Cafarnaúm, de Nadine Labaki

INFANCIA ROTA.

La película se abre con unos niños jugando en la calle, una calle cualquiera del Líbano, sus juegos tienen mucho que ver con el sentimiento malsano que recorren las calles, unos lugares derruidos, rotos y míseros, donde esos niños no son capaces de abstraerse aunque jueguen, ya que sus juegos, simulando la guerra con armas de madera rudimentarias, mucho tienen que ver con ese sentimiento. Después de esta sensación de derrota, de dolor, la cinta sigue a un niño esposado que es conducido ante un tribunal, tras ser preguntado por el juez, culpa a sus padres, presentes en la sala, de haberle dado la vida. Un gesto simbólico, alejado de la realidad, pero enormemente concluyente ante el desamparo en que se encuentra el chaval de 12 años, un niño desposeído de sus juegos, de su amor, y de su vida. De ahí el título de la película, “capharnaüm” , palabra francesa que significa leonera, desorden, caos. Nadine Labaki (Baabdat, Líbano, 1974) que ha cosechado una interesante carrera como actriz con directores de la talla de Hany Abu-Assad o Xavier Beauvois, se lanzó en el 2007 con Caramel, a la que hay que añadir ¿Y ahora adónde vamos? (2011), dos títulos, desde la mirada femenina, en la que explora las dificultades y obstáculos de una población asolada por años de interminables guerras en el Líbano, donde Labaki prevalece una perspectiva dura, pero también, esperanzada.

En su tercer título como directora, la cineasta libanesa va mucho más allá, y nos sumerge en un relato crudísimo, desesperanzador y azotado por una miseria tanto física como moral, en la que conoceremos la no vida de Zain, un niño de 12 años que vive en uno de esos pisos cochambrosos con sus padres y rodeado de un gran número de hermanos pequeños, en cualquier calle de los barrios más pobres del Líbano. La película nos acerca su vida miserable a través de una mirada bella y triste, dulce pero amarga, llena de incertidumbres y descorazonada, donde cada día se convierte en una aventura sin fin en la que ganarse cuatro duros como pueda, junto a sus hermanos, y con unos progenitores sobrepasados por las circunstancias e incapaces de ofrecer a sus hijos un poco de cariño y alimento. Labaki ha construido una película-retrato de una dureza abismal, donde hay muy pocas concesiones, en el que todo se desarrolla dentro de un marco desolador y cruel, en el que Zain se muestra un niño valiente y aguerrido, que planta cara a sus padres ante tantas injusticias y terror cometidos contra él y sus hermanos, en que la venta forzosa de Sahar, su hermana pequeña más querida, estalla la difícil convivencia de por sí, y lleva a Zain a la huida y alejarse de tanta crueldad paterna.

La película sigue la mirada del niño, perdido por las calles e intentando a duras penas llevarse un bocado, aunque, no hay mal que por bien no venga, y Zain, con tantas hostias a sus espaldas, le han formado un carácter duro y fuerte, y es un niño espabilado como pocos, a la fuerza ahorcan, y se tropieza con Rahil, una inmigrante etíope ilegal que se gana la vida limpiando y vive en una barraca junto a su bebé Yonas. Rahil se lleva a Zain a su hogar, y los tres viven como una familia, un entorno más mísero que el que Zain ha dejado, pero con más amor. Labaki ha creado un retrato sobre la angustia y el desamparo de un niño de 12 años, sin más sustento que su ingenio y su carácter, un chaval que se mueve por esas calles desoladas y difíciles de una sociedad machacada y desolado por tanta guerra, donde parece que la ilusión y la esperanza siempre vienen cobrándose muertos, donde todos, y cada uno de sus habitantes, se levanta diariamente con la idea de llevarse algo a la boca, aunque sea poco, porque ya será mucho.

La película muestra miseria y dolor, pero lo hace desde la honestidad y la sinceridad, sin caer en el sentimentalismo o la condescendencia, todo se trata desde el humanismo y la libertad de mirar sin juzgar, de filmar a unos personajes a la deriva, arrastrados ante la maraña de pobreza que asola todo el entorno, tampoco sin caer en lo buenísimo de otras películas, aquí no hay nada de eso, encontramos adultos miserables y también adultos humanos, que dan todo lo que tienen que no es nada, que miran con amor a los demás, que tratan a un niño como una persona y no un mulo de carga, y hay que agradecerle a Labaki y a su equipo el esfuerzo por levantar con seriedad y fuerza una película difícil de realizar, pero que consigue con sobriedad y delicadeza mostrar el rostro más triste de la sociedad, la da los más débiles, huyendo de lo lacrimógeno y lo fácil, abriendo un marco humanista a aquellos que vagan sin rumbo por las calles de cualquier ciudad, dando voz a los invisibles, a los más desfavorecidos, a tantos y tanos niños que se mueren cada día sin que nadie los reclame o se acuerde de ellos, los principales damnificados de los problemas de los adultos, los más vulnerables en una sociedad deshumanizada, enferma y mercantilizada.

El sobrecogedor reparto de la película es todo un grandísimo logro y hallazgo, que consigue imprimir toda la crudeza y humanismo a la amargura que azota todo el metraje, todos ellos no actores profesionales encontrados en la calle que, interpretan un mosaico de personajes de toda condición moral como Zain Al Raffea dando vida a Zain, ese niño que recuerda tanto a los niños que se ganaban la vida en la ruinosa Italia en El limpiabotas, o aquel que callejeaba a la espera de vender algo en Paisà, el Edmund que camina por las ruinas del nazismo, o Antoine, que escapaba del colegio y de sus padres para encontrar algo de libertad, o Polín, el niño solo que nadie reclamaba, o François, sin nadie en la vida y rebelde sin ilusión, tantos y tantos niños que han poblado calles y lugares sin vida, alejados de todos, sin nada más que sus ansias de vivir de otra manera, huyendo de padres y adultos que sólo los reclaman como excusa para ganar dinero. El pequeño Yonas al que da vida Boluwatife Treasure Bankole, Sahar que interpreta haita Izam, y los adultos, los padres de Zain, y Yordanos Shiferaw, una inmigrante de Eritrea, todos ellos componen un caleidoscopio sutil y amargo de esa realidad escondida que se levanta cada día para sobrevivir y poco más, despojados de vida, aquejados por todo y todos, que la película les cede la palabra, o la mirada, para seguirlos un rato y mostrarlos como son, sin efectos ni trucos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Celia Rico Clavellino

Entrevista a Celia Rico Clavellino, directora de la película “Viaje al cuarto de una madre”, en Casa Gracia en Barcelona, el viernes 11 de enero de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Celia Rico Clavellino, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ellas Comunicación, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

La tercera esposa, de Ash Mayfair

EL VIAJE DE MAY.

Nos encontramos a finales del siglo XIX, en una zona rural de Vietnam, y conocemos a May, de 14 años, que se ha convertido en la tercera esposa de Hung, un rico terrateniente mucho mayor que ella, para saldar la deuda de su padre. Las primeras imágenes de la película evidencian su estilo formal y detallista en capturar los movimientos de los personajes, ceremoniosos en los detalles y la gestualidad, y en filmar los escenarios desde la estaticidad de la cámara, que espera pacientemente a los personajes, y documenta las tradiciones y costumbres a los que son sometidos diariamente. La debutante Ash Mayfair (Ho Chi Minh, Vietnam, 1985) se lanza al largometraje, después de dirigir un buen puñado de obras de teatro y cortometrajes, galardonados internacionalmente, con la historia de un viaje, el viaje de May, que llega a ese lugar que será su casa siendo una niña, y la veremos pasando a ser mujer, esposa, amante y finalmente, madre. Para May todo es nuevo, un mundo desconocido y secreto, donde rigen unas normas establecidas y rectas que hay que cumplir, donde el poder masculino no se discute, se obedece, en un sistema patriarcal, machista y conservador, donde la religión y sus ceremonias dictan la vida de las mujeres.

Mayfair aborda su relato desde el alma de May, a partir de sus sentimientos, describiendo con sumo detalle y especial sensibilidad todas las experiencias emocionales de la adolescente, y como su sexualidad se va desarrollando a medida que va teniendo los diferentes descubrimientos que la van sumergiendo en un mundo sensual, erótico y lleno de vida. Asistiremos a la casi invisibilidad del principio, donde May deberá adaptarse a ese nuevo mundo para ella, a los rituales y al mandato de su marido y la convivencia con las otras dos esposas, desde el silencio hasta la visibilidad, la iremos acompañando por las diferentes fases de adentro hacia afuera, como su primera experiencia sexual con su marido, totalmente insatisfactoria, o el descubrimiento de la sexualidad placentera, a través de la relación prohibida de Xuan, la segunda esposa y el hijo del señor, concebido con la primera esposa, y finalmente, el amor puro y sin ataduras que May sentirá por Xuan, y todas las partes positivas y negativas de estar enamorado, un amor oculto, entre las brumas de la noche, un amor imposible, un amor callado, un amor que no puede ser.

Quizás la película, en algunas ocasiones, se ensimisma dentro de su forma, y la contención que imprime a los personajes y las secuencias, pueden resultar demasiado estáticas, como si lo más importante fuese el caparazón y no el contenido, sin embargo, la película consigue introducirnos con suavidad y belleza a ese ritmo de vida, mostrando una visión tradicional y conservadora que sigue rigiendo en muchos países actuales, y la confrontación ancestral entre lo tradicional y la libertad individual de cada uno, esa lucha eterna entre la sociedad y sus costumbres contra la independencia personal de cada individuo, donde la religión como centro de la vida cotidiana marcan la aparente armonía, donde las mujeres son las principales damnificadas, donde su voluntad no existe y están sometidas y esclavizadas constantemente a la voluntad y los deseos de los hombres. Una película deudora de las películas de Mizoguchi, que también exploró el universo interior femenino, a través de sus detalles, de sus gestos y deseos ocultos, con todo aquello que evidenciaban, y aquello que callaban.

La directora vietnamita cuenta con un buen reparto, donde destaca la naturalidad y las miradas que destilan estas mujeres, todo lo que expresan, y tamibén, todo lo que callan, huye de cualquier forma manierista o condescendiente con las mujeres, auténticas protagonistas de la película, sino que opta por una película más compleja y sumamente delicada, su crítica nace desde el alma de sus mujeres, su fábula nos habla a hurtadillas, muy cerca de nosotros, explorando cada poro de sus pieles, cada mirada que se dedican, cada gesto, por banal que sea, sumergiéndonos en la intimidad de cada una de ellas, mostrando su erotismo, su sensualidad y todo el amor oculto y prohibido que desprenden, filmando su invisibilidad durante el día, y haciéndolas muy visibles durante la noche, entre sábanas, entre pieles y a escondidas, ocultas de la mirada masculina, donde el deseo y el amor contaminan cada encuadre, y donde descubrimos el amor de verdad, aquel en que dos seres, en este caso, dos mujeres, se aman en libertad, aunque sea poca, pero con libertad y voluntariamente, como veremos también en los momentos sexuales de Xuan con el hijo del marido.

Mayfair nos habla de May, y por todos los procesos que vivirá, descubrirá, y también, sufrirá, en un mundo apartado para ella, muy ajeno, que iremos de la mano con ella, porque desconocemos su pasado, de dónde viene, y quién era hasta ese momento, una recién llegada, alguien que iremos descubriendo en su intimidad y también, con la relación que mantiene con las otras dos esposas, con la más veterana, la más apartada, la que tuvo su vida marital y ahora, vive en la tristeza por el rechazo y la imposibilidad de traer más hijos. Luego está Xuan, con su belleza plena y sensual, que desprende sexualidad y deseo, que no ha podido darle un varón al marido, y mantiene una relación prohibida, y May, que se enamorará de Xuan, y descubrirá el amor, el deseo y todo lo que eso conlleva, en un cuento femenino sobre el amor, el sexo, lo prohibido y lo oculto, todo aquello que vemos, y todo aquello que oculta vive en nuestra alma, bullendo a cada instante.

Un asunto de familia, de Hirokazu Koreeda

LOS VÍNCULOS DE LA FAMILIA SHIBATA.

Si tuviéramos que destacar algún elemento que sobresale de manera evidente y definitoria en la cinematografía de Hirokazu Koreeda (Tokio, Japón, 1962) no albergaríamos ningún tipo de duda en que ese rasgo que aglutina todo su sentir es la intimidad, y sobre todo, la intimidad en la familia. Los tejidos familiares convergen en el cine de Koreeda de manera evidente, explorando desde lo más profundo aquellos lazos existentes o no, y las relaciones humanas que pivotan en la intimidad del hogar a través del hecho en cuestión. El cineasta japonés nos habla de su país, de su sociedad y entorno, pero no lo hace desde lo público, sino desde puertas adentro, posando su mirada en los de abajo, en los invisibles, en los desahuciados de la sociedad moderna, aquellos desplazados que no encuentran su lugar, en aquellos que diariamente se levantan para labrarse una vida, una vida llena de obstáculos y lagunas secas, aunque con ese espíritu combativo, firme y sobre todo, familiar. Donde todos los componentes de la familia son uno. Todos reman en la misma dirección, todos se alimentan de su espíritu y del otro, todos saben que necesitan para que todos sigan hacia adelante.

La memoria, la muerte y asumir la pérdida siguen latiendo en su cine, donde Koreeda se acerca a estos elementos desde el respecto y la honestidad, en el que se sumerge en las relaciones humanas desde una sensibilidad y delicadeza sublime, investigando todos los puntos de vista de los personajes implicados, indagando en sus razones, ya sean físicas o emocionales, colocando a sus criaturas en situaciones adversas y desapacibles, en las que deberán lidiar con los otros, y con ellos mismos. En su decimotercer largo de ficción, Koreeda vuelve a los temas más sociales y personales de su filmografía, focalizando sus temas en una familia humilde y sencilla, que moran en una de esas casas minúsculas que abarrotan la periferia de las grandes ciudades, en Un asunto de familia, conoceremos a Osamu, la cabeza de la familia, que se gana la vida con pequeños hurtos y lo que va saliendo, a su lado, Nobuyo, su mujer entregada que trabaja en una fábrica de la que amenazan despidos, con ellos la abuela Hatsue, que vive de su pensión, que en muchas ocasiones, acaba significando el sustento familiar, también, tenemos a Aki, la hermana de Nobuyo, que se gana la vida como chica de compañía, vendiendo su cuerpo y cariño, y finalmente, Shota, el pequeño de la casa, que ha iniciado el proceso de dejar la infancia para convertirse en un adolescente.

La aparente cotidianidad de la familia y sus quehaceres diarios, se verá interrumpida con la aparición de Yuri, la niña de los vecinos, que anda desamparada por la calle, Osamu decide integrarla en la familia como una más. A partir de ese instante, Koreeda comienza a tejer el verdadero germen de su idea, en la que los conflictos cotidianos familiares y los diferentes caracteres de todos ellos van generando esos conflictos que nos describirán no sólo sus relaciones personales e íntimas, sino mucho del Japón actual con las relaciones familiares como epicentro, en el que cada vez aumentan los casos de abandono familiar, tanto de niños como abuelos, en el que la vorágine social está creando familias muy desestructuradas, donde el afán por lo material ha arrinconado a las relaciones emocionales, y sobre todo, ha roto los vínculos familiares, donde los más necesitados de cariño y compañía, devienen los seres más molestos que hay que dejar de lado, e incluso echar de casa.

Koreeda huye de cualquier tesis social o económica, y de los aspavientos sentimentales y cosas por el estilo. Su cine es sencillo y honesto, nos sumerge con detalles y gestos en la centro de la familia, a partir de miradas y situaciones muy cotidianas, donde la intimidad se apodera del relato, en el que no hay espacio para los grandes discursos ni los diálogos grandilocuentes, la denuncia social se hace desde lo más íntimo, desde lo invisible, desde las relaciones humanas, desde el detalle a lo más pequeño, dejando las conclusiones y demás reflexiones a los espectadores, a los que sitúa de forma compleja y sincera, desde todos los puntos de vista posibles, sin juzgar a sus personajes, y mucho menos adoptando una mirada condescendiente, Koreeda cuenta su verdad, que bien se asemeja a la situación social de su país, una verdad de aquellos fantasmas que nadie sabe en qué condiciones viven y sienten. Un asunto de familia guarda muchos lazos en común con otra de sus celebradas películas Nadie sabe (2004) en el que una madre descerebrada abandona a su suerte a sus cuatro pequeños, y estos, sobrevivían como podían en un piso sin más consuelo que el de ellos mismos.

El cineasta japonés hace cine social muy potente, creíble y bello en su factura y narración, donde la forma evidencia la fealdad de una sociedad miserable en declive y completamente deshumanizada. Un cine que evidencia la soledad de las ciudades, de la modernidad, y la falta de empatía ante los más necesitados, peor lo hace desde las entrañas, desde lo más profundo, sumergiendo de forma admirable y delicada a los espectadores, tratando sus temas complejos y difíciles desde lo más puro, desde lo más hondo del alma, construyendo un cine humanista de primer orden, donde todo funciona a las mil maravillas, dotando de una fuerza narrativa extraordinaria todos los elementos de sus películas, explicándonos de forma clara y concisa todo aquello que vemos y sobre todo, todo aquello que nos tan evidente, aquello que nuestros ojos no son capaces de ver, aquello que se pierde entre las innumerables capas de su cine, un cine que lo asemeja y de qué manera al maestro Yasujiro Ozu, en su descripción detallista y humanista de las relaciones humanas a través de las familias, y de todo aquello que les rodea, la sociedad en la que viven, sus diferentes formas de pensamiento, sus inquietudes políticas, sociales, económicas y culturales, en fin, todo aquello que nos une y nos separa con nuestros más allegados.

Entrevista a Xacio Baño

Entrevista a Xacio Baño, director de la película “Trote”, en el marco de L’Alternativa 25. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del CCCB en Barcelona, el miércoles 14 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xacio Baño, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, al equipo de La Costa Comunicació, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Icíar Bollaín

Entrevista a Icíar Bollaín, directora de la película “Yuli”, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 4 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Icíar Bollaín, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Emilia Esteban de Olaizola Comunica, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Isaki Lacuesta

Entrevista a Isaki Lacuesta, director de la película “Entre dos aguas”, en el Soho House en Barcelona, el martes 20 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isaki Lacuesta, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.