Entrevista a Jorge Pardo

Entrevista a Jorge Pardo, protagonista de la película «Trance», de Emilio Belmonte, en el marco del In-Edit Festival Internacional de Cine Documental Musical, en el Hotel Regina en Barcelona, el sábado 30 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jorge Pardo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Emilio Belmonte

Entrevista a Emilio Belmonte, director de la película «Trance», en el marco del In-Edit Festival Internacional de Cine Documental Musical, en el Hotel Regina en Barcelona, el sábado 30 de octubre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Emilio Belmonte, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Trance, de Emilio Belmonte

EL ESPÍRITU DE LA MÚSICA. 

“Cuando uno empieza a tocar, a hacer música, a emitir sonidos… El primer objetivo, claro, no es ni la popularidad, ni vender entradas, ni ganar dinero con ello, supongo. Es más el adentrarte en ese mundo mágico de lo intangible, de lo que no es material, de lo que te trasciende. Los primeros músicos seguramente eran sanadores, de hecho hay muchos músicos que siguen ejerciendo de eso, quizás, todos lo hacemos. Cuando la gente se emociona, de alguna manera, está sanando su espíritu, su alma. Lo que pasa es que todo eso se ha borrado y se ha vendido más como ese mundo del espectáculo, en el cual, pues… ya todo es mesurable, entonces uno gana más dinero que el otro, el otro es más popular. Esa vorágine del mundo del espectáculo muchas veces oculta esa primera semilla de la música que no tiene mucho que ver con eso. Tiene más que ver con nuestro espíritu”.

Jorge Pardo

Por mucho que pretendamos, inútilmente, ser dueños de nuestro destino, la cosa va por otro lado. Porque somos presos de las circunstancias y los encuentros accidentales dominan nuestras existencias. El músico Jorge Pardo (Madrid, 1956), que tenía en el jazz su camino, se tropezó a finales de los setenta en un estudio con el guitarrista de flamenco Paco de Lucía, y ahí cambió todo para él. Porque de aquel encuentro casual, nació una colaboración que se mantuvo durante veinte años viajando por todo el mundo. El famosísimo sextete de Paco de Lucía llegó para cambiarlo todo, el flamenco entró en la fusión, son los tiempos del disco “Leyenda del tiempo”, de Camarón, y Triana y demás. La flauta de Pardo se puso al servicio del flamenco y todos disfrutamos del nuevo sonido, de la nueva mezcla y de una nueva mirada que lo revolucionó todo y a todos. Jorge Pardo sigue de ruta, con veinte discos editados, sigue en la fusión, en la búsqueda, tanto con su flauta como con su saxo, investigando y profundizando a través de la música, de sus múltiples caminos, reflejos y estados, siempre invocando el espíritu de la música.

El cineasta Emilio Belmonte (Almería, 1974), lleva más de veinte años instalado en París, y desde el 2017 con Impulso, sobre el arte de la bailaora Rocío Molina, ha empezado el proyecto “La piedra y el centro”, una trilogía documental sobre el flamenco del siglo XXI, en el que ahora llega su segunda entrega dedicada al maestro, trovador y genio Jorge Pardo con Trance. Durante dos años, la película sigue a este singular y gran tipo que es Pardo, lo vemos de aquí para allá, por varios lugares de Andalucía, ya sea por las playas almerienses, los encuentros de Cádiz, incluso por las tres mil viviendas de Sevilla, por festivales de jazz en Francia, en locales de Madrid, en conciertos por la India, en estudios de grabación de New York, y tomando unos boquerones en el bar. Lo vemos junto a amigos y músicos de viaje como el guitarrista Niño Josele, el pianista de jazz Chick Corea, el cantaor Israel Fernández, Pepe Habichuela, Diego Carrasco, el arpista Edmar Castañeda, el violinista indio Ambi Subramaniam, y demás músicos, cantaores y bailaores, que forman parte del universo flamenco y jazzístico por el que se mueve un tipo integro, honesto y sabio que sigue en la brecha defendiendo su música y su arte, muy alejado del oropel y neón de la industria, luchando incansablemente por seguir en el camino, a pesar de las dificultades y el ostracismo de una maquinaria económica a la que no le interesa la música y mucho menos el arte.

La impecable plasticidad de la película, su maravillosa mezcla de alboroto y calma, como es el flamenco y la música, y la sabiduría de Pardo, consiguen un inteligente y emocionante documento que no solo gustará a los amantes del flamenco y el jazz y la fusión, sino a todos aquellos que se detengan a escuchar, porque Trance va más allá del mero espectáculo de un músico virtuoso, que también hay, pero desde otro punto de vista, más humanista y honesto, aquí hay luces y algunas sombras, porque todo no es Jauja, también hay polvo y sangre. La película hace un magnífico y profundo retrato de Jorge Pardo, sin sentimentalismos ni condescendencias, sino auténtico, sin gustarse ni nada parecido, sino planteando una road movie de carretera, de aviones y de automóviles, una película de carretera con el aroma de Paul Bowles, donde el viajero es todo, y el viaje es lo de menos, donde todo lo que se experimenta es solo un camino y una experiencia más, dentro de un recorrido vital, porque el viaje es físico y sobre todo, emocional, porque el viaje no solo nos hace movernos de un lugar a otro, sino nos tiende puentes con los otros, con los demás, con sus formas de pensar, de sentir, de creer, de ser, y sobre todo, a nosotros mismos.

Jorge Pardo se abre en canal, mostrando su vida y sus vidas, todas las vividas, las que vive y las que vivirá, y lo hace desde la sinceridad del tipo calmado, del tipo sin prisas, del tipo que sabe que las dificultades de la vida hay que enfrentarlas con decisión, con coraje y con amor, alguien que tiene ironía, inteligencia y sencillez, alguien que sabe que la vida siempre es a cara de perro, porque quien quiere algo que nace desde dentro, siempre se tiene que bregar en cualquier sitio y con cualquiera. Trance de Emilio Belmonte con Jorge Pardo es un viaje por un músico y por su música, tanto la que hace como la que escucha, un viaje por todos sus compañeros, porque a través de ellos conocemos más a Pardo y todo su entorno, el que vemos y el que no, y todo magníficamente estructurado con ese objetivo del concierto en Madrid con sus amigos en el horizonte, con esa mezcla de vida y música que respira la película. Una película enorme, tangible e íntima, que nos lleva por sus ciento cuatro minutos de forma ágil, rítmica y maravillosa, sintiendo la música, el arte y la vida, porque como menciona Pardo la vida y la música es un todo, es la razón para seguir, es todo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Amy, de Asif Kapadia

LA VOZ APAGADA

El siglo XX estuvo caracterizado por la explosión de efervescencia de la música moderna, que emergió con nuevas ideas, caminos y una exaltación de nuevos intérpretes y grupos que llenaron las listas de éxitos con sus nuevas melodías y ritmos innovadores y frenéticos. Un siglo que también dejó en la cuneta a algunos de esos grandes músicos jóvenes de excepcional talento que ha dado la historia del rock. Una vida de éxitos, fama, alocada, y de desenfreno, donde las drogas y el alcohol se convertían en su refugio particular donde exorcizaban sus demonios personales y existenciales. Muchos de ellos dejaron este mundo a la temprana edad de 27 años, lo que algunos han venido a denominar «El club de los 27», cortándose así unas existencias que podrían haber seguido cosechando más logros y fracasos.

La última en sumarse a esa lista negra ha sido Amy Winhouse, fallecida el 23 de julio del 2011, una joven chica humilde de familia judía, de un barrio del norte de Londres, que dotada de una voz única, conquistó el mundo entero con sólo dos álbumes. Asif Kapadia (Londres, 1972), realizador de Senna (cinta basada en la vida del malogrado piloto de fórmula 1, Ayrton Senna) que logró buenas críticas y el beneplácito del público, convirtiéndose en el documental más taquillero de la historia del Reino Unido, se sumerge en el archivo personal de la cantante y en el de sus amigos y familiares, para descubrirnos la chica que había detrás de la artista famosa, y lo hace con la compañía de su equipo, James Gray-Rees, en la producción, y Chris King, en la edición, todos ellos se detienen en contarnos la vida de Amy Winhouse, pero no la que todos hemos visto, sino aquella centrada en sus inicios, en cuando era una joven que tocaba la guitarra, escribía canciones, y soñaba con cantar jazz. La película rescata material de archivo (grabaciones domésticas con sus amigos, algunas filmadas en vídeo y otras en móvil), que se complementan junto a algunas canciones inéditas, otras conocidas, actuaciones, la intimidad de su vivienda, de una fiesta…, entrevistas, de las que sólo escuchamos la voz, donde en la propia voz de Amy o la de sus amigos, managers, su ex marido, y todos aquellos que la conocieron y se relacionaron con ella. Los éxitos de sus discos, los premios y el aplauso del público, dejan paso a su compleja e impetuosa relación de pareja, sus terribles adicciones al alcohol y las drogas, sus vanos intentos de desintoxicación, la exposición permanente a unos paparazzis ávidos de miseria y sangre.

Un caleidoscopio humano y penetrante que además de hablarnos de la desaparición de un ser intenso, visceral y frágil, también reflexiona sobre el negocio de la música actual, de la hipocresía que engloba todo un sistema que explota los éxitos hasta límites inhumanos, con el único fin de codiciar más y más dinero. Una joven que tuvo una relación difícil con su progenitor, (que los abandonó para irse con otra mujer), y la cinta registra toda esa situación, desde un punto de vista sincero y directo, mostrando la grandeza y la miseria, las alegrías y las dificultades de alguien que escribía música como terapia, donde expulsaba toda su negrura y oscuridad en unas canciones desgarradas que hablaban de su lucha interna constante en amar y ser amada, sus miedos, su fragilidad y sobre todo, su incapacidad en vivir de otra manera.