Encuentro con Guillermo del Toro

Encuentro con el cineasta Guillermo del Toro, junto al actor Sergi López y Esteve Riambau, director de la Filmoteca, con motivo del ciclo que le dedica la Filmoteca en colaboración con Sitges. Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Cataluña. El encuentro tuvo lugar el domingo 8 de octubre de 2017 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Guillermo del Toro, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Sergi López

Entrevista al actor Sergi López, con motivo de la Carta Blanca en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona. El encuentro tuvo lugar el martes 13 de marzo de 2018 en el espacio Delmiro de Caralt en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sergi López, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Marc Recha

Entrevista a Marc Recha, directora de “La vida lliure”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 21 de febrero de 2018 en la Plaça de la Revolució en el Barrio de Gràcia en en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Marc Recha, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Àlex Tovar de prensa, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

La vida lliure, de Marc Recha

LA ISLA DEL TESORO.

Había una vez en la Menorca de finales de la Gran Guerra, que unos hermanos, Tina, de unos 13 años, y Biel, de unos 7 años, vivían junto a su tío Conco, en una antigua casa en la que el tío trabajaba la tierra para unos terratenientes. La isla, azotada por la falta de trabajo y escasez en general, malvivía del contrabando entre los alemanes y los nazis, y sus habitantes soñaban con salir de aquel rincón, en irse a otros lugares y ver mundo, como la madre de los niños que había emigrado a Argel. Un día, como otro cualquiera, Tina y Biel, se tropiezan en la playa, junto a la casucha de pescadores, con Rom, un hombre de espíritu libre, que vive en consonancia con la naturaleza, de lo que saca de aquí y de allí, que al igual que los dos hermanos, ansía salir de esa isla y experimentar otras aventuras imposibles. La novena película de Marc Recha (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1970) nos vuelve a situar en su entorno predilecto, el ambiente rural, en esa periferia alejada de todos, lugar común en su cine, con la naturaleza omnipresente que a través de sus accidentes atmosféricos conoceremos el interior de los personajes y las diferentes actitudes que tomarán en las circunstancias que se irán encontrando a lo largo del metraje.

El cine de Recha es intimista y extremadamente cercano, donde podemos saborear y describir con paciencia el tiempo que va pasando, a través de unos personajes muy próximos, seres de carne y hueso, sometidos a lugares cerrados y hostiles, espacios que los ahogan y asfixian de tal manera que no cejan de soñar con salir de ahí, escapando hacia otros sitios que los hagan estar mejor, mientras tanto, inventan y modifican la realidad para que de esa manera la espera sea más plácida, un cine en el que en muchas ocasiones, la infancia se erige como epicentro de la trama, una infancia casi abandonada, dejada a su suerte, en el que la imaginación será el arma que tendrán a su alcance para soportar las calamidades de una existencia bastante anodina y miserable, como ocurría en L’arbre de les cireres, Petit indi o Un dia perfecte per volar, cintas donde la infancia era la protagonista absoluta, como ocurre en La vida lliure, donde la película se asienta en la mirada de Tina, y ella misma nos va contando las experiencias que van viviendo en su quehacer diario.

Rom, de aspecto bonachón y amigable, será ese ogro en apariencia bueno, que alimentará los sueños imposibles de los dos hermanos relatando aventuras inolvidables e imposibles de grandes viajeros perdidos en los confines del mundo, sus historias increíbles y su relación con la naturaleza entusiasmará a los niños que verán en él ese adulto que los entiende y trata como iguales, a diferencia de la severidad y la rectitud de su tío labrador. Recha, con la complicidad habitual en la fotografía de Hélène Louvart, consigue atrapar la atmósfera inquieta y cambiante que anida en esa parte de la isla, a través de su luz, viento y agua que reinan en el lugar (grandioso el inmenso trabajo en el sonido de Eva Valiño, y la música de Pau Recha, que a través de sus ritmos y melodías, consigue mezclarse con naturalidad con su paisaje) y filmar a los animales en su cotidianidad con sumo respeto y paciencia, y marcando los días monótonos y apacibles, en general, que van cayendo en la isla, filmando un universo lleno de soledades, soñadores y criaturas en tránsito, creando un caleidoscopio sutil y veraz de la radiografía de los habitantes de la Menorca de finales de 1918.

El barco anclado en mitad de la bahía, visible desde la playa, propiedad de ese señor de Menorca, acompañada de esa extranjera, que siempre veremos desde la distancia, representará esa libertad que tanto ansían los personajes, volviéndose en un objeto preciado por todos ellos y el único medio para salir de la isla, acompañado con la aparición de un tesoro que descubren escondido los dos hermanos. Recha es uno de los cineastas que mejor ha filmado la naturaleza y sus ritmos ancestrales, convirtiéndola no solo en un personaje más, esencial en sus trabajos, sino que, a través de ella, compone una mirada que impregna todo el paisaje y a aquellos que habitan en él, en una especie de simbiosis natural donde unos se impregnan de otros, y donde el paisaje humano, natural y animal, se acaban convirtiendo en uno solo. La película es una magnífica aproximación al género de aventuras con el aroma de la novela de La isla del tesoro, de Stevenson, con la que guarda más de una línea argumental, y también, con la película Los contrabandistas de Moonfleet, de Fritz Lang, dos relatos protagonizados por dos adolescentes, Jim Hawkings y John Mohune, respectivamente, que experimentarán la aventura de vivir, las ansias de libertad, y también, comprenderán que el mundo de los adultos puede ser mentiroso, oscuro y muy siniestro.

El cineasta barcelonés se acompaña de un equipo artístico que compone unos personajes magníficos, llenos de sutilezas, apoyados en sus miradas y gestos, con Miquel Gelabert, como ese tiet que representa la paternidad ausente de los niños, Sergi López (que repite con Recha después de Un dia perfecte per volar) sería el otro lado del espejo del tío, con su habitual naturalidad y capacidad para transmutarse en cualquier personaje, ya sea un capitán fascista o el ogro bonachón de esta película) y los deslumbrantes y fantásticos niños Macià Arguimbau, y Mariona Gomila, que solamente su propia mirada y su voz autóctona de Menorca (que crea esa atmósfera vital y sombría que emana todo el relato) representa con brillantez y sensibilidad toda la película de Recha, enmarcándose en ese espíritu imperecedero de las historias míticas de piratas, bucaneros y contrabandistas que seguirán siendo el caldo de cultivo y las herramientas intrínsecas para seguir imaginando esos mundos, de grandes y perdidos mares, llenos de universos extraños, exóticos, peligrosos, fantásticos y llenos de aventuras sin fin.


<p><a href=”https://vimeo.com/255710099″>Trailer LA VIDA LLIURE</a> from <a href=”https://vimeo.com/user3390135″>La Perif&egrave;rica Produccions</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

La próxima piel, de Isaki Lacuesta e Isa Campo

image-17-717x1024DESENTERRANDO LAS HERIDAS.

El universo cinematográfico de Isaki Lacuesta (Girona, 1975) e Isa Campo (Oviedo, 1975) está construido a través de la memoria, sus personajes, perdidos y descarriados, deben enfrentarse a sí mismos, emprendiendo un viaje, tanto físico como emocional, que los lleva a una búsqueda incesante sobre su propia identidad y la de aquellos que los rodean. Su cine arranca siempre con un misterio, algo oculto, que se mantiene olvidado o se niega a desvelarse, un enigma del pasado que permanece escondido, una verdad que deberá buscarse a través del presente, enfrentándose al inevitable dolor y unas heridas ocultas que despertarán, en la que los personajes deberán combatirlas, y de esa manera, seguir hacia delante y construirse a uno mismo y el mundo que le rodea. Una obra audiovisual en continua búsqueda en su forma de representación, independientemente de los diferentes ámbitos en que haya sido creada (cine, teatro, instalaciones, etc…) que huye del género, de la convencionalidad imperante, impregnada por una realidad absorbente que contamina y da forma a cada una de sus imágenes. El documento y la ficción se mezclan y conviven de manera natural, sin la necesidad de ajustarse a ninguno de ellos, creando mundos propios y universales, en un magnífico equilibrio artístico que da lugar a obras muy personales, de naturaleza arrebatadora y tremendamente singulares dentro del panorama cinematográfico contemporáneo.

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Para descubrir las primeras huellas de La próxima piel hay que remontarse hasta el 2005, cuando el proyecto comenzó su andadura, ha tenido que transcurrir una década para que seamos testigos del corte final. Lacuesta y Campo (que firman su primera película juntos, aunque llevan toda su obra trabajando juntos, como el matrimonio artístico formado por los excelentes y personales Jean-Marie Straub y Danièle Huillet) nos proponen un viaje emocional y catártico, en una sublime mezcla entre el melodrama íntimo, familiar en este caso, y el thriller psicológico, contando con un guión de impecable estructura dramática (en la que la pareja artística lo firma junto a Fran Araújo, director de la notable El rayo), en la que conviven de manera natural tres idiomas diferentes (castellano, francés y catalán), grandísimo acierto de los autores. Un guión en el que nos presentan a Léo, un joven en los albores de la mayoría de edad, que después de 8 años desaparecido, vuelve a su casa, donde se reencontrará con Ana, su madre, su tío, Enric, y los demás componentes de este entorno familiar que oculta demasiadas cosas. Lacuesta y Campo plantean una película in crescendo, que se abre con la llegada del chaval, y la sospecha de su impostura, de la mentira que rodea toda su historia, en la que el tío, brabucón y hombre de montaña, es el principal objetor del intruso impostor, que ha llegado invadiendo su hogar y desenterrando viejas rencillas y terribles secretos que permanecen ocultos.

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Una película que se alimenta de su infernal paisaje, situado en las montañas aragonesas, un lugar fronterizo, de mucho frío y nieve, que además de congelar físicamente a los personajes, actúa como espejo emocional de éstos, y describe lo oculto, lo que no vemos, de todo cuanto allí está pasando. La película no da tregua, penetra en el alma de sus personajes de forma reposada, alimentando las dudas de la verdadera identidad del personaje, y cómo el resto lo defiende o lo acusa según la circunstancia. Léo, que en realidad es Gabriel o no, deberá recordar su pasado, quién era y como vivía, enfrentándose a sus monstruos, aquello que lo amenaza, a su verdad, para descubrir de donde viene y aquello que le ha producido tanto dolor. Una madre desvalida, rota y frágil, le acompañará en su búsqueda interior, almas vacías y a la deriva que comparten un pasado tenebroso que tendrán que lidiar para encarar su vida, y su futuro, de forma diferente y sobre todo, vencer y abandonar, definitavemente, ese pasado oscuro, oculto y doloroso.

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Una obra que recuerda al El regreso de Martin Guerre (1982, Daniel Vigne) en la que un soldado volvía a su pueblo después de tantos años y nadie lo reconocía y todos ponían en duda su identidad. También intuimos el aroma del  cine de los setenta, en la tradición de Peckinpah, el mejor Saura (Cría cuervos, Ana y los lobos, La prima Angélica, y otras tantas), de Borau (Furtivos, y con el nuevo siglo Leo) o Manuel Gutiérrez Aragón (Habla mudita, El corazón del bosque). Lacuesta y Campo vuelven a contar con un grupo de fieles colaboradores: Dussuel en la foto (creando una luz etérea, natural, de difícil definición, que no sólo atrapa ese ambiente hostil y agreste, sino que penetra en el alma de los personajes) Villavieja en el sonido (habitual de Guerín o Mercedes Álvarez) Roger Bellés en el arte, Domi Parra en montaje, y finalmente, Gerard Gil en la música (que consigue una banda sonora de múltiples aristas y contrariedades, con una partitura afilada, de aires tenebrosos y lúgubres, que azota ese ambiente malsano y agobiante que se respira en la trama). Amén del estupendo trabajo del gran reparto encabezado por la frescura y la visceralidad de Àlex Monner, (que tenía una breve aparición en Murieron por encima de sus posibilidades), creando un chaval de alma rota, que navega entre la sensación de no saber muy bien quién es y recordar un pasado que duele, amenazante y lleno de oscuridad,  junto a la fragilidad y la delicadeza de Emma Suárez, una madre en eterna espera, angustiada por lo que pasó y con pocas fuerzas para arrancar de nuevo, acompañados por un fantástico Sergi López, con ese carácter rudo y bruto de cazador rural, la presencia de Bruno Todeschini (conocido por sus trabajos con Cherèau o Haneke) como el educador del centro de menores, y la terna de jóvenes, que aportan la necesaria mirada externa a ese mundo adulto de secretos, mentiras y trampas emocionales.

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Lacuesta y Campo han construido una película grandiosa, (quizás la mejor de su filmografía) un cine potente, cine de armazón impecable, que profundiza en las heridas familiares, que realiza un minucioso retrato sobre la maternidad, y abre el debate sobre la identidad y estructura familiar, y sobre todo, es un prodigioso drama rural e íntimo, que nos atrapa desde el primer instante, subyugándonos y sumergiéndonos en este descenso al alma oscura y los secretos más profundos de sus personajes, con memorables secuencias, como la del baile entre madre e hijo, que define y de qué manera sus estados de ánimo, o la de los chavales en la caravana, con su indefinición moral y sexual por parte de Léo/Gabriel. Un film negrísimo, de factura sencilla y compleja, a la vez, que nos invita no sólo a reflexionar sobre la memoria y la identidad, sobre las relaciones familiares, sino también sobre la naturaleza de nuestras emociones, las fisuras del alma, y cómo estas, nos acaban definiendo, y llevando a lugares oscuros y muy profundos, de los que sólo nosotros seremos capaces de salir.


<p><a href=”https://vimeo.com/161670164″>Trailer &quot;La propera pell&quot; una pel&iacute;cula de Isaki Lacuesta e Isa Campo</a> from <a href=”https://vimeo.com/isakilacuesta”>ISAKI LACUESTA-LA TERMITA FILMS</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>