Bosque maldito, de Lee Cronin

TU HIJO ES EL MAL.

“Are you a witch, or are you a fairy? Or are you the wife of Michael Cleary?”

[«¿Eres una bruja? ¿Eres un hada? ¿Eres una mujer que murió asesinada?»]

(Canción infantil irlandesa)

Sara es una mujer que quiere huir de un pasado de maltrato y para ello, junto a su hijo Chris decide instalarse a las afueras de un pueblo de leñadores, donde tanto ella como su vástago empezarán una nueva vida entre su trabajo en una tienda de objetos y el nuevo colegio de su chaval. Aunque, todo lo que parece tranquilo y en paz, se torna diferente, extraño, como si su hijo estuviese cambiado, como si fuese otro. Sara deberá enfrentarse a sus problemas internos de olvidar su pasado y hacer frente a un presente endiablado en el todo parece indicar que se debe a un gigantesco cráter en mitad del bosque. El director irlandés Lee Cronin que ya había despuntado en el mundo del cortometraje con películas como Ghost Train (2013) en el que nos contaba una historia sobre dos hermanos, un parque de atracciones abandonado y una misteriosa muerte del pasado, con el que arrasó en premios por los festivales. Ahora nos llega su puesta de largo con un relato intimista y doméstico que protagonizan dos personajes, una madre que intenta construirse una nueva vida huyendo de la violencia y un hijo Chris que empieza en una nueva escuela, en otro ambiente y en otra casa.

El director irlandés construye una atmósfera arquetípica con esa casa alejada del pueblo y ese bosque frondoso y apabullante tan cerca, como deja bien claro en sus interesantes títulos de crédito iniciales con esos planos cenitales y amenazantes sobre el automóvil que transporta a los protagonistas que recuerda a aquellos homónimos de El resplandor. Cronin juega bien sus cartas y sabe extraer de lo mínimo lo máximo, moviéndose por un paisaje conocido que ya había transitado por sus anteriores trabajos, cuidando la estética para realzar ese ambiente opresivo y siniestro que amenaza constantemente a las vidas de los protagonistas, y en esa idea de menos es más, como los demás personajes, breves pero muy intensos, que saben mucho más de lo que cuentan o aparecen para crear más confusión a la protagonista, en la disyuntiva de la película, entre el mito y la realidad, entre la realidad y la ficción, entre lo que arrastra ella y lo que realmente sucede en el lugar.

Cronin no oculta sus referencias, de hecho la película no esconde sus huellas cinematográficas, sino todo lo contrario, las renombra construyendo un sincero y mágico homenaje a todas ellas, como el hijo pródigo que recuerda la herencia magnífica del padre, en la que la ciencia-ficción estadounidense de los cincuenta y sesenta tienen una especial relevancia en sus imágenes con esa idea de la invasión extraterrestre silenciosa, la que llega sin hacer mucho ruido como Vinieron del espacio (Llegó del más allá), La invasión de los ladrones de cuerpos o El pueblo de los malditos, entre otras, o algunos grandes títulos de los setenta en la que se hace referencia a esos niños malvados como aparecían en La semilla del diablo, El exorcista o La profecía, el mal convertido en lo más cercano, en lo más querido y la lucha encarnizada contra esas fuerzas malignas e invisibles. El director irlandés nos conduce pausadamente por su relato sin hacer mucho ruido, en una trama misteriosa in crescendo, como ese personaje de la vecina, la tal Doreen (interpretada por Kati Outinen, fiel actriz del universo de Kaurismäki) una mujer rota y ausente, una especie de zombie o fantasma, que vaga por el recuerdo de la muerte de su hijo, que viene a advertir a la protagonista que no se deje guiar tanto y busque en su interior, en aquello que siente, en lo más visceral, o la siniestra conversación con el marido de Doreen donde descubrimos una verdad que se oculta por miedo o simplemente por desconocimiento de la auténtica verdad.

Una película que tiene a sus intérpretes en otra baza esencial en un cuento de terror que inquieta y abruma, como la excelente interpretación de Seána Kreslake dando vida a Sara, una mujer atormentada que escapa de un fuego para meterse, muy a su pesar, en un infierno maligno y desconocido, bien acompañada por James Quinn Markey, que debuta en el cine con el personaje Chris, el pequeño adorable convertido en un demonio terrible, que nos recuerda a la pinta que hacía el chaval de El cementerio viviente, la versión del 89, basada en una novela de Stephen King, especialista en crear relatos donde el terror suele ser doméstico y muy cercano, donde la maldad nos acaricia y se desata en nosotros o muy cerca. Una película de terror convencional que consigue lo que se propone con pocos elementos y mucho acierto, hacernos pasar un rato de miedo, un rato lleno de intriga, un rato tenebroso, donde todo se debate entre aquello que somos y en quién nos podemos convertir, entre la leyenda y la realidad, entre lo que sentimos y lo que vemos, entre aquello desconocido y oculto, sea o no de este mundo, o en realidad, pertenezca a nuestras peores pesadillas, la película y su relato nos invita a descubrirlo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Larga vida y prosperidad, de Ben Lewin

MR. SPOCK CAMINA JUNTO A MI.

Wendy es una joven inteligente e independiente que vive en San Francisco. Ella tiene autismo y vive en un centro asistencial, al cuidado de Scottie. Wendy trabaja en una pastelería y es fanática de la serie de Star Trek. Su vida es metódica, ordenada y rutinaria. Uno de sus sueños es vivir junto a su hermana Audrey y su sobrina recién nacida. Todo este orden cambiará cuando, debido a un concurso de la Paramount Pictures donde piden guiones sobre la serie de Star Trek, Wendy, sin contárselo a nadie, se lanza a la aventura de ir personalmente a los grandes estudios y entregar su guión de 500 páginas en mano. Para Wendy, salirse de su universo metódico y ordenado, conlleva una serie de riesgos mayores, ya que para ella el mundo exterior, el que no practica diariamente, se convierte en un universo desconocido y tremendamente confuso, un paralelismo en el que sustenta el guión sobre Star Trek que presentará para el concurso, donde el Capitán Kirk y Mr. Spock, los dos personajes principales, pierden la nave Enterprise, y caen en un planeta desconocido, donde el desierto los consume y las posibilidades de supervivencia son muy escasas. Ben Lewin (Polonia, 1946) dirigió varios capítulos de la serie Ally McBeal, y consiguió reconocimiento con Las sesiones (2012) una película que hablaba de la primera experiencia sexual de un tetrapléjico. Ahora, vuelve a centrarse en el tema de la discapacidad, en este caso emocional, centrándose en la vida de Wendy y su peripecia de llegar a L. A. en los estudios Paramount.

Nosotros nos vemos en Wendy, asistimos a su pérdida, a su confusión, a su inocencia, y la seguimos a su par. Wendy se muestra extraña en ese mundo tan nuevo para ella, un lugar en el que encontrará gentes amables y otras que no lo son tanto, donde dará muchos tumbos, más de los previstos, para llegar a su objetivo, y con Scottie y su hermana detrás de ella, intentando alcanzarla. Lewin acoge su relato en la estructura de El mago de Oz y en el viaje, más emocional que físico, de Dorothy, una niña huérfana, una niña que se siente desamparada y acaba en un mundo desconocido y extraño, un universo que se rige por otras normas y otras circunstancias, un lugar, donde se tropezará con otros compañeros de viaje que tienen como objetivo la magia de Oz, una magia que les ayudará a ser emocionalmente mejores. Wendy tiene mucho que ver con Dorothy y su extraño viaje, las dos comparten un objetivo, un destino que les ayudará a sentirse más fuertes y valientes, y les proporcionarán armas para enfrentarse a los desconocido, a esa parte del mundo que les parece confuso y difícil de descifrar, un viaje físico y emocional que les abrirá otros sentidos ocultos que jamás imaginaban que tendrían.

El guión de Michael Golamco nos lleva por distintos paisajes, desde lo urbano hasta las calles desiertas, entre delincuentes sin escrúpulos o abuelas negras bondadosas, dependientes  mentirosos, médicos confiados, vendedoras de billetes amables, policías que conocen el idioma klingon (idioma que hablan en Star Trek) en uno de los grandes momentos de la película, o oficinas jefe amargados y toda una serie de personajes que se encontrará Wendy en esta peculiar road movie simpática y bien construida, pero llena de verdad y sencillez, donde sobresale la excelente interpretación de Dakota Fanning, muy alejada de su rol en la saga vampírica adolescente Crepúsculo, que sabe llevar con honestidad, intimidad y valentía un personaje complejo y extremadamente controvertido, muy parecido al de Mr. Spock, que en su mitad vulcano mitad humano, lucha interiormente entre su racionalidad y su intuición, y ante los problemas se muestra demasiado calmo, como indica el título original, ese Please, Stand By, la frase que utiliza Scottie para tranquilizar a Wendy cuando sufre sus ataques de pánico.

Toni Collette como Scottie, la cuidadora y psicóloga que ayuda y sigue la evolución o no de Wendy, con ese rol de madre soltera que también ayuda a explicar más interiormente su carácter y su relación con su paciente, Alice Eve da vida a Audrey, la hermana mayor de Wendy, que todavía ve a Wendy de manera diferente y no preparada para llevársela a casa, una situación que la entristece y después del viaje, le hará despertarse y ver cosas en su hermana que creía inciertas. Larga vida y prosperidad, una de las frases que lanzaba Mr. Spock cuando se despedía, es una película intimista y sencilla, resuelta de manera convencional, sí, pero ese detalle no le resta ningún ápice de calidad y diversión, pero que huye del sentimentalismo y la autocompasión, con ese aire de tragicomedia, donde estaremos junto a Wendy, con sus pros y contras, con toda su sagacidad e inteligencia, pero también, con sus problemas para relacionarse y moverse por un mundo que en muchas ocasiones es un lugar muy difícil para aquellos que son diferentes, que tienen unas capacidades diferentes al resto, que sienten de otra manera, que miran y se relacionan con el mundo que les rodea de múltiples formas que algunas nunca llegaremos a entender, pero esa peculiaridad tan alejada no les hace ser entes extraños, sino personas diferentes, con otras inteligencias y relaciones,  como todas las demás.

Tres idénticos desconocidos, de Tim Wardle

LOS HERMANOS REENCONTRADOS.

“La genética nos proporciona una tendencia a movernos en ciertas direcciones y comportarnos de ciertas maneras y es el entorno quien determina la forma en que se expresan esos impulsos biológicos”.

Lawrence Wright

La película arranca allá por el año 1980 durante el primer día de universidad, cuando Robert Shafran es recibido y saludado calurosamente por todos los demás estudiantes, ante su propia estupefacción, ya que se trata de la primera vez que pisa ese campus. Todos lo llaman Eddie. Uno de los jóvenes se percata que no se trata de Eddie, pero que su aspecto es exactamente igual que el citado. Así, que llama al tal Edward Galland y los dos jóvenes se dan cuenta que son gemelos, idénticos uno del otro. La noticia corre como la pólvora y se emite en televisión, y casualidades del destino, David Kellman, desde su casa frente al televisor, descubre que los dos gemelos son idénticos a él, y los gemelos pasan a ser trillizos, y desde ese momento, los tres se convierten en uno, amigos inseparables, convirtiéndose en un gran fenómeno, que los lleva a ser la sensación del momento: apareciendo en los programas televisivos más famosos, en una película con Madonna, siendo las estrellas de las sesiones de la famosa discoteca Studio 54 de New York, incluso irse a vivir juntos a un apartamento en la Gran Manzana, y convirtiéndose en socios cuando abren su restaurante “Trillizos”, que será el local de moda para mucha gente.

El cineasta Tim Wardle (Reino Unido, 1975) dedicado exclusivamente a realizar documentales para televisión, encontró esta historia y después de innumerables carambolas del destino, consiguió levantar este proyecto y contar la odisea de tres bebés nacidos en 1961 y separados al nacer, y posteriormente, adoptados por tres familias diferentes que no se conocían entre sí. Tres hermanos que nacieron sin conocer la existencia de los otros. Y todo tiene un porqué, los tres hermanos, junto con otros gemelos y trillizos, participaban en un experimento científico del equipo del psiquiatra Peter Neubauer, un estudio que exploraba las conductas de la personalidad de una serie de individuos separados al nacer, hijos de padres con problemas mentales, el estudio se basaba en la observación de estos individuos y su conductas, si estas alteraciones emocionales se heredaban o eran proporcionadas por el entorno en cuestión, un entorno, eso sí, que en el caso de los trillizos, eran de diferentes clases sociales.

La película de Wardle se mueve en dos espacios, primero de todo, las imágenes de archivo, donde se reconstruye la vida de los tres mellizos y su reencuentro, así como la reconstrucción de ciertos momentos de ese pasado, y un segundo espacio que sería el presente, donde a través de entrevistas, en las que se recogen de primera mano los testimonios de los hermanos, y también, el relato de algunas de las personas que participaron de manera periférica en el experimento, y el testimonio crucial y esclarecedor del periodista Lawrence Wright, que investigó profundamente el caso hasta donde le dejaron, porque los archivos referentes al experimento siguen estando en custodia, alejados de todos los ojos, con la excusa que algunos participantes del experimento desconocen completamente todo. Wardle se mueve entre varias películas, porque tenemos una alegre, divertida y muy emocionante, cuando los trillizos se reencuentran, sus vidas, su éxito y compañerismo, y por otro lado, la película se adentra en el thriller oscuro y terrorífico, en la conspiración científica, muy propia del cine político de los cincuenta y sesenta, donde se cuestiona la ética y moral del experimento y de ciertas conductas de la ciencia en pos de la verdad, o de la naturaleza de los experimentos, una época donde la Guerra Fría ayudaba a llevar a cabo ciertos estudios que en muchos casos atentaban contra la identidad y las vidas de las personas.

Wardle cuenta de manera eficaz y trepidante todo el relato, centrándose en la parte humanista de los trillizos, que tuvieron que pagar un precio demasiado alto muy a su pesar, a partir de sus testimonios y las imágenes de archivos, dotando a la película de un vaivén de informaciones pero bien estructuradas y organizadas para que el espectador conozca, pero también, se adentre en este documento agridulce sobre la condición humana, donde hay alegrías y risas, pero también, hay tristezas y dolor, donde la película no juzga, sino muestra, explicando todos sus detalles y lugares, llevándonos con firmeza e inteligencia por todos los protagonistas involucrados en el caso, todos aquellos que callaron, porque les convenía, todos aquellos que querían saber, a pesar de todo aquello malo que iban a encontrarse, como los trillizos y otros gemelos que, muy a su pesar, participaron en el estudio secreto, y todos aquellos, como el periodista, que trabajaron para desenterrar todos los detalles del experimento, derribando todos los muros que le dejaron derrocar, porque hay otros, los más profundos, que habrá muchos intereses, tanto humanos como poderosos, que prefieren seguir ocultando.


<p><a href=”https://vimeo.com/310090258″>Trailer TRES ID&Eacute;NTICOS DESCONOCIDOS</a> from <a href=”https://vimeo.com/festivalfilms”>FESTIVAL FILMS</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

The Guilty, de Gustav Möller

SERVICIO DE EMERGENCIAS, DÍGAME.

Los amantes del cine recordarán a Will Kane, el sheriff del pequeño pueblo de Hadleyville, en Solo ante el peligro, de Fred Zinnemann. Un western magnífico que narraba con firmeza la espera de Gary Cooper ante la inminente llegada en tren del criminal fugado de la cárcel que el mismo envió a prisión. Asistíamos con temor a 80 minutos agobiantes donde Kane esperaba sin remedio el fatal desencuentro, sin que nadie del lugar le ayudase. Algo parecido le sucede a otro representante de la ley, el agente Asger Holm en The Guilty, en el que recibe una llamada al servicio de emergencias y deberá lidiar un caso de secuestro, donde hay implicados una mujer que se hace llamar Iben, y su secuestrador, su ex, Michael. El director Gustav Möller (Gotemburgo, Suecia, 1988) que debuta con esta película, enmarca su película en las cuatro paredes del servicio de emergencias, donde a través del teléfono y las conversaciones veremos todo lo que sucede en off, escuchando atentamente todo lo que acontece al otro lado del aparato. La premisa es sencilla y muy efectiva, por un lado, tenemos a Asger Holm, el agente sancionado por un caso de homicidio imprudente, y degradado por sus superiores, y metido a atender llamadas en una sala fría durante la noche.

Avanzada la noche, recibimos la llamada aterrorizada de Iben, una mujer joven que explica su caso, su secuestro y su terror. Entonces, a partir de ese instante, las llamadas irán a velocidad de crucero de un lado a otro, a comisarias, a patrullas, al hogar familiar de los implicados, que han dejado solos a sus dos hijos menores, y a Rashid, un confidente y colaborador de Asger. La película no tiene un minuto de descanso, va de un lugar a otro sin salir de esa habitación a media luz, donde las voces y los sonidos ambientales se van cruzando entre unos y otros, siguiendo una estudiada tensión psicológica que va in crescendo, guiándonos por caminos trillados y nada claros, donde Asger deberá descifrar las claves que se hallan en el suceso, sin más ayuda que su instinto, su inteligencia y su capacidad para dirimir situaciones de peligro. Möller se ha rodeado de un equipo muy joven y profesional, para contarnos en tiempo real (como ocurría en el western de Zinnemann) la peripecia de Asger, contándonos la película a través de planos detalle del rostro y el cuerpo del policía, mezclándolo con planos más abiertos, siempre sin salir al exterior y casi sin diálogos con los otros compañeros de Asger, centrándose solo en las diferentes conversaciones del teléfono, en que el peligro inminente siempre está al acecho.

Möller construye una cinta de fuerte carga psicológica, con ese estilo depurado e inquietante de Hitchcock, en el que todos los personajes tienen algo que esconder, donde nada es lo que parece, y sobre todo, hay que estar muy atentos a todo lo que escuchamos a través del teléfono, siguiendo la montaña rusa de emociones que sienten los personajes, donde Asger pasa por casi todos los estados emocionales existentes durante los 80 minutos que dura la película, sometido a una presión brutal, y ejecutando sus propias órdenes, dejándose llevar por su instinto policial, e intentando sacar adelante semejante entuerto. La película tiene ese aroma que ya impregnaban otros títulos donde el teléfono se convertía en el foco de atención como Buried, de Rodrigo Cortés, donde un enterrado vivo tenía un móvil como único medio para salir de semejante situación, en Locke, de Steven Knight, un tipo con vida aparentemente feliz era manipulado en su coche a través del móvil. Cintas de gran tensión dramática, que manejan las emociones de los espectadores, llevándolos por ese laberinto emocional en el que todo ocurre fuera de ese espacio, pero tiene su raíz en ese ataúd, en ese coche, o en esa habitación de emergencias.

Quizás, otro de los elementos indispensables para los cimientos de la película sea la  soberbia interpretación de Jakob Cedergren (que ya cosechó muchas menciones con su trabajo en Submarino, de Thomas Vinterberg) creando un agente de policía solitario, de mal carácter y aislado, que construye una grandísima composición de sobriedad y detalles con su voz y sobre todo, en su rostro, que en la película se convierte en ese espejo de emociones en el que se reflejan todas las situaciones con las que tiene que lidiar a lo largo y ancho de esta trama peliaguda, oscura y terrorífica. Möller ha cimentado una película de grandes hechuras, sencilla y contenida en su forma, y muy creativa en su fondo, donde ese off acaba contaminando toda la habitación, y donde acabamos viendo aterrorizados todas esas acciones y personajes que solo escuchamos, que ocurren en off, manteniendo con gran habilidad y soltura esa tensión áspera y brutal que tiene toda la película, condensando con eficacia la transmisión de información de todo lo que va ocurriendo y sobre todo, cómo se nos irá desvelando toda esa información que permanece oculta.

Of Fathers and Sons, de Talal Derki

EL LEGADO DE LA YIHAD.

“Cuando era pequeño, mi padre me enseño a escribir mis pesadillas para impedir que volviesen. Me fui muy lejos para escapar de la injusticia y de la muerte. Desde que empezamos a construir nuevos hogares en el exilio, el yihadismo salafista ha vivido una era dorada en el hogar que dejamos. La guerra sembró semillas de odio entre vecinos y hermanos, y ahora el yihadismo salafista está recogiendo los frutos. Intentando ocultar mi inmenso miedo, me despedí de mi mujer y de mi hijo y partí hacia la tierra de los hombres que anhelan la guerra. Al norte de Siria, a la provincia de Idlib, controlada por al Qaeda, también llamada Frente al Nusra. Me presenté como fotógrafo de guerra”.

Talal Derki.

De todas las imágenes terribles de la Guerra Civil Española hay una que me aterroriza entre todas, la de unos niños jugando en una colina simulando un fusilamiento, un juego que se convierte en el fiel reflejo del contexto en el que viven, un contexto de guerra, muerte y destrucción. Aunque hayan pasado más de 80 años de esa imagen, esas imágenes se siguen produciendo, niños que viven el horror de la guerra, el horror de la muerte, que crecen en realidades horribles, donde asesinar es lo cotidiano, donde sus juegos infantiles acaban siendo un reflejo de esa realidad miserable que viven diariamente.

El arranque de la película resulta demoledor y bestial, donde observamos a unos niños jugando al fútbol en mitad de la desolación y la destrucción del paisaje, en el que ese incio nos viene a decir que hasta en los lugares más crueles de la tierra, la vida se abrirá camino y siempre habrá unos inocentes que jugarán. Talal Derki (Damasco, Siria, 1977) ha trabajado para la televisión árabe y para agencias de información tan importantes como la CNN, y ha vivido la desmembración de su tierra desde la proximidad, unos hechos que empezaron con la movilización social para acabar con el régimen de Bashar Al Asad, que después originó la guerra que todavía continúa, hechos que ya plasmó en su documental Return to Homs (2013) donde seguía durante tres años a un futbolista que era activista de todos estos movimientos políticos y sociales. Ahora, en su nueva película va más allá, y se mete en la cotidianidad del otro, de los que están en la otra línea de fuego, en la vida de Abu Osama, miembro del grupo Al-Nusra, la rama de Al-Qaeda en Siria, que lucha contra las tropas del gobierno del Al Asad, y la compañía de sus ocho hijos, cruzando el difícil frente del Norte del país, para convivir durante dos años y medio en este ambiente familiar y de guerra.

Derki se convierte en un testimonio único y brutal en el que muestra con su cámara esa cotidianidad que duele y horroriza, porque los momentos tiernos y sensibles del padre a sus hijos, se mezclan con los disparos, las incursiones bélicas y la desactivación de minas y bombas, tarea en la que el padre es un especialista. Esa cotidianidad que vemos sin artificios ni efectos, es una cotidianidad asumida dentro del ambiente de guerra, en el que los niños siguen con sus juegos a pesar de todo, juegos bélicos, juegos donde se pelean, fabrican artefactos caseros y se mueven entre las ruinas de un país que lleva más de 7 años de guerra y destrucción. El cineasta sirio filma desde la más absoluta cercanía y proximidad, sin trampa ni cartón, desde esa realidad miserable, donde la vida y la guerra se mezclan y se funden, con dos partes divididas: en la primera, somos testigos de las incursiones bélicas del padre y sus compañeros combatientes, mientras los hijos quedan más al margen, unos hijos que adoran a su padre, que se muestra tierno y sensible con ellos. En la segunda mitad, los niños cogen más protagonismo, sobre todo, dos de ellos, Osama, el mayor de 12 años, y Ayman, el que sigue, el mayor quiere seguir los pasos del padre y le vemos asistir a los entrenamientos para convertirse en un futuro soldado de la yihad (son escalofriantes el adoctrinamiento por parte de los adultos y todas las pruebas que les hacen pasar) en cambio, Ayman, desea volver a la escuela cuando la guerra se lo permita.

Derki nos habla de guerra, violencia, deshumanización y educación, sobre un padre que cree profundamente en una sociedad que vive bajo las leyes de la sharía, y educa a sus hijos bajo esa doctrina religiosa, donde su fe y sus armas son las únicas y válidas herramientas contra los infieles y enemigos que luchan contra ellos, en una guerra cruenta, compleja y demoledora, que está acabando con el país y sus habitantes. Derki ha construido una película necesaria y valiente, una cinta terrible sobre la intimidad de los radicales, sobre la guerra desde lo más profundo, y sobre todo, una película sobre la educación, ese adoctrinamiento de los padres a los hijos, al terrible legado que les dejarán en sus vidas, esas semillas de odio a los demás, a esos supuestos enemigos, pesadas huellas violentas que deberán arrastrar durante todas sus vidas, unas existencias condenadas por un destino atroz y salvaje, en el que tendrán que convivir con la muerte diariamente, en unos niños que no han conocido otra cosa que no sea la muerte, la destrucción y las armas como compañeras de juegos, unos inocentes que han crecido a través de la ignominia y el odio hacia el otro, convirtiéndose en seres abyectos y miserables donde matar es lo normal, donde matar forma parte de sus vidas, como comer, jugar o amar.

Mandy, de Panos Cosmatos

EL INFIERNO ENTRE NOSOTROS.

“Cuando muera. Enterradme hondo. Colocad dos altavoces a mis pies. Ponedme unos cascos en la cabeza. Y rocanroleadme. Cuando esté muerto.”

Mandy y Red son un matrimonio que vive en mitad de un bosque y alejado de todos. Ella, de aspecto frágil y sensible, trabaja en una gasolinera, peor su pasión es la ilustración. Él, de aspecto rudo y fuerte, contrasta con el de su esposa, y trabaja de leñador. Los dos se quieren y dentro de su vida anodina, son todo lo felices que pueden. Aunque, un día, esta tranquilidad y armonía se rompe bruscamente, cuando Mandy se cruza con Jeremiah, un iluminado que se cree un enviado de Dios, y su desquiciada familia de seguidores, a los que con la ayuda de un trío de motoristas invocados del mismísimo infierno, raptarán a Mandy y Red. Después de su debut en Beyond the Black Rainbow (2010) en la que nos hablaba de una estudiante perturbada que era raptada por un diabólico doctor, Panos Cosmatos (Roma, Italia, 1974) vuelve con una película dividida en dos partes bien diferenciadas. En la primera, asistimos a la vida sencilla y cotidiana de Mandy y Red, y el amor romántico que se tienen el uno al otro, donde asistimos a momentos tiernos y sensibles, muy alejados del cine de terror al uso, donde a las primeras de cambio, la trama se desliza por los momentos duros y golpes de efectos.

Cosmatos construye en este primer bloque una fábula romántica, casi fantástica, jugando con esos encuadres llenos de texturas y coloridos, más propios de las leyendas o los cuentos de hadas. Será en el segundo bloque cuando la película cambie completamente, y se torne más oscura y perturbadora, cuando Red busca venganza, y se lanza a una pesadilla sanguinaria para acabar con aquellos que le han robado lo que más quería. Aquí, Cosmatos se enfunda el traje del terror y toma referencias como La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos, y otras de Wes Craven, el universo de John Carpenter, o ejercicios que mezclan terror, thriller y ciencia-ficción al estilo de La fortaleza, de Michael Mann, para contarnos la aventura justiciera de Red (un inconmensurable Nicolas Cage, que parece haber vuelto a la senda de sobrias interpretaciones como había hecho en Joe, de David Gordon Green, un personaje que podría recordarnos a Red, con el que mantiene muchos aspectos en común) bien acompañado por Andrea Riseborough haciendo de Mandy, la criatura frágil y sensible, que fantasea con las novelas de misterio para soportar su lúgubre y anodina existencia.

Cosmatos hace uso de toda esa ingeniería visual del propio director, ya desde la ambientación de la película, anclada en el año 1983, una fecha nada casual, porque casi todos los referentes de la cinta andan por esos años, o su inquietante atmósfera, donde predominan esos cielos estrellados que destellan infinidad de cromas y colores, o los espacios naturales del bosque y la casa que habitan sus protagonistas, envuelta en el silencio perturbador del bosque y esa niebla que los oculta, o qué decir del armamento que porta Red, con esa especie de hacha, más propia de los personajes de cómic legendarios, forjada por él mismo, como símbolo de su venganza y el amor que se sentía por Mandy. Sin olvidarnos de los antagónicos, empezando por ese trío de motoristas de riguroso negro, a los que nunca veremos el rostro, criaturas de las profundidades, muy de ese cine setentero thriller de seres vengativos y errantes.

Mención aparte tiene ese iluminado asesino de Jeremiah, demente seguidor de Dios, pero más cerca de Satán y sus paranoias sanguinarias y su familia, que parece recordar a Manson y los suyos, con esa especie de iglesia subterránea, donde hace y deshace todas sus desquiciadas extravagancias, y esos que le siguen, donde abundan las mutilaciones físicas, y sobre todo, las enfermedades mentales, seres malvados, como esa concubina mayor que lo sigue sin rechistar, o la joven doncella que seguirá el mismo camino que la otra. Cosmatos opta por un ritmo pausado y romántico del primer bloque, para cambiar del todo en el segundo bloque, donde el ritmo se vuelve esquizofrénico, al ritmo del personaje de Cage, y su viaje sangriento y paranoico en busca de venganza y muerte, echando mano de lo kitsch, el cómic, videoclip, o gore, con esas cabezas reventadas y esos cuerpos despedazados. Una película entretenida y potente visualmente, con la estupenda score de Jóhan Jóhannsson, que ayuda a crear esa atmósfera oscura, inquietante y fantástica que baña toda la trama, que no se mete en camisas de once varas, sino que hará las delicias de los amantes del género, y no sólo de ellos, sino de otros espectadores que quieran adentrarse en un cine de terror de ahora, pero que no olvida sus referentes, pero no a través de un ejercicio de mera copia, sino creando su propio universo personal y creativo.