Entrevista a Ángeles Huerta

Entrevista a Ángeles Huerta, directora de “Esquece Monelos”. El encuentro tuvo lugar el domingo 12 de noviembre de 2017 en los Jardines de Sant Pau del Camp en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ángeles Huerta,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Marta Eiriz y Gaspar Broullón de DangaDanga Audiovisuais, por su tiempo, generosidad y amabilidad y cariño.

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Encuentro con La Chana y Lucija Stojevic

Encuentro con Antonia Santiago Amador “La Chana”, y Lucija Stojevic, directora de “La Chana”, junto a Deirdre Towers (coproductora) y Beatriz del Pozo (musicóloga y colaboradora de la película). El acto tuvo lugar el jueves 2 de noviembre de 2017 en la Sala Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonia Santiago Amador “La Chana”, Lucija Stojevic, Deirdre Towers y Beatriz del Pozo, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, al Festival DocsBarcelona, por su tiempo, y dar vivisibilidad a la película, y a Ana Sánchez de Comedianet, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

La Chana, de Lucija Stojevic

EL ALMA DE LA BAILAORA.

“Nací para bailar. Por las noches me quedaba despierta con la cabeza debajo de la almohada, repitiendo los ritmos en mi cabeza hasta que se convirtieran en una parte de mí. ”

TACA, TACA, TACA, TACA, TACATACATACATACATA, TACATA. La Chana baila sobre el escenario, se encuentra en éxtasis, poseída por el compás, en perfecta comunión entre su alma y los movimientos que ejecuta, llevados por un ritmo vertiginoso, a una velocidad endiablada, un ritmo que impone la bailaora que les cuesta seguir a los guitarristas. Sus pies se mueven con una profunda agitación, van de un lado a otro sin pausa, ejecutando todos los movimientos a velocidad de crucero, no sigue ningún guión, tampoco ningún ensayo previo, todo se sustenta en la improvisación y en su arte, una pasión nacida desde las entrañas, en trance entre alma y cuerpo, realizando perfectas combinaciones rítmicas alejadas de lo tradicional, dando un golpe a la mesa a lo inamovible a  través de la innovación, la expresión y la fuerza que la acompañan. La Chana hechiza al respetable público, todos hipnotizados con sus movimientos, en una alianza que traspasa el alma, entre la bailaora, el flamenco y el público que guarda un silencio sepulcral en la sala, sólo escuchamos el intenso zapateado y taconeo de la llamada emperatriz del flamenco.

La puesta de largo de Lucija Stojevic, que cuenta con un gran trabajo de montaje de Domi Parra (habitual de Isa Campo e Isaki Lacuesta) nos cuenta la vida, obra, milagros y soledades de Antonia Santiago Amador, de nombre artístico “La Chana”, una de las más grandes bailaoras del flamenco, y lo hace desde el aquí, en plena actualidad, cuando la bailaora con 67 años, se prepara para volver a bailar en un teatro. Encontramos a una artista veterana, que la artritis y los dolores de espalda han limitado su cuerpo, pero que debido a esa fuerza innata de incansable luchadora, sigue zapateando, aunque ahora sentada, pero con la misma fuerza que la encumbró en los 60, 70 y 80, cuando todos eran testigos de su arte, incluso el mismísimo actor Peter Sellers, con el que trabajó en la película The Bobo (1967) y quiso llevársela a Hollywood, pero la Chana no fue, la Chana era la reina del escenario, la artista inigualable que destrozaba conceptos arcaicos y se lanzaba a un endiablado movimiento a gran velocidad que rompía convenciones y tabús de los más puristas del baile, aunque detrás de la artista, se encontraba la ama de casa, la mujer maltratada por su marido, que la acompañaba a la guitarra, una violencia que se mantuvo durante 18 años, en la sociedad patriarcal de la época, y además, su condición de mujer y gitana.

Stojevic penetra en su hogar, en sus trajes, en sus zapatos, mostrándonos su interior y exterior, sus recuerdos y objetos, traspasando la intimidad del personaje público para desnudarnos a la persona, a esa mujer de infancia difícil que, encontró en el baile la mejor manera de expresarse ante el mundo y sobre todo, de rebelarse ante el ambiente machista de su entorno. Una carrera intermitente debido a estos problemas no consiguieron amilanar la fuerza de su alma ni tampoco la extraordinaria creatividad que poseía, convenciendo a los más tradicionalistas con su maravilloso baile, que escapa de cualquier convencionalismo y etiqueta en el mundo del flamenco. Una gran innovadora, una revolucionaria del flamenco, autodidacta, que memorizaba casi sin querer los movimientos que escuchaba por la radio cuando era una niña, una grande o incluso la más grande como la han llamado aquellos que más saben.

La directora nacida en Zagreb, filma a Antonia mientras recuerda a la Chana, donde la persona pública e íntima traspasa la imagen para condensarse en una sólo, de la que escuchamos un testimonio sincero, amable, que nace desde lo más profundo de su corazón, hablándonos casi en susurros de su arte, su baile, su improvisación, de la importancia del compás, de sus cierres después de un torbellino de zapateo, de todo lo que la hizo convertirse en la más grande, en aquellos tiempos negros de la España franquista, pero también, hay tiempo para el dolor, los años oscuros de maltrato, las ausencias en contra de su voluntad de los escenarios, las penas, el aislamiento, y las soledades que tantos años le acompañaron, y nos lo cuenta sin máscaras, a tumba abierta, sin adornos ni edulcorante, cómo ocurrió y cómo lo recuerda, con alegría y tristeza, con dolor y rabia, pero también, con humildad y honestidad, de cara, sin esconderse, echando pa’lante con una hija y sin nada.

Stojevic no sólo ha creado un viaje íntimo de una artista que baila con el alma, sino que ha construido una película que va más allá del documento, penetra en sus profundidades, revelándonos su vida y testimonio, en un encuentro emocionante sólo posible en el cine, en el alma de la película, cuando la artista y la mujer, o lo que es lo mismo, La Chana y Antonia Santiago Amador se encuentran y dialogan una con la otra, sin rencores, sin reproches, sólo con una mirada intensa y catártica, en la que se crea un lazo irrompible, convirtiéndolas en la mujer que era su dueña en el escenario, donde todos la seguían (como una especie de flautista de hamelín del baile) y aquella que sufría la violencia doméstica, y tuvo que mantenerse en pie, a pesar de todas las cornás que le dio la vida, porque su poderosa fuerza que la hizo triunfar en el escenario con su arte, también le ayudó para vencer esos frentes que aparecieron en su vida, plantándose con casi setenta años y con ganas de seguir zapateando.


<p><a href=”https://vimeo.com/237379069″>TRAILER LA CHANA ESP 2017</a> from <a href=”https://vimeo.com/user1287458″>Noon Films SL</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Amazona, de Clare Weiskopf

(RE)ENCUENTROS ENTRE MADRE E HIJA.

“Alguna vez te has preguntado sobre aquellas decisiones que definen el rumbo de tu vida para siempre. Un día me llamó mi mamá y me dijo que tenía que conocer a Nico, un chico que estaba viajando en bicicleta y se había quedado unos días en su casa. Eso fue hace siete años. Me dijo que era perfecto para mí. Eso me produjo mucha curiosidad. Lo conocí. Y sí, hubo una atracción inmediata entre los dos. Una vez más, mi mamá había cambiado el rumbo de mi vida.

La directora colombiana de origen británico Clare Weiskopf siempre quiso hacer una película sobre su madre, pero no encontraba la manera de acercarse a ella, y tampoco, el relato idóneo que describiría quien era su madre, Valerie Meikle, Val, de buena familia irlandesa, viajó con 23 años junto a su novio colombiano a vivir en Armero, un pequeño pueblo donde nacieron sus hijas. Luego regresó a Inglaterra y conoció a Jimmy, un hippie con ganas de aventura con el que vivió como unos nómadas y con el que tuvo dos hijos, Clare y Diego. Finalmente volvieron a Colombia, se separaron, y en 1985, cuando un volcán devastó la zona de Armero llevándose la vida de su hija mayor, Valerie dejó a sus hijos en la ciudad y se lanzó a una búsqueda personal que la llevó a viajar al interior de la selva amazónica colombiana.

Ahora, Clare va a ser mamá, y regresa a casa de su madre, en plena selva colombiana, a reencontrarse con ella, a platicar sobre su relación, su pasado, de la maternidad de una, y la que está en ciernes, de las obligaciones como madre y sobre todo, a comprender a su madre y no juzgarla. Weiskopf rescata imágenes de archivo de su familia para reconstruir la peculiar y aventurera vida de su madre Valerie, una mujer inquieta, de espíritu libre e indomable, que ha hecho de su vida un canto de amor a la naturaleza, a los animales y a las sabidurías espirituales, y sobre todo, a encontrar y encontrarse siempre en su propio camino, alejada de los convencionalismos sociales y el patriarcado imperante de un país, en una constante camino personal en el que una vida estable y normalizada no entran en sus planes. Una vida errante, siempre en el camino, y de pueblo en pueblo, y de feria en feria, vendiendo artículos artesanales para subsistir, en una vida de itinerario en compañía de su amor e hijos, sin más nada que su aventura y contradictoria, temor a lo desconocido, pero a la vez, una necesidad imperiosa de continuo descubrimiento por la vida, la armonía con la naturaleza y las necesidades vitales de uno mismo. Imágenes del pasado y de ahora que, reconstruyen la vida de su madre y la suya misma, los vacíos por las ausencias maternas y la falta de estabilidad de aquellos años de vagabundeo y de continuo viaje.

La directora colombiana en su puesta de largo, filma la intimidad de su madre y la suya, en una película sencilla, construida por la directora y su pareja y colaborador Nicolas Van Hemelryck, en el que captan el paisaje natural en mitad de la selva de Val, una mujer que antepuso su vida y sus necesidades a las obligaciones como madre, a alguien que optó por vivir a su manera, alejada de sus hijos y de todo. Weiskopf cimenta la película en las relaciones amor y odio que ha experimentado con su madre, ahora que ella va a experimentar el camino de la maternidad, encuentra el sentido de la película que quería hacer sobre su madre, y nos ofrece una profunda reflexión sobre el significado de la maternidad, de aquellas obligaciones y sacrificios que hacemos al ser padres, de todo aquello que hacemos o no, y la naturaleza del amor materno, y lo hace desde la sinceridad, a través de conversaciones con su madre, preguntándole todo aquello que mantenía guardado, que nunca se atrevió a preguntar,  todos aquellos sentimientos y emociones que tuvo y tiene a raíz de la actitud tan libre de su madre.

El encuentro entre madre e hija resulta aleccionador y muy gratificante emocionalmente hablando, donde cada una de ellas escenifica sus posiciones ante la maternidad, y el verdadero sentido de la vida, y el hecho de traer hijos al mundo, e indagando en los distintos aspectos que contribuyen no sólo a la felicidad de uno mismo, sino a la felicidad y el bienestar de los hijos. Una cinta intensa y peliaguda emocionalmente, pero que sabe captar los sentimientos contradictorios de madre e hija, sin caer en ningún momento en el manierismo de las posiciones, sin prevalecer ninguna de ellas, exponiendo de manera íntima y conmovedora los encuentros de madre e hija, escuchándose y dialogando sobre todo aquello que vivieron, sintieron y en realidad, son, aquellas decisiones que nos hacen tomar un rumbo u otro en nuestra vida, que nos hacen avanzar hacía los lugares o espacios que tenemos que encontrarnos en este camino vital que nos trazamos cada día.

La promesa, de Karin Steinberg y Marcus Vetter

LOCURAS POR AMOR.

“El amor es una forma de meditación y el arma definitiva contra tus padres”.

Corría el otoño de 1984, cuando dos jóvenes, Elizabeth Haysom, 20 años, de clase alta, atractiva e inteligente, con un pasado oscuro, lleno de abusos y adicciones, y Jens Soering, 18 años, hijo de diplomático alemán, superdotado, tímido y de gafas gruesas, se conocen en la Universidad de Virginia, y se enamoran. Una relación salpicada por el carácter dominante de ella y su innata capacidad para mentir. El último fin de semana del mes de marzo de 1985, concretamente, el 30, los padres de ella, Derek y Nancy Haysom fueron encontrados salvajemente asesinados en su domicilio. Elizabeth y Jens, los principales sospechosos huyeron hacía Inglaterra sobreviviendo con cheques sin fondos hasta que son arrestados y repatriados a EE.UU. Comienza el proceso, primero contra ella, que es condenada a 90 años de prisión, y luego, contra él, que se convertirá en el primer juicio televisado en la historia de la televisión, que acaba con una condena de cadena perpetua.

El tercer trabajo en conjunto de Karin Steinberg y Marcus Vetter, después de Hunger (2009) y El visionario, de hace tres cursos, donde daban buena cuenta de Martin Armstrong, un consultor de finanzas que ideó un sistema de predicción que se rifaban los grandes bancos, además de predecir la crisis del 2015. Ahora, la pareja profesional alemana nos ofrece un análisis certero y serio sobre el primer caso mediático en la historia judicial en EE.UU. La película arranca en la actualidad, en la investigación que llevan a cabo la abogada y el investigador que intentan encontrar pruebas que permitan la libertad de Jens Soering, debido a unas pruebas surgidas en el 2009 que ayudan a la inocencia del joven. Arrancamos con la versión de los hechos de Jens Soering desde la cárcel, cuando relata con minuciosidad y tranquilidad todo el caso desde que conoció a Elizabeth, mientras vemos las grabaciones de los juicios, y escuchamos los testimonios de las personas que participaron en los hechos, desde los policías encargados de la investigación, y los testigos y familiares de los acusados.

Steinberg y Vetter se ponen el traje de faena y nos introducen en un trabajo que recuerda a los mejores dramas judiciales clásicos como Anatomía de un asesinato, de Preminger, Doce hombres sin piedad o Veredicto final, ambos de Lumet, exponiendo todos los hechos sobre los que giran en torno a un caso de amor juvenil desaforado que lleva a sus protagonistas a cometer un asesinato atroz que los condenará de por vida. La película reflexiona sobre la viabilidad de una justicia que suele equivocarse, y no repara sus errores, o simplemente una ley poco transparente anclada en apariencias donde el estatus social acaba inclinando la balanza. Un fino y serio análisis sobre la América blanca y esos lugares oscuros que no vemos pero se desarrollan en el interior de sus hogares, o esos hijos, que encuentran en las mentiras, las drogas y el sexo desenfrenado una manera de escapar de una realidad deprimente de niño rico, y así encontrar una salida a un mundo demasiado superficial y lleno de inmundicia como también describía Capturing the friedmans, documento que nos contaba un caso de pedofilia en una pequeña comunidad estadounidense.

La promesa nos habla de esas declaraciones y posiciones a ultranza, de declararse culpable de algo que no has cometido, en este caso de condena, donde alguien decide salvar al ser que ama, aunque eso signifique arruinar su vida, y como el tiempo acaba pasándonos factura por aquellos actos descerebrados, pasionales e infantiles que cometemos cuando somos jóvenes sin pensar en las terribles consecuencias que acarrearan en nuestras vidas. Un documento sincero y magnífico que coloca el foco de atención en el abusivo y terrorífico uso de los medios del dolor y el voyeurismo ajeno, de una justicia racana y trasnochada, anclada en el conservadurismo más rancio, que no ayuda a la convivencia y sobre todo, a la mejora de los casos en el que pueden implicar y condenar a aquel que es inocente, sin constatar las diversas pruebas incriminatorias, o llevar a cabo investigaciones fraudulentas. Un joven que después de más de media vida en la cárcel clama por su inocencia, y que sólo admite su culpabilidad de haberse enamorado, o al menos eso creía el entonces, de una joven manipuladora y trastornada que no le convenía en absoluto.

Todos los gobiernos mienten, de Alfred Peabody

TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE.

“El periodismo es contar la verdad, defender al débil del fuerte, luchar por la justicia, aportar consuelo y perspectiva para soportar los odios y los temores de la humanidad con la esperanza de un día crear un mundo en el que los hombres celebren sus diferencias en lugar de matarse entre ellos en su nombre”

I. F. Stone

“Una mentira contada mil veces, acaba siendo verdad”, frase pronunciada por Joseph Goebbles, ministro de propaganda nazi, que creó un imperio de mentiras para propagar su discurso nacionalsocialista por el mundo. Una estrategia que continúan los medios de comunicación actuales, sometidos a los intereses económicos y poderosos de las grandes corporaciones, se han convertido en meros altavoces de esos gigantescos grupos de comunicación que hacen y deshacen según les conviene en un mundo cada vez más deshumanizado, mercantilista y egoísta. La aparición de otras miradas, otras voces, y otras reflexiones, ayuda a comprender la convulsa y compleja realidad mundial, acercándonos a la veracidad de la información, a entender la materia intrínseca de los sucesos y a tener ese espacio necesario para reflexionar sobre lo ocurrido desde un prisma humanista, claro y tranquilo. Alfred Peabody, periodista y cineasta de oficio y vocación, ha dedicado su carrera profesional a estos menesteres, ya desde su programa de investigación The Fifth Estate para la CBC (Cadena pública canadiense) donde contribuyó a ofrecer un periodismo alejado de los intereses económicos y ejerciendo su arma arrojadiza ante las mentiras de los poderosos.

Ahora, con la producción de dos grandes críticos del poder como Oliver Stone y Jeff Cohen en la producción, realiza este documento de político, de poderosa fuerza y sumergiéndose en las entrañas oscuras de los mecanismos del poder, un trabajo sobre la prensa, y todas aquellas personas que trabajan para ejercer un periodismo de verdad, independiente y libre, apartado de las “verdades” interesadas de los grandes medios de comunicación. A partir de la figura de I. F. Stone ( 1907-1989) pilar indiscutible de la libertad de prensa, que en los años 60 se convirtió en la voz crítica contra los desmanes del poder y las mentiras políticas que arrojaban contra la población estadounidense a través del semanario If Stone’s Weekly, un diario independiente que se convirtió en un emblema para toda una generación de periodistas y sobre todo, un símbolo para una parte de la población ávida de conocer la verdad y harta de las patrañas estatales. Peabody realiza una película con nervio, inteligencia y brutal, con ese ritmo endiablado de los mejores thrillers políticos de los 60 o 70, como El político, El mensajero del miedo, Cuatro días de mayo, Los tres días del cóndor o Todos los hombres del presidente (del que se hace referencia explícita en la película, además de aparecer como testimonio Carl Berntein, uno de los periodistas que destapó el escándalo del Watergate que acabó con la presidencia de Nixon).

Escuchamos a periodistas que trabajan en los márgenes, en las zangas de la investigación, lejos del mundanal ruido, con independencia y libertad, siguiendo el inmenso legado de Stone, como Amy Goodman desde su canal de televisión Democrazy Now!, Matt Taibbi en las páginas de Rolling Stone o por Glenn Greenwald y Jeremy Scahill desde The Intercept, periodistas en busca de la verdad, de destapar las vergüenzas de unos poderosos que parecen funcionar al margen de la ley y por encima de todo y todos, sacando a la luz temas espinosos y conflictos enterrados como las revelaciones de la NSA sobre el caso Snowden, las fosas comunes ilegales de inmigrantes mexicanos en la frontera, los asesinatos selectivos con drones militares en oriente Medio, o la falsedad de los motivos que justificaron la invasión de Irak, entre otros temas, con la participación de destacadas figuras de la investigación como Noah Chomsky, Michael Moore, hombres a contracorriente, hombres que conocen sobradamente los hilos invisibles del poder, los que manejan los grandes medios como la CBS o la CNN, porque saben que eso genera hábitos y opiniones en la población. Peabody construye un puzle complejo y siniestro sobre los malos usos de la información de los gobiernos y cómo este grupo de hombres buenos y profesionales (recuerdan la figura que interpretaba Cary Grant en Luna nueva, ese jefe voraz y enérgico, que valiéndose de sus artimañas para no perder a su mejor periodista, y así esclarecer la verdad para salvar a un inocente) se dedican a recabar información y llegar hasta el quid de la cuestión, a través de sus medios digitales, su fuerza narrativa y su mente creadora para esquivar los obstáculos del poder y presentar una información veraz, inteligente y necesaria.

Amateurs en el espacio, de Max Kestner

PER ASPERA AD ASTRA(A través de las dificultades a las estrellas)

“Hoy en día, la gente sale a los 25 años y le dan una pensión. Con 25 años se preocupan de lo que harán cuando tengan 65. Los bancos nos dicen que pensemos en cosas así. Incluso hay funerales prepagados, para no tener problemas cuando llegue la hora. Pero, ¿qué mundo es este, en el que no nos dejamos vivir mientras estamos vivos? Ser conscientes de que la vida tiene un final y que no sabemos cuándo es puede ser muy motivador para vivir. Para disfrutar de cada segundo de vida. Disfrutar de cada segundo que tenemos para contar historias y disfrutar de los demás en este planeta tan bonito y maravilloso. Creo que es muy importante recordar que no vivimos para siempre, y gastar el tiempo, el poco tiempo que nos queda, de la mejor manera posible”

Desde que en 1961, el astronauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio exterior, muchos han sido los viajes que han llegado más allá de nuestro planeta. El cineasta Max Kestner ( Copenhague, Dinamarca, 1969) curtido en el ámbito documental a través de una amplia experiencia en ese terreno, nos cuenta el relato de dos ingenieros daneses, de orígenes y personalidades completamente diferentes, pero con un sueño común, construir una aeronave con materiales domésticos que alcance el espacio exterior. Uno de ellos, Kristian, con experiencia en la NASA, se muestra reflexivo y tranquilo, se encarga de la parte estructural de la nave, el otro, Mark, pura dinamita, pura emoción, es el que hará funcionar la nave.

Kestner nos cuenta todo el proceso desde su primera piedra, las ideas con las que cada uno de ellos entra en el proyecto, que también recibe la ayuda de otros entusiastas de la aeronáutica, los primeros días de conseguir financiación, los trabajos primerizos y más tarde, cuando el proyecto es presentado, convirtiéndose en algo real, en algo físico, las diferentes pruebas que llevan a cabo para hacerlo funcionar y que alcance su objetivo soñado. Kestner filma su historia de un modo naturalista, aproximándose a sus personajes, capturando sus conversaciones, y sobre todo, sus conflictos, la manera tan diferente que tienen para trabajar, y las distintas visiones que manifiestan con la mirada de los otros colaboradores, que no tardarán en tomar partido en los continuos combates emocionales en los que se embarcan Kristian y Mark. El director danés también, tiene tiempo para hacer un recorrido histórico de los diferentes lanzamientos de aeronaves al espacio, en los que Mark nos va explicando los detalles minuciosamente. También, el realizador danés filma a sus retratados mientras estos explican sus circunstancias personales, y las relaciones que se van generando a medida que avanza el proyecto que abarca más de dos años.

Kestner ha construido una película sencilla, que nos habla también de la capacidad y tenacidad de los seres humanos para convertir sus sueños en realidad, por muy descabellados que parezcan. Kristian y Mark parecen dos seres del renacimiento, aquellos que pretendían volar o construir objetos que chocaban contra el pensamiento cerrado del tiempo que les tocó vivir, o el Fitzcarraldo, de Herzog, en su afán de llevar la ópera a la selva, empresa temeraria que le lleva a arrastrar un inmenso barco a través de una montaña, y otros tantos que desafiaron lo establecido para llevar a cabo unos sueños que en principio parecen una locura o simplemente irrealizables. Kestner nos habla también de la frustración, su película no retrata a unos hombres que acaban consiguiendo sus objetivos, sino todo lo contrario, nos cuenta el relato de unos hombres que fracasaron en su intento, aunque como decía el poeta, estos hombres no cesaron en su empeño, y continúan fracasando mejor en sus objetivos de llegar al espacio exterior, porque sólo se fracasa o se pierde cuando se abandona, y estos no tienen pinta de dejar las cosas que empiezan, aunque para ello deban rema por otro río.