La primera escuela, de Éric Besnard

LA MAESTRA Y EL PUEBLO. 

“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en el aula. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra”. 

Gabriela Mistral

Los más viejos del lugar cuentan que… En la campiña francesa, allá en el otoño de 1889, con las primeras luces del día llegó Louise Violet, una maestra de París que pretendía dar clases a los niños del lugar. Así empieza la novena película de Éric Besnard (Francia, 1964), que vuelve a la recreación histórica y lo rural como hizo en Delicioso (2021). Esta vez, un siglo después, cuando la República obligaba a la educación pública y en un entramado narrativo y formal que no está muy lejos de la citada, porque vemos a un señor rudo y cerrado, terrateniente del lugar, y frente a él, una mujer que llega a su casa con ideas diferentes y de otro lugar, que también escapa de un pasado oscuro. La mencionaba se centraba en la cocina, y los primeros lugares para servir comida, y la que nos ocupa, de la educación y la primera escuela que va haber en el pueblo. El gusto por lo humano y las relaciones que se van entretejiendo a partir de caracteres diferentes es lo que sucede a un cineasta como Besnard que, en los últimos años, su cine ha crecido enormemente tanto en temas como en sus ejecuciones. 

Un elemento sumamente ejemplar en La primera escuela (“Louise Violet”, en el original), es su ambientación y atmósfera empezando por su cuidadísimo trabajo de producción, con un excelente equipo que nos traslada a la Francia rural de finales del XIX empezando por los decorados de Virginie Tissot, el vestuario de una grande como Madeline Fontaine, con más de 40 películas entre las que destaca Amélie, Séraphine, Violette, Jackie y la reciente El profesor de esgrima, que ya trabajó en Delicioso, todas recreaciones históricas de ejecución acertadísima. En el arte encontramos a una leyenda como Pascal Chevé con más de 150 títulos con grandes autores de renombre como Jeunet, Frears, Haneke, Ozon, Farhadi, Polanski y Wes Anderson, entre muchos otros, amén de trabajar en la citada Delicioso. Una película de época que no está acartonada, ya que en cada secuencia todo emana cercanía y naturalidad, huyendo de los tópicos que, en muchas ocasiones, encontramos en este tipo de películas, mucho más interesadas en contarnos los grandes nombres y se olvidan de los invisibles y humildes que también forman parte de la historia.

La excelente cinematografía de Laurent Dailland, con más de 40 años de carrera, al lado de Catherine Breillat, Radu Mihaileanu, Agnès Jaoui y Régis Wargnier, en su primera película con Besnard en la que capta con sencillez y fuerza todos los espacios de una película con una luz cambiante porque pasa por todas las estaciones durante casi un año, tanto en exterior como exterior. La música de Christophe Julien, cinco películas con Besnard, y junto a sus habituales Albert Dupontel, Josiane Balasko y Pablo Agüero, entre otros, donde va mucho más allá que el simple acompañamiento y ejerce un elemento imprescindible para recoger todos los altibajos y complejidades humanas que se desarrollan en la trama. El montaje de Lydia Decobert, otra cómplice más que estuvo en Delicioso, amén del cine de Nicolas Boukhrief, donde en sus reposados e intrincados 108 minutos de metraje nos va contando de un modo clásico las peculiaridades de los principales personajes, las diferentes relaciones que se establecen y el conflicto y los conflictos que estallan con la llegada de Louise Violet, una especie de extraterrestre en forma de forastera que deberá ganarse la confianza de unos aldeanos poco dados a las nuevas amistades. La película alberga puntos en común con El cabezota (1982), de Francisco Lara Palop, ambientada en el Asturias de 1857 que relata el enfrentamiento de un aldeano y la maestra porque se niega a llevar a su hijo a la escuela. 

En el campo interpretativo tenemos a Alexandra Lamy que alberga más de 40 películas principalmente en comedias populares, que le da una enorme humanidad y complejidad a su Louise Violet que, la República ha dado una oportunidad expulsándola de la gran urbe por resistencia política, y enviándola al rural para reflexionar sobre sus actos. Uno de esos personajes que se quedan en el recuerdo porque no sólo quiere que sus alumnos aprendan sino que les ayuda a convertirse en buenas personas llenas de honradez y humildad. A su lado, Grégory Gadebois, protagonista de las tres últimas películas de Besnard, la ya comentada Delicioso, Las cosas sencillas (2023), y ésta, donde su terrateniente bruto con una gran coraza que esconde un enorme corazón se resentirá al principio y con el tiempo veremos que algo cambia en él. La veterana Annie Mercier recrea un personaje maravilloso, el de la madre del terrateniente, una especie de bruja y muy sabia que habla poco y mira aún más. Jérémy López, otro Delicioso, Jérôme Kircher y Patrick Pineau completan el reparto que se nutre de figurantes de la zona. Vayan a ver La primera escuela porque habla de educación, del hecho de enseñar, hay algo más bonito en este planeta que aprender, escuchar y descubrir el lenguaje, la historia y todo lo que ignoramos y sobre todo, saber y comprender que no estamos tan sólos, que hay más montañas tras los muros del lugar que te vio nacer. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

On Falling, de Laura Carreira

LA EMPLEADA AURORA. 

“Cuando el trabajo es un placer la vida es bella. Pero cuando nos es impuesto la vida es una esclavitud”. 

Maximo Gorki

Viendo el nombre de Ken Loach y Rebecca O’Brien de Sixteen Films como unos de los productores podemos hacernos una idea sincera de por dónde irán los tiros de On Falling, ópera prima de Laura Carreira (Porto, Portugal, 1994), que nos sitúa en la existencia de Aurora, una inmigrante portuguesa que vive en la fría y lluviosa Edimburgo y trabaja como picker en uno de esos almacenes on line que venden para todo el mundo. Lo humano y lo social del individuo aplastado por los designios de lo material, fue la punta de lanza que exploró el magnífico cine del citado Loach, son también los cimientos de esta película, donde se habla muy poco, en la que asistimos en silencio a la vida de Aurora, entre las paredes que comparte con otros inmigrantes y los eternos pasillos que recorre en soledad capturando la infinidad de objetos para los pedidos. No conocemos su pasado, y mucho menos, qué será de su futuro. El relato se enmarca en su presente, en esa vida repetitiva, anodina y vacía llena de solitud, apenas compartida y terriblemente, alienante y autómata. 

Carreria afincada en Edimburgo ya demostró su sensibilidad por los trabajadores precarios en sus anteriores trabajos. Sendos cortometrajes Red Hill (2019) y The Shift (2020), en los que seguía a dos personas solitarias en sus duros empleos. La misma atmósfera y tono siguen en su primera película On Falling (traducida como “En caída”), capturando una de tantas vidas de la mal llamada Europa del bienestar que no es más que una mera excusa para seguir explotando personas y esclavizarse en trabajos insulsos y alienantes que no ayudan para tener una vida mejor, sino una vida en suspenso, como de espera, casi nula, que va pero a ningún lado sano y humano. La película nunca cae en el tremendismo ni la condescendencia, sino que logra construir un equilibrio profundo y honesta donde vemos la vida de Aurora, sus males y complejidades pero nunca de forma aleccionadora ni con el relamido mensaje de positivismo ni estupidez del tipo. La cinta emana verdad, una de tantas, que retrata de frente y sin cortapisas la vida de muchos inmigrantes que terminan en empleos mecanizados y aburridos, sólo para seguir manteniendo un sistema materialista y deshumanizado. Siempre ha sido mucho más humano y coherente hablar de los que sufren la “sociedad consumista” que hablar de las miserias de los que se nutren de ella. 

Una película que, aunque habla de miserias, construye una forma ejemplar y brillante, con la excelente cinematografía de Karl Kürten, que trabaja habitualmente con Lea Becker, con esos encuadres en espacios reales y domésticos que evidencian lo gris y oscuro de la existencia de la protagonista, con unos planos que sigue sus movimientos muy pegados a ella, que recuerdan mucho al Free Cinema británico que capturó las frágiles realidades de la working class post Segunda Guerra Mundial. La música de Ines Adriana no se dedica a acompañar las imágenes, sino que va mucho más allá, reflejando mucho el interior de Aurora, todas esas cosas que siguen ahí y no acaban de materializarse como un mejor trabajo, socializar más, aunque lo intenta no llega a concretarse y en fin, una vida que no sea tan mierda. El montaje que firman el dúo Helle le Fevre, la editora de la gran cineasta británica Joanna Hogg, y Francisco Moreira, que ha trabajado con Joâo Nicolau y Catarina Vasconcelos, entre otros, generando un relato muy movido, en el que hay pocos descansos, de corte puro y nada empático, porque la idea es contribuir a la reflexión en sus intensos 104 minutos de metraje.

Una película como esta necesitaba una actriz portentosa como Joana Santos, muy expresiva y tremendamente corporal, que consigue transmitir en silencio y en poquísimas palabras y gestos, toda la desazón y tristeza que acarrea Aurora, una mujer en tránsito de no se sabe qué, esperando una vida mejor que no acaba de llegar, en un estado donde todo parece que su vida es vivida por otra. Seguiremos muy de cerca la filmografía de Laura Carreira porque su On Falling es una obra mayor que devuelve el mejor cine social y humanista, tan en desuso en estos tiempos, quizás tiene mucho que ver con la necesidad de evasión y disfrute efímero que tiene el personal, para huir y engañar por unas horas esa existencia tan alejada de lo que son y en realidad, desean, y huyen de verse reflejado en una pantalla y no para bien, dándose cuenta de las vidas miserables que vivimos en el día a día, la que se refleja cada mañana en nuestro espejo, y las que vemos alrededor ya sea en el coche que nos lleva al dichoso polígono lleno de almacenes iguales que venden toda clase de objetos inútiles, o los que comparten con nosotros el almuerzo en mitad de conversaciones banales que ya no entretienen ni satisfacen en absoluto. Unos seres que apenas comparten unos minutos a lo largo de la semana, que apenas se conocen, en una sociedad cada vez más vacía, superficial y sin rumbo ni felicidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Manel Piñero y Jorge Cebrián

Entrevista a Manel Piñero y Jorge Cebrián, actor y director de la película «Boris Skossyreff, el estafador que fue Rey», en la vivienda de Pere Vall en Barcelona, el miércoles 17 de septiembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manel Piñero y Jorge Cebrián, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Pere Vall de Comunicación de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Juanjo Castro

Entrevista a Juanjo Castro, director de la película «7291», en el Hostal Portugal en Barcelona, el miércoles 27 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la personas que ha hecho posible este encuentro: a Juanjo Castro, por su tiempo, sabiduría, generosidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Retrato de un cierto oriente, de Marcelo Gomes

FÁBULA SOBRE EL AMOR Y LA INTOLERANCIA. 

“El odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor”. 

Buda

Érase una vez… La historia de Emilie y Emir dos hermanos libaneses y católicos allá por el 1949 que, después de haber perdido a sus padres y ante la inminente guerra, deciden embarcarse con destino a Brasil. Durante la travesía, Emilie se enamora de Omar, un comerciante musulmán que vive en Manaos. Emir se antepone a la relación y hará lo imposible por romperla, aludiendo a las diferencias religiosas. Retrato de un cierto oriente, de Marcelo Gomes (Recife, Brasil, 1963), es una historia sobre el amor, también lo es sobre la intolerancia, y el miedo al otro y a todo lo que representa, lo desconocido. Una historia contada como una fábula, con la atmósfera que emanaba de Las mil y una noches, que tiene mucho del cine de Miguel Gomes, a la que dedicó la trilogía homónima de 2015, y en películas como Tabu (2012), y la más reciente Gran Tour. Un cine que recoge la pasión, la aventura y lo misterioso de aquel cine en el Hollywood clásico que hacía Tourneur, donde había un enfrentamiento entre diferentes culturas, y se exponía todo lo que les separa y todo lo que les acercaba. 

A partir de un guion que firman Maria Camargo (que ha trabajado con Sergio Machado, el director de Cidade Baixa, entre otras), Gustavo Campos (que hizo con Gomes la película Paloma de 2022), y el propio director, basado en la novela homónima de Milton Hatoum, nos sitúan en la existencia de dos hermanos que huyen de su país envueltos en la desesperanza y con tiempo y actitud irán descubriendo una nueva esperanza en sus vidas. Ella, cuando conoce al enigmático y guapo Omar, y él, con Donner, un fotógrafo que va inmortalizando por el barco a todo aquel que se presta. Estamos ante una película tranquila, muy reposada, donde el traqueteo del barco va impulsando las distintas emociones que expresan la pareja protagonista, tan dispares y en continua colisión. Un relato que habla de nuestras diferencias a través de lo que nos une y nos acompaña como, por ejemplo, el baile, las tradiciones y la necesidad de ayuda del otro, como ocurre con el personaje de Anastácia, una india de la selva amazónica que entabla amistad con Emilie. Es también una obra que nos explica la importancia vital, como medio de supervivencia, de la confianza y la bondad del otro cuando el mundo parece destinado a aniquilarse. 

Una espectacular, sombría y atmosférica cinematografía en un poderoso blanco y negro que firma Pierre de Kerchove, habitual de Daniel Ribeiro, que repite con Gomes después de Joaquim (2017) y la mencionada Paloma, consiguiendo captar con suavidad las diferentes luces por las que pasan los hermanos, construyendo una luz que es un reflejo profundo de sus estados emocionales, acompañados por las diferentes texturas y grosores que se van acercando: la tenebrosa Líbano, lo misterioso y oscuro de la travesía, lo salvaje y mágico del poblado en pleno corazón selva amazónica y finalmente, la luz esperanzadora de Manaos. La música de Mateus Alves, cómplice de Kleber Mendonça Filho, Piero Bianchi y Sami Bordokan, consiguen con unas melodías atrayentes y nada estridentes capturar el misterio que encierra toda la película. El montaje de Karen Harley, habitual de la cinematografía brasileña, con una extensa trayectoria al lado de Carlos Diegues, Mika Kaurismäki, Anna Muylaert, Sergio Trefaut, y Zama (2017), de Lucrecia Martel, amén de cuatro películas con Marcelo Gomes, en un preciosista trabajo que sabe condensar los diferentes puntos de vista en sus 93 minutos de metraje que pasan con el mismo ritmo tranquilo y en calma que el viaje en barco, con sus brotes de violencia, que los hay. 

Si la parte técnica es un trabajo muy elaborado que brilla en cada encuadre y secuencia, la parte interpretativa está a la misma altura, en unas interpretaciones en las que se habla poco y se dice mucho. Tenemos a la actriz libanesa Wafa’a Celine Halawi que hace de Emilie con dulzura, belleza y carácter. A su lado, los libaneses Zakaria Kaakour es su hermano intolerante Emir, que debuta en el largometraje y Charbel Kamel interpreta a Omar, la antítesis del odio de Emir, que rivaliza con él. También encontramos a Rosa Peixoto que es Anastácia, la indigena brasileña que actúa como puente entre culturas y diferentes formas de pensar que están más cercas de lo que parece a simple vista. Y también, el actor italiano Eros Galbiati es Donner, que hace las maravillosas fotografías que son tan esenciales en la trama de la película. Acercarse a una película como Retrato de un cierto oriente, de Marcelo Gomes no es ninguna cosa baladí, porque experimentan ese aura que ha perdido mucho cine actual, donde el cine se convertía en una especie de demiurgo que nos llevaba por universos llenos de misterios, de amor, de belleza, a lo desconocido desde lo más íntimo y cercano, adentrándonos en esa parte de nosotros que desconocemos. Así que, tomen asiento, relájense y disfruten del viaje. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Concha Barquero y Alejandro Alvarado

Entrevista a Concha Barquero y Alejandro Alvarado, directores de la película «Caja de resistencia», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el sábado 16 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Concha Barquero y Alejandro Alvarado, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y al equipo de comunicación de L’Alternativa, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Temps mort, de Fèlix Colomer

LA HISTORIA DE CHARLES THOMAS. 

“La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir”. 

Gabriel García Márquez 

Se cuenta que una vez, en un tiempo pasado, hubo un jugador de baloncesto estadounidense llamado Charles Ray Thomas que, no saltaba, simplemente volaba por encima de todos. Se contó que llegó a España a finales de los sesenta para jugar en el Sant Josep de Badalona, recién ascendido a la élite, donde fue el mejor. De ahí pasó al Barça donde hizo una dupla de oro con Norman Carmichael, mítico jugador de la sección en la que jugó nueve temporadas. Tenía una mujer Linda que lo adoraba y dos hijos pequeños. Pero aquellos de esplendor y de cielo infinito se truncaron con la importante lesión de rodilla frente al eterno rival Real Madrid. Después de todo aquello, la cosa cambió radicalmente, porque Thomas no fue el mismo. Aparecieron el alcohol y las drogas, su mujer lo abandonó y finalmente, un día de 1976 desapareció para volver a aparecer cuatro años después como una noticia que confirmaba su muerte. Una noticia nunca contrastada y por ende, abierta a ser cierta o no. La película Temps mort, de Fèlix Colomer (Sabadell, 1993), recoge su historia y la reconstruye de forma fidedigna, revelando información sobre la vida y la no vida de Charles Thomas, el jugador que voló.

De Colomer hemos visto películas como Sasha (2016), que recogía las vivencias de un niño ucraniano en su verano de acogida en Cataluña, Shootball (2017), que seguía el vía crucis de Manuel Barbero para destapar un caso de abusos en un colegio religioso, la serie Vitals (2021), sobre los primeros meses de la Covid en un hospital en su ciudad natal, en Fugir (2022), seguía a cinco hermanos ucranianos que huyen de la guerra, y El negre té nom, de este mismo año, donde daba buena cuenta del hombre disecado en Banyoles y la búsqueda sobre su identidad. La identidad en relación a lo humano es el leitmotiv de los trabajos del cineasta catalán, en que su cine-investigación se alimenta de seres que, en contra de todo y todos, deciden alzar su voz, luchar por la verdad, la dignidad y la justicia, en un camino lleno de obstáculos y presiones sociales y legales. Un cine bien contado, muy cercano, que usa un lenguaje directo y nada enrevesado, con una estructura con su parte didáctica e informativa, pero sin olvidarse del cine, es decir, con tensión, calma, giros inesperados y sobre todo, un incesante trabajo para destapar casos que han caído en el olvido, en algunos casos, y otros, que no han tenido la información adecuada y han quedado en suspenso. 

En Temps mort, con la complicidad del periodista Carlos Jiménez que investigó la figura de Charles Thomas, Colomer hace su Searching for Sugar Man, la película que siempre cita como la obra que lo llevó al documental, y rescata la vida y trayectoria del jugador, y lo hace componiendo una película que se hace con maravilloso material de archivo, en el que vemos a Ramón Ciurana, el señor que lo llevó a España, y algunos fragmentos de partidos de la época, imágenes del propio Thomas y su familia en sus momentos domésticos, e increíbles recreaciones, además de estupendos testimonios familiares del mencionado Ciurana, ex compañeros como el propio Carmichael, con el que eran íntimos amigos, Manolo Flores y Aito García Reneses, grandes jugadores como Santillana y Ramos, entre otros, para trazar un enigmático y contundente viaje por las luces y las sombras de un jugador que iba destinado a marcar una época pero la lesión de rodilla y la depresión lo alejaron de todos y de él mismo. Una película contado con un feroz ritmo, acompañado de una música excelente de Joaquim Badia, que ha trabajado en seis ocasiones con Colomer, amén de Ventura Pons, bien acompañado por temazos de la motown de aquellos años, con una brillante y lúcida cinematografía del dúo Juan Cobo y Pep Bosch, que ya estuvo en Sasha, y el febril montaje de Guiu Vallvé, habitual y pieza capital en el cine del director sabadellense, consiguen atraparnos y llevarnos en volandas por una historia llena de altibajos y sorpresas. 

La película evita la sorpresa tramposa, cuenta las cosas de forma honesta y nada especulativa, se centra en los hechos y los relata a partir de lo humano, sin necesidad de volantazos ni estridencias de ningún tipo, todo emana mucha verdad, es decir, vemos a personas que nunca son juzgadas, personas que son escuchadas atentamente, con la distancia justa y dotándolas de un espacio relajado y sin prisas. Temps mort es una gran película y lo es por su humildad y sencillez, con una trama digna del mejor thriller de investigación lleno de giros sorprendentes y totalmente inesperados, erigiéndose en un implacable retrato de historia, y de los personajes anónimos que son rescatados y sacados del olvido injusto del tiempo, porque no sólo nos sumerge en las antípodas de lo que era el baloncesto en España a finales de los sesenta y principios de los setenta, sino que traza un interesante, profundo y revelador cuento sobre la memoria, el tiempo, la amistad, la salud mental, el pasado que nos somete, el presente como oportunidad, y ejecuta un sólido e interesantísimo documento sobre los olvidados, los marginados y los invisibles, que quizás no están tan muertos, y siguen esperándonos para contarnos su historia, la suya y la de nadie más. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Caja de resistencia, de Concha Barquero y Alejando Alvarado

EL LEGADO DE LA REBELDÍA.  

“La rebelión y sólo la rebelión es creadora de luz, y esa luz no puede tomar más que tres caminos: la poesía, la libertad y el amor”. 

André Breton

Si pensamos en las películas-homenajes, casi siempre nos vienen a la mente obras que han nacido para recordar a cineastas que tuvieron una carrera, más o menos, brillantes o por lo menos, gozaron del cine y de sus peculiaridades. Raras veces, este tipo de películas-tributo, se detienen a mirar, observar y profundizar en el cineasta que tuvo una obra que nunca llegó a convertirse en película. Por eso, una película como Caja de resistencia, del tándem Concha Barquero y Alejandro Alvarado (Málaga, 1975), no sólo es una obra que lucha contra el olvido y un ejercicio a favor de la memoria, sino que se convierte en un gran acontecimiento inusual en el panorama de la cinematografía española, y podríamos añadir de cualquier cinematografía. Porque la película nos invita a realizar una travesía por el legado que dejó el insigne y carismático cineasta Fernando Ruiz Vergara (1942-2011). Cajas llenas de películas soñadas, proyectos inacabados, esbozos de futuros guiones, fragmentos y cortes de películas que no se terminaron, y sobre todo, un universo de un cineasta rebelde, enigmático y lleno de vida, de luz y de amor.

La pareja creativa que forman Barquero y Alvarado es un binomio de cineastas que lleva más de un cuarto de siglo profundizando, a través del archivo ajeno y propio, en elementos que confrontan los grandes males del país: la memoria, y por ende, el olvido, la política y lo humano, ya no cómo un espejo de las oscuridades del país, sino como una eterna confrontación entre lo cinematográfico contra aquellos que se empeñan en ocultar la historia y contribuir a la desmemoria y la construcción de un relato falso que sólo mire a un lado y despoja a los “otros” de su propio relato. Con Pepe el andaluz (2012) rescataban la biografía de un desaparecido. Desde 2010 dedican su obra a la figura y el trabajo de Ruiz Vergara del que nace Descartes (2021), recuperación de los fragmentos desechables de Rocío (1980), la única película de Ruiz Vergara, y la única cinta mutilada por la justicia española por señalar a uno de los asesinos fascistas de Almonte. El cine del dúo malagueño nos enfrenta ante lo incómodo, ante nuestra propia historia, aquella que algunos nos negaron. Un cine que escarba en los huecos vacíos de la historia y los llena de historia, de memoria, de verdad, de dignidad y de nombres y apellidos, y no lo hace desde la distancia del tiempo, generando un mero artefacto memorístico, sino que lo hace desde un presente vivo, audaz, inteligente y lleno de fuerza y valentía.  

En Caja de resistencia, los dos cineastas en off nos van abriendo las cajas llenas de documentos, rollos de películas, y demás,  que provocan imágenes que nos trasladan al lugar de los hechos, y filman desde el presente, a partir de una posición crítica, las huellas que permanecen y las ocultas, imaginando y soñando las películas que no fueron, mediante capturas de encuadres y diferentes atmósferas, y rememoran e invocan el espíritu del cineasta sevillano que creció en Huelva, que aparece en diferentes momentos, donde se funde entre la vida, la enfermedad y el cine, en un viaje muy personal y profundo que nos lleva a Portugal, donde el cineasta se exilió después de la durísima sentencia en contra de Rocío, en aquellos tiempos en que la izquierda soñaba con otro mundo después de la Revolución de los Claveles, también visitamos los pueblos y las gentes andaluzas y sus luchas, transitamos las aguas del Guadalquivir, donde vemos fragmentos de Las dos orillas (1987), de Juan Sebastián Bollaín, íntimo amigo de Ruiz Vergara, y otros proyectos que no vieron la luz, a través del grupo de cine andaluz, volvemos a Rocío, y a los hijos de un fusilado, también, a los escenarios que iban a dar vida a una exposición sobre la memoria de los represaliados de la dictadura, y finalmente, nos adentramos en las profundidades de la mina más grande en Europa, otra vez en Portugal, donde el cineasta imaginó una película. 

Muchos de ustedes no se acordarán de Fernando Ruiz Vergara y tampoco de Rocío, seguramente para la mayoría será su primera vez, otro elemento importante que hace de Caja de resistencia, una obra mayor, porque no sólo reivindica la figura del cineasta militante, rebelde e incansable, sino que la rescata, volviendo a esa eterna lucha contra el tiempo, contra el olvido, del que tanto peca este país. Barquero y Alvarado son cineastas-investigadores-ensayísticas-documentalistas y sobre todo, cineastas inquietos, también rebeldes, que buscan y se tropiezan con las huellas del cineasta que se convierte en mentor, en guía y en un ser de luz para ellos y para todos. Un tipo que, a pesar de las hostias, que fueron muchas, siguió hasta su último aliento, pensando, trabajando y soñando con levantar sus películas, y como un hidalgo quijotesco siempre creyó en lo que hacía a pesar de los obstáculos, la indiferencia y los muros de aquellos que continuamente lo desterraban y trataban de invisibilizar. El cineasta Fernando Ruiz Vergara es un claro ejemplo de vehicular el cine como herramienta contra el poder, contra lo establecido, contra las mentes estúpidas y sobre todo, contra el olvido y a favor de la memoria, de lo humano. Sólo me queda dar las gracias a Concha y Alejandro por devolverlo al presente y alentar nuestras ganas de seguir resistiendo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Maria Mauti

Entrevista a Maria Mauri, directora de la película «Miralles», en su vivienda en Barcelona, el jueves 4 de septiembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria Mauti, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes de DocsBarcelona, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Àlex Mañas

Entrevista a Àlex Mañas, director de la película «Hada», en su domicilio en Barcelona, el miércoles 3 de septiembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Àlex Mañas, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Pere Vall, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA