Entrevista a Ariadna Cabrol, Yanet García, Coral González y Elvira Herrería

Entrevista a Ariadna Cabrol, Yanet García, Coral González y Elvira Herrería, actrices de la película “Bellezonismo”, dirigida por Jordi Arencón, en el Hotel Fairmont Rey Juan Carlos I en Barcelona, el lunes 8 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ariadna Cabrol, Yanet García, Coral González y Elvira Herrería, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

An Accidental Studio, de Bill Jones, Kim Leggatt y Ben Timlett

LA DÉCADA PRODIGIOSA.

“HandMade Films era un sinónimo de calidad, de que lo que se hacía era interesante, de algo atrevido”

Terry Gilliam

Desde el título de la película con la palabra “accidental” ya queda claro el nacimiento de una compañía cinematográfica que nació de forma no prevista, que apareció para acabar la película La vida de Brian, de los Monty Python, cuando la financiación proyectada no cubría los gastos de la producción. De la mano de Geroge Harrison, ex miembro de The Beatles, y fan incondicional del grupo satírico británico, que hipotecó su casa y oficina para reunir el dinero, junto a Denis O’Brien, experto en finanzas, nació HandMade Films, en aquel paupérrimo año de 1979, en el cual el cine británico se veía sumergido en una profunda crisis, provocada por la poca asistencia del público a las salas y la falta de ideas de una industria en el que su talento emigraba a EE.UU. La compañía acabó la película que se convirtió en un gran éxito, y de ahí, envalentonados y aupados por el suceso, se lanzaron a hacer las películas que nadie quería, las que, después de pasar por todas las oficinas, acababan en la productora como último intento, porque como apunta Harrison  “Hacer películas es mi forma de ayudar a la gente”, en una de las numerosas entrevistas de archivo que inundan la película.

Bill Jones (hijo de Terry Jones, uno de los Monty Python) junto a Kim Leggatt y Ben Timlett, firman esta película que recoge la trayectoria de la singular y peculiar productora cinematográfica, algo así como un faro de calidad e inconformismo en mitad del desierto de la industria británica. La compañía que se atrevía a hacer lo que nadie ni siquiera se planteaba. A través de numerosas entrevistas, algunas hechas para la ocasión, y otras rescatadas del archivo, en las que escuchamos a gente como Terry Gilliam, Helen Mirren, Michael Caine, Michael Palin, Richard E. Grant, Neil Jordan, Cathy Gibson, Bos Hoskins, Brenda Vaccaro, Terry Jones, John Cleese, Eric Idle, intérpretes y directores que pertenecieron a la plantilla en algún momento u otro, junto a otras entrevistas del propio George Harrison, Denis O’Brien, y otros miembros del staff de la compañía como Ray Cooper, Steve Abbott o George Ayoub, entre otros, dan buena cuenta de todo lo que se cocía en la insigne e irreverente oficina de la productora, siguiendo la estela de su primera película producida, La vida de Brian, abducidos por el espíritu Monty Python, donde todo es posible, y el humor se convierte en la mejor herramienta para luchar contra lo establecido, lo conservador y lo tradicionalista.

Los testimonios nos hablan de películas inclasificables, a contracorrientes, sinceras y sobre todo, producidas por el amor al cine y a la amistad, el deseo de que ciertas historias vieran la luz y se convirtiesen en películas, algunas con éxito que elevaron a la compañía hacia cotas de producción y financiación impensables, incluso para sus propios fundadores, perplejos de tanto éxito, como El largo Viernes Santo, de John MacKenzie, un interesante y sobrio ejercicio de film noir donde se hablaba de terrorismo, Los héroes del tiempo, de Terry Gilliam, con el aroma propio de los Monty Python, llena de viajes, aventuras y surrealismo, Una función privada, de Richard Loncraine, la posguerra británica vista desde la ironía que recuperaba el aroma de los Ealing Studios, y Mona Lisa, de Neil Jordan, una de los mejores títulos del cineasta británico en el que su inquietante atmósfera y aroma noir revelaba una historia de amour fou.

También hubieron otras que no llegaron al público, por su excesiva audacia, por fallidas o simplemente, se adelantaron a su tiempo, y a día de hoy, se reverencian como obras de culto para jóvenes de todas las edades como Withnail y yo, de Bruce Robinson, en la que se contaba de forma surrealista las penurias de dos jóvenes actores, Shangai Surprise, de Jim Goddard, en la que Madonna y Sean Penn, pareja por entonces, buscaban opio en un intento fallido de cine de aventuras exóticas, y algunas otras, como Loca juerga tropical o Monjas a la carrera, que debido a su transgresión y diferentes, quizás demasiado, fueron un fracaso estrepitoso, dejando un regusto amargo a HandMade Films, que arrancó como una compañía doméstica en que el cine era una idea loca y aventurera para convertirse en otra cosa, también aupada por los éxitos que obtuvo, en una compañía más profesional y menos libre, con más gastos y menos trato personal, con más empleados y menos fiestas.

La película se apoya en los testimonios, convirtiendo las entrevistas en el centro de la acción, llevándonos de forma ágil y rítmica por aquellos años, con muchísimo sentido del humor, haciéndonos viajar en el tiempo y en la historia de uno de los hits del cine, donde el cine británico se atrevió a soñar, a ser libre, a sentirse a sí mismo, levantando y produciendo cine diferente, cómico, alejado de todos y todo, en una aventura extraordinaria de enfrentarse a un negocio demasiado mercantilista, demasiado alejado del cine, del arte. El excepcional e histórico documento muestra, desde la nostalgia de una época dorada, una década prodigiosa, increíble y festiva, rescatando del olvido a todos aquellos chalados que se propusieron hacer el cine que sentían, que querían y que sobre todo, amaban, lanzándose al vacío rodeado de caras conocidas, de colegas de siempre, de mirar un tiempo que quizás la película mitifique, pero qué más da, porque hay cosas que simplemente se recuerdan así, recordando los mejores momentos, porque todos sabemos que momentos malos también hubieron, si, pero qué más da. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Encuentro con Krzysztof Piesiewicz

Encuentro con Krzysztof Piesiewicz, guionista del cineasta Krzysztof Kieslowski, con motivo del ciclo “Krzysztof Kieslowski: No oblidaràs!” que le dedica la Filmoteca de Catalunya, con la participación de Esteve Riambau, director Filmoteca, en Barcelona, el jueves 4 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Krzysztof Piesiewicz, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Joana Bardzinska, por su gran labor como intérprete,  y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Varda por Agnès, de Agnès Varda

LA DESPEDIDA DE AGNÈS.

“La gente que me rodea me fascina. No importa dónde se encuentre. En las calles de mi barrio de París, en Nueva York, sean los protagonistas de mis historias o gente corriente que me surge por una esquina”.

Agnès Varda.

El pasado 29 de marzo de este año fallecía Agnès Varda (Ixelles, Bélgica, 1928) una de las más grandes cineastas de la historia del cine, precursora en muchos aspectos cinematográficos, investigadora ferviente de la técnica y la representación artística en todos sus aspectos, materias y formas, que ha seguido explorando los caminos del cine hasta el fin de sus días. Ahora, nos llega su última película, su despedida del arte que más le ha dado en su vida, y adopta el título de Varda por Agnès, mismo título que el libro que en 1994 publicó la Cinemateca francesa con motivo de una retrospectiva. Una retrospectiva, un repaso minucioso y profundo de su obra guiada por ella es el contenido de la película. Una película que a modo de “MasterClass”, Agnès, la mujer nos habla de Varda, la cineasta, sumergiéndonos en un viaje dividido en dos partes bien diferenciadas. La primera, llamada “Analógica”, arranca en 1954 con La pointe courte, film que se adelantó a la Nouvelle Vague varios años, donde mezclaba la ficción en forma de historia de amor tormentosa con el documento, registrando la vida cotidiana de las gentes del lugar.

Este primer bloque concluirá con la película Las mil y una noches de 1994. La segunda parte a la que denominara “Digital”, se inicia con la película Los espigadores y la espigadora del año 2000 y finalizará en el 2018 con Caras y lugares. Varda sobre un escenario, sentada y micrófono en mano y dirigiéndose a diferentes públicos habla de su cine, su forma y fondo, pero no lo hace de forma cronológica, sino de forma asociativa, realizando continuos saltos en el tiempo, centrándose en las diferentes texturas y formas cinematográfica, adentrándose en movimientos de cámara, en aspectos de luz, la interpretación de sus actores y actrices (como ese momento impagable y maravilloso cuando Sandrine Bonnaire la visita, y desde la tarima donde está colocada la cámara, simulando un plano de Sin techo ni ley (el relato profundo e intenso de una vagabunda y su deambular conociendo personas de todo tipo)  la actriz y la cineasta conversan rememorando el citado rodaje de la película, en el que la vida y el cine se confunden y se mezclan maravillosamente bien para sumergirnos en una especie de limbo inigualable.

Varda nos habla con voz reposada y honesta profundizando en todos los detalles técnicos y emocionales de sus obras, contextualizándolas y sobre todo, detallando su aspecto anímico y las circunstancias de la película, el carácter indomable para levantar proyectos, su visión feminista en la que construyó inolvidables personajes femeninos, y criticó con dureza todas aquellas situaciones en las que se menospreciaba a las mujeres, una mujer libre y cautivadora como su cine que trabajó incansablemente para seguir en la brecha más de seis décadas y mostrando un espíritu libre y curioso que la acompañó hasta sus últimos años, con una obra compuesta de un puñado de cortometrajes, la veintena de títulos cinematográficos entre ficción y documental, o más bien podríamos decir que sus películas son obras que fusionan las dos formas de ver o de hacer, y su trabajo expositivo, en el que Varda da buena cuenta de sus instalaciones, sus orígenes y su realización. Para los que conocemos la intensa y magnífica obra de Varda, la película nos ayuda a recordar las películas, tanto sus aspectos argumentales y formales, como aquello de la vida que sucedía cuando se hacía la vida cinematográfica, que explica con detalle y emoción Ángel Quintana en su extraordinario libro Después del cine, cuando hacía referencia al rodaje de Casablanca, y toda la realidad vital de su equipo técnico y artístico en ese contexto histórico en plena Segunda Guerra Mundial.

También, es una película fantástica para todos aquellos que conozcan poco o nada la vida y obra de Varda, porque descubrirán por primera vez sus películas, todo su amor por el cine y la vida, como evidencia en su minuciosa explicación sobre el tiempo cuando rememora la película Cleo de 5 a 7, en la que la escasez económica propició una forma cinematográfica natural y a tiempo real. Y también, se emocionarán escuchando la sencillez y naturalidad de una mujer a contracorriente, una mujer inteligente y audaz, alguien que se enfrentó al cine y a todo su entorno masculino con el objetivo firme e inteligente de poder hacer cine y contar las historias que nadie había contado antes o simplemente ofrecer su mirada femenina a ciertos temas que antes solo habían tocado los hombres, vino para quedarse, para ir más allá, como su etapa estadounidense con un relato sobre hippies o filmando esos murales pintados que daban cuenta de una nueva forma de vida y expresión cultural.

Sus maravillosas La felicidad, en la que exponía con aplomo y sobriedad la vida conyugal enfrentada al amor intenso, Réponse de femmes: Notre corps, notre sexe, una pieza de 8 intensos minutos donde enfrentaba a la sociedad patriarcal con el testimonio de múltiples mujeres, Daguerréotypes, sobre los habitantes de la calle donde reside, Jacquot de Nantes, en la que describía la infancia de su marido Jacques Demy, o su última etapa y el descubrimiento de la tecnología digital que le ofreció hablarnos en primera persona de sus reflexiones sociales, culturales y económicas de los cambios en el nuevo milenio creando relatos sencillos, artesanales e intimistas, como una vuelta a los orígenes del cine, en títulos como Las playas de Agnès o la citada Caras y lugares, donde su presencia se hizo más evidente, más personal y sobre todo, haciendo gala de un humor irreverente, irónico y sagaz, dejando bien claro que el cine y la vida de Varda eran uno solo, y el cine seguía latiendo en su interior, independientemente del formato técnico que utilizaba en la que su mirada hacia las personas y los lugares seguía siendo libre, única, personal y muy profunda. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Encuentro con Bruce Beresford

Encuentro con el cineasta Bruce Beresford, con motivo del ciclo “Imatges dels antípodes” que le dedica la Filmoteca de Catalunya, con la participación de Esteve Riambau, director Filmoteca, y Cesc Casadesús, director Festival Grec, en Barcelona, el martes 2 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bruce Beresford, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Belén Simarro, por su gran labor como intérprete,  y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Natàlia Regàs

Entrevista a Natàlia Regàs, directora de la película “Cinema Mon amour”, en la cabina de proyección del Cinema Maldà en Barcelona, el martes 18 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Natàlia Regàs, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y al equipo de Cinema Maldà,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Mercè Sampietro

Entrevista a la actriz Mercè Sampietro, con motivo de la “Carta Blanca” que le dedica la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 11 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mercè Sampietro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.