Ánimas, de Laura Alvea y José Ortuño

TÚ NO DEBERÍAS ESTAR AQUÍ.

Una de los elementos que más decepciona en las películas de género, sobre todo en el thriller psicológico, no es su desarrollo, sino su desenlace, quizás el apartado más complejo y difícil, presumiblemente son relatos llenos de intriga, donde se crean atmósferas inquietantes, y unas tramas enrevesadas, sí, pero interesantes, es en el momento de cerrar la película cuando todo el entramado argumental cae estrepitosamente y en la mayoría de los casos, salvo contadas excepciones, nos encontramos con resoluciones vacías, inverosímiles y sobre todo, facilonas, que de ningún modo están a la altura de lo que acabamos de ver. Ánimas tiene la estructura de film de género de terror, de corte psicológico, donde abundan las referencias, de las que no escapa ni oculta, en la que entrelaza de manera intensa una trama sencilla, de pocos espacios y realmente muy inquietante, que deja para el final la resolución de su madeja, pero en ningún momento, cae en ese final poco creíble, se le podrá reprochar algún pasaje algo embarrullado y extraño, pero su desenlace está a la altura de lo contado, dejándonos realmente muy satisfechos con su cierre.

Ánimas es el segundo trabajo del tándem formado por Laura Alvea (Sevilla, 1976) y José Ortuño (Sevilla, 1977) después de The Extrarodinary Tale of the Times Table (2013) su sorprendente e imaginativo debut, donde a través de un trama colorida que remitía a los cuentos infantiles, escondía un relato oscuro y tenebroso sobre ser padres y sus consecuencias. Ahora, los directores sevillanos, han cambiado de registro, pero sólo en apariencia,  encontramos que la forma y la atmósfera se han vuelto más oscuras e inquietantes, más fantásticas, donde abundan los juegos con el espacio, el sonido y todo aquellos objetos presentes o no. Aunque el color se haya apagado y todo se haya ensombrecido, y la comedia haya dejado pasó al terror, siguen contándonos un relato muy psicológico, protagonizado por dos almas inquietas que deberán hacer frente a sus miedos, el leitmotiv de las dos películas, para seguir con sus vidas y no detenerse a pesar de sus inseguridades. Estas dos almas son Álex, una adolescente segura y de fuerte carácter, y Abraham, un poco más joven, pero todo lo contrario de personalidad, como si fuese el reverso de Álex, ya que se trata de alguien inseguro e introvertido, debido a la mala situación familiar que tiene que soportar a diario con una madre enloquecida y un padre violento.

Alvea y Ortuño envuelven su película en pocos espacios, un par de viviendas, a cual más inquietante, con esa decoración propia de los setenta con empapelamiento de las paredes y objetos que remiten a un tiempo atemporal y difícil de definir, con los pasillos ominpresentes de un edifico en el que apenas se ven vecinos, y algunas escenas callejeras, situando sus momentos más álgidos en los espacios domésticos, sumergiéndonos en esa atmósfera oscura e inquietante, en el que dos adolescentes vivirán ese tiempo de transición, un tiempo de cambios trascendentales en sus vidas, donde dejarán de ser niños para convertirse en adultos, vivir sus propias vidas, tomar sus decisiones y coger las riendas de su existencia haciendo frente a sus conflictos interiores y exteriores. En la película predominan los colores verde y rojo, en la que crean ese ambiente claustrofóbico y agobiante en el que vive Abraham, donde parece que todas las salidas lo llevan a la soledad, aunque ahí estará Álex para echarle todos los cables que hagan falta, y acompañarlo en este aventura oscura e inquietante.

Los cineastas sevillanos optan por un universo plagado de múltiples referencias al género de terror, desde clásicos imperecederos como Psicosis (adoptando la mítica escena de la ducha) El resplandor (acogiendo la secuencia del baño y esos inacabables pasillos) Al final de la escalera (con esas escaleras y objetos que caen de ellas) o La profecía (en el que los juegos con la presencia del maligno son evidentes) y también, otros grandes nombres míticos del género como Carpenter (y su mítico coche) o la relación entre los niños de Déjame entrar, y muchos más que los espectadores fans del género irán descubriendo. Todas esas referencias, siendo evidentes en algunos casos, no lastran el contenido ni la forma de la película, sino que experimentan el efecto contrario, no creando el recordatorio nostálgico, que sería pernicioso para el resultado, sino dotando a su atmósfera de un juego de referencias que ayudan a dotar de carácter a su forma y fondo, creando un juego deformante de espejos laberínticos, en el que nada paraece lo que es, donde nos sumergimos de forma natural y concisa en aquello que se nos está contando.

Uno de los hallazgos de la película recae en su joven pareja protagonista, que como sucedía en su primera película, son dos actores desconocidos para la gran pantalla. Por un lado, tenemos a Clare Durant, la Álex de la historia, esa mujer de fuerte personalidad, mirada penetrante y gesto enérgico que se convierte en el contrapunto perfecto de Abraham, al que da vida Iván Pellicer, con su gesto apesadumbrado y mirada intensa y triste, bien acompañados por la sobriedad de Liz Lobato, la madre ausente de Abraham, la frescura de Chacha Chuang como la novia de Abraham, y las presencias de dos titanes como Ángela Molina, haciendo de psiquiatra, y Luis Bermejo como ese padre violento. Un buen y audaz cuento de terror psicológico con un inmenso trabajo del equipo técnico y artístico, sin casa encantada, ni fantasmas ni situaciones harto inverosímiles, sino una estupenda e interesante trama que nos habla de todos nuestros miedos, reales e imaginarios, de las dificultades y los fantasmas interiores de hacerse mayor, de entenderse a uno mismo, y sobre todo, de los extraños y complejos mecanismos para manejar situaciones emocionales propias y ajenas cuando todo parece desembocar hacia algo muy oscuro, terrible y atroz.

