Los niños están bien, de Nathan Ambrosioni

JEANNE Y LA VIDA. 

“Lo más duro de aprender en la vida es qué puente cruzar y cuál quemar”. 

David Russell  

La vida de Jeanne, o al menos eso parece cuando arranca la película, está bastante equilibrada: su trabajo bien remunerado en una agencia de seguros que le permite vivir en una amable y cómoda zona residencial a las afueras de París, y además, una soledad elegida que le da una existencia muy tranquila y sin sobresaltos. Una tarde de verano, como otra cualquiera, llega de improviso Suzanne, su hermana pequeña viuda que trae consigo sus hijos pequeños, Gaspard y Margaux. A la mañana siguiente, Suzanne ha desaparecido y ha dejado una nota que pide a su hermana que cuide a sus hijos. A partir de ese momento, la historia se destapa sin titubeos, y nos deja ver a una Jeanne muy distinta, a medida que avanza la trama iremos descubriendo una mujer diferente que ha ocultado bajo la alfombra su verdadera vida mostrando a los demás una que nada tiene que ver. Así empieza Los niños están bien (en el original, “Les enfants vont bien”).

El quinto trabajo de Nathan Ambrosioni (Francia, 1999), después de dos cintas de terror Hosile (2014), y Therapy (2016), un drama como Le drapeaux de papier (2018) y la comedia dramática Toni, en familie (2023), parece aglutinar parte de aquellas, porque estamos ante un drama muy contenido que se sitúa en un marco aparentemente frío y distante, como la vida y por ende la casa de la protagonista Jeanne, porque así se muestra en un principio. Su vida ordenada y gélida se ha puesto patas arriba con la huida de su hermana y con el cargo de sus dos sobrinos. El director francés opta por una narración reposada, alejada de estridencias argumentales ni aspavientos emocionales, todo se cuenta desde lo interior, con unos personajes que miran mucho y hablan poco, eso sí, cuando la hacen, estallan muchas cosas. Seguimos con cuidado detalle y precisión la realidad cotidiana de la protagonista pasando por toda la burocracia en estos casos: policía, juzgado de menores y demás instancias. Aparte conocemos a Nicole, su ex pareja que le ayuda con sus sobrinos. Un personaje que desvela información delicada de Jeanne que nos hace verla desde diferentes ángulos y complejidades. 

Un magnífico trabajo de cinematografía que firma Victor Seguin, responsable de películas como Back Home, Gagarine, A tiempo completo y Blue Jean, entre otras, donde prima los colores pálidos y oscuros, donde rebosan las tonalidades marrones y negras, así como el tono plomizo del cielo y la abundancia de interiores que cercan la realidad opresiva que siente una Jeanne que se ve sobrepasada. La música de Alexandre de La Baume, se despoja de lo convencional porque no se dedica a subrayar los elementos dramáticos que ya son lo suficientemente fuertes, sino que se va a las antípodas, construyendo unas composiciones que puntean de forma clarividente y sólida cada encuadre, cada mirada, cada detalle y sobre todo, las complejidades de unos hechos que para todos son novedosos y deben lidiar con todo eso. El montaje es del propio Ambrosioni, actividad que compagina con la dirección, ya que ha montado cuatro de sus cinco películas, amén de ediciones para otros directores. Una edición concisa, sobria y tejiendo sin prisas una película sensible que presenta muchas emociones y muy contradictorias y a unos seres vulnerables, complejos e imperfectos, como somos todos, en sus 111 minutos de metraje nada previsibles que se ven con mucho interés. 

Otro de los grandes aciertos de la cinta es su excelente reparto arrancando por Camille Cottin que hace de Jeanne, que trabajó con Ambrosioni en la citada Toni, en familie, amén de otros grandes nombres como Honoré, Klapisch, Scott, Branagh y Mouret, entre otros. Le acompañan su hermana desaparecida que es Juliette Armanet, Monia Chokri es Nicole, su salvación, que hemos visto en películas de Dolan, Arcand, Calibre Simon, además de su filmografía como directora. La belga Myriem Akeddiou, vista en la poderosa Yo te creo, es una jueza de menores, los niños Manoâ Varvat y Nina Birman, y la presencia siempre estimulante del gran Féodor Atkine, con una larga trayectoria con más de 120 películas entre los que destaca Rohmer, Almodóvar, Pollack, Saura, Altman, Zulawski, entre otros. No se pierdan Los niños están bien de Nathan Ambrosioni, porque habla de esos temas incómodos que intentamos esquivar pero que, tarde o temprano, nos dan la hostia de las buenas, porque mete el dedo en la llaga de todas esas decisiones que tomamos más por miedo y luego, la vida, eso que hacemos a diario y pocas veces nos enteramos de qué va, nos devuelve a nuestra realidad, y nos lo hace pagar en formas diferentes. En el fondo, por mucho que creamos que decidimos algo de nuestras breves e insignificantes existencias, la cosa va más por las malditas circunstancias que nos sitúan donde no queremos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Solomamma, de Janicke Askevold

EDITH CONOCE A SU DONANTE. 

“Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no cuentan si lo que descubrió merecía la pena”. 

José Saramago 

Los nombres de Ruben Östlund, Joachim Trier, Eskil Vogt, Thomas Alfredson y demás han dado buena cuenta de una mirada muy personal procedente del norte de Europa, a partir de retratos que indagan en la profundidad psicológica con una sensibilidad muy cercana y nada sensiblera. A esa terna, podemos añadir otro nombre ilustre, el de Janicke Askevold (Stavanger, Noruega, 1980) que, aunque se licenció en el prestigioso Atelier Theatral de Création para luego dirigir obras teatrales en Francia, presenta Solomamma, su ópera prima que nos habla de la maternidad en solitario de una mujer que se llama Edith, periodista de profesión y muy curiosa que, al enterarse de la identidad de su donante de esperma, se lanza a saber de él, a conocerlo y de esa forma, conocer mucho más a su hijo de 4 años. La historia pivota a través de la cotidianidad de Edith, y esta aventura que tiene mucho de inconsciente mezclada con el conocimiento y una forma de huida para soportar una existencia que se complica con su trabajo, su rol de madre soltera y la incipiente demencia de su madre. 

Un guion escrito por Jorgen Faroy Flasnes, que trabajó en la serie Nudes (2019), Mads Stegger, que tiene en su haber la película Hipnosis (2023), de Ernest de Geer, y la propia directora, en el que hay mucha verdad transformada en drama existencial, comedia inteligente, alguna que otra aventura, mucha reflexión y azote contra una sociedad que va de moderna y juzga todo aquello que es diferente o incluye miradas alejadas a los cánones establecidos de lo que debe ser esto o aquello. Edith es una mujer que rompe con lo establecido, aunque la película no embellece su decisión y mucho menos alecciona sobre ella, sino que la muestra de frente, sin subterfugios ni amarillismo, sino de una forma muy íntima y real, la que se saca de la auténtica realidad en la que vivimos todos. Un retrato tangible y humanista, en el que se cuentan situaciones tan reales que dan miedo, y esa característica particular de Edith que, tras conocer la identidad de su donante, no puede quedarse quieta y ante los problemas del futuro a los que se enfrentará con su hijo, decide que sabiendo más del donante, dispondrá de más herramientas para hacerlas frente y sobre todo, aprender de su origen, aunque como pasa en la vida y las cosas que creemos de una forma u otra, la realidad siempre se encarga de darnos una hostia y ver la dura realidad o incluso, desnudarnos para que no finjamos más y seamos sinceros con nosotros. 

Para su puesta de largo la directora noruega ha contado con la cinematografía de Torjus Thesen, que ha trabajado en las series Ida Takes Change y Amor sin wifi, en un trabajo serio y riguroso, que llama la atención por los planos cercanos que se ayudan del zoom para encuadrar más cerca a los personajes cuando están detenidos, situación novedosa en el cine actual que, en cambio, ayuda a centrarse mucho más cuando la situación se vuelve más a tumba abierta. La música está firmada por el trío lituano, Karlis Auzans, Paulina Kilbauskas y Vygintas Kisevivius, no obstante la película es una coproducción de Noruega, Dinamarca, Lituania y Letonia, en un gran trabajo porque la banda sonora, amén de algún tema muy popular en una secuencia inolvidable, cimenta con calma y atención todos esos momentos donde la historia se torna más íntima. El montaje lo firma Patrick Larsgaard, habitual del cineasta André Ovredal, el director de Troll Hunter y La autopsia de Jane Doe, entre otras. Una edición con mucho ritmo y muy agitada, con esa vida de altibajos en el que vive Edith, en un retrato muy actual por el que pasan muchas madres y la posibilidad de conocer lo desconocido, aunque eso sea arriesgarse mucho en sus interesantes 99 minutos de metraje. 

Uno de los grandes aciertos de la película es contar con la actriz Lisa Loven Kongsli, un actriz versátil de gran trayectoria que le ha llevado a trabajar con nombres tan importantes como el citado Ruben Östlund, Erik Poppe y Cristian Mungiu, entre otros. Una intérprete magnífica que sostiene con su rostro y su tristeza y su vulnerabilidad todo su trayecto emocional. A su lado, Herbert Nordrum, un gran actor que le da una réplica brutal porque él hace de donante conocido, al que hemos visto en películas brillantes como La peor persona del mundo, del mencionado Trier y la señalada Hipnosis. Una gran pareja sobre los miedos e inseguridades de ser madre soltera. Una película como Solomamma, de Janicke Askevold invita a reflexionar sobre las decisiones que tomamos y sobre cómo afectan a las personas de nuestro entorno, porque cómo somos, cómo vemos las situaciones y la gente que nos rodea define nuestra existencia por completo. Por eso, lo importante es saber hacia adónde vamos, pese a quién pese y pase lo que pase, porque solo tenemos una vida y la debemos vivir como podamos que, con lo que cuesta, ya tenemos suficiente sin importarnos lo que juzguen los demás, como hace la protagonista, con sus aciertos y desaciertos, pero aceptando su miedo, inseguridades y demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Si pudiera, te daría una patada, de Mary Bronstein

UNA MADRE AL LÍMITE. 

“Y de nuevo volvió a sentirse sola ante la presencia de su eterna antagonista: la vida”. 

Virginia Woolf

En la magnífica “Una mujer bajo la influencia” (1974), de John Cassavetes nos tropezamos con Mabel, una mujer que se siente sola, perdida e inestable emocionalmente, vive atrapada por las impecables normas sociales, interpretada por una extraordinaria Gena Rowlands. Una película mítica y fundacional en el hecho de mostrar una realidad que sufrían muchas mujeres, una realidad invisible y oculta que retrataba una cotidianidad que se vivía en silencio y muy dolorosa. Linda, la protagonista de Si pudiera, te daría una patada (en el original, “If I Had Legs I’d Kick You”), es una descendiente directa de Mabel, porque, años después, la situación de muchas mujeres continúa igual. Linda es madre de una niña con una enfermedad rara, el marido trabaja fuera y por ende, se enfrenta sola a la incertidumbre e inquietud de no conocer qué le sucede a su hija pequeña. Además, un extraño agujero en su casa, la lleva a vivir en un motel en que su inestabilidad aún se recrudecerá aún mucho más. 

Segunda película de Mary Bronstein (New York, EE. UU., 1979), después de Yeast (2008), protagonizada por una tiránica y emocionalmente inestable que lucha por volver a ser amiga de sus amigos protagonizada por Greta Gerwig y la propia directora. A partir de un guion muy imaginativo en el que se mezclan varios géneros y texturas que van desde del drama íntimo y oscuro, en que lo social ayuda a retratar muchas realidades invisibles, y el fantástico como motor de algo psíquico muy del gusto de Polanski y Lynch, con algunas dosis de humor negro. La película tiene una atmósfera muy conseguida, en la que viajamos por esa otra América, más cotidiana y superficial, donde el traslado al citado motel, envuelve la trama en un cuento de hadas pesadillesco, donde la historia se torna llena de personajes de la noche, que vagan de aquí para allá, donde las adicciones de la protagonista salen a relucir con más fuerza, en ese continuo viaje psicótico por el que se mueve la película, a partir de fuertes contrastes, entre el día y la noche, con esa existencia que deambula, agitadísima y sin consuelo, donde la madre va cayendo a su particular infierno que parece no tener fin, tan sola e incomprendida por todos y por todo. 

La directora neoyorquina se ha rodeado de un excelente equipo empezando por la productora Sara Murphy, responsable de las dos últimas películas de Paul Thomas Anderson, y de otros grandes títulos indies como Nunca, casi nunca, a veces, siempre, y El blues de Dale Street, entre otros. El cinematógrafo Christopher Messina, que ha trabajado mucho en los documentales de Adam Bhala Lough, amén de Fourteen, de Dan Sallitt, impone una luz intensa y corporeal por el día, y atmosférica de noche, que traspasa la pantalla situándonos en el epicentro de la protagonista, que la sentimos hasta muy adentro. El sonido de Filipe Messenger, responsable de títulos como El faro, de Robert Eggers, y la más reciente Weapons, contribuye a dotar a la película de esa fuerza caótica y tremendamente física y asfixiante por la que se mueve. El montaje lo filma Lucian Johnston, que edita las películas del reconocido Ari Aster, y La tragedia de Macbeth, de Joel Coen. Un gran trabajo de edición que nos lleva en volandas por casi las dos horas de metraje, llevándonos a través de los altibajos de una mujer que va en modo zombie por su existencia, intentando mantenerse firme en un descenso a las catatumbas en caída libre que no parece acabarse. 

Si la elección de cualquier intérprete principal es crucial en el caso de Si pudiera, te daría una patada, resulta definitorio para el devenir de la película, porque la elección de Rose Byrne ha resultado ser un extraordinario acierto porque la composición de la actriz australiana es abrumadora, de una sobriedad absoluta en este viaje-diario a la oscuridad más profunda del alma en esta travesía con una Alicia adulta y madre en su particular experiencia por el país de las oscuridades. A la actriz, después de más de sesenta títulos, casi todos mainstream, le llega una oportunidad que ha sabido aprovechar en uno de los trabajos del año premiado en el prestigioso Festival de Berlín. Le acompañan Conan O’brien, uno de esos secundarios efectivos que hemos visto en muchas películas haciendo de un colega muy curioso, y el rapero ASAP Rocky, que sale en la nueva de Spike Lee, siendo un amigo accidental en su nueva vida en el exilio del motel. Nos quedamos con el nombre de Mary Bronstein, porque su película me ha gustado porque indaga en situaciones poco tratadas en el cine, y que ahora, las directoras están reflejando en películas tan interesantes como Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa, La hija oscura, de Maggie Gyllenhaal, y Salve Maria, de Mar Coll. Todas películas que usan el género para sumergirnos en la maternidad mala, aquella apegada a una realidad más cruda, difícil y oscura, muy alejada de lo idílico que nos han vendido siempre. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Roser Texidó y Núria Florensa

Entrevista a Roser Texidó y Núria Florensa, codirectora y actriz de la película «Barcelona Mon Amour», en el entresuelo del Café del Born en Barcelona, el lunes 24 de noviembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roser Texidó y Núria Florensa, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Begoña Barrena de comunicación de la película, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Lilja Ingolfsdottir

Entrevista a Lila Ingolfsdottir, directora de la película «Adorable», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 30 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lila Ingolfsdottir, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Miguel de Ribot de Comunicación de A Contracorriente Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sorda, de Eva Libertad

LA MADRE SORDA. 

“La sordera es más que un diagnóstico médico; es un fenómeno cultural en que se unen inseparablemente, pautas y problemas sociales, emotivos y lingüísticos”.

Hilde Schlesinger y Kathryn Meadow 

Primero fue un cortometraje de 18 minutos de título Sorda, codirigido por Eva Libertad (Molina de Segura, Murcia, 1978) y Nuria Muñoz, con la que codirigió tres trabajos en total, y protagonizado por Miriam Garlo, hermana de Eva, y filmado en 2021, que pasó por más de 110 festivales y cosechó más de 60 premios, donde se exponían las dificultades de una joven sorda que quería ser madre en un mundo hecho para oyentes. Cuatro años después, nos llega el largometraje que conserva el mismo título y profundiza en todos los desafíos y muros a los que debe enfrentarse Ángela, una sorda que es madre junto a su pareja oyente Héctor. Alejándose totalmente del victimismo y la condescendencia, Libertad que dirige en solitario, traza un sensible e íntimo relato en el que no quiere abanderar ninguna causa, sino, de un modo relajado y tranquilo exponer las diferencias y los conflictos que surgen en cualquier pareja que acaban de ser padres, y además, con el añadido que la madre es sorda y debe lidiar con una sociedad por y para los oyentes.

En el primer tramo de la película vemos una vida compartida y acompañada entre Ángela y Héctor, en la que reina la armonía, la comprensión y la mirada cómplice y el amor entre los dos. Se producen las visitas de los padres de ella, tan temerosos por su hija, y aún más, cuando descubren que será madre. La complicidad de Ángela con los demás sordos/as donde todo es comunicación, comprensión y alegría y luego, están los amigos de él, donde Ángela puede ser una más con sus pequeñas dificultades. La segunda parte, cuando son padres, la historia vira a los conflictos que van surgiendo donde ella se siente desplazada y busca refugio en los demás sordos. La película explica con detalle y sobriedad todos los pequeños conflictos que se van produciendo, y lo hace con total claridad y transparencia, donde observamos los muros cotidianos, esos que se van creando casi sin darnos cuenta, donde lo que vemos “normal” es completamente dificultoso para alguien que es sordo. Pero, la directora murciana se destapa en su ópera prima con una valentía e inteligencia que hace que su película encuentre en las diferencias su mejor virtud, porque las acoge y no da soluciones, sino que las describe minuciosamente y expone los hechos que luego deberán ser lidiados por los personajes, tan cercanos como de verdad. 

La luz cálida y mediterránea que desprende toda la película, a pesar de los nubarrones emocionales que van cayendo sobre la relación de los principales protagonistas, ayuda a tener ese tiempo de reflexión que propone la película, en un gran trabajo de la cinematógrafa Gina Ferrer, de la que conocemos sus trabajos con Juan Miguel del Castillo, Estibaliz Urresola, Pau Calpe y la reciente Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo, entre otras. La interesante y profunda música de una especialista en la materia como Aranzázu Calleja, que tiene en su haber a cineastas como Borja Cobeaga, Galder Gaztelu-Urrutia, Alauda Ruiz de Azúa y los Moriarti, dando esos toques leves de negrura en el interior de los personajes, sin poner el acento, con tremenda sutileza. El montaje de una grande como Marta Velasco, habitual de los Trueba, los Javis, Agustín Díaz Yanes y algunos más que, con sus 99 minutos de metraje el tempo va in crescendo, de forma reposada, sin aspavientos ni prisas, con sencillez y cercanía para entender todos los conflictos tanto internos como externos, manejando con sabiduría todos los instantes sin caer en ningún momento en el victimismo o cosas por el estilo. 

La maravillosa pareja protagonista es capital en Sorda, porque tenemos a Miriam Garlo y Álvaro Cervantes, que saben transmitir toda la ternura, compañía y amor de una pareja que han vencido las diferencias y viven con cariño e intimidad. La llegada de su hija los trasbalsa como sucedería con cualquier pareja en la que los dos fueran oyentes. Sus dificultades nacen con las relaciones sociales de un mundo oyente que tiene poca empatía con los sordos y ahí es donde la película coge un vuelo magnífico porque saca a relucir todas las diferencias, conflictos y muros tanto de la pareja como de su entorno, y la posición de la película es extraordinaria porque no se deja de las consignas, banderas y demás estupideces, y saca toda su humanidad para hablarnos de temas tan candentes y cuestiones que desafían el amor de la pareja y su propia paternidad y maternidad. Los dos intérpretes están sublimes, porque lo hacen todo muy fácil, a pesar de la complejidad que va adquiriendo la historia con las distancias que se van generando. Los estupendos Elena Irureta y Joaquín Notario son los padres de Ángela que, saben transmitir todos los miedos que tienen acerca de su hijo, y por ende, mucha de la visión de los oyentes hacía los sordos. 

Lo que deja claro una película como Sorda es que todos deberíamos aprender el lenguaje de signos, y no por ayudar a los sordos, que sí, sino también para ayudarnos a nosotros, para no olvidarnos de los que viven de otra forma, y sobre todo, para empatizar con todos ellos. Una lengua que debería ser obligatoria para todos en la enseñanza pública, porque nos ayudaría a entender nuestra sociedad, todas sus diferencias, diversidades y problemas. Hemos de agradecer a Eva Libertad que haya hecho una película como ésta, una película que aborda los conflictos desde una complejidad diferente y nada complaciente, sino todo lo contrario, explorando los recovecos y los espacios que se originan en la relación que vemos en la cinta. Hay algunas películas que habían tratado las tremendas dificultades de los sordos como El milagro de Ana Sullivan (1962), de Arthur Penn o Hijos de un dios menor (1986), de Randa Haines, entre muchas otras, pero hasta ahora nadie había tratado esos primeros meses de una madre sorda y las complicaciones que surgen para una madre que hace lo imposible por aceptar y adaptarse y en cambio, la sociedad, tan ensimismada en mirarse a sí misma y nada afuera, y se muestra incapaz incapaz de mirar y empatizar con el otro, y en este caso, con las personas sordas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Antonella Sudasassi Furniss

Entrevista a Antonella Sudasassi Furniss, directora de la película «Memorias de un cuerpo que arde», en la Sala Club de la SGAE Catalunya en Barcelona, el viernes 14 de febrero de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonella Sudasassi Furniss, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan maravillosa, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Memorias de un cuerpo que arde, de Antonella Sudasassi Furniss

LAS MUJERES DE FUEGO. 

“Estoy viva y mientras esté viva, no voy a ser una vieja”. 

Primero fue El despertar de las hormigas: Niñez (2016), un cortometraje de 18 minutos en el que abordaba el primer orgasmo de Luciana, una niña de 10 años. La segunda cita fue El despertar de las hormigas (2019), un primer largometraje que se situaba en la mirada de Isa, una joven madre y esposa que no desea un tercer hijo y experimentar con las cosas que le ofrece su cuerpo y la vida. El tercer viaje es Memorias de un cuerpo que arde, donde la directora Antonella Sudasassi Furniss (San José, Costa Rica, 1986), cierra su trilogía sobre el deseo y el placer femenino a través del sexo en la edad madura, donde a partir de las tres historias reales de Ana, Patricia y Mayela nos convoca a un viaje por la memoria y la experiencia personal de tantas mujeres latinoamericanas que crecieron y vivieron la represión sexual en una sociedad patriarcal y eminentemente religiosa que les impidió ser ellas mismas y experimentar en libertad su cuerpo, sus cambios y su sexualidad plena y las sometió a un silencio y una violencia hasta que se levantaron y dijeron basta. 

La directora costarricense ha construido un mundo que se sitúa en las décadas de los cincuenta y sesenta en un solo espacio, la casa de la protagonista en el que se edifica un imaginativo y poderoso dispositivo en el que mezcla con astucia dos elementos aparentemente antagónicos pero que acaban casando con un equilibrio y naturalidad apabullante. Por un lado, escuchamos los testimonios íntimos y sin complejos de las citadas mujeres de más de 65 años que explican sus descubrimientos en la infancia, juventud y adultez y su relación con su sexualidad, a través de sus experiencias en el amor, el sexo, la maternidad y la violencia. Por el otro, se cimenta una elaborada ficción en el que tres mujeres/actrices interpretarán lo que escuchamos pasando por las tres edades bien diferenciadas: la infancia, la adultez y la vejez en una sola mirada y experiencia. A partir de una estructurada y reposada mise en scène en el que todo sucede en una casa que va escenificando las diferentes etapas vitales y los respectivos lugares en los que va aconteciendo. Mediante unos ligeros y suaves planos secuencia muy bien dirigidos y coreografiados como el que abre la película: donde se muestra sin tapujos y con total transparencia el juego cinematográfico al que estamos a punto de asistir, y ese leve cambio de objetivo y pasamos de la no ficción a la ficción. 

Sudasassi Furniss vuelve a contar con el cinematógrafo Andrés Campos como ya hizo en la citada El despertar de las hormigas, donde se vuelve a imponer una luz muy natural donde lo doméstico adquiere toda su fuerza y centro de la historia, en el que los personajes se desenvuelven con total desparpajo por el entorno y transmiten esa intimidad que consigue sin estridencias ni inventos del estilo. La música de Juano Damiani crea ese espacio altamente cercano y sensible por el que transita la película, sin caer en lo acomodaticio ni sobrepasarse, bien acompañado por los escogidos temas musicales, como el maravilloso tema que canta Valeria Castro, de la que ya hemos apreciado su arte en películas como Mi soledad tiene alas y la reciente El 47. El montaje de Bernat Aragonés, un editor que ha escogido muy bien sus trabajos ya que ha tenido a nombres tan importantes como el desaparecido Agustí Villaronga, Isabel Coixet y Belén Funes, entre otros. Un trabajo impresionante porque la tarea no era nada sencilla, porque hay un sinfín de viajes en el tiempo, entre las tres diferentes edades, sensaciones y demás, con la ayuda del gran trabaja de arte, porque en el mismo plano se pasa entre tiempos, cambios y demás. 

Las magníficas composiciones de las tres mujeres/actrices que dan vida a la misma mujer en sus tres etapas, debutantes o casi en el campo cinematográfico. Tenemos a la niña que hace Juliana Filloy, que descubre sus primeras veces en el amor, en el sexo, en la violencia, en la alegría y la tristeza en el entorno que le rodea. Luego, pasamos a Paulina Bernini que hace la juventud y la adultez con los primeros besos, caricias, la boda, la maternidad, la violencia y una sexualidad en dos capas, con el marido sin orgasmos y después, en soledad disfrutando del sexo. Y por último, Sol Carballo es la mujer en su edad más avanzada y que actúa como eje vertebrador y memorístico que va repasando sus experiencias contándonos recuerdos y secretos íntimos y revelaciones ocultas que van haciendo un retrato individual y común de tantas mujeres que vivieron lo mismo en sus compañías y soledades donde descubrieron y experimentaron un mundo de sensaciones y de libertad que tuvieron que vivir en silencio y sin hacer ruido, hasta que dijeron basta y despertaron e hicieron su vida, en total libertad, sin imposiciones y con independencia, abriendo el camino para las generaciones de mujeres posteriores. 

Una película como Memorias de un cuerpo que arde se suma a esta mirada crítica y personal de muchas cineastas que están filmando historias que tienen que ver con el pasado de las mujeres, un pasado lleno de oscuridad, de violencia y de silencio, en que este cine ayuda a mostrar tantas realidades ocultas, invisibilizadas y olvidadas a través de un cine que muestra, que reflexiona y sobre todo, da luz a tanta oscuridad. La película de la cineasta caribeña se hermana de forma directa y personal con la reciente Las novias del sur, de Elena López Riera, porque las dos cintas rescatan una memoria que existía pero estaba silenciada, la de tantas mujeres que hicieron una vida a través de las sombras, llena de tabúes, hipocresía y maldad, donde el sexo, la menstruación, la maternidad, el amor y demás eran temas totalmente desconocidos. Las directoras Antonella Sudasassi Furniss y Elena López Riera y todas las demás que volverán a abrir en canal estos temas sobre tantas mujeres, tan necesarios para todos los públicos de ayer, hoy y siempre, porque construyen una historia real y no incompleta como hasta ahora, y además, son temas que forman parte de nuestra realidad y cuánto más se conozcan y se expongan mejor para todos y todas ya que nos abrirá un mundo de experiencias y sensaciones que podemos disfrutar entre todos y todas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La mitad de Ana, de Marta Nieto

LA MUJER QUE FUI. 

“(…) Toda comprensión intensa es finalmente la revelación de una profunda incomprensión. Todo momento de hallar es un perderse a uno mismo”. 

“La pasión según GH”, de Clarice Lispector 

Hemos visto muchas películas sobre la maternidad, pero faltaban más dirigidas por mujeres y eso no solo enriquece nuestra mirada como espectadores sino que, además, genera espacios de reflexión más profundos y directos sobre el tema. En apenas un par de años, hemos conocido los trabajos de Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa, Mamífera, de Liliana Torres y Salve Maria, de Mar Coll. Todas ellas películas sobre el hecho de tener hijos y también, de no tenerlos. Propuestas muy interesantes y brillantes a las que ahora se une La mitad de Ana, ópera prima de la hasta ahora actriz Marta Nieto (Murcia, 1982), con una filmografía con más de medio centenar de películas junto a cineastas como Antonio Banderas, Rodrigo Sorogoyen, Kike Maíllo, Juanjo Giménez, Jaime Chávarri y Estefanía Cortés, entre otros. La murciana ya se probó en la dirección con Son (2022), un cortometraje de 17 minutos sobre la relación de una madre y su hija, que fue la génesis de la película que tratamos y repite los productores de Avalon y Elastica.  

A partir de un guion que firman Beatriz Herzog (fogueada en la producción de series como La casa de papel y El secreto de Puente Viejo, entre otras), y la propia directora, donde recogen lo vislumbrado en el citado corto, en el que la propia Nieto que hace de la mencionada Ana es una madre de su hija son de 8 años. La acción arranca en verano, cuando los problemas se quedan en suspenso. A su término, tanto madre como hija vuelven a la rutina y es ahí, cuando aparece el conflicto, y aparece de forma tranquila como suelen ocurrir las grandes cosas de la vida. Son comienza a explorar su identidad y pide a sus compañeras de clase que se dirijan a ella como un niño. Hasta ese momento, la vida de Ana se resumía en ser vigilante de sala de museo y una vida emocional y sentimental vacía y rutinaria, totalmente alejada y ausente de ella. Una vida sólo para su hija. En ese instante, la vida da un vuelco y es entonces que Ana comienza una deriva de búsqueda torpe y difícil para reencontrarse con la Ana que quería dibujar, crear y vivir la vida de forma diferente a la que lo hace ahora. Nieto construye un relato muy íntimo y nada sensible, muy alejado de esa premisa, donde la naturalidad se impone a contarnos una realidad inmediata que nos sobrepasa por su cuidado y su transparencia. 

La cinematografía de Julián Elizalde, al que hemos visto en películas tan diferentes que van del documental a la ficción con cineastas como Pau Freixas, Carla Subirana, Elena Trapé, Meritxell Colell, Mikel Gurrea y Pilar Palomero. En La mitad de Ana, la cámara está pegada a sus personajes, incluso los sobrepasa, y no el sentido de incomodidad ni telerrealidad, sino todo lo contrario, para que seamos testigos de toda la gama de altibajos emocionales que se van dando en la trama, y no haciendo énfasis, sino conmoviendo con una mirada, un gesto, o una palabra, tan sutil, tan bellas y esos silencios que hablan tanto, o perpleja mucho más. La música de Adrian Foulkes, del que conocemos sus trabajos en series y en No matarás (2020), de David Victori, construye en la misma sintonía que las imágenes, una composición en el que prevalece la emoción y la sensibilidad, sin acomplejar ni el guion ni a los personajes, al igual que el magnífico montaje de Pedro Collantes, del que hemos visto su trabajo como director en El arte de volver (2022), y sus películas como editor en el documental de Oscuro y lucientes, y la serie de El caso Alcàsser, de León Siminiani. Un ejercicio de contención y pausa donde priman los (des) encuentros de los personajes y esos grandes momentos entre madre e hija, donde hay ternura y distanciamiento. 

Viendo la película no podríamos ver como Ana a otra actriz que no fuese Marta Nieto, amén del esfuerzo que supone dirigir e interpretar y aún más, en tu primera película. La murciana aprueba con creces en su doble faceta, porque como actriz ya nos encantaba y si no, prueben a ver Madre (2019), del mencionado Sorogoyen, que también nació de un cortometraje, y sabrán de lo que les hablo. Como directora no la conocíamos, amén del corto, así que, sólo nos podemos rendir a su buen hacer, por optar por un tema tan complejo como la maternidad y mostrarlo de esta forma, abriéndose en canal y además, introduciendo el tema trans en la infancia, que le sirve como motor para desembocar en lo que quiere sumergirnos, y no es otra cosa que rastrear esos instantes donde la vida se pega una gran hostia y te dice que por ahí no es, que es por el otro lado, que debes volver a ser la persona que fuiste, a la que has olvidado, o quizás, a la persona que nunca te atreviste a ser. Le acompañan Nahuel Pérez Biscayart que hace de ex pareja y padre de Son, tan fiable como natural, una joya de actor, y las interesantes y estupendas Sonia Almarcha y Lorena López, y la niña Noa Álvarez, que debuta en el cine haciendo de Son, eje vertebrador de la crisis de Ana. 

Si deciden ir a ver La mitad de Ana (no tarden mucho, porque las películas van y vienen de la cartelera demasiado deprisa), sepan una cosa muy importante. La película es una reposada y tranquila obra sobre todos nosotros mismos, y no lo digo de forma baladí, sino porque estamos ante una cinta que se sumerge en todas esas debilidades y complejidades emocionales que nos corroen a diario, que dejamos aparcadas pensando que se irán, incrédulos que somos, porque las ilusiones de la juventud, aquellas que nos hacían ilusionarnos constantemente, no se van a ir nunca, van a cambiar, eso sí, se van a transformar en otros asuntos, pero olvidarlas no va a ser posible, porque estaríamos olvidando una parte de nuestras vidas, y no una cualquiera, aquella que forjó nuestro carácter y por ende, nuestra forma de ser y decidir y actuar, que no es poco. Por todas estas cuestiones merece el tiempo ver la primera película de Marta Nieto, y además, habla de la maternidad como refugio para olvidarse de esas ilusiones, y una maternidad muy equivocada, porque si renunciamos a algo tan importante nuestro, nos viene la cuestión: ¿Cómo pretendemos después ayudar a nuestra hija y a sus conflictos interiores cuando no somos capaces de resolver los nuestros?. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Dolores Fonzi

Entrevista a Dolores Fonzi, actriz y directora de la película «Blondi» en la terraza del Hotel Catalonia Barcelona 505 en Barcelona, el jueves 4 de julio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Dolores Fonzi, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanta belleza, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA