Entrevista a Fabricio D’Alessandro

Entrevista a Fabricio D’Alessandro, director de “Oculto el sol”. El encuentro tuvo lugar el jueves 25 de enero de 2018 en los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Fabricio D’Alessandro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Esther Lopera de La Chincheta comunicación, por su generosidad, amabilidad y cariño, y a Toni Espinosa, responsable de los Cinemes Girona, por su amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Florencia de Maio

Entrevista a Florencia de Maio, actriz de “Oculto el sol”, de Fabricio D’Alessandro. El encuentro tuvo lugar el jueves 25 de enero de 2018 en los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Florencia de Maio, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Esther Lopera de La Chincheta comunicación, por su generosidad, amabilidad y cariño, y a Toni Espinosa, responsable de los Cinemes Girona, por su amabilidad, generosidad y cariño.

Oculto el sol, de Fabricio D’Alessandro

SIETE INSTANTES.

La palabra “Eclipse”, término que proviene del griego, de la etimología  “ekleipsis”, quiere decir desaparición o abandono. Este extraño fenómeno, y más concretamente, el eclipse solar, es el que viven los personajes de Oculto el sol. Unos individuos que viven pequeñas historias alrededor de un día que la luz desaparece y deja espacio a lo que no se ve, a lo que no somos capaces de ver de nosotros mismos, a todo aquello que nos angustia y nos atormenta, a aquello que ocultamos a los demás. Siete momentos protagonizados por Lorenzo, un músico que trabaja en su nueva obra, se entera que sus padres biológicos no lo son. Laura decide que no tiene claro casarse el día de su boda.  Juana es hechizada por su amante que quiere estar de nuevo junto a ella. Gustavo, un bailarín de clásico, ya no le apetece volver a salir al escenario. Clara tiene la necesidad de comunicarse con su hermano con él que se ha distanciado. Gena siente extrañas presencias en su casa que comparte junto a su amor que casi siempre está ausente por el trabajo. Y finalmente, Ana y Mora, son dos mujeres que entran a escondidas en el domicilio vacío de una famosa actriz. Siete instantes, siete situaciones, siete momentos que sin tener nada que ver los unos con los otros, comparten un día diferente, en una ciudad cualquiera, una ciudad sometida a los caprichos de un eclipse solar que ocultará la luz y los encerrará en ellos mismos, en sus intimidades, deseos, ilusiones, miedos, frustraciones y demás sentimientos.

La puesta de largo de Fabricio D’Alessandro, argentino de nacimiento y afincado en Barcelona (que firma el guión, la edición y la coproducción de la cinta, junto a la escuela de cine FX Animation 3D, que se lanza con esta película a la aventura de producir)  se sitúa en un escenario singular, en un paisaje urbano donde parece evocar a un tiempo detenido, a un tiempo donde todo es posible, en el que los protagonistas de estas siete ventanas se sumirán en un espacio atemporal, en unos microcosmos domésticos e íntimos, en los que ya nada volverá a ser igual después de ese día, un día en el que se verán inmersos en ellos mismos, en una especie de búsqueda emocional que les hará preguntarse quiénes son, y qué quieren de ellos mismos, algo así como una especie de catarsis emocional debido al accidente meteorológico. D’Alessandro encierra a sus criaturas en pequeños espacios cotidianos, donde los sacude emocionalmente, dejando ver todo aquello que se oculta, aquello que no dejamos ver, que sentimos y no pueden ver los demás, y menos aquellas personas que forman parte de nuestro entorno, y lo hace mostrando una inusitada sencillez y honestidad, donde filma de manera desestructurada su relato, compuesto por breves e intensas secuencias que nos irán informando del devenir emocional de estas almas implicadas, en los que toca temas que van desde la identidad, nuestra intimidad, la soledad, el deber social y profesional, y sobre todo, el amor y sus devaneos sentimentales.

El director argentino construye una mezcla lúcida y cautivadora sobre nuestras emociones, nuestros miedos e inseguridades, sobre todo aquello que nos hace feliz o lo que nos duele, de aquello que nos hace sentir vivos o infelices, en un mundo más vertiginoso, mecanizado, y menos humano, donde todo va a velocidad de crucero, y ya no sólo no tenemos tiempo para los demás, sino que tampoco tenemos tiempo para nosotros mismos, en los que para protegernos nos encerramos en nuestros pequeños universos donde ocultamos nuestras miserias humanas, en una sociedad que parece renegar de lo que sentimos realmente y nada hace para aliviarlo, aunque solo sea por unos instantes. D’Alessandro se apoya en una fotografía de Gustavo Guevara y Martín Turnes, a partir de lo natural, en la que capta todos los detalles y miradas de los personajes, así como las atmósferas que la ausencia de luz va generando en los espacios, salpicada de claroscuros y detallista, donde los cuerpos y los rostros penetran en nuestra miradas, que parece como si pudiésemos tocarlos y sentirlos, moviéndose por espacios reducidos, en los que la cámara captura esos instantes en los que pueden abrirse a todo aquello enterrado y oscuro. El buen plantel de intérpretes capitaneados por Florencia de Maio (que además interviene en la producción y es la responsable de la dirección de actores) nos conmueven a través de leves miradas y gestos, en unas composiciones sinceras e íntimas, donde el tiempo se detiene para sus emociones, convocándoles en ese breve lapsus donde el eclipse hace que lo imposible sea posible, y donde la oscuridad provocada por el eclipse, deviene una apertura de sus sentimientos más profundos, que los acerca a los demás, y sobre todo, a ellos mismos.

D’Alessandro ha construido una película que rezuma independencia y vida por todos sus poros, valiente en su espíritu, y en su peculiar e incisiva maraña argumental, episódica, que sigue la estela de grandes obras como El placer, de Öphuls, El fantasma de la libertad de Buñuel o Roma, de Fellini… o los más prolíficos en estos lares, Robert Altman y Jim Jarmusch que en muchos de sus filmes daban buena cuenta de esta forma coral de presentar los conflictos de sus personajes, creando universos particulares, interesantes y extraordinariamente cercanos y vivos, aunque como suele ocurrir en este tipo de estructuras corales, hay algunos episodios que nos resultan más interesantes que otros, ya sea por su naturaleza o su manera de contárnoslo, pero tanto el montaje como la propuesta formal de D’Alessandro logra manejar sus tiempos y emociones de manera sincera, sin olvidarse de su planteamiento argumental, penetrando con libertad en su intimidad, creando el ambiente propicio que irá in crescendo donde la catarsis emocional renacerá de sus pequeños infiernos, y todo aquello que nos hace vivir irá lentamente saliendo a la superficie, casi sin darnos cuenta, apoderándose de los personajes y sus sentimientos, abriendo esa luz que tanto nos hace falta, una luz que, al fin y al cabo, es la que nos hace seguir respirando y emocionándonos, sentirnos vivos.


<p><a href=”https://vimeo.com/151858148″>&quot;Oculto el Sol&quot; de Fabricio D&acute;Alessandro – TRAILER OFICIAL -</a> from <a href=”https://vimeo.com/fabriciodalessandro”>FABRICIO L. D&acute;ALESSANDRO</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Laia Marull

Entrevista a Laia Marull, actriz de “Brava”, de Roser Aguilar. El encuentro tuvo lugar el lunes 3 de julio de 2017 en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Marull,  por su tiempo, generosidad y cariño, a Maria Guisado de La portería de Jorge Juan, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño, y a Toni de Cinemes Girona, por su amabilidad y cariño.

Entrevista a Roser Aguilar

Entrevista a Roser Aguilar, directora de “Brava”. El encuentro tuvo lugar el lunes 3 de julio de 2017 en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roser Aguilar,  por su tiempo, generosidad y cariño, a Maria Guisado de La portería de Jorge Juan, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño, y a Toni de Cinemes Girona, por su amabilidad y cariño.

Entrevista a Tomasz Wasilewski

Entrevista a Tomasz Wasilewski, director de “Estados Unidos del amor”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 28 de junio de 2017 en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Tomasz Wasilewski,  por su tiempo, generosidad y cariño, a Lorea Elso de Golem Distribución, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño, y a Toni de Cinemes Girona, por su amabilidad y cariño.

Una historia de locos, de Robert Guédiguian

VÍCTIMAS DE LAS INJUSTICIAS.

“Me gusta pensar que los momentos más importantes de la Historia no tienen lugar en los campos de batalla o en los palacios, sino en las cocinas, los dormitorios o las habitaciones de los niños”

David Grossman

La película arranca de forma magistral y concisa, situándonos en el Berlín de 1921, bajo una luz prodigiosa filmada en blanco y negro, y una sobria ambientación, asistimos al asesinato de Talat Pashá, uno de los autores del genocidio armenio de 1915 a manos de Turquía, llevado a cabo por el  ciudadano armenio Soghomon Tehlirian, y su posterior juicio. El acusado que, se declara culpable, es absuelto. De esta apertura, pasamos a principios de los ochenta en la ciudad de Marsella, en la que conocemos a la comunidad armenia refugiada, y más concretamente a una de sus familias, la cual será el núcleo de la trama que se nos contará.

Robert Guédiguian (Marsella, Francia, 1953) se ha caracterizado por construir un cine contemporáneo, situado en su Marsella, y a partir de comedias con apariencia ligeras y cercanas, ha realizado películas de índole social, en las que habla de temas candentes de los ciudadanos de ahora, como el desempleo, la inmigración, las carencias sociales, todo ello, a través de personajes próximos, cálidos y humanistas, interpretados por los habituales Ariane Ascaride, Gérard Meyland y Jean-Pierre Darroussin. En su 19 película de su filmografía, vuelve a sus orígenes, al pueblo de sus antecesores, a Armenia, su padre era armenio, y se embarca en una reconstrucción histórica, como ya hiciera en el 2006 con Le voyage en Arménie, en la que nos contaba la vuelta de un exiliado y como se encuentra la tierra de su infancia, ahora, Guédiguian ha ido mucho más lejos, y se ha planteado una película compleja y difícil, tanto por lo que cuenta como por los temas que trata.

Guédiguian ha tomado una noticia real, la sucedida en Madrid en 1981, cuando el periodista José Antonio Gurriarán quedó paralítico a consecuencia de un atentando perpetrado por el ASALA (Ejército secreto Armenio para la liberación de Armenia), suceso que llevó a Gurriarán a investigar sobre el tema, y a conocer a sus verdugos, de la que salió la novela “La bomba”. El director marsellés nos cuenta la historia de Aram, uno de aquellos jóvenes armenios/franceses que, instigado por la madre, acaba enrolándose al ASALA, y en una de sus acciones, una bomba que hace volar el coche del embajador de Turquía en París, hiere, dejando paralítico, a Guilles Tessier, un ciclista que casualmente pasaba por allí. Guédiguian realizado una película primorosa, cuidando todos los detalles, filmando en los lugares donde se desarrollaron los hechos y centrándose en la complejidad de sus personjes, hablándonos de varias cosas, por un lado, tenemos a Aram y su lucha armada, con sede en Beirut, en el que asistimos a los conflictos, tanto internos como externos del joven, la cotidianidad en la vida clandestina y su lucha por que su pueblo sea reconocido. Y por el otro, a Guilles, el joven francés que, después de su ardua recuperación, quiere conocer a su verdugo, después que Anouch, madre de Aram, lo visitará en el hospital para expresarle sus condolencias.

El cineasta francés nos habla sobre la culpa y el perdón, en un relato político, que investiga la memoria y la identidad no solamente de un pueblo, sino también la de cada uno, sin olvidarnos, del tema más complejo que aborda la película, el posicionamiento sobre la legitimación de la violencia para defender una cusa justa. Guédiguian no toma partido, nos cuenta su película mostrándonos todas las razones que justifican sus personajes, sin decantarse por ninguno de ellos, no estamos ante un panfleto político, no hay nada de eso, y celebramos enormemente la decisión de Guédiguian, que logra mantenernos en vilo, consiguiéndolo a través de lo más mínimo, centrándose en las historias humanas, que jalonan su filmografía, unos seres que luchan por tirar hacia adelante, a pesar de las dificultades con las que se encuentran, gentes humildes, con dudas y miedos, que se equivocan mucho y pocas veces aciertan, esta vez, el realizador marsellés se ha adentrado en un freso histórico que recorre un siglo del pueblo armenio, que arrastra la desidia y lucha contra el olvido de muchas naciones que no reconocen su triste pasado.

Una película reflexiva, contundente y apasionante, que se va contando con pausa, sin prisas, que consigue apoderarse de cada uno de los espectadores de forma sutil, sin aspavientos ni desmesura, mostrándonos que a veces los ideales que defendemos obedecen más al miedo que a un pensamiento reflexivo, y en ocasiones, el único camino que nos queda es la lucha armada, aunque eso nos obligue a tomar decisiones que vayan en contra a nuestros principios morales. Guédiguian con su habitual Ariane Ascaride y un trío de jóvenes intérpretes, que ofrecen vitalidad y naturalidad a sus personajes, cimenta una historia donde no existen inocentes y culpables, sobre la necesidad de entender primero antes de juzgar, sobre las injusticias cometidas, aquellas que nadie responde, aquellas que se quedaron en el olvido, que hacen daño, pero que el pueblo armenio se niega a ese destino y sigue en pie, valiente y decidido, luchando por ser reconocido.