Entrevista a Xacio Baño

Entrevista a Xacio Baño, director de la película “Augas Abisais”, en el marco del D’A Film Festival, en la Plaza Joan Corominas en Barcelona, el domingo 9 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xacio Baño, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Eva Herrero de Madavenue, y al equipo del D’A Film Festival, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Javier Fernández Vázquez

Entrevista a Javier Fernández Vázquez, director de la película “Anunciaron tormenta”, en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Regina en Barcelona, el jueves 6 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Javier Fernández Vázquez, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del D’A Film Festival, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Max Lemcke

Entrevista a Max Lemcke, director de la película “Billy”, en su domicilio en Hospitalet de Llobregat, el viernes 17 de septiembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Max Lemcke, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de ArteGB, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Ramón Lluís Bande

Entrevista a Ramón Lluís Bande, director de la película “Vaca mugiendo entre ruinas”, en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Regina en Barcelona, el martes 4 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ramón Lluís Bande, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del D’A Film Festival, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

La metamorfosis de los pájaros, de Catarina Vasconcelos

LOS FANTASMAS Y SUS RECUERDOS.

“Los muertos no saben que están muertos. La muerte es asunto de los vivos”.

Reconstruir la memoria siempre ha sido un proceso arduo y muy complejo. En ocasiones, la memoria es un ejercicio imposible lleno de oscuridades, silencios y documentación. El gran cineasta Chris Marker (1921-2012), uno de los grandes ensayistas cinematográficos que más trabajó la memoria, su construcción y el archivo, nunca trató de persuadirnos a través de la verdad, si no a través de la vida, de ese compendio de lugares, recuerdos, escritos, imágenes y sobre todo, de invención, una ficción que ayudase a recordar, a componer la memoria perdida y olvidada, a ocupar tantos espacios vacíos cuando hay tanto desierto. La memoria es el vehículo de los trabajos de Catarina Vasconcelos (Lisboa, Portugal, 1986), como dejó claro en su trabajo final de carrera. En el cortometraje Metáfora ou a Tristeza Virada de Avesso (2014), donde indagaba en el duelo por la muerte de su madre y la revolución portuguesa con imágenes en Super8.

La directora lusa en su opera prima vuelve a la memoria y a la memoria de su madre, de su abuela, y de todas las madres. Arranca con sus abuelos, Beatriz y Henrique, y sus seis hijos, entre ellos, el mayor, Jacinto, el padre de la directora. Con una mirada íntima y muy personal, Vasconcelos arma entre el ensayo, el documental, la ficción, el género fantástico, y la poesía, una fábula que no solo nos sumerge en la vida de su familia, sino en la sociedad portuguesa, con sus alegrías y tristezas. Todo rezuma verdad, una verdad extraída de la correspondencia de sus abuelos, los recuerdos de sus tíos y de su padre, y sus propios recuerdos. Un conmovedor y sensible calidoscopio de imágenes sobrecogedoras, de una belleza plástica abrumadora, ayudada por el formato cuadrado en un grandioso trabajo de cinematografía que firma Paulo Menezes, y no menos impactante resulta el minucioso y detallista trabajo de edición de Francisco Moreira, que sabe darle cadencia o ritmo a tantas imágenes, que nos van guiando por esta travesía sobre el tiempo, la memoria de los que ya no están, y todas aquellas sombras y espectros que quedan en el interior de nosotros.

La voz en off compuesta por diferentes voces que nos ayudan a explorar el pasado y el presente, a mirar y mirarnos, a esculpir en el tiempo, que mencionaba Tarkovsky, a ejercitar nuestra memoria y a perdernos y encontrarnos en ese tiempo indefinido, un tiempo que condensa muchos tiempos, muchos recuerdos, muchas imágenes, reconstruyendo una memoria, mediante herramientas de archivo, con las fotografías que nos transportan a otra época y lugar, a otra forma de mirar y sentir, con la maravillosa metáfora de Jacinto, el niño que creía ser un pájaro, que imaginaba su vuelo y andaba en las ramas. Vasconcelos tiene una asombrosa habilidad para ir de un tiempo a otro, de aglutinar el tiempo de su familia en un casa o en un bosque, un tiempo que se diluye en el presente que se filma la película, un presente de aquí y ahora que es todos los tiempos, que es todos los lugares de su familia, que son todas las madres de su familia, que son todos los que ya no están. La directora portuguesa se toma su tiempo en crear su tiempo y su memoria, en reconstruir una memoria en la que apenas tiene imágenes y archivo al que recurrir, ella ha de inventarse la realidad, lo real como ficción, una ficción que ayude a acercarnos esa realidad y la memoria de los suyos.

