Entrevista a Quimet Pla

Entrevista a Quimet Pla, actor en “Bajo la piel de lobo”, de Samu Fuentes. El encuentro tuvo lugar el martes 6 de marzo de 2018 en el Hotel Barceló Raval en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Quimet Pla, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Ruth Díaz

Entrevista a Ruth Díaz, actriz en “Bajo la piel de lobo”, de Samu Fuentes. El encuentro tuvo lugar el martes 6 de marzo de 2018 en el Hotel Barceló Raval en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Ruth Díaz, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Manuel Muñoz Rivas

Entrevista a Manuel Muñoz Rivas, director de “El mar nos mira de lejos”, en el marco de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona. El encuentro tuvo lugar el sábado 18 de noviembre de 2017 en el hall del Teatre CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manuel Muñoz Rivas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Sonia Uría de Suria Comunicación,  a Laura Mercadé de La Costa Comunicació, por su tiempo, generosidad, amabilidad y cariño, y a Tess Renaudo y Cristina Riera, codirectoras de l’Alternativa y su equipo, tan amable, maravilloso y querido.

La escala, de Delphine y Muriel Coulin

LAS SOLDADOS HERIDAS.

La segunda película de las directoras y hermanas francesas Delphine y Muriel Coulin vuelve a centrarse en un relato femenino, como ya hicieran en su opera prima 17 filles (2011), que planteaba una película donde 17 adolescentes se quedaban embarazadas a la vez, en el que planteaban un conflicto interior y una ruptura con lo establecido. En Voir du pays (que podríamos traducir como “Ver mundo”, en clara ironía, ya que la soldado añade que poca cosa han podido conocer de Afganistán) basada en la novela de Delphine, vuelven a sumergirse en un retrato femenino, en este caso, en las dos miradas de las únicas mujeres de un batallón de soldados que han pasado 6 meses destinadas en Afganistán. La película arranca en el avión de vuelta a Francia, aunque harán tres días de escala en un lujoso hotel en Chipre. Allí, el grupo de militares participará en el proceso de descomprensión, o sea, sesiones de terapia psicológica (a través de simuladores de realidad virtual) para enfrentarse a sus traumas bélicos, y todo aquello que les inquieta y perfora anímicamente. También, cómo no, tendrán tiempo libre, un tiempo que lo emplean en practicar deporte, bailar, beber y sobre todo, en enfrentarse entre ellos, en rememorar y abrir heridas no cicatrizadas de lo acontecido en la guerra.

Delphine y Muriel Coulin construyen una película sobre lo femenino, sobre como dos mujeres, muy diferentes entre sí, Aurore, más reflexiva y reservada, y Marina, más explosiva y guerrera, amigas desde la infancia, han dejado su ciudad de provincias de pocas oportunidades, y se han alistado al ejército a conocer mundo y a vivir una realidad muy diferente a la que finalmente se encuentran. Desde la falsa idea de compañerismo entre los soldados, las rivalidades hombrunas por el hecho de ser mujeres, y el machismo imperante que las arrincona y las mantiene en constante alerta debido al acoso de sus compañeros. Las realizadores francesas cimentan su relato en un guión de hierro, que maneja  con acierto la luz luminosa y agradable del hotel y Chipre (excelente cinematografía de Jean-Louis Vialard) con los sentimientos oscuros y trágicos que encierran los soldados, mezclando con intensidad y brillo las sesiones durísimas de terapia (donde los/las soldados se enfrentan al dolor que vivieron en la guerra, y los conflictos que se generan entre ellos, algunos quieren guardar silencio y otros, hablarlo, además de las diferentes posiciones que mantiene cada uno de ellos).

Por otro lado, las diferentes actividades, muy físicas, para calmar la tormenta interior que vive cada uno de ellos, y su manera de gestionar sentimientos contradictorios y complejos, donde los soldados se encuentran sin espacio para la tranquilidad y la paz, y hacen lo posible por mantenerse ocupados, haciendo todo tipo de actividades, tanto conjuntas como individuales, aunque todas ellas, destaparan los conflictos que mantienen, tanto como ellos como con los demás, y lo sucedido en la guerra, llevándolos a un estado de tensión y asfixia constante que les deja sin aire, y sometido a una presión ante ellos, sus compañeros y sus superiores, que ante todo, quieren y desean maquillar todos sus traumar y reajustarlos a su “vida tranquila”, como si tamaño conflicto se pudiese solucionar en tres días rodeados de un lujo falso, porque el país escogido, dominado por griegos y turcos, significa la frontera de Europa, y su fracaso, de no construir un continente en paz, sino desigual y oprimido.

Otro de los grandes aciertos de esta emocionante y catártica película, es el plantel de intérpretes, encabezados por Ariane Labed (habitual de Lanthimos) crea un personaje sincero, de los que prefieren hablar, de los que no tienen miedo a explicar lo vivido, aunque eso signifique romper con aquello que sentían y les haga tomar caminos diferentes, y Soko, la cantante y actriz, que es la otra cara, ese personaje inquieto, silencioso, que prefiere callar, y así, de esa manera, dejar pasar, aunque a veces hay situaciones que no las entierra el tiempo, si tú no eres capaz de agarrar una pala y comenzar a cavar, y el grupo de soldados, una mezcla de actores y ex soldados, que consiguen crear ese ambiente enrarecido y malsano instalado en el grupo, en ese hotel de lujo, aparentemente para curar heridas, pero hay heridas demasiado profundas para curarse entre algo de terapia, escarceos amorosos, algunos polvos, cuatro risas y  apresuradas copas, algunos traumas psicológicos necesitan hablar mucho y sobre todo, tiempo para reflexionar en lo ocurrido y en cómo nos sentimos con aquello.

Entrevista a Leire Apellaniz

Entrevista a Leire Apellaniz, directora de “El último verano”. El encuentro tuvo lugar el martes 2 de mayo de 2017, en el domicilio de unos amigos, en el marco del D’A Film Festival de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Leire Apellaniz,  por su tiempo, generosidad y cariño, a Aritz Moreno de Sr. & Sra., y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.

Entrevista a Andreu Castro

Entrevista a Andreu Castro, director de “Pasaje al amanecer”. El encuentro tuvo lugar el martes 18 de abril de 2017 en la cafetería de los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andreu Castro,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia, generosidad y cariño.

Demonios tus ojos, de Pedro Aguilera

ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO.

“Cuidado con lo que ves… puede cambiar tu manera de mirar”

La película arranca de manera brillante, con esa atmósfera oscura e inquietante, que no nos abandonará el resto del metraje, en un breve prólogo que deja claro las intenciones del protagonista como de la película que acabamos de empezar a ver. En una noche, en un tren, un director de cine que, viaja acompañado de su novia, duerme. Se despierta y observa a una mujer mayor que comienza a grabar con el móvil, la mujer se levanta molesta y se va. Inmediatamente después, un periodista lo entrevista y le pregunta sobre cuando perdió su inocencia, y Oliver, que es como se llama el cineasta, le explica una historia de niño cuando murió accidentalmente su mascota. A partir de ese instante, y después de visionar un video sexual explícito de Aurora, su hermanastra pequeña, siente la necesidad de viajar a su encuentro en Madrid. La tercera película de Pedro Aguilera (San Sebastián, 1977) explora los límites del deseo, las perversiones oscuras y demoledoras que nos atrapan y nos arrastran hasta lugares oscuros y profundos, también remite a nuestra forma de mirar y relacionarnos con las imágenes, en un mundo contaminado y devastado de vídeos que muestran con vehemencia la intimidad de cualquiera, donde nuestra vida y nuestros cuerpos están expuestos a lo público, observados por múltiples miradas desconocidas.

Aguilera ya había dado cuenta de su talento con La influencia (2007) donde seguía los pasos de una madre perdida, sin nada que intentaba salir adelante con la ayuda de sus hijos, le siguió Naufragio (2010) en la que se adentraba en la dura existencia de Robinson, un sin papeles que se buscaba la vida en una España vacía y sin sentimientos. El cineasta donostiarra sigue acercándonos a personajes a la deriva, náufragos de nuestro tiempo, personas buscándose a sí mismas, sin rumbo fijo, de pasados turbulentos y terribles, que hacen todo lo posible por relacionarse de manera sana con los demás, aunque muy raras veces lo llegan a conseguir. Oliver es un tipo que se presenta en Madrid, después de muchos años de ausencia y casi sin saber nada de su familia, dice que anda buscando la inspiración para su próxima película, o anda buscándose a sí mismo, o quizás ambas cosas a la vez, quién sabe. Fascinado por la belleza e inocencia de Aurora comienza a espiarla a través de una cámara que filma su habitación. Oliver mira las imágenes que descubren la intimidad de Aurora, en un provocador y perverso juego de voyeur, en el que no puede dejar de mirar e inquietarse con aquello que ve.

La inocencia imperturbable de Aurora se ve amenazada por el deseo animal y visceral de Oliver que lentamente va traspasando los límites del simple voyeur para traspasar la pantalla y adentrarse en ese mundo prohibido, inmoral y siniestro que representa Aurora. La forma en la que miramos las imágenes, nuestro imaginario, y la fantasía que nos provocan estas imágenes son la parte estructural de la película de Aguilera, una cinta que juega a los contrastes, desde su peculiar formato, el 1:33, y esa imagen, más propia del cine setentero o principios de los ochenta, donde los colores vivos se mezclan con la oscuridad de la noche, donde parecen suceder todas las perversiones que no pueden controlar sus personajes. El director nos encierra casi en las cuatro paredes de esa casa acomodada de las afueras, de familia con pasado turbio, con un padre en común, que se mueve entre lo afable y lo siniestro, y unas vidas en tránsito, donde nada es lo que parece y los más bajos instintos se ocultan bajo el amparo de la comodidad de la intimidad.

Una película que nos devuelve el cine que transita por nuestros más bajos instintos sexuales y depredadores de la condición humana, remitiéndonos a títulos como Peeping Tom (donde los rostros femeninos asesinados provocaban el placer del individuo) o la atmósfera terrorífica de juegos eróticos de las películas de Hitchchock como Vértigo (donde el protagonista se sentía fascinado por resucitar a una muerte)  Psicosis (en el que el torturado Norman Bates era un mirón que acababa con las vidas de las mujeres que despertaban su deseo) e incluso La sombra de una duda (donde la amenaza de un tío dejaba a su sobrina a su merced), o el deseo sexual reprimido del cine de Buñuel como Belle de jour, Susana (Demonio y Carne) o Ese oscuro objeto del deseo (que curiosamente también arrancaba en un tren), o los viajes psicóticos de Arrebato, de Zulueta, donde el cine transformaba a sus espectadores llevándolos a traspasar la imagen y formar parte de ella, o el cine español de los sesenta, y sobre todo de los setenta, en sus relatos de tipos amargados reprimidos sexualmente, sin olvidarnos de cierto cine underground, donde el sexo es un motor de desinhibición y escapismo ante las frustraciones vitales,  o las películas más oscuras y tenebrosas de Almodóvar como La ley del deseo o Los abrazos rotos (con el cine como motor de oscuras perversiones) o La piel que habito (en el que un ser atormentado emprendía una venganza siniestra).

Una pareja protagonista de altos vuelos interpretados por los estupendos Julio Perillán (con ese aspecto varonil, animal y misterioso, de lobo hambriento, que se adentra en el bosque para seducir lo prohibido) e Ivana Baquero (la lolita frustrada en una relación monótona con un novio pavo que descubre junto a su hermanastro cineasta las perversiones sexuales más oscuras). Aguilera nos invita a un cuento erótico, a cine dentro del cine, una fábula de cazadores, de pasiones desatadas, y deseos que se buscan irremediablemente, que destila una sensualidad desbordante, de calor sofocante, de cuerpos calientes, y sentidos a flor de piel, en un inquietante juego sexual en el que desconoces quién atrapa a quién y quién busca a quién, donde todo se mezcla y los dos hermanastros se sumergen a un perverso descenso a los infiernos en el que no hay vuelta atrás, en este viaje endiablado hacia el interior, en el que no existen fronteras ni límites, en el que tampoco hay luz, sólo oscuridad y tinieblas,