Entrevista a Pedro B. Abreu

Entrevista a Pedro B. Abreu, director de la película “Blue Rai”, de Pedro B. Abreu. El encuentro tuvo lugar el jueves 5 de abril de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro B. Abreu, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

The Party, de Sally Potter

FUERA MÁSCARAS.

En un instante de la película, uno de los personajes April, quizás el más irónico y cínico con su miseria y frustración, le suelta a Janet (amiga de toda la vida y recién nombrada ministra de sanidad) la siguiente advertencia: Yo no creo en la democracia, creo en ti. Toda una declaración de principios, y también, podríamos añadir que es donde descansa el verdadero propósito de la película, que no es otro que ese estado de ánimo, si todavía queda alguno, de los personajes que se encontrarán en el hogar de Janet y Bill para celebrar el nombramiento. Sally Potter (Londres, 1949) cineasta inquisitiva y crítica con los problemas personales y sociales, como ya demostró en películas memorables como Orlando (1992) o Ginger & Rosa (2012), plantea una película de gran pureza y naturalismo, en la que se despoja de todo artífico cinematográfico para sumergirse en la esencia de sus personajes y sus peculiaridades, desde su acción, que sigue el orden cronológico de los hechos, en un tiempo real, en esos intensísimos y frenéticos 71 minutos de duración, donde nosotros los espectadores asistimos como uno más, viviendo en directo lo que les va sucediendo a los personajes, a todo aquello que se va cociendo in situ. Otra de sus características es su color, o su falta de él, el blanco y negro naturalista y extremadamente sobrio, obra de Alexey Rodionov (íntimo colaborador de la directora).

La cinta nos sitúa en un solo espacio, el hogar ya citado, y su salón, donde se conocerán las mayores revelaciones, y también, la cocina, el baño y la terraza, ese espacio doméstico donde se hablará, discutirá y debatirá sobre todo, y digo todo, porque Potter atiza a todo, desde el romanticismo de los ideales, de la diferencia entre las ideas y los actos, de las verdades, aquellas reales y las inventadas, de la juventud, del tiempo, de la medicina de siempre y la natural, de la izquierda, del ultra capitalismo, del feminismo, la maternidad, la amistad, el amor, el agotamiento de la vida en pareja, de nuestros sentimientos, o lo que interpretamos que son, y la coherencia entre la vida profesional y la personal, y sobre todo, de todo aquello que deseábamos para nuestra vida y en algún momento, no sabemos cuándo, se quedó en alguna parte o lo dejamos por el camino, que para el caso es igual. Potter no deja títere con cabeza, y lo hace desde la comedia negra, muy negra, desde la fábula moral, aderezada con las canciones que suenan en ese viejo tocadiscos, que van describiendo el interior de cada uno de los personajes, que lo que empieza en una celebración, poco a poco se irá tornado de un tono más oscuro, más terrorífico, y derivará en el drama personal e íntimo, sin dejar nunca de lado esa mala uva tan característica del humor inglés.

Potter no mira a sus personajes con odio y recelo, sino todo el contrario, los mira y filma desde todos los puntos de vista, sin juzgarles ni admirarlos, en su sencillez humana, en sus contradicciones, en su insignificancia y miserias ocultas, sus miedos y sus mentiras, en una película que el punto de vista irá cambiando de mano, y cuando la película se detiene en uno, los demás acuden como espectadores insólitos para escuchar, oír y callar, solo algunos, porque otros sí que querrán decir la suya. Una velada con amigos, o con amigos que se mienten, o mejor dicho, que saben ser diplomáticos y sinceros cuando se les pide, y saben guardar las formas si la ocasión lo requiere, amigos al fin y al cabo. La cineasta británica va cociendo a fuego lento su (des) encuentro, moviéndose entre las figuras humanas, unas más reconocibles que otras, unas más sinceras que otras, llevando su drama hasta esa catarsis general en el que todo explotará, todo se destapará, y en el que todos, y cada uno de ellos, explicará su verdad, eso que tanto tiempo ha guardado, su vida, sus sentimientos, y todas las frustraciones que la política, la sociedad, la cultura y la maldita economía le han producido en su existencia.

