A Stormy Night, de David Moragas

DOCE HORAS JUNTOS.

“La mayoría de las personas son otras: sus pensamientos, las opiniones de otros; su vida, una imitación; sus pasiones, una cita”.

Oscar Wilde

Mencionaba el gran guionista Rafael Azcona que, las buenas películas eran aquellas que hablaban de los temas que conocía el director. A Stormy Night, opera prima de David Moragas (Almsoter, 1993), que estudió en la prestigiosa New York University y vivió en uno de esos barrios de Brooklyn, se erige como una película que encaja perfectamente en las palabras del excelso escritor cinematográfico, porque el joven talento catalán se centra en aquello que conoce, y sobre todo, le inquieta, siguiendo la forma y fondo que ya se vislumbraba en sus cortometrajes, centrándose en relatos íntimos y muy cercanos, con personajes de aquí y ahora, con inquietudes y desilusiones tan reales como las nuestras, envueltos en ese blanco y negro sobrio y transparente, centrados en espacios interiores y reducidos, tan próximos que resultan inquietantes, para hablarnos de personas como nosotros, con sus idas y venidas por la vida, con esa naturalidad y sencillez, como si los espectadores estuvieras junto a ellos, o mirando por una mirilla.

Para su debut en el largometraje, Moragas opta por su género favorito, el de la comedia romántica, pero con matices, con ese tono agridulce y de realidad punzante, escogiendo un relato de inmediatez, cargando toda la estructura en un instante preciso, las doce horas juntos que pasaran Marcos y Alan, ya que el primero, de viaje a San Francisco para presentar un documental que ha filmado con su ex pareja, debe detenerse y pasar noche en New York, porque los vuelos se han cancelado debido a una fuerte tormenta que se avecina. Los dos jóvenes, tan diferentes o iguales entre sí, la película nos irá desvelando todo aquello que les separa y les une, pasarán medio día juntos, o mejor dicho, media noche juntos, en la que hablarán mucho, pero también, se mirarán mucho, habrá algún que otro acercamiento inesperado, y sobre todo, muchas confidencias, porque todo lo que en un principio los separaba, con el paso de las horas, su breve encuentro se irá revelando como una especie de espejo en el que la verdad se reflejará sin atajos, tanto emocionales como físicos, frente a frente, y los dos jóvenes se mirarán uno al otro y se mostrarán de verdad, sacando a relucir todo aquello que tanto ocultan.

Los diálogos que mantienen los jóvenes versarán sobre su condición homosexual y la vida de tener una identidad no convencional en una sociedad heterodeterminada, las difíciles relaciones familiares y con su entorno más próximo, las dificultades de vivir en otro país, con otra lengua y cultura diferentes, los condicionamientos de desarrollar un empleo en una sociedad demasiado encajonada y convencional, y la naturaleza de las relaciones íntimas, el compromiso, el amor sincero, el poliamor y demás cuestiones acerca de la vida y las relaciones personales. Moragas sabe captar con naturalidad y cercanía toda esta montaña rusa emocional que experimentan los dos jóvenes, en que la luz íntima y velada, en algunos instantes, que firma el cinematógrafo Alfonso Herrera-Salcedo (que ya estaba en el cortometraje Only Fools Rush In), ayuda muchísimo para crear esa atmósfera de claroscuros, y no menos el grandísimo trabajo de edición de un grande como Bernat Aragonés (cómplice, entre otros, de nombres tan importantes como los de Agustí Villaronga o Isabel Coixet), en una película con pocos movimientos de cámara, llena de cuadros que aún evidencian más el inmenso trabajo de montaje.

A Stormy Night, auspiciada por un grande de nuestro cine como Antonio Chavarrías, hace guiños a Woody Allen con una ilustración sobre Annie Hall, al igual que a Agnès Varda con un dibujo sobre Cleo de 5 a 7, estaría rondando los mismos parámetros de las películas de Noah Baumbach dedicadas a New York y sus círculos y personajes ocultos, y estaría muy hermanada con títulos como Weekend (2011), de Andrew Haigh, historia sobre un affaire homosexual anclado en un fin de semana, y en Keep the Lights On (2012), de Ira Sachs, otra relación gay, más alargada en el tiempo, pero con similitudes con los protagonistas. Y si la historia funciona, con pausa e intimidad, ayuda sobremanera la pareja protagonista, con un cálido y sensible Jacob Perkins, que ya vimos en el cortometraje Boyfriend, de Moragas, dando vida al comprometido y enamorado Alan, y Marcos, el liberal y aventurero español, con su momento “tortilla”, que interpreta el propio director, consiguen emocionarnos con lo mínimo, convirtiendo A Stormy Night  en un relato lleno de inteligencia, sensibilidad y belleza, y vislumbra el debut de David Moragas como un grandísimo y estimulante ejercicio sobre la vida, las relaciones y nuestra identidad, convirtiéndola en un obra de culto de inmediato, que hablará mucho de quiénes somos y como nos relacionamos para futuras generaciones. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

