La mujer que escapó, de Hong Sangsoo

TIEMPO EN SOLEDAD, TIEMPO PARA COMPARTIR.

“La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente”.

Carmen Martín Gaite

Erase una vez una mujer llamada Gamhee, casada desde hace cinco años. Por primera vez, se han separado porque su marido se ha ido de viaje. Circunstancia que la mujer ha aprovechado para visitar a tres amigas, tres amigas que hace mucho tiempo que no ve. La primera, Young-Soon, cuida de su jardín y vive tranquilamente, después de un durísimo divorcio. La segunda, Suyong, profesora de pilates, se gana muy bien la vida, vive sola en un estupendo apartamento. La tercera, totalmente inesperada, es Woojin, antigua compañera de clase, que se encuentra en un pequeño cine. Durante las tres visitas se habla mucho, se comparte comida, bebida, e intimidades, se habla de la vida, del tiempo, de la memoria, de comida, de alcohol, de sueños no realizados, de amor, de frustraciones, de errores, de amantes, de soledad, y sobre todo, se habla de todo aquello que nunca decimos, ni a los demás ni a nosotros. Un diálogo sincero y honesto, una conversación dirigida a uno mismo que se comparte con la persona que tenemos delante.

Desde 1996, Hong Sangsoo (Seúl, Corea del Sur, 1960), sigue al ritmo de una película por año. Sus veintitrés títulos tendrían su reflejo en Las variaciones Goldberg, de Bach, donde un tema único tiene hasta treinta variaciones distintas, donde la música es otra sin dejar de ser la misma. Una filmografía con innumerables espacios y elementos en común, desde Kim Minhee, su inseparable actriz, siete películas juntos. La cálida y sensible forma de filmar, con planos secuencias medios que mediante un zoom inesperado, encuadra a sus personajes, donde el movimiento se impone si el personaje se mueve, y la música aparece para resignificar algún detalle o dar paso a la próxima secuencia. Sus relatos hablan de sí mismo, como sucedía en el cine de Bergman, donde la realidad y al ficción siempre van de la mano, como si cada película fuese una sesión de psicoanálisis donde el propio Hangsoo y sus personajes de ficción trasladan sus vivencias a la pantalla, donde sus conflictos giran en torno al trabajo, la comedia, la bebida, el amor, los encuentros y desencuentros de sus personajes, unos individuos a la deriva, vacíos, que se sienten solos, incapaces de encontrar la felicidad y sobre todo, un amor real, un amor que los llene y los haga mejores.

Cine de ahora, de nuestros males como sociedad, y las continuas torpezas con nuestros sentimientos y nuestro lugar en el mundo, viviendo en esa permanente insatisfacción e impotentes para conocernos mejor, tomar mejores decisiones y amarnos más. En La mujer que escapó se habla muchísimo, como ocurre en el cine del cineasta coreano, pero nada se dice por decir, todo va encajando y todo tiene un sentido, son películas para escucharse, y para ver las reacciones y las pausas de los personajes cuando miran, escuchan y hablan. Cine para mirar con pausa, sin prisas, concentrados, sintiendo unos diálogos que nos dicen mucho más de lo que aparentan, sumergiéndonos en el interior de los personajes, sus sentimientos y en qué momento emocional se encuentran. En esta ocasión Sangsoo también firma el montaje, amén de la música, un cineasta demiurgo total, mira sus relatos a través de los personajes, una forma cada vez más depurada e intimista, donde cada vez hay más personaje y diálogo, llegando a esa forma de cine primitivo, donde la interpretación lo era todo, con esos conflictos que son mucho pero en la película se cuentan sin estridencias argumentales ni sobresaltos formales, todo mediante una comida, una bebida, un cigarrillo, un paseo, una película, y nada más.

