Entrevista a Amanda Sans Pantling

Entrevista a Amanda Sans Pantling, directora de la película «Miss Jobson», en la sede de Damautor en Barcelona, el miércoles 14 de octubre de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Amanda Sans Pantling, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Anabel Mateo de Relabel Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Eimi Imanishi y Nadhira Mohamed

Entrevista a Eimi Imanishi y Nadhira Mohamed, directora y actriz de «Sombra nómada», en el marco del D’A Film Festival, en la Sala Raval del Teatre CCCB en Barcelona, el lunes 23 de marzo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Eimi Imanishi y Nadhira Mohamed, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Magallanes, de Lav Diaz

EL VIAJERO INFINITO. 

“Encontraremos algo en ninguna parte”

Fernando de Magallanes 

Si pensamos en el cine comercial actual tan frenético, de ritmo electrizante, argumentos simpatizantes y sobre todo, una estimulación constante para enganchar a los distraídos espectadores. El cine de Lav Diaz (Datu Paglas, Filipinas, 1958) estaría en las antípodas de toda esa estructura de cine mainstream, porque su universo se caracteriza por la profundidad y sensibilidad acercándose a la historia de su país, los traumas, la resiliencia, las injusticias y las continuas luchas en que lo humano está muy presente en sus diferentes formas, complejidades y contradicciones. Sus películas se alejan muchísimo del corte de 90 minutos convencional, ya que sus films alcanzan duraciones de más de tres horas, incluso rebasando las cinco horas. Su narrativa también es diferente, alterna el color con el blanco y negro, apoyándose en fascinantes largos planos secuencia fijos y muy largos, en que la cámara se sitúa en un estado de observador, con un tiempo dilatado en unos encuadres de enorme empaque visual en los que penetra en lo físico y en lo espiritual de forma sencilla y huyendo de artificios, triquiñuelas argumentales y narración epatante, dando tiempo y reflexión a los curiosos e hipnotizados espectadores. 

Con Magallanes se acerca a la mítica figura del inquieto y empedernido viajero Fernando de Magallanes (1480-1521), pero no dibuja a un líder por encima del bien y el mal, recurriendo a la épica para vanagloriar su figura, sino todo lo contrario, le extrae toda la leyenda y el mito que lo rodean, para hacer una película sobre un hombre de carne y hueso, un individuo con sus alegrías y tristezas, con sus aciertos y equivocaciones, alguien ambicioso y también, alguien con miedo. La película nos cuenta su ruptura con la Corona portuguesa y con sus enemigos lusos para convencer al Rey de España de su viaje, de su aventura, de su ambición y su metamorfosis al llegar al archipiélago malayo. La película se asienta en la mirada y el cuerpo de Magallanes, de su amor Beatriz, y de sus relaciones con su tripulación y con los filipinos, porque el relato se centra, en su mayor medida, en sus (des) encuentros con los filipinos que conoce en sus largos y peligrosos viajes. Sus conquistas, sus conversiones católicas, sus devaneos, sus guerras interiores y exteriores, y sus huidas imposibles y demás situaciones que la cinta de Diaz relata de forma cercana y a la vez, observando como un privilegiado testimonio, en un poderoso ejercicio de desmitificación, abstracción y espiritualidad, donde cada instante de sus inquietantes planos nos sitúan en una zona limbo donde es tan importante lo que vemos y lo que se queda fuera de cuadro, en un off que alimenta los sueños. 

El aspecto técnico del universo de Lav Diaz siempre está muy pensado, es meticuloso, nada dejado al azar, en que cada encuadre escenifica un algo y más allá. Una cinematografía que firma el propio director y Artur Tort, el cinematógrafo habitual de Albert Serra, que actúa como coproductor, junto a Montse Triola,  en una composición de planos y encuadres en que el plano general se impone, a través de magníficos tableau vivants, hizponitantes y poderosos, donde el tiempo se va diluyendo, y el ritmo latente y reposado se va imponiendo a lo que ocurre y lo que no, en una especie de limbo inquietante y asfixiante, en el que todo ese poder magnético que va sumergiendo a los espectadores en un estado ambivalentes difíciles de descifrar donde cada secuencia aporta un tiempo no presente, donde pasado se fusiona con un no sé qué. El gran trabajo de sonido del dúo Emmanuel Bonant y Cecil Buban, esencial en una película donde el tiempo es muy físico, en un puzzle infinito de sonidos ambientales y fantasmales. El excelente trabajo de dirección artístico y de vestuario también ayudan a hacer de la historia esa credibilidad de verdad y leyenda, o lo que es lo mismo, ficción, por donde se mueve la película. El montaje también lo firman Tort y Diaz que, en sus 160 minutos de metraje, nos meten de lleno en esa quietud, pérdida y alucinante vida vivida y no vivida del inquieto viajero, en que el tiempo es una parte esencial del metraje, con sus saltos a modo de capítulo. 

La dificultad de poner rostro y cuerpo a Magallanes no ha sido una tarea fácil para Diaz, pero viendo la composición de Gael García Bernal, no solo estamos ante una especie de metamorfosis en que nos creemos la cara del actor mexicano ya como la real del explorador portugués, en una poderosa simbiosis donde en ese espacio intermedio, un limbo de actuación en el que se produce el encuentro entre la piel y la máscara que desaparecen para ver al navegante no cómo creemos que era, sino como es en la piel, el gesto y la mirada de García Bernal. Como sucede en el cine de Diaz, donde tiene la mecánica de mezclar intérpretes profesionales con actores naturales, en Magallanes también encontramos esta premisa con actores como el también mexicano Darío Yazbek Bernal, que hemos visto en películas de Michel Franco, Ángela Azevedo es la hermosa Beatriz, el luso Rafael Morais, habitual del director portugués Joâo Canijo, el también portugués Tomás Alvés, visto en el cine de Bruno Gascón, el conocido en la cinematografía portuguesa Paulo Calatré, el actor filipino Ronnie Lazaro, siete películas con Diaz, amén de Brillante Mendoza, y demás, y los naturales que escenifican todo el entramado físico y espiritual por el que se mueve la cinta, como su magnetizante arranque donde se produce el encuentro de los originarios y occidente, tan extraño como íntimo.

Como hay pueblos que se hermanan, también hay cine que también lo hace, la película de Diaz se podría fraternizar con Aguirre, la cólera de Dios (1972), de Werner Herzog, ya que el Lope de Aguirre de la historia en la piel de Klaus Kinski, imposible verlo en el rostro de otro intérprete, escenifica la locura, el terror y lo espiritual de su aventura al invierno, en su vía crucis particular por las cosas americanas, con la guía que trazó Conrad en la inolvidable El corazón de las tinieblas, en que Charlie Marlow no sólo se enfrenta al sin escrúpulos Kurtz, sino a todos sus fantasmas, los habidos y por venir, en un viaje sin fin, en una mezcla de aventura, miedo y catástrofe, donde la figura es un tipo como otro, con ternura, con rabia, deseoso de ser, llegar y seguir navegando, enfrentándose a sus yos, y a los otros, y los del más allá, y su conflicto con Lapu-Lapu, misterio, invento o quizás, un fantasma que ejerce contra los invasores, contra los viajeros del tiempo que llegar de otros mundos, como si fueran astronautas. Magallanes, de Lav Diaz es cine en mayúsculas, si entendemos y sentimos el cine como un misterio a revelar o no, en un viaje personal e íntimo en que exploramos a otros investigando a nosotros, o lo que creemos que somos, en una travesía hacia el otro mundo, o lo que queda más allá de la razón, donde habitan los monstruos del espejo y los que no se reflejan en él. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La buena hija, de Júlia de Paz Solvas

CARMELA YA NO MIRA PARA OTRO LADO. 

“El silencio es el grito más fuerte”.  

Arthur Schopenhauer

En Harta (2022), un cortometraje de 23 minutos, la directora Júlia de Paz Solvas (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, 1995), nos retrata el reencuentro de Carmela, una niña de 12 años con su padre condenado por violencia de género en un centro familiar. A partir de ese instante ha nacido la película La buena hija, coescrita por Núria Dunjó López y la propia directora, en la que Carmela, ya en la adolescencia, arranca con el citado reencuentro con su padre. La trama gira en torno a la mirada de Carmela, metida entre esos dos universos que, poco a poco, irá viendo una realidad muy diferente. Una realidad que se llenará de oscuridad, y también un resquicio de luz que le dan sus momentos de ternura con su abuela y el desasosiego con sus compañeras de instituto, con las cosas propias de su edad. La película es muy íntima, nada condescendiente, es muy áspera, en muchos momentos duele mucho, ahoga con intensidad, pero también hay luz, aunque no cegadora, sino dificultosa, porque el miedo, el silencio y las dudas asaltan a la joven.   

Segundo trabajo de la directora catalana, después de su apreciable ópera prima Ama (2021), donde la cosa también giraba en torno de los amores materno/filiales, en el que una mala madre hacía y deshacía con su hija pequeña por un Benidorm muy alejado de la estampita colorista que venden a los turistas. Con La buena hija sigue indagando en las relaciones, en este caso paterno/filiales, desde un lado más oscuro, donde hay un padre, condenado por violencia de género, y una hija Carmela, desde donde los espectadores vemos, sentimos y sufrimos la historia. Vuelve a contar con su coguionista cómplice, la mencionada Núria Dunjó López, y construyen una trama de grietas, tan cotidiana como insana, que emana mucha verdad, la que nos encoge el alma, en esa bifurcación en el que se encuentra la protagonista, entre un amor hacia el padre y un enfrentamiento diario con una madre que intenta protegerla. La niña verá cosas y se dará cuenta de otras, en su difícil tránsito entre una adolescencia que está despertando a los primeros besos, los cambios profundos, y a esa travesía donde todavía estamos experimentando demasiadas cosas y no logramos a entender la mayoría, dando palos de ciego, y encima, la difícil tesitura en la que Carmela se encuentra en su entorno familiar.

Como sucedió en Ama, la cinematografía vuelve a estar firmada por Sandra Roca, continuando con esa cámara nerviosa y agitada, casi pegada al cuerpo de los personajes, que los sigue sin descanso, siendo una extremidad más, consiguiendo esa oscuridad/luz que atraviesa toda la película, en una mezcla poderosa que le da fuerza y sentido a cada encuadre y secuencia, en un torbellino de miradas, gestos y silencios. La sensible y potente música de Natasha Pirard, la música afincada en Gante (Bélgica), ayuda a tonificar cada plano y cimentar con toques muy sutiles todas las grietas existentes y silentes que componen la película. Mencionar especialmente la labor del diseñador de sonido Enrique G. Bermejo, con más de 100 títulos en su extensa filmografía, las más recientes han sido Sorda y Esmorza amb mi. El precioso y soberbio montaje de Oriol Millán, que ha estado en todos los trabajos de Júlia de Paz Solvas, realiza una edición de puro corte, donde todo se aglutina a través de la intensidad y lo físico en una historia que no para en ningún momento, muy del tono del Free Cinema y los Dardenne, donde la agitación cotidiana envuelve todo el entramado emocional de lo que está ocurriendo en el interior de los personajes y las fuertes experiencias con las que deben lidiar en sus magníficos 103 minutos de metraje.  

Si Ama sigue estando en nuestra cabeza, mucha responsabilidad tiene la interpretación sobrecogedora de Tamara Casellas. Un aspecto que sigue con fuerza en La buena hija, en la que cada composición está tratada con sobriedad y mucha intimidad. La citada actriz, aparte de aparecer en un par de secuencias, es la coach de interpretación de la gran revelación Kiara Arancibia Pinto, la joven de Sant Andreu de la Barca, descubierta para otro proyecto por Irene Roqué, otro gran nombre de nuestra cinematografía con casi 90 títulos, entre los que destacan muchas películas con Ventura Pons, La hija de un ladrón, Libertad, La maternal y Creatura, entre otras. Lo de Kiara es espectacular, la mezcla de matices y detalles que genera con su personaje, un acierto que sostiene con credibilidad y fuerza los altibajos emocionales de su personaje. Le acompañan Janet Novás como la madre que, desde que la vimos en O corno (2023), de Jaione Camborda, nos sigue emocionando porque lo dice todo sin expresarlo verbalmente, Petra Martínez es la abuela, una actriz que, sabe contagiar sin necesidad de tanta emocionalidad, y Julián Villagrán el padre, uno de esos actores capaces de hacer lo que sea, porque siempre resulta natural y muy cercano.

Si están en duda de ver La buena hija no lo se lo piensen más, porque si han llegado hasta aquí, les he explicado sobradas razones para ver la película, en la que el respetado público se encontrarán una historia sobre la capacidad de amar, sobre cómo amamos, y cómo gestionamos el dolor, el silencio como arma y poder contra nosotros, también habla sobre la dificultad de seguir estando cuando todo se pone en tu contra, los conflictos familiares cuando eres demasiado joven para gestionarlos y mucho menos para entenderlos y seguir viviendo, si eso es posible. La luz y la oscuridad como elementos que se mezclan y tú en medio de todo eso que debe seguir en pie, con tu vida y con todo lo que ello conlleva. La mirada íntima a problemas diarios que están ahí, y la capacidad de la película en su profundidad sin ser sentimentaloide ni nada que se le parezca, porque todo destila verdad, naturalidad y muchísima transparencia, muy alejada de todas esas películas con tufillo emocional que manipulan los sentimientos para llevar al espectador con artimañas poco sutiles. Es una película sobre lo femenino a partir de tres generaciones y su forma de ayudarse  y cuidarse ante la violencia. La directora Júlia de Paz Solvas vuelve con una cinta que muestra lo que duele, lo que nos enfrenta a nosotros, y sobre todo, sabe mirarlas, retratar el miedo, la culpa y demás verdades, y lo hace con sinceridad y mucha honestidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Anna Alarcón, Ventura Durall y Mathurin Malby

Entrevista a Anna Alarcón, Ventura Durall y Mathurin Malby, intérpretes y director de la película «Supernatural», en una de las salas de los Aribau Cinemes en Barcelona, el martes 2 de diciembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Anna Alarcón, Ventura Durall y Mathurin Malby, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Àlex Mañas

Entrevista a Àlex Mañas, director de la película «Hada», en su domicilio en Barcelona, el miércoles 3 de septiembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Àlex Mañas, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Pere Vall, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Maria Sanz y Sara Espías

Entrevista a Maria Sanz y Sara Espías, actrices de la película Hada» de Àlex Mañas, en el domicilio del director en Barcelona, el miércoles 3 de septiembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria Sanz y Sara Espías, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Pere Vall y Àlex Mañas, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Nuestro momento perfecto, de Aylin Tezel

LOS ESPEJOS A LOS QUE NO NOS MIRAMOS.   

“Cómo te amas a ti mismo es cómo les enseñas a los demás a amarte”.

Rupi Kaur

Érase una vez… en la isla escocesa de Skye, durante un fin de semana, allí se juntaron dos desconocidos. Por un lado, tenemos a Kira, una mujer en los cuarenta, que ha vuelto a revivir un viaje al lugar cuando estaba con su ex. Por el otro, tenemos a Ian, también en los cuarenta, que visita a sus padres, en plena huida constante de sus conflictos llevando una vida al día. Los dos, sin pretenderlo, pasarán 24 horas juntos, donde corren, saltan, bailan y ríen, y se olvidarán de sí mismos, y sobre todo, vivirán experiencias diferentes y fuertes. Todo quedará ahí, en Skye, porque volverán a London, a sus vidas, a sus huidas, y a sus problemas de los que siguen huyendo. La primera película como directora de la actriz Aylin Tezel (Bünde, Alemania, 1983), retrata las relaciones de hoy en día y las huidas de unos cuarentones que les cuesta lidiar con el conflicto, y viven con un miedo constante para ser ellos mismos y trabajar en sus sueños en una sociedad tan vacía y mercantilista, y tan líquida como mencionaba Bauman.

 Tezel demuestra una gran observación en tejer con paciencia y detalle las dos vidas de los respectivos protagonistas, en la que nosotros los espectadores somos testigos de sus trabajos, sus sentimientos y sus devaneos en general, en un relato escrito por la propia directora en el que nunca se juzga nada ni a nadie, sino que se muestran unos hechos y unas circunstancias y se deja espacio para que el público los juzga como buenamente pueda. No estamos ante una película que pretenda sacar conclusiones de cómo vivir y relacionarse, eso sí, nos habla de dos personajes que están en constante huida, con el daño que eso produce en ellos, contándonos sus respectivos conflictos personales, unos problemas que los arrinconan de los demás, y les llevan a tener relaciones superficiales y nada complacientes. Son dos personajes complejos, como somos todos, pero están en ese momento de limbo, de no saber qué hacer con sus respectivos problemas, como dos islas a la deriva que chocan y de qué manera, aunque la vida con sus caprichos y meteduras de pata los aleja porque todavía no están preparados, ya que siguen en su lucha, aprendiendo a amarse, una cosa tan vital y tan difícil.

La excelente cinematografía que firma el alemán Julian Krubasik, con experiencia en el cine de su país en películas tan importantes como We Are Nest of Kin (2022), de Hans-Christian Schmid, donde priman los planos y encuadres muy cercanos para construir la profunda intimidad en la que está instalada la historia que nos cuentan, donde la cámara se mueve al son de sus dos personajes, sin incomodarlos ni nada que se le parezca, dejando ese especia esencial para ver y no juzgar. El montaje de David J. Achilles es dinámico, lleno de ritmo mezclando con inteligencia esos momentos de pausa donde los protagonistas hablan de ellos, que van in crescendo, dentro de sus torpezas, inseguridades y miedos, donde no existe un ápice de falta de ritmo ni de pausas innecesarias, en una película que se va a casi las dos horas de metraje, de continuas idas y venidas, de amor y desamor dentro de ellos. La música, esencial en la trama, él toca el piano y desea convertirse en músico, entre otras cosas, está compuesta por el músico electrónico Jon Hopkins y el berlinés Ben Lukas Boysen, con experiencias en cine, que dotan a la historia de esos subidones y reposos que viven los dos personajes.

Uno de los aspectos que destacan más de Nuestro momento perfecto (“Falling into Place”, en el original), es su fantástica pareja protagonista, o podríamos decir, su anti pareja, jajaja. La propia directora Aylin Tezel se reserva el personaje de Kira, una alemana en London, siendo la eterna aspirante en todo: al amor, en plena crisis de ruptura, en el trabajo, no acaba de ser la escenógrafa principal en el teatro, siempre la ayudante, y muchas cosas más. Ella no vive, ella está y finge vivir, como les ocurre a muchos. Frente a ella, o mejor dicho, en el mismo estado emocional de huida y pérdida, nos encontramos a Chris Fulton como Ian, que hemos visto en series como Bridgerton, The Witcher y Outlander, se convierte en el partenaire perfecto para Kira, porque los dos están ahí, esperando a romper el cascarón, a enfrentarse al espejo, a ser las personas que no se atreven o no pueden ser por ahora. El resto del reparto, tan cercano y transparente, marca de la película, así como los paisajes tanto rurales como urbanos, componen un equipo artístico de gran nivel con los Rory Fleck-Byrne, Alexandra Dowling, Olwen Fouere, Samuel Anderson, Anna-Russell Martin, entre otros, tan bien en sus composiciones dándole a la película esa amplitud y naturalidad tan necesaria.    

Una película que tiene de título Nuestro momento perfecto, tan ideal para lo que cuenta, está llena de reflejos en la sociedad actual, en nuestra forma de amarnos o no, y de amar o no a los demás, de quiénes somos, de nuestros sueños, miedos e inseguridades y de estos tiempos en qué todo va tan rápido y hemos olvidado lo esencial de nuestras vidas, nuestros verdaderos propósitos y al fin al cabo, para qué estamos aquí, y para que nos levantamos cada día, fingiendo nuestra vida y haciendo como si no fuera con nosotros. La película no olvida su cine deudor, es decir, la comedia romántica clásica, tan divertida, tan personal y profunda que habla de amor, sí, pero desde prismas diferentes, donde no se limita al éxito o fracaso impuestos por los estereotipos mercantilistas, sino desde la convicción personal de no tener miedo de ser lo que queremos ser y sobre todo, luchar por ello, y sobre todo, no huir de nosotros y encerrarnos ante lo que somos y ante los demás, siempre mirándonos a esos espejos que cuesta tanto mirarse, aunque si logramos mirarnos todo va a cambiar, todo va a verse con otra mirada, y todo aquello que creíamos a pies juntillas va a desaparecer y en ese instante, podremos mirarnos y descubrirnos sin miedo, sin trampas y sobre todo, amándonos para amar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Luciana Grasso

Entrevista a Luciana Grasso, actriz de la película «Vera y el placer de los otros», de Federico Actis y Romina Tamburello, y de la obra de teatro «Como si pasara un tren», de Lorena Romanín, en la Sala Versus Glòries en Barcelona, el jueves 23 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luciana Grasso, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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Entrevista a Violeta Rodríguez y Nany Tovar

Entrevista a Violeta Rodríguez y Nany Tovar, actrices de la película «Calladita», de Miguel Faus, en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 24 de abril de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Violeta Rodríguez y Nany Tovar, por su amistad, tiempo, sabiduría, generosidad, y a Arantxa Sánchez de Karma Films, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA