Entrevista a David Ilundain

Entrevista a David Ilundain, director de la película “Uno para todos”, en un banco de Diagonal en Barcelona, el jueves 17 de septiembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Ilundain, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Uno para todos, de David Ilundain

CONSTRUIR PERSONAS.

“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz”

María Montessori

El director David Ilundain (Pamplona, 1975), ya había demostrado sus excelentes dotes como cineasta en B (2015), esa “B”, que hacía ilusión a Bárcenas, el ex tesorero del PP. Basada en la obra teatral homónima de Jordi Casanovas, era una película austera y sencilla, que nos encerraba en una sala de juzgados, donde a modo de interrogatorio el citado Bárcenas respondía al juez Ruz, en un grandísimo thriller político que destapa las desvergüenzas y miserias del PP. Cinco años más tarde, se estrena Uno para todos, su segundo trabajo tras las cámaras. Una película que sigue la senda de la austeridad y sencillez, la sala de juzgados deja paso a otro recinto cerrado, el aula de un instituto en uno de esos pueblos de la llamada España vaciada. A ese lugar, llega Aleix, un profesor interino, en mitad de la noche, como uno de esos vaqueros que llegaban a pueblos aparentemente vacíos y sin nada que temer. A la mañana siguiente, empieza con su clase, un grupo de 18 chavales entre 11 y 12 años, y se topará con el primer conflicto, uno de ellos, se encuentra enfermo de cáncer, al que visitará con frecuencia.

Basado en un hecho real que originó la película, que se construyó con un guión sobrio y cercano que firman Coral Cruz (que la conocemos por ser la guionista de Villaronga o Fernando Franco, entre otros), y Valentina Viso (que está detrás de las historias de Mar Coll, Elena Trapé o Nely Reguera), que nos cuenta un curso escolar, y no solo se centra en la educación y sus métodos, sino que nos habla de otros temas que también se dan en la educación, como el acoso entre compañeros, la gestión de conflictos humanos, la implicación personal más allá de las aulas, la convivencia entre unos y otros, la integración de los que más lo necesitan, encontrar el equilibrio entre educar y ayudar a niños con dificultades, conflictos con los que se encontraba Daniel Lefebvre, el director de la escuela de la maravillosa Hoy empieza todo (1999), de Bertrand Tavernier. Ilundain crea ese ambiente escolar a partir de pocos elementos, pero muy reconocidos, filmando en un instituto real, con esa cámara cercan y movible, que sabe captar la pulsión emocional que se vive en el interior de la aula, con esa luz naturalista e íntima creada por Bet Rourich (responsable de Jean-François y el sentido de la vida o Los chicos del puerto).

El ágil y estupendo montaje, que firman Elena Ruiz (que podemos encontrar nombres como los de Medem, Mar Coll, coixet o Bayona, en su filmografía), y Ana Charte (en films de género como Vulcania y El año de la plaga) que nos conduce con decisión por el interior del instituto, dosificando bien la información y tratando los conflictos con tacto, y la sutileza y sensibilidad música de Zeltia Montes (que la hemos podido escuchar en las recientes Adiós y El silencio del pantano). Ilundain vuelve a sumergirnos en un tour de force, protagonizado por el profe y sus alumnos, magnífico y lleno de situaciones fuertes y llenas de tensión, donde tanto uno como ellos, deberán dialogar, enfrentarse y llegar a acuerdos, a través del respeto, la cooperación y sobre todo, el apoyo mutuo y al fraternidad. Estamos frente a personajes de carne y hueso, muy cercanos, personas como nosotros, con sus miedos e inseguridades, con esas zonas oscuras a las que todavía no se han enfrentado, encauzando con criterio e inteligencia la dicotomía que sufre Aleix, el profe que debe lidiar con las emociones y conflictos pre adolescentes de la clase, con todo aquello que ocultan, con las suyas propias, las heridas emocionales que sufre con su pasado, la interinidad de su trabajo, de aquí para ella, una especie de náufrago, que va y viene, con sus dificultades para adaptarse al mundo rural, a hacer amigos, a tener un lugar donde quedarse.

La capacidad y el buen hacer de un actor como David Verdaguer, en la piel del profe Aleix, una especie de Shane (1953), de George Stevens, el tipo desconocido que llega al pueblo y percibe todo el aliento de mentiras y problemas que existen. Verdaguer consigue crear esa atmósfera de tú a tú con sus alumnos, tratándolos como personas y escuchando todo aquello que se cuece en esa clase, que nos es moco de pavo, gestionando todos esos conflictos emocionales que existen, e intentando construir personas y construirse a él mismo, como reza la frase que acompaña al cartel de la película: “Un profesor te puede cambiar la vida. Un alumno, también”. Bien acompañado por sus alumnos, todos ellos debutantes, que interpretan con naturalidad y cercanía, creando ese viaje íntimo y personal que se crea entre profe y alumnos en este curso escolar, que no solo aprenderán conocimientos, sino que crecerán como personas mirando de frente a los problemas sociales y personales que existen en la clase.

Bien acompañado por una Ana Labordeta como directora del instituto, Calara Segura como la madre del alumno enfermo, y la aparición de Miguel ángel Tirado (el popular “Marianico el corto”), en un personaje con entrañas, y Patricia López Arnaiz, la profe de refuerzo que visita al alumno enfermo de cáncer, con la que tratará y se genera una amistad cercana, con sus más y sus menos, claro está, en las que se confrontarán como un espejo deformador donde veremos la realidad que también oculta Aleix, que debe lidiar con conflictos a los que no está preparado, y que van más allá de impartir sus clases. Tiene la película de Ilundain ese aroma que tenía Veinticuatro ojos (1954), de Keisuke Kinoshita, en la que también, una maestra de la ciudad, llegaba a una escuela rural y su modernidad en sus métodos de enseñanza, la llevaban a entrar en conflicto con la comunidad rural. El director navarro ha creado una película pedagógica en todos los sentidos, una hermosísima lección de humanismo, donde tanto profes como alumnos, no solo pasarán un curso que no olvidarán, sino que saldrán transformados, y esa es la función más humanista que la enseñanza puede hacer. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Pilar Palomero

Entrevista a Pilar Palomero, directora de la película “Las niñas”, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 3 de septiembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pilar Palomero, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Lara P. Camiña de BTeam Pictures, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Zoe Arnao

Entrevista a Zoe Arnao, actriz de la película “Las niñas”, de Pilar Palomero, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el jueves 3 de septiembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Zoe Arnao, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Lara P. Camiña de BTeam Pictures, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Las niñas, de Pilar Palomero

CELIA QUIERE VIVIR (Y NO REZAR).

“Puedes cerrar todas las bibliotecas si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”

Virginia Woolf

Erase una vez una niña llamada Celia, de 11 años, que vive con su madre viuda y estudia en un colegio de monjas en la Zaragoza de 1992. Toda su vida gira en torno al colegio y las noches compartidas con una madre sola y cansada. Pero todo esa cotidianidad exasperante, cambia con la llegada de Brisa, una nueva compañera de colegio de Barcelona, en la que Celia descubre una nueva etapa en su vida: la adolescencia. Un mundo donde descubrir, experimentar, y sobre todo, descubrirse. La opera prima de Pilar Palomero (Zaragoza, 1980), después de años fogueándose en los cortometrajes, recoge muchas experiencias personales de sus años como alumna en un colegio religioso, pero no es un ajuste de cuentas, es una sensible, conmovedora y realista mirada a todas aquellas niñas que recibían una educación heredera del franquismo, mientras el país se modernizaba y empezaba a despertarse de su letargo tradicional y conservador.

La directora aragonesa nos sitúa en la mirada de Celia, la niña protagonista, una niña que empieza a dejar la infancia para empezar a vivir su adolescencia, tiempos de cambios, de descubrimientos, tanto físicos como emocionales, tiempo de incertidumbre, también, y tiempo de muchas preguntas, de querer entender todo ese maná de transformaciones. El magnífico trabajo de luz, con esos claroscuros y tenuidad, a partir del formato cuadrado de 4:3 y la cercanía con la que están construidas las imágenes, obra de la cinematógrafa Daniela Cajías, ayuda a conseguir esa existencia asfixiante y opresiva en la que vive Celia, sometida a una educación represiva, alienante y recta, en vida reducida a los interiores de las cuatro paredes del colegio y de su casa, y el contrapunto, también filmado a partir de esa intimidad, como con el miedo a ser descubiertas, con esos juegos con sus amigas en las que va descubriendo la vida, en forma de clandestinidad: saliendo por la noche, bebiendo alcohol, fumando, riéndose a carcajadas, conociendo chicos, bailando y compartiendo con sus amigas la vida, eso que se le niega en el colegio.

Palomero cuenta el relato a partir de las miradas de Celia y sus compañeras, los adultos son esas figuras o sombras difíciles de entender, que apenas responden preguntas comprometidas y callan demasiado, que se deben al trabajo y al silencio impuesto, todo lo contrario que Celia, que deja de ser niña y quiere saber, quiere sentirse que forma parte de esa edad que los adultos le niegan y esconden. Las niñas huye de lo convencional y lo evidente, para adentrase en un terreno más sutil y peliagudo, en el que la narración te va atrapando con firmeza y decisión, pero tomándose su tiempo, sin prisas, contándonos todos los rincones ocultos, y cocinando a fuego lento todas las situaciones que vive Celia, y como van conformando su mirada y carácter. La película está construida a través de unas imágenes-viñetas, troceadas de ese todo que es la existencia de la protagonista, estupendo trabajo de la editora Sofi Escudé, como una especie de rompecabezas que la propia experiencia de la protagonista irá construyendo a nivel emocional, como esa maravillosa secuencia en el colegio, donde la niña se encuentra con sentimientos contradictorios, en los que parece estar y no estar en el colegio, que define con clarividencia todos esos sentimientos que tienen Celia.

El extraordinario trabajo con el sonido, que firma Amanda Villavieja, una experta en el asunto, para captar todo ese universo de entro y de fuera en el que vive la niña. Si en 1967, Antonio Drove realizó La caza de brujas, práctica de la EOC, en la que contaba las vicisitudes de un grupo de alumnos de un colegio de curas y un suceso que los enfrentará, que reflejaba con astucia la miseria de la educación religiosa, que tendría una mirada diferente, con la muerte de Franco, en ¡Arriba Azaña!, en 1978, José María Gutiérrez Santos, donde un grupo de internos se rebelaban ante la tiranía de los religiosos.  La película de Palomero, heredera de aquella, pero en otro contexto, en la situación de la España de los noventa, que por un lado, se vanagloriaba de modernidad y libertad, y por el otro, existían centros educativos, como el de la película, donde los valores tradicionalistas siguen imponiendo una estructura patriarcal donde la mujer sigue siendo un objeto que moldear y un ente obediente, sumisa y callada. El soberbio y cautivador trabajo interpretativo de la debutante Andrea Fandos que da vida a la desdichada Celia, es otro de los elementos rompedores y admirables de la película, en la que la jovencísima debutante consigue transmitir todas esas emociones contradictorias que emanan en su interior, con el apoyo de las miradas que traspasan la pantalla y nos deja sin habla Y el buen hacer del resto de niñas debutantes, que al igual que la protagonista, muestran una naturalidad y frescura dignas de admirar. Bien acompañada de una elegante y derrotada Natalia de Molina, madre de Celia, con ese pasado que arrastra, golpeada por la inquina familiar.

Las niñas, es una sincera y profunda muestra de ese cine iniciático sobre niñas atrapadas y perdidas, como antes habían hecho Estiu 1993, de Carla Simón, o La inocencia, de Lucía Alemany,  películas de debutantes, que a partir de experiencias personales, vuelven a hablar de la infancia, de esos momentos duros y tristes que experimentan niñas que empiezan a darse cuenta que la infancia solo era un paso más de la vida, un paso que hay que atravesar, descubriendo y descubriéndose, en una mirada que las devuelve a aquel cine de la transición, en un espejo donde mirarse, en los que los Saura, Erice, Armiñan y otros, volvían su mirada a la infancia, para plasmar los recuerdos oscuros de la Guerra Civil y el franquismo, las experiencias de los vencidos, tiempos olvidados durante la dictadura, que muerto el dictador, surgieron muchas historias sobre el despertar de la vida en tiempos de horror, donde adultos recordaban su niñez aplastada por la guerra, la crueldad, la educación sometida, la sexualidad represora y la vida convertida en un espectro de dolor y tristeza. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura Ferrés

Entrevista a Laura Ferrés, directora de la película “Los desheredados”. El encuentro tuvo lugar el martes 27 de marzo de 2018, en los Jardins Teatre Grec en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Ferrés, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Montse Pedrós de Inicia Films, por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño, y a mi buen amigo Óscar Fernández Orengo, por su fantástica fotografía, su cariño, amistad y generosidad.

Encuentro con Ariadna Ribas y Ana Pfaff

Encuentro con Ana Pfaff y Ariadna Ribas, montadoras de “Estiu 1993” y “Julia Ist”, respectivamente, del colectivo Dostopos, con motivo de la mesa “Diálogo montadoras”, organizada y moderada por Gonzalo de Lucas, en el marco de la Universidad Pompeu Fabra. El acto tuvo lugar el miércoles 12 de julio de 2017 en una aula de la UPF en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Pfaff y Ariadna Ribas, por su tiempo, conocimiento, cariño y generosidad, y a Gonzalo de Lucas, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

 

Encuentro con Carla Simón y Elena Martín

Encuentro con Carla Simón y Elena Martín, directoras de “Estiu 1993” y “Julia Ist”, respectivamente, con motivo de la mesa “Diàleg entre Cineastes. Filmar des de les emocions autobiográfiques. Com sostenir la idea d’una pel.lícula”, organizada y moderada por Gonzalo de Lucas. El acto tuvo lugar el martes 13 de junio de 2017 en la Sala Mompou de la SGAE en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carla Simón y Elena Martín, por su tiempo, conocimiento, cariño y generosidad, y a Gonzalo de Lucas, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Los desheredados, de Laura Ferrés

LA DIGNIDAD DEL QUE LO HA PERDIDO TODO.

En un momento de la película, Perre Ferrés (que debido a la crisis económica, se dedica a las despedidas de soltero para mantener a flote, a duras penas, su negocio familiar de autocares) mientras realiza un servicio, a primeras horas de la mañana, cuando ha recogido a un grupo de jóvenes en avanzado estado de embriaguez, que le insultan y le obligan a detener el vehículo para orinar, Pere enciende el motor y se va del lugar dejando tirados a sus desagradables clientes. Un instante que resume tanto los sentimientos de Pere Ferrés como el espíritu de la película, que captura esos momentos en que después de perderlo todo, lo que nunca podemos perder es nuestra dignidad, seguir hacia delante para sentirnos dignos de nosotros mismos y de nuestro trabajo, o lo que quede de él. El segundo trabajo de Laura Ferrés (Barcelona, 1989) vuelve a enmarcarse en lo social, en las dificultades para salir adelante, y en lo familiar, como ya lo hacía su primera película, A perro flaco (2014) en el que seguía los pasos de Leo (magníficamente interpretada por Mar del Hoyo) durante un fin de semana, cuando intentaba mantener su vida-dignidad ocultando a su madre sus dificultades emocionales y económicas. Si A perro flaco se movía en terrenos puramente de la ficción para describirnos una realidad cotidiana y próxima. Ahora, Ferrés se mueve dentro de esa visagra narrativa entre lo real y lo ficticio para hablarnos de su familia, y del final del camino, laboralmente hablando, de su padre, Pere Ferres de 53 años, que la crisis ha azotado con dureza y somos testigos de los últimos días de su negocio familiar de autocares.

Ferrés, en apenas 18 minutos, se mete en la piel de su progenitor capturando, mediante planos fijos, apenas diálogos, y sin luz artificial, los quehaceres de una realidad dura y amarga, donde asistimos a los últimos coletazos de un trabajo que fue pero que ya no es, y ya no será. Ferrés sitúa su película en El Prat, a las afueras de Barcelona, en la periferia tanto física como emocional, uno de esos lugares donde la crisis ha hecho más mella y ha dejado a tantas familias y tantas personas como Pere Ferrés sin su trabajo y sin una vida (como cuenta el propio Pere en uno de esos planos de frente que lo recoge a él y a su madre, mientras miran la televisión, cuando menciona que sin trabajo no tiene nada ya que las demás cosas de su vida, incluyendo las mujeres no le han ido bien). Una película que nos habla desde la cercanía de un hombre que sigue en pie a pesar de todo lo que ha perdido, que mantiene la esperanza y la dignidad para mirar más allá, para no perder lo que es y seguir creyendo en sí mismo, aunque la vida les pase por encima y cueste muchísimo seguir confiando en uno mismo y en que las cosas tengan otro rumbo y mejoren.

En algunos instantes parece que estamos ante un western crepuscular cuando la cámara testigo observa y sigue los pasos de Pere Ferrés, como un espectro vagando sin rumbo, por esos espacios del no lugar, esos caminos que se pierden hacia ningún lugar, donde se encuentra con ese pasado cuando era feliz trabajando en su autocar, o en el hangar, en el que cada vez quedan menos autocares y cada vez está más vacío, o en esa oficina donde suenan llamadas que ya nos e contestarán o la máquina de triturar papeles que se encarga de desaparecer aquellos documentos que dejaron de tener sentido. Ferrés ha construido un canto a la dignidad, desde la honestidad, la naturalidad y la sinceridad, a través de un tema que conoce en profundidad y nos regala una magnífica película que hace reflexionar y sentir que siempre hay algo de luz en los restos del naufragio, con una película de ahora, que penetra en el interior de muchos que lo han perdido todo, que ya no tienen trabajo, de aquellos invisibles que no tienen voz, de aquellos que ven con amargura y tristeza la desaparición no ya de su empleo, sino de su vida, de todos aquellos sueños que han quedado en algún lugar que ya no existe.

Pere Ferrés se erige como figura de todos esos hombres y mujeres de su generación, quizás la más perjudicada por la crisis, personas de mediana edad que tienen que empezar de nuevo y se ven con extremas dificultades para reciclarse y seguir caminando. La directora barcelonesa atrapa esa tristeza a través de las miradas y gestos de su padre, en esos espacios de no vida, que poco a poco van quedándose vacios y dejando de ser lo que eran, despojándose de su actividad para simplemente ser no lugares que ya no sabemos para que utilizar, y sobre todo, que hacer en ellos. Un equipo de grandes profesionales entre los que destaca la producción de Valérie Delpierre (productora de la maravillosa Estiu 1993, de Carla simón) la exquisita y brillante fotografía de Agnès Piqué Corbera, el sonido de Alejandro Castillo (habitual de Recha, Rosales, Isaki Lacuesta, Miñarro, entre otros) el montaje de Diana Toucedo (colaboradora de Isaki Lacuesta, entre otros) y la brillante composición de Pere Ferrés que se interpreta a sí mismo y a todos aquellos Pere Ferres que se quedaron en el camino y ahora son una mera sombra que camina, y se mantiene en pie, porque es lo único que puede hacer para resistir y seguir creyendo en sí mismo, aunque cueste la vida en ello.


<p><a href=”https://vimeo.com/216030553″>LOS DESHEREDADOS &ndash; THE DISINHERITED TRAILER</a> from <a href=”https://vimeo.com/lauraferres”>Laura Ferr&eacute;s</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Carla Simón

Entrevista a Carla Simón, directora de “Estiu 1993”. El encuentro tuvo lugar el jueves 6 de julio de 2017 en el hall de los Bosque Multicines en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carla Simón,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Paula Álvarez de Avalon, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.