Un trabajo parecido al que hizo en El gran vuelo (2014), de Carolina Astudillo, en la que construía la memoria de Clara Pueyo Jurnet, dirigente comunista desparecida a principios de los cuarenta, a través de imágenes de otros, imágenes de su época que la ayudaban a reconstruir la vida de alguien en el que apenas quedaban huellas. La abuela Beatriz, “Triz” como la llama la directora, criando sola a sus seis hijos. Su marido Henrique, el marinero ausente, Jacinto, el hijo mayor, el que quería ser pájaro, padre de la directora, y la propia cineasta, recuerdan, vuelven al lugar de los hechos, y nos hablan sobre todos esos fantasmas que ya no están, todos aquellos que partieron, todos los recuerdos que les dejaron, toda la vida que vivieron, todo lo que hicieron, todo lo que fueron y lo que son para los vivos, para los que se quedan. La metamorfosis de los pájaros no es solo una película, es mucho más, porque tiene el poder de traspasar la pantalla y traspasarnos a nosotros mismos, sumergiéndonos en la memoria de una familia como cualquier otra en aquellos años en Portugal, pero tan cerca que podría ser nuestra familia, con sus secretos y sus misterios.

Un relato profundo, fascinante y extraordinario, lleno de silencios y de habitaciones secretas que está contado como un cuento, junto al fuego, en las noches donde el silencio se apodera de todo, donde todos quieren escuchar y sobre todo, quieren saber y adentrarse en el pasado y en el tiempo de los fantasmas y recuerdos familiares. Una fábula sobre la memoria, sobre como recordamos, con ese ritmo cadencioso, como si se tratase de una vela encendida mecida por el viento, con ese misterio donde los muertos cobran vida a través de los vivos, a través de sus recuerdos, de sus escasísimas huellas, y la memoria como motor esencial que nos ayuda a saber de dónde venimos, a recomponernos y sobre todo, a mirarnos a través de los otros, de los que nos precedieron, de los que nos ayudaron a estar donde estamos, a recordarlos con una mirada serena, a caminar hacia adelante sin olvidar el pasado y nuestro pasado, en este continuo pasado-presente en el que estamos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pedro Kanblue

Entrevista a Pedro Kanblue, director de la película “Los continentes”, en el marco del D’A Film Festival, en el Teatre CCCB en Barcelona, el domingo 2 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro Kanblue, por su tiempo, generosidad y cariño, al equipo del D’A Film Festival, por su apoyo, generosidad, cariño, tiempo y amabilidad, y a mi querido Óscar Fernández Orengo, autor de la fotografía que encabeza la publicación, por todo y mucho más.

La mujer que escapó, de Hong Sangsoo

TIEMPO EN SOLEDAD, TIEMPO PARA COMPARTIR.

“La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente”.

Carmen Martín Gaite

Erase una vez una mujer llamada Gamhee, casada desde hace cinco años. Por primera vez, se han separado porque su marido se ha ido de viaje. Circunstancia que la mujer ha aprovechado para visitar a tres amigas, tres amigas que hace mucho tiempo que no ve. La primera, Young-Soon, cuida de su jardín y vive tranquilamente, después de un durísimo divorcio. La segunda, Suyong, profesora de pilates, se gana muy bien la vida, vive sola en un estupendo apartamento. La tercera, totalmente inesperada, es Woojin, antigua compañera de clase, que se encuentra en un pequeño cine. Durante las tres visitas se habla mucho, se comparte comida, bebida, e intimidades, se habla de la vida, del tiempo, de la memoria, de comida, de alcohol, de sueños no realizados, de amor, de frustraciones, de errores, de amantes, de soledad, y sobre todo, se habla de todo aquello que nunca decimos, ni a los demás ni a nosotros. Un diálogo sincero y honesto, una conversación dirigida a uno mismo que se comparte con la persona que tenemos delante.

Desde 1996, Hong Sangsoo (Seúl, Corea del Sur, 1960), sigue al ritmo de una película por año. Sus veintitrés títulos tendrían su reflejo en Las variaciones Goldberg, de Bach, donde un tema único tiene hasta treinta variaciones distintas, donde la música es otra sin dejar de ser la misma. Una filmografía con innumerables espacios y elementos en común, desde Kim Minhee, su inseparable actriz, siete películas juntos. La cálida y sensible forma de filmar, con planos secuencias medios que mediante un zoom inesperado, encuadra a sus personajes, donde el movimiento se impone si el personaje se mueve, y la música aparece para resignificar algún detalle o dar paso a la próxima secuencia. Sus relatos hablan de sí mismo, como sucedía en el cine de Bergman, donde la realidad y al ficción siempre van de la mano, como si cada película fuese una sesión de psicoanálisis donde el propio Hangsoo y sus personajes de ficción trasladan sus vivencias a la pantalla, donde sus conflictos giran en torno al trabajo, la comedia, la bebida, el amor, los encuentros y desencuentros de sus personajes, unos individuos a la deriva, vacíos, que se sienten solos, incapaces de encontrar la felicidad y sobre todo, un amor real, un amor que los llene y los haga mejores.

Cine de ahora, de nuestros males como sociedad, y las continuas torpezas con nuestros sentimientos y nuestro lugar en el mundo, viviendo en esa permanente insatisfacción e impotentes para conocernos mejor, tomar mejores decisiones y amarnos más. En La mujer que escapó se habla muchísimo, como ocurre en el cine del cineasta coreano, pero nada se dice por decir, todo va encajando y todo tiene un sentido, son películas para escucharse, y para ver las reacciones y las pausas de los personajes cuando miran, escuchan y hablan. Cine para mirar con pausa, sin prisas, concentrados, sintiendo unos diálogos que nos dicen mucho más de lo que aparentan, sumergiéndonos en el interior de los personajes, sus sentimientos y en qué momento emocional se encuentran. En esta ocasión Sangsoo también firma el montaje, amén de la música, un cineasta demiurgo total, mira sus relatos a través de los personajes, una forma cada vez más depurada e intimista, donde cada vez hay más personaje y diálogo, llegando a esa forma de cine primitivo, donde la interpretación lo era todo, con esos conflictos que son mucho pero en la película se cuentan sin estridencias argumentales ni sobresaltos formales, todo mediante una comida, una bebida, un cigarrillo, un paseo, una película, y nada más.

Conversaciones que se verán interrumpidas por la aparición de hombres esperados e inesperados que nos llevarán a entender aún más si cabe la situación sentimental de estas mujeres, porque ante todo, el cine de Sangsoo es un cine de mujeres, de la femineidad, pero para todos los públicos, porque el director coreano habla desde el alma, nos habla desde lo más profundo, y esos conflictos que padecen esas mujeres los padecemos todos, eso sí, sintiéndolos de otras maneras. La citada Kim Minhee vuelve a asombrarnos con su suave y cercana interpretación de una mujer que escucha mucho y habla poco de ella que, por primera vez en cinco años, tiene tiempo para ella y sobre todo, para pensar en su matrimonio y en su existencia, Las Seo Younghwa y Song Seonmi, ya vistas en otras películas del director surcoreano, siguen esa estela de mujeres todavía rotas y en encrucijadas sentimentales de difícil solución, y Kim Saebyuk, nueva incorporación al universo peculiar y rohmeriano del cineasta, siendo esa mujer del pasado que tampoco le han ido las cosas como creía. Sangsoo vuelve a enamorarnos con su cine naturalista y especial, porque todo artificio que a otros le funciona o al menos así lo creen, al director coreano le sobra, porque como ocurre en muchas películas del citado Bergman o Woody Allen, es un cine de puertas entre abiertas, entradas que nos permiten escuchar a los personajes y conocerlos en su intimidad y en su profundidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jordi Boquet

Entrevista a Jordi Boquet, director de la película “Ni oblit ni perdó”, en su domicilio en Barcelona, el jueves 29 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Jordi Boquet Claramunt por haber hecho posible este encuentro.

Nación, de Margarita Ledo Andión

TODAS LAS MUJERES TRABAJADORAS.

Nación es cine de búsqueda, es lo real expresado a través de una propuesta autoral, es el cuerpo que respira con la película; es la restitución a la esfera pública de la mujer forzada a encerrarse, de nuevo, en un espacio velado. Es rastrear esas señales que están en la intimidad de la Historia”.

Margarita Ledo Andión

Los primeros instantes de Nación, dejan muy claros los caminos por donde transitará, porque vemos una plano fijo y actual, en la que filma frontalmente a Nieves P. Lusquiños, una mujer libre e independiente, sabia en sus reflexiones, y tranquila en su actitud, que pasa de los sesenta, una de las cinco mujeres que trabajaron en Pontesa a las que la película rescata, filma y escucha. También, veremos una filmación doméstica de un partido de fútbol femenino, allá por los primeros de los ochenta, y habrá espacio para escuchar el poema “Se Vivo”, recitado por su autora, Eva Veiga. Esa mezcla de imágenes, entre el documento testimonial, la imagen de archivo doméstico, y la poesía, fusionan de manera ejemplar en la película, dotando al conjunto de un caleidoscopio lleno de tiempo, memoria, mujeres, trabajo y sobre todo, visibilidad.

La cineasta Margarita Ledo Andión (Castro de Rei, Lugo, 1951), ha hecho un largo camino vital y profesional, desde la lucha antifranquista hasta las reivindicaciones feministas, ya sea desde su oficio como periodista, profesora, escritora y desde el siglo XXI a través del cine, con títulos como Santa Liberdade (2004), Liste, pronunciado Líster (2007), un díptico que rescataba hechos sobre la Guerra Civil que estaban ocultos, con A cicatriz branca (2012), película de ficción sobre la inmigración de mujeres gallegas a América a principios del siglo XX. Con Nación va mucho más allá que sus anteriores trabajos, porque toca muchos palos, con la intención de construir un relato sobre las mujeres trabajadores de loza Pontesa, en la ría de Vigo, sobre la libertad y la independencia que les dio el trabajo, recorriendo las cuatro décadas que permaneció abierta la factoría, con sus años de trabajo, de compañerismo y fraternidad, pasando por los últimos años de lucha obrera y sindical, intentando infructuosamente mantener su trabajo.

El relato se apoya en tres vértices fundamentales. El primero sería el propiamente documental, rescatando y visibilizando a cinco de estas mujeres trabajadores, con la citada Nieves a la cabeza, acompaña de Esther García Lorenzo, Manuela Nóvoa Pérez, Carmen Portela Lusquiños y Carmen Álvarez Seoane, que en planos frontales y en espacios públicos, que nos hablan a nosotros, los espectadores, de sus años en la fábrica y sus reivindicaciones laborales. El segundo sería el material de archivo con imágenes domésticas y comunales, en las que vemos los años de trabajo en la fábrica, con sus cambios políticos, sociales y culturales, hasta los años de hierro, con las huelgas, las trifulcas con la policía, los encierros en la empresa y demás luchas por mantener el trabajo. El tercer y último pilar de la película se sustenta en la poesía de la citada Veiga y Rafa Lobelle, citadas por la propia Veiga, y tres actrices, que escenifican el trabajo arrancando con los años duros del franquismo y la represión que sufrieron muchas mujeres, luego, el trabajo precario femenino, y para cerrar, el fin de la fábrica, y la necesidad de seguir en el camino, en la de seguir luchando y resistiendo los avatares de la vida.

Ledo Andión construye una forma quieta, donde la cámara apenas se desplaza en alguna secuencia, como hacía Agnès Varda en su díptico de Los espigadores y la espigadora, recupera y reivindica el espacio y la intimidad femenina, con esas señas de identidad del cine poderoso y transparente de Chantal Akerman, explorando y profundizando en el ámbito personal e interior de lo femenino que tanto investigó Marguerite Duras en su literatura y cine, con esa posición política y personal del cine de Joaquim Jordà, con su monumental díptico Numax presenta… y Veinte años no es nada, memoria sobre el trabajo y su lucha. Referentes e inspiraciones que le sirven a la cineasta galega para  crear una película muy personal y social, con una mirada única y singular en el panorama nacional, y devolviendo al cine esa mirada personal y política que tanto ha perdido, y devolviendo al cine su condición de testigo y humanista filmando a obreras y el trabajo, y su lucha, que coincide con El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco, otra película hermana, que también recoge la destrucción del tejido industrial de principios de los noventa en la región de Murcia, cuando el país se empeñaba en mirar a otro lado en tono festivo.

Margarita Ledo Andión, después de ocho años sin dirigir, vuelve al cine por la puerta grande, construyendo una película inmensa y magnífica película, llena de grandes instantes, recuperando una memoria que muchos ocultan o se niegan a reivindicar, filmando a un grupo de mujeres que son muchas mujeres, mujeres que trabajaron en la industria de la comida y el vestido, que con su trabajo ayudaron a modernizar el país oscuro y arcaico del franquismo, y que la ansiada democracia no les devolvió su trabajo y lucha, y las volvió a ensombrecer, aunque ya había un espacio para seguir luchando y dejar de ser invisibles. La película adopta y acoge de forma natural y sin artificios, una multiplasticidad de formatos, texturas, miradas y posiciones,  que va desde lo íntimo e invisible a lo público y lo visible, recuperando a la mujer trabajadora, pasando por la memoria, lo real, lo imaginario y lo simbólico, entre el documento, el archivo, la ficción, el ensayo, la poesía, cogiendo de aquí y de allá, construyendo una película honesta y sobre todo, humanista, mirándose al espejo de grandes nombres como los ya citados, a los que podríamos incluir cineastas sobre lo humano como los Renoir, Rossellini, Angelopoulos, Tarr, Kaurismaki, entre otros, que investigan y profundizan en el ser humano, sus circunstancias y su forma de vivir y trabajar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/455005270″>Trailer ‘Naci&oacute;n’ (Margarita Ledo Andi&oacute;n) VO Galego</a> from <a href=”https://vimeo.com/user10957901″>N&oacute;scinema</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Occidente, de Jorge Acebo Canedo

LA MIRADA DE H.  

“¿Qué sucedía antes de que hubiera imagen?”.

A partir de los años sesenta, el cine empezó a intensificar su diálogo consigo mismo, lanzado a la búsqueda de su interior, reflexionando sobre la historia y el tiempo a través de su propio componente cinematográfico. Cine reflexivo, cine político, cine humanista, cine capaz de mirar el entorno social con herramientas propias de la ficción, el documental y el ensayo. Un cine que dejase ser retrato de su tiempo, para hablar del tiempo, e ir mucho más allá, articulando un discurso sobre la vida, el tiempo y la humanidad en el propio cine y los personajes que lo habitan, cine no solo de su tiempo, sino que trascendiese a su época, para reflejar un estado de ánimo pesimista en una sociedad cada vez más alienada y vacía. Occidente, la opera prima de Jorge Acebo Canedo (Linselles-Nord, Francia, 1974), autor de varios cortometrajes, mira a ese cine de los sesenta deudor y construye su propio discurso de los tiempos actuales, el retrato de lo que fue y desapareció, el fin de la humanidad  como se reflejaba en El caballo de Turín, de Béla Tarr. El relato es sencillo y directo, H., un personaje del que conocemos muy poco, vuelve a la ciudad industrial (con la central nuclear de Ascó, en Tarragona, como monstruo omnipresente que lo engulle todo), con la excusa de hacer una película, con ese arranque maravilloso, con su cámara de Súper 8 filmando a un niño, instante que nos recuerda a la Liv Ullmann de Persona, de Bergman, cuando nos retrataba en un plano parecido.

Un personaje oscuro y cercano, que se mueve entre el vaquero crepuscular del cine de Peckinpah y Hellman, un tipo que no anda muy lejos del cineasta griego exiliado que vuelve a su tierra en La mirada de Ulises, de Angelopoulos, en busca de esa primera imagen, de situar la inocencia frente a la barbarie de su país. En esa ciudad sin tiempo, sin nombre y llena de seres casi invisibles, que lo único que importa es seguir produciendo, no sabe qué ni para qué, se reencontrará con Gloria, un antiguo amor, totalmente alienada en un lugar vacío, sin arte, sin nada que se parezca a lo humano, como los tipos con los que se tropezará. El viejo loco que guarda imágenes sin sentido que nunca ve ni aprecia y desconoce que son, y se dedica a hacer porno para alimentar a los trabajadores que es lo único que consumen, o el esbirro al servicio de ese poder invisible que solo hace lo que le dicen aunque eso sea humillar a los demás, como el caso de Gloria que se dedica a satisfacer las necesidades depravadas del amo.

En la primera parte nos muestran una sociedad sin referentes culturales, sin reflexión, sin nada humano, solo seres explotados y explotadores en un tiempo sin futuro, sin pasado y vacío. Una ciudad sombría y muy oscura que destacan las diversas luces de neón, característica del cine asiático de Kar-wai o los recientes cineastas chinos como Bi Gan y Diao Yinan, entre otros, con esas habitaciones de paso, sin vida, sin nada, grandísimo trabajo del cinematógrafo Carlos Villaoslada, como el interesante trabajo de montaje de Manu de la Reina, o el fantástico empleo del sonido de Álvaro Cruz. En la segunda mitad, la película se traslada fuera de todo ese entramado industrial, y se va a lo rural, o lo que fue, donde la pareja protagonista se tropezará con un tipo que vive entre naturaleza y ruina, a modo de ermitaño viviendo de lo que le da la naturaleza. Los tres permanecerán en ese lugar, esperando algo que quizás no se produce. Una parte que entronca directamente con “La zona” que retrataba Tarkovsky en Stalker.

El director afincado en Tarragona no esconde sus referentes, todo lo contrario, los evidencia sin ningún pudor, como las películas políticas de Godard, como Alphaville, La chinoise o Todo va bien, el cine intenso, político y metafórico de Saura, y El desierto rojo, de Antonioni, donde la mirada crítica y desoladora a un capitalismo salvaje que lo elimina todo, y convierte la vida en una mera sombra y muy sórdida. El excelente reparto encabezado por un carismático y extraordinario actor como Francesc Garrido, una especie de caballero errante, uno de aquellos de hidalga figura, un quijotesco luchando ferozmente contra molinos industriales, casi un espectro de sí mismo, una especie de Marlowe, sin caso y sin femme fatale, bien acompañado por una Paula Bertolín, como Gloria, esa mujer humillada y aplastada por el poder, convertida en una más, en alguien sin esperanza e ignorante de todo, que despertará peor quizás ya sea tarde, con el gran Mario Gas como el viejo director de cine apagado y sin vida, un Isak Férriz, siempre eficaz, matón a sueldo de un mundo decadente y salvaje, y finalmente, la presencia de Gonzalo Cunill, un actor arrollador, físico y un aliado en esa travesía por el desierto que emprende la pareja.

La propuesta radical, abstracta y transgresora de Acebo Canedo no deja indiferente, porque construye todo un entramado narrativo y formal serio y audaz, cogiendo de aquí y de allá, explorando el cine y toda su estructura, desde la ficción, el documento, el ensayo, el experimental, y demás componentes, así como la literatura, la pintura, y demás referentes artísticos, creando ese mundo distópico, muy de aquí y ahora, como todas las grandes obras de la ciencia-ficción, reformulando el cine y su principal propósito de un arte capaz de registrar todos los cambios sociales, económicos, políticos y culturales de nuestra sociedad, y sobre todo, reflexionar con sus herramientas mirando a Occidente, o lo que queda de él, lo que fue y ya no es, un espacio abocada a la miseria moral, a la producción en cadena, y al vacío existencial más profundo, a un suicidio colectivo sin marcha atrás, eliminando al ser humano y el entorno natural, transformándolo en una nada infinita, por eso, aunque ya sea tarde y no tenga solución, la mirada de H., ese cineasta que en vez de armas, porta su cámara de Súper 8 para seguir filmando, aunque no sirva ya de nada, buscando la poesía, la verdad, esa primera imagen, o esa imagen inocente o la mirada inocente de las cosas, una mirada revolucionaria que aunque no despierta a los individuos ensimismados en ellos mismos, si que al menos deje constancia de lo que ocurre, sea quizás esa la primera y más importante función del arte, provocar la reflexión y la emoción de quién lo mira. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/338729241″>Occidente – Trailer – VO</a> from <a href=”https://vimeo.com/eldedoenelojo”>El Dedo en el Ojo SL</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>