Entrevista a Adrián Orr

Entrevista a Adrián Orr, director de la película “Niñato”, en el marco de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona. El encuentro tuvo lugar el lunes 20 de noviembre de 2017 en la cafetería del CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Adrián Orr, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, al equipo de l’Alternativa, al equipo de La Costa Comunicació, y a Eva Calleja de Prismaideas, a todos ellos, gracias por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Niñato, de Adrián Orr

LA BATALLA DIARIA.

Niñato es David Rasanz. David no tiene trabajo y cuida de tres niños pequeños. David mantiene su sueño de adolescente de ser cantante de rap. David vive con sus padres y sigue resistiendo en uno de esos barrios de la periferia de cualquier ciudad. Levantarse cada día, levantar a los pequeños, llevarlos y recogerlos del colegio, componer y cantar, ver a su chica, y seguir adelante con el David padre con el David músico. Adrián Orr (Madrid, 1981) fogueada en equipos de dirección con cineastas de la talla de Javier Rebollo o Alberto Rodríguez, realiza su primer largo, una película que nació hace años, cuando tanto como David y Adrián eran colegas y adolescentes y soñaban con dedicarse al rap. Los años pasaron y David fue padre, como muchos de los amigos de Adrián, pero el sueño del rap no se perdió por el camino y las circunstancias. Siguió ahí. Esa dicotomía que fascinó a Orr fue el germen de uno de sus cortos más celebrados Buenos días resistencia (2013) en el que filma una jornada cualquiera de David y sus tres pequeños, las relaciones de padre e hijos y sus batallas diarias se convertían en el foco de atención (del que veremos algunas de sus secuencias en la película) dispositivo que ha continuado durante 4 años donde Orr ha seguido filmando la intimidad de David y los niños, y ahora se ha convertido en Niñato.

El cineasta madrileño ha contado con la complicidad del amigo de toda la vida, que le ha abierto su casa, su vida y su intimidad, para filmarlos de cerca, tan próximos que la cámara de Orr se convierte en un personaje más, en un testigo privilegiado de una familia diferente, una familia donde todos aprenden diariamente, donde unos y otros aprenden a escuchar, a desarrollarse, a ser autónomos y a crecer como personas, en el que asistimos de una forma privilegiada a unos actos tan cotidianos, como los que cada uno de nosotros hacemos en nuestra vida diaria, pero que la mirada de Orr los convierte en universales, siguiendo aquella premisa que argumentaba Pavese, “Convertir la cotidianidad en universal” , Orr lo hace con su cámara y lo construye sin apenas darnos cuenta, filmando a sus personajes desde la inquietud y la curiosidad de capturar un instante, un momento fugaz de las relaciones de David y los niños, unos niños con sus continuos estados de ánimo, y de humor, con su desgana a hacer sus tareas más básicas como levantarse, vestirse o hacer los deberes, sus enfados y su alegría al jugar o ser ellos mismos, y ante ellos, David, que les habla, les escucha e intenta aprender con ellos difícil y compleja tarea de educar a los niños, donde armarse de paciencia y batallar con sus enfados y demás, se convierten en la cotidianidad diaria, y cada día más de lo mismo, donde los diferentes retos y circunstancias que aparecerán nos volverán a reflexionar y plantearnos métodos y formas de ayudarles de la mejor manera.

Pero, a pesar de las obligaciones como padre de David, aunque los niños en algún momento le llaman papá, sobre todo, los más pequeños Mia y Oro (el más inquieto y el que conlleva más trabajo por su falta de autnomía) se suelen dirigir a Niñato como David, junto a los pequeños como Luna, la mayor. (Orr nunca nos explicará porque David es padre soltero y quiénes son sus hijos y quiénes no).  A pesar de todas estas obligaciones, David no ha olvidado a Niñato (su alter ego musical) ese tipo que trabajará para convertirse en cantante de rap, aunque quizás no lo llegué a conseguir nunca, David no descansará jamás para mantener su sueño de adolescente vivo, intacto a pesar de todo, manteniendo la llama latente, porque renunciar a tus sueños es dejar de ser uno mismo para convertirse en otro. Ese otro en el que David sigue creyendo, en esa dicotomía que explica también la película, el David padre y el Niñato músico de rap, y ahí andaremos, siendo testigos de esas dos realidades de David y Niñato, quizás una más fuerte que la otra, pero ahí estaremos, escuchando sus conversaciones con su novia, y aquello que los une y separa, o las otras conversaciones con la que parece ser su hermana o una amiga, de cómo educar a los niños y las dificultades que acarrea, o la miseria laboral que trata a los seres humanos como objetos.

Orr construye una intimidad que traspasa la atmósfera de sus personajes, de la misma forma que lo hacen Frederick Wiseman o Wang Bing, desenvolviéndose por el espacio como uno más, en un trabajo de estar sin estar, de ser uno más y a la vez, invisible, tejiendo con mimo las relaciones de David/Niñato y los niños, batallando diariamente con sus conflictos cotidianos, capturando un tiempo casi real, como si se tratara de una jornada, en que el magnífico montaje de Ana Pfaff es esencial para conseguir ese tiempo cinematográfico, Pfaff se ha convertido en una de las piezas imprescindibles de este cine realizado a través de la sinceridad, la realidad, donde lo contado traspasa nuestra mirada y asistimos a un fascinante y revelador viaje doméstico, a través de un documento necesario, valiente y sensible, donde la inmensa labor de sonido de Eduardo Castro, captando todos esos sonidos cotidianos, tanto domésticos como callejeros, que acaban inundando con numerosas capas lo que estamos viendo, en el que la imagen de Orr, realizada con luz natural, se ensombrece y se vela según los espacios por los que se mueven esta peculiar familia, en un trabajo magnífico, concienzudo y conmovedor sobre la vida en la periferia, lugares donde la crisis económica ha pegado más fuerte, donde los recursos son escasos, donde cada día es una batalla, en el que la realidad y los sueños conviven como pueden, donde educar y aprender forma parte del aprendizaje diario tanto de adultos como de niños, porque nunca se sabe lo suficiente, y lo que creíamos resuelto, vuelve de otra manera, desde otro ángulo, y tenemos que volver a mirarlo de otra manera, en un continuo vuelta a empezar.


<p><a href=”https://vimeo.com/267575733″>NI&Ntilde;ATO – TRAILER OFICIAL</a> from <a href=”https://vimeo.com/margenescine”>M&aacute;rgenes</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Encuentro con Jean-Gabriel Périot

Encuentro con Jean-Gabriel Périot, director de “Une jeunesse allemande”, con motivo de la sesión organizada por el colectivo OVNI (Observatori de video no identificat). El acto tuvo lugar el domingo 18 de junio de 2017 en el CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jean-Gabriel Périot, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, y al colectivo OVNI, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Entrevista a David Reznak

Entrevista a David Reznak, director de “CC1682”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 16 de noviembre de 2016 en el Teatre CCCB durante el marco de la XXIII l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de  Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Reznak, por su generosidad, sabiduría y tiempo, a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, y a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.

Entrevista a Jordi Esteva

Entrevista a Jordi Esteva, director de “Socotra, la isla de los genios”. El encuentro tuvo lugar el jueves 13 de octubre de 2016 en el domicilio del director en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jordi Esteva, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Johanna Tonini de Movies for Festivals, por su paciencia, amabilidad, y cariño, que además tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.

Socotra, la isla de los genios, de Jordi Esteva

socotra_la_isla_de_los_genios-253604913-largeEL ALMA DEL TIEMPO.

“… Detrás de los volcanes, Hugh podía ver cómo se acumulaban nubes de tempestad: “¡Socotra!”, pensó, “mi isla misteriosa del mar Arábigo, de donde procedían el incienso y la mirra y adonde nadie ha llegado jamás”…

Malcolm Lowry, “Bajo el volcán”

La película se abre con una imagen fascinante y poderosa, una imagen que parece filmada en otro tiempo y en otro lugar, en la que vemos la quietud de un lago al amanecer en primer término, con un conjunto de árboles al fondo, mientras cruza el cuadro un ave que camina con su parsimonia habitual. La imagen se complementa con el canto de un habitante de ese lugar. Un paisaje perdido en la historia, oculto de miradas curiosas, situado en una isla remota del océano Índico, entre Somalia y la península de Arabia, que pertenece al Yemen del Sur. Un lugar mágico, envolvente, y ancestral que parece de otro mundo, de otro planeta, alejado de todo y todos, en el que todavía pervive una cultura antigua, una manera de vivir y respirar en contacto con la naturaleza y la tierra que rodea a sus habitantes, que continúan hablando el socotri, una lengua sudarábiga, una lengua emparentada con la del Reino de Saba.

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Hasta los confines del tiempo y la historia nos ha llevado el cineasta Jordi Esteva (Barcelona, 1951) un viajero curioso y apasionado de las culturas africanas y orientales, ha dedicado su obra, tanto periodística como fotográfica, a indagar y descubrirnos formas de vida ancestrales, vidas que mantienen el espíritu de los ancestros, vidas resistentes a punto de perecer. Su filmografía arrancó con Retorno al país de las almas (2010), que había nacido de su libro Viaje al país de las almas (1999) donde daba buena cuenta de las ceremonias de posesión y los rituales de iniciación en Costa de Marfil, le siguió Komian (2014) en la que documentaba el espíritu de la pantera, elemento surgido del anterior documental, y ahora, nos sumerge en el tiempo para que conozcamos la isla de Socotra, que surge de su libro fotográfico Socotra, la isla de los genios (2011), un lugar milenario, que conserva una vegetación peculiar y muy característica, como los árboles de incienso y mirra, o la abundancia del árbol de la sangre del dragón, en forma de seta gigante, de savia roja, plantas e hierbas que mantienen la forma y colores antiguas.

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Esteva estructura su bellísima película (con reminiscencias pictóricas a la obra fotográfica de José Ortiz Echagüe y su trabajo en el Norte de África a primeros del siglo XX) a través de una road movie, en el que seguimos a unos camelleros en plena ascensión a las montañas antes de la estación de las lluvias, unos hombres que de noche acampan y alrededor del fuego, nos cuentan cuentos y fábulas en las que habitan seres imaginarios, criaturas fantásticas como genios y serpientes gigantes que se esconden en las montañas y se manifiestan a sus antepasados, historias de otro tiempo, que han ido contándose de padres a hijos, historias que nos descubren a los socotríes, sus formas de vida, en el que persisten en convivir con la tierra y los animales, respetándose unos a otros, y sabiendo que no pueden subsistir sin la fuerza y la energía del otro. Esteve ha construido un viaje poético, de increíble fuerza sobrecogedora, que seduce de forma envolvente con unas imágenes de indiscutible calidad filmadas en un riguroso y cálido blanco y negro. La cámara penetra en el alma de los socotríes, introduciéndonos en sus miradas y gestos, siendo uno más, una cercanía asombrosa, que se agradece, que nos descubre a unos hombres en una cultura desaparecida, o a punto de desaparecer, el leit motiv, no sólo de la película de Esteva, sino de todo su trabajo.

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Una película emparentada con la mirada de Flaherty y los cineastas británicos, en recuperar el tiempo perdido, y con la estética y contenido de los documentales surgidos en los 60, especialmente con los trabajos de Rouch o Pasolini sobre África, o Herzog, en su afán viajero y su interés por el pasado y su tiempo, cineastas que filman el pasado a través de un presente que desaparece. Un trabajo documental de grandísimo interés que no sólo nos descubre formas de vida y cultura ancestrales, perdidas, de otro tiempo, sino que también, quedará como testigo y prueba de ese tiempo que vivió, creció y perduró en el tiempo, como explica el personaje Ahmed Afrar, hijo póstumo del último sultán de Socotra, en ese tiempo y lugar donde sucedieron cosas que ellos continúan contando y viviendo en cada relato, como forma de vida y sobre todo, una manera de recordar a los que ya no están, con sus relatos míticos sobre la isla, sus habitantes, montañas, y sus plantas.


<p><a href=”https://vimeo.com/133847557″>TRAILER DE SOCOTRA, LA ISLA DE LOS GENIOS</a> from <a href=”https://vimeo.com/jordiesteva”>Jordi Esteva</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>