Entrevista a Xavier Artigas

Entrevista a Xavier Artigas, codirector de la película “Idrissa. Crónica de una muerte cualquiera”. El encuentro tuvo lugar el jueves 7 de noviembre de 2019 en el domicilio del director en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Xavier Artigas, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Comunicación, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Womanhood, de Beryl Magoko

RECUPERAR LA DIGNIDAD.

“La dignidad de la naturaleza humana requiere que enfrentemos las tormentas de la vida”.

Mahatma Gandhi

Beryl Magoko sufrió a los 10 años la MGF (Mutilación Genital Femenina) en el poblado donde vivía en Kenya. Desde entonces, su vida sexual ha sufrido las consecuencias, así como muchos problemas de salud que arrastra desde aquel fatídico día en que le practicaron la ablación. Ahora, muchos años después, convertida en una cineasta afincada en Alemania, coge su cámara y emprende un viaje-búsqueda para encontrarse con otras mujeres africanas que sufrieron en su infancia la ablación para compartir experiencia, dolor y silencio, y también, para recuperar la dignidad perdida, una dignidad que se convierte en el foco de atención de la película, ya desde su título “Womanhood”, feminidad, donde Magoko emprende su propio viaje personal catártico y a tumba abierta para enfrentarse a su dolor, a su pasado y a su presente, ya que se plantea una operación de reconstrucción en la que volverá a recuperar su dignidad como mujer y su vida. Segundo trabajo de la directora en la que explora la ablación, práctica ancestral que han sufrido más de 200 millones de mujeres y niñas en 30 países del África subsahariana, Oriente Medio y Asia, como hizo en The Cut (2012) que recibió varios elogios internacionales.

Magoko nos sumerge en un viaje emocional y muy profundo, en el que se desnuda en todos los sentidos y niveles, abriéndonos su alma e investigando desde todos los puntos de vista posibles todo lo que visible e invisible de la MGF, escuchando a otras víctimas de la práctica, y explorando nuevos caminos de restitución, en un retrato femenino de gran profundidad, mostrándonos un espejo deformador donde las cosas adquieren un significado poético y sincero donde no caben medias tintas ni ningún tipo de sentimentalismo para convencer al espectador, todo se cuenta desde su crudeza, sus terribles consecuencias, desde lo más profundo del alma, sin cortapisas ni filtros, con toda la verdad y honestidad que desprenden las diferentes mujeres y la propia directora que comparten con nosotros su experiencia, su dolor y su vida, mostrándonos una realidad silenciosa y horrible que padecen tantas mujeres.

La directora kenyana habla de ella misma, de su tierra, de sus orígenes, de sus tradiciones, y lo hace desde una sinceridad apabullante, mirándonos de frente, siendo fiel a sus emociones, a todo lo pasado y todo lo que le pasa, describiendo con minuciosidad todas las emociones contradictorias que experimenta durante la película, como ese instante impagable donde el encuentro con su madre en Kenya en la que las dos mujeres hablan a tumba abierta sobre lo ocurrido, donde existía la presión religiosa, cuando es una práctica de iniciación que nació antes de la llegada de la religión, y la presión social, un diálogo entre madre e hija que resume toda la intención de la película, donde tradición y modernidad se mezclan, se funden y dialogan frente a frente, explicándose las ataduras tanto de una y otra en una sociedad tradicionalista, patriarcal y anclada en viejas y sangrientas tradiciones.

Magoko no juzga a nadie, y mucho menos a su madre, explica de manera detallada y visual un relato verbal de recuperar un pasado atroz, enfrentándose a ese dolor, a esa angustia, a esa culpa que acarrean tantas mujeres, cara a cara con aquello que ha condicionado completamente su feminidad, su sexualidad y su identidad, sin huir del dolor, sin intermediaciones, guerreando con lo que duele, con lo que no deja vivir, con esa condena. El documento se emparenta a otras exploraciones materno filiales como Stories We Tell (2012) de Sarah Polley o Amazona de Clare Weiskopf, en la que hijas inquietas, curiosas y llenas de enigmas acuden al reencuentro con las madres en busca de respuestas, de aclaraciones, de reconstruir un pasado oscuro, callado y lleno de enigmas. Womanhood se erige como un documento imprescindible, necesario, valiente y conmovedor sobre la dignidad de la mujer y las herramientas para reconstruir su vida y aquello que le arrebataron siendo niña, convirtiéndose en un retrato íntimo y profundo lleno de aristas, de búsqueda personal, de (des) encuentros que devolverán la vida y la dignidad a una mujer apaleada y violada cuando era niña, en una película catártica que ayuda a dejar de arrastrar el fatídico yunque y empezar a respirar y recuperar lo arrebatado, tanto su feminidad, su vida y su sexualidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Georgina Cisquella

Entrevista a Georgina Cisquella, directora de la película “Hotel explotación: Las Kellys”, en el Parque Jardins de Mercè Vilaret en Barcelona, el martes 4 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Georgina Cisquella, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Julia Dahr

Entrevista a Julia Dahr, directora de “Gracias por la lluvia”. El encuentro tuvo lugar el jueves 1 de marzo de 2018 en la Plaza Gutenberg del Campus UPF en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Julia Dahr, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mercè, la traductora, por su amabilidad, generosidad y trabajo,  y a Ot Burgaya y Laia Aubia de El Documental del Mes, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

10 años y divorciada, de Khadija Al Salami

10-anos-y-divorciadaMUÑECAS ROTAS.

Una niña de 10 años escapa de su marido y entra en una sala de justica, angustiada y temerosa, le comunica al juez que quiere divorciarse. A partir de este arranque impactante que no deja lugar a ningún tipo de dudas de las intencias de la película, la cineasta Khadija Al Salami (1966, Saná, Yemen) con una interesante trayectoria como novelista, en la que ha destacado en denunciar los abusos contra las mujeres de su país, se inicia en el mundo del cine, con un largometraje de denuncia, una obra que nos muestra la terrible odisea de una niña, Nojoom (estrellas, en lengua yemení) que es obligada por su padre a casarse con un hombre de 30 años a cambio de una renta pequeña. A través de flashbacks, con idas y venidas, vamos conociendo los orígenes de la familia de Nojoom, que viven del café en una zona rural, y todas las situaciones adversas que se originaran para que finalmente tengan que emigrar a la ciudad y comenzar una nueva vida.

Nojoom

Al Salami realiza una obra sin concesiones, directa y contundente, no se anda con rodeos innecesarios, muestra unos hechos terribles y dolorosos sin caer en el sentimentalismo y la condescendencia con su personaje, huye de adornos innecesarios y argumentaciones recurrentes, envuelve su obra a través de la mirada de su desdichada criatura, un gesto brutal que se arrastra en silencio, Nojoom se siente atrapada, presa de un destino oscuro, casada con un hombre que abusa sexualmente de ella, y la maltrata física y emocionalmente si ella no lo obedece. Una vida de mujer cuando sólo es una niña, infancia robada y vilipendiada, una vida que no es la suya, un tormento continuo, un infierno vital en el que se encuentran cientos de miles de niñas en todo el mundo, como explica la abogada durante el juicio. La película yemení, una cinematografía totalmente alejada e inexistente en nuestros cines, también puede verse como un estudio antropológico serio y realista de las condiciones durísimas de vida en las zonas rurales, y las ancestrales tradiciones patriarcales de sometimiento a las mujeres por parte de la voluntad y el deseo de los hombres, como la barbaridad de casar a la mujer ultrajada por su violador, o permitir que los hombres puedan casarse tantas veces quieran y cohabitar con todas sus mujeres, leyes de hombres contra la libertad y la dignidad de las mujeres.

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La cineasta yemení, afincada en París, sigue a su joven heroína en esta terrorífica situación a la que es expuesta, una niña que le roban su vida, una niña que sólo puede imaginar casas señoriales dibujándolas con tiza en el suelo, que vende su anillo de boda para comprarse una muñeca, que le encanta jugar y reírse con su hermano, pero que no le dejan ser quién es, y es obligada a ser quién todavía no es. Una película construida desde la mirada de una niña de 10 años, desde la mirada de alguien preso en su vida, la cámara captura todos esos momentos de forma honesta, tomando la distancia prudencial, contando sin entorpecer la mirada del espectador, estando ahí, siguiendo lo que ocurre, pero sin plantear ningún discurso moralizador. Una película humanista que, saca del olvido a muchas de estas niñas, dotándolas de una visibilidad que los medios no les ofrecen. La película denuncia, como el motivador y esclarecedor discurso del juez durante el juicio, “…recogiendo las miserias de una población ignorante y tremendamente analfabeta, apelando a la conciencia humana para considerar ciertos valores que controlan las vidas, de deshacerse de la ignorancia que ciega a los culpables, que inconscientemente delinquen en nombre de las tradiciones. Y también de la religión…” , discurso que recuerda a otro, sublime y brutal, el formulado por Charles Laughton en Esta tierra es mía, de Renoir, en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, en la que el maestro cobarde, se dirigía a los presentes enarbolando la bandera de la libertad hablando sobre el valor y la dignidad humanas frente a la barbarie. Khadija Al Salami nos ofrece una película durísima, pero que no le falta poesía, a través de detalles ínfimos y muy cotidianos, pero llenos de esperanza a unas niñas que mientras tengan ganas de jugar nadie les podrá arrebatar sus vidas.

Grecia: reinventarse para sobrevivir, de Elena Zervopoulou

untitledLA DIGNIDAD DE LOS NADIES.

El arranque de la película nos sobrecoge de manera directa, situándonos de forma contundente y golpeándonos de bruces con la durísima realidad a la que tuvieron y tienen que enfrentarse los ciudadanos griegos. A comienzos de la primavera de 2010, el gobierno griego, acosados por los acreedores alemanes, se vieron obligados a anunciar un período terrible de recesión, donde se adoptaban medidas de ajustes y recortes en todo tipo de derechos laborales y sociales, situación que llevó a la ruina moral y física a miles de griegos. La debutante Elena Zervopoulou, formada en Antropología y Cine Documental, y con diversas experiencias en proyectos para ONGs y demás colectivos y asociaciones solidarias, sitúa su foco de atención en tres personas muy perjudicadas por estas medidas, tres individuos que tuvieron que empezar de cero, reinventar su vida laboral para seguir con dignidad a pesar de las tremendas dificultades económicas.

La cineasta griega se centra en Grigoris, un padre de familia que decide dejar Atenas y trasladarse a la región del Peloponeso a trabajar la tierra y ganarse así su sustento, después, tenemos a Giorgos, un hombre de mediana edad, compositor y músico, que una serie de circunstancias adversas, lo llevaron a vivir en la calle, y ahora, después de ese período, trabaja para una ONG que ayuda a salir a los que se encuentren en la situación que él estuvo. Y finalmente, conocemos a Ilías, profesor universitario y activista, que junto a otros colaboradores funda y trabaja para “el movimiento de la patata”, un colectivo de personas que decide comprar alimentos de primera necesidad directamente a los productores, sin contar con los intermediarios, creando una red solidaria que lucha contra los precios abusivos de los supermercados. Zervopoulou recoge el espíritu de aquel cine latinoamericano documental que, denunciaba de forma honesta y sincera, las salvajes situaciones que vivían los ciudadanos, los trabajos de nombres tan importantes como Miguel Littín o Pino Solanas, entre otros. Un cine humanista que profundizaba en las razones económicas y políticas que llevaban a la población a subsistir de manera tan precaria e indigna.

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La realizadora helena sigue con su cámara la cotidianidad de sus tres cabezas visibles, su lucha diaria, como se enfrentan a los problemas de los demás y propios, una lucha contra ese organismo europeo más preocupado de la moneda y de financiar su economía, que del pueblo que reclama sus derechos. Un cine combativo, alejado de artificio y aspavientos, sólo personas humanas, de la calle, que podrían ser cualquiera de nosotros, como nos recordaban las comedias de Capra, esa gente que se cruza con nosotros cada día, que lo han perdido todo, y tienen que empezar desde abajo, con la ayuda del otro, que se encuentra en su misma situación, protestando contra su gobierno, empeñado en obedecer la injusticia europea, y no escuchar a su pueblo sin trabajo y hambriento. Zervopoulou huye del reportaje televisivo, muestra los hechos y las personas que los viven, no juzga ni tampoco se posiciona, muestra sus historias y lo que hacen, la directora documenta unos hechos que están sucediendo y se mantiene junto a ellos, respetándolos y sobre todo, sin caer en la demagogia en la que suelen caer habitualmente este tipo de trabajos, donde se explican situaciones de dignidad y solidaridad, ante todo se nos hace un retrato humano de personas que luchan contra unos elementos poderosos hostiles que les conducen al abismo, y cómo encuentran un resquicio de luz ante tanta adversidad, para seguir levantándose cada día y seguir trabajando para vivir dignamente.

Entrevista a Silvia Munt

Entrevista a Silvia Munt, directora de “La granja del Pas”. El encuentro tuvo lugar el martes 24 de noviembre de 2015, en los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Silvia Munt, por su tiempo, generosidad y simpatía, a Alex Tovar y Sonia Uría de Suria Comunicación, por su paciencia, amabilidad y cariño, a Dani Lacasa, editor y cinematógrafo de la película (que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación) y a los Cines Girona, por tratarme con tanto cariño y por programar un cine humilde, sencillo, necesario y a contracorriente.