Entrevista a Ariadna Cabrol, Yanet García, Coral González y Elvira Herrería

Entrevista a Ariadna Cabrol, Yanet García, Coral González y Elvira Herrería, actrices de la película “Bellezonismo”, dirigida por Jordi Arencón, en el Hotel Fairmont Rey Juan Carlos I en Barcelona, el lunes 8 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ariadna Cabrol, Yanet García, Coral González y Elvira Herrería, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Jordi Arencón

Entrevista a Jordi Arencón, director de la película “Bellezonismo”, en el Hotel Fairmont Rey Juan Carlos I en Barcelona, el lunes 8 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jordi Arencón, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Victor Kossakovsky

Entrevista a Victor Kossakovsky, director de la película “Aquarela”, en el marco del DocsBarcelona, en la sede de Antaviana Films en Barcelona, el martes 14 de mayo de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Victor Kossakovsky, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mercè Amat, por su fantástica labor como traductora, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

City For Sale, de Laura Álvarez

RESISTIR FRENTE EL MONSTRUO.

“Un turismo que no toma en cuenta a la comunidad, genera grandes sacrificios en el orden moral, espiritual y material en los integrantes de la comunidad en que se instala”.

Laura E. Anguiano

Algunos expertos en la cuestión definen al turismo masificado como “La enfermedad el siglo XXI para las ciudades y sus ciudadanos”. Una epidemia que está arrasando la vida y las vidas de las ciudades, porque aparte de la masificación en los centros de las ciudades por cantidades ingentes de turistas, se suma algo mucho más grave, la acumulación de hoteles y pisos turísticos para albergar a tanto visitante, que lleva consigo la expulsión de los vecinos de toda la vida, acosados por los propietarios para echarlos y construir sus edificios para turistas que les harán subirse al carro de los pelotazos económicos, y aún hay más, la desaparición de los comercios de la zona, sustituidos por un comercio turístico construido por y para ese visitante de usar y tirar. Situación que lleva a una ciudad parque temático que entierra toda identidad y belleza de su patrimonio histórico y su verdadera idiosincrasia. Ciudades sin vida, vacías, llenas de gente de todos los colores, eso sí, con dinero, que invaden y transforman todo aquello que ven, escuchan y tocan.

La puesta de largo de Laura Álvarez (Barcelona, 1985) periodista de formación televisiva, se adentra en todas las consecuencias de este turismo invasivo y masificado de Barcelona, pero no lo hace desde las instituciones, escuchando las reflexiones de expertos en la materia ni disparándonos cifras por doquier, sino que lo hace desde lo íntimo y personal de aquellos vecinos que lo han sufrido, lo sufren y lo sufrirán, entrando en las vidas y los hogares de estas personas que de forma anónima y asociativa resisten frente al monstruo del turismo de masas, y el impacto demoledor que sufre una ciudad de poco más de 1’6 millones de habitantes que suele recibir unos 30 millones de turistas anuales. Álvarez nos muestra cuatro formas de lucha y resistencia, cuatro vidas que se han convertido en existencias difíciles bajo la presión de los propietarios de viviendas que harán lo imposible para expulsarlos y así tener ese espacio para el turista, convertido en un nuevo producto de riqueza brutal.

Conoceremos de primera mano los casos de Montse y Joan, un matrimonio de vecinos inquilinos de renta antigua del barrio Gótico que sufren moobing inmobiliario, en la que nos mostrarán las barbaridades del propietario con obras interminables, polvo, suciedad y agua con el fin de cansarlos y que se vayan por su propio pie como han hecho el resto de los vecinos de la finca.  El caso de Mai y Pepi, hija y madre de la Barceloneta, antiguo barrio de pescadores, ahora convertido en ese turismo de fiesta y borrachera constante, que nos hablarán de la pérdida de identidad del barrio y los cambios salvajes de subida del precio de la vivienda y el deterioro del barrio en pos al comercio turístico, y la invasión de su playa, pero no se rinden porque se asocian con los demás afectados y se movilizan con protestas.  El caso surrealista, de película de Berlanga, que vive Jordi, un jubilado que resistió en su piso pese al moobing, y ahora vive en un hotel, rodeado de apartamentos turísticos, pero él sigue en la batalla comprometido en la lucha vecinas a través de la asociación que ayuda a los casos de moobing que van llegando. Y finalmente, el caso de Carolina que es propietaria de vivienda en el barrio de Santa Caterina, en pleno centro, y debido al turismo ruidoso y masificado tiene que irse a un barrio más alejado porque su trabajo necesita paz y tranquilidad.

La cineasta barcelonesa filma a sus personajes de forma observadora e íntima, apoyándose en un guión medido y sincero escrito al alimón con Laia Manresa (colaboradora de Joaquim Jordà y codirectora de Morir de día, sobre la entrada de la heroína en la Barcelona de los 80, entre otros trabajos) que se sumerge con precisión y paciencia en el fondo de los casos, explorando todas las cuestiones del problema desde la veracidad y la consecuencia de los hechos, ofreciendo la palabra a los afectados, creando ese espacio de intimidad entre la cineasta y la persona que muestra su vida y su conflicto, hablándonos no de esa Barcelona que nos venden con cifras y palmadas condescendientes, sino de aquella otra, desde otra perspectiva más real, más cruda y oscura, como ya lo hicieron el citado Jordà en su monumento implacable que fue De nens (2003) en el que ya estaba Laia Manresa, que emergía sin titubeos el caso de pedofilia más vergonzoso de la ciudad, o En construcción (2001) de Guerín, que ya nos hablaba de la transformación del barrio emblemático del barrio chino desde la mirada de sus vecinos, a los que habría que añadir los más recientes de Ciutat morta, de Xavier Artigas y Xapo Ortega, que nos hablaba de uno de los casos de corrupción policial e institucional de la ciudad, o Alcaldessa, de Pau Faus y Metamorphosis, de Manuel Pérez, que desde puntos de vista diferentes se sumergían en formas de entender la política desde los barrios y para las personas.

Álvarez habla del tabú del turismo desde lo íntimo y personal, en una obra necesaria, de denuncia, de guerrilla y política, desenterrando la realidad de un conflicto que parece no importar a las instituciones, filmando una ciudad deshumanizada que está en venta, toda ella, incluso sus habitantes que parecen sobrar de sus edificios, dando voz a aquellos que sufren esa venta en sus vidas diariamente, desde un punto de vista crítico y humanista, explicándonos sus causas y sus consecuencias de frente y sin sentimentalismos, sino de forma austera y magnífica, en una ciudad, que al igual que otras grandes capitales de Europa, debe empezar a trabajar para concienciar sobre ese tipo de turismo salvaje, consumista y sangrante para las ciudades y sus ciudadanos, en pos de un turismo más tranquilo, consumidor y sobre todo, conciliador con los espacios que visita y empático social con las personas que viven en ese entorno, un espacio que debería ser común, social y humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/272171970″>CITY FOR SALE – Tr&aacute;iler [ESP SUB]</a> from <a href=”https://vimeo.com/cityforsalefilm”>cityforsalefilm</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Van Gogh, a las puertas de la eternidad, de Julian Schnabel

EL ARTISTA INCOMPRENDIDO.

“Dibujar es luchar por atravesar un invisible muro de hierro que parece alzarse entre lo que sientes y lo que eres capaz de hacer”.

Vincent van Gogh (1853-1890)

En el cine habíamos visto a Vincent van Gogh (1853-1890) a través de la mirada de Kirk Douglas en El loco del pelo rojo (1956) de Vincent Minnelli, en la piel de Martin Scorsese en Sueños (1990) de Akira Kurosawa, en la pasión de Tim Roth en Vincent & Theo (1990) de Robert Altman, en la energía de Jacques Dutronc en Van Gogh (1991) de Maurice Pialat, y más recientemente, en la fantasía visual de Loving Vincent. Todas ellas aproximaciones, revisiones, ficciones y retratos sobre el hombre detrás del pintor, sumergiéndonos en una alma inquieta, llena de vida, de pasión, de energía, de inmensidad, de una grandísima y obsesiva capacidad de trabajo, en que la creación artística emanaba sin control, sin pausa, a ritmo acelerado, sin descanso, donde pintar, vivir, soñar, sufrir y sentir era todo uno, indisoluble al pintor, al hombre y a sus pinturas. Ahora, nos llega una nueva aproximación a la figura del insigne pintor postimpresionista, al hombre y al pintor, y sobre todo, a su trabajo, sus métodos de trabajo, de sentir, de mirar, de explorar la naturaleza, de evocar su alma en cada gesto, cada pincelada, cada figura de sus cuadros, cada objeto, y cada mirada tan cercana y tan alejada a la vez, donde todo está por explorar y todo está por descubrir.

El pintor Julian Schnabel (Nueva York, EE.UU., 1951) lleva desde los setenta trabajando y ha sido expuesto en los museos y galerías más importantes del mundo, dio el salto a la dirección de los largometrajes en 1996 con Basquiat, en la que rescataba la figura del pintor de graffiti y expresionismo abstracto apadrinado por Andy Warhol que falleció prematuramente con 27 años. Cuatro después volvería a dirigir con Antes que anochezca, en la que volvía a acercarse al retrato con la figura del poeta y escritor cubano Reinaldo Arenas, desde su infancia hasta su exilio estadounidense, que fue interpretado por un magistral Javier Bardem. Su tercera película La escafandra y la mariposa (2007), dejaba momentáneamente a los artistas, para centrarse en la persona de Jean Dominique Bauby, redactor jefe de la revista Elle, que tras sufrir un accidente quedaba postrado en una cama en la que sólo se comunica con el movimiento del párpado izquierdo.

Tres retratos, a la que ahora se añade el de Van Gogh. Cuatro figuras, cuatro almas perdidas, sin lugar, sin nombre, incomprendidos, apartados de una sociedad con sus leyes racionales y establecidas de siglos venideros. Cuatro inadaptados, cuatro seres geniales, pero sin sitio, abocados a la deriva de huir y escapar, marcharse a su mundo, a sus espacios, a escucharse el alma, a sentir su libertad, a volver a sentir. Schnabel dibuja una figura atormentada, que se ahoga en la ciudad, que no entiende el ritmo y el arte de sus colegas, que huye a los pueblos, al campo, a la naturaleza, donde se siente él mismo, donde esta con su ser, y da rienda suelta a todo su arte, a su forma de mirar, diferente a todos, alejada de las corrientes artísticas del momento, del academicismo, de lo establecido, un arte libre de ataduras, en consonancia con la naturaleza, con la mirada, con su alma, y movido por los sentidos más profundos de su ser.

El director, junto a sus guionistas Jean-Claude Carriére, eminencia en esto de los guiones, y Louise Kugelberg (que también edita la película) huyen del biopic convencional, para centrarse en los últimos cuatros años de la vida del pintor, desde 1886 hasta su trágica y misteriosa muertes de 1890, pero no lo hacen de manera lineal, sino de forma desestructurada, que es una seña de identidad en el cine de Schnabel, donde lo importante es sentir y seguir al personaje por sus espacios, caminaremos con él, acarreando sus bártulos de pintura, recorriendo caminos, campos de trigo, montañas, calles empedradas, habitaciones de mala muerte, cafés ruidosos, lúgubres estancias de asilos para dementes, y gentes amables y despiadadas, de pueblos de finales del XIX por el sur de Francia, como Arlés, el asilo de Saint-Remy o Auvers-Sur-Oise, espacios que vieron el trabajo febril y agotador del pintor, una especie de caballero errante como el que vimos en El séptimo sello.

Van Gogh es una alma solitaria, rota y completamente incomprendida, que pintaba y pintaba, que sólo vivía para pintar y dibujar su mundo, ese entorno natural lleno de vida, de sorpresas, de descubrimientos y accidentes múltiples y constantes, de infinidad de texturas, de luces y colores, en que la película se sumerge en el alma de Van Gogh, tejiendo una explosión de vitalidad, de amor a la pintura, a la arte, explorando los entresijos de procesos creativos, su íntima relación con el pintor Paul Gauguin, las visitas de su hermano Theo que lo mantenía y lo cuidaba, sus ingresos en los hospitales después del suceso con la oreja que se cortó, y sus reflexiones, preocupaciones y demás emociones de alguien que vio más allá, que se adelantó a su tiempo, que creyó en una forma de pintar diferente, libre y pasional, que a pesar de su corta trayectoria, apenas 17 años, dejó más de 800 pinturas y 1200 dibujos, todo un arsenal apabullante que deja constancia de su forma de pintar y sus métodos espontáneos, al momento y totalmente creativos.

Schnabel ha construido una película muy orgánica, que se respira y se siente a cada momento, a la que contribuye esa cámara íntima y movida, con esa luz brillante y cegadora de los exteriores, que contrasta con esa siniestra y oscura de los espacios cerrados, un gran trabajo de Benoît Delhomme (colaborador de Tran Anh Hung y Tsai Ming Liang, entre otros). Y qué decir de la maravillosa interpretación de Willem Dafoe, casi 30 años más que Van Gogh, pero que acaba siendo una mera anécdota, porque logra enfundarse en la piel del pintor, del hombre y el entorno, donde sentimos a través de detalles, gestos y miradas todo aquello que bullía sin cesar en el alma del inmenso pintor, bien acompañado por Oscar Isaac que da vida a Gauguin, Rupert Friend a su hermano Theo, Emmanuelle Seigner y Amira Casar dan vida a Madame Guinoux y su cuñada, rescpectivamente, y Mads Mikkelsen dando vida a un pastor que mantiene con Van Gogh una conversación sobre el espíritu y nuestro lugar y misión en el mundo, que el propio pintor se asemeja a Jesucristo en su lado más humano e incomprendido. Schabel ha construido un retrato sensorial, humanista e íntimo de Van Gogh, donde hace una invitación a descubrir su alma desde lo más profundo, dejándonos llevar por su creación y sus pinturas, nada más, viajando hasta lo más bello y aterrador de los procesos creativos.

 

 

Romance en Tokio, de Stefan Liberski

100X70_ROMANCE_TOKIO-01AMÉLIE EN EL PAIS DEL SOL NACIENTE.

“Tout ce que l’on aime devient fiction”

(Todo lo que uno ama se vuelve ficción)

Amélie Nothom

Amélie es belga y tiene 20 años. Nació y estuvo hasta los cinco años en Tokio. Ahora vuelve, fascinada por su cultura y con la intención de empaparse de todo lo que le ofrezca ese país. Pone un anuncio para dar clases de francés y conoce a Rinri, un joven de su misma edad, de familia burguesa y amante de la cultura francesa, y además, está deseando convertirse en su alumno. Se caen bien, quedan y les encanta pasar tiempo juntos hasta que se enamoran y comienzan una relación.

El director Stefan Liberski (1951, Bruselas), graduado en filosofía y literatura, y con experiencia de becario de Fellini, acomete su tercera película (basada en la novela Ni de Eva ni de Adán, de la hipnótica y fascinante Amélie Nothomb), en la que se adentra en una fábula moderna, con una estructura de cuento tradicional, en la que una joven apasionada, espontánea y aventurera se enfrenta a un país diferente al que dejó, en el que tendrá que lidiar con el choque cultural, las diferentes costumbres, el peculiar sentido del humor japonés, y sobre todo, tendrá de dirimir diferencias consigo misma, con sus miedos, contradicciones, ilusiones y demás derivas emocionales. Liberski ha fabricado una película sencilla, directa y mágica, pero también oscura y brumosa, como algunos de los ambientes por los que se mueve nuestra heroína. El relato rezuma vitalidad y sensibilidad, recorre las calles de la inmensa urbe de Tokio a modo de documental, capturando cada rincón, cada mirada, la descubrimos a través de los inquietos ojos de Amélie, su mirada será la que nos muestre ese país lleno de contrastes: por un lado, el respeto hacia los ancestros y las costumbres que conllevan rituales milenarios contrastan con problemas de la modernidad capitalista como los maratonianos horarios laborales y esa obsesión hacía el juego. Pero la piedra angular del relato, reside en la historia de amor romántica y pasional que tienen Amélie y Rinri, que descubre en la joven una sensualidad y sexualidad a través de una belleza que desconocía, y sobre todo, la conduce a un proceso de tránsito, de madurez , en el que abandonará el recuerdo de la infancia en Tokio para introducirse en la difícil existencia de la vida adulta con sus soledades, desilusiones, dudas y otros sentimientos.

TOKYO FIANCEE 10

Resulta sumamente revelador, cuando en un momento de la película, Amélie le confiesa a Christine, una amiga belga que reside en Tokio, que ser japonesa es difícil, a lo que la amiga le responde afirmativamente. Situación que perseguirá a Amélie durante todo el metraje, esa sensación de no saber quién eres ni a donde perteneces. La película también juega y muy sabiamente con el humor negro y ácido que alivia ligeramente los momentos difíciles por los que atraviesa la joven protagonista. Es de agradecer la ligereza con la que Liberski cuenta su película, pero que encierra las emociones más profundas, con ese aire poético que impregna toda narración, como cuando nos envuelve entre las brumas del bosque del monte Fuji por el que camina Amélie, ese acento tenebroso que el realizador belga impone a ese instante, que ayuda a descubrir el sentido interior que está viviendo la joven, y también las aguas termales de la isla de Onsen, donde la película desprende sensualidad y serenidad. Otro de los grandes aciertos, es la química que desprenden la pareja protagonista, que componen de forma sincera unos personajes que parecen distantes por momentos, y en otros, muy cercanos, destacando la vitalidad y complejidad de la interpretación de la joven Pauline Étienne (vista en las interesantes La religiosa y Eden). La frialdad e independencia del japonés enfrentada a la sinceridad y espontaneidad de la belga ayuda a conocer la naturaleza de un relato que pretende contarnos eso tan complicado que nos pasa en nuestras vidas, en el instante que dejamos de soñar con el niño que fuimos para convertirnos en el adulto que queremos ser, sin miedos y con la suficientemente valentía para afrontar los retos emocionales y profesionales que nos encontraremos por el camino de nuestras vidas.

Tots els camins de Déu, de Gemma Ferraté

Todos_los_caminos_de_Dios-909685323-largeEL AZOTE DE LA CULPA.

“Després de traïr al seu millor amic per trenta monedes de plata, Judes va voler tornar la recompensa i entregar-se enlloc de Jesús. Els clergues i els liders no ho van permetre. Llavors va fugir , i es va penjar”

(Mateu, 27:3-5)

Al amanecer, en una playa con el mar violento y amenazador, camina derrotado y a golpes, un joven que mira hacia el mar con rabia y frustración, se arrodilla y recoge treinta monedas de plata esparcidas por la arena. Se levanta con dificultad y emprende su camino, sin rumbo fijo, moviéndose entre penumbras, como el deambular de un fantasma. La primera película de Gemma Ferraté (1983, Barcelona) – que, despuntó con la obra colectiva Puzzled Love (2011), presentada en el Festival de San Sebastián, y la pieza Limón y chocolate (2013), trabajo de final de carrera en la ESCAC- es una obra arriesgada, sumamente libre y profunda, nacida de su empeño personal y el riesgo del colectivo Niu d’Indi (los responsables de la fascinante y brutal El llarg camí per tornar a casa, de Sergi Pérez) que, gracias a la colaboración de todo el equipo y mediante el crowfunding, consiguieron levantar una producción modesta y sencilla, pero de planteamientos artísticos personales y ambiciosos.

La realizadora imagina los tres días siguientes de un personaje icónico de la historia de la humanidad, Judas Escariote, después de traicionar a Jesús. Tres jornadas en las que la culpa lo avasallará sin medida, en el que se moverá por inercia, sin humanidad, sin consuelo, corrompido por la acción que ha hecho, herido en el alma, sin escapatoria de sí mismo, encerrado en la inmensidad de un bosque frondoso que lo atrapa como a un condenado. Ferraté ha planteado una película honesta y visual, sobre el alma de su personaje moribundo azotado por el dolor y la culpa, lo que hierve en su interior, como arrastra una acción que le produce un dolor sangrante difícil de asumir y superar. Un animal herido y perdido que viaja hacia el abismo. En su itinerario se cruzará con otro joven que lo acompañará, alguien en quien reflejarse, alguien con quien arrastrar y compartir su pena, alguien que le escuche o pueda sentir su aliento, o que simplemente camine a su lado. La cámara los sigue imperturbable, los escruta sin descanso, agobiándoles, sintiéndolos, y siendo su sombra, esa oscuridad que los atraviesa y los juzga sin tregua, muy al estilo de Béla Tarr, Gus Van Sant, y el Tropical malady, de Weerasethakul.

TECDD-Rodaje-2

El bosque actúa como un paisaje encerrado, sin escapatoria, un espacio en el que no vemos lo de fuera, nos atrapa, y nos envuelve en su madeja de locura y culpa. Ferraté nos sumerge en un espacio onírico, de sueño, donde seguimos el caminar de esta alma perdida, sin consuelo, acercándonos de modo significativo a su alma arrepentida, que grita desesperanzada un aliento de redención y salvación. Escuchamos la naturaleza, el crujir de las plantas, el deslizamiento de la hierba, el sonido del agua (bellísima y catalizadora la secuencia del baño, donde la comunión entre naturaleza y hombre, emerge manifestando el amor y la amistad que acaba fundiéndose en uno sólo, en unos encuadres de profunda plasticidad y montaje enérgico). Una obra de ínfimos diálogos, construida a través de los silencios y las miradas que llenan toda la pantalla. Una obra breve y concisa (70 minutos), llena de aristas emocionales, de este descenso a los infernos, en las que la culpa y el dolor se mostrarán en toda su negrura y oscuridad, en la que seremos testigos de una alma perdida y rota, sin más consuelo que su sombra desdibujada y corrupta, que clama al cielo redimirse de su mortal error.


<p><a href=”https://vimeo.com/62424476″>Tots els camins de D&eacute;u [All the ways of God] – Film Trailer</a> from <a href=”https://vimeo.com/niudindi”>Niu d’Indi</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>