Potter enmarca su película en lo que podríamos añadir como un género en sí mismo, con el aroma de cintas como El discreto encanto de la burguesía, Reencuentro o Los amigos de Peter, por citar algunas, nos referimos a esas reuniones de amigos, esos reencuentros o no, a esas veladas que empiezan con risas, palabras amables y formas elegantes, y los recuerdos del ayer, los perdidos, los encontrados o los inventados, que según avanza la reunión cordial y amigable, y sin saber cómo, o quizás sí, en algún momento, nadie sabe en qué momento, todo cambiará, las cosas cambiarán de rumbo, se tornarán diferentes, como si alguien las hubiera cambiado del revés, en una especie de hoguera de las vanidades doméstica, donde aparecerá todo, donde la mentira no aguantará más desplantes y vergüenzas, y la verdad se impondrá como un martillo ejecutor que golpeará a todos, sí a todos, sin olvidarse de ninguno, con la misma fuerza como si lo hiciera por última vez, porque después de esa noche ya nada volverá a ser igual, o quizás sí, pero con muchos matices, y todos deberán convivir sabiendo la verdad, y conociendo a lo que se atienen con sus conflictos interiores y sus relaciones con los otros.

Y como suele ocurrir en estas piezas de cámara humanas y sin trampa ni cartón, los personajes complejos, tan humanos y débiles, en el fondo, como somos todos, están interpretados por un reparto coral que raya a una grandísima altura, dotando a sus personajes de carne y hueso, entes de verdad, cuando esta hace acto de presencia, desde la anfitriona, Kristin Scott Thomas (esa ministra nombrada que tiene un incendio en su casa y además, tantas cosas que ocultar) su marido Timothy Spall (casi en el otro barrio, ausente, que más parece un fantasma, y aún guarda un as que le hará incendiar el cotarro) Patricia Clarkson (esa amiga devota del alma, pero que conoce sus fragilidades y frustraciones) y su marido, Bruno Ganz (mitad curandero, gurú y adicto a la autoayuda) Cherry Jones (la lesbiana madura que ha vivido contra todos para ser ella misma) su pareja y madre de sus trillizos Emily Mortimer (la gay que ataca a todo y todos, sin importarle los matices) y finalmente, Cillian Murphy (ese triunfador del capitalismo, adicto a la coca que se siente un perdedor y no sabe como retener a su esposa). Seres perdidos, seres idealistas, algunos, y otros, frustrados, o las dos cosas a la vez, pero que en el fondo, intentan sobrevivir a pesar de toda la falsedad política, la de los suyos, a los que creyeron en el cambio y que las cosas podían cambiar, aunque finalmente, no fue así, pero al menos soñaron con eso, o con algo parecido.

La teoría sueca del amor, de Erik Gandini

aaff_novembre_2016_castLOS CIUDADANOS INFELICES.

“No es verdad que la felicidad signifique una vida libre de problemas. Una vida feliz implica tener que superar problemas, lidiar con ellos, solucionar dificultades y retos. Haces frente a los retos, lo intentas y te esfuerzas. Y entonces llegar al momento de felicidad cuando ves que has podido controlar los retos del destino. Y es precisamente esto: la felicidad de haber superado las dificultades, de luchar contra los problemas, de afrontarlos y superarlos… Esto es lo que se pierde cuando crecen las comodidades”

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La película arranca con un prólogo en el que unas imágenes de archivo que pertenecen a los tiempos de gobierno de Olof Palme, en Suecia, cuando en 1972 puso en práctica el manifiesto titulado “La familia del futuro: una política socialista  para  la  familia”, con el fin de romper la estructura que hasta entonces sustentaba el concepto tradicional de familia, para modernizarlo, y fomentar a nivel estatal que toda relación humana verdadera se tiene que asentar en las bases del principio de independencia entre las personas. Seguidamente, la película se instala en el 2015 y nos informan de los resultados devastadoras de aquel sueño: la mitad de los suecos vive solo, y un 25% muere en soledad.