Conversaciones que se verán interrumpidas por la aparición de hombres esperados e inesperados que nos llevarán a entender aún más si cabe la situación sentimental de estas mujeres, porque ante todo, el cine de Sangsoo es un cine de mujeres, de la femineidad, pero para todos los públicos, porque el director coreano habla desde el alma, nos habla desde lo más profundo, y esos conflictos que padecen esas mujeres los padecemos todos, eso sí, sintiéndolos de otras maneras. La citada Kim Minhee vuelve a asombrarnos con su suave y cercana interpretación de una mujer que escucha mucho y habla poco de ella que, por primera vez en cinco años, tiene tiempo para ella y sobre todo, para pensar en su matrimonio y en su existencia, Las Seo Younghwa y Song Seonmi, ya vistas en otras películas del director surcoreano, siguen esa estela de mujeres todavía rotas y en encrucijadas sentimentales de difícil solución, y Kim Saebyuk, nueva incorporación al universo peculiar y rohmeriano del cineasta, siendo esa mujer del pasado que tampoco le han ido las cosas como creía. Sangsoo vuelve a enamorarnos con su cine naturalista y especial, porque todo artificio que a otros le funciona o al menos así lo creen, al director coreano le sobra, porque como ocurre en muchas películas del citado Bergman o Woody Allen, es un cine de puertas entre abiertas, entradas que nos permiten escuchar a los personajes y conocerlos en su intimidad y en su profundidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Marta Nieto y Marga Almirall

Entrevista a Marta Nieto y Marga Almirall, directoras de contenidos de Drac Màgic (Cooperativa Promotora de Mitjans Audiovisuals), en el marco del 50 Aniversario de la entidad, en la Bonne, Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison en Barcelona, el lunes 10 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marta Nieto y Marga Almirall, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Anne Pasek y Teresa Pascual de Good Movies, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Rafa Russo

Entrevista a Rafa Russo, director de la película “El año de la furia”, en la cafetería Santagloria en Barcelona, el martes 2 de junio de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Rafa Russo, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Maria Guisado de La portería de Jorge Juan, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Colita

Entrevista a la fotógrafa Colita, con motivo de la Carta Blanca que le dedica la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 4 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Colita, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Marc Recha

Entrevista al director Marc Recha, con motivo de la retrospectiva sobre su obra que le dedica la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 6 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Marc Recha, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Paula Bertolín

Entrevista a Paula Bertolín, actriz de la película “Occidente”, de Jorge Acebo Canedo, en el Cinema Maldà en Barcelona, el martes 16 de marzo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Paula Bertolín, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia y cariño.

Occidente, de Jorge Acebo Canedo

LA MIRADA DE H.  

“¿Qué sucedía antes de que hubiera imagen?”.

A partir de los años sesenta, el cine empezó a intensificar su diálogo consigo mismo, lanzado a la búsqueda de su interior, reflexionando sobre la historia y el tiempo a través de su propio componente cinematográfico. Cine reflexivo, cine político, cine humanista, cine capaz de mirar el entorno social con herramientas propias de la ficción, el documental y el ensayo. Un cine que dejase ser retrato de su tiempo, para hablar del tiempo, e ir mucho más allá, articulando un discurso sobre la vida, el tiempo y la humanidad en el propio cine y los personajes que lo habitan, cine no solo de su tiempo, sino que trascendiese a su época, para reflejar un estado de ánimo pesimista en una sociedad cada vez más alienada y vacía. Occidente, la opera prima de Jorge Acebo Canedo (Linselles-Nord, Francia, 1974), autor de varios cortometrajes, mira a ese cine de los sesenta deudor y construye su propio discurso de los tiempos actuales, el retrato de lo que fue y desapareció, el fin de la humanidad  como se reflejaba en El caballo de Turín, de Béla Tarr. El relato es sencillo y directo, H., un personaje del que conocemos muy poco, vuelve a la ciudad industrial (con la central nuclear de Ascó, en Tarragona, como monstruo omnipresente que lo engulle todo), con la excusa de hacer una película, con ese arranque maravilloso, con su cámara de Súper 8 filmando a un niño, instante que nos recuerda a la Liv Ullmann de Persona, de Bergman, cuando nos retrataba en un plano parecido.

Un personaje oscuro y cercano, que se mueve entre el vaquero crepuscular del cine de Peckinpah y Hellman, un tipo que no anda muy lejos del cineasta griego exiliado que vuelve a su tierra en La mirada de Ulises, de Angelopoulos, en busca de esa primera imagen, de situar la inocencia frente a la barbarie de su país. En esa ciudad sin tiempo, sin nombre y llena de seres casi invisibles, que lo único que importa es seguir produciendo, no sabe qué ni para qué, se reencontrará con Gloria, un antiguo amor, totalmente alienada en un lugar vacío, sin arte, sin nada que se parezca a lo humano, como los tipos con los que se tropezará. El viejo loco que guarda imágenes sin sentido que nunca ve ni aprecia y desconoce que son, y se dedica a hacer porno para alimentar a los trabajadores que es lo único que consumen, o el esbirro al servicio de ese poder invisible que solo hace lo que le dicen aunque eso sea humillar a los demás, como el caso de Gloria que se dedica a satisfacer las necesidades depravadas del amo.

En la primera parte nos muestran una sociedad sin referentes culturales, sin reflexión, sin nada humano, solo seres explotados y explotadores en un tiempo sin futuro, sin pasado y vacío. Una ciudad sombría y muy oscura que destacan las diversas luces de neón, característica del cine asiático de Kar-wai o los recientes cineastas chinos como Bi Gan y Diao Yinan, entre otros, con esas habitaciones de paso, sin vida, sin nada, grandísimo trabajo del cinematógrafo Carlos Villaoslada, como el interesante trabajo de montaje de Manu de la Reina, o el fantástico empleo del sonido de Álvaro Cruz. En la segunda mitad, la película se traslada fuera de todo ese entramado industrial, y se va a lo rural, o lo que fue, donde la pareja protagonista se tropezará con un tipo que vive entre naturaleza y ruina, a modo de ermitaño viviendo de lo que le da la naturaleza. Los tres permanecerán en ese lugar, esperando algo que quizás no se produce. Una parte que entronca directamente con “La zona” que retrataba Tarkovsky en Stalker.

El director afincado en Tarragona no esconde sus referentes, todo lo contrario, los evidencia sin ningún pudor, como las películas políticas de Godard, como Alphaville, La chinoise o Todo va bien, el cine intenso, político y metafórico de Saura, y El desierto rojo, de Antonioni, donde la mirada crítica y desoladora a un capitalismo salvaje que lo elimina todo, y convierte la vida en una mera sombra y muy sórdida. El excelente reparto encabezado por un carismático y extraordinario actor como Francesc Garrido, una especie de caballero errante, uno de aquellos de hidalga figura, un quijotesco luchando ferozmente contra molinos industriales, casi un espectro de sí mismo, una especie de Marlowe, sin caso y sin femme fatale, bien acompañado por una Paula Bertolín, como Gloria, esa mujer humillada y aplastada por el poder, convertida en una más, en alguien sin esperanza e ignorante de todo, que despertará peor quizás ya sea tarde, con el gran Mario Gas como el viejo director de cine apagado y sin vida, un Isak Férriz, siempre eficaz, matón a sueldo de un mundo decadente y salvaje, y finalmente, la presencia de Gonzalo Cunill, un actor arrollador, físico y un aliado en esa travesía por el desierto que emprende la pareja.

La propuesta radical, abstracta y transgresora de Acebo Canedo no deja indiferente, porque construye todo un entramado narrativo y formal serio y audaz, cogiendo de aquí y de allá, explorando el cine y toda su estructura, desde la ficción, el documento, el ensayo, el experimental, y demás componentes, así como la literatura, la pintura, y demás referentes artísticos, creando ese mundo distópico, muy de aquí y ahora, como todas las grandes obras de la ciencia-ficción, reformulando el cine y su principal propósito de un arte capaz de registrar todos los cambios sociales, económicos, políticos y culturales de nuestra sociedad, y sobre todo, reflexionar con sus herramientas mirando a Occidente, o lo que queda de él, lo que fue y ya no es, un espacio abocada a la miseria moral, a la producción en cadena, y al vacío existencial más profundo, a un suicidio colectivo sin marcha atrás, eliminando al ser humano y el entorno natural, transformándolo en una nada infinita, por eso, aunque ya sea tarde y no tenga solución, la mirada de H., ese cineasta que en vez de armas, porta su cámara de Súper 8 para seguir filmando, aunque no sirva ya de nada, buscando la poesía, la verdad, esa primera imagen, o esa imagen inocente o la mirada inocente de las cosas, una mirada revolucionaria que aunque no despierta a los individuos ensimismados en ellos mismos, si que al menos deje constancia de lo que ocurre, sea quizás esa la primera y más importante función del arte, provocar la reflexión y la emoción de quién lo mira. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/338729241″>Occidente – Trailer – VO</a> from <a href=”https://vimeo.com/eldedoenelojo”>El Dedo en el Ojo SL</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Fellini de los espíritus, de Anselma Dell’Olio

FELLINI AL OTRO LADO DEL ESPEJO.

“Hablar de sueños es como hablar de películas, ya que el cine utiliza el lenguaje de los sueños: años pueden pasar en segundos y se puede saltar en un lugar a otro”

Federico Fellini

En la mítica serie francesa “Cineastas de nuestro tiempo”, muchos autores se acercaban a las figuras míticas de grandes directores de cine, y lo hacían desde ángulos y reflexiones que se alejaban del simple reportaje que aglutinaba vida y milagros del personaje en cuestión. En Fellini de los espíritus, que conmemora el centenario de su nacimiento, la figura que nos muestran del genial autor italiano es cuanto menos muy novedosa y especial, ya que la película bucea en aquello que el propio Fellini se refería como “el misterio”, todos esos universos invisibles del director, desde el mundo de los sueños, capital en su cine, el psicoanálisis, de la mano de Jung, el espiritismo y lo esotérico, todas aquellas materias sensibles en las que el cine del maestro italiano convocaba en cada una de sus películas. La directora Anselma Dell’Olio (Los Ángeles, EE.UU., 1941), con toda una vida dedicada al mundo del cine, despuntó como codiciada directora de doblaje para autores de gran prestigio como Antonioni, Fellini, Valerio Zurlini, William Friedkin y Stanley Kubrick, y autora de diversos documentales sobre cine, entre los que destaca el que dedicó a la figura de Ferreri bajo el título de La lucida follia di Marco Ferreri (2017), de la que fue amigo personal.

Dell’Olio, como si se tratase de Alicia, nos muestra “el otro lado del espejo”, adentrándose en el inabarcable universo felliniano adoptando un título mítico en la carrera del cineasta italiano, el de Giuletta de los espíritus (1965), una película poliédrica, barroca y profunda sobre una mujer que, en un matrimonio en crisis, bucea en su psique y se adentra en una búsqueda incesante y espiritual, a través de su vida, su tiempo, sus sueños, el más allá, y todo aquellos mundos imperceptibles en esta dimensión, donde vida, ficción, realidad y sueño se confunden y mezclan de manera sorprendente y delicada, de ese modo tan característico en Fellini, que aunaba lo personal con lo espiritual y lo onírico. Fellini de los espíritus se impregna de manera sobresaliente y transparente del universo felliniano, creando una película muy barroca y laberíntica, que repasa todos los ámbitos de la vida y los sueños del maestro, y lo hace echando mano a múltiples materiales de archivo, desde imágenes de sus películas, como Los inútiles, La strada, La dolce vita, Fellini 8 ½, La voz de la luna, entre otras, entrevistas al propio Fellini, algunas imágenes del rodaje de sus películas, otras imágenes de Nino Rota, su músico, de Jung.

Las imágenes están bien acompañadas por un gran número de entrevistas que abarcan desde amigos y colaboradores de sus películas, o incluso historiadores de cine y expertos en su cine, como Gianluca Farinelli, Vincenzo Mollica, Annalisa Carlucci, Marina Cicogna, Nicola Piovani, Maurizio Porro, Serge Toubiana, entre otros, y directores admiradores de Fellini como William Friedkin, Damien Chazelle y Terry Gilliam, testimonios que nos muestran ese “otro lado” del director italiano, todos esos universos sin fin que se convirtieron en materia para su cine, donde todo ese mundo invisible guiaba sus pasos y el de sus criaturas. La película investiga, profundiza y deja constancia de la peculiar forma felliniana convocarnos a otros mundos, otras posibilidades, otras miradas, otros cuerpos, y otros lugares, ya sean imaginados, soñados, espirituales, de este mundo y de otros, en una mezcla y fusión sin estridencias ni sentimentalismos, solo un camino real o no, o la mezcla de ambos, en que sus personajes se adentraban en otros territorios, en sus vidas, las pasadas y las venideras, y las de ahora, creando una forma honesta y prodigiosa de mirar el mundo y como nos relacionamos con el entorno.

La película muestra “el otro lado”, ese que tanto fascinaba a Fellini, descubriendo todo lo que somos, desde el que fuimos y nunca seremos, todas esos viajes, aventuras, partidas, estados, regresos y derrotas, que conforman nuestras existencias, en una profunda y sincera búsqueda en todo aquello misterioso de nuestras vidas, adentrándonos en lo más profundo de nuestra alma, para seguir descubriendo y descubriéndonos, adoptando las vidas que dejamos, las que somos ahora, y las que seremos o no en el futuro, creando de esa manera todos los reflejos de un espejo con infinitas posiciones, ángulos y demás derivaciones y miradas. Fellini de los espíritus  es una película fascinante y maravillosa, que no solo nos muestra el cine visible del maestro italiano, sino que va más allá, mostrándonos esos otros mundos invisibles, eso misterios de la vida y la existencia que tanto le fascinaban, y lo hace desde su cine, y sus inquietudes, miedos, amores, alegrías y tristezas, con la estupenda aportación de todos aquellos que lo trataron, lo conocieron y lo soñaron, porque si Fellini dejó un grandiosa filmografía que seguimos disfrutando, también, dejó toda una sincera y profunda reflexión sobre la condición humana, y todo aquello que somos, soñados, sentimos y vemos de los demás y sobre todo, de nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Presentación de la programación Filmoteca Catalunya 2021

Presentación de la programación de la Filmoteca de Catalunya 2021 y Balance 2020, con la presencia de Esteve Riambau, Àngels Ponsa (Consellera de Cultura), Colita, Marc Recha y Carolina Astudillo, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el lunes 14 de diciembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Esteve Riambau, Àngels Ponsa, Colita, Marc Recha y Carolina Astudillo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

La última gran estafa, de George Gallo

LOS PERDEDORES SOMOS GENTE HONRADA.

“Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”

Jorge Luis Borges

La película se abre en el Hollywood de 1974, pero no en el exitoso y galardonado, sino en el otro, aquel que se movía en la sombra, en el otro lado, como los productores independientes Max Barber y su sobrino, Walter Creason, al frente de Milagro Films, una compañía especializada en cine “Grindhouse”, ese cine lleno de sexo, violencia y sadismo, dentro del terror o thriller, muy popular en los sesenta y setenta, pero los milagros hace tiempo que pasaron de largo y la compañía acumula un sinfín de deudas. Barber, en un alarde de poco ingenio, se asocia con Reggie Fontaine, un gánster al que le debe 350000 dólares ya que su última aventura cinematográfica ha sido un fiasco, un policíaco de monjas asesinas ligeras de ropa. Así que, ni corto ni perezoso, urde un plan para hacer una película con una vieja gloria del oeste, uno de esos secundarios que trabajó con Ford y Company, para provocar un accidente al actor y cobrar el suculento seguro. Pero, las cosas no van a salir como esperaba.

El director George Gallo (Port Chester, Nueva York, 1956), especializado en un tipo de cine comercial, sin grandes presupuestos, que se mueve entre la comedia y el thriller, suyos son los guiones de Huida a medianoche o Dos policías rebeldes, y otras producciones, como Menudo bocazas o Mi novio es un ladrón. En La última gran estafa, se mueve entre la comedia disparatada y el thriller de timos, lanzando varios homenajes. El primero, a la película The comeback Trail, de Harry Hurwitz, cinta que no llegó a estrenarse, pero el joven adolescente Gallo vio por casualidad, del que coge la idea y realiza un remake. El segundo, a los “Grindhouse”, ese cine popular, carne de cines de barrio o pequeñas localidades, las películas de segunda o tercera fila, que siempre acompañaban al gran estreno, que iban en sesión continúa. La película tiene todos los ingredientes que se esperan de una producción de estas características, humor, encanto, “loosers”, ambientes casposos, algo de intriga, muchas mentiras, y tipos en la sombra que se mueven por los márgenes de la gran industria, con sus productos populares, o al menos, esos pretenden.

La última gran estafa  tiene un terceto de grandísimos intérpretes que ayudan a conseguir la veracidad y ese humor irreverente, encabezados con un Robert De Niro, desatado como Max Barber, riéndose de sí mismo, muy alejado del matón de El irlandés, como productor de tres al cuarto, más interesado en la pasta que en el cine, un cine que quizás para él se ha convertido en una quimera, bien acompañado por Tommy Lee Jones en la piel de Duke Montana, uno de esos actores olvidados, amargados, que le ofrecen la oportunidad de lucirse por última vez, en una película como La pistola más vieja del oeste, en clara referencia a El viejo pistolero, de Don Siegel, que protagonizó un maduro John Wayne, en su última aparición en el cine. Y Morgan Freeman, en la piel de Reggie Fontaine, uno de esos mafiosos metidos en el mundo del cine por obra y gracia de tipos como Barber. Y luego, un retahíla de intérpretes más jóvenes como Zach Braff como sobrino y socio de Barber, despistado y algo de más cordura que su tío, Emile Hirsch, al que vimos en Erase una vez en Hollywood, de Tarantino, en el rol de un productor de éxito, a la caza del nuevo pelotazo, Kate Katzman, como la directora personal y sencilla que ve en la película un homenaje al cine y a los perdedores, y finalmente, Chris Mullinax, como adiestrador del caballo “Caramelo”, todo un espectáculo.

La película alberga momentos divertidos y completamente desatados, con otros más serios, donde el relato se resiente, pero en su conjunto funciona como un disparatado thriller ambientado en ese Hollywood en la sombra, lleno de perdedores, de gentes sin escrúpulos, de esos tipos que tanto le gustan a directores como Rossen, Fuller, Ray, Huston, o el propio Tarantino, tipos que luchan incansablemente por conseguir su éxito, y siempre se topan con su nula capacidad y las dichosas circunstancias que les hacen volver a la casilla de salida. Gallo pretende que pasemos un buen rato, sin grandes pretensiones artísticas, que conozcamos a sus pobres diablos, a esos individuos que aman el cine, un cine popular, divertido y entretenido, que se equivoquen demasiadas veces de que cine han de hacer, o que tendrá éxito, pero que la película se ríe mucho de esos hombres que pululan por la industria cinematográfica del Hollywood setentero, y los de ahora, gentes que tengan éxito o no sus películas, siempre acaban culpabilizando al equipo de la película, que o no estuvo a la altura o no fue el más adecuado para rodar aquella u otra producción, como dirían los entendidos, historias de Hollywood, del que tenía éxito y aquel otro, en la sombra, que vivía de la ilusión, empujado por tener ese pelotazo que les sacase de su ostracismo profesional. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA