Entrevista a Miguel Ángel Jiménez

Entrevista a Miguel Ángel Jiménez, director de la película “Una ventana al mar”, en el marco del BCN Film Fest, en los Cines Verdi Park en Barcelona, el viernes 26 de junio de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Ángel Jiménez, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Eden, de Dominik Moll

HUMANIZAR AL IMIGRANTE.

“En griego antiguo la palabra que se usa para designar al huésped, al invitado, y la palabra que se usa para designar al extranjero, son el mismo término: xénos.”

George Steiner

El arranque de la serie resulta muy impactante. En una playa de la costa griega, mientras unos turistas abrazan el asueto y la diversión, una patera atestada de inmigrantes llega a la playa, y delante de todos, salen despavoridos de la barcaza huyendo tierra adentro. Una imagen que ha abierto muchos informativos, sí, una imagen que refleja la tragedia de Europa, mientras unos se divierten, otros, los más desfavorecidos, corren y se ocultan de la persecución que sufren. Eden es una serie que huye de la imagen impactante y se centra en la figura del inmigrante, se sumerge en el reflejo que hay detrás de esas imágenes que abren informativos, centrándose en el inmigrante, su identidad, su relación con el otro, sus ilusiones y esperanzas, su pasado, y futuro, si es que lo tiene. Un laborioso trabajo de guión escrito por Edward Berger, Marianne Wendt, Nele Mueller-Stöfen, Jano Ben Chaabane, Constantin Lieb, Pierre Linhart, Felix Randau, para desarrollar un relato de cinco historias sobre la inmigración que convergen en la Europa actual, coproducida por Alemania, Francia, Grecia y Bélgica.

Por un lado, tenemos a Hélène, una francesa ambiciosa que gestiona un campo de refugiados en la costa de Grecia con capital privado, y sus idas y venidas a Bruselas y las diferentes comisiones para mantener su negocio. Luego, un incidente del mismo campo, y la muerte accidental de uno de los inmigrantes derivará en un conflicto con los guardias de seguridad, la policía y el mantenimiento del campo, tambaleado por una oferta de un grupo inversor. Luego, tenemos al hermano adolescente del inmigrante muerto, que huye del campo y emprende una odisea llena de peligros y miseria para llegar a Inglaterra. Conoceremos a un matrimonio burgués alemán, que habíamos visto en la playa del inicio, que acoge a un adolescente sirio y los problemas que ocasiona con su hijo de la misma edad. Y finalmente, nos topamos con el drama sirio, a través de unos supervivientes que logran llegar a Francia, donde deberán enfrentarse a ese pasado terrible y oscuro que tratan de olvidar. Grecia, Alemania, Bélgica y Francia son los distintos países que sitúan una película poliédrica y sensible con las diferentes cuestiones sobre la inmigración, durante los seis episodios de 45 minutos de duración cada uno.

Dirigida por Dominik Moll (Bühl, Alemania, 1962) que también ha participado en el guión, autor entre otras, de Harry, un amigo que os quiere (2000), Lemming (2005), El monje (2011), Only the Animals (2019) y de la serie The Tunnel (2013), entre otras, enmarcadas generalmente en el thriller con elementos de drama, comedia o fantástico, en las cuales la psicología y la relación de los personajes se convierte en el foco de la acción. En Eden, ya desde su título, haciendo clara alusión a ese paraíso ansiado para tantos inmigrantes que solo consiguen conocer la otra cara, el lado oscuro de ese paraíso inventado, construido y falso. Moll construye con oficio y sensibilidad un gran mosaico de relatos que van y vienen, en una trama in crescendo, donde la complejidad y la interioridad de los personajes se va imponiendo a cualquier atisbo de condescendencia o sentimentalismo de otras producciones.

Eden es una serie muy interesante y magnífica, llevándonos por los distintos conflictos que se van sucediendo en relación a la inmigración, y el diferente tratamiento que hacen unos y otros, desde la ejecutiva que defiende su negocio a costa de lo que sea, en su caso con la inmigración, y la insensibilidad ante la muerte o los problemas de la inmigración, como deja bastante claro en la presentación del personaje, cuando la entrevistan en mitad del campo o ese video corporativo para vender su producto a costa de vidas y personas. O la actitud de los guardias de seguridad, que anteponen su vida y su trabajo en pos a otras vidas, y el deterioro mental que se produce en uno de ellos, incapaz de soportar el daño hecho, o la dificultad de convivencia con el inmigrante sirio en Alemania con esa familia que intenta salvar una vida, o los conflictos generados con los sirios en Francia y la culpa que los atenaza, y no menos, el adolescente nigeriano embarcado en su particular odisea pro una Europa dañina y capitalista, que se aprovecha de la desgracia ajena, un continente nacido en 1951 para acabar con la guerra y proteger a sus pueblos, que se resiste a aceptar la inmigración y la sigue tratando como una mera mercancía con la que hacer dinero.

Un grandísimo reparto que agrupa intérpretes conocidos con otros más locales, componen un atractivo y magnífico elenco que irradian vida y naturalidad, encabezados por Sylvie Testud, Juliane Köhler, Wolfram Koch, Bruno Alexander, Michalis Ikonomou, Adnan Jafar, Diamand Bou Abboud y Joshua Edoze que da vida a Amare, con un aplomo y capacidad que entra de lleno en la remesa de los mejores debuts en pantalla, protagonizando el relato más intenso y dramático, la de miles de menores inmigrantes no acompañados que deambulan por Europa expuestos a cualquier peligro y abuso. Moll ha hecho un trabajo dignísimo y excelente, con un tempo narrativo de primer orden, conduciéndonos con orden, sensibilidad y humanismo por este retrato del inmigrante en Europa, una relidad durísima y dolorosa, que que no se detiene y va más allá de meras cifras y datos, llenos de vidas que huyen de la guerra y la miseria, una historia triste y oscura, que nos debería hacer reflexionar muy profundamente sobre que el significado de la palabra Europa, su idiosincrasia, y sobre todo, su forma de gestionar las vidas de los inmigrantes. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

 

Los tomates escuchan a Wagner, de Marianna Economou

SEGUIR LUCHANDO.

“No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo”.

Mario Benedetti

En la película Grecia: Reinventarse para sobrevivir (2015) de Elena Zervopoulou, también distribuida por El documental del mes, centrada en un grupo de agricultores que constituían una cooperativa, en plena crisis griega, para crear una red de alimentos para protegerse de los precios abusivos de las grandes cadenas del sector. Ahora, nos llega Los tomates escuchan a Wagner, de Marianna Economou, una productora y directora que lleva creando cine independiente griego hace casi dos décadas. La directora griega nos sitúa en Elias, un pequeño pueblo perdido en la Grecia profunda de tan sólo 33 habitantes, en el que dos primos, Christos y Aleco, junto a ocho octogenarias, se reconvierten en cultivadores de tomates orgánicos que exportan por el mundo, con la peculiaridad que colocan altavoces en mitad del cultivo en el que suena música tradicional griega y Wagner, para que los tomates crezcan y sepan mejor.

Economou construye una película sencilla y honesta, explorando la cotidianidad de unas personas que ante la crisis económica, se han reinventado y han convertido sus tomates en algo diferente, en una fuente de ingresos para seguir disfrutando de la tranquilidad y la paz de su pueblo. La película no sólo nos habla de la forma que tienen este grupo, muchos de ellos familiares, de hacer frente a la crisis económica, sino que también, explora la despoblación de los pueblos debido a los problemas económicos, y sobre todo, nos habla de fraternidad y relaciones humanas, de cómo un reducido grupo es capaz de hacer frente a las adversidades, y desde lo más íntimo y honesto, emprenden una lucha incesante para mantener sus vidas rurales a través de un trabajo artesanal para encontrar esos sabores y formas diferentes, que les hagan novedosos en un mercado orgánico internacional muy exigente que requiere fuerza e ímpetu para vender tu producto.

El relato muestra la intimidad y la cercanía de esta pequeña comunidad que funciona como uno solo, donde todos participan en la elaboración del tomate y su posterior mezcla para encontrar esos sabores que se venderán en pequeños tarros por el mundo, creando sabores diferentes para todo tipo de paladares. Economou lanza una película que es un granito de esperanza ante las dificultades económicas de Grecia, una manera diferente de encarar la adversidad y los conflictos en el aspecto laboral, y sobre todo, la cinta se desmarca de otras películas que abordan las crisis laborales de manera cruel y desesperanzadora. En Los tomates escuchan a Wagner, el camino en el que se aborda la dificultad es muy diferente, centrándose en la lucha diaria, en las dificultades en mantenerse en un mercado como el orgánico difícil que requiere una dedicación constante en toda la producción, mimando los detalles y creando unos sabores que se desmarquen del resto. La película respira vida, humanismo y comunidad, donde un grupo de personas intenta romper la oscuridad de una realidad sangrante, y emprende un camino de lucha, de seguir remando a contracorriente, de seguir en pie frente a la adversidad, de crear equipo y luchar por mantenerse en el partido, creando grupo y sobre todo, no perder la ilusión por aquello que están creando, aunque haya un sinfín de dificultades e inesperados infortunios.

Economou no se olvida del sentido del humor de sus personajes, y filma esos instantes donde a pesar del duro trabajo y los conflictos, ya sean personales como económicos, unos momentos en el que todos se ilusionan y ríen mirando un mapa, como si fuese el de la isla de las oportunidades, y siguen con sus dedos los trayectos que hacen sus tomates por el mundo, o los momentos en que reciben a los escolares franceses y les muestran con orgullo y humildad el proceso de elaboración de sus productos, o aquellos instantes impagables cuando todos viajan a Alemania para ver in situ sus productos en las estanterías de los supermercados ecológicos o esperando en los almacenes su distribución. Una película humanista y sincera, que aborda de manera sencilla la capacidad innata del ser humano para crecer ante la adversidad, formar grupo y levantarse una y otra vez para poner en pie la economía de su pequeño pueblo y así parar la despoblación. Christos y Aleco y el grupo de las cinco mujeres octogenarias forman un maravilloso grupo humano y magnífico que con su trabajo artesanal y su lucha se convierten en un símbolo para todos, en una forma de lucha en el que todo es posible, en el que las cosas pueden ser de otra manera, en que todos podemos cambiar nuestro presente con ilusión, trabajo y creyendo en nosotros.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Comportarse como adultos, de Costa-Gavras

CINCO MESES Y 12 DÍAS.

“La política es la economía, la economía es la tragedia”.

Sin ningún género de dudas, el cineasta Costa-Gavras (Loutra-Iraias, Grecia, 1933) ha construido su cinematografía a la sazón de los acontecimientos políticos de su tiempo, convirtiéndose en un analista y cronista preciso y detallista de toda la complejidad política que ha asaltado el siglo XX. Cine comprometido, cine político, cine de resistencia, entre las que destacan, en una filmografía que abarca la veintena de títulos, Z (1969) en la que se detuvo en el alzamiento de los coroneles griegos, en La confesión (1970) indagó sobre las purgas estalinistas en Checoslovaquia, en Estado de sitio (1973) se adentró en la dictadura uruguaya como reflejo a la represión iberoamericana, en Missing (1982) se sumergía en los desaparecidos de la dictadura de Chile, en El sendero de la traición (1988) se adentraba en el Klu Klux Klan en EE.UU., en La caja de música (1989) nos hablaba de los nazis ocultos en los Estados Unidos y cómo se los ajusticiaba. En el nuevo siglo ha indagado en Amén (2002) en las relaciones de la iglesia con los nazis, en la inmigración ilegal a Europa en Edén al oeste (2009) y su inquieta mirada a la crisis europea y los temas laborales desde puntos de vista diferentes desde Arcadia (2005) las argucias criminales de un candidato a un puesto de trabajo, y en El capital (2012) el arribismo de un genio de las finanzas.

En Comportarse como adultos, el cineasta griego-francés centra su mirada en un período muy cercano y crucial para el devenir de la crisis económica de la Unión Europea, como es el caso griego, profundizando en los cinco meses y doce días que Yanis Varoufakis fue ministro de economía griego y sus múltiples reuniones para negociar la terrible e ingesta deuda acumulada de los gobiernos griegos anteriores con el beneplácito de los bancos alemanes y franceses con el fin de engordar de forma abusiva sus arcas. La película recoge esos acontecimientos desde el 27 de enero de 2015 hasta el 6 de julio de 2015, cuando el ministro dimitió después del “Sí” del referéndum del pueblo griego que rechazaba someterse al Eurogrupo. Costa Gavras adapta el libro “Adults in the room : My Battle with Europe’s Deep Establishment” del propio Varoufakis en el recoge toda su experiencia como ministro y sus relaciones con el Eurogrupo y la Troika ( en el que tres organismos como la Comisión europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) en nombre de los ministros de finanzas del Eurogrupo defienden los intereses partidistas de la Unión, o lo que es lo mismo, defienden la economía de los bancos alemanes y franceses.

El cineasta griego-francés, a modo de road movie o gira, claustrofóbica y catastrófica, como si se tratase de una película de terror,  sigue incesante el devenir de Varoufakis, desde el incondicional apoyo de Alexis Tsipras, su primer ministro, con la victoria en las elecciones de Syriza, en la que el pueblo griego apoyaba al partido de izquierdas para salir de la tremenda crisis económica, y luego, la soledad y el aislamiento que el Eurogrupo sometió a Grecia con unas condiciones inhumanas que aún acrecentaban la crisis y llevaba al pueblo a una situación de crisis humanitaria. Como en la guerra de David y Goliat, Varouvakis ve como todas sus propuestas para devolver la deuda chocan contra el muro infranqueable de los señores de negro con traje que solo utilizan a Europa para hacer crecer sus economías a costa de los gobiernos más desfavorecidos. Costa-Gavras no construye una película partidista, no hay buenos ni malos, sino consecuencias y hombres que actúan según sus convicciones personales y europeas, sino que relata unos hechos verídicos, profundamente documentados y analizados, para conseguir un relato lleno de múltiples capas y compleja, en la que un hombre se sentirá solo en el momento que más necesita estar apoyado. La película abre en canal las argucias y la dictadura económica que impone Alemania, con el impertérrito y recto Wolfgang Schäuble, ministro económico alemán, así como Francia, y los tipos de la Troika, una panda de seres sin escrúpulos que obedecen los intereses bancarios sin considerar las necesidades humanas y mucho menos las necesidades de cada país y sus deudas contraídas.

El ascenso y la caída de Varoufakis, o podríamos decir a su renuncia a seguir siendo ministro griego, viéndose traicionado por su primer ministro sometiéndose a las exigencias terroríficas del Eurogrupo, y dejando a su pueblo a merced de los intereses europeos y no de su pueblo. Gavras vuelve a profundizar con brillantez y cercanía en las entrañas del poder, del mecanismo inhumano instalado en los gobiernos, y en el fracaso de Europa como organismo de pueblos unidos, mostrándolo como un mero organismo económico donde unos pocos dictan las normas del club y pobre de aquel que no llegue a las cuotas exigidas, porque resultarán implacables con él, degollándolo y dejándolo en la ruina, tanto moral como física, quizás Varoufakis sea de los pocos políticos que todavía quedaban, teniendo muy claro que el pueblo no podía someterse a los designios del orden económico mundial, olvidándose de las verdaderas necesidades humanas de la gente. La película se convierte en un análisis feroz y brutal sobre el funcionamiento de Europa, sobre toda su mentira.

La detallista y natural formato que tiene la película es obra de la gran cinematografía de Yorgos Arvanitis (especialista en la materia con más del centenar de títulos con nombres tan importantes como Angelopoulos, Schlöndorff, Wiseman, Dardenne, Ferreri o Bellochio, entre muchos otros) o la música de un grande como Alexandre Desplat, bien interpretada por actores griegos desconocidos para el gran público, peor convincentes y profundos como Christos Loulis como Varoufakis, Alexandros Bourdoumis como Tsipras, o un viejo conocido Ulrich Turkur dando vida al implacable Wolfgang Schäuble.  Costa-Gavras vuelve a deleitarnos a construir una película grandísima sobre la política, los gobiernos y el desbarajuste instalado en la economía mundial, y sobre todo, nos hace una profundísima reflexión, como es habitual en su cine, de los alejadísimos que están los gobernantes de las necesidades de la gente, triste pero real, y sin visos de cambio. La película impone un ritmo endiablado y frenético, de idas y venidas, de reuniones y (des) encuentros entre Varoufakis con el Eurogrupo, entre viajes de avión, coches oficiales, edificios de alto standing y más y más diálogos, discusiones y bla, bla y bla para llegar a ningún lugar, a ese mismo punto del principio, donde tú obedeces, traicionando a tu pueblo, y sobre todo, sigues bailando al son inhumano que marca Europa, o esos tipejos que utilizan Europa para seguir recaudando “Money”. Una tristeza. Una tragedia. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Lluís Pasqual presenta Medea de Pier Paolo Pasolini

Encuentro con Lluís Pasqual, director de la obra “Medea”, con motivo de la presentación de la película “Medea”, de Pier Paolo Pasolini, junto a Octavi Martí de la Filmoteca, dentro del ciclo “Per amor a les arts”. El encuentro tuvo lugar el martes 17 de abril de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Pasqual, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Las chicas de Amanecer Dorado, de Havard Bustnes

SECCIÓN FEMENINA.

El cine en general, y el documental en particular, es un medio eficaz y asombroso para plantearse preguntas, nunca para resolver enigmas, el creador emprende un viaje de búsqueda en los que aparecerán esos conflictos que tanto le interesan y para los que no encuentra respuesta, la película será ese vehículo propicio para adentrarse en esos enigmas, actuando de guía para adentrarse en campos de difícil acceso a los que sin ese medio sería imposible acceder. Las chicas de Amanecer Dorado nace con una pregunta: ¿Qué ha pasado en Grecia? ¿Qué ha ocurrido en un país, para que la tercera fuerza política del país sea un partido de extrema derecha? Havard Bustnes, documentalista de amplia experiencia en el documental en Noruega viajó hasta Grecia adentrándose en las entrañas de Amanecer Dorado para estudiar las raíces de una realidad triste y amarga. La película, a partir de un dispositivo naturalista y sencillo, accede a la sede del partido, las viviendas de sus seguidores y locales donde organizan sus mítines, y lo hace a través de tres mujeres, Ourania Michaloliakos (hija del fundador y líder del partido Nikolaus Michaloliakos) la madre y la esposa de otros cabecillas, en un momento donde la sección femenina ha de tomar las riendas del partido ya que su cúpula (padre, hijo y esposo) han sido encarcelada por presunta vinculación con el crimen de un rapero, a manos de algunos seguidores del partido.

Las tres mujeres emprenden la campaña electoral de 2013 y consiguen un gran respaldo en las elecciones. La cámara las filma en su intimidad, sus conversaciones y su estrategia política, todo sigue un orden pensado y establecido, aunque el cineasta le pregunta por sus vinculaciones con el nazismo y al violencia, ellas se desmarcan y siguen su guión, dentro de una inteligencia marcada, en la que cada una de ellas conoce la naturaleza y su orden en el partido. Bustnes ofrece un retrato de un partido fascista, que clama por su patria y quiere expulsar a los inmigrantes, un partido que nació en los 80 como asociación nazi y luego en los 90 se erigió como partido político que concurría a las elecciones, aunque su presencia era anecdótica, fue a partir de la devastadora crisis económica de principios del nuevo siglo, que Amanecer Dorado ha conseguido lo que es, un partido con gran respaldo por la población, una población vapuleada por el fuerte impacto del paro y demás problemas económicos que ha llevado al país a la ruina, caldo de cultivo esencial para que los partidos fascistas vendan humo y se sirvan de la desilusión de las gentes para prometerles un dorado a partir de viejas consignas nacionalistas ondeando banderas y símbolos ancestrales para devolverles ese espíritu de orgullo patrio a su favor.

Amanecer Dorado lanza a los cuatro vientos un discurso popular y democrático, para convencer a sus votantes más ingenuos, ya que acumula un sinfín de altercados violentos con la policía, los periodistas y detractores. El cineasta noruego escarba y filma todo lo que le dejan, e intenta extraerles información y que respondan a sus múltiples contradicciones, aunque no lo consigue por el propio testimonio de las implicadas, si lo consigue con su película, planteando un retrato que desde las tripas del partido, junto a material de archivo que nos ayudan a completar sus orígenes y las diferentes situaciones que han protagonizado, dejando ver su verdadera ideología racista, xenófoba y nacionalista a ultranza. Esta Sección Femenina (que recuerda a aquella de Falange que moralizó y reprimió a las mujeres durante cuarenta años de franquismo) defienden a muerte su discurso basado en el miedo del otro, en un estado falsamente democrático (que permite partidos como el suyo, por cierto) y en unas ideas políticas que han llevado al país a la ruina y a una Unión Europea basada en las leyes fascistas de mercado que empobrecen a la mayoría por el bien de unos pocos.

A través de ese discurso, populista que arenga a la parte de la población más machacada por la crisis, consiguen convencer y devolverles la ilusión perdida, aunque sea de una manera facilona e hipócrita, en el que lanzan muchas verdades (aunque esas mismas situaciones se viven o se continúan viviendo en otros países del mediterráneo como España, por ejemplo) esconden un trasfondo de odio, violencia y extremismo que ayuda a crear una división irreversible en la sociedad griega. Bustnes ha construido una película sobre la política, sus desmanes y corrupción, que en algunos instantes recuerda al cine de Ulrich Seidl y partes de su documental En el sótano, pero también, sobre el miedo de una sociedad que ya no cree en la democracia, que ha sido y sigue siendo mutilada y falseada, y esa misma sociedad, se dispone a lanzarse al abismo siguiendo las banderas de una Grecia imperial que si bien les hará sonreír y ayudar para adoctrinarlos, poco a poco, sin darse cuenta, se estarán metiendo en la boca del lobo, del que desgraciadamente, no podrán salir indemnes.

Chevalier, de Athina Rachel Tsangari

Chevalier_poster_cat_ok¿QUIÉN LA TIENE MÁS LARGA?.

En La gran comilona (1973), de Marco Ferreri, cuatro amigos burgueses se encerraban en una casa para comer y fornicar hasta la muerte. Ferreri describía un capitalismo agonizante, y perdido en el más asoluto de los vacíos, un estado que sólo podia alimentarse a través de la avarícia, la gula y la lujuría, para soportar el irreparable tedio del que todo lo tiene e incomprensiblemente, le falta lo que ya no sabe. Athina Rachel Tsangari (Atenas, Grecia, 1966) cuarenta años después del artefacto satírico de Ferreri, aborda el capitalismo valiéndose también de un grupo de amigos, en este caso seis, seis almas que se encierran en un lujoso yate, en medio del Mar Egeo, donde dirimen sus cualidades físicas, a través de juegos y desafíos  que se disputan entre ellos. Con la colaboración en la escritura de Efthymis Filippou (guionista, entre otras, de Canino, Alps o Langosta, todas ellas dirigidas por Yorgos Lanthimos, y producidas, las dos primeras, por Tsangari). Tsangari que en su primera película Attenberg (2010), retrataba de forma cruda la vida de la joven Marina que, hastiada de todo, evitaba cualquier contacto humano, refugiándose en sus deseos más profundos.

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Ahora, sigue el camino iniciado, aunque ahora su entorno ha cambiado, nos muestra la Grecia alejada de la postal turística, y se desplaza hasta la Grecia ajena a la crisis económica, la de aquellos burgueses que, aburridos de sus vidas y sus preocupaciones, compiten por placer a ser mejor que el otro, sumidos en una estúpida competición, como lo suelen ser todas, por otro caso, en la que se ponen en juego sólo las cualidades físicas. Aquí, la intelectualidad ha desaparecido, no tiene cabida en este ambiente. El paisaje de la burguesía de nuestros días, no anda muy lejano a lo que plantea Tsangari, ese barco que navega para el placer y el hedonismo, donde no hay rastro de cultura ni valores humanos, sólo hay espacio para competir absurdamente y erigirse en el mejor que el contrario, y de esta manera convertirse en el líder al que todos seguiran y admiraran como ejemplo. Tsangari construye una película mordaz y extremadamente ácida, sus planos y encuadres transmiten el absurdo y la idiotez de este grupo, a cual más cretino y narcisista, cuestiona la masculininidad desde aspectos de servidumbre y patetismo, en una carrera sin cabeza para demostrarse, y sobre todo, demostrar a los demás, esa fuerza bruta carente de sentimientos, siguiendo los estereotipos de jefe de la manada, un tipo de hombre aburguesado que ha encontrado en el capitalisme más feroz y sangrante una manera de materialitzar sus instintos más bajos, en una existencia completamente vacía, rodeada de dinero, placer y tedio.

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La propuesta de la realitzadora griega no es nada convencional, su juego no tiene términos medios, o gusta o no, su mirada es desoladora y brutal, describe de forma sencilla y honesta a sus personajes, esas almas enfrentadas no al otro, sino a sí mismos, el de demostrarse continuamente que pueden superarse y ser mejores, aunque sea en los juegos o pasatiempos más absurdos e inútiles, en una espiral sin sentidcomo los que juegan a lo largo del metraje, aunque quizás la secuencia que mejor define la propuesta de Tsangari es aquella en que los hombres compiten a ver quién monta el mueble tipo Ikea en la mayor brevedad posible u otro, en el que uno de ellos reivindica su erección y el tamaño de su pene. Hay tiempo para momentos de total absurdidad como el número musical que se marca uno de ellos (que no desmerece en absoluto al que protagonizaban las dos Hermanas siniestras de Canino).

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Tsangari  ha creado una película valiente, desoladora y crítica contra una sociedad deshumanizada y a la deriva, que no encuentra nada que valga la pena, en la que después de amasar dinero y todo tipo de bienes materiales, luego, no hay nada que hacer, no se les ocurre nada útil hacia los demás y lo que les rodea, sólo tienen tiempo para medir las fuerzas con el otro, al que convierten en un contrario, una especie de amenaza al que hay que ganar, humillar y reirse de él, en una existencia muy vacía y tediosa, que ha encontrado en la competición una manera de llenar esa existencia sin expectativas humanas ni nada que se le parezca. El cine de Tsangari recupera elementos del cine de Lanthimos, haciéndolo a través de la descripción distante de lo que retrata y una profunda mordacidad en las situaciones dramáticas que plantean, que sobrepasan la realidad para convertirse en artefactos surrealistas que retratan unos personajes y un entorno devastadores, aunque también, podríamos decir que, el cine contemporáneo griego ha sabido transmitir las miserias de este capitalismo en crisis y la falsedad de esta Europa unida en hermandad, no ahondando en ejercicios sobre la crisis y los problemas sociales de los habitantes, de un modo realista, sino de otro modo, en comedias absurdas y siniestras, donde las cosas parecen suceder dentro de un orden establecido y complaciente, pero nada más lejos de la realidad, en el fondo, si nos detenemos a mirar esa aparente felicidad, encontramos la mugre y el hedor más repugnante de la compleja, oscura  y profundidad del alma humana.

Grecia: reinventarse para sobrevivir, de Elena Zervopoulou

untitledLA DIGNIDAD DE LOS NADIES.

El arranque de la película nos sobrecoge de manera directa, situándonos de forma contundente y golpeándonos de bruces con la durísima realidad a la que tuvieron y tienen que enfrentarse los ciudadanos griegos. A comienzos de la primavera de 2010, el gobierno griego, acosados por los acreedores alemanes, se vieron obligados a anunciar un período terrible de recesión, donde se adoptaban medidas de ajustes y recortes en todo tipo de derechos laborales y sociales, situación que llevó a la ruina moral y física a miles de griegos. La debutante Elena Zervopoulou, formada en Antropología y Cine Documental, y con diversas experiencias en proyectos para ONGs y demás colectivos y asociaciones solidarias, sitúa su foco de atención en tres personas muy perjudicadas por estas medidas, tres individuos que tuvieron que empezar de cero, reinventar su vida laboral para seguir con dignidad a pesar de las tremendas dificultades económicas.

La cineasta griega se centra en Grigoris, un padre de familia que decide dejar Atenas y trasladarse a la región del Peloponeso a trabajar la tierra y ganarse así su sustento, después, tenemos a Giorgos, un hombre de mediana edad, compositor y músico, que una serie de circunstancias adversas, lo llevaron a vivir en la calle, y ahora, después de ese período, trabaja para una ONG que ayuda a salir a los que se encuentren en la situación que él estuvo. Y finalmente, conocemos a Ilías, profesor universitario y activista, que junto a otros colaboradores funda y trabaja para “el movimiento de la patata”, un colectivo de personas que decide comprar alimentos de primera necesidad directamente a los productores, sin contar con los intermediarios, creando una red solidaria que lucha contra los precios abusivos de los supermercados. Zervopoulou recoge el espíritu de aquel cine latinoamericano documental que, denunciaba de forma honesta y sincera, las salvajes situaciones que vivían los ciudadanos, los trabajos de nombres tan importantes como Miguel Littín o Pino Solanas, entre otros. Un cine humanista que profundizaba en las razones económicas y políticas que llevaban a la población a subsistir de manera tan precaria e indigna.

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La realizadora helena sigue con su cámara la cotidianidad de sus tres cabezas visibles, su lucha diaria, como se enfrentan a los problemas de los demás y propios, una lucha contra ese organismo europeo más preocupado de la moneda y de financiar su economía, que del pueblo que reclama sus derechos. Un cine combativo, alejado de artificio y aspavientos, sólo personas humanas, de la calle, que podrían ser cualquiera de nosotros, como nos recordaban las comedias de Capra, esa gente que se cruza con nosotros cada día, que lo han perdido todo, y tienen que empezar desde abajo, con la ayuda del otro, que se encuentra en su misma situación, protestando contra su gobierno, empeñado en obedecer la injusticia europea, y no escuchar a su pueblo sin trabajo y hambriento. Zervopoulou huye del reportaje televisivo, muestra los hechos y las personas que los viven, no juzga ni tampoco se posiciona, muestra sus historias y lo que hacen, la directora documenta unos hechos que están sucediendo y se mantiene junto a ellos, respetándolos y sobre todo, sin caer en la demagogia en la que suelen caer habitualmente este tipo de trabajos, donde se explican situaciones de dignidad y solidaridad, ante todo se nos hace un retrato humano de personas que luchan contra unos elementos poderosos hostiles que les conducen al abismo, y cómo encuentran un resquicio de luz ante tanta adversidad, para seguir levantándose cada día y seguir trabajando para vivir dignamente.

Entrevista a Lupe Pérez García

Entrevista a Lupe Pérez García, directora de “Antígona despierta”. El encuentro tuvo lugar el viernes 15 de mayo de 2015, en la cafetería del CCCB de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lupe Pérez García, por su tiempo, paciencia y generosidad, al equipo del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona, por haber programado la película durante el festival, y a la joven que estaba sentada a nuestro lado y amablemente tomó la imagen que ilustra la publicación.