 

El artista anónimo, de Klaus Härö

EL RETRATO DESCONOCIDO.  

“Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes”

Jorge Luis Borges

De una cinematografía como la finesa, estamos acostumbrados a recibir las películas del gran Aki Kaurismäki, rara vez podemos ver otras película de cineastas más desconocidos por estos lares. El director finlandés Klaus Härö (Porvoo, Finlandia, 1971), vuelve a aparecer por nuestras pantallas después de La clase de esgrima (2015), con un relato que se detiene en la Finlandia actual, donde conocemos a Olavi, un veterano comerciante de arte, que quiere dejar el oficio con su último gran negocio, como indica el título original de la película, ese cuadro que su venta le dejará un hermoso retiro. Rebuscando, casi sin pretenderlo, o sí, descubre, en la casa de subastas, a pocos metros de su tienda, un retrato que llama su atención. A partir de ese instante, su vida se centrará en encontrar la autoría del enigmático retrato, ya que aparece como desconocido. Contará con la inestimable ayuda de su nieto, Otto, un chaval de quince años, al que apenas conoce, ya que el viejo Olavi y su única hija, Lea, han tenido una relación muy distante desde que falleció la esposa y madre, respectivamente.

Härö, como hizo con su anterior película, vuelve a dirigir un guión escrito por Anna Heinämaa, edificando una película que habla desde la sencillez de la cotidianidad y lo humano, en una película que se centra en el valor del arte y las dificultades de las relaciones humanas, como queda patente en la magnífica secuencia donde abuelo y nieto se conocen, cuando Olavi le muestra la pintura “Payaso” de Unto Koistinen, a la que el adolescente exclama con desdén, que se parece a la mascota Ronald McDonald. Dos formas de acercarse al arte, a la vida, dos generaciones en polos opuestos, que la búsqueda del autor del famoso retrato, los igualará y sorprendentemente, formarán un equipo bien avenido. El cineasta finés plantea una película directa y transparente, de pocos personajes y aún menos espacios, sobre la cotidianidad de alguien egoísta y maniático, que ha olvidado a su hija y nieto, y se ha encerrado en su trabajo, de alguien que deberá aprender a confiar en los demás, y sobre todo, a pedir perdón.

Toda esa realidad del anciano, se verá trastocada con la aparición del retrato misterioso, entonces, la narración virará hacia el thriller de investigación, con esos claroscuros de la biblioteca y las inquietantes pesquisas que siguen tanto el abuelo como el nieto, para descubrir la autoría de la pintura, la del “Cristo Negro”, de Ilya Repin, que tiene un gran valor económico. Härö construye películas sobre las dificultades de muchos niños y niñas empezando nuevas existencias en lugares ajenos y hostiles, como hizo en Elina (2002) o Adiós, mamá (2005), o personas de pasados oscuros que llegan a nuevos lugares en los que deben aprender a vivir como ocurría en Cartas al padre Jacob (2009), o la citadaLa clase de esgrima (2015), en las que las relaciones humanas son el centro de la acción, como también, ocurre en El artista anónimo, donde se habla mucho de arte, valorando a esos artistas anónimos, y sus trabajos que tienen su lugar en la historia, pero sobre todo, la película habla de segundas oportunidades, a través de relaciones familiares rotas, aquellas que hay que reconstruir, que volver a rehacer, ya que el tiempo, los conflictos y demás, dejaron olvidadas y oxidadas, como la nula relación de Olavi y su hija, Lea, en la que Otto, el nieto, sin proponérselo, hará de puente entre ambos.

No estamos ante una película condescendiente, ni mucho menos, sino que bucea con honestidad y aplomo en las dificultades de esas relaciones inexistentes, conjugando con acierto y verosimilitud, los puntos de vista diferentes entre unos y otros, y acercándose con sobriedad a las torpezas y reproches de los personajes, mostrando la verdad que hay entre todos, y componiendo secuencias de gran mérito y empaque dramático, huyendo del sentimentalismo y sobre todo, exponiendo todos los sentimientos agridulces que sienten. Una película sencilla, sensible e interesante, con un trío protagonista maravilloso y conmovedor, con Heikki Nousiainen como Olavi, Pirjo Lonka como Lea, y finalmente, Amos Brotherus como Otto, que cuenta con un grandísimo trabajo de luz, obra del cinematógrafo Tuomo Hutri, colaborador habitual de Härö, que sabe componer todos los claroscuros físicos, misteriosos y emocionales que encierran las obras de arte que vemos, y las relaciones humanas entre sus personajes, elemento que hace que la película sea visualmente muy conmovedora, sino también, emocionalmente, logrando cuadrar las dos claves esenciales de cualquier relato que contar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

 

La diosa fortuna, de Ferzan Ozpetek

LA DEFINICIÓN DEL AMOR.  

“La Diosa Fortuna tiene un secreto, un truco mágico. ¿Cómo haces para que la persona a la que quieres se quede contigo para siempre? Tienes que mirarla fijamente, robar su imagen y cerrar fuerte los ojos. De esta forma va directa a tu corazón y desde ese momento, siempre permanecerá contigo”.

Arturo y Alessandro son el sol y la luna, el agua y el aceite, pero llevan 15 años juntos. Arturo se gana la vida como traductor y sueña con ser escritor, un sueño que se alarga demasiado. Es un obsesivo del orden y lleva la casa. En cambio, Alessandro es fontanero, rudo y directo, desordenado y todo lo contrario a Arturo. La pareja lleva un tiempo distanciada, el sexo y la pasión han desaparecido y se plantean dejarlo. Pero, su suerte cambia, cuando Annamaria, una amiga de la pareja, se planta en su casa, y les pide que cuiden de sus dos hijos pequeños, Martina y Sandro, mientras ella se hace unas pruebas médicas. Toda su situación deja de ser importante, y se convierten en “padres” por unos días o más.

El universo de Ferzan Ozpetek (Estambul, Turquía, 1959), está lleno de personas que aman, amores de toda índole, estructuras y texturas. Sus películas describen los comienzos del amor o cuando estalla la pasión, donde un grupo de personas se ven envueltos en relatos sobre las emociones, donde prevalecen nuestras contradicciones, miedos e inseguridades. Muchos recordarán su opera prima, Hamam: el baño turco (1997), El hada ignorante (2001), La ventana de enfrente (2003), No basta una vida (2007), o Tengo algo que deciros (2010), entre otras. De la mano de su guionista predilecto, Gianni Romoli, Ozpetek nos sitúa en una relación a punto de romperse, o mejor dicho, una relación a la que solo se falta ponerle una fecha para finiquitarla. Pero, a veces, cuando todo parece acabarse, la suerte o el destino llega a nuestra existencia para ponerlo todo patas arriba, la llamada “Diosa de la fortuna”, que hace referencia el título, y replantearnos muchas verdades o mentiras que creíamos a pies juntillas, reflexión que provocan la llegada de los hijos de Annamaria, que se convierten, por unos días, en los hijos de Arturo y Alessandro, y sin proponérselo, deberán lidiar con la nueva situación.

El director turco, que lleva desde 1976 viviendo en Roma, parte de una situación real, para construir un relato naturalista y cercano, donde nos habla de redefinir el amor, y también, la paternidad, y lo hace de una manera sencilla y directa, sin sentimentalismos ni vericuetos argumentales, todo se cuenta de forma honesta y sensible, manejando el ritmo y el tempo cinematográfico con astucia y sinceridad, mostrando una diversidad de tono y marco en el que se desarrolla la película, en la que vamos de la risa al llanto en la misma secuencia, como el espectacular arranque, con la boda de los amigos (unos amigos que serán parte de esta historia, con esas secuencias corales llenas de vida, comicidad y fraternales), recorriendo las miradas, gestos y testimonios de cada invitado, para finalmente, llegar a los protagonistas, y darnos cuenta de todo lo que ocurre, cuando el silencio y la tensión se apodera de ellos. O ese otro instante mágico de los protagonistas junto a los niños, en el santuario de Fortuna Primigenia, donde trabaja Annamaria, en el recinto sagrado dedicado a la Diosa Fortuna en la ciudad de Palestrina, donde la pareja es invadida por recuerdos que quizás no esperaban recordar, donde memoria e historia se cruzan en la realidad que viven los protagonistas.

Ozpetek nos habla de fragilidad, de corazones frágiles, de emociones, de inseguridad, de sentimientos que no sabemos interpretar, de gestionar nuestras emociones cuando todo es incierto, de esa montaña rusa, a velocidad de crucero, de la dificultad de amar y desamar, de no escuchar tanto a nuestra cabeza y dejar libre a lo que sentimos, de tomar decisiones, de aceptarnos y aceptar la vida con sus alegrías y tristezas, o ese tiempo que parece que no pasa nada y en realidad pasa mucho. Stefano Accorsi, un intérprete que ha trabajado en varias ocasiones con Ozpetek, vuelve a su universo para encarnar a Arturo, Edoardo Leo es Alessandro, al que hemos visto en películas de Monicelli y Moretti, y Jasmine Trinca es Annamaria, un torbellino de vida, alocada e impetuosa, una actriz que vimos con los Taviani o Moretti. En su decimotercer trabajo, Ozpetek habla de la vida, del amor, de la buena fortuna, y de también, que hacemos con las cosas que ocurren, con esos contratiempos y estallidos que vienen sin avisar, como gestionamos lo inesperado, que hacemos con aquello que no habíamos pensado, ni siquiera imaginado, si somos capaces de amoldarnos a los accidentes de la vida, que vienen para enseñarnos alguna cosa o simplemente, vienen porque los estábamos pidiendo, aunque no de una manera consciente. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Pure, de Rose Cartwright y Kristie Swain

NO SOY YO, ES MI TOC.

“La risa es un tónico, un alivio, un respiro que permite apaciguar el dolor”

Charles Cahplin

La comunidad científica valoró y aplaudió la película Joker, de Todd Phillips, por su forma, sobriedad y transparencia a la hora de abordar y profundizar en la enfermedad mental del protagonista. Muchas películas o series han abordado con inteligencia y profundidad la salud mental, aunque muy pocas se han acercado a la verdadera dimensión del sufrimiento que padecen las personas con algún tipo de trastorno mental. Rose Cartwright lo sabe muy bien, porque padece desde los 15 años TOC (Trastorno Obsesivo compulsivo) popularmente conocido como “Pure O” o “TOC puramente obsesivo”, caracterizado por la presencia permanente de pensamientos intrusivos con los que es difícil convivir. Pueden ser pensamientos que ponen en tela de juicio tus sentimientos hacia tus seres queridos, de naturaleza violenta o, como le ocurre a Rose, de carácter sexual. La experiencia de la enfermedad le llevó a plasmar todas esas vivencias y traumas en el libro Pure, de enorme éxito. Ahora, nos llega la adaptación de la novela en forma de una serie de 6 capítulos de 35 minutos cada uno, con un guión que firman Kristie Swain y la propia Rose Cartwright, en el que nos sitúan en el interior de la mente de Marnie, una joven de 24 años que lleva una década padeciendo TOC, sin saberlo todavía.

La serie arranca en un pequeño pueblo de Escocia, en la fiesta de aniversario de los padres de Marnie, y en el momento que la joven hace su discurso, el TOC le juega una mala pasada y comienza a desvelar secretos a todos los presentes, incluidos sus padres, y sobre todo, a imaginárselos desnudos y en una orgía con todos los presentes. Después de esa experiencia, Marnie pone tierra de por medio y se traslada a la urbe de Londres, donde quizás, siendo una más, pasar desapercibida, conocerse mejor y encontrar su lugar en el mundo. A través de una serie de circunstancias divertidas e incómodas, descubrirá que padece TOC, y empezará a conocerse mejor y ser ella misma. La serie dirigida por Aneil Kara y Alicia MacDonald, sigue la cotidianidad de Marnie, una joven enfrentada a Londres y sobre todo, a su TOC, en un tono de comedia dramática muy interesante y audaz, mostrando sin ningún tipo de tabúes ni prejuicios, la enfermedad mental, y todas las circunstancias angustiosas y hostiles que sufre Marnie, en la que emerge su maravillosa capacidad y resolución en la manera de enfrentarse a la enfermedad, donde el humor, la mejor herramienta para combatir el dolor y al trsiteza, se convierte en norma constante, presidiendo muchos momentos de la serie, y sobre todo, encarando con naturalidad y verosimilitud muchos de los instantes que provoca el TOC. Marnie piensa inicialmente que todo se deriva en problemas de identidad sexual, añadida a la tremenda dificultad para relacionarse con los demás, las incontables meteduras de pata y equívocos en los que acaba la joven, y sobre todo, la complejidad en sus relaciones sexuales, creyendo que es algo que tiene que ver con su trastorno.

Por ese camino tortuoso y difícil, Marnie se cruzará con una serie de personajes muy diferentes a ella, llevándola a situaciones comprometidas y cómicas, tropezándose con Shereen, una antigua compañera de universidad, que es toda bondad, dulce y cariñosa que, le ofrecerá una habitación donde quedarse. También conocerá a Amber, lesbiana y de carácter, que le ofrecerá un empleo como becaria en una revista feminista. Luego aparecerá Charlie, un joven en terapia por una psicopatología sexual, que se convertirá en un aliado con el que poder hablar. Joe, un joven atractivo y simpático, por el que sentirá fuertemente atraída sexualmente, que la llevará a situaciones muy difíciles. Y finalmente, el pasado volverá en forma de Helen, su amiga del alma, que también le provocará experiencias complejas y oscuras. Cartwright y Swain han construido una serie dinámica, ágil y llena de situaciones de toda naturaleza, en que el personaje de Marnie andará de aquí para allá, intentando comprenderse cada día más, y sometiéndose a terapia para vivir con menos dolor y angustia su problema.

Las experiencias londinenses de Marnie se convierten en el centro de la acción, sumergida en una ciudad de ocho millones de almas en busca de cariño, felicidad y compañía, como en cualquier otra parte del mundo, con la enfermedad mental de Marnie como eje de la trama, mostrándola de forma natural y sin tapujos, de manera transparente, y sobre todo, con carácter didáctico, y explorando con clarividencia y sobriedad todos los problemas y situaciones que acarrea a las personas que la padecen, tratándola de un modo personal y social, y la dificultad que tienen los enfermos en su cotidianidad y sobre todo, en sus relaciones sociales y sexuales, como en el caso de Marnie. Otra dificultad que se cernía en la adaptación de la serie era encontrar a la actriz que encarnase a Marnie, y la han encontrado en la joven semidesconocida Charly Clive, que había estado girando por el Reino Unido con el espectáculo “Britney”, escrito y protagonizado por ella misma, en la que abordaba el tema del tumor cerebral que sufrió con 23 años, bautizado con el nombre del espectáculo. Charly Clive se magnetiza con su personaje, desbordando la pantalla con su rostro, gestos y carisma, dotando de naturalidad y comicidad a un personaje que sufre y padece mucho una enfermedad difícil y compleja, convirtiéndose en la mejor imagen que pudiera tener la serie, mostrando no solo la enfermedad y su cotidianidad, sino la dificultad de vernos como somos y toda la complejidad que nos lleva a vernos en los demás y relacionarnos con el otro.

Bien secundada por Kiran Sonia Sawar que hace de Shereen, el contrapunto perfecto a esa vida caótica y dolorosa de Marnie. Niamh Algar como Amber, que introducirá a Marnie en el trabajo y veremos la realidad de muchas mujeres en que el sexo se convierte a veces en un problema para entablar relaciones más sólidas. Joe Cole da vida a Charlie, confidente y amigo de Marnie, que es como ese espejo donde reflejarse cuando las fuerzas decaen y la joven se siente muy perdida y abatida. Joe que interpreta Anthoy Welsh es ese hombre masculino, protector y sexual que se convertirá en un problema para Marnie debido a su enfermedad. Helen que hace Olive Gray, esa amiga del pasado que aparece para desmontarlo todo y crear un cisma entre ellas difícil de resolver. Las tramas secundarias funcionan de forma estupenda, abordando temas de índole sexual, como el trastorno de Charlie, que ayuda a entender mucho más todo lo que le ocurre a Marnie y su entorno.

