El maravilloso reino de Papa Alaev, de Tal Barda y Noam Pinchas

LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO.

“Lo más importante en la familia es la familia. Sin la familia unida no hay orquesta.”

The times they are a-Changin’ (Los tiempos están cambiando) cantaba Bob Dylan en aquellos convulsos años sesenta, canción que no sólo describía una época de tiempos revolucionarios, sino que también, dejaba constancia del espíritu que recorría en unos jóvenes airados que soñaban con una sociedad diferente, más humana y mejor. Aunque hayan pasado más de medio siglo, la canción-himno de Dylan, sigue tan vigente como en sus orígenes, como un grito de rebeldía contra lo establecido, lo conservador y el poder. Algo parecido ocurre con Allo “Papa” Alaev, el virtuoso músico de Tayikistán (antigua república soviética), y su entorno familiar. El patriarca octogenario, aunque ya retirado, sigue practicando el “ordeno y mando”, dictatorial e instransigente, con esa mano firme general rechoncho, cargado de medallas, en la que ordena cualquier circunstancia que tenga que ver en su casa, donde viven todos juntos, como que se come y cuando, y quién toca y que instrumento, eliminando de raíz cualquier idea o cambio. Unas ordenes que su hijo Ariel ha seguido a rajatabla desde que tiene uso de razón, pero que su hija, Ada, se rebeló en su momento, saliendo del clan familiar, y trabajando por su cuenta, decisión que el padre jamás le perdonó y le prohíbe ser una más de la orquesta familiar. Aunque el reino del patriarca se verá amenazado cuando los nietos quieren ganarse su espacio en el seno del grupo musical, aportando sus ideas y con la necesidad de cambiar ciertos aspectos de las actuaciones y su repertorio. Aunque “Papa” Alaev se niega, creyendo inamovible la familia unida, aunque quizás ha llegado el momento de cambiar, como los tiempos, que nos advertía Dylan, o sucumbir a esa ráfaga de juventud que viene con fuerza y energía para cambiar las cosas y hacerlas a su manera.

El tándem de directores israelís Tal Barda (1983) autora de A heartbeat away (2015) en la que exploraba la terrible experiencia de un cardiólogo y pediatra en mitad de Tanzania, y Noam Pinchas (1974), co-productor de The good son (2013), de Shirley Berkovitz, donde podríamos encontrar un germen del conflicto de esta película, ya que hablaban de un joven que, con el objetivo de conseguir su sueño, debía enfrentarse al conservadurismo familiar. Barda y Pinchas sitúan su película en la actualidad, y en Tel Aviv (Israel) donde la familia emigró a mediados de los noventa después de la caída de la URSS. También, mediante material de archivo, nos informan del éxito y legado musical de “Papa” Alaev y la construcción de su clan familiar a través de la música, como durante tantos taños han sido “nosotros”, como tanto le gusta remarcar al anciano músico, y lo hacen de manera sencilla, mediante fotografías e imágenes de vídeo, donde vemos la educación patriarcal y conservadora de aquellos hijos y nietos por el bien de la música y la familia unida. La película se mueve a través de las luces y las sombras que se han instalado en la familia de un tiempo hasta aquí, en la que vemos, por un lado, la alegría y diversión de la familia mientras toca frente a miles de personas, donde los ritmos bukhareses, desbordan la fiesta y el movimiento en una música festiva, alegre, vital y pasional.

Y después, nos muestran el otro lado del espejo, cuando filman a Ada y a los nietos, en las que expresan sus ideas que chocan contra el mandato patriarcal (ideas que les llevan, unos a volver a tocar el instrumento que el padre le negó, otros, la religión, o a formar un grupo alejdo de la familia) también escuchamos a las mujeres de la casa, relegadas a las tareas domésticas, y anuladas, en las que además, se les prohíbe la participación en las giras del grupo. Un hervidero difícil de mantener, porque los tiempos ya son otros, los tiempos piden nuevas miradas, nuevos retos, y más comprensión e igualdad, entre unos y otros, sin ningún tipo de discriminación, eso sí, agradeciendo el legado musical del viejo patriarca, pero desarrollándolas en otros ámbitos, muy distintos a las ideas del abuelo. Una película sobre la música tradicional, sobre la pasión de un sueño, sobre la familia unida, pero no a cualquier precio, porque la película, de un modo honesto y profundo, nos habla de las diferentes posiciones que coexisten en el seno familiar, que distan mucho de la aparente normalidad que pretende conseguir el patriarca, porque los tiempos como bien describía Dylan siugen su curso y ya son otros: Vamos, madres y padres de toda la tierra, y no critiquéis lo que no podéis entender. Vuestros hijos e hijas están más allá de vuestro dominio. Vuestro viejo camino está envejeciendo rápidamente. Por favor, salid del nuevo si no podéis echar una mano, porque los tiempos están cambiando.

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Todos los gobiernos mienten, de Alfred Peabody

TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE.

“El periodismo es contar la verdad, defender al débil del fuerte, luchar por la justicia, aportar consuelo y perspectiva para soportar los odios y los temores de la humanidad con la esperanza de un día crear un mundo en el que los hombres celebren sus diferencias en lugar de matarse entre ellos en su nombre”

I. F. Stone

“Una mentira contada mil veces, acaba siendo verdad”, frase pronunciada por Joseph Goebbles, ministro de propaganda nazi, que creó un imperio de mentiras para propagar su discurso nacionalsocialista por el mundo. Una estrategia que continúan los medios de comunicación actuales, sometidos a los intereses económicos y poderosos de las grandes corporaciones, se han convertido en meros altavoces de esos gigantescos grupos de comunicación que hacen y deshacen según les conviene en un mundo cada vez más deshumanizado, mercantilista y egoísta. La aparición de otras miradas, otras voces, y otras reflexiones, ayuda a comprender la convulsa y compleja realidad mundial, acercándonos a la veracidad de la información, a entender la materia intrínseca de los sucesos y a tener ese espacio necesario para reflexionar sobre lo ocurrido desde un prisma humanista, claro y tranquilo. Alfred Peabody, periodista y cineasta de oficio y vocación, ha dedicado su carrera profesional a estos menesteres, ya desde su programa de investigación The Fifth Estate para la CBC (Cadena pública canadiense) donde contribuyó a ofrecer un periodismo alejado de los intereses económicos y ejerciendo su arma arrojadiza ante las mentiras de los poderosos.

Ahora, con la producción de dos grandes críticos del poder como Oliver Stone y Jeff Cohen en la producción, realiza este documento de político, de poderosa fuerza y sumergiéndose en las entrañas oscuras de los mecanismos del poder, un trabajo sobre la prensa, y todas aquellas personas que trabajan para ejercer un periodismo de verdad, independiente y libre, apartado de las “verdades” interesadas de los grandes medios de comunicación. A partir de la figura de I. F. Stone ( 1907-1989) pilar indiscutible de la libertad de prensa, que en los años 60 se convirtió en la voz crítica contra los desmanes del poder y las mentiras políticas que arrojaban contra la población estadounidense a través del semanario If Stone’s Weekly, un diario independiente que se convirtió en un emblema para toda una generación de periodistas y sobre todo, un símbolo para una parte de la población ávida de conocer la verdad y harta de las patrañas estatales. Peabody realiza una película con nervio, inteligencia y brutal, con ese ritmo endiablado de los mejores thrillers políticos de los 60 o 70, como El político, El mensajero del miedo, Cuatro días de mayo, Los tres días del cóndor o Todos los hombres del presidente (del que se hace referencia explícita en la película, además de aparecer como testimonio Carl Berntein, uno de los periodistas que destapó el escándalo del Watergate que acabó con la presidencia de Nixon).

Escuchamos a periodistas que trabajan en los márgenes, en las zangas de la investigación, lejos del mundanal ruido, con independencia y libertad, siguiendo el inmenso legado de Stone, como Amy Goodman desde su canal de televisión Democrazy Now!, Matt Taibbi en las páginas de Rolling Stone o por Glenn Greenwald y Jeremy Scahill desde The Intercept, periodistas en busca de la verdad, de destapar las vergüenzas de unos poderosos que parecen funcionar al margen de la ley y por encima de todo y todos, sacando a la luz temas espinosos y conflictos enterrados como las revelaciones de la NSA sobre el caso Snowden, las fosas comunes ilegales de inmigrantes mexicanos en la frontera, los asesinatos selectivos con drones militares en oriente Medio, o la falsedad de los motivos que justificaron la invasión de Irak, entre otros temas, con la participación de destacadas figuras de la investigación como Noah Chomsky, Michael Moore, hombres a contracorriente, hombres que conocen sobradamente los hilos invisibles del poder, los que manejan los grandes medios como la CBS o la CNN, porque saben que eso genera hábitos y opiniones en la población. Peabody construye un puzle complejo y siniestro sobre los malos usos de la información de los gobiernos y cómo este grupo de hombres buenos y profesionales (recuerdan la figura que interpretaba Cary Grant en Luna nueva, ese jefe voraz y enérgico, que valiéndose de sus artimañas para no perder a su mejor periodista, y así esclarecer la verdad para salvar a un inocente) se dedican a recabar información y llegar hasta el quid de la cuestión, a través de sus medios digitales, su fuerza narrativa y su mente creadora para esquivar los obstáculos del poder y presentar una información veraz, inteligente y necesaria.

Venus, de Lea Glob y Mette Carla Albrechtsen

DESNUDANDO EL SEXO FEMENINO.

“No sé hasta qué punto Jens, amigo mío de la infancia, y yo, conocíamos nuestras intenciones cuando, por las tardes, nos metíamos en la alcoba de mi madre. En cualquier caso, aprendimos dónde tocarnos y, claramente, allí sentí mi primer estremecimiento de deseo. Desde aquel momento, supe que lo que sucedía en aquella alcoba acabaría jugando un papel importante en mi vida. Como cuando tienes un nuevo hobby, que no puedes parar de pensar en él”.

 ¿Cada cuanto tiempo piensas en sexo? ¿Qué es lo que más disfrutas en la cama? ¿Has tenido alguna vez algún orgasmo? ¿Con cuántas personas has tenido sexo? Estas series de preguntas, y algunas más, a mujeres entre 18 y 25 años relacionadas con la sexualidad femenina fue el primer punto de partida en la que las directoras danesas Lea Glob, curtida en el medio televisivo, y Mette Carla Albrechtsen, del campo publicitario, se enfrascaron como trabajo de documentación para una película sobre la sexualidad de las mujeres. Aunque después de estudiar la respuesta de las protagonistas, desistieron de la película inicial, y pusieron en marcha una película sobre la sexualidad femenina contada por ellas mismas. El dispositivo es sencillo, convocaron un castin al que se presentaron una serie de mujeres y a través de una entrevista van contestando preguntas relacionas con su sexualidad, en el que hablan abiertamente sobre su sexo, su cuerpo, las relaciones mantenidas, como lo descubrieron, y demás cuestiones.

Observamos a mujeres de distinta sexualidad y diversas maneras de relacionarse con el sexo, desde lo más banal hasta las partes más perversas y oscuras. Una película que muestra el sexo sin discursos ni dogmas, aquí todo vale, todo es escuchado atentamente por las directoras, un salto al vacío en el que se cuentan los secretos más íntimos, las fantasías más ocultas, y sobre todo, cada una de ellas habla a la cámara sin pudor ni timidez, explicando todo aquello que les pone y lo que no, todos los diversos caminos del sexo que les han llevado a conocer mejor sus deseos y sobre todo, a conocerse mejor ellas mismas. La intimidad sexual y el propio cuerpo inundan cada toma, convirtiéndose en los protagonistas absolutos de la película, testimonios directos sobre experiencias vividas, imaginadas o fantaseadas, todo cabe en su declaración-sexual, un testimonio intimo y cercano en el que todas ellas desnudan su sexualidad frente a la cámara, ofreciendo una visión completamente distinta a la que la banalización del sexo, por parte de la moda, la publicidad y de los medios oficialistas, han construido en el imaginario de la población, optando por una falsa masculinidad donde la mujer parte como mero objeto sexual y sumisa.

Una película sobre mujeres, sobre su sexualidad y sus intimidades y secretos, para todos los públicos, para todos aquellos que quieran profundizar en un tema tabú en nuestras sociedades occidentales y bien pensantes, a las que les falta más comprensión, respeto y tolerancia con las mujeres y descubrir sus deseos más íntimos. Glob y Albrechtsen han construido un ensayo fílmico de grandes hechuras, colocando el foco en el interior de la sexualidad de cada mujer que nos habla, que nos cuenta, que nos explica, desnudándose delante de nosotros, en todos los sentidos, descubriéndose a sí misma, hablando de sus momentos de felicidad sexuales, y cómo no, de sus frustraciones, que también las hay, como todo en la vida. Un dispositivo cinematográfico sencillo y directo, en el que, a través del primer plano, y una exquisita sensiblidad y delicadeza, nos hacen participe de un mundo íntimo, en el que nos hacen cómplices, a nosotros los espectadores, que asistimos atentos a escuchar las experiencias sexuales de estas mujeres, en un camino vital de continuo aprendizaje sobre nuestros ser y las partes más profundas de nuestro interior.

Amateurs en el espacio, de Max Kestner

PER ASPERA AD ASTRA(A través de las dificultades a las estrellas)

“Hoy en día, la gente sale a los 25 años y le dan una pensión. Con 25 años se preocupan de lo que harán cuando tengan 65. Los bancos nos dicen que pensemos en cosas así. Incluso hay funerales prepagados, para no tener problemas cuando llegue la hora. Pero, ¿qué mundo es este, en el que no nos dejamos vivir mientras estamos vivos? Ser conscientes de que la vida tiene un final y que no sabemos cuándo es puede ser muy motivador para vivir. Para disfrutar de cada segundo de vida. Disfrutar de cada segundo que tenemos para contar historias y disfrutar de los demás en este planeta tan bonito y maravilloso. Creo que es muy importante recordar que no vivimos para siempre, y gastar el tiempo, el poco tiempo que nos queda, de la mejor manera posible”

Desde que en 1961, el astronauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio exterior, muchos han sido los viajes que han llegado más allá de nuestro planeta. El cineasta Max Kestner ( Copenhague, Dinamarca, 1969) curtido en el ámbito documental a través de una amplia experiencia en ese terreno, nos cuenta el relato de dos ingenieros daneses, de orígenes y personalidades completamente diferentes, pero con un sueño común, construir una aeronave con materiales domésticos que alcance el espacio exterior. Uno de ellos, Kristian, con experiencia en la NASA, se muestra reflexivo y tranquilo, se encarga de la parte estructural de la nave, el otro, Mark, pura dinamita, pura emoción, es el que hará funcionar la nave.

Kestner nos cuenta todo el proceso desde su primera piedra, las ideas con las que cada uno de ellos entra en el proyecto, que también recibe la ayuda de otros entusiastas de la aeronáutica, los primeros días de conseguir financiación, los trabajos primerizos y más tarde, cuando el proyecto es presentado, convirtiéndose en algo real, en algo físico, las diferentes pruebas que llevan a cabo para hacerlo funcionar y que alcance su objetivo soñado. Kestner filma su historia de un modo naturalista, aproximándose a sus personajes, capturando sus conversaciones, y sobre todo, sus conflictos, la manera tan diferente que tienen para trabajar, y las distintas visiones que manifiestan con la mirada de los otros colaboradores, que no tardarán en tomar partido en los continuos combates emocionales en los que se embarcan Kristian y Mark. El director danés también, tiene tiempo para hacer un recorrido histórico de los diferentes lanzamientos de aeronaves al espacio, en los que Mark nos va explicando los detalles minuciosamente. También, el realizador danés filma a sus retratados mientras estos explican sus circunstancias personales, y las relaciones que se van generando a medida que avanza el proyecto que abarca más de dos años.

Kestner ha construido una película sencilla, que nos habla también de la capacidad y tenacidad de los seres humanos para convertir sus sueños en realidad, por muy descabellados que parezcan. Kristian y Mark parecen dos seres del renacimiento, aquellos que pretendían volar o construir objetos que chocaban contra el pensamiento cerrado del tiempo que les tocó vivir, o el Fitzcarraldo, de Herzog, en su afán de llevar la ópera a la selva, empresa temeraria que le lleva a arrastrar un inmenso barco a través de una montaña, y otros tantos que desafiaron lo establecido para llevar a cabo unos sueños que en principio parecen una locura o simplemente irrealizables. Kestner nos habla también de la frustración, su película no retrata a unos hombres que acaban consiguiendo sus objetivos, sino todo lo contrario, nos cuenta el relato de unos hombres que fracasaron en su intento, aunque como decía el poeta, estos hombres no cesaron en su empeño, y continúan fracasando mejor en sus objetivos de llegar al espacio exterior, porque sólo se fracasa o se pierde cuando se abandona, y estos no tienen pinta de dejar las cosas que empiezan, aunque para ello deban rema por otro río.

 

Shadow Girl (Niña sombra), de María Teresa Larraín

poster_castLA ÚLTIMA PELÍCULA.

“Recuerdo que cuando era niña mi mamá me llevó al oculista por primera vez y el doctor nos dijo que, yo había heredado la condición de mi madre, miopía progresiva, y que un día como ella, yo me quedaría ciega. Yo no sabía lo que era miopía progresiva, no sabía lo que era miopía, ni lo que era progresiva, pero cuando salimos de la oficina del doctor, le pregunté a mi mamá: ¿Mamá, cuando nos vamos a quedar ciegas? Y mi mamá me dijo: Nunca. Sí, me dijo que nunca”

En el magnífico documental El cielo gira, de Mercedes Álvarez, en la que su directora nos cuenta el pasado y el presente de su pueblo Aldeaseñor, filmando a los 14 habitantes del pueblo, entre ellos, al pintor Pello Azquera, que está perdiendo la vista, y sigue retratando los lugares que un día sólo existirán en sus lienzos y memoria. Un proceso parecido experimenta María Teresa Larraín (Santiago de Chile, 1951) en esta película, su Niña sombra es un retrato sobre su intimidad, sobre el proceso de su ceguera progresiva. El relato se inicia en Toronto (Cánada) donde la cineasta se exilió en el año 1976 huyendo de la represión de la dictadura de Pinochet. Allí, hizo su vida, estudió y se formó como directora de cine independiente en los que ha abordado en sus películas temáticas de índole social (diversidad, inclusión, minorías) dotando a sus historias de un gran carácter humano. Larraín nos cuenta en primera persona su pasado y su presente, desde el momento que su vida empezó a cambiar, cuando empezó a perder la vista, heredando así la enfermedad que también padeció su madre.

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La realizadora chilena se embarca en un viaje que, como ella explica, será su última película, la película que registrará el proceso que está viviendo, en el que Larraín, con la ayuda de un pequeño equipo, registrará todos los acontecimientos que se sucederán en su vida. Arrancaremos en Toronto, en el exilio, en el que Larraín comenzará a vivir su enfermedad en soledad, por decisión propia, explicando a sus allegados lo que le está sucediendo, mostrándose sin ningún tipo de pudor, abriéndonos su alma, mencionando sus miedos, tanto presentes como del futuro, y sobre todo, todos los cambios que se producirán en su vida. Larraín envuelve a su película de un tono naturalista, sin caer en sentimentalismos, ni nada por el estilo, sino todo lo contrario, retrata a una mujer que se desnuda emocionalmente ante nosotros, filmando todos los cambios que se van produciendo en su cotidianidad. Su vuelta a Chile, después de la muerte de su madre, la visita a su único hijo a Costa Rica, y pasar un tiempo con sus nietas, y finalmente, su nueva vida en Chile, y descubrir a otros como ella, los vendedores ambulantes de La Alameda, la avenida principal de Santiago de Chile.

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Larraín construye un diario personal sobre su enfermedad, y muy inteligentemente y con extrema sutileza, nos introduce la temática social que han estructurado toda su filmografía, capturando los diferentes vendedores que se va encontrando en su deambular por las calles de su ciudad, y dialogando con ellos, conociendo todas sus dificultades y problemáticas que viven en su precaria existencia. Larraín recoge el testigo de otros documentalistas que también han hecho de su experiencia vital el material fílmico de sus trabajos como Johan Van der Keuken que filmó su maravillosa Las vacaciones del cineasta, en la que se centraba en su pasado y presente familiar, las películas/retratos de Naomi Kawase sobre su orígenes, su abuela, su embarazo y posterior alumbramiento, o más recientemente, Luis Ospina en Todo comenzó por el fin, en la que el cineasta colombiano se filma enfermo de cáncer en el hospital, y registra todo el proceso y sus reflexiones. Una película que nos habla sobre la dignidad de las personas ciegas, de todo aquello que pueden seguir aportando a la sociedad a pesar de su discapacidad. Larraín edifica un maravilloso alegato sobre la dignidad, desde una mirada poética y humanista, filmando a sus “nuevos amigos” desde la proximidad, acariciando sus vidas, escuchando sus (des)ilusiones y tendiéndoles la mano.

Dentro del armario, de Sophia Luvarà

poster_castMENTIR PARA SER ACEPTADO.

“Tu padre entró en el armario cuando tú saliste de él”

El universo cinematográfico del genial Yasujiro Ozu investigó y exploró la difícil convivencia y los conflictos internos que se generan entre padres e hijos, entre la tradición y el respecto al pasado que representan los mayores, en contraposición, con la modernidad y los nuevos valores de los jóvenes. La primera película de Sophia Luvarà (Regio de Calabria, Italia, 1982) camina por los mismos parámetros, colocando el foco en la China actual, ese país en plena expansión económica y tecnológica, que en cambio, sigue arraigada en fuertes tradiciones que siguen manteniéndose del pasado, como ciertos valores familiares en el que casarse y tener hijos se entiende como una forma de respeto hacia los padres. Luvarà se cansó de trabajar en un laboratorio y se marchó a Londres para realizar documentales, sus trabajos cortos los dedicó a la mafia calabresa en The great mafia orange squeeze (2011), y en el mismo año, Road to Fueridis, en la que filmaba a un grupo de mujeres musulmanas y judías en su propósito de hacer una película.

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En Dentro del armario, sigue las vidas de Cherry, una lesbiana casada, pero hostigada por sus padres para que tenga descendencia, por la vía de adopción, que destapa una cruda realidad de la miseria que se oculta (vientres de alquiler, niños robados de hospitales, etc…) y la vida de Andy, homosexual, que acaba de salir del armario, pero su padre le obliga a contraer matrimonio y tener hijos. Luvarà los filma en la intimidad, y desde la cercanía, aquí no hay estridencias ni sensiblería, sino todo lo contrario, la crudeza de las situaciones que viven tanto uno como otro, son tratadas de forma sencilla y honesta, capturando esos instantes de cercanía en sus quehaceres cotidianos, sobre todo, mientras preparan la comida o comen, una tradición en la vida asiática: las citas para preparar el posible matrimonio, las visitas a los padres y todo lo que les separa, y esos momentos en la soledad del piso, en el que explican sus sentimientos y miedos. La cineasta calabresa ha construido una película en primera persona, que nos susurra en la oreja, sobre el colectivo gay y las consecuencias que la condición sexual tiene en China, que no la prohíbe, pero en cierto modo la estigmatiza y la desplaza del orden familiar, porque choca fuertemente contra la tradición de unos padres que no acaban de aceptar la condición natural de sus hijos, unos hijos que, debido al respeto que guardan a sus progenitores, tratan de contentarles, aunque eso signifique un sinfín de problemas, tanto emocionales como físicos.

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Cherry y Andy, sólo son las caras visibles de otros millones, dos existencias que explican sin tapujos ni vericuetos sus vidas, y lo hacen de manera abierta, sin pretender ser lo que no son, ni aparentar otra cosa, en cierta manera, el cine hace aquí un función ejemplar y maravillosa, la película de Luvarà actúa como espejo acogedor y amigo, porque filma y escucha a unas personas que en su cotidianidad y sobre todo, frente a sus padres, deben aparentar lo que no son, aquello que va en contra de su decisión, y sobre todo, de sus vidas, unas vidas que ellos han decidido que sean de una manera, y no como la desean otros, por muy padres que sean, resulta especialmente conmovedor el instante en que Andy dialoga con una madre de un asociación que apoya a los padres e hijos de la comunidad gay, en los que se ayuda a aceptar a los hijos, independientemente de su condición sexual, para así construir nuevos caminos de comprensión y respeto para que la convivencia entre padres e hijos sea sincera y abierta, para que los mayores acepten a sus hijos y los hijos sean aceptados.

Diarios de Kandahar, de Louie Palu y Devin Gallagher

poster_castLA GUERRA EN PRIMERA PERSONA.

“23 de septiembre de 2010. Otro día en Kandahar. Ahora debo concentrarme. Piensa en el encuadre. Piensa en cada lado del rectángulo. Concéntrate en el en encuadre. Mantén la calma bajo el fuego. concentra tu emnte. reconoce el peligro… y trabaja. Todo pasa tan rápido… Debo controlar la mente. Relájate y haz la foto. No debo dejarme dominar por la situación. Debo controlar lo que hay dentro de mi recuadro. Mirar más allá de lo literal. Mantén la calma. Piensa en el rectángulo. Debo buscar la inspiración. Serenidad bajo el fuego. Que no te supere la velocidad de la situación. Repite. Rectángulo, composición. Vuelve a lo básico.

Louie Palu

La Guerra Civil espanyola fue la primera contienda bélica que conoció todo el mundo a través de todos los profesionales que vinieron a cubir todo lo que allí sucedió. Los Robert Capa, Gerda Taro y David Seymur, entre muchos otros, agarraron sus equipos fotógraficos y dispararon para capturar todo el horror que sus ojos vieron. Desde esa guerra y las siguientes que llegaron, la guerra, como la conocíamos, a través del arte, quedo relegada a un segundo termino, ahora, las guerras iban a ser conocidas y presentades al mundo en primera persona, a través de la mirada de un profesional que la vivia en su cotidianidad, mostrándonos los detalles y la íntimidad del horror.

While under fire Afghan soldiers move a comrade to safety after he was hit by shrapnel from rocket fire in a fire fight during an operation in the Makuan area in Zhari District, Kandahar Province, Afghanistan. From the documentary film Kandahar Journals. www.kandaharjournals.com photo Louie Palu/ZUMA Press ©

Louie Palu (Toronto, Cánada, 1968) reconocido fotógrafo con más de un cuarto de siglo de experiencia en temas políticos y sociales, estuvo trabajando en Kandahar (Afganistán) durante cuatro años, los que van desde el 2006 al 2010, disparando su cámara y documentando todos los desastres de una guerra fraticiada que arrancó con el ataque a las torres gemelas de Nueva York en septiembre del 2011, y la estimable ayuda del experimentado documentalista Devin Gallagher construyen un trabajo desde la íntimidad y el relaismo de la cotidianidad de la guerra, filmando a un grupo de soldados aliados destinados en Kandahar, punto estratégico del país y epicentro de la guerra contra los talibanes. Palu, en su primera incursión como director, provisto de una videocámara, y con la idea de capturar las imágenes que se quedan fuera de la fotografía, sigue a los soldados, como uno más, descansando después de días exhaustos de caminatas, esquivando los disparios de los enemigos, inspeccionando las casas de los habitantes, hablando con ellos, y filmando, de manera amateur y directa todo lo que allí acontece.

Still photography for documentary film Kandahar Journals. Medics treating wounded Afghan civilians in a frontline trauma room in Zhari District, Kandahar, Afghanistan. From the documentary film Kandahar Journals. www.kandaharjournals.com (Credit Image: © Louie Palu) For use in film reviews to do with Kandahar Journals only.

Paul y Gallagher muestran la guerra con sus contrastes, la nula visibilidad del enemigo (que parece un ente invisible, como si no existiese, sólo escuchamos sus disparos y lo que el suboficial canadiense nos cuenta), los desastres que sufren los afganos, y el continuo conflicto entre el poderoso y el débil. El documento, muy alejado de la idea sobre la guerra de los medios occidentales, más interesados en el espectáculo y hacer creer a los espectadores que el enemigo es muy poderoso y hay que combatir con las armes más sofisticadas para exterminarlo, toda esa superficialidad queda suprimidad en la película. Nos muestra la guerra como es, sin trampa ni cartón, con toda su crudeza y su sin razón, y sobre todo, el negocio canalla y deshumanizado en que se ha convertido, una excusa para eliminar a esos “témidos terroristas Internacionales” que sirve a los paises ricos a augmentar su riqueza con el negocio vil de las armas.

A wounded soldier in a medevac helicopter after a night raid, Zhari District, Kandahar, Afghanistan. 2010 20 X 24 inch pigment print. Photo © Louie Palu FOR EXHIBITION REVIEWS ONLY. NO OTHER EDITORIAL USE PERMITTED. www.louiepalu.com

Palu no sólo muestra las imágenes, sino que también reflexiona sobre ellas y su trabajo, generando un discurso contradictorio, porque empujado a dar visibilidad para que el mundo sepa que sucede, a su vez, tropieza con el nulo desinterés y desinformación por parte de los estadounidenses y el mundo occidental por conocer la verdad, una triste realidad que parece ser que a nadie le importa. Palu y Gallagher huyen del maniqueismo, de la idea de Buenos y malos, que por otra parte, sería un punto flaco a su propuesta. Los cineastas se muestran críticos con las políticas Internacionales de sus paises, y su documento muestra todo el bullició bélico que se respira en Kandahar, los soldados de diferentes paises que deambulan en busca y captura del enemigo, los afganos inmersos en un conflicto que mata algunos y dificulta la vida a otros, escarbando cada distrito y rincón de la ciudad, incluso, se introduce en el hospital de campaña, donde se atiende a los heridos de los continuos ataques y atentados suicidas que se producen. Una cotidianidad sangrante y malvada, difícil de olvidar, para un profesional como Palu que lleva tantas guerras encima.