El ataúd de cristal, de Haritz Zubillaga

NUNCA TE VOY A MENTIR.

Amanda es una actriz treintañera considerada en la profesión. Esta noche, es su gran noche. La industria la homenajea. Pero, la noche empieza a torcerse. Primero, su novio le llama excusándose que no podrá asistir debido a un contratiempo en el viaje de vuelta. Aunque, lo peor está por llegar. La limusina que la recoge no es una limusina cualquiera, en el interior del vehículo le esperan fantasmas del pasado que vienen a rendirle cuentas y para nada de forma amistosa, sino todo lo contrario, en una espiral profunda y terrorífica donde sus peores pesadillas se harán realidad. El director Haritz Zubillaga (Bilbao, 1977) firma su primer largo, después de una exitosa carrera en el cortometraje, donde su trabajo titulado Las horas muertas (2007) entre muchos otros, siempre dentro del género de terror, se alzó con numerosos premios internacionales, una pieza de terror sobre unos incautos, su caravana y un francotirador. Zubillaga vuelve a un único espacio, el interior de la limusina (como ocurría en Cosmopolis, de Cronenberg) pero el director bilbaíno adopta la cobertura de thriller terrorífico, en el que ese espacio de interior se convertirá en el lugar de la película, donde Amanda tendrá que someterse a las exigencias sexuales y macabras de una voz distorsionada que la vigila.

A medida que avanza el metraje, descubriremos quién anda detrás de esa voz y el vínculo terrorífico que tiene con Amanda. Zubillaga echa mano de todos los clichés habidos y por haber del género, pero sin sobarlos ni rendirles pleitesía, su película los recoge y los transforma dentro de su dispositivo de ese espacio en el que aparentemente le rodea el éxito y la sofisticación, aunque Amanda y su pesadilla, lo acabaran convirtiendo en todo lo contrario, en un espacio de horror y de supervivencia. Se agradece también la duración de la película, unos 77 minutos, que nos recuerda a aquellos ejercicios de suspense nacidos en la RKO y Universal que rondaban la hora y algo de metraje. El cineasta bilbaíno saca partido a su reducido espacio con la aparición de nuevos objetos y situaciones que provocan tensiones, lesiones y demás problemas para la integridad de Amanda, retorciendo aún más si cabe la trama, en la que nos enfrentamos a nuestro pasado, a aquellos pecados olvidados o que quisiéramos olvidar, y a esas personas que de un modo u otro, formaron parte de nuestro pasado y nuestro destino, aunque nosotros no le dimos importancia.

Un thriller tenebroso y con un extraordinario juegos de luces, a través de las miserias del cine, del lado oscuro, en una sociedad competitiva y deshumnizada, que nos interpela sobre las consecuencias de nuestros actos y hacía donde estos nos pueden llevar, y sobre todo, un relato donde nos enfrentamos a nosotros mismos, al reflejo deformado y oscuro de nuestra alma (como ocurría en la novela de El retratro de Dorian Grey, de Oscar Wilde) en un juego macabro entre nosotros y aquello que nos culpabiliza, en un poderoso y asfixiante ejercicio del más puro terror, en el que la joven desdichada, que pronto la conoceremos realmente, se ve envuelta en una pesadilla horrible en la que parecía que iba a ser su gran noche. Una película que bebe y con acierto de muchas ramas del terror, desde el más clásico, donde nos van descubriendo el artefacto de la pesadilla hasta el “Giallo italiano”, donde hermosas mujeres se ven traumatizadas por dementes incontrolados, con esa voz terrorífica que nos devuelve a aquella de Hall 9000, la inteligencia artificial que dominaba a los hombres, que escuchábamos en 2001: Una odisea en el espacio, o más reciente la voz de Moon, que atormentaba y confundía al astronauta solitario que deseaba volver a su casa.

El grandísimo trabajo de la actriz Paola Bontempi (vista en breves papeles en numerosas series televisivas) que interpreta a la protagonista absoluta de la función, dando vida a Amanda, en el que destaca ese rostro desencajado y furioso, y su cuerpo magullado y herido, en una composición difícil y compleja de la que sale muy airosa de esta gran oportunidad, revelándose como una actriz de garra y fuerza, primero metiéndose en la piel de una actriz elegante y presuntuosa, para terminar como una superviviente nata en la que deberá mantenerse firme y también, porque no decirlo, enfrentarda a sus males, porque el pasado ha decidido tocar a su puerta y nos e va a ir así como así. Zubillaga ha construido una película con hechuras y valiente, de una tensión in crescendo, donde la pesadilla de horror se va sumergiendo en una terrible jungla de horror sin fin, sacando un partido extraordinario al reducido espacio, y a su único personaje, que sufre la violencia de ese engendro que si bien parece mecánico, pronto descubrirá su verdadero rostro, y será entonces cuando nuestras pesadillas más profundas emergerán a la superficie más cotidiana.

Encuentro con Guillermo del Toro

Encuentro con el cineasta Guillermo del Toro, junto al actor Sergi López y Esteve Riambau, director de la Filmoteca, con motivo del ciclo que le dedica la Filmoteca en colaboración con Sitges. Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Cataluña. El encuentro tuvo lugar el domingo 8 de octubre de 2017 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Guillermo del Toro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.