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La película de Erik Gandini (Bérgamo, Italia, 1967) indaga e investiga profundamente sobre la sociedad sueca y se centra en su forma de vida y en sus relaciones, construyendo un interesante documento sociológico y psicológico sobre no solo las formas de vida y relaciones de los ciudadanos suecos, sino del modo occidental demente y su miserable individualidad y perfeccionismo, tan arraigados en la sociedad, y cómo provoca estas conductas tan nocivas, provocan unos seres aislados y tremendamente individualistas. Gandini que alcanzo un merecido prestigio con la película Sacrificio. Quién traicionó al Che Guevara (2001), en el que investigaba la verdad sobre la captura y asesinato del célebre revolucionario,  vuelve a uno de sus temas que más le interesan: las sociedades occidentales y sus relaciones. Preocupaciones que ya recogía en Surplus. Terrorismo de consumo (2003) sobre las formas de compra y consumo en la sociedad sueca, abocadas al gasto innecesario y a la acumulación sin medida, al que siguió Videocracia (2009) en el que retrató a Berlusconi y como había construido su impero de popularidad gracias al control de la televisión.

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Gandini se centra en la cotidianidad de la vida de los suecos, y en sus actividades diarias, retratando diversos aspectos para analizar que ha llevado a sus ciudadanos a vivir tan aislados de los demás y seguir las directrices de las sociedades capitalistas occidentales, basadas en el trabajo, bienestar y la autonomía personal. Observamos a una joven que quiere ser madre soltera, y contrata a una empresa de Dinamarca que ofrece los servicios de autoinseminación artificial a domicilio, también, vemos a unos funcionarios que buscan los familiares de los fallecidos que mueren solos, las actividades grupales de los suecos como forma de actividad compartida, grupos de personas, cansados de la rutina infeliz a la que están sometidos, han dejado las ciudades y se han refugiado en los bosques, llevando una vida basada en lo físico, el contacto personal con los otros y las relaciones profundas entre los seres humanos, y los inmigrantes que llegan a Suecia y su acomodo en la vida cotidiana. Y finalmente, Gandini, abandona Suecia y se traslada hasta Etiopía, que según el mapa de valores sociales que nos enseñan, se encuentra en el otro extremo de Suecia. Allí, conocemos al Dr. Erichssen, un extravagante y peculiar doctor que en mitad de la nada, y habituado a unas carencias terribles, ejerce su profesión a favor de los más débiles, utilizando materiales precarios y reutilizables, derrochando una imaginación sin límites, y ejerciendo una desbordante alegría y felicidad, para cerrar su propuesta, con la aportación de Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco nos habla de la felicidad, sus causas y conflictos, y nos invita a experimentar con nosotros mismos y a mirar al otro, en su interior, profundidad y complejidad.

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Gandini ha huido del documental al uso, no quiere manipularnos ni hablarnos de las ventajas y desventajas de optar por una vida u otra, abre el debate para que los espectadores tomemos partido y saquemos las oportunas refelxiones. el realizador sueco simplemente investiga, y recorre las vidas que reflejan el problema existente de soledad e infelicidad que contamina el país con mejor bienestar personal del mundo, tampoco quiere sentar cátedra, ni mucho menos, aborda el problema desde varias perspectivas, de diferentes miradas, a través de la quietud del ritmo y personalidad sueco, reposando cada historia y cada encuadre, contado con mucha ironía y sarcasmo, en el que la sociedad automatizada, repleta de ciudadanos zombies, que se desplazan de un lugar a otro, demasiado ensimismados en su realidad y sus objetivos personales y económicos.

Viaje, de Paz Fábrega

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“Todo es del viento y el viento es aire siempre de viaje”

Octavio Paz

Luciana y Pedro son dos jóvenes que se conocen una noche en una fiesta, después de intercambiar torpes palabras, se besan y deciden irse juntos. Esa noche no ocurre nada, pero tras deambular por ahí, Pedro tiene que marcharse al Rincón de la Vieja, un volcán en una ciudad próxima, donde tiene que hacer su tesis. El miedo de no verse más, ya que Luciana también marcha fuera, empuja a la joven a acompañarle. La nueva película de Paz Fábrega (1979, Costa Rica) nos zambulle de lleno en un relato construido a través del momento, de vivir el instante y dejarse llevar por lo que se está viviendo, sin más, sin pensar en el mañana, y en las consecuencias que traerá. La joven cineasta se plantea en sus trabajos una mirada crítica y constructiva sobre la realidad de la juventud, una edad de instantes y momentos líquidos, como definiría Bauman, un tiempo de sensaciones, de relaciones esporádicas, de disfrutar de todo lo que la vida ofrece, sin mirar más allá, en las que la mirada de Fábrega se interesa por la soledad que conlleva y ese deambular sin rumbo a la espera de una vida diferente a la convencional, pero que no termina por llegar.

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Nos subimos a este viaje acotado que se desarrolla en apenas tres jornadas, un fin de semana, a bordo de dos jóvenes que se acaban de conocer, que apenas recuerdan sus nombres, que no saben nada el uno del otro, pero que se dejan llevar por la aventura, guiados por el viento de cara, por la atracción del instante, por ese espíritu de libertad del momento, nada más. La cámara inquieta de Fábrega captura todos esos instantes, las bellísimas imágenes del volcán y sus alrededores, consumiéndonos con ellos, filmando los cuerpos de sus criaturas con una cercanía absorbente, mezclándose con el paisaje que los rodea. Los vemos jugando entre sábanas embriagados, recorriendo las vías de un tren o siguiendo los caminos salvajes de la jungla, bañándose desnudos en unas aguas, haciendo el amor en mitad de la nada, encaramados a un árbol, suspendidos, deteniendo el instante, en un intento inútil de parar el tiempo, pero dejándose llevar por sus sentidos y lo que están sintiendo en ese momento, disfrutando de la persona que tienen al lado, de ese amor incipiente, de esa pasión devoradora, sin más tiempo y lugar, y circunstancias personales, sólo eso, como si toda su vida fuese ese instante preciso. El estupendo e interesante giro del relato añade complejidad y una mirada profunda y analítica a toda la experiencia que estamos observando.

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Fábrega ha construido una película filmada en blanco y negro, que ayuda a describir y atrapar a sus personajes de forma abstracta, como si estuviésemos dentro de un sueño, de algo irreal, de una situación que se vive en otro mundo, muy física, minimalista (sólo dos personajes, el único personaje que interactúa con ellos está filmado en fuera de campo) y corporal, en la que asistimos a una aventura terrenal y soñada de dos almas libres, que rechazan las ataduras y las convenciones del tiempo moderno, que se mofan de las vidas tan encajonadas de sus conocidos, que se dejan arrastrar por lo que sienten. Una obra de guerrilla y a contracorriente, cine hecho desde la artesanía y el amor por el trabajo humilde y sencillo, que ha pateado innumerables certámenes en busca de financiación, cine cuidado al detalle, con el trabajo de Kattia González (también coproductora de la cinta) y Fernando Bolaños, una pareja protagonista viva, espontánea, que interpretan a sus personajes de manera cercana, transparente y honesta, captando esos momentos ínfimos que enriquecen las situaciones que estamos viviendo. Fábrega también en labores de guionista, codirectora de fotografía y de montaje, ha levantado una película pequeña, que nos llega de Costa Rica, una cinematografía desconocida por estos lares, pero que es capaz de producir obras de esta grandeza, en la que nos sumerge en esa vida propia de la juventud, en el que todo vale, y disfrutar del placer de cada momento, sin importar las consecuencias, es lo único que cuenta, dejarse llevar por la vida y el placer de experimentar esa libertad.


<p><a href=”https://vimeo.com/140967121″>Tr&aacute;iler VIAJE de Paz F&aacute;brega</a> from <a href=”https://vimeo.com/user22786367″>Mosaico Filmes Distribuciones</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Fatima, de Philippe Faucon

fatima_100579MADRE EN TIERRA EXTRAÑA.

“Un día mi corazón suspira y al siguiente siente rabia”

Fatima tiene 44 años, es argelina, y vive sola con sus hijas: Nesrine, la mayor, tiene 18 años, es una chica aplicada, obediente y estudiante, y acaba de empezar primero de medicina, Souad, la pequeña, tiene 15 años, es de carácter rebelde e irascible, no estudia, protesta, y además, insulta a su madre. Fatima trabaja de sol a sol como limpiadora de hogar para poder sacar adelante a su familia y ayudar a sus hijas. El cineasta Philippe Faucon (1958, Oujda, Marruecos) lleva más de un cuarto de siglo realizando un cine naturalista, de índole social, en el que explora y reflexiona sobre los problemas de los inmigrantes en Francia, en su mayoría. Ahora, basándose en los poemas, fragmentos y pensamientos de Fatima Elayoubi recogidos en los libros Prière à la lune y enfin je peux marcher toute seule, se ha detenido en un relato sobre mujeres, sobre tres mujeres árabes que viven en Francia, tres generaciones diferentes, la madre, la que emigró buscando una vida mejor, y las dos hijas, ya nacidas en Francia, con otras inquietudes y necesidades.

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Tres formas de vida que conviven, se mezclan, dialogan y discuten, en un contexto social de grandes dificultades, en el que el trabajo es precario, y las escasas oportunidades demandan un gran sacrificio y esfuerzo. Faucon instala su cámara en ese microcosmos de relaciones familiares, en el que conviven el árabe y el francés, el idioma que dificulta las relaciones entre madre e hijas, en los diferentes puntos de vista de cómo afrontar la dura realidad cotidiana, y todos los conflictos que van surgiendo en un ambiente difícil de llevar. Las barreras idiomáticas, las costumbres árabes que chocan contra el estilo de vida y costumbres del país en el que viven, y la compleja situación que genera entre una madre que trabaja hasta la extenuación en un empleo y la hija pequeña que denigra y no acepta esa condición. Una película breve (apenas su metraje alcanza los 79 minutos) contenida, de tono naturalista, en la que Faucon captura de manera sensible y delicada las relaciones, las pequeñas alegrías y los sinsabores que se van generando entre madre e hijas. Las luchas diarias para ser esa persona que quieres ser, y sobre todo, la tenacidad, la valentía y el sacrificio que hace una madre por el bienestar de sus hijas.

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El cineasta francés huye de cualquier sentimentalismo y convencionalismo dramático, su película nace de la necesidad de contar una realidad que viven y sufren miles de personas adultas de origen humilde cuando llegan al país europeo, para alcanzar una vida mejor que la que dejan, aprender otro idioma, las envidias y críticas de los paisanos que no aceptan otro tipo de existencias, y las terribles dificultades para acceder a un mercado laboral deshumanizado y fascista que sólo obedece a los números. El trío protagonista compuesto por Soria Zéroual, actriz no profesional que encarna a esta heroína de corazón noble y carisma de león, Zita Hanrot (que se llevó el revelación en los premios César de la Academia Francesa) actriz en ciernes, que compone un personaje valiente, sacrificado y noble, y la benjamina, Kenza-Noah Aïche, la intransigente y díscola que pasa de estudiar, y sólo disfruta en la calle con sus amigos. Un grupo humano de inusitada capacidad para la interpretación que revela el contenido esencial y sensible que destila la película, una narración sencilla y honesta que muestra una realidad cotidiana, a partir de una mirada sensible y cercana en el que se acerca a los conflictos de forma transparente y humana.

Ahora sí, antes no, de Hong Sangsoo

unnamed (26)LAS VARIACIONES DEL AMOR.

“Mi identidad está en trabajar con las cosas que conozco, e ir encontrando cosas nuevas”

Hong Sangsoo

En La vida en un hilo, de Edgar Neville, una viuda rememoraba la vida que había tenido, con un burgués aburrido, o la que podía haber tenido, junto a un alegre bohemio. El último trabajo del cineasta Hong Sangsoo (1960, Seúl) plantea una película de características parecidas, un director de cine llega a una ciudad en la que presentará su película, con tiempo por delante,  y aprovecha para visitar un monumento restaurado, donde conoce a una atractiva joven artista y pasa el día con ella, mostrando un actitud falsa y esquivando alusiones personales que le puedan ir en contra, en la segunda mitad de la película, los mismos personajes vuelven a encontrarse, con pequeñas variaciones, visitando los mismos lugares y haciendo cosas similares, pero ahora la actitud del director de cine es diferente, se muestra honesto y sincero, sin ocultar nada de su privacidad.

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El cine de Hong Sangsoo, desde que debutase hace un par de décadas, se construye a partir de historias aparentemente sencillas, pero de fuerte entramado complejo y emocional, en el que siempre vemos a personajes relacionados con el cine (directores, críticos, actores…) que conocen a mujeres con las que entablan relaciones, el tono irónico y crítico sacude todas sus historias, las continuas reflexiones sobre las relaciones entre hombres y mujeres, encierran una profunda mirada sobre el amor y sus múltiples variaciones, en un tono y formas muy definidas, en la que apenas hay movimientos de cámara (si exceptuamos algún que otro zoom, que se ha convertido en marca de la casa) y tomas largas que siguen el deambular de los personajes que retrata con sensibilidad y honestidad, contadas de forma suave y tranquila, en un estilo de comedia romántica naturalista y ligero, en su apariencia, que le acerca al cine de Rohmer o Allen. El director surcoreano emprende sus historias a partir de los lugares que conoce y los actores con los que quiere trabajar, una vez en el lugar elegido, trabaja con ellos en la búsqueda de los personajes, y de este modo, que nace mucho de la improvisación, y de los distintos caminos y propuestas que van apareciendo, Hong Sangsoo va construyendo la trama y las cosas que van a ir sucediendo, por esto, en ese sentido, sus películas son muy parecidas, pero a la vez tremendamente diferentes, en las que intuimos momentos que quizás creemos que ya se han producido, pero más lejos de la realidad, son historias que se mueven por caminos sin transitar, situaciones inesperadas, y sobre todo, contadas a través de la observación de los pequeños detalles que definen las situaciones y las relaciones entre las personas.

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Un cine que cuenta con un reducido equipo de rodaje, que se maneja con presupuestos ajustados, para de esta manera conseguir una película realizada en plena libertad artística, que pueda emprender ese viaje de búsqueda constante para adecuar la estructura a las necesidades de los lugares y los actores con los que trabaja el cineasta surcoreano. Hong Sangsoo maneja los códigos narrativos de manera sutil y excelente, dotando a sus historias de maravillosos juegos sobre el amor en el que sus personajes sienten de diversas maneras, todos encauzados en una trama que les maneja a su antojo, empujándolos a vivir situaciones extrañas, divertidas y extremadamente surrealistas, en algún que otro momento. El cineasta surcoreano sigue dirigiendo a un ritmo poderoso, casi a película por año, y en alguno, incluso dos cintas, en la que ha creado una obra sencilla, sincera, y honesta que encierra un impecable trabajo de investigación sobre las dificultades que tenemos los seres humanos en relaciones con los demás, y sobre todo, la forma de cómo nos atenazan los miedos, inseguridades y contracciones a la hora de encontrar el amor.

Game Over, de Alba Sotorra

poster-game-overEL SOLDADO TRISTE

La joven cineasta Alba Sotorra (Barcelona, 1980) hace su puesta de largo en el cine contándonos la historia de Djalal, un joven de 24 años que tiene que decidir su vida, tomar su camino y empezar a andar. Nació en una familia de clase media en un pueblo de Barcelona, desde niño lo agasajaron con armas, primero de juguete, que luego se volvieron más sofisticadas y de verdad, hasta que Djalal comenzó a grabarse en video en operaciones y aventuras militares y colgarlas en youtube, convirtiéndose de esta manera en Lord_Sex, un personaje mundialmente conocido en el ciberespacio. Su camino y sus ansías de acción y guerra, lo llevaron a alistarse al ejército e irse de voluntario al frente de Afganistán como francotirador. Pero las guerras de hoy en día, no son como las que presentan en el cine, así que Djalal, después de 6 meses combatiendo, volvió a su casa.

Sotorra, cineasta inquieta y de acción, comprometida con las nuevas formas de expresión audiovisual, e interesada en buscar nuevas miradas y viajar al origen del conflicto, con su cámara al hombro para no perderse ningún detalle, y reflexionar sobre los conflictos que acechan a mujeres, política, guerra, sociales… En una de sus instalaciones audiovisuales tropezó con la historia de Djalal (algo así como el reverso del sargento localizador de explosivos que describía la directora Kathryn Bigelow en su film, En tierra hostil, un tipo que sólo en la guerra encontraba su modus vivendi), y arranca su película en la actualidad, en esa casa que Djalal comparte con su padre, Hansi, iraní, con el que no habla mucho, porque critica con extrema dureza la actitud bélica de su hijo. Una vivienda que tienen que vender porque el padre no tiene trabajo y las deudas se acumulan. También, está la madre, Anna, ya separada de su padre, que a diferencia del progenitor, actúa de forma protectora y comprensible con las decisiones de su hijo. También, conoceremos a la novia del chico, mitad barbie, mitad compañera, le ayuda y comparte con él sus sueños frustrados, las ilusiones perdidas de ser un soldado de acción, su deseo de convertirse en mercenario, y soñar con una guerra que no fue, que no es real, que sólo existe en las películas de acción, y en su cabeza.

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Un guion de Isa Campo, brillantemente compuesto, (estrecha colaboradora de Isaki Lacuesta) en el que se opta por una estructura fracturada, en consonancia con la familia que se nos muestra, nos va diseccionando mediante flashbacks que nos desentrañan la maraña emocional que se respira en el seno familiar, una trama que utiliza varios formatos y texturas audiovisuales (grandísimo el trabajo de Jimmy Gimferrer, uno de los cinematógrafos más interesantes del panorama actual): los vídeos domésticos que van de la boda de la pareja, Djalal de niño en viajes con sus padres, abriendo regalos bélicos, tiempos felices y cotidianos que ahora sólo forman parte de un recuerdo vago y lejano, imágenes que se van intercalando con los vídeos que Djalal filmó en el frente, cuidando los encuadres y la belleza del plano, antes de disparar al enemigo, donde vemos los tiempos muertos y hastíos de la guerra, y sobre todo, como el joven utiliza el vídeo para confesar su estado de ánimo y el desencanto de lo que está viviendo (que nos recuerdan a las filmaciones de los soldados de Redacted, de Brian De Palama), y los vídeos realizados por Djalal cuando se convierte en su alter ego militar, (que parecen sacados de alguna película bélica propagandística que asolaron en los años 80 con los Rambo, Comando y demás héroes del tío Sam), un mosaico de filmaciones que retratan no sólo la personalidad de Djalal y su entorno, sino también, un contexto familiar complejo y difícil, donde todos ellos son responsables de una manera u otra de la situación actual que viven. Pero la cineasta no se queda ahí, profundiza aún más en las causas y efectos, quizás la responsabilidad no es sólo del propio Djalal o paterna, la película analiza de forma interesante y veraz una sociedad basada en el consumismo atroz y salvaje, y construida en base al entretenimiento con el fin de codiciar y amasar grandes cantidades de dinero. La película nos ofrece una hermosa y cuidada reflexión sobre la dificultad de la paternidad, la propaganda televisiva, y las nuevas formas de relacionarse a través de las redes sociales, en el que nos revela a Alba Sotorra como una de las voces más comprometidas, inquietantes y sinceras que, habrá que seguir su pista en futuros trabajos, ya sean en el campo cinematográfico u otro medio audiovisual.