de los soñadores y los realistas de cajón, y esa mirada que recorre todas las inseguridades existentes y las que se inventa. Amaia Salamanca es Marta, la novia que lo deja, la cansada de estar tirando tanto de su chico, su “tirita”, y cuando la vean sabrán porque lo digo, y que se convierte en una gran bendición para Miguel, aunque él todavía no lo sepa, siempre nos cuesta ver lo que nos conviene al momento de producirse. La actriz francesa es Isabelle Renaud, una gran intérprete con una espectacular filmografía que la ha llevado a trabajar con grandes como Angelopoulos, Mihalkov, Chéreau, Doillon, Breillat y Dupeyron. Ella es Olga, la madura que rescata a Miguel en todos los sentidos, y lo dejó ahí, que hablo demasiado. No puedo olvidar las presencias de Jon Arias, el rival del paisajismo de Miguel, Vito Sanz, en una escena marca de la casa, y Violeta Rodríguez como recepcionista de hotel, ya verán dónde. 

Estoy convencido que a muchos espectadores les parecerá Siempre es invierno una película demasiado fría y distante, y tendrán razón, porque lo es, aunque eso no es nada contraproducente, porque David Trueba sabe generar esa distancia aparente con el espectador y también, mucha cercanía, pero de otro modo, ya que el personaje acaba resultando entrañable y nada presuntuoso, él se conoce torpe en muchas cosas, en la mayoría, aunque también es un tipo adorable, cuando no siente pena de sí mismo, y Verdaguer le da cuerpo y alma, quizás en la piel de otro, no daría esa sensación de altibajos emocionales, donde la vida es un trozo de grisura y un bosque lleno de oscuridad, pero si miramos desde otro ángulo, lo es más, sí, pero podemos ver otras cosas, menos duras, menos afiladas y tener la capacidad de reírnos de todo y de nosotros mismos, porque esos (des) amores inesperados o eso que nos creemos, nos voltean eso que llamamos vida o existencia, y nos hacen más estúpidos, más (des) ilusionados y sobre todo, nos hace más humanos, porque por mucho que planeamos lo que hacemos, eso que llamamos vida viene a desmontarlo todo y reconstruirnos cada vez con menos trozos, pero aún así, no tenemos más remedio que seguir, y volver a empezar, volver a empezar… JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Lilja Ingolfsdottir

Entrevista a Lila Ingolfsdottir, directora de la película «Adorable», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 30 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lila Ingolfsdottir, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Miguel de Ribot de Comunicación de A Contracorriente Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Volver a ti, de Jeanette Nordahl

LA VULNERABILIDAD DEL AMOR. 

“La gente empieza viendo una cosa y acaba viendo la contraria. Empieza amando y acaba odiando, o sintiendo indiferencia y después adorando. Nunca logramos estar seguros de qué va a sernos vital ni de a quién vamos a dar importancia. Nuestras convicciones son pasajeras y endebles, hasta las que consideramos más fuertes. También nuestros pensamientos”. 

En “Los enamoramientos”, de Javier Marías

Una de las grandes “tragedias” de la existencia es la distancia tan abismal que, a veces, ocurre cuando los sentimientos resultan tan diferentes y alejados a las circunstancias en las que nos vemos sometidos. Momentos en que las ideas y planes establecidos se tambalean porque el azar, lo inesperado y lo incontrolable se impone de forma aplastante en nuestras insignificantes vidas, removiéndolo todo de tal manera que nos sitúa en una situación de fragilidad y extrema vulnerabilidad, en que la vida nos despierta de un sopapo y nos viene a explicar su verdadera significado. Esos “bombazos” emocionales sólo nos vienen a resituarnos en un lugar que no nos gusta y en realidad, es el esencial, porque en las crisis existencias es donde conocemos nuestra verdadera esencia como seres humanos. 

En Volver a ti (“Begyndelser”, en el original, traducido como “Principantes”), la segunda película de Jeanette Nordahl (Olstykke, Dinamarca, 1985), sitúa a sus protagonistas Ane y Thomas en una deriva muy real y también, muy incómoda. Ellos han decidido que sus vidas tomarán caminos separados, aunque todavía no han informado a sus dos hijas: Clara, adolescente y Marie, niña. La cosa se tuerce y mucho cuando un grave problema de salud de Ane obliga a no tocar nada y qué la cosa siga igual de forma fingida. Pero… “La vida te da sorpresas…” que cantaba Rubén Blades, y la cosa se tuerce aún mucho más, dejando a la “familia” en una situación aún más frágil, incómoda y compleja. La directora danesa que conocemos por sus series Cuando el polvo se asienta y Memorias de una escritora, y su primer largo Wildland (2020), que también hablaba de la familia, en ese caso, de una núcleo con apariencia normalidad que oculta una vida oscura y criminal. A partir de un guion escrito por Rasmus Birch, que tiene en su haber películas como Cuando despierta la bestia y Plan de salida, y la propia directora, el relato se instala en la vulnerabilidad de nuestros sentimientos y en cómo mutan las decisiones que creíamos firmes. 

Una cinematografía íntima y transparente, tremendamente cotidiana y cercana, que firma Shadi Chaaban, del que vimos La última reina, consigue introducirnos con suavidad y gran sensibilidad las sutilezas y detalles que llenan la historia, sin recurrir a ningún truco cinematográfico ni nada por el estilo. La música de un grande como Nathan Larson, con más 50 títulos en su filmografía, entre los que destacan sus trabajos con cineastas de la talla de Stephen Frears, Todd Solondz y Lukas Moodysson, construye con una cercanía que traspasa la pantalla un cine sobre la fragilidad humana, donde cada mirada y cada gesto presiden cada encuadre y plano. El montaje de Rasmus Gitz-Johansen, que ha trabajado con el reconocido Tomas Alfredson y series como Memorias de una escritora, donde coincidió con Nordahl, traza sin estridencias una sutil mirada sobre lo que somos, sobre las complejidades entre lo que decidimos y lo que deseamos, y las dificultades entre los sentimientos y la realidad que tenemos delante, a partir de unos personajes de verdad, que están trazados con cotidianidad, observando sus zonas amables, oscuras y otras, las que no podemos describir, en unos fascinantes 96 minutos de metraje. 

Una película que juega con lo que no se ve y la vulnerabilidad de la naturaleza humana, tan compleja y a la vez, tan llena de miedo, debía tener una pareja de intérpretes a la altura de unos personajes nada fáciles de componer. Tenemos a Trine Dyrholm, que también coproduce la cinta, una de las grandes actrices danes de las dos últimas décadas al lado de nombres como los de Vinterberg, Bier, Pernille Fischer Christensen, Scherfig y Annette K. Olesen. Su Ane es un gran reto que la actriz dignifica e interpreta con dignidad y verdad, con esos grandes momentos en la piscina y todos los demás, donde la mirada traspasa generando una vida alucinante. A su lado, otro actor inmenso como el sueco David Dencik como Thomas, con gran recorrido internacional y no es la primera que coincide con Dyrholm. Un personaje que defiende con gran exactitud y transmitiendo todos los innumerables matices. Las estupendas hijas que hacen Bjork Storm en la piel de Clara, la adolescente que será crucial en el devenir de la trama, y Luna Fuglsang Svelmoe como la pequeña Marie. Y Johanne Louise Schmidt que tiene el incómodo rol de Stine, la otra. La mujer en la sombra de la familia. 

Una de las cualidades que alberga una película como Volver a ti es su mirada nada complaciente a la condición humana, porque a modo de cirujano hábil va hurgando en las heridas de cada uno y extrayendo aquello que nos gustaría olvidar o simplemente, obviamos por miedo a enfrentarnos a esa parte de nosotros. La película en ese sentido es directa y va de frente, porque no es moralista, ni mucho menos, intentando encontrar inocentes ni culpables, aquí la cosa va de mostrar la fragilidad de nuestras emociones y lo fácil que nos resulta dejar de creer en aquello que creíamos firme y viceversa. También nos confirma como gran retratista de la oscuridad humana a la directora danesa Jeanette Nordahl, que sin caer en grandes historias y sobre todo, en piruetas argumentales ni mucho menos emocionales, consigue un relato de gran intensidad emocional sin caer en la sensiblería ni en nada que se le parezca, aquí hay mucha verdad, de la que nos hace vernos en los espejos que no queremos mirarnos, en los que devuelven reflejos incómodos, difíciles y que nos abofetean nuestras creencias, ideas, decisiones y sentimientos poniéndolas en un continuo cuestionamiento. Así somos, tan fuertes como frágiles. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Anna Alarcón

Entrevista a Anna Alarcón, actriz de la película «Esmorza amb mi», de Iván Morales, en la Biblioteca de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona, el lunes 2 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna Alarcón, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Oriol Pla

Entrevista a Oriol Pla, actor de la película «Esmorza amb mi», de Iván Morales, en la Biblioteca de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona, el lunes 2 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Oriol Pla, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Álvaro Cervantes

Entrevista a Álvaro Cervantes, actor de la película «Esmorza amb mi», de Iván Morales, en la Biblioteca de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona, el lunes 2 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Álvaro Cervantes, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Iván Massagué

Entrevista a Iván Massagué, actor de la película «Esmorza amb mi», de Iván Morales, en la Biblioteca de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona, el lunes 2 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Iván Massagué, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Marina Salas

Entrevista a Maria Salas, actriz de la película «Esmorza amb mi», de Iván Morales, en la Biblioteca de la Filmoteca de Cataluña en Barcelona, el lunes 2 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marina Salas, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Chloé Barreau

Entrevista a Chloé Barreau, directora de la película «Fragmentos de una biografía amorosa», en el marco de El Documental del Mes, iniciativa de DocsBarcelona, en la terraza del Instituto Francés en Barcelona, el martes 1 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Chloé Barreau, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Sam Wallis, por su gran labor como intérprete, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA