Holy Spider, de Ali Abbasi

EL HOMBRE QUE ASESINA PROSTITUTAS POR LA NOCHE.

“Dios perdonará a los que le niegan; pero ¿qué hará con los que cometen maldad en su nombre?

Jacinto Octavio Picón

Conocí el caso real de Saeed Hanaei, el hombre que en el 2001 asesinó a 16 prostitutas en la ciudad santa de Mashhad en Irán, gracias a la televisión pública, cuando era televisión y sobre todo, pública, en uno de aquellos impresionantes programas a las tantas de la noche. Ha sido todo una gratísima sorpresa que un cineasta de la talla como Ali Abbasi (Teherán, Irán, 1981) realice una película sobre el tema, porque intuía que no iba a ser el típico thriller convencional tan ofertado actualmente. Conocíamos la habilidad del director iraní, afincado en Dinamarca, de la creación de atmósferas, en indagar en temas incómodos como lo podrían ser la maternidad en Shelley (2016), y la diferencia en Border (2018), y en el thriller profundamente personal y atípico, más reconocido en los clásicos con personajes complejos e historias de los bajos fondos, al mejor estilo hitchcockiano.

En su tercera película, Holy Spider, construye un relato a partir de la historia real de Saeed Hanaei, en un guion que escribe junto a Afshin Kamran Bahrami, pero no lo hace tomando partido ni simplificando el conflicto, sino que lo cuece a fuego lento a partir de dos personalidades, la de la periodista Rahimi, que viene de la capital a investigar en Mashhad, la segunda ciudad del país y la ciudad santa por excelencia después de La Meca, y la del asesino. Aunque el tema de caza está presente en la historia, no es lo importante, porque la película esta erigida a través de las contradicciones tanto de los dos personajes mencionados como de la propia ciudad, donde resaltan la vida de una mujer sola estigmatizada como deja bien claro en la secuencia del hotel o en la conversación con su colega periodista, y la llamada de teléfono con su madre, y el otro frente, el asesino, un marido y padre de tres hijos pequeños, profundamente religioso, veterano de la guerra Irán-Irak, y auto declarado limpiador de la impureza por eso asesina a prostitutas.

El director iraní no solo se queda ahí, en los tremendos contrastes en los profundiza la película, sino también el lugar de los hechos, una ciudad orgullosa de su religiosidad hace la vista gorda ante la prostitución, las drogas y demás, como demostrarán la policía, cabeza visible de la corrupción y la hipocresía que reina en las autoridades. Abbasi vuelve a acompañarse de varios de sus colaboradores más fieles que han estado en las tres películas hasta ahora como el cinematógrafo Nadim Carlsen, que crea esa atmósfera nocturna y absorbente donde se posa buena parte del relato, repleto de sombras y ambientes malsanos y cotidianos, la montadora Olivia Neergaard-Holm, que consigue ser concisa e imponer un ritmo pausado a una historia que se va casi a las dos horas de metraje, el músico Martin Kirdov, con una composición cargada de tensión donde abundan los ritmos atmosféricos, que recuerdan a los trabajos de Tindersticks para el cine de Claire Denis, y el productor Jacob Jarek, que ya estuvo en Shelley, junto a Sol Bondy, que coprodujeron las dos películas de Grímur Hákonarsen, entre otras.

El gran reparto encabezado por una grandiosa Zar Amir-Ebrahimi en la piel de la periodista Rahimi, con esa mirada potentísima, llena de fuerza y vulnerabilidad, enfrentada al asesino, que hace de forma memorable el actor Mehdi Beajestani, que ha trabajado con Asghar Farhadi, entre otros,  un tipo que se cree guiado por Dios, sino también a una sociedad miserable, que mira hacia el otro lado cuando le interesa, que violenta a las mujeres por el simple hecho de su condición, y sobre todo, vive instalada en la hipocresía, en la misoginia y en el de proteger a asesinos como Saeed Hanaei por el simple hecho de “limpiar la ciudad” de aquellos individuos que otros por interés económico dejan que existan. Abbasi no se corta un pelo en mostrar la suciedad de una sociedad que se enorgullece de su religiosidad, porque podemos ver de forma explícita desde cuerpos desnudos como el sorprendente arranque de la película, consumo de drogas, escenas de sexo y prostitución, secuencias que casi nunca se muestran en el cine iraní y árabe.

El cineasta iraní nos atrapa sin estridencias ni piruetas argumentales, en un grandísimo relato que se aparta de modas y espectacularidades modernas, para indagar en la moral social, en cómo funcionamos como sociedad, donde están los límites del bien y el mal, y sobre todo, la realidad putrefacta y violenta que ocultan la mayoría de las sociedades, dejando ver sus entrañas y su verdadera identidad, donde prevalecen formas antiguas y conservadoras en las que se permite la injustica y la corrupción de los gobernantes amparados en la religión o en cualquier otra cosa. El personaje de Rahimi no solo es una mujer, es la mujer que representa todas las injusticias que se cometen en las sociedades del mundo ante las mujeres, en un personaje que se basa en la periodista que siguió la detención y el juicio de Saeed Hanaei, y al que también entrevistó, porque es el personaje que vive todas los sometimientos de la mujer en la sociedad iraní, esa misma sociedad que protege y no juzga al asesino, un tipo al que ven como un ser enviado por Dios para eliminar la suciedad de la sociedad, su sexo, sus drogas y sus cosas, las mismas que otros mismos consumen, solo que a escondidas, en fin, vivimos en esas sociedades, o podríamos decirlo de otra manera, vivimos porque miramos a otro lado. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Silvia Rey

Entrevista a Silvia Rey, directora de la película «Wan Xia», en el marco de LAlternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en los Jardins Mercè Vilaret en Barcelona, el viernes 25 de noviembre de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Silvia Rey, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Mariona Borrull de Comunicación de L’Alternativa, por su labor como traductora, y su especial trabajo, amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de aquí que me emocionó en el 2021

El año cinematográfico del 2021 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 27 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión de un servidor, no obedece, en absoluto, a ningún ranking que se precie).

1.- LA MAMI, de Laura Herrero Garvin. 

La Mami, de Laura Herrero Garvín | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Laura Herrero Garvín | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

2.- NACIÓN, de Margarita Ledo Andión. 

Nación, de Margarita Ledo Andión | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Margarita Ledo Andión | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

3.- DARDARA, de Marina Lameiro. 

Dardara, de Marina Lameiro | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

4.- UN EFECTO ÓPTICO, de Juan Cabestany.

Un efecto óptico, de Juan Cavestany | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

5.- KAREN, de María Pérez Sanz.

Karen, de María Pérez Sanz | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a María Pérez Sanz | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

6.- UN BLUES PARA TEHERÁN, de Javier Tolentino. 

Un blues para Teherán, de Javier Tolentino | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Javier Tolentino | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

7.- LOBSTER SOUP, de Pepe Andrey y Rafa Molés.

Lobster Soup, de Pepe Andreu y Rafa Molés | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Rafa Molés y Pepe Andreu | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

8.- ARMUGÁN, de Jo Sol. 

Armugán, el último acabador, de Jo Sol | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Jo Sol | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

9.- SEDIMENTOS, de Adrián Silvestre. 

Sedimentos, de Adrián Silvestre | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Saya Solana y Adrián Silvestre | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

10.- AMA, de Júlia de Paz Solvas.

Ama, de Júlia de Paz Solvas | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Tamara Casellas | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Júlia de Paz Solvas | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

11.- PERIFÉRIA, de Xavi Esteban y Odei A. Etxearte 

Entrevista a Xavi Esteban | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

12.- NEGRO PÚRPURA, de Sabela Iglesias y Adriana P. Villanueva. 

Negro púrpura, de Sabela Iglesias y Adriana P. Villanueva | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

13.- MADRES PARALELAS, de Pedro Almódovar. 

Madres paralelas, de Pedro Almodóvar | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

14.- EL RETORNO, LA VIDA DESPUÉS DEL ISIS, de Alba Sotorra. 

El retorno, la vida después del ISIS, de Alba Sotorra | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Alba Sotorra | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

15.- MAIXABEL, de Icíar Bollaín. 

Maixabel, de Icíar Bollaín | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

16.- QUIÉN LO IMPIDE, de Jonás Trueba. 

Quién lo impide, de Jonás Trueba | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Candela Recio | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Jonás Trueba | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

17.- EL SUSTITUTO, de Óscar Aibar. 

El sustituto, de Óscar Aibar | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Vicky Luengo | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Pere Ponce | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Ricardo Gómez | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Óscar Aibar | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

18.- EL BUEN PATRÓN, de Fernando León de Aranoa.

El buen patrón, de Fernando León de Aranoa | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

19.- TRES, de Juan Giménez. 

Tres, de Juanjo Giménez | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Oriol Tarragó | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Miki Esparbé | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Juanjo Giménez | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

20.- TRANCE, de Emilio Belmonte. 

Trance, de Emilio Belmonte | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Jorge Pardo | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Emilio Belmonte | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

21.- LIBERTAD, de Clara Roquet. 

Libertad, de Clara Roquet | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

22.- EL VIENTRE DEL MAR, de Agustí Villaronga. 

El vientre del mar, de Agustí Villaronga | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Marcús JGR | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

23.- FANTASÍA, de Aitor Merino. 

Fantasía, de Aitor Merino | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Aitor Merino | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

24.- LA HIJA, de Manuel Martín Cuenca. 

La hija, de Manuel Martín Cuenca | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Patricia López Arnaiz | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Manuel Martín Cuenca | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

25.- MAGALUF GHOST TOWN, de Miguel Ángel Blanca. 

Magaluf Ghost Town, de Miguel Ángel Blanca | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Miguel Ángel Blanca | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

26.- SEIS DÍAS CORRIENTES, de Neus Ballús. 

Seis días corrientes, de Neus Ballús | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Valero Escolar, Mohamed Mellali y Pep Sarrà | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Neus Ballús | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

27.- ¿QUÉ HICIMOS MAL?, de Liliana Torres. 

¿Qué hicimos mal?, de Liliana Torres | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Entrevista a Liliana Torres | 242 películas después (242peliculasdespues.com)

Eo, de Jerzy Skolimowski

EL BURRO Y EL MUNDO.

“Él comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Esta tan igual a mí, tan diferente a los demás que he llegado a creer que sueña mis propios sueños”

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez (1917)

El cineasta Jerzy Skolimowski (Lodz, Polonia, 1938), pertenece a esa maravillosa terna surgida de la magnífica Escuela de Cine y Teatro de Lodz:  Andrew Vajda, Jerzy Kawalerowicz, Wojciech Jerzy Has, Krzystof Kieslowski, Andrzej Munk, Roman Polanski, Krzystof Zanussi y Andrzej Zulaski, entre otros que, a lo largo del siglo XX, crecieron haciendo cine en el bloque soviético con películas de fuerte carga crítica y poética, llenas de humor, que les abrieron las puertas al mercado y los certámenes internacionales. En el caso de Skolimowski, recordamos sus películas como Walkover (1965), La barrera (1966), y La partida (1967), filmado en Polonia, y las otras, rodadas en Gran Bretaña como Zona profunda (1970), El grito (1978), Trabajo clandestino (1982), The lightship (1986), entre otras. Su largo período dedicado a la pintura figurativa y expresionista. Su vuelta a Polonia con películas como Cuatro noches con Anna (2008), Essential Killing (2010), y 11 minutos (2015).

Después de siete años sin rodar, el cineasta polaco vuelve con Eo una hermosísima, poética y sensorial fábula contemporánea protagonizada por un pequeño burro grisáceo de raza sarda que es, ante todo, un sentido y honesto homenaje a Au Hasard Balthazar (1966), de Robert Bresson, quizás la película que mejor ha retratado el mundo de los animales, erigiendo al burro en un ser que, en su peculiar aventura recibe maldad y bondad, en un mundo cínico e implacable. Skolimowki vuelve a contar con la guionista Ewa Piaskowska, que le ha producido sus últimas cuatro películas, y con la que ha coescrito sus tres últimas, en un relato que nos devuelve el cine en su máxima esencia, ya que casi no hay diálogos, en un grandioso espectáculo visual y sensorial, donde nos sumergimos en una aventura que nos lleva por el rural polaco e italiano siguiendo los pasos de Eo, el pequeño burro protagonista, que, al igual que le sucedía al soldado afgano que interpretaba Vincent Gallo en Essential Killing, debe luchar contra los obstáculos y sobrevivir a un mundo demasiado hostil.

Eo será el alma de este cuento viviendo a través de un periplo difícil que lo llevarán a estar siempre de aquí para allá, como Eo que después de ser desahuciado del circo donde lo tienen trabajando, lo recluirán en una granja en la que no se adapta, para más tarde huir campo a través, y acabar siendo mascota a su pesar de unos salvajes seguidores de un equipo de fútbol, del que será apaleado por los hinchas del rival, y luego, curado para ser mal vendido como carne junto a unas vacas, y después, siendo rescatado por un joven italiano que tiene una relación extraña con una condesa, y mucho más. Desventuras en las que Skolimwski nos muestra una mundo-sociedad llena de peligros, pero también, de bondad y soledad, de pequeñas alegrías y tristezas, de unos humanos salvajes y egoístas que usan y tiran al pequeño animal según su conveniencia, mostrando así la relación de los sapiens con los animales y nuestro entorno natural, en que la película lanza una profunda y directa crítica hacia el trato y respeto que tenemos con los animales y la naturaleza.

La película reivindica los valores humanos a través del animal, deteniéndose en la inocencia, aspecto en desuso completamente en una sociedad en el que todo parece una lucha encarnizada de poderes en el que todo vale, donde estamos todos contra todos, y un sálvese quien pueda, y poco más, en una sociedad totalmente individualiza, solitaria y apática, donde rige la ley del talión y la desesperanza. Una película de contenido abrumador y ejemplar, tiene una parte técnica a su altura, con la exquisita y excelente cinematografía de Mychal Dymek, que tiene en su haber grandes trabajos como el que hizo en  la reciente Sweat, de Magnus von Horn, y su trabajo en el equipo de Cold War (2018), de Pawel Pawlikowski, el conciso, detallado y brutal montaje de Agnieszka Glinska, que ya estuvo en 11 minutos, en sus extraordinarios ochenta y ocho minutos de metraje, la impresionante música de Pawel Mykietyn, un habitual en la filmografía de Krzystof Warlikowski, y de otros como Wajda, Bartas y Małgorzata Szumowska, en una composición que se fusiona con armonía y belleza con la banda sonora que nos va transportando al mundo interior del asno protagonista.

Uno de los productores es el mítico Jeremy Thomas, el mítico productor de casi medio siglo de carrera, con más de setenta títulos producidos a nombres tan ilustres como Bertolucci, Cronenberg, Kitano, Miike, Wenders, Jarmusch y Guilliam, entre otros, que le produjo Skolimowski El Grito, y le ha coproducido las tres últimas, en una de esas colaboraciones que se extienden a lo largo de sus carreras extensísimas, donde la autoría deviene uno solo, en una idea de hacer cine desde la emoción y desde la necesidad de hacer lo que uno quiere, alejándose de modas y tendencias del momento, haciendo cine desde el alma, con el alma y sobre el alma. Aunque el equipo es el absoluto protagonista de la película, el animal va encontrándose personajes de toda índole y condición social encarnados por Sandra Drzymalska, una de las actrices jóvenes polacas más talentosas de su generación, el italiano Lorenzo Zurzolo, Mateusz Kosciukewicz, uno de los actores polacos más destacados del momento, y la maravillosa presencia de una grande como Isabelle Huppert. Celebramos el regreso al cine de Skolimowski que no solo mira a Bresson, sino a ese cine del que ya queda poco, donde lo primordial era contar una historia desde el corazón, construyendo emociones y sumergiendo al público a todo aquello que no se ve del cine pero está, donde se le mostraba una historia, se construía una mirada y había espacio para la reflexión a través de una mirada crítica sobre la sociedad y al fin y al cabo, sobre nosotros y todos los seres de nuestro entorno, ya sean animales como vegetales. No se la pierdan, porque es maravillosa y encima, sensible y humanista, porque todos deberíamos ser como ese asno, con la misma humanidad que tenían Platero, Balhazar y Eo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Matadero, de Santiago Fillol

ARGENTINA, 1974.

“La escena que se representaba en el matadero era para ser vista, no para ser representada”

Esteban Echevarría, El matadero 1830

Todo el arranque de la primera película de ficción de Santiago Fillol (Córdoba, Argentina, 1977), es de una sobriedad y concisión sobrecogedoras. Un sonido industrial y abstracto nos sitúa en el interior de un automóvil con un destino que desconocemos, en el que vemos unas manos entrelazadas del que no sabemos su identidad. El vehículo se detiene y frente a su capo, se reflejan unas personas que protestan o celebran. Inmediatamente después estamos en el interior de un cine en la actualidad, donde se proyectará la película “Matadero”, del director estadunidense Jared Reed, que comparte apellido con aquel otro John que vivió la Revolución Rusa de octubre de 1917. Nos informan que es una película maldita, que nunca se ha proyectado y además, tiene la losa de las muertes que se produjeron durante su rodaje. La película viaja hacia la Pampa Argentina de 1974, donde Reed está en pleno proceso de rodaje del cuento “El Matadero”, de Esteban Echevarría, un relato que habla de unos matarifes que degüellan a sus patronos.

A Fillol, afincado en Barcelona, lo conocíamos por su trabajo como docente, escritor sobre cine, asistente de directores como Isaki Lacuesta y Ben Rivers, guionista de Oliver Laxe, y director de dos trabajos sumamente interesantes como Ich Bin Enric Marco (2009), que codirigió junto al filósofo Lucas Vermal, en el que seguía el testimonio del mencionado, que decía ser un superviviente del nazismo, y la película corta Dormez-Vous (2010), nacida a partir de su colaboración en la película Low Life, de Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval, en la que una actriz viaja al imaginario de su personaje. Con Matadero, escrita por el poeta Edgardo Dobry, el mencionado Vermal y el propio director, vuelve a sumergirse en el imaginario cinematográfico y sus procesos creativos, pero haciéndolo desde una perspectiva inusual y muy enriquecedora, porque toca varios temas: la lucha de clases, que está presente en la novela que se está adaptando en la película ficticia que se está filmando, ante aquello que se representa y cómo se representa, el conflicto capital que se genera entre las diferentes visiones opuestas entre Reed, sus jóvenes intérpretes pertenecientes al teatro político, y los peones que son manejados al antojo del director, y después, el complejo contexto social, político y cultural de aquella Argentina de mediados de los setenta, en que el estado ya apuntaba a la dictadura que estallaría dos años después, que la emparenta con la reciente Azor, de Andreas Fontana, en muchos aspectos.

Su relato, desde el punto de vista de la joven admiradora de Reed, que lo sigue a todas partes, la entusiasta del cine que quiere ser como su admirado, un testigo de toda esta barbarie que se está cociendo, mientras unos quieren hacer cine reflexivo, radical y violento, y otros una revolución. La excelente cinematografía de un grande como Mauro Herce, con ese aspecto de 1.85:1, que ayuda a fortalecer los primeros planos en una película de interiores e intimidad, donde todo se cuece en las sombras y las habitaciones cerradas. Así como el exquisito montaje de otro grande como Cristóbal Fernández, que combina ritmo con reflexión sus ciento seis minutos de metraje, en una película que es más una balada del desencanto y la tristeza de un país que se aboca al abismo sin remedio. La potentísima música de Gerard Gil, que comparte con el mencionado Cristóbal Fernández, con esas composiciones western y afiladas que nos recuerdan a su magnífico trabajo en La próxima piel (2016), de Isa Campo y Lacuesta, el gran trabajo de sonido de Carlos García, que en su filmografía tiene títulos tan importantes como los de los colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra, Irene Gutiérrez y la reciente Eles transportan a morte, y el sumamente cuidadoso trabajo de arte de la argentina Ana Cambre, que también estuvo en la mencionada Azor, y la potente coproducción de El Viaje Films, que ha producido a gente tan interesante como Théo Court, Mnauel Muñoz Rivas y los citados Gutiérrez y Herce, entre otros.

Fillol compone un medido y cercano elenco capitaneado por Julio Perillán en la piel del apasionado y obsesivo Jared Reed, el cineasta difícil, en plena decadencia, con esos momentazos, entre la nostalgia y la pérdida, en los que vuelve a ver sus antiguos westerns convencionales entre sombras nocturnas, y un gran ramillete de excelentes intérpretes del país sudamericano que componen con cercanía y naturalidad unos personajes atrapados en una película y en un país enajenado y sin rumbo, como Malena Villa, la joven inocente y testigo mudo de todo lo que está ocurriendo a su alrededor, Lina Gorbaneva, compañera de Reed, una mujer que fue y yo no es, que vive anclada en una aventura que tiene mucho de despedida y poco de cine, la maravillosa presencia de la maravillosa Eva Bianco, actriz fetiche de Dantiago Loza, que recuerda a la Saturna que hizo la gran Lola Gaos en Tristana, y el grupo de teatro en el que están unos sorprendentes Ailín Salas, una mujer de fuerte carácter y la heroína de la trama de la película que se rueda, Ernestina Gatti, Rafael Federman y David Szchetman.

Celebramos la vuelta a la dirección de largometrajes de Fillol, porque no solo ha construido una película muy sólida, con múltiples capas, tanto de forma como de fondo, con unos personajes complejos y un trama que va desmadejándose sin prisas, creando esa amenaza constante en todos los sentidos, donde todo parece en un estado de violencia latente, en un tiempo transitorio, un tiempo de monstruos que diría Gramsci, con personajes de carne y hueso, sometidos a una gran tensión y una fuerte carga psicológica, que se echa de menos en el cine de hoy en día, en el que se mezclan géneros con elegancia como el western seco, crepuscular a lo Peckinpah, cine negro, con el mejor tono de títulos como Rojo (2018), de Benjamín Naishat, que comparte con Matadero el contexto histórico, sino que ha hecho muy buen cine político en tiempos donde más falta hace, con el mejor aroma de títulos como Z (1969), de Costa-Gavras, y Tiempo de revancha (1981), de Adolfo Aristarain, en que el horror y la violencia, tanto en la ficción como en la realidad se muestran fuera de campo, no las vemos pero están por todas partes, en las sombras, ocultas, acechándonos, esperando su momento, ese momento en que todo cambiará. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Plumas, de Omar El Zahoiry

MI MARIDO HA DESAPARECIDO POR ARTE DE MAGIA.  

“Cuando toda esperanza se ha esfumado, no hay razón para el pesimismo”

Aki Kaurismäki

Si miramos a la cinematografía egipcia nos viene el nombre de Youssef Chahine (1926-2008), por encima de otros, ya sea por su prestigio internacional o por otras razones. El caso es que es difícil no recordar algunas de sus grandes obras como Estación Central (1958), La tierra (1969), Alexandria… Why? (1979), El destino (1997), entre otras. Así que, es muy de agradecer que, una distribuidora como Flamingo Films mire hacia esa cinematografía y podamos ver una película como Plumas, de Omar El Zahoiry (El Cairo, Egipto, 1988), un director que con su segundo cortometraje, The Aftermath of the Inauguration of the Public Toilet at Kilometre 375 (2014), compitió en el prestigioso Festival de Cannes y se alzó con varios premios alrededor del mundo. Mismo certamen que también acogió Plumas, la opera prima de El Zahoiry, y es una primera película nada convencional, porque nos cuenta una historia que es muy cotidiana, apegada a lo social y humanista, con una sinopsis nada extraña, en la que una madre con tres hijos menores a su cargo, se queda sola después que su marido desaparezca en extrañas circunstancias.

Uno de los aciertos de la película es su enorme forma, porque Plumas es una película con una forma muy particular, en la que la cámara se mantiene fija, nunca se mueve, y además, su peculiar sentido del humor en una historia de corte muy social, donde prima la austeridad en todos los sentidos, tanto de forma como de argumento. Un humor de varios niveles y múltiples capas, desde el surrealismo con ese arranque donde un truco de magia hace desaparecer al estúpido padre de familia, que recuerda a alguno de las películas de Woody Allen, y el mago se muestra incapaz de devolverlo sano y sano. También hay esperpento, muy valleinclanesco, en el que vemos a muchos personajes y situaciones de lo más extrañas, donde no falta el tropezón y el zapatazo muy a lo Tati, con lo surrealista impregnando cada secuencia y plano, como ese funcionario policial que nunca vemos, solo escuchamos, o esos empleados tarugos siempre manejando documentos que mueven y remueven, y cómo no, lo bressoniano está muy presente, en su minimalismo, con esas miradas y gestos, porque los personajes de la película apenas hablan, y si lo hacen, aún crean más confusión.

El cine del citado Chahine está muy presente en todo el metraje, con esa mujer que lucha incansablemente salir adelante y enfrentada a una sociedad patriarcal y machista, que no para de ponerle piedras en el carro, un camino de obstáculos y penurias, pero que nunca se muestra sensiblero y demás, porque la interpretación y las situaciones huyen de toda convencionalidad sentimental. El cine de Kaurismäki sobrevuela continuamente en muchos aspectos, desde esos rostros impasibles, aceptando la injusticia y la insolidaridad de los demás, batallando en una sociedad deshumanizada, en el que cualquiera aprovecha su oportunidad para aprovecharse de la desgracia del prójimo. Los maravilloso planos detalle del dinero, objeto indispensable para generar prejuicios y pobreza, con esa pequeña ceremonia de las manos contando billetes. Todo un prodigio de la película y su característica forma para hablar del sometimiento de la mujer en la sociedad árabe, pero construyendo una inteligente y sabia película, en la que no falta el humor negro, irreverente y comedido.

La gran labor del guion que firman Ahmed Amer y el propio director, la excelente cinematografía de Kamal Samy, con esos planos estáticos que muestran o no, donde es tan importante lo que vemos como lo que se nos oculta, y el pausado y relajado montaje que firma Hisham Saqr, que ya estuvo en el mencionado The Aftermath of the Inauguration of the Public Toilet at Kilometre 375, que acierta con el ritmo lento pero sólido en un film que abarca los ciento doce minutos de metraje. Los fascinantes y maravillosos intérpretes de la película, cada uno con ese aspecto como de otro tiempo, atemporal y lleno de simbolismo, entre los que destaca la magnífica interpretación de la debutante Demyana Nassar en el rol de esa madre obtusa, callada, siempre cabizbaja, con la mirada perdida que, casi sin hablar, consigue tirar hacia adelante, pese a quién pese, y sobre todo, en una sociedad muy hostil que rechaza a las mujeres. Todo un ejemplo de lucha incansable y sobre todo, de humanidad y paciencia, valores tan difíciles de encontrar en la sociedad mercantilista en la que nos ha tocado vivir. Omar El Zahoiry ha construido una película atípica y llena de aciertos e inteligencia, es de esas obras pequeñas, delicadas y llenas de amargura, pero para nada tristes, sino todo lo contrario, porque están llenas de humor, un humor que sirve para contarnos las miserias del mundo y todos aquellos que lo habitan. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La isla de Bergman, de Mia Hansen-Love

LOS ESPEJOS DE LA FICCIÓN.

“Ningún arte traspasa nuestra consciencia y toca directamente nuestras emociones, profundizando en los oscuros habitáculos de nuestras almas, como lo hace el cine”.

Ingmar Bergman

La isla de Farö, la isla donde Ingmar Bergman (1918-2007), rodó algunas de sus grandes obras como Como un espejo (1961) y Persona (1966), se convirtió en su lugar espiritual, un espacio donde creaba, pasaba largas temporadas y en el que murió y está enterrado. Un lugar de peregrinación para muchos cinéfilos, un lugar enigmático, anclado en un sitio remoto del mar Báltico, un espacio complejo, casi desértico, con muy pocos habitantes, un lugar para visitar, perderse y sobre todo, crear. La directora francesa Mia Hansen-Love (París, Francia, 1981), lleva desde el año 2015 visitando la isla de Farö, donde ha creado e imaginado sus películas, y donde nació La isla de Bergman, su séptimo largometraje. Una película que, al igual que ocurrían en sus anteriores trabajos habla de la vocación, en el que la naturaleza y el viaje vuelven a tener un protagonismo central, y sobre todo, las relaciones sentimentales.

La directora parisina ya nos había hablado del mundo del cine en aquella maravillosa y sensible que fue Le père de mes enfants  (2009), su segunda película. En esta ocasión, nos coloca en el centro, en el borde o vete tú a saber, de una pareja de cineastas que han viajado a la isla para encontrar inspiración, como muchos otros y otras, para sus próximas películas. Es una pareja que les mueve la pasión y la obsesión por el cine, peor que en el instante en que se desarrolla la trama, se encuentran muy alejados entre sí. Tony hace películas de terror comerciales y está a punto de empezar a rodar. En cambio, Chris, que hace películas de autor, no encuentra un final para su historia de amor en la que relata su primer enamoramiento, tan pasional y tan imposible. Hansen-Love nos cuenta varias películas en una, o quizás, podríamos decir que, nos cuenta una impresionante y enigmática fusión entre realidad y ficción, o lo que es lo mismo, entre cotidianidad e imaginación y sueño. En muchos momentos del relato no sabremos en qué situación o estado nos encontramos, si lo que está ocurriendo es real o no, y si estamos fuera o dentro o ambas opciones en la película, porque los procesos creativos tienen mucho de eso, de imaginar, de soñar, de construir una realidad ficticia, o simplemente dejarse llevar por unos personajes reales o no, que solo viven en la mente del creador o de aquello que nos imaginamos o creamos imaginarnos.

No es una película sobre la figura de Bergman, pero si sobre su legado, su huella en cada lugar de la isla, que va impregnándose en la realidad y ficción que vive e imagina la protagonista. Se habla del Bergman creador y también, del Bergman ausente, aquel que tuvo familia y no estuvo con ellos, aquel que amó a tantas mujeres y ninguna, al tipo que iba a la compra y no caía simpático, al creador famoso contra el mal padre y peor esposo. La dicotomía que tanto impregna el cine de la directora francesa, con esos profesores de filosofía, productores de cine, dj’s, periodistas, enfrentados a sí mismos, y al amor, a su trabajo, a sus vidas en constante construcción y deconstrucción, unas vidas en tránsito, que no cesan de caminar y emprender nuevas rutas y nuevas aventuras, pocas elegidas y muchas a su pesar. La isla de Bergman es una película que habla del cine, pero desde la trastienda, en el momento de creación, de las dudas, la vulnerabilidad, los miedos y demonios de los artistas, de todos los bloqueos creativos, y de la imaginación como motor indiscutible para la creación, y sobre todo, para vivir que, contamina toda la obra.

El cinematógrafo Dennis Lenoir, que ya trabajó con la directora en Edén (2014) y El porvenir (2016), amén de grandes del cine francés como Tavernier, Raoul Ruiz, Assayas y P. Claudel, vuelve a diseñar una luz tranquila y cálida, pero también inquietante y oscura, con el scope y en 35 mm, que no solo captura la indefinición de la citada isla, sino también, todas las tinieblas que se van pegando a los protagonistas y todo lo que les va sucediendo. El impecable y conciso trabajo de montaje de Marion Monnier, que ha estado en toda la filmografía de Hansen-Love, que consigue en sus ciento doce minutos de metraje, atraparnos desde su arranque, que recuerda al de El porvenir, y someternos a sus imágenes y todas las vidas y no vidas que se cuentan, así mismo como los diferentes tonos, texturas y miradas que se van moviendo por la película, como si se tratase de un laberinto-bucle infinito donde nunca sabemos cómo empieza y mucho menos como acaba, del que entramos y salimos o quizás, damos vueltas y vueltas completamente hipnotizados por la historia que nos cuentan.

Un reparto equilibrado y lleno de naturalidad encabezado por una maravillosa y encantadora, y dicho sea de paso, llena de demonios pasados y presentes, Vicky Krieps en la piel y el cuerpo y el alma de Chris, la directora de cine que no encuentra su final, bien acompañado del otro lado del espejo, de todos los espejos que coexisten en la trama, del tal Tony, la antítesis de Chris, o quizás su insensibilidad se acerca a una vulnerabilidad oculta, un sensacional Tim Roth, y los “otros”, los de ficción o realidad, según se mire, la fragilidad y el tormento de Mia Wasikowska en la mirada de Amy, otra directora o la misma, enganchadísima a Joseph, que hace tan bien y tan cercano como el resto, Anders Danielsen Lie, el intérprete fetiche de Joachim Trier. La isla de Bergman tiene mucho del cine del director sueco, o tal vez, de sus procesos creativos, de esa isla, tan llena de vida y de muerte, tan poderosa y tan frágil, tan fantasmal y demoniaca, porque se habla de su cine, de sus lugares en la isla, de todo ese mundo que sigue ahí, de las piedras, de los árboles, del mar, de las rocas esculpidas, de toda su sombra y toda su ausencia.

También tiene mucho de Viaggio in Italia (1054) de Rossellini, de ese matrimonio roto o a punto de romper, de esa mujer vagando y visitando la isla, sus monumentos, tropezándose con otros y otras fuera y dentro de ella, de sueños y vigilias, de una imaginación en diálogo constante y lucha contra la realidad, el pasado y lo que creemos haber vivido pero no vivimos, y en cambio, en aquello que vivimos y nos empeñamos en olvidar porque cuesta recordarlo o simplemente, hace tanto daño que lo hemos construido de otra manera, sin tanto dolor y tristeza, porque la película de Hansen-Love es otra muestra del rico universo de la cineasta parisina, de todos esos mundos e infiernos que la rodean, a ella y sus criaturas, a todo lo que nos muestra y todo lo que nos imaginamos, a sus personajes constantemente en una cuerda floja sentimental, creativa y vital, unos seres que aman y viven con pasión, anclados en sus mundos, ajenos al real, y ensimismados en sus espacios creativos, donde todo se mira de forma muy diferente, aunque como ocurría en el cine de Bergman, es inevitable que el paraíso que nos construimos, no tenga grietas por donde se cuelan nuestros demonios más ocultos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miguel Ángel Blanca

Entrevista a Miguel Ángel Blanca, director de la película «Magaluf Ghost Town», en el Zumzeig Cinema en Barcelona, el jueves 9 de diciembre de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Ángel Blanca, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de Begin Again Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

A diente de perro, de José Luis Estañ

A CARA DESCUBIERTA.

“A carne de lobo, diente de perro”

Refrán popular

La película se abre de forma frenética, de noche, sin aliento, y muy física, donde no dejan de pasarle cosas al protagonista. Darío Manzano lleva una vida salvaje, porque cuando termina su jornada laboral en un almacén, empieza su desfase: no para de beber y drogarse, y se mete en líos de trapicheo junto a sus colegas, el “Gitano” y Fadel. Esa noche es diferente, porque el Gitano ha querido hacerles la pirula a los Chega, los capos de la zona. Mientras intentan solucionar el entuerto, Darío sufre un ictus y tiene un accidente que acaba con la vida del Gitano. El director José Luis Estañ (Callosa de Segura, Alicante, 1990), cursó estudios de cine en la Ciudad de la Luz, y ha realizado un par de cortometrajes, antes de debutar con A diente de perro, un frenético thriller que tiene en la noche su espacio predilecto, siguiendo el particular descenso en los infiernos de Darío, un treintañero de vida muy destroyer, que deberá enfrentarse a los que manejan el bacalao de la zona.

El director junto a Iván “Oggy” Emery, que también se encarga de la cinematografía, y el actor Miguel Ángel Puro, que da vida al protagonista, amén de productores a través de la compañía Trilita Films, escriben un guion con aroma del mejor cine negro, con crítica social y profundizando en la compleja condición humana, y sus intensos setenta y cinco minutos de metraje, y el escenario valentino, que lo asemeja con otros dos títulos recientes como El desentierro (2018), de Nacho Ruipérez y El silencio del pantano (2019), de Marc Vigil, en el que los personajes se ven envueltos en tramas donde sus existencias penden de un hilo muy fino. Darío Manzano vive my deprisa, demasiado, trapichea con sus colegas, tiene una novia formal y se acuesta con la hija de su jefe, además, su relación con su hermana tampoco es muy buena, alguien que se mueve muy rápido, alguien que el accidente cambiará por completo, y la vida, que le tenía reservado un trágico final, parece darle una nueva oportunidad, una oportunidad que Darío no va a desaprovechar, pero, los errores del pasado vuelven a su vida a rendirle cuentas, como una sombra muy alargada de la que no puede volver a escapar y tarde o temprano, deberá hacerle frente con dos cojones.

El gran valor de A diente perro es emular a sus referencias anglosajonas, pero desde aquí, con la atmósfera de un pueblo alicantino, con sus cosas y sus gentes, y sobre todo, sus circunstancias, con sus problemas de empleo, la droga y el robo como salida a tanta precariedad, y un futuro que se antoja difícil y lleno de obstáculos. Una trama bien conseguida, mejor llevada y bien puesta en imágenes, en el que nada destaca y todo funciona como un conjunto en que la mirada y la huida a no se sabe donde del protagonista llena todo el cuadro. Un equipo de debutantes en el largometraje, si exceptuamos a Regino Hernández, que firma el montaje junto al director, fraguado en el medio televisivo y trabajar con nombres tan importantes como los de Bigas Luna, consiguen una película que entra muy bien, cercanísima, y muy agobiante, donde los momentos de ternura escasean, porque habla de frente de los problemas de aquí y ahora, haciendo una radiografía social, económica y real del país, sin caer en estúpidos subrayados y cosas por el estilo, además, construye con delicadeza los momentos sensibles de la película con el protagonista con sus amigos, su novia y demás, sin caer en el sentimentalismo ni la ñoñería.

El reparto, en su mayoría debutante en el largo, brilla con verosimilitud, y hace una cosa complicada en el cine, apoyan la interpretación en la mirada y el gesto, sin necesidad de demasiados diálogos, como los buenos policiacos que se precien. Tenemos a Miguel Ángel Puro como Darío Manzano, un tipo que huye y mucho de sí mismo, y deberá tomar una determinación que, a ratos, se parece mucho al antihéroe de las películas de Peckinpah y Lumet, entre otros. Allende García es Julia, la hermana que le ayuda pero está muy asfixiada por tanta deuda que no sabe cómo pagar, Mar Balaguer es Sandra, su novia, que está a su lado, pero la cosa no es nada fácil, Pablo Tercero es Fadel y José Fernández el Gitano, el par de colegas de correrías, quizás demasiado peligrosas, y finalmente, Vicente Rodado y Roeque Arronis son los Chega, un par de elementos con los que es mejor no tener tratos y si los tienes, no hacerles el avión. Estañ ha construido una película modesta pero entretenida y con contenido, fiel a sí misma, y que entrega un buen thriller, uno de esos policiacos auténticos, de verdad, en el que podemos oler el miedo, el sudor, ser uno más en este viaje salvaje y violento por el Levante, ese espacio que queda como un decadente monstruo después de tantos años de despilfarro inútil y catastrófico, porque al final, los que quedan son gente como Darío y los demás, los de abajo que son los que siempre pagan las consecuencias. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA