Entrevista a Erich Wildpret y Johanna Juliethe

Entrevista a Erich Wildpret y Johanna Juliethe, intérpretes de la película «Jezabel», de Hernán Jabes, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Casa Fuster, el jueves 28 de abril de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Erich Wildpret y Johanna Juliethe, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cerdita, de Carlota Pereda

SARA Y LOS MONSTRUOS.

“Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y,  a veces, ellos ganan”.

Stephen King

Desde que apareció el cortometraje Cerdita en 2018, la película se ha convertido en todo un fenómeno con sus más de 300 participaciones en festivales de todo el mundo, y sus más de 90 premios. Su directora Carlota Pereda (Madrid, 1975), con amplísima experiencia en televisión como script, guionista y directora en series como Periodistas, Acacias 38, El secreto del Puente Viejo y Águila roja, entre otras, ya había hecho un par de películas cortas como Las rubias (2016), y Habrá monstruos (2019). Toda esa gran trayectoria hizo que el cortometraje se convirtiera en el largometraje que ahora nos ocupa, y Cerdita se convirtiera en su opera prima y en toda una realidad, que ahora podemos disfrutar todos los espectadores. La película se centra únicamente en una sola jornada, en la que nos cuenta la historia de Sara, una adolescente obesa y apocada, que recibe los insultos y el acoso constante de las demás chicas y chicos.

La película se sitúa en uno de esos pueblos perdidos de la provincia de Extremadura, pero podría ser otro pequeño municipio a lo largo y ancho del país. Es verano, el calor es sofocante y asqueroso tanto en el pueblo como en la carnicería que regentan sus padres. Sara aprovecha el desierto y el silencio de las calles a la hora de la siesta, para acudir a la balsa de las afueras para refrescarse. Cuando todo parece tranquilo, llegan las de siempre, Claudia, Roci y Maca, y se ceban con ella, dejándola a su suerte. Aunque, ese día, en ese lugar, y a esa hora, todo cambiará, porque un desconocido acecha a las chicas, y la realidad triste y oscura de Sara cambiará por completo. Los anteriores trabajos de Pereda se habían instalado en el género, ya fuese thriller o terror, pero sin olvidarse de la idiosincrasia tan de aquí, con toques de humor negro y exponiendo muchos temas como el miedo, los conflictos personales de identidad y con los demás, y todos los monstruos físicos y espirituales que nos habitan y en relación con nuestro entorno y con los que nos rodean.

Cerdita construye su relato a partir de todos esos elementos, personificando en la mirada y el cuerpo de su protagonista, alguien que se oculta ante el recelo y el bullying, mostrándose seca y cerrada ante los demás, alguien con un cuerpo grande, convertida en un monstruo feo y triste en su pueblo. La directora madrileña viaja por diferentes marcos en su primera película, desde el drama íntimo, los conflictos propios de la adolescencia, el despertar sexual, el psycho killer rural, y la venganza, y la redención íntima de alguien que deja ser un patito feo para convertirse en la reina del lugar, situación que la emparenta directamente con Carrie (1976), de Brian de Palma, que está basada en una novela de Stephen King. Pereda recluta algunos de sus más fervientes cómplices como Rita Noriega en la cinematografía, que ya estuvo en sus cortos de Cerdita y Habrá monstruos, y tiene en su haber películas con Kike Maíllo y Álex de la Iglesia, que consigue con esa luz que quema, toda la asfixia y el agobio del personaje y del lugar, tanto de día como esa noche oscura y fragmentada. Otro compañero de viaje es el montado David Pelegrín, también del corto Cerdita, que condensa con aplomo y pausa los cien minutos de metraje, con ese ir y venir entre Sara y el resto, entre Sara pueblo y las afueras, en un constante espejo-reflejo, donde el personaje esta en continuo conflicto consigo mismo, en que el espectador actúa como testigo-juez de sus acciones, porque al igual que ella, sabemos todo lo que ocurre.

El inmenso trabajo de sonido con Nacho Arenas, que estuvo en Las rubias y Cerdita, con más de 120 películas a sus espaldas, en un brutal composición junto a dos fenómenos como Nicolás de Poulpiquet, con más de 190 trabajos y Nicolás Mas, que ha estado en los equipos de Crudo, de Julia Ducournau y Malgré la nuit, de Philippe Grandrieux. Y las nuevas incorporaciones al universo de Pereda como la excelente música de Olivier Arson, habitual en el cine de Sorogoyen, y el gran trabajo de casting de Arantza Vélez, a la que le arropan películas como La herida, Hermosa juventud, A cambio de nada, Verónica y As bestas, que trabaja con Paula Cámara, como en Cerdita. Un reparto bien escogido y mejor trabajado encabezado por una Laura Galán, que repite el personaje de Cerdita, en una composición natural y cercanísima, en la que la vemos sufrir de todo: el infernal calor y a las personajes, esos demonios con patas que siempre serán el animal más peligroso, y la descubriremos en todos los sentidos, tanto en lo sexual y en la rabia que sacará a su debido momento, en lo exterior como en el interior.

El resto el reparto no desentona en absoluto, al contrario, le da una profundidad maravillosa, entre dos “veteranas” como las tótems Carmen Machi, como la madre de Sara, que es capaz de hacer de tía con pasta como de esposa de carnicero y madre de pueblo, y la presencia de Pilar Castro, y un ramillete de intérpretes poco conocidos en la gran pantalla que demuestra una naturalidad desbordante e intimidad, como los sorprendentes jóvenes como Irene Ferreiro como Claudia, Camille Aguilar como Roci, y Claudia Salas como Maca, José Pastor como Pedro, un tipo que estará más cerca de Sara de lo que ella cree, la peculiar pareja de civiles en los que encontramos un veterano muy eficiente como Chema del Barco y el joven Fernando Delgado-Hierro, el Juancarlitos, con esos toques de humor Berlanguiano, y finalmente, Richard Holmes como el desconocido, ese tipo que nadie sabe quién es y que nadie ha visto y que sembrará el terror en el pueblo. Celebramos con gran entusiasmo la llegada al largometraje de Carlota Pereda, porque estamos seguros que su cine seguirá ofreciéndonos relatos contundentes y sensibles sobre nuestra forma de ser, sobre la forma en que nos relaciones con los demás y sobre todo, con nosotros, y con ese aroma de cine de género, ya sea thriller o terror, incluso algo de gore, porque la fusión de relato sobrio y crónica de una sociedad y sus habitantes, con lo más oscuro de nuestro ser, resulta en Cerdita  extraordinario, lleno de fuerza, y brillante, en esta fábula de terror anclada en uno de esos lugares donde nunca pasa nada, pero cuando pasa, pasa de verdad… JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Los cinco diablos, de Léa Mysius

LA NIÑA OBSESIONADA POR LOS OLORES.

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”

Jorge Luis Borges

La trayectoria como guionista de Léa Mysius (Bordeaux, Francia, 1989), es realmente impresionante ya que ha trabajado en películas de Jacques Audiard, Arnaud Desplechin, André Techiné, Claire Denis y Stefano Savona. Ahí es nada. Como directora nos había encantado su opera prima Ava (2017), sobre una niña de trece años que se está quedando ciega durante sus vacaciones junto a su madre, rodeada de playas y mucho sol. Para su segundo trabajo, Los cinco diablos, la directora francesa se ha ido al otro extremo, a un lugar dominado por el frío y la nieve, más concretamente a la pequeña localidad de Rhönes Alpes, al pie de las famosa cordillera, y nuevamente, en el seno de una familia, una familia muy diversa y diferente, encabezada por Joanne, la profesora de natación, el marido Jimmy, jefe de bomberos de piel negra, y la hija de ambos, Vicky, una niña mestiza que está obsesionada por los olores, que logra diferenciarlos y almacenar sus aromas en botes que etiqueta y guarda celosamente.

Toda esa apariencia tranquila, pero muy incómoda y fría, se desatará con la llegada de Julia, la hermana de Jimmy, abre una profunda grieta en el seno familiar, porque destapará un pasado oscuro y tenebroso que el matrimonio intenta olvidar. Además, Vicky descubrirá por azar que uno de sus aromas la lleva físicamente a ese pasado que los adultos se callan. Mysius enmarca su película en el género fantástico, introduciendo el terror en una fábula tremendamente cotidiana y cercanísima, para profundizar en la condición humana, en todas las secuencias de nuestros actos del pasado, y la condena de vivir con esas acciones equivocadas. Temas como la diversidad, el odio, el racismo, la transmisión, la comunicación, el amor frustrado, el peso del pasado, y sobre todo, el silencio como forma de supervivencia y sufrimiento constante. La película juega mucho con los cuatro elementos de tierra, aire, fuego y agua, muy presentes en las existencias de los seis personajes en liza, en una estructura clásica en su forma pero enrevesada en su narración, por sus continuos flashbacks que se entienden sin problema, para generar esa oscuridad y silencio del presente y todos los acontecimientos adversos y complejos que vivieron en el pasado los diferentes actores del relato.

La cineasta francesa se rodea de estupendos técnicos para llevar a buen puerto su enigmática y a ratos, mística propuesta, y para ello recupera a dos cómplices de su primer largo, como Paul Gilhaume, que hace labores de coguionista junto a la directora y se encarga de la cinematografía, en un magnífico trabajo donde fusiona con credibilidad e intimidad lo gélido del lugar con la intensidad emocional que viven los protagonistas, donde se maneja con soltura a pesar de la complejidad de la historia, y la cómplice Florencia Di Concilio, en la música, importantísima en una película que debe callar información y construir esa inestabilidad emocional y física tan fundamental en una película de estas características, donde el silencio es tan importante como la música que escuchamos. La incorporación de Marie Loustalot en el apartado de montaje, que impone un eficaz y fabuloso ritmo de cadencia y concisión en un metraje de noventa y cinco minutos, donde abundan las miradas, los silencios y sobre todo, los abundantes secretos que se amontonan en las vidas pasadas y presentes de los personajes.

Un reparto lleno de contención y sencilla composición ayuda a la credibilidad tanto de los individuos como de la inquietante historia que se nos cuenta, encabezado por una extraordinaria Adèle Exarchopoulos como Joanne, esa madre y profesora de natación, que tanto guarda y tanto dolor lleva, con esos extraños baños en el lago helado. La niña Sally Dramé como Vicky, debutante en el cine, consigue con muy poco dar vida y aplomo a una niña que tan importante es en el relato, actuando como testigo del pasado siniestro que recorre a los adultos. Swala Emati como Julia, un personaje que parece una cosa pero es otra muy distinta, crucial en el devenir de la trama. Moustapha Mbengue, ese padre callado, casi ausente, que cada vez tendrá más presencia a medida que los acontecimientos se vayan desatando. Daphné Patakia es Nadine, amiga de Joanne, con su parte de implicación en el suceso en “Los cinco diablos”, un lugar metido en la memoria de los diferentes personajes, y finalmente, Patrick Bouchitey como el padre de Joanne, un tipo que niega muchas cosas y rechaza otras, como su racismo cotidiano, que no vocifera pero existe en mucha parte de la sociedad que no se considera racista.

Léa Mysius demuestra con Los cinco diablos (sugerente título que también es otro misterio que la película revelará a su debido momento), ha acertado de pleno con su mirada crítica a una sociedad cada vez más inmadura emocionalmente, incapaz de resolver sus conflictos, optando por la cobardía, en la que huyen por el distanciamiento y se ocultan en un silencio hipócrita y doloroso. Un relato aparentemente cotidiano, pero muy profundo en su quirúrgico análisis de la condición humana, en esta interesantísima mezcla de amores frustrados, drama íntimo y fantástico y terror, con el mejor aroma de The Innocents, de Clayton, El bebé de Rosemary, de Polanski, El resplandor, de Kubrick o más reciente Déjame entrar, de Alfredson, entre otras, para contarnos una película sobre nosotros, sobre la sociedad en la que vivimos, con nuestros prejuicios, miedos e inseguridades, en la cual debemos mirar al pasado, a todos nuestros errores, y si es posible, enmendarlos, porque el tiempo va en nuestra contra y quizás, nos estamos perdiendo a las personas que más nos han emocionado, y más hemos querido, no tarden, mañana ya es tarde, por la vida siempre pasa y más rápido de lo que nos gustaría imaginar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Loreto Mauleón

Entrevista a Loreto Mauleón, actriz de la película «Los renglones torcidos de Dios», de Oriol Paulo, en el Radisson Blu 1882 Hotel en Barcelona, el jueves 29 de septiembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Loreto Mauleón, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Bruno Gascon

Entrevista a Bruno Gascon, director de la película «Sombra», en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Seventy en Barcelona, el sábado 17 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bruno Gascon, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del Festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ana Moreira

Entrevista a Ana Moreira, actriz de la película «Sombra», de Bruno Gascon, en el marco del BCN Film Fest, en el Hotel Seventy en Barcelona, el sábado 17 de abril de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Moreira, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo de comunicación del Festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La hija oscura, de Maggie Gyllenhaal

NO VOLVERÍA A SER MADRE.

“La maternidad es una responsabilidad aplastante”

Hace ya unos años que muchas madres se han alzado contra el mito de la madre perfecta, y han explicado las tremendas dificultades de la maternidad, construyendo una imagen real de la experiencia de ser madre, desterrando el maldito sentimiento de culpa, y luchando por una sociedad más igualitaria. Muchas de estas reflexiones las podemos encontrar en gran cantidad de trabajos como el de la novela “La hija oscura”, de la italiana Elena Ferrante, la escritora más enigmática de la literatura actual, en la que nos habla a tumba abierta del arrepentimiento de la maternidad y todas las sombras que persiguen a su protagonista. La actriz Maggie Gyllenhaal (Lower East Side, Nueva York, 1977), que la recordamos por títulos tan significativos como los que interpretó en Donnie Darko (2001), de Richard Kelly y Secretary (2002), de Steven Shainberg, amén de trabajar con nombres tan ilustres como los de Sam Mendes, Christopher Nolan, Oliver Stone, Sidney Lumet, John Sayles y John Waters, entre otros. La actriz neoyorquina se pasa a la dirección con la adaptación de la novela de Ferrante, en la que nos sitúa en la ficticia isla de Kyopeli, que podría ser cualquiera de las islas mediterráneas, en pleno verano, siguiendo los pasos de Leda, una profesora de literatura comparada, que se está tomando unos días de descanso. Pero todo cambiará, con la llegada a la playa de una familia autóctona tan diferentes y tan toscos y sobre todo, con Nina, una joven madre agobiada por su pequeña.

Las relaciones con esa madre primeriza, provocarán un efecto espejo en Leda, que comenzará a recordar sus difíciles años de madre joven con sus dos hijas y un marido demasiado ausente. La película pivotará entre estos dos tiempos y dos lugares, en los que tanto pasado y presente generarán un único espacio donde se analizarán todas las experiencias negativas del hecho de ser madre joven y trabajadora, todas las cosas que debe una madre rechazar, perder y sentir en pos a su nuevo rol, tan agobiante y rompedor. Gyllenhaal consigue una buena película, en la que juega con el drama personal de Leda y esos toques de terror y suspense que se engarzan con seguridad y aplomo a todo lo que se cuenta. La romántica y paradisiaca isla en la que se desarrolla la trama, chica frontalmente con las emociones invisibles y soterradas que se disparan como un tsunami en las dos madres, tanto en Leda, con la que se contará la historia, y Nina, esa madre que Leda se recuerda en ella, en ese mundo asfixiante en el que tanto una como la otra, encontrarán una vía de escape para soportar esa maternidad sin tiempo, sin vida, sin nada.

La película está apoyada en dos elementos muy importantes. Primero, el que vemos, donde los personajes van de un lado a otro y en apariencia, disfrutando del mar, de las cenas nocturnas, y de los paseos aprovechando las cálidas noches, y segundo, lo otro, lo que no vemos pero también pasa en el interior de estas dos mujeres, atrapadas en su rol de madres y perdidas en el limbo de no saber qué hacer ante tanto desbarajuste emocional, porque quieren a sus hijas, pero están deseando largarse y descansar de tanta cotidianidad. Un buen equipo técnico entre los que destacan la cinematógrafa Hélène Louvart, que tiene en su filmografía nombres ilustres como los de Varda, Doillon, Recha, Rosales, Rohrwacher, Hansen-Love, entre muchos otros, con esa luz que mezcla de forma maravillosa esa luz mediterránea con esa otra luz oscura más penetrante e inquietante, y Affonso Gonçalves en la edición, que ha trabajado con Haynes, Jarmusch, Tod Williams e Ira Sachs, amén de otro, que maneja con buen ritmo y agilidad los ciento veinticuatro minutos que abarca la película.

Si la parte técnica brilla con luz propia, las interpretaciones no se quedan atrás en absoluto, porque la directora neoyorquina, con buen criterio e inteligencia, basa su entramado argumental en unas interpretaciones donde se mira mucho y se habla menos, donde las diferentes composiciones de los personajes son cruciales para conseguir esa justa medida en la que se dicen las cosas de forma sutil, sin estridencias, como una brisa de verano al atardecer, casi sin darnos cuenta, todo cociéndose a fuego lento, con un ritmo pausado pero no detenido, contando con una inconmensurable y vital Oliva Colman, en el rol de Leda, la madre arrepentida y extraña, una de esas actrices muy british, que recuerda tanto a las Helen Mirren, Maggie Smith o Emma Thompson, entre otras, con el aplomo y la concisión perfectas, y una naturalidad desbordantes, con esa mirada y esos silencios que encogen el alma. Bien acompañada por una Dakota Johnson, olvidando esos papeles más comerciales que le conocíamos en los últimos tiempos, muy atractiva y rota, que se convierte en la otra madre, o visto como el pasado de Leda, con los mismos conflictos, terrores y esas irresistibles ganas de largarse y respirar, sin remordimientos de conciencia ni nada que se le parezca.

Luego, todo una retahíla de buenos intérpretes con una grandísima Jessie Buckley, la actriz irlandesa nos había encantado con su mirada, su porte delicado pero intenso y su preciosa melena pelirroja en cintas difíciles de olvidar como Beast y I’m Thinking of Ending Things, del gran Charlie Kaufman, metiéndose en la piel de la joven Leda, donde vamos descubriendo todos los pormenores de su experiencia como madre joven y trabajadora, y todo lo que ocurrió. Tenemos a Ed Harris, en un rol breve pero muy interesante, Paul Mescal es Will, el camarero del chiringuito con un peso importante en la trama, y luego, dos apariciones intensas como las de Alba Rohrwacher y Peter Sarsgaard, que no nos dejarán indiferentes. Maggie Gyllenhaal aprueba con nota muy alta su primera incursión como directora, porque se pone al servicio de la historia completamente, construyendo una mirada sensible, intensa y brutal sobre el hecho de ser madre, la maternidad, y una lanza a favor de todas esas mujeres que se han sentido culpables más de una vez por querer huir de sus hijas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Madeleine Collins, de Antoine Barraud

LAS VIDAS DE JUDITH.

“A veces tengo la impresión de no saber exactamente lo que soy, sé quién soy, pero no lo que soy, no sé si me explico”

José Saramago en “El hombre duplicado”

A estas alturas del invento cinematográfico sería estúpido pensar que alguna película pueda pretender o definirse como original. El hecho de contar historias no debería centrarse en la presumible original que pueda o no encontrar el espectador, sino en la forma en que esa historia se nos cuenta, alejándose de lo novedoso y centrándose en la parte estructural, porque ahí radica su importancia, en el orden en que nos llega la información y cómo se nos da. El cineasta Antoine Barraud (Francia, 1972), ha dirigido Les gouffres (2012), protagonizada por Mathieu Amalric, un cruce entre drama y ciencia-ficción, y Les dos rouge (2014), una interesante propuesta de meta cine, con un tour de forcé memorable con Jeanne Balibar y Bertrand Bonello. Con su tercera película, Madeleine Collins, se adentra en el drama personal, a través de un intenso thriller, con esa Madeleine del título, que nos recuerda inevitablemente a otra “Madeleine”, la rubia misteriosa de Vértigo, de Hitchcock.

El cineasta francés nos sitúa en la vida, o podríamos decir, las vidas de Judith, que en Francia es Judtih Fauvet, casada con un director de orquesta y madre de dos hijos, uno de ellos, adolescente, con su cabello recogido y su burguesía, y en Suiza, Margot Soriano, que vive con Abdel, y al hija de ambos, la pequeña Ninon, con el cabello suelto y su pequeño apartamento. Unas vidas que la mujer lleva entre continuas idas y venidas de unas vidas a otras, con la excusa de su trabajo como intérprete alrededor de Europa. Madeleine Collins tiene el aroma de los clásicos de cine negro de Hollywood, como los del citado Hitchcock, a los que podríamos añadir otros como Laura, de Premiger, A través del espejo, de Siodmak, Secreto tras la puerta, de Lang, El merodeador, de Losey, entre muchas otras. Películas cargadas de gran tensión psicológica, basadas en los conflictos internos de los personajes, con pocos diálogos, y sobre todo, con imágenes inquietantes que sucedían en espacios muy cotidianos. La parte técnica del relato funciona con detalle y profundidad, casi siempre en espacios cerrados y del día a día, con una gran cinematografía de Gordon Spooner, que ya trabajó con Barraud en Les gouffres, y el rítmico y estupendo montaje de Anita Roth (que ha trabajo con gente tan extraordinaria como el citado Bertran Bonello en su fabulosa Zombie Child) en el que se condensan de forma ágil y sólida los 106 minutos del metraje.

La película tiene dos partes bien diferenciadas, en la primera parte de la película podríamos enmarcarla en un drama romántico, donde entrarían un relato sobre infidelidades, mentiras y traiciones. En el segundo tramo, la película vira hacía el espacio más del thriller psicológico, cuando la menciona Judith entra en una espiral sin retorno, donde ya nada de lo que ocurría deja de tener sentido, y su parte interior empieza a resquebrajarse ante el aluvión de acontecimientos. Un reparto bien ejecutado y mejor conseguido, entre los que destacan la veterana Jacqueline Bisset, toda una institución en el país vecino, Bruno Solomone, como el marido francés de Judith, tan crédulo como centrado únicamente en su labor profesional, Quim Gutiérrez, un actor que empezó siendo un chaval, consolidándose en el universo europeo,  dando vida a un tipo con muchísimas dudas respecto a la relación con Judith. La actriz y directora Valérie Donzelli (responsable de grandes películas como Declaración de guerra), interpreta a una soprano amiga de la familia.

La alma mater de la película, y en la que recae el mayor peso emocional es Virginie Efira, con un grandísimo trabajo de composición. Un actriz dotada de temple y elegancia con ese aire de las actrices clásicas que no solo sabían mirar, y decir su diálogo sin pestañear, sino que lo hacían desde la más absoluta ambigüedad de unos personajes muy bien escritos y sumamente complejos. Una intérprete colosal que hace poco la vimos protagonizar Benedetta, de Verhoeven, en un personaje que no estaría muy lejos del que hizo en El reflejo de Sibyl), en esta Judith/Margot, una mujer con dos vidas, con dos identidades, rodeada de mentiras, falsificaciones, traiciones y sobre todo, una no identidad de la que ya no es capaz de reconocerse y mucho menos ubicarse en ninguna de sus vidas ni en su vida, si todavía sabe donde la puede encontrar, o quizás, ya es demasiado tarde. Barraud ha construido una película laberíntica, con giros en el guion muy bien estructurados y mejor definidos, en una cinta que te mantiene pegado a la butaca, imprevisible en su ejecución como mandan los cánones de lo psicológico, metiéndonos en una espiral de locura y huida hacia no se sabe adónde ni qué rumbo tomar, si es que hay una idea de camino para llegar a algún lugar, quizás ni la propia Judith o lo que queda de ella, lo sepa a ciencia cierta. JOSÉ A. PEREZ GUEVARA

 

No odiarás, de Mauro Mancini

LA GESTIÓN DE LA CULPA.

“Ninguna culpa se olvida mientras la conciencia lo recuerde”.

Stefan Zweig

Después de leer la noticia del hecho real que ocurrió en 2010 en la ciudad de Paderborn, Alemania, en la que un cirujano de origen judío se negó a operar a un hombre que tenía un tatuaje nazi. El director italiano Mauro Mancini y su coguionista Davide Lisino, encontraron la materia prima para elaborar el guion de No odiarás, una cinta que pone en cuestión las enormes dificultades de alguien que debe gestionar su dolor y sobre todo, su culpa. La premisa es sencilla y muy directa. Una película que nos relata la cotidianidad de Simone Segre, un reconocido cirujano de la ciudad de Trieste, al noroeste de Italia. Un día, mientras realiza sus entrenamientos en piragua, presencia un accidente de tráfico. Cuando mientras socorre a uno de los heridos, descubre una esvástica nazi que lo paraliza por completo y decide pedir ayuda. Pero la cosa no acaba ahí, reconcomido por la culpa, contacta con la hija del fallecido, la joven veinteañera Marica Minervini y la contrata como asistenta. Aunque, la cosa se complicará muchísimo, cuando Luka, el otro hijo del fallecido, un joven nazi fanático, se opondrá con fuerza cuando sabe que el cirujano es hebreo.

El director italiano sitúa su película en una ciudad como Trieste, donde ha aumentado la inmigración, y no solo nos habla de una historia muy actual, sino que remite constantemente al pasado de la Segunda Guerra Mundial, en un ir y venir que deberá procesar el protagonista, ya que su padre, recientemente fallecido, fue deportado como judío y convertido en dentista en los campos de exterminio nazis. No odiarás está construida a través de estos tres personajes, individuos que el destino ha querido mezclarlos, donde deben lidiar con la herencia paterna y gestionar como pueden emociones tan complejas como la culpa, que les hace meterse en berenjenales de difícil solución. La sutileza y la neblina de esa luz que inunda toda la película, que firma el cinematógrafo Mike Stern Sterzynski, consigue dotar a la composición de esa oscuridad que tanto emanan sus protagonistas, con un montaje medido y ajustado de Paola Freddi (a la que conocemos por su labor en Hannah, de Andrea Pallaoro, durísimo drama de una mujer madura que se queda sola después que su marido sea encarcelado, protagonizada por la grandísima Charlotte Rampling).

Mancini, con experiencia en cortometrajes y televisión, elabora con paciencia y reposo un drama íntimo, una cinta sobre el odio al otro, sobre comprender y mirar de frente al diferente, a aprender a convivir con el otro, a lidiar con la oscura herencia familiar, a liberarnos de la culpa para seguir avanzando y entender a los otros, y sobre todo, a nosotros mismos, y todo contado desde la sutileza, desde los impactantes silencios, y desde las emociones de unos personajes atrapados por su pasado que gestionan un presente muy herido, como la relación que tiene el protagonista con el perro de su padre y la evolución que tienen. Un actor con la presencia y el aplomo de Alessandro Gasmann, hijo del carismático intérprete italiano Vittorio Gasmann, con el que debutó en el cine siendo una adolescente (al que hemos visto en películas tan interesantes dirigidas por nombres de renombre como Franco Rossi, Bigas Luna, John Irvin y Ferzan Ozpetek, entre otros), que compone un hombre aparentemente tranquilo, pero que arrastra demasiado dolor, y una carga muy pesada con un padre de difícil carácter, encuentra en los hijos del nazi fallecido, una forma de redención y de liberarse de tanta culpa que lo atormenta. Excelentemente bien acompañado por los jóvenes Sara Serraiocco y Luka Zunic, interpretando a Marica y Marcello Minervini, respectivamente, escenificando las dos formas de gestionar la muerte y el dolor, con ella, volviendo de una vida dura y haciéndose de sus dos hermanos menores, y él, usando el rencor y la violencia para ahuyentar tantas heridas sin cicatrizar.

El director transalpino observa a sus individuos sin entrar en juicios ni nada que se le parezca, huyendo completamente del manierismo de muchas producciones que abordan temas de la misma índole, esa función, si es que resulta adecuada, la deja al espectador. La película está tejida con detalle, sobriedad y tensión en sus estupendos 95 minutos. Un retrato que podría desarrollarse en cualquier ciudad europea donde se generan conflictos de odio que desatan en violencia, ahondando el antisemitismo imperante en muchos países, que devuelven a la actualidad las tragedias del pasado, unas tragedias que solo pueden curarse con educación, comprensión y tomando medidas para que esas exaltaciones de violencia no se produzcan contra nada ni nadie. No odiarás escarba de forma intensa y profunda en la condición humana, todo aquello que nos hace diferentes e iguales a los demás, todo aquello que debemos curar y debemos hacerlo de frente, sin atajos ni buscando culpables, sino siendo sinceros con uno mismo, y sobre todo, mirar sin rencor el pasado, ni a nuestros padres, perdonando y perdonándonos, mirando con amor a las personas que le debemos la vida, para bien o para mal. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Bruna Cusí

Entrevista a Bruna Cusí, actriz de la película «Mía y Moi», de Borja de la Vega, en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Regina en Barcelona, el lunes 3 de mayo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bruna Cusí, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.