Aprendiendo a vivir, de Matan Yair

ENTRE DOS MUNDOS.

En la primera secuencia de la película vemos al padre de Asher asando unos trozos de carne que empareda en un pan y se lo da a Asher, en compañía de los obreros subordinados del padre de Asher. Ese leve gesto de padre a hijo, y luego las palabras de orgullo del progenitor, dejan claro que el padre ya mayor quiere a su hijo como sucesor de la empresa de construcciones. Aunque, Asher que tiene 17 años y está en puertas de los exámenes de final de instituto, parece no tener claro qué camino seguir. La primera película de ficción de Matan Yair (Jerusalén, Israel, 1977) tiene sus cimientos en una historia real, la vida por Asher Lax que se interpreta a sí mismo en la película, dando vida a un chico que vive entre dos mundos, ser fiel a su padre y heredar el negocio de la construcción y pasarse la vida entre andamios, o por otra parte, seguir con los estudios y labrarse un porvenir por su cuenta y riesgo. Yair sigue el cogote de su personaje que se va moviendo en un ambiente, el de las obras y el instituto que nada tienen que ver, el chico algo rebelde encuentra en la sabiduría y la comprensión de Rami, un profesor de literatura al que aprecia, un ancla en el que apoyarse y decidir su futuro.

El cineasta israelí se sumerge en un retrato de la cotidianidad de un chico de 17 años, que está en un cruce de caminos, ese en el que todos nos hemos enfrentado en un momento de nuestra vida, durante el último año de instituto en el que tenemos que decidir hacia adonde se encaminarán nuestros deseos vitales e incertidumbres, ese espacio en el que debemos afrontar nuestro propio destino, dejando atrás la infancia y enfrentándonos a la experiencia de ser adulto y decidir nuestra propia vida. El cineasta hebreo adopta la mirada imparcial, esa mirada del que retrata un misterio y dejará las conclusiones al espectador, al que continuamente lo está interpelando entre las relaciones de Asher con su padre, y sobre todo, con su profesor. Asher parece alguien difícil y complejo de tratar, pero quizás solo necesita algo de cariño y una mirada cómplice que le ayude a tomarse su tiempo y decidir con claridad y convicción. La película está enmarcada en la inmediatez, en esos pocos días donde todo sucederá, Asher se examinará, mientras tiene que tomar las riendas del negocio familiar mientras el padre se encuentra convaleciente, y además, una difícil situación llegará a la vida de Asher en la que deberá lidiar como buenamente pueda.

Ese andamio al que se refiere el título original de la película (Scaffolding) se erigirá como símbolo de la seguridad y la vida trazada que desea el padre para Asher, y también, de esa vida en construcción de Asher, aunque éste no lo ve nada claro, y además, todo su mundo parece ya decidido, situación que Asher todavía no quiere plantearse y menos aún tomar una decisión. Yair impone la mirada neorrealista a su retrato, donde todo sucede de manera vertiginosa, en el que la cámara recoge todos los acontecimientos de manera documental, con la compañía extraordinaria de unos intérpretes en estado de gracia, empezando con la inmensa y prodigiosa labor del debutante Asher Lax, que no solo se interpreta a sí mismo de forma extraordinariamente convincente, sino que además, ofrece una gama de registros magnífica, ejerciendo de timón y verdadero protagonista del filme, a su lado, Ami Smolartchik como el profesor que ejerce como ese padre que escucha a su alumno, conociendo su actitud y sobre todo, esos estados de ánimo de rabia y hostilidad que muestra Asher cuando las cosas se tuercen o los demás profesores y las estrictas normas del instituto parecen ir en contra de sus necesidades y derechos.

Una película que respira el aroma de esos dramas ásperos y cotidianos de buena parte del cine británico firmado por los Leigh, Loach o Frears, bellos y duros retratos de chicos difíciles en ambientes hostiles, tanto familiares como sociales, que otros cineastas de la altura de los hermanos Dardenne han seguido una línea parecida tanto a nivel formal como estructural. Ayir plantea una película que se sumerge en las grandes cuestiones sobre la vida, nuestra identidad y nuestro camino a seguir, retratando a personajes que deben decidir, personajes que necesitan saber algunas respuestas para saber qué hacer con su existencia, aunque como explica con seriedad y honestidad la película, ni el cine es capaz de contestar a tales preguntas, y en cambio, si tiene herramientas interesantes y psicológicas para retratar a esos personajes que si se hacen las preguntas pertinentes, porque, al fin y al cabo, esas cuestiones existencias solo se las puede responder cada persona a través de su experiencia vital, aunque en muchos casos, nunca podrán ser respondidas, porque no conseguiremos conocer los grandes dilemas de nuestra propia existencia y nuestro lugar en el mundo.

Entrevista a Laura Ferrés

Entrevista a Laura Ferrés, directora de la película “Los desheredados”. El encuentro tuvo lugar el martes 27 de marzo de 2018, en los Jardins Teatre Grec en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Ferrés, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Montse Pedrós de Inicia Films, por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño, y a mi buen amigo Óscar Fernández Orengo, por su fantástica fotografía, su cariño, amistad y generosidad.

Niñato, de Adrián Orr

LA BATALLA DIARIA.

Niñato es David Rasanz. David no tiene trabajo y cuida de tres niños pequeños. David mantiene su sueño de adolescente de ser cantante de rap. David vive con sus padres y sigue resistiendo en uno de esos barrios de la periferia de cualquier ciudad. Levantarse cada día, levantar a los pequeños, llevarlos y recogerlos del colegio, componer y cantar, ver a su chica, y seguir adelante con el David padre con el David músico. Adrián Orr (Madrid, 1981) fogueada en equipos de dirección con cineastas de la talla de Javier Rebollo o Alberto Rodríguez, realiza su primer largo, una película que nació hace años, cuando tanto como David y Adrián eran colegas y adolescentes y soñaban con dedicarse al rap. Los años pasaron y David fue padre, como muchos de los amigos de Adrián, pero el sueño del rap no se perdió por el camino y las circunstancias. Siguió ahí. Esa dicotomía que fascinó a Orr fue el germen de uno de sus cortos más celebrados Buenos días resistencia (2013) en el que filma una jornada cualquiera de David y sus tres pequeños, las relaciones de padre e hijos y sus batallas diarias se convertían en el foco de atención (del que veremos algunas de sus secuencias en la película) dispositivo que ha continuado durante 4 años donde Orr ha seguido filmando la intimidad de David y los niños, y ahora se ha convertido en Niñato.

El cineasta madrileño ha contado con la complicidad del amigo de toda la vida, que le ha abierto su casa, su vida y su intimidad, para filmarlos de cerca, tan próximos que la cámara de Orr se convierte en un personaje más, en un testigo privilegiado de una familia diferente, una familia donde todos aprenden diariamente, donde unos y otros aprenden a escuchar, a desarrollarse, a ser autónomos y a crecer como personas, en el que asistimos de una forma privilegiada a unos actos tan cotidianos, como los que cada uno de nosotros hacemos en nuestra vida diaria, pero que la mirada de Orr los convierte en universales, siguiendo aquella premisa que argumentaba Pavese, “Convertir la cotidianidad en universal” , Orr lo hace con su cámara y lo construye sin apenas darnos cuenta, filmando a sus personajes desde la inquietud y la curiosidad de capturar un instante, un momento fugaz de las relaciones de David y los niños, unos niños con sus continuos estados de ánimo, y de humor, con su desgana a hacer sus tareas más básicas como levantarse, vestirse o hacer los deberes, sus enfados y su alegría al jugar o ser ellos mismos, y ante ellos, David, que les habla, les escucha e intenta aprender con ellos difícil y compleja tarea de educar a los niños, donde armarse de paciencia y batallar con sus enfados y demás, se convierten en la cotidianidad diaria, y cada día más de lo mismo, donde los diferentes retos y circunstancias que aparecerán nos volverán a reflexionar y plantearnos métodos y formas de ayudarles de la mejor manera.

Pero, a pesar de las obligaciones como padre de David, aunque los niños en algún momento le llaman papá, sobre todo, los más pequeños Mia y Oro (el más inquieto y el que conlleva más trabajo por su falta de autnomía) se suelen dirigir a Niñato como David, junto a los pequeños como Luna, la mayor. (Orr nunca nos explicará porque David es padre soltero y quiénes son sus hijos y quiénes no).  A pesar de todas estas obligaciones, David no ha olvidado a Niñato (su alter ego musical) ese tipo que trabajará para convertirse en cantante de rap, aunque quizás no lo llegué a conseguir nunca, David no descansará jamás para mantener su sueño de adolescente vivo, intacto a pesar de todo, manteniendo la llama latente, porque renunciar a tus sueños es dejar de ser uno mismo para convertirse en otro. Ese otro en el que David sigue creyendo, en esa dicotomía que explica también la película, el David padre y el Niñato músico de rap, y ahí andaremos, siendo testigos de esas dos realidades de David y Niñato, quizás una más fuerte que la otra, pero ahí estaremos, escuchando sus conversaciones con su novia, y aquello que los une y separa, o las otras conversaciones con la que parece ser su hermana o una amiga, de cómo educar a los niños y las dificultades que acarrea, o la miseria laboral que trata a los seres humanos como objetos.

Orr construye una intimidad que traspasa la atmósfera de sus personajes, de la misma forma que lo hacen Frederick Wiseman o Wang Bing, desenvolviéndose por el espacio como uno más, en un trabajo de estar sin estar, de ser uno más y a la vez, invisible, tejiendo con mimo las relaciones de David/Niñato y los niños, batallando diariamente con sus conflictos cotidianos, capturando un tiempo casi real, como si se tratara de una jornada, en que el magnífico montaje de Ana Pfaff es esencial para conseguir ese tiempo cinematográfico, Pfaff se ha convertido en una de las piezas imprescindibles de este cine realizado a través de la sinceridad, la realidad, donde lo contado traspasa nuestra mirada y asistimos a un fascinante y revelador viaje doméstico, a través de un documento necesario, valiente y sensible, donde la inmensa labor de sonido de Eduardo Castro, captando todos esos sonidos cotidianos, tanto domésticos como callejeros, que acaban inundando con numerosas capas lo que estamos viendo, en el que la imagen de Orr, realizada con luz natural, se ensombrece y se vela según los espacios por los que se mueven esta peculiar familia, en un trabajo magnífico, concienzudo y conmovedor sobre la vida en la periferia, lugares donde la crisis económica ha pegado más fuerte, donde los recursos son escasos, donde cada día es una batalla, en el que la realidad y los sueños conviven como pueden, donde educar y aprender forma parte del aprendizaje diario tanto de adultos como de niños, porque nunca se sabe lo suficiente, y lo que creíamos resuelto, vuelve de otra manera, desde otro ángulo, y tenemos que volver a mirarlo de otra manera, en un continuo vuelta a empezar.


<p><a href=”https://vimeo.com/267575733″>NI&Ntilde;ATO – TRAILER OFICIAL</a> from <a href=”https://vimeo.com/margenescine”>M&aacute;rgenes</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Los desheredados, de Laura Ferrés

LA DIGNIDAD DEL QUE LO HA PERDIDO TODO.

En un momento de la película, Perre Ferrés (que debido a la crisis económica, se dedica a las despedidas de soltero para mantener a flote, a duras penas, su negocio familiar de autocares) mientras realiza un servicio, a primeras horas de la mañana, cuando ha recogido a un grupo de jóvenes en avanzado estado de embriaguez, que le insultan y le obligan a detener el vehículo para orinar, Pere enciende el motor y se va del lugar dejando tirados a sus desagradables clientes. Un instante que resume tanto los sentimientos de Pere Ferrés como el espíritu de la película, que captura esos momentos en que después de perderlo todo, lo que nunca podemos perder es nuestra dignidad, seguir hacia delante para sentirnos dignos de nosotros mismos y de nuestro trabajo, o lo que quede de él. El segundo trabajo de Laura Ferrés (Barcelona, 1989) vuelve a enmarcarse en lo social, en las dificultades para salir adelante, y en lo familiar, como ya lo hacía su primera película, A perro flaco (2014) en el que seguía los pasos de Leo (magníficamente interpretada por Mar del Hoyo) durante un fin de semana, cuando intentaba mantener su vida-dignidad ocultando a su madre sus dificultades emocionales y económicas. Si A perro flaco se movía en terrenos puramente de la ficción para describirnos una realidad cotidiana y próxima. Ahora, Ferrés se mueve dentro de esa visagra narrativa entre lo real y lo ficticio para hablarnos de su familia, y del final del camino, laboralmente hablando, de su padre, Pere Ferres de 53 años, que la crisis ha azotado con dureza y somos testigos de los últimos días de su negocio familiar de autocares.

Ferrés, en apenas 18 minutos, se mete en la piel de su progenitor capturando, mediante planos fijos, apenas diálogos, y sin luz artificial, los quehaceres de una realidad dura y amarga, donde asistimos a los últimos coletazos de un trabajo que fue pero que ya no es, y ya no será. Ferrés sitúa su película en El Prat, a las afueras de Barcelona, en la periferia tanto física como emocional, uno de esos lugares donde la crisis ha hecho más mella y ha dejado a tantas familias y tantas personas como Pere Ferrés sin su trabajo y sin una vida (como cuenta el propio Pere en uno de esos planos de frente que lo recoge a él y a su madre, mientras miran la televisión, cuando menciona que sin trabajo no tiene nada ya que las demás cosas de su vida, incluyendo las mujeres no le han ido bien). Una película que nos habla desde la cercanía de un hombre que sigue en pie a pesar de todo lo que ha perdido, que mantiene la esperanza y la dignidad para mirar más allá, para no perder lo que es y seguir creyendo en sí mismo, aunque la vida les pase por encima y cueste muchísimo seguir confiando en uno mismo y en que las cosas tengan otro rumbo y mejoren.

En algunos instantes parece que estamos ante un western crepuscular cuando la cámara testigo observa y sigue los pasos de Pere Ferrés, como un espectro vagando sin rumbo, por esos espacios del no lugar, esos caminos que se pierden hacia ningún lugar, donde se encuentra con ese pasado cuando era feliz trabajando en su autocar, o en el hangar, en el que cada vez quedan menos autocares y cada vez está más vacío, o en esa oficina donde suenan llamadas que ya nos e contestarán o la máquina de triturar papeles que se encarga de desaparecer aquellos documentos que dejaron de tener sentido. Ferrés ha construido un canto a la dignidad, desde la honestidad, la naturalidad y la sinceridad, a través de un tema que conoce en profundidad y nos regala una magnífica película que hace reflexionar y sentir que siempre hay algo de luz en los restos del naufragio, con una película de ahora, que penetra en el interior de muchos que lo han perdido todo, que ya no tienen trabajo, de aquellos invisibles que no tienen voz, de aquellos que ven con amargura y tristeza la desaparición no ya de su empleo, sino de su vida, de todos aquellos sueños que han quedado en algún lugar que ya no existe.

Pere Ferrés se erige como figura de todos esos hombres y mujeres de su generación, quizás la más perjudicada por la crisis, personas de mediana edad que tienen que empezar de nuevo y se ven con extremas dificultades para reciclarse y seguir caminando. La directora barcelonesa atrapa esa tristeza a través de las miradas y gestos de su padre, en esos espacios de no vida, que poco a poco van quedándose vacios y dejando de ser lo que eran, despojándose de su actividad para simplemente ser no lugares que ya no sabemos para que utilizar, y sobre todo, que hacer en ellos. Un equipo de grandes profesionales entre los que destaca la producción de Valérie Delpierre (productora de la maravillosa Estiu 1993, de Carla simón) la exquisita y brillante fotografía de Agnès Piqué Corbera, el sonido de Alejandro Castillo (habitual de Recha, Rosales, Isaki Lacuesta, Miñarro, entre otros) el montaje de Diana Toucedo (colaboradora de Isaki Lacuesta, entre otros) y la brillante composición de Pere Ferrés que se interpreta a sí mismo y a todos aquellos Pere Ferres que se quedaron en el camino y ahora son una mera sombra que camina, y se mantiene en pie, porque es lo único que puede hacer para resistir y seguir creyendo en sí mismo, aunque cueste la vida en ello.


<p><a href=”https://vimeo.com/216030553″>LOS DESHEREDADOS &ndash; THE DISINHERITED TRAILER</a> from <a href=”https://vimeo.com/lauraferres”>Laura Ferr&eacute;s</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Safari, de Ulrich Seidl

CAZADOR BLANCO EN EL ÁFRICA NEGRA.

El universo cinematográfico del cineasta Ulrich Seidl (Viena, 1952) se compone de dos elementos muy característicos, por un lado, tenemos su materia prima, el objeto retratado, sus conciudadanos austriacos que son filmados mientras llevan a cabo sus actividades domésticas e íntimas. Y por otro lado, la naturaleza de esas actividades que vemos en pantalla filmadas desde la más absoluta impunidad y proximidad. Seidl ha construido una filmografía punzante y crítica con el sistema de vida, no sólo de sus paisanos, sino de una Europa deshumanizada, un continente ensimismado en su imagen e identidad, que utiliza y explota a su antojo, cualquier lugar o espacio del mundo que le venga en gana, además de practicar todo tipo de actividades, a cuál más miserable, para soportar una sociedad abocada al materialismo, la individualidad y el éxito.

Su cine arrancó a principios de los noventa con títulos tan significativos como Love animal (1996) donde retrataba a una serie de personas que llevaban hasta la locura su amor por los animales, o Models (1999) que exploraba el mundo artificial y vacío del mundo de la moda y la imagen, con Import/Export (2007) se adentraba en la absurdidad de la Europa comunitaria que dejaba sin oportunidades laborables tanto a los de aquí como les de los países colindantes, con su trilogía Paraíso: Amor, Fe y Esperanza (2012) estudiaba, a través de tres películas, las distintas formas de afrontar la vida y sus consecuencias con una turista cincuentona que encontraba cariños en los brazos de los jóvenes nigerianos a la caza del blanco (trasunto reverso de Safari, donde, tantos unos como otros, andaban a la caza para paliar sus miserias), en la segunda, las consecuencias de una fe llevada hasta el extremo, y por último, una niña obesa intentaba adelgazar en un campamento para tal asunto. En su última película, En el sótano (2014) filmaba las distintas actividades que practicaban los austriacos en sus sótanos, donde daban rienda suelta a sus instintos más primarios.

En Safari, al contrario que sucedía en Love animal, aquí los austriacos viajan a África para matar animales, también los aman, según explican, pero de otra forma, un amor que los lleva a querer matarlos, por todo lo que ello les provoca como una forma de poseerlos. Seidl filma a sus criaturas caminando sigilosamente por la sábana en busca y caza los animales que quieren abatir, mientras escuchamos sus diálogos, entre susurros. También, captura a sus cazadores (en sus característicos “Tableaux Vivants”) rodeados de los animales disecados, mientras hablan sobre las características de sus armas, la excitación que les produce matar a un animal u otro y los motivos de su cacería, justificándola y aceptándola como algo natural en sus vidas y en la sociedad en la que viven, secuencias que Seidl mezcla con planos fijos de los empelados negros que trabajan para el disfrute de los turistas blancos, aunque a estos no los escuchamos, y finalmente, el cineasta austríaco nos muestra el traslado del animal muerto (que suele tratarse de caza mayor como impalas, cebras, ñus… ) y posterior descuartizamientos de los animales por parte de los negros, sin música, sin diálogos, sólo el ruido de los diferentes utensilios que son empleados para realizar la actividad, recuperando, en cierta medida, el espíritu de Le sang des bêtes, de Georges Franju.

Seidl se mantiene en esa distancia de observador, no toma partido, filma a sus personas/personaje de manera sencilla, retratando sus vacaciones y escuchándolos, sin caer en ninguna posición moral, función que deja a gusto del espectador, que sea él quién los juzgue. Seidl construye relatos incisivos, críticos y provocadores, sobre una sociedad que todo lo vale si tienes dinero, que el colonialismo sigue tan vivo como lo fue, pero transformando en otra cosa, explotando al que no tiene porque el que puede no lo permite. El cineasta austriaco investiga las miserias humanas y su tremenda complejidad, y lo hace de forma incisiva, mostrando aquello que nadie quiere ver, aquello que duele, que te provoca un posicionamiento moral, lo que se esconde bajo la alfombra, lo que todos saben que está mal que exista, pero nadie hace nada y mira hacia otro lado, un lado más amable, aunque sea falso.

Entrevista a Elena López Riera

Entrevista a Elena López Riera, directora de “Las vísceras”. El encuentro tuvo lugar el viernes 18 de noviembre de 2016 en el Teatre CCCB durante el marco de la XXIII l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de  Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elena López Riera, por su generosidad, sabiduría y tiempo, a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.

Entrevista a Belén Funes

Entrevista a Belén Funes, directora de “Sara a la fuga”. El encuentro tuvo lugar el jueves 22 de septiembre de 2016 en la sede de Miss Wasabi Films en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Belén Fundes, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Pablo Menéndez de Marvin&Wayne Short Film Distribution, por su amabilidad, paciencia y cariño, y a Carla Sospedra (Productora de la película), por su generosidad y cariño, y tener el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.