La deliciosa y magnífica banda sonora con temas sesenteros de Petula Clarck, The Edels, The Stone Ponkeys, The Kinks, The Walker Brothers o Marbara Mason, entre otros, música ochentera de los Altered Images, jugosísimas versiones de temas inolvidables como el “Just Can’t Get Enough”, de Nouvelle Vague y el “It’s a Wonderful Life”, de Sparklehorse, temas de la siempre interesante Julia Holter, el disco de Flicker Music, o ese temazo que es “Jezahel”, de la grandísima Shirley Basey, acompañan a las imágenes de forma intensa, sensible y extraordinaria. La serie, al igual que sucede con Joker, es un excelente y sensible relato sobre la cotidianidad de un enfermo mental, en este caso de TOC, ayudando a visibilizar la enfermedad y sobre todo, a ayudar a las personas de cómo relacionarse frente a una persona con un trastorno mental como este, mostrando todos los problemas internos que padecen y sufren, rompiendo todos los mitos y prejuicios absurdos creados e instalados en la sociedad en relación a la salud mental.  Pure se erige como una magnífica y sorprendente tragicomedia sobre una mujer que, aparte de lidiar con el TOC, que no es poco, deberá redescubrirse a sí misma, en una ciudad ajena a ella, con nuevas amistades, conocerse en profundidad y batallar con su enfermedad y sobre todo, encontrarse a ella misma y seguir avanzando, aunque para ello deba retroceder dos pasos hacia atrás, para así coger impulso y enfrentarse con más y mejores armas a su problema mental y encararlo con valentía y coraje, para ir aceptándolo y sintiéndose más fuerte y vital. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

< 3, de María Antón Cabot

CALEIDOSCOPIO DEL AMOR JUVENIL.

“La verdad no está en un sueño, sino en muchos sueños”

Pier Paolo Pasolini

En 1965 cuando Pasolini estrenó Comizi d’amore, pretendía reflejar la sociedad italiana a través de sus pulsiones y testimonios sobre las cuestiones del amor y el deseo, mediante entrevistas realizadas por él mismo a todo tipo de transeúntes improvisadas en mitad de la calle. Medio siglo después y con el mismo espíritu del poeta italiano,  María Antón Cabot se planta en el parque del Retiro de Madrid durante los tres veranos que abarcan del 2015 al 2017 para retratar su paisaje, en el que encuentra a jóvenes nerviosos, jugando al amor y al deseo, entre risas, obsesionados con las pantallas de sus móviles, parloteando entre ellos sobre sus cuestiones amorosas. Cabot surgida del colectivo lacasinegra, grupo que conocíamos por su largo Pas à Gènève (2014) y sus trabajos experimentales sobre los nuevos conceptos de la imagen en la era digital, echa mano en la producción de Carlos Pardo Ros, otro “casinegra”, para acercarse a ese mundo juvenil y entrevistarlos improvisadamente, como lo hizo Pasolini, sobre sus deseos, amores y sentimientos. Las respuestas son nerviosas, entre risas y miradas confidentes entre ellos, contestan apresuradamente, cortadamente, desde esas primeras veces en el amor y en el deseo, sus primeras alegrías, besos, amores, frustraciones, desilusiones y agitaciones.

Cabot no solo se queda ensimismada en el paisaje estival, sino que lo mira y retrata desde el observador inquieto y paciente, esperando su oportunidad, su momento, su instante, capturando ese universo fugaz y efímero de la juventud, todo se mueve entre la hipérbole, la fantasía y la irrealidad, esa misma irrealidad con la que la directora madrileña nos da la bienvenida a su película-documento, con esas ilustraciones coloridas en movimiento creando esas fantasías y pulsiones que mucho tienen que ver con los sentimientos de los jóvenes que retrata, a partir de los colores que podemos encontrar en los fondos de pantalla de los móviles, indispensables herramientas para conocer, chatear y jugar al amor. El retrato que hace Cabot es sincero e íntimo, se detiene en esa amalgama de vidas e ideas y venidas que es el parque en verano, retratando a como esa juventud de aquí y ahora se mueve en los espacios del amor y el deseo, unas formas muy diferentes a la juventud de antes, pero, como viene a indicarnos la película, las personas siguen queriendo lo mismo que aquellos que los precedieron, esa incesante y compleja búsqueda del amor y sentirse deseados.

A partir de un documento que no solo retrata a la juventud actual y sus cosas del amor, Cabot va mucho más allá, y lo hace, y esto tiene mucho mérito, a través de un dispositivo sencillo y muy acertado, mirar el parque y su colectivo humano, sobre todo, el más juvenil, mirándolos como son, sin etiquetas y convenciones sociales, capturando sus miradas, gestos, cuerpos, movimientos y testimonios, cara a cara, a su misma altura, de manera directa y verdadera, donde no hay filtros ni espejos deformantes, sino una mirada lúcida, limpia y tranquila, desde la inquietud del que mira, observa y pregunta a aquellos que interesan y sobre todo, escucha sus reacciones, pensamientos y sentimientos, dándoles esa voz que quizás deberíamos darle, y no sacar conclusiones apresuradas y poco acertadas cimentadas entre la desconfianza y la desinformación, sin juzgar a las personas anónimas que les ofrecen sus testimonios y un espacio de su privacidad. Y además, el personaje de Ana que abre y cierra la película, encontrando entre tanta maraña de personas anónimas un sentido a su forma de pensar, relacionarse y sentir.

< 3 (que son el símbolo y el número para escribir un corazón rojo en los dispositivos móviles) título claramente clarificador sobre las herramientas que usan los jóvenes para relacionarse, se mira con la belleza de lo cotidiano, hipnotizado por sus cotidianas y naturales imágenes que nos van rodeando y sumergiéndonos en ese universo de primeros deseos y amores, una película que se une a otros espejos sobre la juventud de los últimos tiempos como Quién lo impide, de Jonás Trueba, donde a través de una serie de películas hibridas entre el documento y la ficción, exploran a los jóvenes y sus inquietudes sobre la vida y el amor, así como Las primeras soledades, de Claire Simon, en la que nos introducía en un instituto y daba la palabra a unos jóvenes franceses de barrios en la periferia para escuchar sus testimonios sobre la soledad, el dolor y demás oscuridades de sus vidas. < 3 es una película maravillosa, deslumbrante y viva, sobre los jóvenes de ahora, sus ilusiones y frustraciones a través del amor y el deseo, y también, es un retrato fiel y emocionante sobre la sociedad y nuestras formas de mirar, relacionarnos, amar y desear. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/294018147″>&lt; 3 / Teaser #1</a> from <a href=”https://vimeo.com/dveinfilms”>DVEIN Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Leticia Dolera

Entrevista a Leticia Dolera, actriz y directora de la serie “Vida perfecta”. El encuentro tuvo lugar el martes 15 de octubre de 2019 en el auditorio del Movistar Centre en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Leticia Dolera, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Deborah Palomo y Nuria Terrón de Ellas comunicación, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Enric Auquer

Entrevista a Enric Auquer, actor de la serie “Vida perfecta”, de Leticia Dolera. El encuentro tuvo lugar el martes 15 de octubre de 2019 en el auditorio del Movistar Centre en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Enric Auquer, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Deborah Palomo y Nuria Terrón de Ellas comunicación, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Carlos Marques-Marcet

Entrevista a Carlos Marques-Marcet, director de la película “Los días que vendrán”, en el Soho House en Barcelona, el martes 25 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Marques-Marcet, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Paula Álvarez de Avalon, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Yuli, de Icíar Bollaín

EL NIÑO QUE NO QUERÍA BAILAR.

“La soledad no te abandona nunca”.

Existen muchas maneras de abordar el género biográfico en el cine, aunque las más habituales suelen ser aquellas películas en las que se sigue de forma lineal y convencional la vida en cuestión de los retratados. En la mayoría de los casos resultan cintas meramente ilustrativas de las partes más exitosas y amables de las vidas de las personas en cuestión, y en muchos casos, se obvian de manera intencionada las partes más oscuras y complejas, creando una imagen totalmente falseada y poco creíble de sus existencias. En otros casos, en los menos, las biografías van mucho más allá, en las que el material biográfico adquiere una dimensión distinta, tanto en su forma como en su fondo, experimentando y resolviendo con holgura aquellas partes menos complacientes, aquellas que, en muchos casos, nos dan una visión más certera y sincera del personaje que tenemos delante, dotándolo de una veracidad y naturalidad que se convierte en otro aliciente muy interesante de la película, marcando esa fuerza y magnetismo que caracteriza al baile de Carlos Acosta y su magia a la hora de bailar y transmitir ese magma de sensaciones y sentimientos.

Aunque el cine de Icíar Bollaín (Madrid, 1967) siempre ha sido sensible a los problemas de índole personal y social, nunca antes había abordado la biografía de alguien real, sin embargo, su película nos sumerge en otro estado, mezclando con acierto y sabiduría la ficción y el documental, en la que el propio retratado, Carlos Acosta (La Habana, Cuba, 1973) se interpreta a sí mismo, y reinterpreta en forma de danza encima de un escenario las partes de su vida, con la ayuda de su compañía de ballet, y por otro lado, se acude a la ficción para relatar su vida desde que era un niño y se negaba a bailar, y también, en la juventud, cuando se convertirá en la primera figura del “The Royal Ballet” en la Opera House de Londres. Bollaín vuelve a contar con la figura del guionista Paul Laverty (Calcuta, India, 1957) como lo hiciese en También la lluvia (2010) y en El olivo (2016) y apoyándose en No Way Home, la autobiografía escrita por el propio Carlos Acosta, para contarnos con suma delicadeza y honestidad la historia de Carlos, apodado “Yuli” por su padre que le obliga a bailar, a comienzos de los 80, en un barrio humilde de La Habana, cuando la isla gozaba del apoyo soviético y las cosas funcionaban de otra manera.

Bollaín nos acerca a la realidad cubana desde el observador que explica cada relación humana y detalle, sin caer en el sentimentalismo o la condescendencia, midiendo con sumo cuidado la distancia elegida y la complejidad del relato que tiene entre manos, narrando con pulso firme y reposo una historia durante casi 40 años, donde la realidad cubana pasa por muchas situaciones: la ruptura familiar de la madre de Carlos, a finales de los 80, las necesidades sociales y económicas de los habitantes de Cuba, y el éxodo migratorio de los 90 cuando el amparo soviético terminó, todo ligado de manera sencilla y natural con la vida de éxito de Carlos, sus hazañas encima del escenario, su vida fría y solitaria den Londres, entregado en cuerpo y alma a su arte, y la difícil distancia con su familia a la que ve poco, y no menos durísima relación con un padre demasiado autoritario y encerrado en sí mismo. La película goza de una luz brillante y oscura de Álex Catalán, que ya había estado en También la lluvia (otra producción rodada en territorios americanos) y el certero y sensible montaje de Nacho Ruiz Capillas (habitual de Bollaín) y qué decir de la agradable y sensual música del gran Alberto Iglesias (que repite con asiduidad con la directora) y las brillantes coreografías de Maria Rovira, filmadas con elegancia y pasión, que nos envuelven en ese aroma del tiempo y la memoria que recoge la película, reinterpretando la historia y aquello que tiene que ver con lo más personal e íntimo.

Un reparto poderoso y cercano hacen el resto, arrancando con la estupenda interpretación del niño Edilson Manuel Olbera, dando vida a Carlos de niño, un niño atrapado en el baile y en la maraña dictatorial de una padre severo, y Kevin Martínez, bailarín profesional que hace de Carlos de joven, y no menos, la presencia de Santiago Alfonso como padre, una figura esencial en el ballet cubano, y el propio Carlos Acosta, con su figura imponente y elasticidad, que consigue sumergirnos en su vida a través del ballet, de esos cuerpos en movimiento y volando, logrando entender y hacernos comprender que todo lo vivido, tanto bueno como malo, tiene momentos brillantes y también, oscuros, incluso muy oscuros, porque la película nos habla de las relaciones humanas, de la familia, del abandono, de la ausencia, de la distancia, de todo un país, y sobre todo, nos habla de nuestras raíces, de nosotros mismos y de todos aquellos que nos rodean y en definitiva, de quiénes somos y hacia adónde vamos, que caminos tomamos y aquellos que dejamos de tomar o nunca tomaremos.

Entrevista a Meritxell Colell

Entrevista a Meritxell Colell, directora de la película “Con el viento”, en la cafetería del Hotel Ibis en Barcelona, el viernes 16 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Merixtell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Xan Gómez de Numax Distribución, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.