Los niños están bien, de Nathan Ambrosioni

JEANNE Y LA VIDA. 

“Lo más duro de aprender en la vida es qué puente cruzar y cuál quemar”. 

David Russell  

La vida de Jeanne, o al menos eso parece cuando arranca la película, está bastante equilibrada: su trabajo bien remunerado en una agencia de seguros que le permite vivir en una amable y cómoda zona residencial a las afueras de París, y además, una soledad elegida que le da una existencia muy tranquila y sin sobresaltos. Una tarde de verano, como otra cualquiera, llega de improviso Suzanne, su hermana pequeña viuda que trae consigo sus hijos pequeños, Gaspard y Margaux. A la mañana siguiente, Suzanne ha desaparecido y ha dejado una nota que pide a su hermana que cuide a sus hijos. A partir de ese momento, la historia se destapa sin titubeos, y nos deja ver a una Jeanne muy distinta, a medida que avanza la trama iremos descubriendo una mujer diferente que ha ocultado bajo la alfombra su verdadera vida mostrando a los demás una que nada tiene que ver. Así empieza Los niños están bien (en el original, “Les enfants vont bien”).

El quinto trabajo de Nathan Ambrosioni (Francia, 1999), después de dos cintas de terror Hosile (2014), y Therapy (2016), un drama como Le drapeaux de papier (2018) y la comedia dramática Toni, en familie (2023), parece aglutinar parte de aquellas, porque estamos ante un drama muy contenido que se sitúa en un marco aparentemente frío y distante, como la vida y por ende la casa de la protagonista Jeanne, porque así se muestra en un principio. Su vida ordenada y gélida se ha puesto patas arriba con la huida de su hermana y con el cargo de sus dos sobrinos. El director francés opta por una narración reposada, alejada de estridencias argumentales ni aspavientos emocionales, todo se cuenta desde lo interior, con unos personajes que miran mucho y hablan poco, eso sí, cuando la hacen, estallan muchas cosas. Seguimos con cuidado detalle y precisión la realidad cotidiana de la protagonista pasando por toda la burocracia en estos casos: policía, juzgado de menores y demás instancias. Aparte conocemos a Nicole, su ex pareja que le ayuda con sus sobrinos. Un personaje que desvela información delicada de Jeanne que nos hace verla desde diferentes ángulos y complejidades. 

Un magnífico trabajo de cinematografía que firma Victor Seguin, responsable de películas como Back Home, Gagarine, A tiempo completo y Blue Jean, entre otras, donde prima los colores pálidos y oscuros, donde rebosan las tonalidades marrones y negras, así como el tono plomizo del cielo y la abundancia de interiores que cercan la realidad opresiva que siente una Jeanne que se ve sobrepasada. La música de Alexandre de La Baume, se despoja de lo convencional porque no se dedica a subrayar los elementos dramáticos que ya son lo suficientemente fuertes, sino que se va a las antípodas, construyendo unas composiciones que puntean de forma clarividente y sólida cada encuadre, cada mirada, cada detalle y sobre todo, las complejidades de unos hechos que para todos son novedosos y deben lidiar con todo eso. El montaje es del propio Ambrosioni, actividad que compagina con la dirección, ya que ha montado cuatro de sus cinco películas, amén de ediciones para otros directores. Una edición concisa, sobria y tejiendo sin prisas una película sensible que presenta muchas emociones y muy contradictorias y a unos seres vulnerables, complejos e imperfectos, como somos todos, en sus 111 minutos de metraje nada previsibles que se ven con mucho interés. 

Otro de los grandes aciertos de la cinta es su excelente reparto arrancando por Camille Cottin que hace de Jeanne, que trabajó con Ambrosioni en la citada Toni, en familie, amén de otros grandes nombres como Honoré, Klapisch, Scott, Branagh y Mouret, entre otros. Le acompañan su hermana desaparecida que es Juliette Armanet, Monia Chokri es Nicole, su salvación, que hemos visto en películas de Dolan, Arcand, Calibre Simon, además de su filmografía como directora. La belga Myriem Akeddiou, vista en la poderosa Yo te creo, es una jueza de menores, los niños Manoâ Varvat y Nina Birman, y la presencia siempre estimulante del gran Féodor Atkine, con una larga trayectoria con más de 120 películas entre los que destaca Rohmer, Almodóvar, Pollack, Saura, Altman, Zulawski, entre otros. No se pierdan Los niños están bien de Nathan Ambrosioni, porque habla de esos temas incómodos que intentamos esquivar pero que, tarde o temprano, nos dan la hostia de las buenas, porque mete el dedo en la llaga de todas esas decisiones que tomamos más por miedo y luego, la vida, eso que hacemos a diario y pocas veces nos enteramos de qué va, nos devuelve a nuestra realidad, y nos lo hace pagar en formas diferentes. En el fondo, por mucho que creamos que decidimos algo de nuestras breves e insignificantes existencias, la cosa va más por las malditas circunstancias que nos sitúan donde no queremos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Amanda Sans Pantling

Entrevista a Amanda Sans Pantling, directora de la película «Miss Jobson», en la sede de Damautor en Barcelona, el miércoles 14 de octubre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Amanda Sans Pantling, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Anabel Mateo de Relabel Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Xavi Puebla

Entrevista a Xavi Puebla, director de la película «Femení, singular», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xavi Puebla, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Fran Arráez de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Femení, singular, de Xavi Puebla

MUJER, INMIGRANTE Y POBRE. 

“Cuando inmigramos, solía llorar mucho. Pero me di cuenta que a nadie le importaba.”

Frase de la película Vidas pasadas, de Celine Song

El universo cinematográfico de Xavi Puebla (Barcelona, 1969), se mueve dentro del ámbito laboral como sucedía en Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008), donde tres empleados se disputan el puesto vacante de director, En A puerta fría (2012), un agente de ventas en apuros se las ingeniaba para revertir su situación profesional. En Femení, singular la cosa se centra en Nayeli, el eslabón más bajo de la pirámide laboral porque ella es una inmigrante mexicana y de escasos recursos que transita por Barcelona como empleada doméstica. Una mujer invisible, sometida a los cánones laborales impuestos por los que manejan los hilos, y además, tan sola como la distancia que le separa de su país, donde almacena el sueño de un bar junto a su esposo. Un hecho inesperado y totalmente revelador sumirá a Nayeli en un callejón sin salida de compleja solución. Una situación cotidiana en la que sobreviven cientos de miles inmigrantes acumulando empleos para vivir aquí y enviar dinero para allá. Vidas ensombrecidas, vidas pobres y sobre todo, no vidas.

A partir de un guion sólido y sin concesiones coescrito por el desaparecido Jesús Méndez, que colaboró en más de 40 proyectos audiovisuales, Mireia Vidal, coguionista de Yo, de Rafa Cortés y Les mans buides, de Marc Recha, y el propio Puebla, nos situamos en la mirada y el gesto y las pocas palabras de la protagonista, un personaje basado en su rostro y un interior que, en la intimidad, vemos todo el dolor y la incertidumbre en la que está instalada muy a su pesar. La película se cuenta bien y se explica mejor, sin necesidad de artilugios ni inventos para subyugar al espectador, aquí la cosa por otro lado, donde el respetable observa a un personaje viviendo situaciones tan cotidianas como incómodas, en el que se le obliga a vivirlas y no mirar hacia otro lado más cómodo, porque en Femení, singular  se tocan temas que duelen, que molestan y que apenas se ven, por no decir que viven en la profundidad del olvido. Nayeli es mujer, inmigrante y pobre, muchos obstáculos para alguien que tiene escasos medios para enfrentarlos, además de la indiferencia y la cero empatía que recibe de sus superiores, como la señora en la que limpia y cuida de su hijo, tan estirada como distante y altiva, o su casera, tan necesitada como ella, pero alejada porque ella se siente en una posición de altura. 

La excelente cinematografía de Albert Pascual, que conocemos por sus trabajos con Bigas Luna, Santiago A Zannou, Ibon Cormenzana y Oriol Paulo, entre otros. Una luz mortecina y una cámara quieta y cercana, observadora pero sin invasora, con unas localizaciones que se alejan de lo previsible y buscan la autenticidad y sobre todo, la verdad, aquella que decía Rossellini, la que mira, no juzga y penetra en las entrañas de la realidad y del propio personaje. La música de Isabel Latorre, que ha trabajado con Neus Ballús, Elena Escura y Àlex Lora, entre otros, sensible y sincera que construye ese espacio doméstico y urbano por el que se mueve la protagonista, sin recurrir a los excesos típicos del cine mercantilista. El montaje es de Maria Castan De Manuel, que trabajó con Puebla en su cortometraje Negra nit (2022), amén de las recientes Supernatural, de Ventura Durall y Extrany riu, de Jaume Claret Muxart. Una edición con el aroma de las películas de Fritz Lang en EE. UU., sobrias, concisas y huyendo de alardes ni acelerones, sino apoyadas en la contención que la acerca a Bresson, donde la imagen es el foco principal y la palabra ayuda a ir más allá, dotando al relato de solidez y tangibilidad ya que nos sentimos dentro del personaje, siendo testigos de sus decisiones y sus complejidades. 

La presencia de la actriz mexicana Vico Escorcia como Nayeli es todo un gran acierto porque nos la creemos en todo momento, y sin apenas abrir la boca, que hace de su interpretación aún más difícil, porque todo lo debe de expresar desde el silencio, transmitiendo las situaciones tan adversas y en soledad en las que está inmersa en su peculiar método de supervivencia cueste lo que cueste y enfrentándose a una sociedad tan ensimismada en sí misma que olvida con mucha facilidad al otro. Le acompañan Nora Navas como la “señora”, una actriz completísima que siempre resulta muy creíble y natural. Kasi Kapcia es Ilona, que hemos visto en Frontera y Una quinta portuguesa, entre otras. Otros intérpretes son Mònica Almirall, Sergio Caballero, que ha trabajado varias veces con Puebla, y Carles Sanjaime, entre otros. en Femení, singular encontramos referencias al Neorrealismo italiano, al Free Cinema, y cómo no, a los Dardenne, cineastas que han virado sus cámaras, como hizo Buñuel en Los olvidados que corrigió un plano demasiado bonito a Gabriel Figueroa porque la historia iba sobre los que no existen como Nayeli, los que están, trabajan y son pero no para los que los encierran en sus vidas y sus barrios, alejados de ellos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

El ladrón de perros, de Vinko Tomicic Salinas

EL LIMPIABOTAS Y EL SASTRE. 

“Es huérfano y es niño aquel que está desnudo de caricias”

Beatriz Villacañas 

En El limpiabotas (1946), de Vittorio de Sica, un par de chavales subsisten en la Italia de posguerra limpiando calzados y trapicheando en el mercado negro. Una supervivencia dura y solitaria, y sobre todo, carente de humanidad. Algo parecido le sucede a Martín, un joven huérfano que malvive en las calles de La Paz, capital de Bolivía, junto a su compañero de fatigas El sombras. Un día deciden secuestrar el perro de un sastre maduro y solitario para pedir un rescate. Así comienza el segundo largometraje de Vinko Tomicic Salinas (Santiago de Chile, 1987), el primero en solitario, porque El fumigador (2016), fue codirigido junto a Francisco Hevia. El director chileno firma el guion con la compañía de Samm Haillay, y vuelve a un retrato social, sin concesiones, y sin tampoco hacer “porno miseria”, la frase acuñada por el cineasta colombiano Luis Ospina, sino en mostrarnos una urbe masificada donde la población se agolpa en poco espacio, y donde la vida se ha convertido en una supervivencia constante. 

En un primer tercio la historia se centra en Martín, hilo conductor de la película, pero en el resto del tiempo conocemos la relación del chico con el Sr. Novoa, el sastre que vive junto a su perro. No estamos ante una película maniquea, de buenos y malos, porque el relato se aleja mucho de lo superficial y ahonda en el presente de Martín, dejando vacío el pasado, para así no convertir la película en discursiva o un alegato que iría en su contra. Tomicic Salinas capta un presente continuo, un aquí y ahora, entre dos personas antagónicas que, por circunstancias, se relacionan y con paciencia y naturalidad, la película irá construyendo una experiencia que va creciendo a medida que va sucediendo la película, sin crear expectativas ni tampoco construir ese tipo de historias de superación y cosas por el estilo que funcionan para una película con pretensiones puramente comerciales, pero no para una película que pretenda contarnos una historia, de verdad, sensible y delicada, sin caer en automatismos muy manoseados. Tiene mucho mérito la película en no dejarse llevar por la relación que plantea y no caer en juegos tramposos para conmover al espectador, sino bucear en las complejidades de una relación de dos seres tan diferentes que quizás no lo son tanto. 

La cinta cuenta con un extraordinario equipo técnico encabezado por el gran cinematógrafo chileno Sergio Armstrong, habitual director de fotografía de Pablo Larraín en su cine chileno, amén de Marialy Rivas y Lorenzo vigas, entre otros, del que vimos hace poco la argentina La mujer de la fila. Una construcción a partir de secuencias cotidianas donde se ahonda en la repetición diaria de nuestras existencias, y en planos cerrados e interiores y muy cercanos, donde se capta la profundidad de los dos “nuevos” amigos. Cabe destacar el uso de la luz, que capta con precisión la urbe y su entorno, con esa ladera repleta de construcciones sencillas, y todas las almas que por allí pululan. La música corre a cargo de Wissam Hojeij, que ha trabajado en países como Francia, Líbano, México y Colombia, entre otros. Su composición se cimenta a través de lo humano, de lo sensible y lo difícil, y sobre todo, la complejidad de lo que somos y cómo nos relacionamos y sentimos. El montaje lo firma la mexicana Urzula Barba Hopfner, directora de Corina, y trabajos como guionista, realiza una edición que captura muy bien las idas y venidas, tanto como la luz y la oscuridad del relato y de la propia país, donde somos observadores curiosos de la historia, que se cuenta sin prisas y con detalles precisos en sus 90 minutos de metraje. 

En el apartado interpretativo tenemos al joven debutante Franklin Aro que interpreta a Martín de forma convincente, natural y cercana. A su lado, el magnífico actor chileno Alfredo Castro, todo un gentleman de la interpretación, siendo el Sr. Novoa, el sastre que vive en soledad junto a su querido perro, tan sobrio, tan observador y tan callado, de vida sencilla y sin alardes de ningún tipo. El joven El sombras, íntimo de Martín, lo hace Julio César Altamirano. La veterana María Luque, que vimos en Blackthorn (2011), de Mateo Gil, es la señora Gladys que ayuda a Martín, y la mexicana Teresa Ruiz, que hemos visto en películas de Gregory Nava, Carlos Bolado, Felipe Cazals, entre otros, interpreta a la señorita Andrea, que trabaja en el sistema de adopciones. En nuestras carteleras se prodigan poco el cine del continente americano, que no sea estadounidense, así que con el estreno de El ladrón de perros, de Vinko Tomicic Salinas, es una buenísima oportunidad para ver cinematografías tan alejadas de lo comercial y previsible, porque la película cuenta con la producción de Bolivia, Chile, México, Francia e Italia, que evidencia el cine como una actividad comunitaria, de cooperación y de fraternidad, para que siga existiendo un cine diferente y resistente frente al sometimiento del mercantilismo feroz imperante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

La mujer de la fila, de Benjamín Ávila

LA MADRE QUE RESISTE. 

“Resistir supone negarse a dejarse llevar a una situación que cabría aceptar como lamentablemente definitiva”

Stéphane Hessel 

El arranque de la película es brutal y te deja en estado de shock. La historia se abre con una madre que se ha quedado dormida, mientras su hijo mayor de 18 años lleva a sus dos hermanos pequeños al colegio. Ella se levanta y relajada toma algo sentada en el sofá. De repente, la policía entra en su casa y empieza a removerlo todo. La escena es rápida, caótica y llena de incertidumbre y miedo. Una secuencia parecida vivió Andrea Casamento cuando en 2004 detuvieron a su hijo de 18 años y lo llevaron a la cárcel. A partir de ese momento, comenzó un vía crucis para ella y su familia en el que removió cielo, tierra, mar y aire para conseguir su liberación. A partir de ese hecho real, sucedido en Argentina, el director Benjamin Ávila (buenos Aires, Argentina, 1972), ha coescrito un guion junto a Marcelo Müller, con el que ya había trabajado en Infancia clandestina (2012), y en la serie encerrados (2018), en el que relata la experiencia dura y resistente de la citada Andrea, ahora convertida en una madre de tres hijos de clase media. 

La historia camina entre la crónica social y el thriller, mezclando las dos texturas, donde vida cotidiana se fusiona con la intensa actividad de una madre que se adentra en un universo de esperas, de visitas a la cárcel, de conocer a personas de otro extracto social y sobre todo, a esperar, desesperar, resistir, luchar, llorar, y demás situaciones emocionales que llevará como pueda, gracias a la ayuda de su madre, de un reo de su edad, compañero de su hijo, y las ganas de querer que las cosas cambien y se parezcan a lo que era su vida de antes, de antes de todo. Tiene la película ese aire de película sobre lo humano y sus consecuencias, muy del estilo de los Loach y los Dardenne, que siguieron el testigo de aquellos neorrealistas italianos y los británicos del Free Cinema. Un cine que mire la complejidad y la vulnerabilidad de lo humano enfrentado a sus problemas diarios con entereza, voluntad y sensibilidad, sin caer nunca en esos dramas sensibleros que conectan tanto con el público pero que son demasiado inverosímiles y buscan la lágrima fácil. Aquí no hay nada de eso, porque el director argentino, que empezó haciendo documentales sobre la memoria escarbando en hechos de la dictadura, nos cuenta un relato de verdad, con personajes de carne y hueso, y alejándose de ese heroísmo tan falso como estúpido. 

La película cuenta con un trabajo excelente en el apartado técnico en el que destaca la extraordinaria cinematografía del chileno Sergio Armstrong, que tiene en su haber casi medio centenar de películas con autores de su país como Pablo Larraín, con el que ha trabajado en 6 títulos, Marialy Rivas, Maite Alberdi, entre otros. Una luz mortecina que ayuda a impregnarse de todo esa dureza y dolor que cae como una losa en la vida de Andrea, en la que se acompañan de planos cerrados donde la cámara escruta cada gesto, mirada y silencio. La excelente música del dúo Daniel Godfrid y Sebastián Expósito, a partir de una composición que acompaña a los personajes y sus acciones de forma clara, expresiva y muy observadora, y también un par de temas que describen la desazón y la locura que se ha convertido la existencia de la atribulada protagonista. Otra pareja de editores con una extensa filmografía firman el montaje: Delfina Castagnino, con más de 37 títulos al lado de Lisandro Alonso, Matías Piñeiro y Santiago Mitre y más. Andrea Chignoli, con más de 70 filmes, con Andrés Wood, los citados Larraín y Rivas, y José Luis Torres Leiva. Una edición que se va a los 105 minutos de metraje en el que retratan con intensidad, reposo y sensibilidad el particular a los infiernos y la esperanza de Andrea. 

El estupendo reparto encabezado por la impresionante Natalia Oreiro, dando vida a Andrea. Un personaje que visita a su hijo en la cárcel como Emma Suárez en Josefina (2021), de Javier Marco. Una actriz con más de tres lustros de trayectoria que ya trabajó con Ávila en la mencionada Infancia clandestina, y otros como Mignona, Lucía Puenzo, Campanella, la chilena Amparo Nogueira como la 22. Una mujer de vida dura y gastada, vital para la protagonista, con casi 40 años de carrera al lado del citado Larraín, y películas como Carne de perro y Una mujer fantástica, de Leilo, y la presencia de Alberto Amman, un actor que transmite mucha verdad en su rol de Alejo, un tipo de pasado ajado. También participan en la película, las mujeres reales que visitan a sus hombres en la cárcel. Si tienen curiosidad de las historias reales bien contadas, que emanan verdad y sinceridad, y no olvidan lo humano y lo transmiten con pureza, sensibilidad y profundidad, su película es La mujer de la fila, de Benjamín Ávila, un duro drama sobre Andrea, una mujer resistente, coraje y valiente que se mete de lleno en un submundo de las mujeres que visitan las cárceles para ver a sus allegados, y lo hacen con un poso de tristeza, esperanza, rabia y no se sabe que más.   JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a David Moncasi

Entrevista a David Moncasi, director de la película «Muñequita linda», en el marco del Som Cinema, Festival de l’Audiovisual Català, en una de las salas del Museu Morera en Lleida, el domingo 26 de octubre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Moncasi, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo del Som Cinema, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Pioneras. Solo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz

LAS MUJERES QUE QUERÍAN JUGAR AL FÚTBOL. 

“Las mujeres tienen que llenarse de valentía para alcanzar sus sueños dormidos”. 

Alice Walker 

El arranque de una película es muy importante porque define su contenido posterior. En Pioneras. Solo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz (Ronda, Málaga, 1988), se abre de modo ejemplar. Nos encontramos en una clase donde la susodicha de Sección Femenina (una organización fascista que aleccionaba y sometía a las mujeres) está lanzando un discurso atroz sobre el sometimiento de la mujer a las labores del hogar y al marido de turno. Mientras, Nati, uno de los personajes principales, mira distraída por la ventana viendo a unos chicos jugar al fútbol. Una secuencia que define el espíritu de la película desde el primer instante, donde unas mujeres jóvenes que aman jugar al fútbol se verán perseguidas, humilladas y señaladas por todos y todas en aquella España franquista, oscura y violenta de 1970. No estamos ante una película de buenos y malos, sino una película que se inspira en hechos reales, acercándose a las desconocidas y olvidadas jóvenes que se levantaron e intentaron jugar al fútbol, a pesar de la gran oposición de la sociedad y los estamentos de turno que, hundían cualquier atisbo de libertad y muchos menos, femenina que desafiará el conservadurismo recalcitrante de la dictadura. 

La directora andaluza estrena su tercer largometraje después de las interesantes Mi querida cofradía (2018), y Los buenos modales (2023), retratos sobre mujeres en tono costumbrista que se ponen en pie de guerra contra el patriarcado en las hermandades en su ópera prima, y en la segunda, una suerte de comedia con drama entre dos hermanas que no se hablan y dos chachas en mitad del fregado para acercarlas. En Pioneras, coescrita junta a Zebina Guerra, como las dos anteriores, bebe de las dos, la cinta traza un retrato de aquella España de principios de los setenta, con sus pequeños suspiros de libertad, aunque todavía el régimen se negaba a verlos. Las futbolistas encabezadas por Nati, la protagonista y la que mejor juega tiene un panorama muy negro en casa, con un padre ausente y una madre abnegada que sobrevive como puede. Belén, una líder nata que tiene el apoyo del padre, y el resto, jóvenes que quieren jugar a pesar de todo y todos. En la historia hay drama, dificultades, desesperanza y mucha tristeza, pero también hay lucha, amistad, amor, esperanza y cooperación. La película navega entre el drama más seco y cotidiano junto a la comedia más inspiradora y que apuesta por la libertad, aunque sea a escondidas. 

La magnífica cinematografía de María Codina, que ya coincidió con la directora en la película colectiva Los inocentes, amén de trabajar en series como Días mejores y La vida breve, y en películas como Escanyapobres, construye una luz que parece de una película rodada en los setenta, aprovechando ese cielo plomizo y grisáceo que adorna la película, con su lluvia y barro, como la secuencia del primer partido de fútbol, en un escenario que cuida al detalle la arquitectura y el vestuario de entonces. La música de Pedro Marques acompaña con astucia y precisión las imágenes de la película, creando ese lado reflexivo que ayuda a ver mejor las imágenes, con la compañía de grandes temazos como “A la pelota”, de La Terremoto, entre otros. El excelente montaje de Alberto Gutiérrez, que tiene en su estupenda filmografía la serie Arròs covat, la citada Los inocentes, las series Paquita Salas, Veneno y La Mesías, de los Javis, ocho películas de Dani de la Orden, entre otras. Una edición que se va a los 100 minutos de metraje por el que pasamos por muchos géneros, texturas y gestos, y sobre todo, altibajos emocionales y cercanías y distancias entre los personajes.

Una película como esta construida a través de un maravilloso reparto coral encabezado por los Daniel Ibañez, que hace de Javier Poga, un entregado promotor deportivo que cree en las mujeres futbolistas, Aixa Villagrán, en el rol de Edelmira, una arrolladora periodista del diario As, que con su pluma y su fuerza hablará y peleará por las chicas, y las sorprendentes futbolistas con poca experiencia y debutantes que hacen Sofía de Iznájar como Nati, Bruna Lucadamo como Belén, Nora Otxoteko como María, Leire Aguiar como Ana, Lorea Carballo como Ángeles, Miriam Rubio como Pepa, y las madres Carmen Ruiz, Carmen Flores Sandoval, actriz fetiche de la directora, al igual que Pepa Aniorte, y la bruja mala de la Sección Femenina que es Elena Irureta, que también estaba en Los buenos modales. Una película que rescata la valentía y la fuerza de un grupo de jóvenes como Carmen Arce “Kubalita”, la primera portera, Elena Badillo y Paquita Jiménez, entre otras. Mujeres que se pudieron de pie, y a pesar de los obstáculos querían ser libres en todo: en el fútbol, en el amor, en la política, en la vida y en todo, en cómo pensar y qué pensar, y sobre todo, que las respetarán como jugadoras de fútbol al igual que los hombres. La película recoge aquellos primeros pasos, todavía quedaba mucho camino por recorrer, y queda, pero siempre hay un comienzo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura García Alonso

Entrevista a Laura García Alonso, directora de la película «Corredora», en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 26 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura García Alonso, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Alba Saéz

Entrevista a Alba Saéz, intérprete de la película «Corredora», de Laura García Alonso, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 26 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alba Saéz, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA