Entrevista a Óscar Bernàcer y Joana M. Ortueta

Entrevista a Óscar Bernàcer y Joana M. Ortueta, director y coguionista de la película «Eixam», en una de las salas de los Cines Verdi Park en Barcelona, el martes 1 de septiembre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Óscar Bernàcer y Joana M. Ortueta, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Asier Iturrate de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Pastoris, de Pablo Moreno

UN LUGAR AL QUE VOLVER.  

“Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”

Carl Jung 

En El regreso de Martin Guerre (1982), de Daniel Vigne, un soldado, después de varias guerras, regresa a su pueblo natal donde nadie lo reconoce. Algo parecido le sucede a Domingo, un pastor que, después de la Guerra de la Independencia con los franceses de principios del siglo XIX, vuelve a su casa cansado, perdido y sin reconocerse, y se encuentra con un entorno extraño, donde es un desconocido para su mujer y su hijo. Alguien que ya no pertenece a ese lugar, alguien con heridas interiores, alguien que ni él mismo se reconoce. El terrateniente del lugar, instado por su mujer, le propone un viaje con su rebaño de ovejas desde su pequeño pueblo en el suroeste de Salamanca a través de las antiguas cañadas reales hasta los pastos de invierno de Extremadura. Un viaje difícil, muy peligroso y extraño en el que existen multitud de enemigos como el lobo, los hombres y las circunstancias que marcarán su destino. 

El director Pablo Moreno (Ciudad Rodrigo, Salamanca, 1983) lleva desde hace 18 años en la que ha construido una interesante filmografía con 16 títulos, entre ficción y documental, en las que produce y dirige películas que recogen historias reales desconocidas, a partir de un gran rigor histórico, de carácter humanista y muy inspiradores. Con Pastoris se adentra en un período de reconstrucción después de la guerra, tanto a nivel físico como emocional, con aires de western crepuscular,  acompañando a Domingo, un pastor que está desorientado y sin su lugar, porque él que tenía se ha ido o simplemente, ha sido expulsado. Seguimos la travesía de este pastor a través de una época donde impera una atmósfera de supervivencia, el hombre contra la naturaleza y sobre todo, el hombre contra el hombre, porque somos testigos de la bondad y la maldad humana. Un viaje físico y emocional recorriendo pueblos, lugares solitarios, y gente de toda índole, a través de un paisaje bello y salvaje, de grandes texturas agrestes en el que cada paso es una experiencia desconocida. También está el camino interior del personaje principal, un pastor que ha sido soldado, que arrastra los demonios de los horrores de la guerra, y sigue paso a paso intentando convertirse no ya en la persona que fue, sino en otra persona sin miedo. 

El cineasta salmantino se ha vuelto a rodear de un equipo magnífico y cómplice que le ha acompañado en muchas de sus películas como el cinematógrafo Rubén D. Ortega, con 13 títulos compartidos, en un gran trabajo de cinematografía donde recoge con precisión y detalle cada espacio natural y sigue con audacia y solidez la andadura del pastor en el que vemos al hombre con y contra la naturaleza. La magnífica música de Óscar M. Leanizbarrutia, 9 películas con Moreno que, impregna de tiempo, memoria e historia cada acorde, consiguiendo una composición que recuerda a las de Milladoiro para La mitad del cielo (1986), de Manuel Gutiérrez Aragón, y la de Trevor Jones para El último mohicano (1992), de Michael Mann. El sonido corre a cargo de un grande como Juan Borrell, con más de 128 títulos en su extensa filmografía, otro colaborador del realizador de Salamanca,  donde la pantalla se llena de cada leve ruido sumergiéndonos en toda su extensión. El montaje lo firma María Esparcia, 10 películas junto al director, amén de coproducir también en compañía, construyendo un ritmo reposado y en calma, en que se explica con atención cada gesto, mirada y silencio en sus 108 minutos de metraje. 

Con el reparto sucede lo mismo que con el equipo técnico, porque está lleno de colaboradores de Moreno como Sergio Cardoso que compone un inolvidable protagonista Domingo, que también compone la música de los créditos. Un personaje que cala en lo más hondo, por su conflicto personal, por su pérdida, su soledad, su desgracia, su habilidad y su inmensa capacidad para seguir caminando a pesar de los pesares, y su profunda y sensible armonía con la naturaleza y su entereza para afrontar los peligros de la existencia. A su lado, otro de esos personajes que se clavan en el alma, como el que hace Laura Contreras, una mujer solitaria, valiente e inteligente, nada convencional que se tropezará con el protagonista dejando algo en su interior. Marian Arahuetes es la esposa de Domingo, una mujer que espera y hace lo imposible para mantener la casa y el sustento. Pablo Viña hace de padre del pastor, tan enfermo como terco como desagradable, Joaquín Reyes es el cacique de turno, esos que, pase lo que pase, siempre ganan, y la breve pero arrolladora presencia de Assumpta Serna que protagonizó la interesante Red de libertad, de Moreno. 

No quisiera despedirme sin hacer mención especial a los excelentes trabajos que han salido de los departamentos de arte, vestuario y ambientación, porque no solo nos trasladan al rural, natural y salvaje siglo XIX, sino que construyen una atmósfera absorbente que nos va sumergiendo en las diferentes estaciones, la película se rodó durante un año en lugares reales, acompañadas de sus correspondientes jornadas donde asistimos a una experiencia muy física y también, muy emocional. Si están buscando una película diferente, y muy alejada de lo convencional, no se pierdan una historia como la que nos cuenta Pastoris, filmada en la zona del rebollar, que recupera la parla del Rebollar, una variante del asturleonés, que se encuentra en peligro de desaparición, que aún dota a la película de una veracidad y honestidad muy importantes. Una película como Pastoris, de Pablo Moreno, nos remite a cierto cine español que ya no se practica, donde se recogen historias rurales con un gran rigor histórico que ayudan a conocer cómo vivíamos, que hacíamos y sobre todo, observan con atención, profundidad y sensibilidad nuestra identidad como pueblo eminentemente rural, en contacto con la naturaleza, los animales y sus peligros como los que hicieron Ana Mariscal, el citado Manuel Gutiérrez Aragón, Mario Camus, Víctor Erice, Montxo Armendaríz… JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miguel Llorens

Entrevista a Miguel Llorens, codirector junto a Cristina Fernández Pintado de la película «Cowgirl», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Llorens, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pep Munné

Entrevista a Pep Munné, intérprete de la película «Cowgirl», de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pep Munné, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens

LA VAQUERA Y SUS CIRCUNSTANCIAS.     

“Cada momento es un nuevo comienzo”.

T. S. Elliot

Es muy raro ver en el cine actual historias sencillas y cotidianas. Historias que nos hablen de personas maduras tan cercanas como las que podamos ser nosotros. Historias que se ambientan en espacios alejados del mundanal ruido, donde la vida tiene otro tiempo, quizás, un tiempo más de verdad y sincero. Como la película Cowgirl, el segundo trabajo del tándem valenciano Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, protagonizada por Empar, un mujer de sesenta años que viven en un pueblo rodeado de montañas en la provincia de Castellón con su inseparable Tona, una vaca que quiere embarazar para seguir con su vida y su trabajo. La oportunidad, porque esta película va de eso, de aprovechar las circunstancias para seguir hacia adelante, la tiene Bernat, el vaquero más caudaloso del lugar. La cosa se complica con una idea mercantilista del alcalde ambicioso de turno, además, de la llegada de Riqui, un joven que oculta muchas cosas. Estamos ante una trama sobre personajes que son personas de carne y hueso, y a los que les suceden cosas sencillas pero altamente emocionales y dificultosas.

Después de Coses a fer abans de morir (2020), el dúo creativo Pintado y Llorens dejan la juventud y la despedida de un gran amigo, para adentrarse en el otoño crepuscular de unos personajes como Empar y Bernat que registra el magnífico guion de Rafa Albert coescrito junto a los directores, en esta curiosa mezcla de western y drama social y rural, en el que todo fluye sin necesidad de aspavientos ni grandes sucesos, todo gira en torno a tres personajes y la vaca. Una mujer madura en pleno duelo y necesitada de un nuevo ternero para su existencia, para seguir creyendo y no vencerse ante las hostias de la vida. Un maduro de larga estancia en las Américas que regresa al pueblo, a sus raíces y quizás, a tantas cosas que dejó para irse o huir. Y finalmente, el joven Riqui, un náufrago que desea echar alguna raíz y dejar tanta negrura que ha habido en su vida. Los directores no hacen gala de condescendencia ni nada que se le parezca, porque andan por otros lares, los de construir personajes que transmiten verdad, que se alegran y se entristecen, que patalean y que intentan vivir a pesar de los pesares, porque estamos ante una cinta que no se aleja de lo humano, sino que lo observa, se acerca de forma honesta y sobre todo, lo refleja de la forma más profunda y sensible.  

Un equipo técnico sobresaliente empezando por la excelente música de Clara Peya, que ya descubrimos su gran talento en documentales como EnFemme, y con cineastas como Laura Jou y Javier Ruiz Caldera, y más recientemente en Un altre home, de David Moragas. La música de Palafrugell construye una soundtrack llena de poesía, cercanía y ambiental, que se difumina con los quehaceres diarios y los diversos conflictos que van brotando en la trama. La transparente y precisa cinematografía que firma uno de los codirectores Miguel Llorens, con una amplia carrera como cinematógrafo al lado de grandes nombres como Marc Recha, con el que hizo sus dos de sus primeras películas El cielo sube y L’arbre de les cireres, amén de Pau Durà y Pedro Pérez-Rosado, entre otros. La luz se muestra natural y nada embellecedora, sino capturando los grises que desprende cada encuadre. El gran trabajo de montaje de Alfons Suárez, que trabajó en la miniserie Mítics 70 (2024), del mencionado Llorens, que consigue dotar de equilibrio y elegancia a una trama que se va a los 109 minutos de metraje, en el que nunca tenemos la sensación de cansancio y mucho menos de derivas innecesarias, sino de un ritmo latente dentro de un entramado de miradas, gestos y silencios.

Un gran reparto encabezado por la excelente Isabel Rocatti que, después de medio siglo dedicada a la interpretación le llega el primer protagonismo con Empar, una mujer a la que la gran actriz le da misterio, grandeza y resistencia. Le acompañan un estupendo Pep Munné, otro de los rostros más conocidos de nuestro panorama, ahora metido en la piel de Bernat, el Mitchum de The Lusty Men, el tipo que retorna a sus raíces, a su anterior vida, a sí mismo. El tercero en discordia es Carlos Cuevas, un joven actor que hace del fugitivo que se hace amigo de un personaje en concreto. Después tenemos una retahíla de buenos actores valencianos como el eficiente veterinario Joaquín Climent, el pelotazo alcalde Carles Sanjaime, el impertinente ovejero Àngel Fígols, que ya estaba en Coses a fer abans de morir, entre otros. La película Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens tiene esa autenticidad de una historia bien contada, con sencillez, alejada de moderneces del momento, y mostrando unos personajes de verdad, de esos que hablan y callan sus cosas, las de antes y las de ahora, y siguen como pueden en un lugar vaciado pero sigue resistiendo los embates del mal llamado progreso y la especulación emocional y física en la que existimos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La sabana y la montaña, de Paulo Carneiro

COVAS DO BARROSO NO SE RINDE.   

“La Tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada ser humano, pero no la de su codicia”. 

Mahatma Gandhi 

Si pensamos en cine portugués nos viene rápidamente la película Trás-Os-Montes (1976), de Margarita Cordeiro y António Reis, uno de los grandes monumentos no sólo de nuestro país vecino, sino del cine de los setenta porque, a través de una excelente docuficción observaban de manera profunda y reflexiva las tradiciones de esta parte situada al noreste del país, en un asombroso retrato de lo antiguo y lo moderno centrada en sus ritos religiosos. La película La sabana y la montaña, de Paulo Carneiro (Lisboa, Portugal, 1990), se mira en la citada película para construir también una docuficción para retratar también el norte, no muy lejos de la mencionada, y más concretamente el pueblo Covas do Barroso, que vive amenazado por la llegada de la Savannah Resources, una compañía británica que quiere instaurar la minería del litio en sus montañas. Ante ese peligro, la población se reúne y lucha contra la industrialización del territorio que perjudica enormemente su agricultura y ganadería y el desastroso impacto en el paisaje. 

Carneiro ha cimentado una interesante filmografía, siempre en el campo documental y sus derivaciones como hizo en Bostofrio (2018), su debut en el que recorría las huellas de su abuelo a través de su pueblo, en Périphérique Nord (2022), hablo de los inmigrantes portugueses en Suiza a partir de su pasión por los automóviles. En la película que nos ocupa vuelve a lo rural, y a través de un magnífico híbrido entre el documental observacional, en el que construye una mirada tranquila y sobria en el que muestra la cotidianidad de sus habitantes, sus formas de trabajo, convivencia y amistad siempre con el entorno natural como guía espiritual de todos. Y luego, está la recreación que usa para contarnos el litigio entre el pueblo contra la compañía, y lo hace a partir de los propios habitantes que se interpretan a sí mismos y al “enemigo”, donde se abre una forma de cine dentro del cine, y lo mejor de todo, en que los propios afectados pueden reflexionar su vivencias, su presente y su futuro, con una atmósfera de western donde hay momentos cómicos. A través de un guion que firman el uruguayo Álex Piperno, director, entre otras, de Chico ventana también quisiera tener un submarino (2020), y el propio director, construido inteligentemente pasando por las estaciones de casi un año porque arranca en otoño, pasa por el invierno para terminar en primavera, en el que lo etnográfico, a lo Rouch y Depardon, con sus días, tradiciones e idiosincrasia se mezcla con la “invasión” de la empresa que altera la comunidad y los pone en guardia y lucha. 

Una película que recoge unas gentes y su territorio particular, tan natural como salvaje, y una forma de industria invasiva que destruye para romper las leyes ancestrales de la naturaleza no impone reglas, sólo que reivindica nuestra historia y nuestro futuro. Las reivindicativas y conmovedoras canciones de Carlos Libo estructuran la película, convirtiendo cada tema en un himno y clamor del pueblo unido que se reúne y actúa ante la industrialización masiva que no piensa en lo natural y mucho menos, en la vida. Escuchar temas como “Hora de lutar”, “A voz do povo” y “Brigada da foice”, entre otros generan ese sentimiento de unidad, pertinencia y ancestral, de los que están y los ausentes. La música diegética y sensible de Diego Placeres que trabajó en la mencionada Périphérique Nord, acompañan las brillantes imágenes en 35 mm que traspasan cada detalle, cada mirada y cada gesto, que firman el trío Rafael Pais, Duarte Domingos y Francisco Lobo, del que conocemos por su trabajo en El bosque de las almas perdidas (2017), de José Pedro Lopes. El montaje de unos inolvidables 77 minutos de metraje es certero y sensible firmado por el propio director, el citado Álex Piperno y la uruguaya Magdalena Schinca, que tiene en su filmografía compatriotas como Sergio de León y Marcos Vanina, entre otros. 

Una película de estas características necesita la ayuda y la complicidad de los habitantes de Covas do Barroso que han sido unos intérpretes por partida doble, siendo ellos mismos y mostrando sus vidas, trabajos y demás, y además, interpretando a “los otros”, el enemigo que amenazaba su tierra. Tenemos al mencionado músico Carlos Libo y Paulo Sanches, Daniel Loureiro, Aida Fernandes, Maria Loureiro, Lúcia Esteves, Nelson Gomes, Benjamin Goncalve. Todos ellos muestran una naturalidad y transparencia que hace del retrato una ensayo ficción de una forma de vida y hacer casi en extinción en muchos lugares de este planeta. No deberían dejar pasar La sabana y la montaña, de Paulo Carneiro, porque además de descubrir unas vidas muy diferentes a las nuestras, tan sometidas a lo urbano, la industrialización en cadena y el vacío existencial, seguimos atentos a la unidad de una comunidad y su lucha en contraposición a unas ciudades donde el yo y el individualismo ha ganado la partida a la asociación y al otro, donde nos miramos a nosotros. La película es también un gran toque de atención para dejar de vernos tanto y mirar a nuestro alrededor, a lo que somos, a los otros y sobre todo, pararnos para no perder la identidad y nuestro camino, y miremos la actitud y la voluntad de los lugareños de Covas do Barroso, todo un lección de vida y humanidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El rugir de las llamas, de Robin Petré

LA TIERRA Y EL FUEGO. 

“La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra”. 

Proverbio indígena 

Desde el primer encuadre, con ese paisaje en llamas, igual de bello como aterrador, El rugir de las llamas (en el original, Only on Earth), de Robin Petré (Dinamarca 1985), deja clara sus intenciones, la de hablarnos con honestidad y profundidad de de una forma de vida rural, tan ancestral y en consonancia con la naturaleza, que va desapareciendo para dar lugar a una invasión de lo natural en favor a la codicia económica que está desintegrando los bosques y las zonas de pasto en objetos que expulsan lo rural y sus animales y sus gentes. La película nos sitúa en los ambientes rurales del sur de Galicia, una zona sensible en la proliferación de los incendios, y nos habla desde lo más íntimo y transparente para sumergirnos en una realidad, la de un verano que sufre los efectos de las altísimas temperaturas y la devastación de los incendios cada vez más virulentos y catastróficos que, como indica uno de los protagonistas, San, un bombero especializado en análisis de incendios, unos incendios que ya no suenan, sino que rugen como un monstruo con sed de sangre y destrucción. 

De Petré conocíamos sus documentales Pulse (2016), cortometraje de 25 minutos que nos mostraba la realidad de una granja de ciervos, y From the Wild Sea (2021), su ópera prima que nos sumergía en las relaciones humanas y los animales salvajes de las profundidades del océano. Con El rugir de las llamas se traslada a la tierra, donde humanos y caballos han convivido desde tiempos inmemoriales. Una compañía que ayudaba a que los bosques se mantengan secos de arbustos y demás matojos y así mantener un equilibrio importante que controlaba mejor los fuegos. La película se mueve entre lo bello y natural y lo triste y desolador, entre las relaciones de hombres y caballos, una actividad que está desapareciendo y dejando los bosques vacíos. La directora danesa invita a reposar, mirar y reflexionar situando su cámara y dando tiempo en una realidad que muestra la naturaleza, y sobre todo, los efectos de la mano humana que, por un lado, vive en entornos rurales y con animales, y por el otro, usa la naturaleza para sus beneficios económicos sin importarle sus devastadores efectos de esa forma de uso tan feroz. No es una película de buenos ni malos, ni mucho menos, la propuesta huye de ese maniqueísmo, porque muestra y no juzga, sí hay denuncia, pero sin señalar a nadie, sino colocando el encuadre en un entorno muy invadido que olvida su idiosincrasia, que recuerda a otras miradas “gallegas” a su rural como las de Xacio Baño, Oliver Laxe, Jaione Camborda y Lois Patiño, entre otros.  

La película tiene una grandiosa factura técnica, en la que los elementos visuales y sonoros son capitales para capturar ya adentrarse en cada uno de los detalles y miradas que existen, por eso la cineasta danesa se ha acompañado de algunos de sus técnicos cómplices que ya le acompañaron en From the Wild Sea, como al cinematógrafo María Goya Barquet, en la que cada plano emana lo visual y lo sonoro, penetrando en ese paisaje tan bello como triste, tan maravilloso como duro, tan todo y nada. El gran diseño de sonido de un grande como Thomas Perez-Pape, con más de 60 títulos en su filmografía, donde cada forma, cada textura y cada gesto se introduce en nuestro interior creando un magnífico campo donde todo se escucha de verdad y se desliza en las imágenes. La montadora Charlotte Munch Bengtsen, que estuvo en la extraordinaria The Act of Killing, construye en sus intensos y reposados 93 minutos de metraje un bello retrato donde coexisten todos los conflictos y alegrías del territorio. La música de Roger Goula, un fichaje fantástico, que se muta con las imágenes y sonidos, formando una nueva lectura en la que humanos, bestias y naturaleza cohabitan a pesar de sus alejados intereses.

Como toda buena película, del género que sea, debe tener un gran reparto y esta lo tiene. Tenemos al citado San, un especialista en el tema de los incendios, que escuchamos sus reflexiones, planes y demás frente al fuego, tan bello como destructor. Pedro, un chaval de 10 años, que vive con caballos, de los que sabe todo, y sobre todo, sueña con ser algún día un vaquero como los que le precedieron de su familia, que pone esas notas de humor. Cristina, agricultora y bombera, sabe muy bien los colores de su tierra, y conoce de primera mano lo difícil que es tratar con la tierra y sacar provecho, y cómo no, lo frágil de esa existencia porque el fuego puede acabar con todo en un abrir y cerrar de ojos. Y finalmente, Eva, veterinaria y jinete, que conoce las prioridades de la zona y sus habitantes, en contra de esas empresas invisibles que lo inundan todo. Cuatro miradas que se complementan y a la vez, son muy diferentes, que ayudan a mostrar las peculiaridades y texturas del entorno, un paisaje que sufre y está perdiéndose, quizás esos cuatro y los más que allí habitan serán los últimos náufragos de un tiempo que se va, o quizás, se convierten en los verdaderos humanos que resisten en su tierra y sobre todo, la protegen de tantas amenazas, ya sean malhechores de lo material, visitantes-domingueros que ensucian y no respetan, y cómo no, los incendios que es la terrible consecuencia de tantos desmanes. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La primera escuela, de Éric Besnard

LA MAESTRA Y EL PUEBLO. 

“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en el aula. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra”. 

Gabriela Mistral

Los más viejos del lugar cuentan que… En la campiña francesa, allá en el otoño de 1889, con las primeras luces del día llegó Louise Violet, una maestra de París que pretendía dar clases a los niños del lugar. Así empieza la novena película de Éric Besnard (Francia, 1964), que vuelve a la recreación histórica y lo rural como hizo en Delicioso (2021). Esta vez, un siglo después, cuando la República obligaba a la educación pública y en un entramado narrativo y formal que no está muy lejos de la citada, porque vemos a un señor rudo y cerrado, terrateniente del lugar, y frente a él, una mujer que llega a su casa con ideas diferentes y de otro lugar, que también escapa de un pasado oscuro. La mencionaba se centraba en la cocina, y los primeros lugares para servir comida, y la que nos ocupa, de la educación y la primera escuela que va haber en el pueblo. El gusto por lo humano y las relaciones que se van entretejiendo a partir de caracteres diferentes es lo que sucede a un cineasta como Besnard que, en los últimos años, su cine ha crecido enormemente tanto en temas como en sus ejecuciones. 

Un elemento sumamente ejemplar en La primera escuela (“Louise Violet”, en el original), es su ambientación y atmósfera empezando por su cuidadísimo trabajo de producción, con un excelente equipo que nos traslada a la Francia rural de finales del XIX empezando por los decorados de Virginie Tissot, el vestuario de una grande como Madeline Fontaine, con más de 40 películas entre las que destaca Amélie, Séraphine, Violette, Jackie y la reciente El profesor de esgrima, que ya trabajó en Delicioso, todas recreaciones históricas de ejecución acertadísima. En el arte encontramos a una leyenda como Pascal Chevé con más de 150 títulos con grandes autores de renombre como Jeunet, Frears, Haneke, Ozon, Farhadi, Polanski y Wes Anderson, entre muchos otros, amén de trabajar en la citada Delicioso. Una película de época que no está acartonada, ya que en cada secuencia todo emana cercanía y naturalidad, huyendo de los tópicos que, en muchas ocasiones, encontramos en este tipo de películas, mucho más interesadas en contarnos los grandes nombres y se olvidan de los invisibles y humildes que también forman parte de la historia.

La excelente cinematografía de Laurent Dailland, con más de 40 años de carrera, al lado de Catherine Breillat, Radu Mihaileanu, Agnès Jaoui y Régis Wargnier, en su primera película con Besnard en la que capta con sencillez y fuerza todos los espacios de una película con una luz cambiante porque pasa por todas las estaciones durante casi un año, tanto en exterior como exterior. La música de Christophe Julien, cinco películas con Besnard, y junto a sus habituales Albert Dupontel, Josiane Balasko y Pablo Agüero, entre otros, donde va mucho más allá que el simple acompañamiento y ejerce un elemento imprescindible para recoger todos los altibajos y complejidades humanas que se desarrollan en la trama. El montaje de Lydia Decobert, otra cómplice más que estuvo en Delicioso, amén del cine de Nicolas Boukhrief, donde en sus reposados e intrincados 108 minutos de metraje nos va contando de un modo clásico las peculiaridades de los principales personajes, las diferentes relaciones que se establecen y el conflicto y los conflictos que estallan con la llegada de Louise Violet, una especie de extraterrestre en forma de forastera que deberá ganarse la confianza de unos aldeanos poco dados a las nuevas amistades. La película alberga puntos en común con El cabezota (1982), de Francisco Lara Palop, ambientada en el Asturias de 1857 que relata el enfrentamiento de un aldeano y la maestra porque se niega a llevar a su hijo a la escuela. 

En el campo interpretativo tenemos a Alexandra Lamy que alberga más de 40 películas principalmente en comedias populares, que le da una enorme humanidad y complejidad a su Louise Violet que, la República ha dado una oportunidad expulsándola de la gran urbe por resistencia política, y enviándola al rural para reflexionar sobre sus actos. Uno de esos personajes que se quedan en el recuerdo porque no sólo quiere que sus alumnos aprendan sino que les ayuda a convertirse en buenas personas llenas de honradez y humildad. A su lado, Grégory Gadebois, protagonista de las tres últimas películas de Besnard, la ya comentada Delicioso, Las cosas sencillas (2023), y ésta, donde su terrateniente bruto con una gran coraza que esconde un enorme corazón se resentirá al principio y con el tiempo veremos que algo cambia en él. La veterana Annie Mercier recrea un personaje maravilloso, el de la madre del terrateniente, una especie de bruja y muy sabia que habla poco y mira aún más. Jérémy López, otro Delicioso, Jérôme Kircher y Patrick Pineau completan el reparto que se nutre de figurantes de la zona. Vayan a ver La primera escuela porque habla de educación, del hecho de enseñar, hay algo más bonito en este planeta que aprender, escuchar y descubrir el lenguaje, la historia y todo lo que ignoramos y sobre todo, saber y comprender que no estamos tan sólos, que hay más montañas tras los muros del lugar que te vio nacer. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laia Marull

Entrevista a Laia Marull, actriz de la película «La terra negra», de Alberto Morais, en la cafetería de los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 27 de agosto de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Marull, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Eva Herrero de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a Alberto Morais

Entrevista a Alberto Morais, director de la película «La terra negra», en la cafetería de los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 27 de agosto de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alberto Morais, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Eva Herrero de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA