Entrevista a Fredrik Gertten

Entrevista a Fredrik Gertten, director de la película “Push”. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en el Hotel Evenia Rosselló en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Fredrik Gertten, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Jeny Montagut de DocsBarcelona, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Push, de Fredrick Gertten

LAS CIUDADES VACÍAS.

“Si la gente no puede vivir en ellas, ¿para quién son las ciudades?”.

En los últimos tiempos el efecto de la globalización del planeta ha cambiado nuestras formas de vida radicalmente. En algunos aspectos estos cambios que ha sufrido nuestra vida diaria como el abaratamiento del transporte de personas, el acceso a nuevas formas laborales, entre otros, han servido para avanzar y crecer tanto como personas como en nuestras relaciones con los otros y el entorno. En cambio, otros cambios han sido para mal, entre otros, como las nuevas condiciones laborales que han aumentado la precariedad y la competitividad, y la vivienda, registrada como derecho en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hoy día, se ha convertido en un artículo de lujo en los barrios populares y obreros, situación que provoca la marcha de los ciudadanos de siempre que no pueden asumir los elevadísimos costes de los hogares, todo provocado por multinacionales de fondos de inversión y pensiones dedicadas a la especulación inmobiliaria con la complicidad de los gobiernos y las triquiñuelas legales al servicio de un negocio catastrofista que hace enriquecer a una minoría y perjudica miserablemente a la gran mayoría.

El prestigioso cineasta Fredrik Gertten (Malmö, Suecia, 1956) experto en imbuirse en temas sociales muy candentes en el que siempre se pone de parte del más desfavorecido como hizo en El socialista, el arquitecto y la torre girada (2005) en la que reflexionaba sobre las relaciones difíciles entre el gobierno sueco y la arquitectura, en Bananas¡ (2009) en la que destapaba los abusos de la multinacional Dole Food Company contra los agricultores nicaragüenses, y su posterior secuela Big Boys gone Bananas¡ (2011) en la que seguía el proceso judicial de la citada multinacional contra él mismo. En Bicicletas vs coches (2015) ponía el dedo en la llaga en las complejas relaciones entre los ciclistas urbanos y los automóviles. Ahora, y de la mano de Leilani Farha, la relatora especial en vivienda de la ONU, abre una ventana para centrarse en este fenómeno de la vivienda donde multinacionales como Blackstone utilizan la vivienda como una mera mercancía para especular sobre su precio y expulsar a los vecinos de toda la vida de las ciudades con precios muy abusivos.

Visitaremos ciudades como Toronto, Berlín, Estocolmo, Seúl,  Londres, Nueva York  o Barcelona, en la que Farha se encontrará con la alcaldesa de Barcelona  Ada  Colau,   la  reputada socióloga  Saskia Sassen, el economista Joseph Stiglitz o el periodista italiano autor de  Gomorra  Roberto Saviano, fuerzas públicas y personalidades que conocen de primera mano el conflicto que está expulsando a los vecinos de sus casas. Gertten utiliza un lenguaje claro y conciso para hablarnos de un problema complejo y lleno de vacíos legales que usan las empresas especuladoras para reventar el negocio de la vivienda y embolsarse espectaculares dividendos económicos. Al igual que la disputa de David contra Goliat, Leilana Farha se tropieza con grandes obstáculos para verse con los responsables de estos consorcios económicos que usan la vivienda como un mero negocio, con prácticas inhumanas, amorales y salvajes con el fin de ganar dinero.

Farha sabe que su reivindicación es una lucha constante, muy difícil y paciente para conseguir un poco, un resquicio de luz hay que trabajar mucho, llamar a muchas puertas, verse con multitud de gentes, muchos de ellos afectados que relatan su problema, como la torre social donde vivían gentes con pocos recursos que se calcinó y dejó unos setenta fallecidos, muchos más heridos y en la estacada a cientos de personas que perdieron su hogar, y otras situaciones como esos otros canadienses que realizan una huelga del alquiler, para reivindicar unos precios sociales y asequibles y todo el acoso sufrido por parte de los propietarios. Gertten construye una película que es más que eso, constituyéndose en un reflejo despiadado actual de hacia ese lugar sombrío y oscuro donde están yendo nuestras ciudades, tanto en su estructura humana, económica y social, convirtiéndolas en meros escaparates especuladores donde dinero de dudosa procedencia, como advierte Saviano, están comprándolas y llenándolas de enriquecidos holdings inmobiliarios para adinerados y turistas, en detrimento de tantas personas que necesitan un lugar para vivir.

El cineasta sueco no es ajeno a la complicidad del problema que tiene entre manos y consigue hacer una película clara y de frente, sin vericuetos narrativos ni formales, una road movie sobre el conflicto urbano serio y magnífico, siguiendo el periplo viajero de Leilani Farha que visita barrios obreros de todo tipo de cuatro continentes distintos, haciendo hincapié a las ciudades más cosmopolitas e importantes de un lado y al otro lado del charco para explicarnos los problemas in situ, escuchando a todos aquellos que lo sufren diariamente, y ofreciéndoles el protagonismo que quizás los medios ocultan o no les dan el tiempo suficiente que necesitarían para profundizar en la problemática. Un relato contundente y brutal sobre esa económica psicótica y terrorífica que nunca tiene suficiente, a partir de la denuncia seria y apabullante, dándole voz a todos los afectados, a los especuladores sin escrúpulos y sobre todo, y esto es digno de admirar, donde la película no cae en la condescendencia ni el catastrofismo, y mucho menos en el derrotismo, abriendo nuevos caminos para cooperativizar, empujando todos a una, como nos viene a decir el necesario y extraordinario titulo de la película, encarando los problemas con los responsables de esas ciudades, reuniéndose, compartiendo conflictos y generando soluciones para luchar contra tanta maldad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Time Trial, de Finlay Pretsell

LA CARRERA DEL ADIÓS.

“El tópico de que sientes como si volaras y la libertad. Creo que para los profesionales se acaba convirtiendo en una carga. Tienes que liberarte. Es el orden natural, ¿no? Al final eres eliminado”.

David Millar.

Un breve prólogo nos informa de la incipiente y exitosa carrera del ciclista británico David Millar, ganador de varias etapas del Tour, del Giro o la vuelta, incluso campeón del mundo en contrarreloj en 2003. Poco tiempo después, estalló su dopaje y fue expulsado del ciclismo un par de años. David volvió a competir, incluso se preparó para participar en el decimotercer Tour de Francia, su gran sueño y la causa por la que se convirtió en ciclista, correr la ronda francesa. El cineasta Finlay Pretsell, que fue ciclista, y ha desarrollado una carrera como productor y director en la que habla de ciclismo, recorre con su cámara la intimidad de David Millar mientras compite en las diferentes carreras para poder competir en su ansiado último Tour. Millar es un corredor de 37 años, cansado y con sus últimos cartuchos, alguien que lo fue todo, que cayó en el abismo y ahora ha vuelto para retirarse con su carrera preferida, pero para eso tiene que entrenar duro y demostrar que es válido para competir a alto nivel.

Pretsell sigue a su ciclista en plena carrera, mostrando el terrible sufrimiento que padece, las dificultades en carreras difíciles, con grandes subidas en altos de montaña, luchar contra la lluvia en la célebre carrera Milán-San Remo, y los descansos en el hotel, donde Millar y su colega de dormitorio, reflexionan sobre la dureza de su deporte, los sinsabores y la cara oscura de dedicarse al ciclismo, una competición que se basa en el duro entrenamiento para seguir competiendo y sobre todo, seguir sufriendo cientos de kilómetros en cada carrera para participar y acabarla, que en muchos casos, es el verdadero objetivo. La película muestra a un deportista en su final, en el ocaso de su carrera, luchando contra el tiempo, contra aquel que fue, dando pasos de ciego para cumplir un último sueño, una última oportunidad de participar en su carrera soñada, el último caramelo que le permite su despedida del circuito profesional, despedirse con dignidad.

Un canto a todos aquellos que el ciclismo ha dado y quitado, a todos aquellos que se redimen después de tocar fondo, de convertirse en un apestado, en alguien que engaño para conquistar títulos y carreras, una última carrera para demostrar a todos, profesionales y aficionados, y sobre todo, a él mismo, que puede limpiar su imagen, creer en sí mismo y sentirse como deportista de élite una vez más, un instante más, sintiendo el sudor recorriendo su cuerpo, sintiendo el esfuerzo máximo para conseguir llegar a esa cima, batallar contra la lluvia y las imperfecciones del trazado, sentir todos esos deseos e ilusiones, esa pasión primeriza cuanto todo estaba por venir y hacer, que recorría la mente y las piernas y lo dejaban a uno sin aliento, sin fuerzas y completamente exhausto, sin poder moverse después del tremendo, y luego, unas horas de descanso y sueño, y al día siguiente vuelta a empezar y enfrentarse con todos los elementos y con uno mismo otra vez, y así todos los días.

La película se estructura a través de esas carreras en las que tiene que competir David Millar para que confíen en su valía para participar en su último Tour de Francia, su despedida y carrera por excelencia, su diario reflexivo y sincero nos sigue mientras lo vemos en plena carretera luchando contra todo y todos, y con él mismo. El camino redentor que explica la película nos filma a alguien arrepentido, alguien también cansado de hablar del tema del dopaje, alguien casi ausente ya del universo del ciclismo, alguien que necesita descansar, alguien que lo fue todo y ahora, simplemente, es uno más, un ciclista más que trabaja para acabar la carrera, sin más, cueste lo que cueste, porque a veces lo más importante para alguien que ha vivido en el fango cuando lo ha sido todo, es acabar la última carrera, colgar la bicicleta, despedirse de todos, los allegados, los íntimos, y los enemigos deportivos y sentarse a mirar la vida, sin más, sin más sueño e ilusión que descansar y recordar, tanto lo bueno como lo malo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Silvana, de Mika Gustafson, Olivia Kastebring y Christina Tsiobanelis

FEMINISMO A RITMO DE RAP.

“Siempre me decían que algo fallaba en mí, pero yo sabía que no era cierto”.

La película se abre de una forma clara y sencilla, cuando vemos a Silvana Imam (una cantante de rap feminista y homosexual, que canta contra toda forma de opresión) en su vuelta a la tierra de su infancia, Lituania, y accede al interior de una iglesia ortodoxa, y mantiene una leve conversación con uno de sus sacerdotes, que escucharemos en off, charla que dejará presente la diferencia y el conflicto existentes entre lo que canta Silvana y la postura de la iglesia en cuestión. Dos mundos diferentes, uno, el de Silvana que ama y canta a favor de lo diferente y el humanismo, y en cambio, el otro, el de la iglesia, que oprime, que habla de amor, cuando divide y mantiene las fronteras entre los que ellos aceptan, y los que no. Después de este breve prólogo, las tres directoras Mika Gustafson (1988) Olivia Kastebrin (1987) y Christina Tsiobanelis (1987) que debutan en el largo con Silvana, donde retratan durante un par de años, a modo de diario personal, a una joven de padre sirio y madre lituana, que a mediados de los 90, aterrizaron en Suecia, y su trayectoria desde el anonimato del arte underground a convertirse en un icono contemporáneo, a través de las letras inconformistas, políticas y de lucha contra toda forma de opresión contra aquello diferente o que simplemente, no encaja en el modelo de sociedad convencional.

Silvana que siempre ha tenido que esconder su condición sexual, y se ha trabajado todo lo que es, trabajando cada día desde lo más profundo, no es alguien que se calle ante las injusticias, alguien que sigue firme ante lo convencional, el fascismo y aquello ancestral que no respeta al otro por ser diferente. Una mujer de pie y con el puño en alto, que se define como lesbiana, feminista y antirracista, y utiliza su música rapera para protestar contra lo establecido, contra lo que oprime, contra todo estado, grupo o persona que atenta contra colectivos que luchan porque se respete su condición sexual o su manera de vivir, por muy diferente que sea con lo estándar. Las tres cineastas construyen una película de aquí y ahora, recogiendo de forma natural y honesta todo lo que pasa por su cámara, en un documental que nos abre una ventana dignísima y veraz, recogiendo con ojo avizor todo aquello que ocurre en la juventud sueca, en sus referentes musicales, y en esa protesta política e inconformista de muchos jóvenes de los países escandinavos, cada día acusados y maleados por ser como son.

Además, la crónica de estos dos años, recoge y filma con absoluta libertad y naturalidad, diversos aspectos de la vida de Silvana, desde sus reflexiones más íntimas, que tienen que ver con su condición y carácter, sus orígenes familiares, a través de la relación de sus padres y de videos caseros filmados cuando la cantante apenas tenía 7 años de edad, sus momentos de composición musical, sus conciertos, en las que incluye performances espectaculares y llenas de fuerza y valentía, la relación sentimental con otro ídolo de masas como Beatrice Eli, cantante de pop feminista y lesbiana. Una relación de amor que huye de todos los estereotipos sociales y convenciones para mostrar un amor de respeto, libre y muy vivo. Finalmente, la película explora otro aspecto muy importante en la vida de Silvana, su relación con el éxito fulgurante, en el que la exposición de su vida pública y sobre todo, la Silvana convertida en referente ensombreciendo su personalidad, todos aspectos que también una joven tiene que lidiar para no morir de éxito, y dejar de luchar por todo aquello en lo que había creído y peleado.

Gustafson, Kastebring y Tsiobanelis han creado una película llena de fuerza, y con un ritmo trepidante y vapuleador, como una canción de rap que canta Silvana, en que la película vive y respira al son de la artista, siguiéndola y entrando en su vida y en su alma, desde la espontaneidad y la honestidad hacia todo aquello que está filmando, y el respecto a una mujer libre y de carácter, que lanza al mundo, a través de las letras de sus canciones, proclamas que claman a favor de la igualdad, el respecto y la diferencia, como único camino hacia un mundo más justo, más igualitario y lleno de amor. Silvana Imam es una persona liberadora de estereotipos, que ha derribado convenciones sociales, que sigue en la carrera, sin dejar de correr, yendo de aquí para allá, convertida en una referencia para muchas jóvenes de países escandinavos, que la siguen, que la escuchan, que la aman, que grita con alegría y viveza proclamas reivindicativas y llenas de energía como: “Gracias a Dios, soy homosexual”. Una mujer segura, luchadora y reivindicativa, que sabe que hay mucho trabajo por hacer, y muchos más muros de ignorancia y fascismo que derribar, pero ella, mientras siga viva, seguirá en la brecha, sin descanso, llena de sinceridad y amor.

Miss Kiet’s Children, de Petra Lataster-Czisch y Peter Lataster

ELOGIO A LA MAESTRA.

“Hay una solución para cada problema”

En la escuela de un pequeño pueblo de Holanda, conoceremos a Kiet Engels, una maestra al cargo de una clase de recién llegados, niños inmigrantes en su mayoría refugiados de guerra. La señorita Kiet es una maestra digna de elogio, se muestra estricta, pero comprensible, cercana pero no condescendiente, sensible pero no maternal, es un faro para estos niños, una guía para enfrentarse a lo nuevo, a un nuevo país, nuevas costumbres, una nueva escuela, otro idioma y demás. Kiet se mueve entre ellos, escuchándoles, atendiendo sus peticiones, pero imponiendo una manera ordenada y disciplinada, sin ser severa o amenazante, sino todo lo contrario, empática con sus conflictos, armada de una infinita paciencia, va tejiendo las costuras emocionales de estos niños a los que la vida les ha dado una nueva oportunidad, una nueva vida. Los directores Petra Lataster-Czisch (Dessau, Alemania, 1954) y Peter Lataster (Amsterdam, Holanda, 1955) matrimonio de cineastas, y veteranos en estas lides, ya que llevan trabajando juntos desde 1989, no sitúan en las cuatro paredes de la escuela, en la aula, donde se desarrollará el grueso del filme, algunos pasillos, siempre desde el punto de vista de la aula, el recreo, y el gimnasio, adoptando la mirada de los pequeños alumnos (como hacía Ozu en su cine, donde la cámara se situaba a la altura de la mirada de sus personajes, cuando éstos se mostraban sentados al estilo oriental) en una posición adecuada, donde miraremos la película a través de las miradas de esos niños, conociendo este universo escolar, y sobre todo, a ellos, auténticos protagonistas de la película.

La señorita Kiet se agachará o se inclinará para encontrarse a la altura de sus miradas, los atenderá en orden, y les abrirá el mundo a la enseñanza, a la maravillosa tarea de aprender, desde el amor, la comprensión y la diversión. Kiet los escuchará atentamente cuando se muestran enfadados o reacios, intentando que se abran a ella y a los demás compañeros, explicándoles con atención, tratándolos como personas, hablándoles de las ventajas del aprendizaje, a través de la actuación, de las diferentes tareas que tienen que realizar, felicitándolos con recompensas como pegatinas o diplomas cuando acaban con éxito las tareas, y por el contrario, cuando no consiguen hacer la tarea, instándolos a seguir trabajando y estudiando las causas que han motivado esa actitud ante la tarea. Cualquier conflicto que sucede en el recinto escolar, la señorita Kiet lo ataja a través del diálogo y la actividad, exponiendo los hechos con los protagonistas y los diferentes puntos de vista de los testigos, aclarando las situaciones conflictivas, y mediando para que sus alumnos asuman sus actos y acepten al otro, así como sus complejidades y deseos, reconciliándolos y obligándolos a pedir disculpas y trabajar para que no vuelvan a producirse hechos semejantes.

Los directores han construido un bellísimo y necesario documento sobre el humanismo, sobre nosotros mismos, y sobre el otro, en el que adoptan la mirada de observación, dejando que la vida cotidiana escolar se desarrolle con normalidad, colocando su cámara desde una posición cercana y como un alumno más, capturando la naturalidad y la realidad que allí acontecen, sin entrevistas ni música, escuchando los sonidos propios de los diálogos entre los jóvenes protagonistas y el sonido propio del aula. Conoceremos a Haya, Leanne, Branche, Jorj y Maksim, niños refugiados sirios, y asistiremos a todo su proceso, desde sus primeros días, sus ilusiones y deseos, su adaptación a la clase, al idioma holandés, y sus relaciones con los demás compañeros, y con la señorita Kiet, todo contado con extrema intimidad y sensibilidad, filmando con paciencia y naturalidad todo este proceso, no exento de problemas y conflictos varios, pero, a través de la habilidad y el trabajo sencillo y cercano de Kiet, integrándose en el transcurso de las clases, y despertando el interés de cada uno de ellos, y el amor a aprender, a conocer, a descubrir un mundo infinito y apasionante.

La película está hermanada en muchos puntos en común con otro grandioso relato sobre la educación como es Ser y tener, de Nicolas Philibert, en el que también nos encontrábamos en un ambiente rural, con niños de diferentes edades, aunque sin el condicionante de niños refugiados de la guerra que hablan otro idioma, pero si emparentada con los métodos de enseñanza que empleaba el maestro Geroges López, muy parecidos a los de la señorita Kiet, profesionales vitalistas y humanistas, entregados al oficio de enseñar, aprendiendo de sus alumnos, de caminar junto a sus alumnos, a través del interés por las cosas, aunque sean mínimas, aunque a simple vista no tengan importancia, pero acercándose a ellas, se descubren cosas maravillosas, a dotarles de herramientas para conocerse más a sí mismos, y a relacionarse con los demás, a aceptarse y aceptar la diferencia, al otro, que aunque sea diferente, pude estar muy cerca de ellos, a aprender del conflicto, y dejarse llevar por el maravilloso mundo del aprendizaje, de sus inquietudes, de sus intereses, y sobre todo, abrazar la vida.


<p><a href=”https://vimeo.com/267785050″>Tr&aacute;iler castellano | Miss Kiet’s Children</a> from <a href=”https://vimeo.com/user34637086″>Pack M&agrave;gic</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Julia Dahr

Entrevista a Julia Dahr, directora de “Gracias por la lluvia”. El encuentro tuvo lugar el jueves 1 de marzo de 2018 en la Plaza Gutenberg del Campus UPF en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Julia Dahr, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mercè, la traductora, por su amabilidad, generosidad y trabajo,  y a Ot Burgaya y Laia Aubia de El Documental del Mes, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.